martes, 7 de abril de 2026
Viejos cuentos centroeuropeos
Una ráfaga de viento. Un cierto olor a cabello mojado. Las calles de Brédice después de dos semanas seguidas de lluvia y el sol que se refleja en ellas. El olor a muerte impregnado en las paredes de la taberna de Janisek. El olor a vida impregnado en las paredes en la taberna de Florianne. La cara avejentada de aquel compañero de pupitre. Tu cara reflejada en un cristal y la pregunta que te asalta. El calzado deportivo que compartes con un compañero de trabajo. Las marcas de mordidas de perro en un libro. El director de la Biblioteca Municipal mirándote con mala cara porque llevas un libro a devolver con un retraso intolerable. El calor de abril. El frío de abril. Un comentario en la televisión sobre un escritor fascista que se utiliza como descripción de la gastronomía local. El aire despreocupado de la gente en el transporte público porque ya todo da igual. Un cierto olor a quemado. Los platos sin recoger en el fregadero. Los botones que no sabes para qué sirven del lavavajillas. Aquel partido que jugó el equipo local contra la Universidad de Craiova y que terminó con un empate que nos supo a gloria. El amarillo de los dientes de Janisek. Tu padre comprándote una magdalena grande. Tú buscando una pastelería en la que vendan esas magdalenas grandes para comprárselas a tu hijo aunque tu hijo todavía no coma magdalenas ni grandes ni pequeñas. La amenaza de una guerra mundial. La palabra conflagración. El relato que construyes sobre tus decisiones. Cómo un libro te parece que está escrito de manera que parece una novela centroeuropea. Una ráfaga de viento. Un estornudo.
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