Lo paradójico de todo esto es que el Chato Lafita cayó en la cuenta de que había perdido el dominio del Universo mucho después de que efectivamente esto ocurriera. El Chato Lafita tuvo bajo su control todo lo conocido y lo que está por conocerse durante un espacio de tiempo bastante extenso, no se crean que fue flor de un día. Sin embargo, quizás por la costumbre o porque no todo el día puede estar uno pendiente de todo, él mismo no fue consciente de que ya no era el que mandaba hasta unas semanas después de que fuera más o menos oficial. El Chato Lafita comenzó a ejercer su inabarcable poder durante un examen de matemáticas en quinto de E.G.B. Todos sus compañeros habían ya abandonado la clase y sólo quedaba él por entregar el ejercicio, cuando sintió que podía y debía hacer algo que nunca antes había hecho. Cogió el examen y se lo entregó al profesor cuando todavía le faltaban dos problemas por resolver y le dijo: 'A partir de este momento, usted no tiene que enseñarme nada más. Ha sido paciente conmigo y yo se lo agradeceré cuando mi dominio sobre el Universo sea pleno'. Se quitó la parte de arriba de la ropa y salió de clase.
Durante el resto de su edad escolar y pese a que asistía a las clases simplemente por asistir, sin afán de aprender nada, el Chato Lafita se dedicó, primero a dominar su centro educativo, y luego a extender su poder sobre su ciudad. Ensayado el procedimiento de dominio, conquista y aprovechamiento del conocimiento adquirido para revertir en su beneficio las debilidades de otros, se propuso seguir extendiendo su poder. Siempre con la parte de arriba de la ropa fuera, a pecho descubierto. Sus seguidores, que antes de acabar el Instituto ya se contaban por cientos, muchos de ellos sin saber que estaban siguiéndole, en un efecto que el Chato Lafita había perfeccionado de manera perfecta...
- Oiga, ¿puedo interrumpir?
- Si, pero por favor sea breve que si no no acabamos nunca.
- No, es sólo comentarle que perfeccionar de manera perfecta... no suena muy bien.
- Tiene usted razón, es verdad. ¿Quiere retomar usted la narración?
- Ah, pues si no hay inconveniente. ¿No se molesta usted?
- No, por favor. Al contrario. Siempre es bueno contar con una nueva y fresca visión de la historia del Chato Lafita.
El Chato Lafita no era chato, ni tenía ningún familiar que fuese chato, ni se apodase así. El origen del mote es anterior a cualquier cosa que conozcamos. El reinado universal del Chato Lafita se caracterizó por las camisetas inexistentes, la eliminación por orden inmediata del fenómeno de la sudoración, de la oportunidad, de la excelencia, de la calidad, de los buenos augurios, de una reglamentación precisa, de conceptos básicos. Un dominio que tuvo como objeto el comportamiento moderado, respetuoso a ratos, bien pero sin tonterías, musicalmente hablando regresivo si se puede decir así, atolondrado en cuanto a las relaciones personales, exquisito con los ancianos, poco definido en lo económico pero recto en cuanto a la moralidad. Lo que más destacan sus biógrafos es su ubicuidad. El Chato Lafita es el que dirige la banda, pero al mismo tiempo el que saca el córner y lo remata, el niño en el bautizo, el muerto en el entierro, el trompeta y el que toca el clavicordio que tendrá un nombre pero no estamos por la labor, el muchacho que te convence para que vayas con él a un sitio y el encargado de la empresa que te dice que te puedes ir, que ya se queda él. El Chato Lafita aparece como autor de unas reglas religiosas que no llegaron a aplicarse nunca porque se habla de un Chato Lafita que en un pueblo de los Alpes austriacos alcanza tal grado de comunión con la naturaleza que desmonta las anteriores creencias y monta una nueva, pero otro Chato Lafita en el Neuquén se encierra en un laboratorio y con dos bolis, una goma de pollo y tres hierros oxidados, demuestra que Dios no existe y la naturaleza se rige por unas normas muy concretas que se pueden variar al gusto y no pasa nada.
Y todo iba bien o al menos lo parecía. Y Chato Lafita se casó y estoy buscando entre los papeles para ver cómo se llamaba la mujer con la que se casó. No lo encuentro.
- Nadiezhda Golpujina.
Gracias. Continúo, pues. El Chato Lafita camina por la calle camino de la panadería para ir a buscar unos crusanitos pequeñitos que le chiflan para mojarlos con el café con leche fresquito y me te la pata en una línea que señala el fin de su dominio temporal y que coincide con la ubicación del domicilio de aquel su maestro de matemáticas que jamás vio recompensada su atención. Hasta que no le llega una carta del Ayuntamiento solicitándole que por favor haga algo con esa barandilla que tiene podrida, el Chato Lafita no comprende que sus días de gloria terminaron.
jueves, 7 de junio de 2012
miércoles, 6 de junio de 2012
La información es poder
En el estudio del profesor Furstenberg sobre el reinado del gran Shamash, incluido en el tercer tomo de su 'Historia de la parte por el todo', nos encontramos con un episodio ciertamente aleccionador.
- Ante el Gran Rey Shamash arribaron los tres emisarios que había enviado para negociar con el gobernador de la lejana provincia del lago de Van un asunto de vital importancia para la seguridad del gran Reino de Babilonia, que ya por entonces parecía más allí que aquí. Los tres emisarios llegaron con cara de cierta preocupación ante el Gran Rey, que les hizo pasar después de haberse acicalado de manera que pudiera impresionar como siempre lo hacía a sus súbditos con sus maquillajes, barbas y melenas tan bien cuidadas, así como con ropajes oropeles y gorros que quitaban el sentido. El Gran Rey Shamash ya estaba sentado en su trono cuando pasaron los tres. Hakum, Massardul y Sarbunidapal, eran los tres mejores embajadores que tenía el reino. Se postran ante el Gran Rey Shamash y éste les dice que comiencen su evaluación de la visita.
Y entonces Massardul se adelanta unos pasos y sin levantar la cabeza del suelo le dice al Gran Rey Shamash, que no pueden decir nada. 'Es que este no nos deja'. Silencio. El Gran Rey Shamash frunce su imperial ceño y hace ver que no ha escuchado bien. 'Massardul del demonio, habla y explica cómo ha sido la visita'. Y Massardul, con la cabeza gacha, insiste. 'No, que no puedo. Que este no quiere'.
- ¿Pero quién es este? ¿Quién se atreve a contravenir una orden mía? ¿Quién está por encima de mí, el Gran Rey Shamash de Babilonia? -tronó Shamash.
- Este. Sarbunidapal. -dijo Hakum, que para proferir estas palabras avanzó unos pasos por delante de Massardul, y ambos permanecieron con la cabeza postrada.
Mientras tanto, Sarbunidapal tenía las manos cruzadas detrás de la espalda y estaba absolutamente acogotado. Asustado, blanco, atemorizado.
