Civilización o Barbarie
martes, 20 de enero de 2026
Jay Kelly - Noah Baumbach
Vamos a ver. De la misma manera que decimos una cosa, decimos también otra, pero a fin de cuentas estamos diciendo lo mismo. Resulta que tu país se está yendo a la mierda y tú te pones a hacer una película sobre esto de ser actor y sobre lo que es la vida, ¿no? Noah Baumbach ha colado algunas películas buenas. Frances Ha es una buena película. The Meyerowitz Stories reconozco que me tocó mucho la patata. Y Histora de un matrimonio, es dura de narices. Pero a partir de ahí, qué ha pasado con Noah Baumbach. La película anterior a esta, que ya no recuerdo ni cómo se llamaba, ni siquiera tuve narices a terminarla porque me pareció un pestiño importante sin pies y sin nada de cabeza. Esta película cuenta con el protagonismo de un George Clooney que se supone que es una garantía de calidad, y sin embargo, consigue que el personaje de Clooney te canse, te aburra, no te interese. De hecho, hay algún momento en el que piensas exactamente esto: pero a mí qué me importa. El tema es que un actor ya madurito, hace un balance de su trayectoria y de su vida personal, la relación con sus hijos y tal y lo lleva todo a término además con motivo de un viaje a Italia para participar en un homenaje a sí mismo. El poti poti de cosas a veces te llama a la reflexión y otras te genera rechazo. Un rechazo que se vuelve en incredulidad cuando el viaje a Italia se convierte en una excusa para caer en todos los topicazos sobre nuestro país hermano y cuando intuyes una cierta voluntad de Sorrentinizar la película que, una vez detectada, ya no te suelta. ¿Qué necesidad hay, Noah Baumbach, de contar una historia mil veces o dos mil veces contada, sin introducir ninguna novedad novedosa, ni un punto de vista o una... nada, cuando todo a tu alrededor lanza señales de que el mundo está cambiando? ¿Porqué te miras así el ombligo? ¿Porqué hundir la cabeza bajo la tierra de tu propio mundillo cuando el mundo se está pudriendo ante tus ojos? Intuyo alguna respuesta a todas estas preguntas y no me gustan. Tan solo salvaría, por salvar, la presencia en un cameo una vez más del bueno de Dean Wareham de los Galaxie 500 y Luna, que debe ser colega de Noah o algo. Y ya.
sábado, 17 de enero de 2026
La empresa de sillas - Tim Robinson
Decíamos ayer que la cosa está fatal. Pero tan fatal como para que haya una serie como La empresa de sillas. Tan fatal como para que la propia sociedad estadounidense se exponga a un retrato tan devastador como el que nos ofrece este despropósito protagonizado por un Tim Robinson dispuesto a hacernos llegar al límite y más allá. No, no he visto nada de su trabajo anterior, no le conozco de SNL ni de las series de Netflix, llegamos a esta serie desde la perplejidad y nos vamos de ella aterrorizados ante lo que puede ser un cúmulo de despropósitos mayor en una segunda temporada. El argumento bien podría ser de una peli de los hermanos Cohen: un ejecutivo de una empresa de una ciudad norteamericana, sufre un percance un tanto idiota durante la presentación de un proyecto de centro comercial. La reacción de este sujeto al percance, debajo de su mesa del despacho, pataleando como un chaval de diez años emberrinchado, así como toda la gestualidad que va desarrollando nos indican que vale, que parece Cohen, pero algo no va bien. De hecho ya nada va bien. El ejecutivo cree que ha descubierto una trama relacionada con las sillas de oficina y a partir de ahí se relaciona con personajes diversos de la ciudad. Hay subtramas relacionadas con su familia, sus hijos, la esposa, una familia bien, pero no alcanzas a entender cómo ese sujeto llamado Ron Trosper (tróspido... es que claro) ha llegado a algo en la vida si es que es profundamente gilipollas, insoportable, idiota y yo que sé. Y la propia familia acaba teniendo también algo raro y si no es la familia son los suegros y si no son los suegros es el jefe de la empresa y si no los amigos del jefe de la empresa y si no cualquiera que aparece en pantalla o que no aparece como esos cómicos que lo único que hacen es gritar frases de película porno o de gente que ve películas porno y si quieres porno incluso hay una felación al final de un episodio de manera absolutamente gratuíta y no sales nunca de tu asombro ni de la estupefacción ni de me cago en la