domingo, 11 de enero de 2026
Crónica del #PleGramenet. No hay cama pa' tanta gente.
El mundo está sacudido por la presencia omnipresente de una corriente política que tiene su cara visible en el actual presidente de los Estados Unidos, Donald Trump. Una corriente política que ha venido a terminar con la democracia tal y como imperfectamente la conocemos y que pretende retornar a un tipo de relaciones entre países, entre comunidades, entre personas, donde prevalezca la ley del más fuerte, el desprecio al débil, la sospecha y el miedo. Que Estados Unidos se está convirtiendo en un estado fascista cuando pensábamos, los izquierdistas de toda la vida, que los Estados Unidos eran un estado fascista, es algo que nos tiene sobrecogidos. Los discursos racistas, clasistas, antifeministas, antiecologistas, reaccionarios en todos los órdenes, que habían estado relegados a un estrato de la sociedad marginal, hoy en día rigen los debates públicos y las referencias políticas de los países occidentales han pendulado hacia la extrema derecha. Hasta aquí, nada que no sepamos. En la política colomense, este nuevo clima político lo capitanea sin duda VOX, el partido de extrema derecha que pleno tras pleno inunda el debate con auténticas barbaridades, algunas reflexiones que rayan la idiocia, sandeces de barra de bar (pero de barra de bar donde el parroquiano es el vociferante facha al que nadie hacía caso), provocaciones que buscan arrancar la estupefacción, la reacción airada, la reconvención, el escándalo. Lo que ha dicho, pero cómo se atreve, qué barbaridad. Y marcan el debate. Nuevamente, en el pleno de este mes de diciembre... se preguntarán porqué hacer una crónica del pleno del mes de diciembre cuando ya estamos cerca de que se cumpla el mes desde que se celebró el pleno. Bueno, la verdad es que las cosas de agenda tienen buena parte de culpa, pero también porque escuchando el pleno me asaltó la duda de cómo afrontar el escrito, lo verán dentro de unas cuantas líneas. Como digo, uno de los temas centrales del discurso de la extrema derecha que ha inundado el debate público, es el de la inmigración. La inmigración como problema, como amenaza, como causa de conflicto, como elemento distorsionador. Yo, persona de izquierdas, más o menos, me relaciono con personas que habitualmente comparten un mismo esquema mental, el mío, y los temas de conversación suelen girar en torno a diversos asuntos. Bien, en cuanto pones un pie fuera de ese círculo de relación y abres el abanico, las conversaciones acaban derivando en el tema migratorio, siempre como problema. Y mi esfuerzo es el de intentar aplicar mis conceptos, mis creencias, mis impresiones, lo que yo vivo, como herramienta de confrontación contra discursos que tratan, siempre, la inmigración como problema. La sensación de que quienes consideramos que la inmigración es un elemento que enriquece, siempre, a un lugar, en múltiples aspectos, somos pocos o estamos fuera del marco de pensamiento mayoritario, me asalta y me preocupa. Cuando reconozco a personas de izquierdas asumir de alguna manera, de la manera que sea, justificándolo de una u otra manera, que la inmigración es un problema, me siento mal. Puede que se justifique que la inmigración es un problema desde la izquierda catalana por el concurrido asunto de la cultura y la lengua. La amenaza al catalán por parte de la población inmigrante que no utiliza la lengua del país y el peligro de que la cultura catalana, entendida como una foto fija, desaparezca o se diluya, parece ser un motivo de preocupación por parte de una izquierda que, poniendo el foco en esto, parece no querer perder el hilo de los tiempos. Lo mismo ocurre con quienes hablan de colapso en los servicios públicos, por ejemplo, quienes dicen que ahora mismo es inasumible que seamos más, en Catalunya, porque ya estamos colapsados. De la Catalunya de los 8 millones a la Catalunya de los 10 millones. Y en esos 10 millones hay una izquierda que ha visto un peligro, para mí, asumiendo por conveniencia de los tiempos lo que la extrema derecha ya ha situado: la inmigración es un problema. Y aquí venimos al pleno del pasado 18 de diciembre cuando, discutiendo un punto sobre la aprobación de una promoción de vivienda, la portavoz de Esquerra Republicana de Catalunya, Gemma Espanyol, interpeló directamente a la alcaldesa para preguntarle por cual era su límite de población para Santa Coloma. Su argumento era precisamente que se aprobaban las promociones de vivienda sin tener en cuenta los servicios públicos. Se aumenta la población pero no los servicios públicos, venía a decir desde ERC. Fue el teniente de alcalde Toni Suárez quien contestó, a bote pronto, sobre quienes son los que a juicio de la portavoz, sobran en Santa Coloma. La respuesta no gustó a Gemma Espanyol que nuevamente interpeló a la alcaldesa y le preguntó si su límite eran 120mil, 150mil o 200 mil. Y que, efectivamente, si el president Illa había hablado de los 10 millones, ella no estaba de acuerdo. Sobre este asunto yo me remito al artículo que escribió el compañero David Cid sobre el tema. El pleno municipal se encuentra en Youtube y este intercambio dura unos quince minutos si no me equivoco. La alcaldesa replica que ellos se atienen al planeamiento urbanístico y que la ciudad no crece a lo loco. Pero ERC ya había introducido un apunte en el discurso: no cabe todo el mundo porque no hay servicios para todos. Yo, que soy vagamente de izquierdas, que milito y sen una organización de izquierdas como Comuns, me encuentro francamente trastornado por la reflexión y el mensaje que se envía. Y sobre el esfuerzo de acomodar el discurso a un escenario. Sobre más asuntos del pleno, pues como siempre, momentos surrealistas, algunos francamente sorprendentes por la inoportunidad, otros por querer competir en quien asume los réditos de una moratoria de las sanciones a colomenses por la ZBE, y que nadie, en todo el pleno, afeara al portavoz del PP la situación de Badalona con la expulsión de 400 personas de un edificio para que pasen a vivir directamente en la calle. Yo ya lo dejo aquí.
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