Entonces el Gran Rey Shamash, levantándose del trono dijo: 'Sarbunidapal, hijo de Bunidapal, te conozco desde niño, ¿qué está ocurriendo aquí?
- Es que no quiere hablar -fue Massardul el que contestó- dice que como contemos algo que nos vamos a enterar. Nosotros queremos contárselo a nuestro Gran Rey, oh, Gran Rey Shamash, pero claro, si él no quiere contarlo, nos pone entre la espada y la pared. Así que si no se lo quiere contar él, nosotros no vamos a decirle nada. Lo sentimos, pero no.
- ¿Os negáis a obedecer una orden de vuestro Gran Rey, del hijo del sol, del amo de vuestras vidas, del que rige el día y la noche, de quien podría ahora mismo haceros arrancar la piel y tenderla al sol? ¿Qué ocurre aquí? ¿Acaso el sinvergüenza de Faraón ha comprado vuestras lenguas? ¿O ha sido mi hermano desde Asiria quién...?
Y Hakum insistió. 'No, nada de eso, pero es que Sarbunidapal dice que no quiere contar nada. Que le da vergüenza.'
La situación era tensa como nunca antes se había visto en el Gran Palacio de Babilonia. Los tres emisarios permanecían con la cabeza baja, sin decir nada. Finalmente, Sarbunidapal tomó de nuevo la palabra.
- Yo preferiría irme ya. Ya hablaremos en otro momento.
Y ya entraron los sentimientos, y que el Gran Rey Shamash mucho de boquilla pero luego nada, y se empieza perdonando y se acaba pagando. El Gran Rey Shamash terminó mal. Y los tres emisarios peor.
- Ante el Gran Rey Shamash arribaron los tres emisarios que había enviado para negociar con el gobernador de la lejana provincia del lago de Van un asunto de vital importancia para la seguridad del gran Reino de Babilonia, que ya por entonces parecía más allí que aquí. Los tres emisarios llegaron con cara de cierta preocupación ante el Gran Rey, que les hizo pasar después de haberse acicalado de manera que pudiera impresionar como siempre lo hacía a sus súbditos con sus maquillajes, barbas y melenas tan bien cuidadas, así como con ropajes oropeles y gorros que quitaban el sentido. El Gran Rey Shamash ya estaba sentado en su trono cuando pasaron los tres. Hakum, Massardul y Sarbunidapal, eran los tres mejores embajadores que tenía el reino. Se postran ante el Gran Rey Shamash y éste les dice que comiencen su evaluación de la visita.
Y entonces Massardul se adelanta unos pasos y sin levantar la cabeza del suelo le dice al Gran Rey Shamash, que no pueden decir nada. 'Es que este no nos deja'. Silencio. El Gran Rey Shamash frunce su imperial ceño y hace ver que no ha escuchado bien. 'Massardul del demonio, habla y explica cómo ha sido la visita'. Y Massardul, con la cabeza gacha, insiste. 'No, que no puedo. Que este no quiere'.
- ¿Pero quién es este? ¿Quién se atreve a contravenir una orden mía? ¿Quién está por encima de mí, el Gran Rey Shamash de Babilonia? -tronó Shamash.
- Este. Sarbunidapal. -dijo Hakum, que para proferir estas palabras avanzó unos pasos por delante de Massardul, y ambos permanecieron con la cabeza postrada.
Mientras tanto, Sarbunidapal tenía las manos cruzadas detrás de la espalda y estaba absolutamente acogotado. Asustado, blanco, atemorizado.
Entonces el Gran Rey Shamash, levantándose del trono dijo: 'Sarbunidapal, hijo de Bunidapal, te conozco desde niño, ¿qué está ocurriendo aquí?
- Es que no quiere hablar -fue Massardul el que contestó- dice que como contemos algo que nos vamos a enterar. Nosotros queremos contárselo a nuestro Gran Rey, oh, Gran Rey Shamash, pero claro, si él no quiere contarlo, nos pone entre la espada y la pared. Así que si no se lo quiere contar él, nosotros no vamos a decirle nada. Lo sentimos, pero no.
- ¿Os negáis a obedecer una orden de vuestro Gran Rey, del hijo del sol, del amo de vuestras vidas, del que rige el día y la noche, de quien podría ahora mismo haceros arrancar la piel y tenderla al sol? ¿Qué ocurre aquí? ¿Acaso el sinvergüenza de Faraón ha comprado vuestras lenguas? ¿O ha sido mi hermano desde Asiria quién...?
Y Hakum insistió. 'No, nada de eso, pero es que Sarbunidapal dice que no quiere contar nada. Que le da vergüenza.'
La situación era tensa como nunca antes se había visto en el Gran Palacio de Babilonia. Los tres emisarios permanecían con la cabeza baja, sin decir nada. Finalmente, Sarbunidapal tomó de nuevo la palabra.
- Yo preferiría irme ya. Ya hablaremos en otro momento.
Y ya entraron los sentimientos, y que el Gran Rey Shamash mucho de boquilla pero luego nada, y se empieza perdonando y se acaba pagando. El Gran Rey Shamash terminó mal. Y los tres emisarios peor.
martes, 5 de junio de 2012
Botín en Montornés
La noticia la daban con retintín, pasándonos la mano por la cara. Enteraos, el Rey va de viaje a Brasil y a Chile, pero esta vez no habrá coñas, porque va a trabajar. ¿Qué os pensáis? Si no es por el Rey y sus viajes estaríamos mucho peor, porque gracias a sus buenos oficios se consiguen contratos muy importantes. Y se nos enseña otra vez la imagen del AVE saliendo de Madrid, para decirnos lo del contrato en los Emiratos. Si no es por el Rey... pero no sólo eso. Es que el Rey no va a ir sólo. Va con un grupo de empresarios de élite. Ojo y atención porque esta vez vamos a ir de verdad. Se acabó la coñita de los elefantes, se acabó especular, se acabó. Vamos a dar un golpe encima de la mesa y vamos a ir con toda la artillería para hacer negocios de verdad. A Brasil, el nuevo país emergente. Un país verdaderamente serio, no como Argentina. Ahí si. Seguridad jurídica. Esto vendrá más adelante.
Entonces tenemos que el Rey y empresarios de lo mejor de España, van a ir a poner los puntos sobre las íes y a tapar bocas en un momento en el que todo el mundo está con el culín prieto pensando en una posible intervención o rescate que nos mandaría cerquita de donde está Grecia. Aunque luego sale el de las Pymes catalanas y dice que bueno, que lo del rescate tampoco sería tan malo. Y otros dicen que total, en Portugal y en Irlanda también les han rescatado y se lo han tomado con humor. Y Rajoy ha salido en la tele y ha dicho que 'al loro, que tampoco estamos tan mal'.
