martes, 27 de junio de 2023

Miedo a un planeta Albiol


Ahora todo el mundo ya lo sabía, lo intuía, tenía constancia, era consciente, tenía entendido o lo sospechaba porque el PSC ya ciudadaneaba o vete a saber tú qué prejuicios o qué construcciones mentales hay en las cabezas políticas colomenses. Yo no. Yo no podía creer que, más allá de alianzas puntuales para romper el bloque derechista que se podría formar y con un Dimas Gragera que se puso de cara desde el primer momento, incluso desde antes de ese primer momento cuando rompió el pacto para pedir un pleno extraordinario para aclarar las cosas judiciales del PERI Ciutat Vella, con la intención de que no se le situase en la foto de la derecha y la derecha extrema, se llegase al extremo de incluir en el gobierno municipal a Ciudadanos. Era algo que me parecía innecesario. Es algo que me sigue pareciendo innecesario. Lo que ahora escribo es una más de las reflexiones apresuradas sobre un hecho que parece de cajón, que parece dado, pero que a mí me sigue pareciendo extraño. Porque de todos y de todas es sabido que Núria Parlon se ha esforzado durante mucho, mucho tiempo, en aparecer como una política socialista diferente, capaz de tener buena prensa en los círculos izquierdistas, ella es diferente, ella no es como el PSC de la Marín, ella representa otra cosa. Otra cosa que muchos colomenses de izquierdas han asumido como disculpable para su pureza ideológica o performativa y les convierte en parlonistas antes que socialistas. Y sin embargo, este giro de guión parece que desconcierta. Aparecen muchas teorías y muchas de ellas tienen consistencia y tienen razón. Yo me quiero quedar con una idea. Albiol en Badalona ha alcanzado los 18 regidores. 18 regidores son muchísimos votos y en una ciudad como Badalona parece extraño que tanta gente pueda votar al PP, pero no votan al PP, votan a Albiol. Y votan a Albiol porque Albiol les promete limpieza. Le votan socialistas, le votan unos, le votan otros, le vota tanta gente que suma 18 regidores en Badalona. Albiol les promete limpieza, les promete seguridad, les promete quitar de en medio a los vagos y maleantes. Y para ello se pasa cuatro años haciendo campaña por todo tipo de lugares. Está en todas partes. Y ese modelo, aterroriza, seguro, al PSC local, que no quiere que le ocurra lo mismo que al PSC badalonense. Ciudadanos, Dimas y su gente, ha hecho durante cuatro años eso mismo que ha hecho Albiol, en las calles, prometiendo eso mismo, limpieza, seguridad, policía, populismo de derechas, soluciones fáciles a problemas complejos. ¿La segunda residencia? En la Ciba, que no sirve para nada. Más aparcamiento en lugar de pacificar calles. Ese trabajo le ha servido para no morir. Ciudadanos ha muerto, pero Dimas y su modelo, no. Y eso se lo ha querido apropiar el PSC local antes de que se lo quede otro. El terror a que el modelo Albiol se contagie a Santa Coloma. Por la izquierda no le va a venir, porque la izquierda le da igual, pero por la derecha, quizás. Así que nos ponemos el parche, nos apropiamos de esa forma de hacer y de pensar y palante. Y veremos a ver la Ciba qué es lo que pasa o si a los de Ciudadanos de repente les empieza a dar igual. Que total, a ellos ya qué más da, si son un ejemplo de supervivencia que debería estudiarse en las academias. El problema es saber qué modelo de ciudad tiene el PSC. O no saberlo. Ahora ya de manera definitiva. O si el modelo es Albiol sin Albiol.

Enhorabuena a los premiados. 

Y a la izquierda colomense, nos toca pensar. Pero pensar de lo lindo.  

lunes, 26 de junio de 2023

A la hora de Sumar


Las noticias estos últimos días van reproduciendo un esquema por el que se nos anuncia un apocalipsis en cada nombramiento, un retroceso en cada primera decisión, una vuelta a los años 40 en cada intervención policial, una catarata de pérdidas de derechos por cada anuncio de gobierno. Todo parece haberse confabulado para que eso de que 'todos son iguales' quede absolutamente desmentido solo unas semanas después de haberse producido el resultado electoral del 28 de mayo. No, no todos son iguales y lo estamos viendo estos días. Y lo vamos a ver a partir del 23 de julio si es que no hay una movilización de los votos de esa gente que dice que la izquierda ya ha perdido su razón de ser, que al final no consiguen hacer nada, que todo es producto de una inercia o que nos hemos dedicado a temas superfluos. Que en lo importante no va a cambiar nada. Y vaya si cambia. Y sobre todo, vaya si cambia si no hay una organización de izquierdas fuerte que apuntale y tenga impulso suficiente como para seguir ganando derechos. Derechos para todos y para todas. Derechos para las cosas del comer y derechos para esas cosas que dicen que son superficiales los que se creen que todo es recio, fuerte, viril y consecuente. Esos derechos y todos los derechos están en tela de juicio por parte de las derechas. Unas derechas que ya no huelen a viejo, sino que han conseguido que lo nuevo sea lo pavorosamente arcaico. No hay día en el que no tengamos la tentación de querer basarlo todo en el terror que produce que se de un salto hacia atrás disfrazado de huida hacia delante. Y nada más desastroso que pensar que todo debe basarse en el miedo, en lo anti, en el mal menor. No podemos quedarnos ahí. Si de algo ha de servir el esfuerzo titánico de unir a tantas fuerzas políticas diferentes pero no tanto, lo quieras ver o no, es para plantear un escenario de futuro, de futuro posible, de futuro cierto. Hay un futuro que se construye ahora, no es un futuro que se construye solo acudiendo al miedo, al horror que nos produce una extrema derecha que. No hace falta decir mucho más. Es una cuestión de números. Y los números nos dicen que hay que sumar. Sumar votos, sumar a gente que crea que estos cuatro años no han sido un espejismo, que no han sido el principio y el fin de algo efímero, sino que son una prueba de que es posible tener un gobierno que esté a favor de y no siempre con el freno de mano echado, con excusas sobre posibilismos, en manos de fuerzas políticas que condicionan para el retroceso y no para el bien común. Es el momento de seguir creciendo y seguir sumando, cada vez más, cada vez con más, con un discurso pegado a la realidad de la gente, transmitiendo ilusión y poniendo buena cara donde otros ponen resignación y dejación de responsabilidades. Vamos a ganar porque tenemos que ganar. Y tú no te quedes mirando. 

