martes, 9 de junio de 2026
Hola León XIV
Tengo un Seat León ST y mi hijo es Leo, así que prácticamente estoy a esos hipotéticos cinco pasos de León XIV que me permiten opinar sobre el tema. El tema es que tenemos el listón tan bajo o bien que hemos asumido las barbaridades de la extrema derecha de una manera tan normal en el discurso cotidiano que el hecho de que aparezca un personaje público más o menos conocido o reconocido, no diciendo esas barbaridades nos coloca en la situación de acogerlo en nuestro seno y de auparlo al rango de referente. Y luego pasa lo que pasa. Que tampoco pasa tanto. Porque el listón y el umbral del dolor está tan rasante que escuchamos lo que queremos escuchar y oímos lo que queremos oír y obviamos lo que nos sale de los mismísimos. Porque a fin de cuentas, es el Papa de Roma y no vas a pretender que defienda el aborto o la eutanasia, hasta aquí podíamos llegar, así que su discurso tolerante con las migraciones y más o menos confrontativo en derechos sociales con la ultraderecha, le convierte prácticamente en el Che Guevara. Pero no lo es. Sabe a canela, pero es veneno. No hablaré de lo que me parece que tengamos a un Papa como referente, como ya tuvimos al anterior, que encima era de San Lorenzo de Almagro. Estoy hablando de hecho. ¿Qué estaba diciendo? Me he perdido. Son muchos los inputs que recibo durante la escritura de un texto que no me permiten centrarme y a veces, pocas veces, pierdo el hilo y no sé de qué estaba hablando. Estaba hablando del Papa. Estaba hablando de cómo la visita del Papa, el discurso del Papa, lo queremos oír lo queremos obviar o no nos queremos dar por aludidos de quién va a ver al Papa, de quiénes son esas personas. De los rasgos diferenciales. Pongo las noticias de la Televisió de Catalunya y la periodista nos habla del taranná diferente de los catalanes por el cual no llenamos un espacio de medio millón de personas, por nuestro talante, por nuestra forma de sentir la religión, más recogida. Nosotros somos de otra manera. Nosotros somos esos que reivindicamos una cosa anarcosindicalistamente cantando el Virolai en Montserrat, pero luego nos ponemos la pegatina de No te espero, porque nos han dicho que el Papa no va a hablar en catalán. El Papa como representante de la españolización de un país que se construye a partir del poder movilizador de la iglesia. Este Papa no nos cae bien. O sí. La Generalitat se esfuerza en apropiarse del Papa como un referente progre pero menos, como el PSC, con una campaña de publicidad abrumadora, con un anuncio largo, poético, pero largo, a lo mejor porque es poético. Las imágenes de la gente que va a ver al Papa y lo espera durante horas. Las imágenes rodadas en una iglesia de Santa Coloma con gente mayor que no podrá ir a ver al Papa. Son de la Parroquia San Joaquín. Mi calle. Mi calle tiene un oscuro bar, de humedas paredes. Pero sé que alguna vez, cambiará mi suerte. Todo lo convertimos en esa segunda vuelta de algo que no pudo ser. Una revancha de algo que volverá otra vez. El Papa viene a controlar un rebaño en el que sus ovejas descarrilan yéndose hacia movidas chungas de religiones aspavientosas y espiritualidades más así. Aplaudimos al Papa aunque no diga nada sobre negocios que quisiéramos que fuesen de otra manera pero sin entender que es su negocio. Lo que no entiendo es que en pleno 2026 nos siga pareciendo normal que ese negocio, esa forma de pensar, se asuma como propia, como normal, como la que es. Mientras tanto, el mundo sigue matando, las masacres no cesan, el Papa dice cosas, Marruecos asesina fríamente, todo permanece en un constante estado de zozobra cansino. Hola León XIV, que seas muy feliz y que llegues a tiempo para la graduación de tus hijos. Uno di noi. Estamos fatal.
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