Pues bien. Empiezan los informativos. Noticias. Esto, lo otro. El Rey con su muleta, haciendo un servicio por la patria que no sabemos cómo se lo vamos a poder pagar. Y de repente...
¿Han ido ustedes alguna vez a un merendero? ¿Habéis ido alguna vez? Botín hizo un Montornés inverso/inverso. En todos los grupos de amigos que iban al merendero cuando yo era un crío, siempre había uno que daba el cante. Así como todos íbamos ataviados con todo lo peor que teníamos por casa, porque íbamos a estar en las brasas, en la lumbre, en el barro, haciendo el mico, bebiendo del porrón y comiendo por los dedos, siempre aparecía uno, normalmente 'un cuñao', que por motivos varios (normalmente solía ser uno que era encargado de algo, contable en una empresa, trabajaba en una caja, tenía una empresilla de cosejas, o que era así de saque) venía vestido como para ir a Wimbledon, con pantalón de tenis, bambicas blancas, y un jerseycito por encima por si refrescaba. Cadenas y pulseras de oro. Gafas de sol en la cabecita. Qué manía les tengo a las gafas de sol en la cabeza. La mujer solía ser otra pillada con líria y venía igual, con idéntico suetercito por encima, cruzadito, y los niños no jugaban con nosotros porque a) no jugaban al fútbol, o b) jugaban pero eran demasiado buenos y no se podían mezclar porque la bola nuestra no estaba hinchada o era de plástico malucho. Dando el cante, vamos.
Pues Botín hizo el inverso. Se bajan del avión, supongo, llegan al sitio, para dar imagen de que 'hemos venido a comérnoslo todo, a que se vea que somos un país serio, hemos venido los mejores, el de Repsol, el de Gas Natural... y Botín'.
- Ostia, chavales, qué pasa. Dónde hay algún zumejo o algo que vengo asadito.
Y todos se ríen porque es muy gracioso. Aparece Botín ataviado como en un merendero. Con unas bermuditas y un polo rojo. Fantástico. Y la noticia se les cae. Un viaje con un fuerte acento económico, para proteger y relanzar la marca españa. Perdón, España. Y la imagen es la de Botín en plan... Montornés. Nos tienen que tener un miedo por ahí fuera...
Eso sí, con sus bermuditas y todo, con ese aspecto de Montornés inverso/inverso, le llega para decir que con 40.000 millones de euris más todo fetén y que todo va muy bien, y que vamos para delante.
Entonces tenemos que el Rey y empresarios de lo mejor de España, van a ir a poner los puntos sobre las íes y a tapar bocas en un momento en el que todo el mundo está con el culín prieto pensando en una posible intervención o rescate que nos mandaría cerquita de donde está Grecia. Aunque luego sale el de las Pymes catalanas y dice que bueno, que lo del rescate tampoco sería tan malo. Y otros dicen que total, en Portugal y en Irlanda también les han rescatado y se lo han tomado con humor. Y Rajoy ha salido en la tele y ha dicho que 'al loro, que tampoco estamos tan mal'.
Pues bien. Empiezan los informativos. Noticias. Esto, lo otro. El Rey con su muleta, haciendo un servicio por la patria que no sabemos cómo se lo vamos a poder pagar. Y de repente...
¿Han ido ustedes alguna vez a un merendero? ¿Habéis ido alguna vez? Botín hizo un Montornés inverso/inverso. En todos los grupos de amigos que iban al merendero cuando yo era un crío, siempre había uno que daba el cante. Así como todos íbamos ataviados con todo lo peor que teníamos por casa, porque íbamos a estar en las brasas, en la lumbre, en el barro, haciendo el mico, bebiendo del porrón y comiendo por los dedos, siempre aparecía uno, normalmente 'un cuñao', que por motivos varios (normalmente solía ser uno que era encargado de algo, contable en una empresa, trabajaba en una caja, tenía una empresilla de cosejas, o que era así de saque) venía vestido como para ir a Wimbledon, con pantalón de tenis, bambicas blancas, y un jerseycito por encima por si refrescaba. Cadenas y pulseras de oro. Gafas de sol en la cabecita. Qué manía les tengo a las gafas de sol en la cabeza. La mujer solía ser otra pillada con líria y venía igual, con idéntico suetercito por encima, cruzadito, y los niños no jugaban con nosotros porque a) no jugaban al fútbol, o b) jugaban pero eran demasiado buenos y no se podían mezclar porque la bola nuestra no estaba hinchada o era de plástico malucho. Dando el cante, vamos.
Pues Botín hizo el inverso. Se bajan del avión, supongo, llegan al sitio, para dar imagen de que 'hemos venido a comérnoslo todo, a que se vea que somos un país serio, hemos venido los mejores, el de Repsol, el de Gas Natural... y Botín'.
- Ostia, chavales, qué pasa. Dónde hay algún zumejo o algo que vengo asadito.
Y todos se ríen porque es muy gracioso. Aparece Botín ataviado como en un merendero. Con unas bermuditas y un polo rojo. Fantástico. Y la noticia se les cae. Un viaje con un fuerte acento económico, para proteger y relanzar la marca españa. Perdón, España. Y la imagen es la de Botín en plan... Montornés. Nos tienen que tener un miedo por ahí fuera...
Eso sí, con sus bermuditas y todo, con ese aspecto de Montornés inverso/inverso, le llega para decir que con 40.000 millones de euris más todo fetén y que todo va muy bien, y que vamos para delante.
lunes, 4 de junio de 2012
Aburrido texto de ambiente irlandés
La de en medio. De las siete, pues justo la que está en el centro. No, no cuentes a la Señora Phillister, que no. La de la falda blanca, esa. Esa que se ríe tanto. Esa es la que me gusta. No. No sé cómo se llama. ¿Tú si? No me jodas. ¿Y porqué no me dices nada? Dímelo. ¿Es la hermana de Foghart? ¡Venga ya! ¿Si? Pues no me veas, si que hace tiempo entonces que no vengo por aquí. ¿Que dónde he estado tanto tiempo? En la ciudad. Haciendo nada. Me fui porque pensaba yo que era demasiado listo para este pueblo, pero en realidad era demasiado tonto para cualquier parte. Así que me he pasado unos cuantos años haciendo nada. Sí, he trabajado aquí y allí, pero nunca he durado más de dos meses en ninguna parte. Quise, cuando me fui, entrar a trabajar en una imprenta, me parecía un mundo fascinante. Pero el encargado, un tal Kilgmenheim, me cayó gordo casi desde que entré por la puerta y aunque el dueño de la imprenta era un tipo bastante legal, un día me cabreé tanto que me fui. Luego, barrendero, descargando sacos en el muelle, y ahora otra vez aquí. Viendo la vida pasar y comprobando cómo han ido creciendo las muchachas. Así que la de en medio es la hermana de Foghart. Pues mal. Porque yo con Foghart tengo un pequeño contencioso. ¿No te lo han contado? Foghart era amigo mío en el colegio. Yo era un poco mayor que él. Un día me pasé de gracioso con él, para hacer reír a otros chicos más graciosos todavía y Foghart se cabreó. Normal. El caso es que una mañana, antes de llegar a la escuela, me esperó en la esquina de la iglesia y me dio un bofetón. Yo se lo devolví. Nos peleamos con bastante saña. Nunca me había peleado así de fuerte con nadie. Él estaba como loco. Yo pensaba que sería un calentón, pero la furia con la que estaba atizándome y lo poco que le importaban los golpes que le daba yo, me escamó. No era algo que tuviera que ver sólo con la broma de aquel día. Cuando por fin nos vino a separar el padre Killroy, Foghart me miró con los ojos inyectados en sangre y me dijo 'no te voy a querer nunca más'. ¿Curioso, no? No sé qué quiso decir con aquello, porque creo que todavía éramos muy pequeños para pensar mal, pero no sé. Ahora sé que Foghart está casado con Moroney y tienen seis hijos muy hermosos. Entonces no había nacido todavía la de en medio. ¿No sabes cómo se llama?