Fin de semana en Rusia


Cuando éramos niños soviéticos nos parecía que los soviéticos eran especialmente torpes. Desganados, apáticos, parecía que les daba igual. Veíamos a la selección de fútbol y parecía que se dejaban perder. La de baloncesto tenía a Sabonis pero por lo demás transmitía el mismo aire. Los deportistas individuales igual, en el momento clave, no aguantaban y caían derrotados. En las películas americanas asumíamos que los soviéticos, los malos, eran los malos y que siendo los malos, naturalmente no iban a ser más listos que los buenos. Te daba coraje, pero era así. Sin embargo, con el paso del tiempo, uno llega a pensar que realmente, lo de la Unión Soviética y concretamente lo de Rusia, era difícil de mantener. Un fin de semana en Rusia. Un grupo de mercenarios armados hasta los dientes pero un grupo de mercenarios al fin, como el Equipo A pero con más gente, se subleva, gira las escopetas y en un día se plantan a 200 kilómetros de la capital y qué pasa. ¿Ha pasado algo? Un golpe de estado que se queda a las puertas de armarla del todo porque no se sabe qué es lo que finalmente se estaba buscando, si un golpe de estado, si simplemente dinero, vete a saber. Vete a saber, así en general con todo lo que está pasando en Rusia y con la guerra de Ucrania y todo ese fregado donde sabes quiénes son los malos, todo el rato. Y los malos son los de Putin, más cuando el amigo se casca esos cinco minutos de discurso comparando a los de Wagner con los bolcheviques y se queda tan ancho. Un anticomunista de libro. Más de derechas que el palo de la bandera. Y qué país, y qué gente, que están en una guerra y no son capaces de detectar que hay como 25000 pavos que se van a girar y van a tirar hacia Moscú y nadie hace nada por detener eso ni cortarlo antes. Ojo, que nadie lea que es que a uno le hubiera gustado mayor eficacia y que la guerra fuera diferente y todo eso. Que no, simplemente no le deja de sorprender a uno que en un país con armas nucleares se pueda llegar a 200 kilómetros de la capital y que de repente el líder del movimiento diga que bueno que lo deja y que ya si eso. Y todo eso en dos días. Y todo eso así, en vivo y en directo. Fin de semana en Rusia, han tomado una ciudad, ahora la han vuelto a desocupar, los negocios siguen tranquilos, la gente pasea por las calles. La gente se muere en Ucrania. Dicen que el presidente Putin se ha ido a San Petersburgo. Los oligarcas están decidiendo qué va a pasar. Cuando éramos niños no nos hubiéramos creído que ese país que atraía las simpatías de tanta gente no tenía nada detrás. Todavía hoy hay quien se cree que nada ha cambiado. Eso es lo peor. 

viernes, 23 de junio de 2023

Ser alguien


Being someone, ser algú, ser ningú, nadie te conoce cuando estás down and out, este va a ser un tema recurrente durante unos meses. Ser alguien, sentarte en los sitios, no levantarte cuando te lo piden, no ser consciente de que no eres nadie, eres alguien y mereces estar sentado, porque lo eres, los símbolos, los signos, los identificativos, los saludos, las palmadas, los gestos, estar sentado o estar de pie, ser citado, ser nombrado, te tienen en cuenta, has sido seleccionado, podrás decir, tienes algo, estás sentado o estás de pie, ser alguien después de tantos años sin haber sido nadie, estar en sitios donde nadie antes te había visto, estar en sitios donde ya nadie te espera, donde crees que eres pero ya nadie te va a mirar, parte del decorado, dar ambiente, la nota de color, no es nadie, no ha sido nadie, eres algo, vas de algo, quieres algo, que se note, que se sienta, que se aprecie, el momento ha llegado, ahora estamos aquí y va a quedar claro, meridianamente claro que somos, somos los que estamos, pero no había nadie, porque no siempre es todo lo que es y seguro que había otros sitios donde ser y estar y parecer. Ser, estar y perecer. El sitio, la foto, el momento, la personalidad que entra y que avanza hacia los puestos de privilegio y quién te lo iba a decir y a ti y a ti que ibas a estar allí y que en todo ese marasmo de personas había una persona que estaba y por eso, espera, que quizás por eso mismo, claro, para que no se relacione una cosa con la otra, no vaya a ser, pero igual no se lo dijeron a todo el mundo, o yo que sé. I wanna be me, i wanna be you. Esa canción de los Sex Pistols, ya ves tú que cosa tan antigua, tú quieres ser yo, no quieres darte cuenta, eres tú, pero tú deberías darte cuenta de que posiblemente todo el mundo sabrá, en esta ciudad, que no eres nadie. Y lo que eres no merece la pena. Merecer la pena, aunque no seas nadie, aunque nadie te de una palmada por la espalda, un abrazo, un saludo, un amigo y un siervo. Eres nadie, eres nada, eres poca cosa, eres mac o eres pc. Hay quien se cree pc y quiere ser estar y perecer. Estás ya pereciendo y estás creyendo que eres alguien. Ser alguien. Ser como alguien. Estás ya pareciendo alguien. Estás. 

