viernes, 13 de febrero de 2026

Queen of Chess - Rory Kennedy


El ajedrez, amigos y amigas. El ajedrez es lo más grande, lo más bonito que hay. Saber jugar, entender el juego, apreciar su complejidad, disfrutar de una buena partida, meterte en todo lo que significa el juego más allá del juego, las implicaciones que se derivan, las circunstancias añadidas, los personajes, sus vidas, sus hazañas, sus idas de olla. Ay, las idas de olla en el ajedrez. Vidas ejemplares, vidas apasionantes, vidas de cerebros fritos. Con lo que podría dar de sí el ajedrez y lo poquito que se prodiga el cine, las series, los documentales, en tratar a estos personajes como seres especiales, seres que dedican su vida a lo que parece un juego sencillo y es más grande que la vida. Bueno, o no. Nos encontramos, después del boom que supuso la serie Gambito de Dama, con un documental sobre la vida, o una parte de la vida, de Judit Polgar. Nada menos que la mejor jugadora de la historia del ajedrez. Y una de las y los mejores jugadores del mundo. De la historia. Jugar al ajedrez es bonito, es divertido, no para mí, que he llegado a la conclusión de que lo paso tan mal que prefiero mirar a jugar y es que, como dicen en un momento del documental, cuando pierdes contra alguien jugando una partida de ajedrez, lo estás perdiendo todo. Y no me gusta perderlo todo. Lo que cuenta el documental es cómo llega Judit Polgar, una niña húngara criada por unos padres que se empeñan en criar genios, a ser la mejor jugadora del mundo. Junto a ella, sus hermanas Susan y Sofía, una más mayor y la otra más pequeña. Su andadura en los torneos locales, sus primeros enfrentamientos con hombres, la llegada al circuito de grandes maestros... el incidente de Linares. Yo no recordaba ese incidente al que le dedican tanto tiempo en el docu. Ficha en la mesa, presa. Esa es una regla sagrada del ajedrez que el Ogro de Bakú, Garri Kasparov, incumplió rectificando una jugada en la que perdía una torre. Nadie se dio cuenta, Judit Polgar perdió la partida y parece que ese lastre le acompaña el resto de su carrera hasta que finalmente vence a Kasparov, el mejor jugador de la historia, en una partida y ya. Vemos durante el documental el machismo absoluto explicado sin ambages por el mismo Kasparov y por otros jugadores y por expertos y por periodistas. Y en qué señor se ha convertido Garri Kasparov. En el documental no sale hablando Karpov ni una vez. Una mujer no puede jugar como un hombre. No sabe competir, no es agresiva, no aguanta, no puede. Y puede, claro que puede. Los jugadores hombres, en su mayoría son personas que viven única y exclusivamente en un mundo en el que se les permite ser jugadores de ajedrez, cosa que habitualmente no ha pasado con las mujeres. Una mujer jugando es algo extraordinario. Lo ordinario es que algo pase para que la mujer no juegue. No es que no sepa, no pueda, no quiera. Es que el hombre puede ser ese rarito que solo piensa en su cosa de ajedrez y la mujer, pues no. Pero el caso de las Polgar demuestra que eso es falso y que más allá del método obsesivo de sus padres, con la preparación y el entrenamiento que tienen los profesionales, pueden jugar tan bien como cualquier hombre, naturalmente. El documental es una maravilla porque si te gusta el ajedrez te vuelve a enganchar a un juego, a un mundo, de personajes rarísimos, a un juego que es apasionante y te conmina a volver al ajedrez en la medida que se considere. Yo, ahora que tengo un hijo, me siento obligado a comprometerle con el ajedrez de alguna manera, a introducirlo en su vida, a que se interese por ello. Los impedimentos son miles, las distracciones son millones, no se trata de que llegue a gran maestro ni a nada, simplemente que cuando vea un tablero diga, ah, yo sé jugar. Y eso ya es mucho. Grande Judit Polgar.  

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