jueves, 25 de junio de 2026

The Royal Tenenbaums - Wes Anderson


Me gusta muchísimo el cine de Wes Anderson. Me gustaron muchísimo la de Darjeeling, me fascinó la de Hotel Budapest, me encantó la de Life Aquatic. Me gusta esa manera de contar, de filmar, los planos, me gustaría mucho imitarlo, me encanta imitarlo. La estética, todo. Me encanta. Pero entiendo que si la historia, si lo que cuenta, no está muy bien hilado, la cosa se puede quedar en una suerte de gags o de imágenes muy bien estudiadas que pueden a llegar a dejarte un tanto vacío. Esta película, The Royal Tenenbaums es una de sus primeras películas pero donde ya cuenta con un elenco protagónico de primer orden. Nos cuenta la historia de una familia cuyo padre abandona el hogar hace tiempo, con tres hermanos dispares y una madre que intenta rehacer su vida. Ver esta película ahora, después de haber visto todas las demás es un poco tramposo porque la juzgas en función de lo que ya has visto en lugar de mirarla con ojos de no saber qué es lo que vendrá luego. Así que la película me gusta en cuanto tiene los elementos típicos del cine de Anderson, pero me deja un poco falto de algo, un algo que puede ser algo de tensión en la historia, algo de emoción, algo que vaya más allá del efectismo de unas imágenes y unos planos y unas interpretaciones que ya conozco sin haber visto nada de la película. Quizás condicionado por películas como The French Dispatch o Asteroid City, que me han dejado un poco frío sin quererlo yo, The Royal Tenenbaums no ha sido el disparate que yo me esperaba. Aunque lo sea. Ah, eso sí, como siempre, musicón. 

miércoles, 17 de junio de 2026

El agente secreto - Kleber Mendonça Filho


Esta película es una película extraña. Extraña por cómo se presenta, por cómo comienza, por cómo se desarrolla y por cómo termina. Se presenta como una película que nos habla del Brasil de finales de los años 70, en plena dictadura militar. Vivir en una dictadura militar. La dictadura militar brasileña también protagonizó el penúltimo éxito internacional de la producción cinematográfica de este país, Aún estoy aquí. Ya esa película retrataba una realidad en la que, bajo un barniz de que 'en Brasil no pasa nada y todo el mundo está en la playa y la música', la gente desaparecía y no hagas más preguntas y a seguir para delante. Vivir en una dictadura. La película parecía la favorita para ganar el Oscar a mejor película extranjera, pero al final no pasó, ganó la noruega. Cómo sería la noruega. La película, que parece hecha a mayor gloria de Wagner Moura, protagonista y productor de la misma, desmiente esta última afirmación, al convertirse en una cuestión coral en la que el ambiente y la sensación de que algo va a pasar y que la torpeza, lo cutre, lo salvaje, lo desmadejado, lo informal, acaba siendo igual de opresivo, certero, criminal y represor, no te deja en toda la película. La película nos presenta la llegada de alguien a Recife, ciudad que no es Río, ni es Sao Paulo, ni es Salvador, alguien que viene buscando algo y que parece que huye de algo, ya que se junta con gente que también parece estar huyendo de algo y que se alojan en un edificio y viven una vida bajo el radar de quienes les deben perseguir en una situación que no parece muy clara, o surrealista, o confusa. En esa confusión y estupefacción, alguien que parece huir y que parece utilizar un nombre falso, es acogido con cariño por parte de un policía corrupto y su séquito de criminales, nos movemos hasta que aparecen los motivos por los cuales huye el protagonista. Y entonces la película se convierte en una trepidante obra de caza al hombre en la que nos ilusiona pensar que todo terminará bien. Por lo cutre, por los malos malosos, por la desfachatez. Pero, como en Aún estoy aquí, las cosas pasan porque tienen que pasar y lo que a ti te parece una dictadura de segunda, sin el terrorífico prestigio asesino de Argentina o Chile, o la persistencia gris en la carnicería de Paraguay, es en realidad un sistema de chivatos, comprados, sicarios, criminales, capaces de matar porque sí y por dinero también. La película, siempre acompañada por una música soberbia porque una película brasileña siempre tiene una música soberbia (la persecución del sicario con esa banda de pífanos, simplemente brutal), tiene momentos de comicidad buscada, de surrealismo salvaje, de violencia, de tensión dramática, de nudo en el estómago y de no saber si va a pasar lo que va a pasar. Porque al final, en una dictadura, sabes lo que va a pasar. 