miércoles, 21 de junio de 2023

Vladimir Nabokov - Pnin


Creo que ya lo dije cuando hablé de 'Una belleza rusa', pero lo vuelvo a repetir. De repente, leyendo a Nabokov, uno tiene la sensación de que escribir bien debe parecerse mucho a esto que hace él. Escribir bien significa mucho más que tener una buena historia, que atraparte, que meterte dentro. Escribir bien es algo que uno percibe que pasa o que se consigue en determinados momentos. Esta no es la novela más famosa de Nabokov, tampoco parece ser la mejor, simplemente la compré porque me pareció que la historia podría ser interesante y, disculpen, el tamaño me garantizaba que si la cosa no iba bien no me iba a martirizar con un tocho infumable. Esta es una historia que seguro que se ha contado muchas veces y que tiene un interés relativo y que posiblemente suscite el interés de algunos raros apasionados de lo ruso, los emigrados, los revolucionarios, la Europa de entreguerras, centroeuropa, cosas así. Incluso cuando podemos decir que esta obra ya es parte del canon norteamericano del propio autor, el tema no deja de ser muy ruso. Esta historia tiene un interés extraño, porque puede parecer completamente ajeno a tu mundo y el mío y sin embargo, hay algo que es universal. Esta es la historia, o un momento de la vida de Timofey Pnin, profesor ruso nacionalizado norteamericano en una Universidad norteamericana sin demasiado nombre, que vive de habitación en habitación, impartiendo una asignatura que interesa a un público reducido, con una vida en la que cualquier contratiempo puede complicarse más, en la que todo puede suponer un peligro, en el que las manías y las rutinas y los recuerdos y la incertidumbre y el peligro constante de vivir fuera de sitio, se van mezclando para ofrecernos un relato de una vida en la que la erudición más inútil puede convertirse en lo único a lo que agarrarse, un amor que no lo es pero que pudo ser pero que nunca lo fue, una historia en la que sin quererlo Pnin es protagonista de un mundo paralelo en el que él vive y los demás le observan y disfrutan o padecen con su forma de estar en un espacio que le es ajeno, en un idioma que transforma, en el que todo puede ser cómico y triste a la vez. Y no es la historia. Es cómo está contada. 

martes, 20 de junio de 2023

Chaco


- No lo veo.

- ¿Y ahora?

- Tampoco.

- ¿Ahora?

- Ahora creo que sí.

- Y qué ves.

- Están comiendo y hablan entre ellos.

- Qué cabrones.

- Solo comen y hablan.

- Por eso. 

- ¿Y qué?

- Comen y hablan como si nada.

- Pues como nosotros.

- Nosotros no.

- Nosotros también. 

- Pero ellos son ellos. Y están ahí. 

- Pues nosotros estamos aquí.

- Pues por eso. 

lunes, 19 de junio de 2023

Esto ocurrió antes


Esto ocurrió antes, en aquel tiempo, aquel paréntesis en el que había un consenso general en que el ser humano venía del mono y que mediante la ciencia se explicaban las cosas. Era entonces cuando yo tuve un amigo que se llamaba Tadeusz y que trabajaba en un despacho. Movía papeles, escribía textos, llevaba un portafolio, una tarjeta con su nombre, llamaba por teléfono, enviaba correos, acudía a reuniones. Tadeusz era amigo mío por culpa de otro amigo mío, Abraham. Abraham había ido conmigo al colegio. Tadeusz era cuñado de Abraham. Yo era amigo de Abraham. No me quedó más remedio. Tadeusz nos encontraba pocas veces en la cafetería al salir del trabajo. Rara vez comentaba su vida laboral con nosotros, pero le apasionaba hablar de política. Sin pies ni cabeza reproducía lo que escuchaba al vuelo en el despacho y nos lo reproducía como si fuera un mensaje sagrado. Nunca le escuché hablar a favor de nada, para él había un defecto en cada una de las decisiones que tomaba tal o cual gobierno, su prédica consistía en hacernos creer que todo iba mal. Y que iría peor. Eso era antes, cuando la que sigue siendo mi esposa trabajaba en una copistería. Tadeusz, Abraham y nuestras respectivas parejas quedamos para comer y salir a tomar copas algunas veces. Abraham no soportaba a Tadeusz y a mi me producía una especie de lástima, pobre hombre oscuro, pequeño. Abraham tenía razón. 

domingo, 18 de junio de 2023

Ada Colau, alcaldesa


Ayer por la tarde se puso fin a 8 años de Ada Colau como alcaldesa de Barcelona, que se dice pronto, que parece poco y qué largo se os ha hecho, ¿verdad? Qué largo se os ha hecho a quienes no pudísteis soportar en su momento que alguien venido de fuera de todo, de las estructuras de los partidos y contra los partidos pudiera suscitar una corriente de simpatía tanto por su proyecto como por su persona como por tantas cosas que pasaban en 2015 que han dejado de pasar y que contra todo pronóstico, consiguió ser la primera fuerza en unas elecciones municipales que a todos nos dejaron con la boca abierta. Desde entonces, se nos ha hecho corto. Sabíamos quienes estábamos por ella, desde siempre, que iba a enfrentarse a muchas cosas, cosas tremendas, cosas terribles, pero lo que no sabíamos, desconfiados que somos siempre la gente de izquierdas, era que iba a ser capaz de acometer una transformación real y completa de la política, para ponerla al servicio de la gente. Que eso haya durado ocho años, que el mandato haya durado muchos más años de los que han durado en otras partes, se ha debido a casualidades, a tenacidad, a inteligencia política y a capacidad de conectar con un tiempo y con un espacio social que ha llegado hasta casi, casi, provocar la pesadilla de quienes quieren que todo sea como siempre es y que, ay, lo consiguieron el pasado 28 de mayo. Contra Ada Colau muchos han vivido mucho mejor, pero vivirán mejor sin Ada Colau en la alcaldía, porque podrán hacerse o continuarse con políticas que Ada y su gente habían dejado arrumbadas para poner en marcha proyectos que han colocado a la ciudad de Barcelona como un modelo. Y no un modelo de Full Informatiu y autobombo de consumo doméstico y página pagada en diario, no, un modelo reconocido internacinalmente. Pero eso se ha acabado. Las elecciones no fueron bien y, pese al estupendo resultado después de todo tipo de ataques por tierra, mar, aire y en todo tipo de redes, con los poderes económicos y políticos de la ciudad con la mira puesta en la alcaldía de Barcelona como trofeo de caza fundamental de estas elecciones, se ha conseguido que el electorado se vuelque en un anticolauismo que no tiene parangón como forma de entender la política más que aquí. Puta Colau. La culpa de todo la tiene Ada Colau. Todos los días, a todas horas, en todas las portadas. Y sin embargo, Ada Colau y su equipo, siempre su equipo, han llevado adelante lo que otros solo anuncian en renders. Insisto, una política volcada precisamente en aquellos a los que no se ha escuchado nunca. Se ha intentado, se ha hecho, pero no se ha llegado más lejos. Con el tiempo, ahora mismo, lo único que sale es mostrar admiración hacia una figura política minusvalorada, menospreciada, ridiculizada, odiada, que siempre ha salido a flote. Siempre incluso cuando la han dado por muerta y enterrada. Siempre incluso, cuando se consideraba que ya no pintaba nada en la política catalana. 