puta nen qué mierdas estamos viendo y quién ha sido el cabrón que nos dijo que esta serie a lo mejor... No, no, lo recuerdo perfectamente, nos dijo: estoy viendo una serie que es rara y llevo tres episodios y dije, venga, y en el Rock de Lux la ponían también de las mejores y te acabas fiando de cualquiera o de quien tú crees que debe tener criterio y deberías tener criterio y la pregunta que te haces es porqué has tenido que aguantar hasta el final de la serie. Por qué has tenido que ver todos los episodios y constatar que era un disparate del calibre de que lo único que te viene a la cabeza es a Homer Simpson dando vueltas sobre si mismo en el suelo durante ocho episodios de media hora. Estamos hablando de algo más o menos así. Y te ríes, claro. Y hay veces que te ríes de verdad. Pero hay muchas veces que te ríes porque no das crédito. Y este es el mundo en el que vivimos. Y la música, esa continua mezcla de canciones de 'padre e hijo', junto a Yacht Rock que todo lo hace todavía más ridículo para combinarlo además con una música entre metal y electrónica para los momentos trepidantes. He echado de menos que sonara I'm Afraid of americans de Bowie. Mucho. Como decíamos ayer, es para no dar crédito.
viernes, 16 de enero de 2026
Una batalla tras otra - Paul Thomas Anderson
Convendremos en decir que las películas se han vuelto raras. Que todo ha adquirido un tono un tanto extraño. El dedo se me ha ido y he estado a punto de poner extremeño. Extremo y extraño. Todo, menos lo que quiere ser convencionalmente consciente de que todo es igual que ayer, que hace dos años, que hace diez años y que se pueden seguir contando las cosas como si no pasara nada, como si el mundo no se hubiera puesto patas arriba y como si nuestra vida pudiera seguir contando vacaciones de la infancia, me quiere o no me quiere, tengo un sueño y lo voy a cumplir, subo las escaleras corriendo y cuando llego la canción suena fuerte y me siento como si hubiera ganado y Rocky estuviera en el suelo chorreando sangre. O el otro. Las películas que quieren plasmar el tiempo en el que vivimos no salen de su asombro. Así, algunas películas que son muy buenas, lindan el despropósito. Porque todavía, los creadores, no salen de su asombro, no son capaces de entender qué está pasando. Y aunque estas películas lo cuentan o pretenden explicarlo o imaginarlo siquiera, a veces están a punto de caerse por un precipicio y llevarnos a nosotros detrás. Películas como esta nos tienen todo el rato en vilo porque queremos que sea buena, que esté bien, que nos confirme que hemos acertado, que el director es bueno, que el reparto es excelente, que el mensaje ha de ser correcto. Lo correcto ya está, ya fue. Lo correcto, lo bien, lo ideal, se ha ido. Toca otra cosa y esta película es un retrato desquiciado de lo que estamos viviendo. Tiempos que van deprisa, imposibilidad de saber qué pasa, brutalidad, miedo, desconcierto, constatar que hay gente que se está jugando la vida por salvar algo, lo que sea, una revolución, una idea, su propio culo, nuestro culo. La película es una historia de venganza en tiempos de desastre. Este desastre. Tiempos en los que el fascismo, aunque ya sabemos que técnicamente hay páginas y páginas que nos dicen que esto no es como el fascismo, lo sabemos, lo sabemos, pero el fascismo, digo, está avanzando y gobierna. Estamos gobernados por fascistas en buena parte del globo y tenemos que resistir y no sabemos si resistimos o estamos resistiendo o hay alguien resistiendo. Es una película, no nos flipemos. Y no es una película con mensaje. El mensaje es la película, poniéndonos ridículamente antiguos. Una película sobre un grupo revolucionario que sufre una deserción y una delación y que sobrevive hasta que el poder reacciona ante una señal, ante un trozo de carne que sangra en el mar, y se lanza de nuevo a consumar una venganza que no se llegó a completar. Una lucha continua en la que se mezclan cosas, conceptos, películas y situaciones que nos indican que lo que nos puede parecer grotesco, exagerado, bizarro, extremo y extraño, en realidad, se queda corto ante lo que a las nueve de la noche podemos ver en las noticias de la nueve de la noche. Quizás, hasta que haya noticias a las nueve de la noche.
domingo, 11 de enero de 2026
Crónica del #PleGramenet. No hay cama pa' tanta gente.