¿No? No sé. Me gusta. Parece simpática. No sé. Igual si me acuerdo y el sábado no termino demasiado mal en el pub con los muchachos, soy capaz de animarme, hacer que mi madre me prepare el traje de los domingos y la espero a la puerta de la iglesia. Me gusta. Quizás sea un buen momento para buscar esposa. Ya no tiene uno edad para hacer el tonto y a mi madre le haría ilusión. ¿Qué es lo que traen en esos sacos? ¿Patatas podridas?
¿No? No sé. Me gusta. Parece simpática. No sé. Igual si me acuerdo y el sábado no termino demasiado mal en el pub con los muchachos, soy capaz de animarme, hacer que mi madre me prepare el traje de los domingos y la espero a la puerta de la iglesia. Me gusta. Quizás sea un buen momento para buscar esposa. Ya no tiene uno edad para hacer el tonto y a mi madre le haría ilusión. ¿Qué es lo que traen en esos sacos? ¿Patatas podridas?
domingo, 3 de junio de 2012
Primavera Sound. Sábado.
Cuando por fin nos decidimos a entrar, quitándole el velo de misterio que nos rodeaba en el bar de siempre, y diciéndole al dueño que no, que no somos de Navarra, que somos de Santaco, vamos hacia el escenario Mini a ver a los Solynieve. Vamos caminando por una gran explanada todavía bastante vacía pese a que los Solynieve han empezado. Y corriendo solitaria por la explanada va una pelota de pingpong que sepa Dios qué hacía allí. Y esa pelotita de pingpong va y se para ante mis pies. Con mucho menos, te hace Spielberg una película.
Se ha terminado el Primavera. Bueno. Estoy más cansado que el año anterior y me ha cundido mucho menos. Esperando a mi hermano que como siempre llega tarde, me enchufo tres cañas y un tequila. Ya podemos darnos prisa. Llegamos tarde seguro. Cuando atravesamos la puerta, hay tocando unos chavales. Uno de ellos era de Veracruz, son los Villarroel. Aguantamos una canción y seguimos. Llegamos a los Solynieve y ya han tocado la de la raja de sandía, así que mejor. No tocan ni una mala. Me gustan más que la vez que vinieron al Apolo hace un par de meses, dónde va a parar. Tocan la versión de Kevin Ayers, la de Vainica Doble (con perdón) y esta vez pasan de la de Talavera de la Reina de Inglaterra, con lo que a mi me gusta. Pero oye, muy bien. Se acuerdan de uno de La Buena vida y tocan una canción de ellos. Hace mil años, en el primer Primavera al que asistimos, yo me emperré en ver a La Buena Vida y me dijeron de todo. Casi con razón.
Pues termina el concierto y ya lo tenemos todo hecho hasta que no empiece Yo la Tengo. Así que vamos de paseo. En el escenario grande creo entender que está tocando Beach House. Están viéndolo el Ch. y el Amatore. Pues vamos. Hay mucha gente, un chico con unas gafas muy raras y otro muy modosito en el escenario. Cantan canciones muy delicaditas. Qué bien, qué felicidad. No son Beach House, que son Kings of Convenience. Ah, pues mira que bien. Acaba el concierto en cero coma dos y nos vamos hacia los escenarios del fondo. En el del Vice tocan unos chavales bastante buenos. No sé cómo se llaman ahora. Ostia, se me ha ido el nombre. Fallo. El cantante lleva una camiseta de los Ramones. Me gustan bastante más que los The Men que tocaron en el mismo escenario la noche de antes. Se acuerdan de ellos. Son guiris también, aunque el cantante parece de la Fabriqueta. En fin, seguimos moviéndonos porque en el escenario donde tocan creo que los grupos coñacetes van a empezar otros que... tampoco me he quedado con el nombre. La cantante es una chica que dicen que se parece al hermano del D. Ni de lejos se parece. 'Bailando, si'. Pues mira... no. En fin. Una canción y decidimos ir tirando. Nos encontramos por sorpresa a los chavales de Raworld y echamos unas risas. Este año no vamos a Shellac, pasando mil pueblos de Shellac. Ahora no recuerdo, pero creo que vemos dos canciones o tres de Beach House, ahora si. Yo pensaba que no les conocía pero si. Canta una chica, primera sorpresa. Ni idea, oiga. A la tercera o cuarta canción nos vamos también despavoridos. No me gustan. Vamos dando vueltas. Ah, vale, vale. Ya caigo en el orden. Solynieve, Kings, beach House, escenarios del fondo, y luego lento regreso hacia el escenario donde va a tocar Yo la Tengo, que es el mismo que el de la pelotita.
Pues oye, conciertazo para mi gusto de Yo la tengo. Porque decían que venían a presentar un disco nuevo, que es un poco tranquilón, pero nada. Tocan antiguas. Y cabezonas. Antiguas y cabezonas. Si señor. Hacía tiempo que no me lo pasaba tan bien en un concierto, claro que si. La chica, la Georgia, no sale de la batería salvo en la primera canción en la que toca la guitarra. Todas molan. Hasta la de Mrs Jones esa que me da un poco de cosa, también me gusta. Y se despiden con una melonada de mil minutos repitiendo en circulos el pompimpompimpompim. Cuántos recuerdos de Badalona y el Pop Festival. Se echa de menos al Abelito, que no ha venido. Cómo han molado, hasta salen a hacer un bis y todo. Se termina y nos vamos. Camino de ningún sitio.
Se ve que tocan unos tal Justice. Vamos a ver qué. Maquineo chungo. Vístelo de colores si quieres, pero es pumpum. Estamos tan reventados que nos quedamos en las gradas viendo como ensayan otros muchachos que van a tocar en el escenario del anfiteatro ese. Ensayan y va llegando gente. Cuando ya está lleno y tocan la primera o la segunda canción, nos vamos, porque ver pasar muchachas en pantalón corto tiene un límite. Y uno no es de piedra.