Así nos encontramos con un día de ayer en el que Ada Colau y Barcelona en Comú decidían. Una decisión no fácil, una decisión complicada pero con todo el sentido. Salvo para quienes solo saben ver a la derecha si se viste de rojigualda, no es lo mismo el PSC que Junts per Catalunya. No es lo mismo. El PSC puede y tiene todos y cada uno de los defectos de una organización completamente posibilista que no se mueve nunca contra el orden. Pero no es Junts per Catalunya. No es Trias. El PSC puede y es muchas cosas y lo saben quienes alcanzan con ellos acuerdos de gobernabilidad, partidos de todo signo y condición, pero, también, hay que saber dónde se ubican mayoritariamente sus votantes. Si eso no lo entendemos y no lo sabemos y no lo queremos ver o solo nos interesa cuando queremos hacer maniobras de sustitución, es otra cosa. Si lo que estamos es llorando por más puestos de trabajo, dinero  poder dentro de la institución, es otra cosa. Pero dar apoyo al PSC, con todas las políticas que nos chirrían, nos ralentizan, nos entorpecen, y demás, no es dar apoyo a un gobierno municipal con Trias. No lo es. Y si es peor una cosa que la otra, entonces es que sí, soy un merluzo, pero prefiero ser un merluzo que votar a un tipo de derechas para que gobierne mi ciudad. 

Así que Ada Colau y Barcelona en Comú sigue siendo decisiva en la política catalana, pese a todo y pese a muchos y muchas. Ahora tocará intentar, seguir intentando, recomponer una mayoría de izquierdas y seguir avanzando, ahora sin liderar, en algo que ha sido y que tendrá que volver a ser. 

Ahora y siempre, Ada Colau Alcaldesa!

sábado, 17 de junio de 2023

Crónica apresurada del pleno de constitución del nuevo Ajuntament de Santa Coloma. Ciutat gegantera.


No he sacado ninguna foto del pleno. Nadie te conoce cuando no eres nadie, decía la canción de Bessie Smith y naturalmente no he estado en la sala de plenos de l'Ajuntament y sí he estado en la sala de la OIAC viendo el pleno retransmitido por el youtube como un ciudadano más, como usted y como yo. El pleno de constitución tiene la gracia de comprobar si alguien jura o deja de jurar o si promete o deja de prometer, ver las caras de los familiares de los nuevos regidores y regidoras, la foto, etc. Habitualmente no hay mucho espacio para el discurso político ya que se considera que, pero hoy no. La presencia de Vox lo va a distorsionar todo y desde un primer momento se han lanzado a hacer un discurso político lamentable con perlas como las de querer devolver a Santa Coloma a los años 40, cosa que repeluzna y descoloca. Pero no todo lo que dice Vox es para reírse. Por ejemplo, ha citado expresamente que Comuns tenía en el consistorio tres regidores y que ahora no tenemos ninguno y eso es porque ellos representan el voto de los trabajadores y los pequeños empresarios y tal. Discurso que debe hacernos pensar que, quizás, la estrategia antifascista debe ser mucho más profunda. Mucho más profunda y mucho más elaborada y mucho más consensuada. Y si se promueve una manifestación o concentración antifascista en la plaça, tener claro qué se grita y qué no se grita y qué se quiere conseguir y qué es lo que se puede hacer y qué no. Si no, pasa lo que pasa y todo queda en un conjunto de personas que parecen actuar contra los intereses de la mayoría, cuando no es que se echan encima a la gente de Santa Coloma. Si estos cuatro años van a consistir en eso que hemos visto hoy en la plaza, preparémonos para ocho años o doce o dieciséis de presencia de extrema derecha en Santa Coloma. Y si el ambiente en el pleno va a ser el que hemos visto hoy en la sala de plenos, los discursos y las intervenciones y el tono, podemos decir que el circo vuelve a instalarse en la ciudad. Y lo que menos nos interesa es un circo constante. Ahora nosotros no estaremos, pero quienes estén, en fin. Y si estamos fuera, pues habrá que saber qué hacer estos cuatro años para darle la vuelta a la tortilla. Ahora no es el momento de ponerse, pero lo que hemos visto hoy, fuera y dentro, creo que no es el camino. 

Por lo demás, discursos, una alcaldesa que no se ha cortado en hacer una reivindicación personal sobre su honestidad que va más allá de las frases graciosas y los eslóganes de una campaña que ya acabó y la sensación de que hay quien no ha leído la realidad de la ciudad y hay quien no entiende qué está pasando ni dentro de sus propias filas. Pero bueno. Todo lo iremos viendo con el paso del tiempo. Que la política va más allá de las proclamas y que detrás de las políticas hay personas, que no todo vale, ay, no todo vale, no todo vale, no todo vale, no todo vale, no todo vale, y que un puesto de regidor o de regidora no se consigue a base de destruir vidas de gente. Nunca lo olvidaremos y nunca dejaremos de recordarlo. 

Esta es una ciudad de gigantes, no seamos cabezones. 

Nos quedan cuatro años y mil y pico días con sus noches para hacer cosas. 

jueves, 15 de junio de 2023

Crónica de un concierto de The Who en Barcelona. Los viejos están bien.