El mundo está sacudido por la presencia omnipresente de una corriente política que tiene su cara visible en el actual presidente de los Estados Unidos, Donald Trump. Una corriente política que ha venido a terminar con la democracia tal y como imperfectamente la conocemos y que pretende retornar a un tipo de relaciones entre países, entre comunidades, entre personas, donde prevalezca la ley del más fuerte, el desprecio al débil, la sospecha y el miedo. Que Estados Unidos se está convirtiendo en un estado fascista cuando pensábamos, los izquierdistas de toda la vida, que los Estados Unidos eran un estado fascista, es algo que nos tiene sobrecogidos. Los discursos racistas, clasistas, antifeministas, antiecologistas, reaccionarios en todos los órdenes, que habían estado relegados a un estrato de la sociedad marginal, hoy en día rigen los debates públicos y las referencias políticas de los países occidentales han pendulado hacia la extrema derecha. Hasta aquí, nada que no sepamos. En la política colomense, este nuevo clima político lo capitanea sin duda VOX, el partido de extrema derecha que pleno tras pleno inunda el debate con auténticas barbaridades, algunas reflexiones que rayan la idiocia, sandeces de barra de bar (pero de barra de bar donde el parroquiano es el vociferante facha al que nadie hacía caso), provocaciones que buscan arrancar la estupefacción, la reacción airada, la reconvención, el escándalo. Lo que ha dicho, pero cómo se atreve, qué barbaridad. Y marcan el debate. Nuevamente, en el pleno de este mes de diciembre... se preguntarán porqué hacer una crónica del pleno del mes de diciembre cuando ya estamos cerca de que se cumpla el mes desde que se celebró el pleno. Bueno, la verdad es que las cosas de agenda tienen buena parte de culpa, pero también porque escuchando el pleno me asaltó la duda de cómo afrontar el escrito, lo verán dentro de unas cuantas líneas. Como digo, uno de los temas centrales del discurso de la extrema derecha que ha inundado el debate público, es el de la inmigración. La inmigración como problema, como amenaza, como causa de conflicto, como elemento distorsionador. Yo, persona de izquierdas, más o menos, me relaciono con personas que habitualmente comparten un mismo esquema mental, el mío, y los temas de conversación suelen girar en torno a diversos asuntos. Bien, en cuanto pones un pie fuera de ese círculo de relación y abres el abanico, las conversaciones acaban derivando en el tema migratorio, siempre como problema. Y mi esfuerzo es el de intentar aplicar mis conceptos, mis creencias, mis impresiones, lo que yo vivo, como herramienta de confrontación contra discursos que tratan, siempre, la inmigración como problema. La sensación de que quienes consideramos que la inmigración es un elemento que enriquece, siempre, a un lugar, en múltiples aspectos, somos pocos o estamos fuera del marco de pensamiento mayoritario, me asalta y me preocupa. Cuando reconozco a personas de izquierdas asumir de alguna manera, de la manera que sea, justificándolo de una u otra manera, que la inmigración es un problema, me siento mal. Puede que se justifique que la inmigración es un problema desde la izquierda catalana por el concurrido asunto de la cultura y la lengua. La amenaza al catalán por parte de la población inmigrante que no utiliza la lengua del país y el peligro de que la cultura catalana, entendida como una foto fija, desaparezca o se diluya, parece ser un motivo de preocupación por parte de una izquierda que, poniendo el foco en esto, parece no querer perder el hilo de los tiempos. Lo mismo ocurre con quienes hablan de colapso en los servicios públicos, por ejemplo, quienes dicen que ahora mismo es inasumible que seamos más, en Catalunya, porque ya estamos colapsados. De la Catalunya de los 8 millones a la Catalunya de los 10 millones. Y en esos 10 millones hay una izquierda que ha visto un peligro, para mí, asumiendo por conveniencia de los tiempos lo que la extrema derecha ya ha situado: la inmigración es un problema. Y aquí venimos al pleno del