viernes, 6 de febrero de 2026
Crónica del #PleGramenet de enero. La gallina y el cuñado.
Digo, digo, digo. Una crónica de un pleno municipal en Santa Coloma se convierte únicamente en una manera de contar cómo los tiempos han cambiado de tal manera que lo que hace unos meses parecía un sinónimo de desfachatez y de ramplonería, hoy es el canon sobre el que se discute, el marco sobre el que se debate, las cosas que hay que contestar, contradecir, combatir, desmentir. Digo, digo, digo. El marco mental lo establecen unos forajidos del sistema, unos inadaptados de la sociedad, personas que hasta hace bien poco se mantenían en los márgenes de la vida porque la vida parecía algo mucho más serio. Era necesario parecer tener algo más en la cabeza que un montón de mierda para poder acceder con algo de dignidad a según que espacios. No todo el mundo, recordemos, hace pocos años, era susceptible de poder ser representante de unos cuantos. De muchos. De miles. Hoy no solo son los representantes de una porción de colomenses, sino que establecen de qué se habla y cómo se habla. En Santa Coloma tenemos un gallina y un cuñado. El gallina es aquel que se graba un vídeo como si fuera una patrulla vecinal pero bien, de gente de bien, de gente ordenada, patrulla vecinal que se dedica a limpiar la ciudad de mensajes de odio, creyéndose policía, creyéndose agentes de la seguridad, creyéndose de verdad que un regidor puede ser detentador de la legalidad vigente o la que me pase por las pelotas. Y así se graba un vídeo diciendo que si el ayuntamiento no quita estas pancartas que me molestan, las quitaré yo. Porque la ordenanza. Porque sus pelotas morenas. Hasta aquí, pues mira, una fascistada más de alguien que piensa que se va a convertir en el ICE colomense. Una provocación no solo al movimiento antifascista de la ciudad que ha colgado esas pancartas, sino que desafía la autoridad del Ajuntament. Como tú no haces nada, lo haré yo. Lo fascinante es que todo ese alarde de valentía y voluntad de provocar, en el pleno del Ajuntament de Santa Coloma de Gramenet, provincia de Barcelona, del pasado lunes 26 de enero, se quedó en un momento que perseguirá al concejal de Vox de menor edad, esperemos, que al menos por el resto de su legislatura y por ende de su breve carrera, de su esperpéntica carrera, como regidor en Santa Coloma. Ante una intervención de la Comissió Antifeixista en la que se le afeaba su conducta y se le exigía al Ajuntament una sanción, el valiente regidor, pide que del acta se quite que él rompió o retiró pancartas porque él eso no lo hizo. Menudo gallina. Absolutamente. Completamente. Qué cosa tan cobardona. Si esto lo hacen ante una intervención en la que se les dice que tal y que cual, qué pueden esperar esos animosos votantes de Vox de alguien así. Ni confianza, ni fe, ni valentía, ni arrojo ni todas esas virtudes que se le suponen a quien luce banderitas y símbolos de machunez traspasada. Eso, el gallina. Sobre el cuñado, qué decir. Cuatro horas y pico de pleno, cuatro horas que parecen pocas horas, pero que se convierten en una auténtica majadería cuando el otro regidor de Vox, el señor de más edad, coge el testigo, recoge el turno, avanza por la vereda y decide perderse en los procelosos mares del cuñadismo. Cuñadismo, ignorancia, provocación, falsedad, magufadas, todo el catálogo de sandeces que el siglo XXI ha colocado como marco mental sobre el que tenemos que discutir, combatir, responder. Desde la calidad del aire, a cualquier otro aspecto de la vida municipal, el regidor de Vox de mayor edad tiene el cometido de lanzar diatribas extensas que a veces se pierden como salvas de artillería que van hacia ningún sitio y otras como escopetazos de sal que tienen como objetivo simplemente escocer. El feminismo, los inmigranges, los humos, los inmigrantes, la izquierda, tontería tras tontería, sin dejar ningún cabo suelto, consigue que el resto del pleno municipal esté deseando que llegue el final, pasar otro punto y esperar la nueva sarta de sandeces que el regidor joven o el regidor mayor de Vox, suelten. Uno, desde la pretendida calidad de ofendido, el otro desde una suerte de saber popular que lo coloca en el extremo del sentido común más corriente. Contra eso, contra todo eso, vamos pasando los plenos, unos desde unos flancos, otros desde otros, pero cada vez con mayor conciencia de que no puede uno tomarse a broma, ni como anécdota, ni como cosa de un momento, ni como nada, lo que está siendo la entrada del consistorio de Santa Coloma en un siglo XXI al que vamos a tener que darle un giro diametral para ayer si es posible.
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