Los viejos están bien. Está claro que no ibas a ver el concierto de la isla de Wight, ni si quiera ibas a ver el concierto que nos pusieron en el autocar camino de Zaragoza cuando los vimos en Zaragoza y que era de principios de los 80, ni siquiera iba a ser el concierto que vimos en Zaragoza en el 2006, que ya han pasado 17 años del 2006 y nos creemos que a la gente no le pesan los años y nos pesan a todos, a mí el primero. Fuimos al concierto de ayer una tropa sustanciosa de colomenses, algunos no los habían visto nunca, otros sí. Todos teníamos, yo tenía, algún tipo de prevención. Un concierto con orquesta, en un recinto como el Palau Sant Jordi te hace ir con prevención. No se va a escuchar bien. Y efectivamente, el sonido no fue lo mejor del concierto. Se fue ajustando a medida que iba avanzando la cosa, pero de primeras sonaba todo como un follón donde no se escuchaba la guitarra de Pete Townshend, el bajo brillaba por su ausencia... incluso había momentos en los que parecía que Roger Daltrey cantaba por un sitio y la cosa iba por otro. La Orquesta Simfónica del Vallès, hizo el papel de acompañante en dos tramos del concierto, al principio y al final, dejando a la banda, nutrida banda por eso, sola en el tramo central del mismo. Qué sonó. Si digo que el principio fue un poco follón, en realidad no hago justicia, porque es que el principio que propisieron The Who estaba destinado a que si tenías alguna prevención, alguna racança que se dice en catalán, se te fuera, se evaporara. Porque comenzaron con canciones del Tommy, desde la Overture, al Amazing Journey, al Pinball Wizzard, su poquito de Sparks, para dejarlo con el See me, feel me... que sí, me emocionó. Y siguió toda una retahila de pepinazos que durante dos horas nos hicieron felices y también con una selección de canciones de transición que nos permitió ir a donde tuviéremos que acudir sin remordimientos. Daltrey tiene 79 años y Townshend tiene 78. Únicamente si somos capaces de valorar lo que eso significa sabremos el valor que tiene ver un concierto de estos dos leyendas de la música y quitarnos de encima las prevenciones. Son personas que podrían estar ya en su casa disfrutando de cualquier cosa y todavía son capaces de embarcarse en una gira de estas características y enfrentarse a un público que los idolatra y que, ay, no llenó el Palau Sant Jordi. Buena entrada, sí, pero se constató de nuevo que Barcelona no es una plaza fuerte para the Who, que ya tuvieron que abandonar la ciudad hace 17 años porque no. Ahora, el público que fue, entregado. Un público que como no podía ser de otra manera, era veterano, pero no excesivamente veterano y donde me sorprendió (siendo Barcelona, Barcelona), que casi todo el público era nativo y no había prácticamente presencia de guiris. Camisetas a 40 pavos en los puestos de merchan oficiales y ví a un tipo que llevaba mi camiseta de The Who, la camiseta que compré hace 17 años en Zaragoza y que no dudé nunca en calificar como la camiseta más fea de The Who que jamás vi. Pues esa camiseta la llevaba un señor ayer. Yo no quise ir de camiseta, no tengo de The Who, y fui de polito. Nos sentaron en una ubicación diferente a la que teníamos y ganamos en vista y perspectiva, pero ay, eso de ver conciertos sentado es un rollo. Y no pude resistirme. Porque tocaron Substitute, que fue la única de las antiguas que tocaron (antiguas antiguas), y ahí me levanté. No cayó My Generation, no cayó, I can't explain, no cayó Boris The Spider (lógico), no cayó A quick One, (hubiera sido genial que la orquesta hubiera hecho el cello, cello, cello vocal de la original.... con el cello) y no tocaron I'm a Boy o Pictures of Lily, pero sí que lo hicieron con I can see for miles. Naturalmente cayeron las televisivas, Who hare you, Won't get fooled again, You Better you Bet... y cayeron canciones tremendas que nos fueron condiciendo poco a poco a un final en el que, claro, se vino el Quadrophenia. Y ahí ya, éxtasis con el Love Reign O'er me y con la intro o la outro que no recuerdo que repasó toda la carrera de la banda, mezclada con hechos históricos y recordando al Keith Moon y al John Entwistle y todo fue como tenía que ser y hubo errores como cuando la banda se comió la mítica frase donde Daltrey dice, mira al nuevo jefe, es el mismo jefe que antes de Won't get fooled again, pero se perdona absolutamente todo porque salimos de allí con una sensación de felicidad y de haber visto algo que ya no veremos más y que ha cumplido con las espectativas. Un concierto de The Who, un último homenaje a unas leyendas de la música que nos han regalado temas y conceptos que han trascendido en el tiempo y que ya no se estilan en casi ninguna parte. Han molado mucho y seguirán molando. Los viejos están bien. 

martes, 13 de junio de 2023

La extrema derecha


- Es que claro, si la gente les ha votado será por algo y estaría bien que supiéramos si lo que dicen tiene algún sentido y poder así juzgar si ese mensaje es de extrema derecha o bien tiene más sentido común del que nos creemos y estamos estigmatizando así a una gente que puede ser que tenga más que ver con lo que pensamos todos que con el estereotipo que los medios de comunicación bienpensantes nos quieren hacer creer. Claro. Es que claro. Al final acabamos practicando todos una especie de censura contra ideas que ya están en la calle y que se divulgan y que claro, si no somos capaces de acercarnos a ellas y saber si realmente son lo que nos dicen que son, no podremos juzgar como se merecen. Las ideas no son de extrema derecha o de extrema izquierda, las ideas surgen en contextos determinados y claro, en cada contexto esas ideas pueden ser abrazadas por los colectivos que no saben si sin o no son, simplemente dan respuesta a sus necesidades y lo que pasa es que no somos capaces de acercarnos a las preocupaciones de la gente de una manera más desprejuiciada y siempre estamos con los esquemas mentales dogmáticos cuando lo que existe es una sociedad que necesita ya que se le de seguridad y se le de certezas, cuando todo parece que se derrumba. Porque lo que la izquierda no entiende desde su superioridad moral es que hay mucha gente que ya se ha cansado de que le den lecciones y de que a nadie le importe lo que le pasa. Lo que la gente quiere es una respuesta y esa respuesta no hay que buscarla tan lejos, la tenemos aquí, y la tenemos en lo que somos y en lo que tenemos que volver a ser. Y esa respuesta merece ser escuchada porque así la gente, que no es idiota, puede juzgar por sus propios medios lo que hay. Y si se censura esa voz es porque hay un complot de los medios para que solamente las ideas globalistas y las ideas progres penetren en la cabeza de la gente, mientras que quien se sale del rebaño borreguil está silenciado. Claro. Aquí lo que pasa al final es que hay demasiada gente chupando del bote y que no tiene ganas de trabajar. Aquí lo que falta es alguien que diga de una vez lo que todo el mundo está esperando oír. Aquí lo que está pasando es que hay que volver a poner las cosas en su sitio, que parece que hemos olvidado lo que somos y porqué. Lo que pasa es que estamos viviendo una época en la que no se puede decir nada ya. Y lo puede decir todo el mundo menos nosotros. 