pasado 18 de diciembre cuando, discutiendo un punto sobre la aprobación de una promoción de vivienda, la portavoz de Esquerra Republicana de Catalunya, Gemma Espanyol, interpeló directamente a la alcaldesa para preguntarle por cual era su límite de población para Santa Coloma. Su argumento era precisamente que se aprobaban las promociones de vivienda sin tener en cuenta los servicios públicos. Se aumenta la población pero no los servicios públicos, venía a decir desde ERC. Fue el teniente de alcalde Toni Suárez quien contestó, a bote pronto, sobre quienes son los que a juicio de la portavoz, sobran en Santa Coloma. La respuesta no gustó a Gemma Espanyol que nuevamente interpeló a la alcaldesa y le preguntó si su límite eran 120mil, 150mil o 200 mil. Y que, efectivamente, si el president Illa había hablado de los 10 millones, ella no estaba de acuerdo. Sobre este asunto yo me remito al artículo que escribió el compañero David Cid sobre el tema. El pleno municipal se encuentra en Youtube y este intercambio dura unos quince minutos si no me equivoco. La alcaldesa replica que ellos se atienen al planeamiento urbanístico y que la ciudad no crece a lo loco. Pero ERC ya había introducido un apunte en el discurso: no cabe todo el mundo porque no hay servicios para todos. Yo, que soy vagamente de izquierdas, que milito y sen una organización de izquierdas como Comuns, me encuentro francamente trastornado por la reflexión y el mensaje que se envía. Y sobre el esfuerzo de acomodar el discurso a un escenario. Sobre más asuntos del pleno, pues como siempre, momentos surrealistas, algunos francamente sorprendentes por la inoportunidad, otros por querer competir en quien asume los réditos de una moratoria de las sanciones a colomenses por la ZBE, y que nadie, en todo el pleno, afeara al portavoz del PP la situación de Badalona con la expulsión de 400 personas de un edificio para que pasen a vivir directamente en la calle. Yo ya lo dejo aquí.
miércoles, 7 de enero de 2026
Jurelandia
Yo quiero ir a Jurelandia. Esto era una canción de Poch, cuando ya no estaba con Derribos Arias. La canción era un sinsentido. Todo es un sinsentido hoy día. En Jurelandia tú puedes encontrar todo tipo de cosas. También cantaba la de Viaje por países pequeños, son más fáciles de visitar. Esta parecía tener algo más de lógica. Qué está pasando en el mundo, que lo que estamos viendo no lo habíamos visto nunca. Quizás sea este un texto redundante. Lo que quiero decir lo habré dicho cientos de veces, pero no quiero dejar pasar la ocasión para volver a insistir en lo absolutamente tremendo de lo que estamos viviendo. Un mundo que parecía de una manera, que luego fue de otra y ahora es de otra y va a ser de otra muy diferente. Queremos ser como los chinos, y creo que a China también la han puesto en la mirilla y ya no hay nadie que esté a salvo. Todavía leo mensajes fascinantes sobre un país en decadencia dando los últimos coletazos, sobre el frente interior, sobre pedir responsabilidades, sobre recuperar el derecho internacional, sobre tantas cosas que parecen como de otro tiempo. Rutas comerciales, recursos estratégicos, sacarse la chorra y decir lo que le plazca, amenazar a quien quiera, si no él cualquiera de sus esbirros. Todavía oigo en la radio a paniaguados hablar de que no se puede hacer un discurso frentista. Leo estupefacto como periodistas que cobran por ir a programas de máxima audiencia nos dicen que España está siendo el ejemplo para aplicar la Transición en Venezuela. Veo incluso cómo estamos tan perdidos que aplicamos la xenofobia selectiva: estamos creando un estereotipo, el del latino de derechas, el inmigrante al que podemos odiar, al fin podemos sentirnos parte del grupo, yo no soy racista, pero es que todos los latinos son unos fachas, mira los venezolanos. Y ya nos sentimos un poco parte de este mundo en el que el discurso ultraderechista ha triunfado, los marcos ya parecen sentados y lo que hay que hacer es llegar al marco desde cualquier sitio, pero llegar. Hay que situarse, hay que recolocarse, hay