martes, 16 de junio de 2026

Franz Kafka - Agnieszka Holland


Vamos a ver. Si el propósito de la película es que entendamos de dónde viene el singular mundo que Kafka describió en sus obras, puede que encontremos una explicación. No la explicación, pero superficialmente, puede ser. Si el propósito de la película es que descubramos a Kafka, igual nos llevamos una sorpresa porque no descubriremos demasiado al escritor Kafka, no se habla demasiado de la obra de Kafka, hay algunos retazos, incluso alguna recreación de algún episodio, pero no sabremos qué escribió Kafka. Es una película sobre Kafka en la que se sobreentiende que ya sabemos qué es lo kafkiano, de qué va el mundo de Kafka, cuáles son sus principales obras. Es una película sobre una persona llamada Franz Kafka, que escribe compulsivamente por las noches, que vive con su familia, que tiene un padre tiránico, que no encaja con lo que se espera de él, que es un tipo peculiar, que establece relaciones sentimentales más bien basadas en el chau chau que en lo físico, que es un maniático, que sabe que tiene un talento pero al no recibir la aprobación de su padre no se siente seguro o respaldado, pero él sigue escribiendo y bueno. En la película se nos cuentan sus relaciones sentimentales, no sé si esto lo he dicho ya, pero no se cuentan todas sus relaciones. En la película hablan sus amigos y familiares, en un recurso bastante interesante, de lo mejor de la película. En la película también aparecen imágenes de la época actual en la que se nos cuenta cómo la figura de Kafka ha pasado a ser un símbolo casi despojado completamente del sentido original de su obra, si es que sabemos cuál es la obra de Kafka, en en la película no aparece, porque ya hemos dicho que la película está pensada para que la vea gente que ya sabe qué es lo que escribió Kafka. ¿Sirve la película para saberse a Kafka? En estos tiempos, perdonad que hable de otra cosa, en estos tiempos digo, lo de que las cosas sirvan o no sirvan yo ya no sé si tiene sentido. Con que pasen y que alguien nos las interprete, nos podemos dar por satisfechos. ¿Dan ganas de leer a Kafka después de ver la película? Dejo la pregunta sin responder. 

jueves, 11 de junio de 2026

Viejos cuentos centroeuropeos


El oficio de escritor. ¿Se dice así? ¿O es el oficio de escribir? Pésima forma de comenzar un relato si no tienes claro cómo se dicen las cosas. Sea como fuere, la cosa esta de ganarse la vida escribiendo obliga a estar continuamente pendiente tanto de las cosas que escribes, obvio, como de una cierta proyección exterior de lo que eres y lo que quieres transmitir. Yo tengo claro que esos escritores que viven una vida oculta, que escriben para sí mismos, que cuando mueren dejan escrito que hay una obra inédita escondida detrás de las cacerolas del armario ese de la cocina que nunca abres, que son humildes oficinistas que por las noches se dejan la vista delante de tal, esos escritores, son una minoría. Y tienen su propia mística, la mística misma de quienes hacen de esa no ostentación una manera de hacer marketing en sí misma. Fíjate, él no quería que le leyeran pero al final le leyeron y se hizo famoso de manera inesperada. Eso es lo que me pasó con una amiga que nunca nos dijo que estaba escribiendo y que un día por casualidad, mientras estaba recuperándose de una enfermedad que por poco se la lleva por delante, nos confesó que era autora de poemas eróticos. Evangelina, le dije, cómo no nos habías dicho esto antes. Hasta que no he visto que quizás mi paso por este mundo podría terminar de manera abrupta, me contestó, no me he dado cuenta de que quería saber cual era la opinión de la gente acerca de mi obra. Lo que pasó luego es que publicó aquellos poemas y tampoco pasó nada. Y es que nunca se sabe si es mejor estar muerto. 