Oiga pues no, una mierda para usted. 

lunes, 12 de junio de 2023

Sherwood - Lewis Arnold / Ben A. Williams


Pues una gran serie y con un gran final. Un gran final porque hace que toda la serie adquiera otro sentido. Que la historia que nos están contando y sobre la que gira todo el problemón que tienen en el pueblo, sea relativizada. Y que, creo, que nos enseña una lección muy importante. Una lección que es reveladora de algunas de las cosas que pasan y que nos pasan. Al menos, es lo que a mí me ha parecido y como todo son percepciones personales que se vienen adaptando a lo que uno tiene en la cabeza y te lo haces venir, pensarás, y es verdad. El tema es que esta serie, Sherwood, que efectivamente transcurre en el bosque de y que desde el primer episodio ya se nos dice que nos abstengamos de incidir en el tema de Robin Hood y que únicamente vuelve a aparecer en el último momento para ser definitivamente despreciado, habla de algo que tiene que ver con un tema que me apasiona: la memoria. Pero sobre todo, cómo la memoria nos hace vivir en unos marcos mentales, sociales, relacionales, políticos, cuando la vida va por otro lado. Tú puedes quedar atrapado en un momento histórico, fundacional, doloroso, una derrota grave, una victoria gloriosa, una época que dio a una generación de personas un sentido y que esa generación ha sido la que ha cortado el bacalao. En Sherwood, la huelga minera de los años ochenta (1984-85) se convierte en el trasfondo que sigue guiando la vida y la política y el todo de lo que pasa en un pueblo de Nottinghamshire. Una huelga que dividió al pueblo entre huelguistas y esquiroles. Una huelga que provocó cambios absolutos en la forma de vida de los británicos y en la que se enmarcaron sucesos que todavía no se han olvidado. Y en este escenario, un chaval decide cargarse a uno de esos antiguos huelguistas de un ballestazo. Catapum. Y detrás de este asesinato, vienen otros sucesos y vienen otras muertes y se da comienzo a una investigación que pretende buscar en los hechos del pasado las respuestas del presente. Y resulta que las respuestas del presente son otras, absolutamente diferentes. Y toda la historia, pues resulta que es simplemente historia. Sherwood está en Filmin, son seis episodios, las interpretaciones son fantásticas, secundarios de absoluto lujo, hilos argumentales paralelos impecables, te mantiene en tensión y el final te da un golpe de realidad. Muy recomendable. 

jueves, 8 de junio de 2023

¿Merecemos lo que nos pase?


Disfruten de lo votado. Somos personas que somos personas y como personas que somos no estamos ni por encima ni por debajo, ni entendemos más, ni somos más listos, ni somos más tontos, y sobre todo, si somos personas que somos de las que pensamos que todas las personas merecemos los mismos derechos, las mismas oportunidades, las mismas garantías judiciales, los mismos beneficios asistenciales, las mismas subidas de pensión, los mismos todo aquello que usted ya sabe y que sabe que eso más o menos la gente de izquierdas, más o menos, deberíamos considerar que todos y todas deberíamos deber poder, ya sabe. Ahora que ya no tengo que ser claro, puedo ser de nuevo oscuro y solo entenderme yo, pero seguro que lo entenderán. Disfruten de lo votado. Mereixem el que ens passi. No nos gusta lo que ha votado la gente porque la gente no tiene ni puta idea. Cómo puede ser que aquí en Santa Coloma haya gente que ha votado a VOX y no a nosotros, es que la gente no puede ser más gilipollas, no hay otra explicación. Naturalmente. El primer paso para recuperar a la gente es despreciar lo que buena parte de los que consideramos nuestros primeros vecinos, ha elegido. Despreciemos su opción política, pero no despreciemos a la gente. Despreciemos todo aquello que se ha inoculado en la gente para que se decanten hacia un lado tenebroso y que más tenebroso va a ser si no somos capaces de arrejuntarnos todos y más aún, de trasladarle a la gente un mensaje positivo. No los despreciemos más. Disfruten de lo votado. Esa posición desde arribita de todo, esa posición por la cual la gente, nuestra gente, merece que todo lo que les pase es culpa suya porque mira que lo tenían fácil, sólo tenían que coger la papeleta correcta. Que es la mía. Disfruten de lo votado. Merecemos lo que nos pase. Un primer paso para entender lo que ha pasado es entender a la gente. Una vez más. Entender a todo el mundo y saber a quién nos estamos dirigiendo. Un primer paso sería saber de lo que estamos hablando. Reconocer que el resto de partidos que sí que han conseguido un respaldo electoral, han sabido llegar a una gente, a un grupo de gente, a su grupo de gente. Reconocer que quien ha ganado conoce la ciudad mejor que nadie. Que aquellos que han conseguido algo es porque saben algo que nosotros no sabemos y es muy grave no saber de lo que estamos hablando. ¿Merecemos lo que nos pase? No merecemos lo que nos pase, nadie se va a merecer lo que puede pasar si no lanzamos ahora mismo un mensaje positivo. Viva la gente. Para empezar. Si luego esa gente no nos hace caso o no nos entiende o prefiere otras cosas, analicemos mejor qué es la gente y qué es lo que pasa en esta ciudad, o en otras ciudades y entonces, a lo mejor, podemos construir una propuesta que, siendo la nuestra, sea capaz de dar respuesta a la gente. Disfruten de lo votado. Que se jodan. Bonita manera de ser de izquierdas. Tenemos tiempo para aprender. Mucho tiempo. 