que saber estar en este mundo nuevo. Un mundo que tiene similitudes y exactitudes exactas con todo lo que estaba pasando desde hace siglos, pero en el que nos sorprende la pérdida de formas. No sé cómo hubiera sido retransmitir entrevistas con Nerón o con Calígula, pero no deberían de ser muy diferentes de estas terapias de shock colectivas que nos está administrando el sátrapa del mundo. Reparto del mundo en hemisferios, en zonas de influencia. Como si los gobernantes estadounidenses entendiesen de zonas de influencia. Como si el mapa ese en el que el mundo se divide entre tres fuera real. Como si esto se fuera a detener aquí. ¿Y si se quedan con Groenlandia? La verdad es que suena casi ridículo, qué pasaría si se quedan con Groenlandia, en qué me iba a influir a mí. ¿Y si desestabilizaran Colombia? A ver, que Colombia solo lleva cuatro años o menos con un gobierno progresista, lo demás ha sido siempre un desastre. ¿Y si arrasan con Cuba? También cayó la URSS y los países del bloque del Este y China abrazó el capitalismo y Vietnam más y... qué. Qué pasaría. Todo eso lo damos por descontado, lo que no damos por sabido es que a esas amenazas y a esos cambios, le debemos sumar nuestra propia cabeza, nuestra propia existencia. Eso es lo que realmente parece que se decida en estos días, semanas, meses. El sistema aquí, la vida aquí. Y a lo mejor me pongo tremendista y a lo mejor no es para tanto. Pero ¿y si deciden que esto de España o como se quiera llamar ya no les interesa y vamos a otra cosa y esa cosa es para que sea absolutamente peor? ¿Y si esto que llamamos Catalunya cae en manos de gente que decide quién vive y quién no en relación a si me gusta o no me gusta su catalanidad o lo que sea? Tantas cosas. ¿Quién es la última en la cola del jurel?
domingo, 4 de enero de 2026
Feliz año nuevo
Eso ha sido todo un montaje, venía diciendo la señora mientras avanzaban por la Avenida Santa Coloma, porque a él (a Maduro) no se le veía muy enfadado. Menudo mundo que nos ha tocado vivir. Ya no necesitamos discutir o elucubrar o que alguien investigue sobre los motivos ocultos que mueven la política, porque Trump lo ha dinamitado todo. No dinamita nada que no se haya dinamitado antes, pero pone claramente encima de la mesa cuáles son los objetivos y porqué se hacen las cosas: el petróleo en el caso de Venezuela, cualquier otra cosa material y tangible en el caso de otros lugares. Desde la especulación inmobiliaria en Gaza, los recursos naturales en Groenlandia... ya no necesitamos un Rambo que vaya a salvar a pobres oprimidos por el comunismo porque el comunismo ya les da igual. Puedes hacer, como en China, como que eres lo que quieras, pero los recursos, eso qué. Lo que hemos visto en estos dos últimos días no es nuevo, pero es completamente diferente. Un presidente del Gobierno de un país es raptado y llevado para ser enjuiciado a otro país, digamos que el país de referencia de la democracia y la libertad, para ser juzgado digo sin las más mínimas garantías de que su detención fuera legal o lícita o lo que sea. Este mundo nuevo. El presidente de la primera fuerza militar del planeta es un cabrón sin escrúpulos que deja claro que los pretendidos mártires por la libertad no le importan un pimiento y que lo importante es el petróleo. Delante de las cámaras y sin informes secretos. Sin la ITT en Chile dando soporte encubierto a un golpe de estado. El golpe lo da él y lo explica él y entonces qué. Ese es el verdadero desafío. Entonces qué. Qué se supone que debemos hacer y qué se supone que va a ser de nosotros en este mundo nuevo en el que, ahora sí, ya no hay legalidad. No la hubo para las decenas de miles de muertos de Palestina. No la va a haber ahora. De qué lado estamos. Los artículos que se dedican a pregonar que no tenemos aliados o que los aliados que teníamos ya no están. Quiénes son nuestros amigos. Salimos a la calle, hacemos concentraciones, pero estamos realmente aturdidos. Campañas electorales en Aragón en las que decidiremos algo que es básicamente seguir jugando