miércoles, 10 de junio de 2026

Viejos cuentos centroeuropeos


Soy una persona de esas que creen que no les pasa nunca nada. No tengo la sensación de que sea alguien a quien conozca demasiada gente, pero sí que tengo la certeza de que esa gente que me conoce no me quiere bien. Si repaso las cosas de mi vida, los hechos relevantes, los momentos en los que mi cabeza ha asomado entre la multitud, no ha sido para recibir el aplauso, sino más bien para generar controversia. Así que prefiero siempre mantener un perfil bajo, no destacar, estar al margen. Hace unos días, volviendo de una representación teatral en el Salón Jaruszelski de la singular obra del maestro Bondarek 'Las moscas del recuerdo', sentí una cierta indisposición. Indisposición que ya había notado nada más salir de casa y que se fue acentuando a mi pesar durante la representación y que de manera salvaje creció dentro de mí hasta ser realmente insoportable. Y ahí se desarrolló en mi cabeza una idea, totalmente fuera de lugar, pero que consideré plausible porque es que no podía más. Cagar en cualquier sitio. No era tarde, tampoco temprano, no estaba lejos, pero no pasaba nadie. No era de recibo, pero no podía arriesgarme a hacérmelo encima. Pensé en ti. En ti presentándote delante de mí y pillándome en cuclillas y yo muerto de vergüenza siendo tú, precisamente tú, quien me atrapara en esa situación. Pero tú, era imposible que tú aparecieras por allí, pese a que si lo piensas pasa y que en mi cabeza estaba pasando cuando me quise dar cuenta estaba más o menos oculto junto a aquella escalera por la que de repente te vi bajar. 

martes, 9 de junio de 2026

Hola León XIV


Tengo un Seat León ST y mi hijo es Leo, así que prácticamente estoy a esos hipotéticos cinco pasos de León XIV que me permiten opinar sobre el tema. El tema es que tenemos el listón tan bajo o bien que hemos asumido las barbaridades de la extrema derecha de una manera tan normal en el discurso cotidiano que el hecho de que aparezca un personaje público más o menos conocido o reconocido, no diciendo esas barbaridades nos coloca en la situación de acogerlo en nuestro seno y de auparlo al rango de referente. Y luego pasa lo que pasa. Que tampoco pasa tanto. Porque el listón y el umbral del dolor está tan rasante que escuchamos lo que queremos escuchar y oímos lo que queremos oír y obviamos lo que nos sale de los mismísimos. Porque a fin de cuentas, es el Papa de Roma y no vas a pretender que defienda el aborto o la eutanasia, hasta aquí podíamos llegar, así que su discurso tolerante con las migraciones y más o menos confrontativo en derechos sociales con la ultraderecha, le convierte prácticamente en el Che Guevara. Pero no lo es. Sabe a canela, pero es veneno. No hablaré de lo que me parece que tengamos a un Papa como referente, como ya tuvimos al anterior, que encima era de San Lorenzo de Almagro. Estoy hablando de hecho. ¿Qué estaba diciendo? Me he perdido. Son muchos los inputs que recibo durante la escritura de un texto que no me permiten centrarme y a veces, pocas veces, pierdo el hilo y no sé de qué estaba hablando. Estaba hablando del Papa. Estaba hablando de cómo la visita del Papa, el discurso del Papa, lo queremos oír lo queremos obviar o no nos queremos dar por aludidos de quién va a ver al Papa, de quiénes son esas personas. De los rasgos diferenciales. Pongo las noticias de la Televisió de Catalunya y la periodista nos habla del taranná diferente de los catalanes por el cual no llenamos un espacio de medio millón de personas, por nuestro talante, por nuestra forma de sentir la religión, más recogida. Nosotros somos de otra manera. Nosotros somos esos que reivindicamos una cosa anarcosindicalistamente cantando el Virolai en Montserrat, pero luego nos ponemos la pegatina de No te espero, porque nos han dicho que el Papa no va a hablar en catalán. El Papa como representante de la españolización de un país que se construye a partir del poder movilizador de la iglesia. Este Papa no nos cae bien. O sí. La Generalitat se esfuerza en apropiarse del Papa como un referente progre pero menos, como el PSC, con una campaña de publicidad abrumadora, con un anuncio largo, poético, pero largo, a lo mejor porque es poético. Las imágenes de la gente que va a ver al Papa y lo espera durante horas. Las imágenes rodadas en una iglesia de Santa Coloma con gente mayor que no podrá ir a ver al Papa. Son de la Parroquia San Joaquín. Mi calle. Mi calle tiene un oscuro bar, de humedas paredes. Pero sé que alguna vez, cambiará mi suerte. Todo lo convertimos en esa segunda vuelta de algo que no pudo ser. Una revancha de algo que volverá otra vez. El Papa viene a controlar un rebaño en el que sus ovejas descarrilan yéndose hacia movidas chungas de religiones aspavientosas y espiritualidades más así. Aplaudimos al Papa aunque no diga nada sobre negocios que quisiéramos que fuesen de otra manera pero sin entender que es su negocio. Lo que no entiendo es que en pleno 2026 nos siga pareciendo normal que ese negocio, esa forma de pensar, se asuma como propia, como normal, como la que es. Mientras tanto, el mundo sigue matando, las masacres no cesan, el Papa dice cosas, Marruecos asesina fríamente, todo permanece en un constante estado de zozobra cansino. Hola León XIV, que seas muy feliz y que llegues a tiempo para la graduación de tus hijos. Uno di noi. Estamos fatal. 

