lunes, 2 de marzo de 2026

Los Domingos - Alauda Ruiz de Azúa


Uy, Los Domingos. Cuando apareció esta película en los cines, los comentarios de rigor tendían a vender esta película como parte de una suerte de nuevo renacimiento neoconservador por el cual, que una chica joven se metiera a monja pues tampoco tenía nada de especial y que bueno, que Lux de la Rosalía y que lo religioso y lo católico en particular vuelven porque ya está bien de tanta mamarrachez. Esto ha seguido más o menos así, de manera que incluso desde el otro lado, la reacción fue furibunda ya que se pretendía vender a la película precisamente como un blanqueamiento del rollo monjil y religioso y el anticlericalismo sempiterno encontraba un asidero al que volver a subirse. Pero no. Resulta que después de su brillantísima intervención en la gala de los Premios Feroz, me he aficionado de malísima manera al podcast Las Hijas de Felipe y por un azar de los algoritmos me salió la crítica que han hecho de esta película y cómo desmienten que sea eso que nos han dicho que era, tanto unos como otros. Porque la película es otra cosa. Y es una cosa bastante más normal y bastante más en la línea. La historia de una chica, huérfana de madre, con un padre rehaciendo su vida y dos hermanas pequeñas, así como la de su tía, emparejada y con hijos pero con un nosequé interior que chilla destrucción de lo que existe. La chica estudia en un colegio religioso, el padre es un mentecato que debería aparecer en las enciclopedias como mentecato y como parece que la vida así en general no es lo que se dice apasionante, y lo poco apasionante que hay parece que está mal, pues encuentra en el reducto de paz y fraternidad y sosiego del convento un refugio. Y como lo hace y no se desdice, pues entonces mal. Mal para la tía que pretende convencerla de que no. Pero no mal para un padre que es el verdadero protagonista indirecto de una película donde el orden religioso, donde los religiosos y las religiosas, no son más que personas que aprovechan las debilidades de cada uno para entrar en ellas y sacar un provecho que en este caso es el de ganar una adepta. Sin coste. Escalofriante ese momento. Sin coste alguno. La película, ya hablando de la película, es un peliculón. Interpretaciones ajustadas y una protagonista, la chica en cuestión, a la que no hay absolutamente nada que reprocharle. Merecidísima campeona de España de los Goyas y no se amedrenten por esos comentarios que nos quieren hacer ver que ya todo es volver al cine de los cincuenta. Nada de eso. Sin coste.