miércoles, 7 de enero de 2026

Jurelandia


Yo quiero ir a Jurelandia. Esto era una canción de Poch, cuando ya no estaba con Derribos Arias. La canción era un sinsentido. Todo es un sinsentido hoy día. En Jurelandia tú puedes encontrar todo tipo de cosas. También cantaba la de Viaje por países pequeños, son más fáciles de visitar. Esta parecía tener algo más de lógica. Qué está pasando en el mundo, que lo que estamos viendo no lo habíamos visto nunca. Quizás sea este un texto redundante. Lo que quiero decir lo habré dicho cientos de veces, pero no quiero dejar pasar la ocasión para volver a insistir en lo absolutamente tremendo de lo que estamos viviendo. Un mundo que parecía de una manera, que luego fue de otra y ahora es de otra y va a ser de otra muy diferente. Queremos ser como los chinos, y creo que a China también la han puesto en la mirilla y ya no hay nadie que esté a salvo. Todavía leo mensajes fascinantes sobre un país en decadencia dando los últimos coletazos, sobre el frente interior, sobre pedir responsabilidades, sobre recuperar el derecho internacional, sobre tantas cosas que parecen como de otro tiempo. Rutas comerciales, recursos estratégicos, sacarse la chorra y decir lo que le plazca, amenazar a quien quiera, si no él cualquiera de sus esbirros. Todavía oigo en la radio a paniaguados hablar de que no se puede hacer un discurso frentista. Leo estupefacto como periodistas que cobran por ir a programas de máxima audiencia nos dicen que España está siendo el ejemplo para aplicar la Transición en Venezuela. Veo incluso cómo estamos tan perdidos que aplicamos la xenofobia selectiva: estamos creando un estereotipo, el del latino de derechas, el inmigrante al que podemos odiar, al fin podemos sentirnos parte del grupo, yo no soy racista, pero es que todos los latinos son unos fachas, mira los venezolanos. Y ya nos sentimos un poco parte de este mundo en el que el discurso ultraderechista ha triunfado, los marcos ya parecen sentados y lo que hay que hacer es llegar al marco desde cualquier sitio, pero llegar. Hay que situarse, hay que recolocarse, hay que saber estar en este mundo nuevo. Un mundo que tiene similitudes y exactitudes exactas con todo lo que estaba pasando desde hace siglos, pero en el que nos sorprende la pérdida de formas. No sé cómo hubiera sido retransmitir entrevistas con Nerón o con Calígula, pero no deberían de ser muy diferentes de estas terapias de shock colectivas que nos está administrando el sátrapa del mundo. Reparto del mundo en hemisferios, en zonas de influencia. Como si los gobernantes estadounidenses entendiesen de zonas de influencia. Como si el mapa ese en el que el mundo se divide entre tres fuera real. Como si esto se fuera a detener aquí. ¿Y si se quedan con Groenlandia? La verdad es que suena casi ridículo, qué pasaría si se quedan con Groenlandia, en qué me iba a influir a mí. ¿Y si desestabilizaran Colombia? A ver, que Colombia solo lleva cuatro años o menos con un gobierno progresista, lo demás ha sido siempre un desastre. ¿Y si arrasan con Cuba? También cayó la URSS y los países del bloque del Este y China abrazó el capitalismo y Vietnam más y... qué. Qué pasaría. Todo eso lo damos por descontado, lo que no damos por sabido es que a esas amenazas y a esos cambios, le debemos sumar nuestra propia cabeza, nuestra propia existencia. Eso es lo que realmente parece que se decida en estos días, semanas, meses. El sistema aquí, la vida aquí. Y a lo mejor me pongo tremendista y a lo mejor no es para tanto. Pero ¿y si deciden que esto de España o como se quiera llamar ya no les interesa y vamos a otra cosa y esa cosa es para que sea absolutamente peor? ¿Y si esto que llamamos Catalunya cae en manos de gente que decide quién vive y quién no en relación a si me gusta o no me gusta su catalanidad o lo que sea? Tantas cosas. ¿Quién es la última en la cola del jurel?

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