miércoles, 7 de junio de 2023

Karpov


Las piezas estaban así. Los movimientos los tenía claros. La partida estaba dispuesta. Todo estaba en su sitio. Y de repente, se me olvidó jugar. Estaba la partida comenzada, estaba la partida avanzada, estaba todo en marcha. Las piezas se estaban desplegando por el tablero. Había puesto freno al primer embate del rival. Todo parecía estar en marcha. Los movimientos estaban claros. Pensaba que estaba ahí y que simplemente tenía que hacer con las piezas lo que suelo hacer con las piezas. Y de repente, se me olvidó jugar. Las luces estaban encendidas. El público estaba en su sitio. Los asesores estaban preparados. Me había puesto un vestuario que me permitía hacer los movimientos necesarios sin estar pendiente del vestuario. Me centro mucho en el vestuario porque el vestuario me condiciona todo. Me condiciona la manera en la que afronto la partida, me condiciona los movimientos, me condiciona el estado de ánimo, no sé porque estoy en los sitios, me cambia el carácter, ya no soy yo. Pero ese día, incluso viendo la foto en la que puede parecer que esa chaqueta tiene que picar lo más grande, no estaba para nada incómodo. La apertura, el desarrollo, habíamos salvado lo más difícil. Y de repente, se me olvidó jugar. Pero no un olvido de quedarte en blanco. Fue un olvido de no saber qué hacía allí. Un olvido de estar absolutamente desnortado. De salirme de mi mismo y verme desde fuera y decir, pero quién es. Porqué estoy en una partida de ajedrez. Como un golpe en la cabeza, como si me hubiera ido, como si de repente hubiera sido otro. De repente, se me olvidó jugar porque se me olvidó quién era yo. De repente era otro y estaba allí y no sabía qué estaba haciendo. Y ni fue un golpe, ni fue la luz, ni fue absolutamente nada, simplemente que las cosas son así y no te tienes que estar haciendo preguntas constantemente. Al cabo de unos minutos, con la partida ya acabada, volví en mí. Me dijeron que había sacado unas tablas. Ni tan mal. 

martes, 6 de junio de 2023

El Athletic Club y el aburrimiento


He visto muy pocos partidos del Athletic Club esta temporada. He seguido muchos mediante el Twitter o los comentarios de los colegas en el grupo de Whatsaspp. He visto resúmenes de partidos. Vi, por ejemplo, el resumen del partido del Athletic Club con el Elche. Penúltimo partido de Liga, jugando en casa contra un equipo descendido, si el Athletic ganaba se colocaba en séptima posición prácticamente asegurando jugar el año que viene una competición europea, la Conference League, que es un mojón, pero es un mojón que te permite ganar un dinerito, sanear cuentas y ver mundo. Un pequeño éxito. Pues el resumen de ese partido era de no creer. Una sucesión sin cuento de ocasiones de gol del Athletic, algunas de ellas falladas de manera esperpéntica, casi cómica, para acabar palmando en el último minuto con un gol de chiste. Y la temporada al carajo. No se fastidia la temporada en ese partido, se fastidia en muchos otros que han repetido sistemáticamente el mismo guión. En casa: salir bien, empezar a carburar, fallar las primeras, las segundas, las terceras, acabar el partido sin goles o bien perdiendo en casa. El caso del Betis fue sangrante, un equipo que venía deshecho marca nada más empezar y el Athletic se estrella contra su propia impericia. El del Sevilla, el Athletic juega y juega y en el último suspiro regala un gol, pero regalar de regalar un gol, penalty patapum. Fuera de casa: deambular, si el equipo contrario nos marca reacción y no pudo ser. 

Este año el Athletic Club parecía venir de manera diferente. Valverde en el banquillo, nueva directiva, se decía que habría rockandroll, respecto al atocinamiento futbolístico de la era Marcelino. Ahora íbamos a jugar. La primera parte de la temporada fue un espejismo. El equipo era básicamente el mismo, pero las piezas se habían movido. Un 4 3 3 con un Sancet que parecía saber a qué jugaba y un Nico Williams que la rompía. Seguíamos fallando mucho pero parecía que. Pero no. Al volver del Mundial el equipo se hizo plomizo. Se movieron piezas otra vez y el equipo parecía aburrido. Se iba ganando a quien se tenía que ganar pero no se ganaba a nadie que no se debiera ganar. Y llegó la copa. Y llegó la semifinal contra Osasuna. Y llegó ese partido clave donde se volvió a fallar. En la ida un partido deplorable, tristísimo. En la vuelta el consabido 'se falló mucho', tanto que no era merecido pasar. Con la Copa fuera pareció vivirse un momento liberador, el equipo ya no tenía presión, podía jugar y se jugó unos pocos partidos. Se ganó a la Real. Temporada salvada. Podemos optar a los puestos de Europa League. Cada partido podía ser decisivo, estaba la cosa barata. Pues es ahí donde el Athletic ya cansa. 

Cansa que cada partido decisivo el Athletic se hunda, no de la talla, el rival nos pase por encima, el rival sea claramente superior incluso ganando por la mínima, que parezcamos sensiblemente peores, que no lleguemos. Y que en nuestra cabeza eso no se acepte. Que seguimos pensando que. Y no. Y te aburres. Te aburres de que en los grupos de whatsapp digan 'este partido es decisivo' y sepas que es la señal para el derrumbe. Aburre saber que el Athletic el día que tiene que cumplir, desaparezca. Y otro año de nada. 

