jueves, 9 de julio de 2026

Viejos cuentos centroeuropeos


A ver, sí que hubo un campo de concentración pero no era aquí mismo, estaba como a 4 kilómetros del pueblo. Y no era un campo de concentración como los demás, que no sé tampoco cómo serían los otros. Por lo que sé a este campo de concentración, que no era de los más grandes, únicamente traían a gente que había hecho algo. No era uno de esos campos en los que había gente al tuntún, porque fueran judíos o gitanos o comunistas o maricas. Los que estaban aquí los traían porque habían cometido algún delito. Era como tener una cárcel en el pueblo y, que yo sepa, hay cárceles en muchos pueblos y ciudades y la gente no lo esconde. Así que nosotros hacíamos vida más o menos normal, todo lo normal que se podía hacer en aquellos años porque cuando lo abrieron ya estábamos en guerra y nada era normal. Yo no conocí a nadie que hubiera estado en el campo de concentración, pero ya te he dicho que es que quienes estaban allí eran delincuentes y yo siempre me he guardado mucho de juntarme con quien no me tengo que juntar. Además yo era un chaval entonces que tampoco se enteraba de mucho y mis padres no hablaban demasiado de política. Solo me acuerdo de mi padre diciendo que el campo estaba demasiado cerca del pueblo y que tenía miedo de que alguno se escapara. Pero de allí no se escapaba nadie. Eso nos lo contaba mi tío, que trabajaba allí. 

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