Pues ya está, un año más. Veredicto. Pues a ver, si habitualmente decimos 'pagando no hubiera venido, me reafirmo'. Cada vez estoy más lejos de lo que se escucha y ni siquiera los grupos 'legendarios' que traen, me suenan. Estoy muy fuera. Pese a todo, escuchar a cuatro o cinco grupos bien molones, al aire libre y ver el ambientillo, merece la pena. Y comerte unas butis por la patilla, también.
Fin de fiesta, intento hacerme el 'servicial' con el conductor del N6 cuando se le sube la peña preguntando si va a plaza catalunya, pero no le hace falta. Le estoy cortando el rollo con una muchacha con la que ha pegado hebra. Perdón, ya me siento.
Y hasta el año que viene. Y si Baal quiere ser algo más claro, por favor, que me explique lo de la pelotita, que me tiene en ascuas.
Se ha terminado el Primavera. Bueno. Estoy más cansado que el año anterior y me ha cundido mucho menos. Esperando a mi hermano que como siempre llega tarde, me enchufo tres cañas y un tequila. Ya podemos darnos prisa. Llegamos tarde seguro. Cuando atravesamos la puerta, hay tocando unos chavales. Uno de ellos era de Veracruz, son los Villarroel. Aguantamos una canción y seguimos. Llegamos a los Solynieve y ya han tocado la de la raja de sandía, así que mejor. No tocan ni una mala. Me gustan más que la vez que vinieron al Apolo hace un par de meses, dónde va a parar. Tocan la versión de Kevin Ayers, la de Vainica Doble (con perdón) y esta vez pasan de la de Talavera de la Reina de Inglaterra, con lo que a mi me gusta. Pero oye, muy bien. Se acuerdan de uno de La Buena vida y tocan una canción de ellos. Hace mil años, en el primer Primavera al que asistimos, yo me emperré en ver a La Buena Vida y me dijeron de todo. Casi con razón.
Pues termina el concierto y ya lo tenemos todo hecho hasta que no empiece Yo la Tengo. Así que vamos de paseo. En el escenario grande creo entender que está tocando Beach House. Están viéndolo el Ch. y el Amatore. Pues vamos. Hay mucha gente, un chico con unas gafas muy raras y otro muy modosito en el escenario. Cantan canciones muy delicaditas. Qué bien, qué felicidad. No son Beach House, que son Kings of Convenience. Ah, pues mira que bien. Acaba el concierto en cero coma dos y nos vamos hacia los escenarios del fondo. En el del Vice tocan unos chavales bastante buenos. No sé cómo se llaman ahora. Ostia, se me ha ido el nombre. Fallo. El cantante lleva una camiseta de los Ramones. Me gustan bastante más que los The Men que tocaron en el mismo escenario la noche de antes. Se acuerdan de ellos. Son guiris también, aunque el cantante parece de la Fabriqueta. En fin, seguimos moviéndonos porque en el escenario donde tocan creo que los grupos coñacetes van a empezar otros que... tampoco me he quedado con el nombre. La cantante es una chica que dicen que se parece al hermano del D. Ni de lejos se parece. 'Bailando, si'. Pues mira... no. En fin. Una canción y decidimos ir tirando. Nos encontramos por sorpresa a los chavales de Raworld y echamos unas risas. Este año no vamos a Shellac, pasando mil pueblos de Shellac. Ahora no recuerdo, pero creo que vemos dos canciones o tres de Beach House, ahora si. Yo pensaba que no les conocía pero si. Canta una chica, primera sorpresa. Ni idea, oiga. A la tercera o cuarta canción nos vamos también despavoridos. No me gustan. Vamos dando vueltas. Ah, vale, vale. Ya caigo en el orden. Solynieve, Kings, beach House, escenarios del fondo, y luego lento regreso hacia el escenario donde va a tocar Yo la Tengo, que es el mismo que el de la pelotita.
Pues oye, conciertazo para mi gusto de Yo la tengo. Porque decían que venían a presentar un disco nuevo, que es un poco tranquilón, pero nada. Tocan antiguas. Y cabezonas. Antiguas y cabezonas. Si señor. Hacía tiempo que no me lo pasaba tan bien en un concierto, claro que si. La chica, la Georgia, no sale de la batería salvo en la primera canción en la que toca la guitarra. Todas molan. Hasta la de Mrs Jones esa que me da un poco de cosa, también me gusta. Y se despiden con una melonada de mil minutos repitiendo en circulos el pompimpompimpompim. Cuántos recuerdos de Badalona y el Pop Festival. Se echa de menos al Abelito, que no ha venido. Cómo han molado, hasta salen a hacer un bis y todo. Se termina y nos vamos. Camino de ningún sitio.
Se ve que tocan unos tal Justice. Vamos a ver qué. Maquineo chungo. Vístelo de colores si quieres, pero es pumpum. Estamos tan reventados que nos quedamos en las gradas viendo como ensayan otros muchachos que van a tocar en el escenario del anfiteatro ese. Ensayan y va llegando gente. Cuando ya está lleno y tocan la primera o la segunda canción, nos vamos, porque ver pasar muchachas en pantalón corto tiene un límite. Y uno no es de piedra.
Pues ya está, un año más. Veredicto. Pues a ver, si habitualmente decimos 'pagando no hubiera venido, me reafirmo'. Cada vez estoy más lejos de lo que se escucha y ni siquiera los grupos 'legendarios' que traen, me suenan. Estoy muy fuera. Pese a todo, escuchar a cuatro o cinco grupos bien molones, al aire libre y ver el ambientillo, merece la pena. Y comerte unas butis por la patilla, también.
Fin de fiesta, intento hacerme el 'servicial' con el conductor del N6 cuando se le sube la peña preguntando si va a plaza catalunya, pero no le hace falta. Le estoy cortando el rollo con una muchacha con la que ha pegado hebra. Perdón, ya me siento.
Y hasta el año que viene. Y si Baal quiere ser algo más claro, por favor, que me explique lo de la pelotita, que me tiene en ascuas.
sábado, 2 de junio de 2012
Primavera Sound. Viernes
Antes de comenzar, quisiera disculparme con el grupo de hardcore sueco Refused. En la crónica de ayer olvidé mencionarles. Así están las cabezas. Se me fueron. Recordé y recordé y me olvidé de ellos. Así es. Ya está. Disculpas. Refused, perdón. Estuvísteis muy bien, de verdad. Me gustaron. En serio. Que si.