con el juguete que tenemos hasta que se decida que ese juguete ya no vale. Y estamos tan cerca. Declaraciones o artículos de una candidata a la que tendría que votar insistiendo en que la extrema derecha está ahí porque la socialdemocracia... y mientras tanto Maduro avanza y dice en inglés buenas noches y feliz año nuevo. Y el día de antes estaba sentado con el segundo de abordo o tercero de abordo o vete a saber, de China y mira de qué le ha servido. Y la Delcy estaba en Rusia. Delcy Rodríguez, que ya todo el mundo sabe que estaba compinchada con la Cia, porque lo sabemos todo. Y si no nos lo sabemos, ya nos lo dirá Trump. Y nos indignaremos. Y nos pondremos en el lado bueno de la historia. Yo ahora mismo estoy muy desconcertado y no sé qué será lo próximo. ¿Se atreverá con Groenlandia? ¿Se cargará a Putin? ´¿Arrasará Cuba o hará como en Venezuela o quizás lo ha hecho ya? ¿Liará algo con China? ¿Secuestrará a Pedro Sánchez? Todo parece ridículo, grotesco, pero cierto. Ya no estamos cerca de nada, ya está aquí. Y los que lo explican lo entienden, los artículos de Poch, de Guillem Martínez, de más gente, pero, qué. Ya está aquí. Es esto.
miércoles, 31 de diciembre de 2025
Enjoy yourself, it's later than you think
¿Creéis que he podido averiguar qué significa realmente, qué quiere decir realmente Enjoy yourself... etc.? No, no he podido. Siempre me asalta la duda el último día del año, formulo la pregunta, e inmediatamente se me olvida de lo que estaba hablando. Es tarde, es más tarde de lo que pensamos. Pocas veces se me ha hecho tan patente el tema de que hay que disfrutar porque se te hace tarde como este año. No, no pensemos que es porque he sido padre y se me ha cortado el rollo, sino más bien por lo contrario. En este caso, la sensación es que me he hecho mayor y que esto, disfrutar de la paternidad, por ejemplo, todo y que lo podemos revestir de todos los tópicos de taza de autoayuda y de que la edad y de que tal y cual, no son lo que rige mi comportamiento y mi sensación. Mi sensación es de que he llegado tarde a algo que requiere una energía y un talante del que ya no dispongo. Mi yo de hace quince o veinte años, mi yo de hace veinte o veinticinco años, quizás poseía la energía, pero no el talante. Sea como sea, de lo que se trata es de disfrutar y de vivir la situación de la llegada y estancia de Martí entre nosotros, como una cosa bonita de ver y de ser partícipe en el proceso de crecimiento y directamente adoctrinamiento de otro ser humano. Es de lo que se trata. Comportarte, vestirte, leer, escuchar música, bailar, hablar, discutir, reírte, cantar, descansar, no hacer nada, estar tranquilo, despotricar, rajar, insultar, peinarte, no peinarte, dejarte bigote o no, querer, mostrar amor, cariño, entusiasmo, pereza, confianza, desconfianza, todo eso. Más. Escribir. Escribir este año ha sido difícil. El abandono de las pretensiones me ha llevado a centrar mis pretensiones en el comentario político y en la crítica. Qué cosas, qué ínfulas. Abandonar la ficción para centrarme en el comentario de la actualidad de cualquier tipo. Qué altura. Finalmente he podido superar las cien entradas en un año en el que pudiera parecer que no tendría tiempo de nada. Padre negligente. ¿Creéis que me ha dado tiempo de usar el translator para saber qué narices quiere decir enjoy yourself? Disfruta o aprende. Estamos en esa disyuntiva. Fuera, en la calle, desde aquí escucho a los Heavytanos amenizar un vermut largo con el que la gente quiere disfrutar de todo antes de que llegue la nochevieja y se vean obligados a disfrutar de todo otra vez, pero con otra gente, de otra manera. El comentario, la realidad, los pros y las contras. Sea como sea. En tanto en cuanto. Es un poco como todo. El año que viene será un año interesante en el que la vida dará muchas vueltas. Las cosas se pondrán del revés o volverán a un derecho que no sé. Sea como sea, por lo pronto, de cualquier manera, habrá que disfrutar de la cosa, porque nos queda cada vez menos.
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