martes, 1 de septiembre de 2026
Franco Battiato: Il lungo viaggio - Renato De Maria
Franco Battiato es uno de esos artistas a los que conoces y reconoces pero a los que no conoces realmente. Conoces su obra, te sabes canciones famosísimas, pero no eres capaz de definir. Principalmente porque el propio Battiato no quiso ser más claro o porque en su claridad resultaba obtuso para la masa. No sabes. Hermético, místico, filosófico, ajeno a este mundo y sus tentaciones, la figura de Franco Battiato es lo suficientemente jugosa como para recibir una película biográfica sobre su figura con interés. Qué nos contará de su evolución artística, aparecerá algún trazo sobre su vida sentimental, quién era realmente Franco Battiato. Hemos visto películas, biopics, de grandes artistas, cantantes, en los que, poco más o menos, hemos descubierto o redescubierto trayectorias en las que lo personal era indistinguible de lo artístico, también aquellas en lo que lo artístico era un elemento secundario respecto a lo personal, bien sea por lo jugoso del salseo, o porque una película no es el espacio para profundizar en las cosas del arte. Sea como sea, esta película sobre Franco Battiato, se presenta como un abordaje a la complejidad de un personaje singular, haciendo hincapié precisamente en su singularidad, en su hermetismo y en su afán por divulgar conocimientos elevados a ritmo de pop. Al menos, durante una época. Al menos, durante su época más exitosa. Mundialmente exitosa. Así, nos encontramos con la infancia de Franco, Ciccio, en una Sicilia donde todo el mundo es bueno y el padre es malo y la madre una santa. Dotado para la música, la madre querrá facilitarle la vida y el padre... 30 segundos de película. De esa infancia de amor maternal dulcísimo, nos vamos a Milán, donde Battiato ya es un jovenzuelo peludo y estrafalario que hace música vanguardista. No sabemos muy bien cómo ni porqué, pero hace música vanguardista y parece tener éxito y renombre con ello. Si sabemos algo de música italiana de los 70 sabremos que los experimentos de Battiato no eran cualquier cosa y el disco Fetus está entre los totems de lo progresivo. Battiato se nos aparece como un personaje simpático, sí, con sus cosas de artista, pero majete, sí, con sus pedradas místicas, sus meditaciones, sus arrebatos, pero dentro de su rareza, parece molar. Se junta con gente que sabe mucho de muchas cosas, con una mujer llamada Fleur que no sabemos quién es pero que sabe tanto o más que él sobre todas las cosas y con la que charla durante años, se tumba en alfombras, camina, fuma, y como diría la canción de la Maui de Utrera, al final nada. No hay prácticamente vida sentimental de Franco Battiato en la película, no hay nada de jugosidad chismosa, no hay un rompimiento, no hay un desengaño, tan solo una suerte de romance extraño con una fan, pero que está rápidamente explicado por el propio Battito en una conversación con Fleur sobre el amor y sus consecuencias donde deja claro que a él no le va. Fleur resulta ser Fleur Jaeggy, una escritora y filósofa suiza que también escribirá letras para Battiato. Pero tú eso no lo sabes porque no te lo explican. Desde su experimentalismo y vinculación con el rock progresivo, veremos cómo tras alguna crisis de creatividad y relación con la música, pasa a la comercialidad y se embarca en tres discos como son Patriots, L'era del cinghiale bianco y La voce del padrone que le convertirán en una estrella. Sin duda lo mejor de la película son la recreación de los vídeos de canciones como precisamente L'era del cinghiale bianco, Bandera bianca y sobre todo Centro de gravità permanente. Antes había ganado el Festival de San Remo con una canción llamada Per Elisa que es despatarrante, interpretada por una cantante llamada Alice. Todo esto se va contando salpicado con diálogos y reflexiones y encuentros de Battiato con otros artistas que son desconocidos para el gran público, más charlas con Fleur y más encuentros emotivos con su madre. Después del éxito, hay como un desdibujamiento de la película, hay una escena cantando delante del Papa y una suerte de retiro junto a su madre. Y chimpum. La película nos dibuja así a un Franco Battiato espléndidamente interpretado por Dario Aita que no termina de parecer un personaje con arista alguna, sino que se va remansando y aplanando hasta llegar a un final en el que queda convertido en una suerte de santo en vida, del mejor hijo del mundo, dedicado al cuidado de su madre como su madre cuidó de él y no sabemos cómo le sentó el éxito, cómo lo manejó, qué le costó, qué camino tomó... simplemente que era bueno como el pan. Y termina la película y sientes que se ha desperdiciado algo que podría haber dado más juego. Quedan unas canciones guapísimas y un baile y una actitud ciertamente desconcertante. Otra vez será.
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