Pantalones cortos y barbas largas. Pieles blancas y bocas rojas. Alemanes que parecen suecos. Españoles que no aparecen por ningún sitio. Jordi Bianciotto vuelve a tener acreditación. Bueno. Vamos al lío. Me planto, después de una mañana espantosa, pero espantosa como pocas veces, de nuevo en el festival, en solitario, porque se me ha metido en la cabeza que podría ver a la Marianne Faithfull que canta en el Auditori y digo yo que habrá una cola del diablo. Así que voy para allá. Pim, pam, y llego al Auditori. Pregunto y todavía no ha empezado el concierto de antes, así que me voy a ver a The Chameleons. Paso por las camisetas y están los Hidrogenesse, como todos los años, en su puestecico. Referencias sobre The Chameleons... una, tienen una canción en el Latenighttales de los Flaming Lips que está bastante bien. Pues bien, a doscientos grados centígrados veo la actuación de un grupo cuyo cantante lleva chaqueta. Están bastante bien. Me llama la atención un pavo del público, barba pelirroja, bajito, gorrilla, brazo tatuado... un auténtico pesado que se abraza, saluda, habla, y muy de vez en cuando hace como que baila y se lo pasa bien. Cuando me parece que ya está bien, vuelvo al Auditori. 'No, usted no tiene que hacer cola, vaya por la zona vip'. Toma ya. De algo debe servir la pulserita de prensa, gracias. Qué sensación tan bonita sentirse vip. Pues nada, en el Auditori parece que hay poca gente pero ya se irá llenando, que llenar esto es dificilísimo, chavales. Me siento y un señor canoso, camiseta de rolling y mi misma pulsera saluda a unas chicas. Son periodistas todos. Hablan de Christina. Van a ver a esta y luego a nosequién. Qué bien. El tipo se sienta a mi lado, sale Marianne Faithfull y el tipo gesticula y se mueve frenéticamente. Qué pasión por la Faithfull. En cuando lleva veinte segundos tocando, saca el iphone y wasapea durante mucho rato. Eso es vivir la música a tope ¿no?
Marianne Faithfull se descubre como una crack. Echa a los fotógrafos, se para a tomarse el té, se cansa en los punteos y se sienta, echa gargajos a un pañuelo, me cae bien. Canta Baby, let me follow you down de Dyla, As tears Goes By de los Rolling y Tower of song de Cohen. Estupendo. Oye, pues muy bien, que pensaba yo irme a mitad de concierto y no. No se tiene todos los días la oportunidad de ver a un mito viviente de la música y bla bla bla. Fantástico. A correr y a enfrentarse con The Cure.
Yo y the Cure, no somos amigos del alma, pero tampoco cerrados enemigos. Me gustan bastantes canciones, incluso algunos discos enteros. Pero las canciones que no me gustan, no me gustan nada de nada. Y eso de ver a mucha gente cantando It's friday i'm in love... me carga. Pues empieza el concierto, nos hemos juntado ya buena parte de la banda y aunque estamos lejos, se ve bien. Salen y sale Robert Smith. No le mando un beso porque la primera canción es de las antiguas antiguas, del Seventeen Seconds, que me gusta bastante. Luego tocan muchas canciones que no conozco. Otras que si. Caen A forest, Lullaby... le da tiempo a tocarlas casi todas menos Three imaginary boys, porque sólo están tres horas tocando. Tres horas que se dice pronto. Buen concierto. Aunque ya digo que no conozco la mitad de las canciones o más, pero algunas de estas desconocidas para mí, molan también. Público ya mayorcete, la verdad. De mi edad y para arriba, más o menos. Yo esperaba ver más fricazos, más oscuretes y oscuretas, pero no. Cuando faltan tres canciones para terminar, no soportamos más estar sin beber y nos vamos. Nos perdemos Why can't i be you. Ala, tanto rato esperando para nada. La oímos en el puesto de los frankfurts.
Termina el concierto y llega la indefinición. M83. ¿vamos? No me apetece, pero por pipear... Venga. Vamos. Va. Vamos y vamos. Hay un tramo en el que huele a pienso de tal manera que se me revuelve el todo. Estamos llegando al concierto y nos volvemos para atrás. Otro bocata o qué. Venga. En las butis orgánicas está el Sergis, que nos invita a las butis porque trabaja allí. De puta madre, nen. Con la panza llena a reventar y los pies ya... pues eso, vamos camino de los escenarios de abajillo, que no los hemos visto. Srbtkakrksrktsktksr. O algo así. No molan, pasa palabra. The Men. No están mal, pero tampoco me matan. A mi hermano no le disgustan. Yo me tengo que ir ya porque me tengo que ir ya porque me tengo que ir ya.
¿De verdad que han tocado tres horas The Cure?
Pantalones cortos y barbas largas. Pieles blancas y bocas rojas. Alemanes que parecen suecos. Españoles que no aparecen por ningún sitio. Jordi Bianciotto vuelve a tener acreditación. Bueno. Vamos al lío. Me planto, después de una mañana espantosa, pero espantosa como pocas veces, de nuevo en el festival, en solitario, porque se me ha metido en la cabeza que podría ver a la Marianne Faithfull que canta en el Auditori y digo yo que habrá una cola del diablo. Así que voy para allá. Pim, pam, y llego al Auditori. Pregunto y todavía no ha empezado el concierto de antes, así que me voy a ver a The Chameleons. Paso por las camisetas y están los Hidrogenesse, como todos los años, en su puestecico. Referencias sobre The Chameleons... una, tienen una canción en el Latenighttales de los Flaming Lips que está bastante bien. Pues bien, a doscientos grados centígrados veo la actuación de un grupo cuyo cantante lleva chaqueta. Están bastante bien. Me llama la atención un pavo del público, barba pelirroja, bajito, gorrilla, brazo tatuado... un auténtico pesado que se abraza, saluda, habla, y muy de vez en cuando hace como que baila y se lo pasa bien. Cuando me parece que ya está bien, vuelvo al Auditori. 'No, usted no tiene que hacer cola, vaya por la zona vip'. Toma ya. De algo debe servir la pulserita de prensa, gracias. Qué sensación tan bonita sentirse vip. Pues nada, en el Auditori parece que hay poca gente pero ya se irá llenando, que llenar esto es dificilísimo, chavales. Me siento y un señor canoso, camiseta de rolling y mi misma pulsera saluda a unas chicas. Son periodistas todos. Hablan de Christina. Van a ver a esta y luego a nosequién. Qué bien. El tipo se sienta a mi lado, sale Marianne Faithfull y el tipo gesticula y se mueve frenéticamente. Qué pasión por la Faithfull. En cuando lleva veinte segundos tocando, saca el iphone y wasapea durante mucho rato. Eso es vivir la música a tope ¿no?