lunes, 8 de junio de 2026

Romper el bloque - Iago Prada


Documental en tres episodios sobre ese mundo de la izquierda española surgida antes y con el 15M, cristalizada en Podemos y desembocada en un espacio mediático a mayor gloria de un proyecto que tuvo que ver algo con lo que fue y que es, ahora mismo, una incógnita para el futuro. Y que es, ahora mismo, algo que puede ser que no tenga ya futuro. Y que es, ahora mismo, un futuro al albur de lo que otros decidan si tiene que ser un futuro o qué. Y que es, ahora mismo, la voluntad de unos pocos por seguir queriendo ser algo que una vez les dijeron que fueron. Y que es, vete a saber ahora mismo qué. Y que es, esa pregunta flotante, esa duda, ese no querer creer que eso todavía existe, ese espacio con el que no sabes a qué atenerte, ni quiénes son, ni dónde van. El documental de tres episodios, Romper el bloque, nos cuenta en primer término la historia de la gestación de un medio de comunicación alternativo, con un joven reportero llamado Sergio Gregori que es joven pero que en tiempos en los que la casta, los títulos, la experiencia y la vieja política no tenían razón de ser, es abrazado o auto encaramado como referente mediático y que en pocos años sufre una mutación que le hace pasar de ser Justin Bieber a Alberto Garzón sin mediar caída del caballo. Documental de tres episodios donde se nos cuentan epopeyas personales, grupos de colegas, amigos que se lanzan a la revolución, revolucionarios que quieren ganar, medios de comunicación surgidos porque sí, nuevos tiempos, ocupación de plazas, creación de partidos a partir de corazones puros, impuros, puristas, inocentes, resabiados de otras mil guerras, almas cándidas y profesores universitarios que no falten jugando a ser populistas, peronistas, bolcheviques y demás. Yo, fíjate, también sé qué significa eso de que haya gente jugando a ser bolcheviques con seres humanos, jugando a ser estalinistas con personas de carne y hueso. El documental de tres episodios nos explica cómo ese sueño de nueva organización, de nuevos medios, de nueva política, de nueva forma de relación entre política y vida personal, de nueva forma de todo, termina convirtiéndose en una pesadilla de purgas, persecuciones, ostracismos, acosos, enfermedades mentales (propias y causadas), bajas médicas, despidos, sospechas, gritos y videos diciendo que sí, que qué pasa, que somos militantes y que los militantes se organizan para defender a su partido. El documental, de tres episodios, en Youtube, nos presenta un fresco monumental de una época, de un país y de una izquierda que quiso, que pudo, que hizo y que impulsó un cambio sin precedentes en la historia para ser consumida por lo mismo que la aupó, la fe ciega y el mesianismo. Si en el primero se nos habla de la forja de un mundo, en el segundo se nos cuenta la creación y desplome de una organización política y en el tercero el caso personal de un protagonista, Sergio Gregori, que encarna todos los vicios de una forma de verse y percibirse como izquierda que no es para nada nueva ni revolucionaria. Es tóxica. Y lo tóxico siempre es mejor tenerlo lejos. Un documental de tres episodios que tiene su colofón externo en las reacciones en redes y en la aparición de un libro en el que el protagonista lo cuenta todo y con un comunicado diciendo que si me he pasado no lo volveré a hacer más. Qué vida esta.