Acaba el año y somos octavos. El peor equipo de Euskadi. La Real lejísimos y Osasuna finalista de Copa y nos quita la Conference. No hay mucho motivo para la alegría. Se va Íñigo Martínez y no vendrá nadie. Laporte tiene más cara de acabar en la Real que de volver. Ningún jugador de Osasuna querría venir. La cantera ha sido un auténtico fiasco. No se ven jugadores qué solucionen problemas como la pericia en el área rival, o la contundencia en la propia. Valverde seguirá y la sensación es de que el problema no es Valverde. Tenemos dos porterazos y jugamos a que nos sobre uno. Que sea Simón porque Aguirrezabala tiene el nombre más largo y es más kosher. Y así seguimos. Aburriéndonos cada vez más. Aupa Athletic, sin embargo.  

lunes, 5 de junio de 2023

Crows are white - Ahsen Nadeem


Un documental sobre tu propia pedrada, sobre tu propia movida, como contar un relato basado en ti mismo, o hacer tu autobiografía, tú y tú mismo, tú y tu circunstancia, tú y tu problema. Una cosa que te pasa a ti y que crees que puede tener interés para alguien. Puedes arriesgarte y pensar que eso es así o puedes comerte un mojón por creer que tu problema puede ser universal. O puede haber algo, que se escape al propio problema, al asunto que estás contando, que tenga que ver con la manera de contarlo o con cualquier otra cosa que conecte a la gente con eso. Es el caso de este documental de Ahsen Nadeem sobre sí mismo y su problema por el que nos adentramos en su problema, claro, pero también en otros temas y otros asuntos y otras movidas que nos atrapan y finalmente no nos importa si se soluciona el problema o si se queda pendiente, porque nos da la impresión de que hemos aprendido algo. Algo que puede que se nos olvide a los cinco, diez minutos, al día siguiente, a la semana siguiente. Algo que mientras lo estás viendo, sabes lo que es, y que ya no lo sabes. Vi este documental hace dos semanas aproximadamente, no sé qué es lo que vi en él que me atrapó, algo que estaba viendo y que aprendí, que ahora mismo no sabría explicar, ni aplicar, ni reproducir. El protagonista del documental, su director, es un chico de origen pakistaní criado en Arabia Saudí y en Irlanda, de familia de fuertes convicciones musulmanas, que resulta que se echa una novia norteamericana y no sabe cómo decírselo a sus padres. De hecho, se casa con ella y no se lo dice a sus padres. Sus padres le insisten en que se tiene que casar con una buena chica musulmana. Él ya se ha casado. Este es el tema gordo. Pero a la vez él está enredado en filmar un documental sobre un monasterio zen en Japón. Su movida dentro del monasterio, intentando hablar con monjes y demás que le puedan dar una respuesta a su problema, se queda siempre en nada, porque lo echan del monasterio varias veces y él reincide. Persevera. Hasta que conoce a un monje peculiar, el que está en la entrada del monasterio, que es todo un personaje. Un monje que es consciente de que el mundo está lleno de cosas que le pueden hacer alejarse de su idea de ser monje y tampoco va a privarse de según que cosas, ni del helado, ni del metal. Y mientras el documentalista va comiéndose el tarro y su matrimonio está a punto de caer, vemos como el monje va creciendo. Y el monje se acaba convirtiendo en una suerte de monje a domicilio, que va ayudando a la gente a resolver problemas de vida cotidiana aplicando una especie de sabiduría particular. Pues yo que sé, que me gustó el documental. Ahora no sé dónde lo estarán dando, porque lo pusieron en Filmin unos días y lo pillamos el último. 

jueves, 1 de junio de 2023

Juana Dolores


Juana Dolores es una poeta invitada en el 3/24 para que hable de su último libro justo el día después de que las elecciones municipales hayan dado como resultado la victoria de Trias en Barcelona y todo lo que representa del fin de un modelo de ciudad y de construcción de un relato alternativo al... Juana Dolores recibe la primera pregunta del entrevistador, Xavier Grasset y comienza a abrirse en canal. La poeta ha sido antes objeto de polémicas varias por sus posiciones políticas y su poco encaje en la cultura catalana que aparece en los medios nacionales. Todo y declararse independentista, sus posiciones son de crítica a esa catalanidad a la que todos debemos pleitesía, una catalanidad medida, Catarra, de anuncio de birra en l'Empordà, antisistema pero sistemática, burguesa, carrinclona, popular pero de poco espíritu callejero, bueno, en definitiva, TV3. Y claro, justo el día en el que Trias y su cosmovisión y su planteamiento y su todo, ha vencido, Juana Dolores no se calla y suelta por esa boca todo y más. 17 minutos de una apisonadora que naturalmente ha sido ya tratada con el menosprecio, la soberbia, la discriminación que se merece quien al fina no deja de ser una arribista, una pijoaparte que bien que le gusta salir en La Vanguardia pero que se queja porque TV3 no es española, que es lo que al final está diciendo. Ya está la izquierda española llorando por las esquinas después de habernos llenado Barcelona de cosmopolitas madrileños. Juana Dolores además es de El Prat como se encarga de señalar el entrevistador, que sabe que El Prat es territorio hostil porque allí gobierna otra cosmovisión desde hace décadas y claro, cómo no va a ser Juana Dolores así si es de El Prat. Y aquí, al final, siempre acabamos hablando de lo mismo. Y sale Jordi Borràs a hacer el número del antifascista que pasa el algodón puro e inmaculado por encima de Juana Dolores para decir que no es pura, que su denuncia está contaminada, que La Vanguardia. Y al final, insisto, el problema es siempre el mismo. En Catalunya no todos somos catalanes hasta que alguien no nos concede el premio de la catalanidad y eso incluye la asunción de que hay un relato, una historia, una cultura, una manera de hablar, un club, una canción, una entonación, un paisaje, un territorio, que es Catalunya y los demás, los otros, los que se salen del sendero, nunca seremos catalanes del todo, aunque sean independentistas, aunque estén votando a la Cup, da igual. Siempre da igual. Y siempre habrá una Juana Dolores que, perdiendo las formas, demuestre que es que solo saben decir estas cosas perdiendo las formas, no con una Damm en un barco mientras els Catarres corean algo.