Marianne Faithfull se descubre como una crack. Echa a los fotógrafos, se para a tomarse el té, se cansa en los punteos y se sienta, echa gargajos a un pañuelo, me cae bien. Canta Baby, let me follow you down de Dyla, As tears Goes By de los Rolling y Tower of song de Cohen. Estupendo. Oye, pues muy bien, que pensaba yo irme a mitad de concierto y no. No se tiene todos los días la oportunidad de ver a un mito viviente de la música y bla bla bla. Fantástico. A correr y a enfrentarse con The Cure.
Yo y the Cure, no somos amigos del alma, pero tampoco cerrados enemigos. Me gustan bastantes canciones, incluso algunos discos enteros. Pero las canciones que no me gustan, no me gustan nada de nada. Y eso de ver a mucha gente cantando It's friday i'm in love... me carga. Pues empieza el concierto, nos hemos juntado ya buena parte de la banda y aunque estamos lejos, se ve bien. Salen y sale Robert Smith. No le mando un beso porque la primera canción es de las antiguas antiguas, del Seventeen Seconds, que me gusta bastante. Luego tocan muchas canciones que no conozco. Otras que si. Caen A forest, Lullaby... le da tiempo a tocarlas casi todas menos Three imaginary boys, porque sólo están tres horas tocando. Tres horas que se dice pronto. Buen concierto. Aunque ya digo que no conozco la mitad de las canciones o más, pero algunas de estas desconocidas para mí, molan también. Público ya mayorcete, la verdad. De mi edad y para arriba, más o menos. Yo esperaba ver más fricazos, más oscuretes y oscuretas, pero no. Cuando faltan tres canciones para terminar, no soportamos más estar sin beber y nos vamos. Nos perdemos Why can't i be you. Ala, tanto rato esperando para nada. La oímos en el puesto de los frankfurts.
Termina el concierto y llega la indefinición. M83. ¿vamos? No me apetece, pero por pipear... Venga. Vamos. Va. Vamos y vamos. Hay un tramo en el que huele a pienso de tal manera que se me revuelve el todo. Estamos llegando al concierto y nos volvemos para atrás. Otro bocata o qué. Venga. En las butis orgánicas está el Sergis, que nos invita a las butis porque trabaja allí. De puta madre, nen. Con la panza llena a reventar y los pies ya... pues eso, vamos camino de los escenarios de abajillo, que no los hemos visto. Srbtkakrksrktsktksr. O algo así. No molan, pasa palabra. The Men. No están mal, pero tampoco me matan. A mi hermano no le disgustan. Yo me tengo que ir ya porque me tengo que ir ya porque me tengo que ir ya.
¿De verdad que han tocado tres horas The Cure?
viernes, 1 de junio de 2012
Primavera Sound. Jueves.
Que Dios nos asista. De nuevo aquí, mi buen José. Cuando ya parecía que nos habíamos borrado, que con nosotros no iba, que se acabó, que la juventud se nos escurría entre los dedos, sucumbimos a la tentación, solicitamos la acreditación y tracatrán. Aquí nos tienes, Primavera Sound. Lo primero, pedir la pulserita. En un alarde de previsión que da cuenta de mi madurez y tal, digo de ir a por la desto a mediodía, 'que habrá menos gente' y me ahorro la infausta cola del año pasado. Pues tararí que te vi. Más cola que el año pasado, a pleno sol. Me armo de paciencia y espero. Dos horas a casco bomba. Primera evaluación de daños: los periodistas son otra cosa. Cada vez que tengo que hacer la cola, esta cola, me siento más fuera que dentro. Los periodistas son ellos. Con sus claquetas, sus peticiones de entrevistas, sus declas, sus porfas. No, yo no. Me he quedado fuera de juego, pero muchos metros, sin repetición posible. Es igual, ya da lo mismo. Dos horas detrás de una rubia guapísima que aguanta estoicamente el calor, mientras otra rubia no menos guapa, enseña hasta el cromo porque no soporta el kalahari en el que estamos. Pulserita al canto. Buenas tardes.
Este año, pese a lo que se vea en la foto (viendo esta foto, las dos chicas parecen testigos de jehová, con lo que se ve por allí), se llevan los pantalones cortos. Pantalones cortos para todas. Piernas gordas, blancas, finas, morenas, de gallineja, esculturales, da igual. Pantalones cortos. Lo asombroso es que también ellos llevan pantalones cortos. Sobre todo los guiris, claro.
Modernas o modernos. Pues mira, te voy a decir una cosa, pepe. Este año, no he visto yo ese ambiente de modernez de otros años tan así. No sé si es que no me habré dado cuenta o ya no identifico a los modernos, pero este año no. No les veo tan así.
En fin. Vayamos al grano. Empieza todo como siempre en el bar de siempre. Unas cañas y unos tequilas. Unas cañas y unos tequilas. Y un bocadillo de bacon para quitarle glamour a la historia. Todo para dentro. Venga. Saludos, abrazos, hasta mañana. No tenemos la más remota idea de qué tenemos que ver. El jueves, mirando la programación, no tiene nada realmente interesante. Lo conocido es muy tarde y no me quedaré, así que me da igual ocho que ochenta y donde me lleven, bueno será. Sin embargo, al entrar decidimos que vamos a ver a Lee Renaldo. Lee Renaldo es, de los dos guitarristas de Sonic Youth, el otro. Vamos avanzando hacia el escenario y llegamos prácticamente hasta la cocina. ¿Qué tocará este hombre? Debemos haber llegado a mitad de concierto, porque después de una cancioncita que estaba muy bien, decide hacer una alocución en inglés, que no entiendo, y mi hermano si. Voy con mi hermano, el Ch. y el Amatore. A tope. Al parecer dice que no tienen muchas canciones pero que van tocando. El batería que lleva es Steve Shelley, de los Sonic Youth. En pie, amigos. Respeta a tu familia, porque tu familia te respeta a ti. ¡Tocan una de los Talking Heads! ¡Toma ya! Thank you for send me an Angel. ¡Qué detalle! Ya has ganado, Lee Renaldo. Me fijo y veo que a veces toca con un pulgar. Hace los acordes en el mástil con un pulgar. Qué tío. No hay más que añadir. Acaba el concierto y vemos pasar a nuestro lado a Christina Rosenvinge. Qué guapa que es la condenada, pero me ha parecido más poquita cosa que otras veces. No sé.
Mazzy Star. Yo no conocía este grupo. Así soy yo. Se ve que llevaban mucho tiempo separados. El nombre de la cantante, Hope Sandoval, me sonaba. El Ch. lo puso el día de antes y estaban bien. Pues el concierto me gusta un huevo. Tranquilo, pero sin ser plomo. Me gusta, tienen un rollo que me gusta. ¿Qué rollo es? Pues, ese rollo. Así como... no sé. Guitarras sin alardes, tranquilitas, su batería, su muchacha en los teclados, la Sandoval que no se mueve mucho y tiene una pandereta. Estupendos todos. Me recuerdan a las canciones con chica de los Brian Jonestown Massacre. Casi a punto de acabar, alguien decide que hay que ir a ver a Beirut. Beirut, cero puntos. Vamos, vamos, y a la segunda canción o antes nos volvemos. No le veo el qué a Beirut. Nos vamos, venga, que nos vamos. Nos comemos un bocata más. Más hambre que el perro de un ciego. Vámonos a ver qué hay por ahí.
En el escenario ATP vemos a unos muchachos haciendo ruido. Nos vamos quedando y nos quedamos hasta que acaban. No sé quiénes son. Thee oh Shees. Pues muy bien. Tiran por la calle de enmedio, un poco en plan Black Lips, no sé. Me molan también. Oye, qué bien, tres de tres, pleno total. Nos quedamos a ver el concierto entero. Molan. Me los apunto. Nos pasamos los conciertos hablando de los grupos y de nosotros. Qué tontería. Que si tocamos, que si hacemos, que si podríamos, etc. Muy bien.
Está la G. con la Y. por aquí. He llamado a la S., pero ya no la veré. Su novio y ella seguro que están en la otra punta. Hacemos por ver a las dos colomenses. No las vemos en los XX, que los vimos hace dos años, creo y no estaban mal. Pero este año ni nos acercamos. No las vemos. Pues nos vamos. Esperamos cerca de los Franz Ferdinand. Ya está. Qué tal. Venga. Aguanto media canción justo debajo del escenario y me voy para casa, que son las dos y algo y hay que currar. Ya hace rato que no bebo nada, pero el daño ya está hecho.
Autobús nocturno. Chistes nuevos con caras viejas. Italianos criticando el diseño de los Seat, que se equivocan de autobús. No va para Plaza Catalunya, va para Santaco. Caras de disgusto. En el bus entablo conversa con el conductor y un chaval jevi. Hablamos del festival, de cómics, de Santaco. Bien.
Solo Dios sabe cómo agradezco pillar la cama. Hoy más. Avanti con la guaracha.
Este año, pese a lo que se vea en la foto (viendo esta foto, las dos chicas parecen testigos de jehová, con lo que se ve por allí), se llevan los pantalones cortos. Pantalones cortos para todas. Piernas gordas, blancas, finas, morenas, de gallineja, esculturales, da igual. Pantalones cortos. Lo asombroso es que también ellos llevan pantalones cortos. Sobre todo los guiris, claro.
Modernas o modernos. Pues mira, te voy a decir una cosa, pepe. Este año, no he visto yo ese ambiente de modernez de otros años tan así. No sé si es que no me habré dado cuenta o ya no identifico a los modernos, pero este año no. No les veo tan así.
En fin. Vayamos al grano. Empieza todo como siempre en el bar de siempre. Unas cañas y unos tequilas. Unas cañas y unos tequilas. Y un bocadillo de bacon para quitarle glamour a la historia. Todo para dentro. Venga. Saludos, abrazos, hasta mañana. No tenemos la más remota idea de qué tenemos que ver. El jueves, mirando la programación, no tiene nada realmente interesante. Lo conocido es muy tarde y no me quedaré, así que me da igual ocho que ochenta y donde me lleven, bueno será. Sin embargo, al entrar decidimos que vamos a ver a Lee Renaldo. Lee Renaldo es, de los dos guitarristas de Sonic Youth, el otro. Vamos avanzando hacia el escenario y llegamos prácticamente hasta la cocina. ¿Qué tocará este hombre? Debemos haber llegado a mitad de concierto, porque después de una cancioncita que estaba muy bien, decide hacer una alocución en inglés, que no entiendo, y mi hermano si. Voy con mi hermano, el Ch. y el Amatore. A tope. Al parecer dice que no tienen muchas canciones pero que van tocando. El batería que lleva es Steve Shelley, de los Sonic Youth. En pie, amigos. Respeta a tu familia, porque tu familia te respeta a ti. ¡Tocan una de los Talking Heads! ¡Toma ya! Thank you for send me an Angel. ¡Qué detalle! Ya has ganado, Lee Renaldo. Me fijo y veo que a veces toca con un pulgar. Hace los acordes en el mástil con un pulgar. Qué tío. No hay más que añadir. Acaba el concierto y vemos pasar a nuestro lado a Christina Rosenvinge. Qué guapa que es la condenada, pero me ha parecido más poquita cosa que otras veces. No sé.
Mazzy Star. Yo no conocía este grupo. Así soy yo. Se ve que llevaban mucho tiempo separados. El nombre de la cantante, Hope Sandoval, me sonaba. El Ch. lo puso el día de antes y estaban bien. Pues el concierto me gusta un huevo. Tranquilo, pero sin ser plomo. Me gusta, tienen un rollo que me gusta. ¿Qué rollo es? Pues, ese rollo. Así como... no sé. Guitarras sin alardes, tranquilitas, su batería, su muchacha en los teclados, la Sandoval que no se mueve mucho y tiene una pandereta. Estupendos todos. Me recuerdan a las canciones con chica de los Brian Jonestown Massacre. Casi a punto de acabar, alguien decide que hay que ir a ver a Beirut. Beirut, cero puntos. Vamos, vamos, y a la segunda canción o antes nos volvemos. No le veo el qué a Beirut. Nos vamos, venga, que nos vamos. Nos comemos un bocata más. Más hambre que el perro de un ciego. Vámonos a ver qué hay por ahí.
En el escenario ATP vemos a unos muchachos haciendo ruido. Nos vamos quedando y nos quedamos hasta que acaban. No sé quiénes son. Thee oh Shees. Pues muy bien. Tiran por la calle de enmedio, un poco en plan Black Lips, no sé. Me molan también. Oye, qué bien, tres de tres, pleno total. Nos quedamos a ver el concierto entero. Molan. Me los apunto. Nos pasamos los conciertos hablando de los grupos y de nosotros. Qué tontería. Que si tocamos, que si hacemos, que si podríamos, etc. Muy bien.
Está la G. con la Y. por aquí. He llamado a la S., pero ya no la veré. Su novio y ella seguro que están en la otra punta. Hacemos por ver a las dos colomenses. No las vemos en los XX, que los vimos hace dos años, creo y no estaban mal. Pero este año ni nos acercamos. No las vemos. Pues nos vamos. Esperamos cerca de los Franz Ferdinand. Ya está. Qué tal. Venga. Aguanto media canción justo debajo del escenario y me voy para casa, que son las dos y algo y hay que currar. Ya hace rato que no bebo nada, pero el daño ya está hecho.
Autobús nocturno. Chistes nuevos con caras viejas. Italianos criticando el diseño de los Seat, que se equivocan de autobús. No va para Plaza Catalunya, va para Santaco. Caras de disgusto. En el bus entablo conversa con el conductor y un chaval jevi. Hablamos del festival, de cómics, de Santaco. Bien.
Solo Dios sabe cómo agradezco pillar la cama. Hoy más. Avanti con la guaracha.
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