martes, 10 de julio de 2012

Involución

Yo les veía que hablaban entre ellos y que comentaban cosas que habían hecho cuando se habían reunido, cuándo fueron y cuando vinieron. Cuando presentaron aquel congreso sobre escritores de novela social, cuando montaron el concurso de literatura policíaca, los actos en los que homenajearon al poeta Ribadró... y aunque me sentaba con ellos, la verdad es que me sentía un poco fuera de lugar. Y todo tenía un porqué, una explicación. Aunque me constaba que ellos hacía tiempo que tampoco escribían nada reseñable, nada sustancioso, artículos en revistas que se editaban ellos mismos, panfletos sobre esto y aquello, colaboraciones con seudónimo en diarios de dudosa catadura y demás, yo estaba peor.
Me dí cuenta de que yo no hacía nada. Iba con ellos, me citaban para asistir a sus reuniones, pero no tenía nada que aportar. Menos que ellos aún. Hacía tiempo que había dejado de escribir, pero no era consciente de ello. De vez en cuando me plantaba ante el folio en blanco y escribía unas líneas, pero me interrumpía yo mismo para hacer cualquier otra cosa antes que lo que tenía en mente. Escribir se había convertido en una excusa, en algo que yo pensaba que hacía y que decía que hacía, pero que no dejaba de ser una fachada. Y aún así, en mi fuero interno, cuando estaba con aquella gente, sentado a su lado, escuchándoles, pensaba que yo era mejor que ellos. Que lo que hablaban y las cosas que se contaban carecían de interés. Que no me hacían gracia, que les tenía que soportar porque así estaba 'en el círculo', pero es que, la verdad ¿para qué?
Así las cosas, metido en un pequeño conflicto interior que era tan grave como para no dejar de seguir con el mismo rollo, decidí que iba a contar lo que me ocurría en un libro. No era una idea muy original, eso ya lo sabía, pero pensé que me serviría para contar de verdad una historia que me interesaba. Quería contar una historia de gente que escribía sin escribir, de intelectuales que no reflexionaban auténticamente sobre nada, de literatos como yo a los que les era imposible esforzarse en nada relacionado con la escritura. Quería plasmar una realidad que conocía, sin hacer sangre, solo retratando la inanidad, lo aburrido que era todo, lo inútil de nuestra pretensión.
Durante tres meses, todas las mañanas trabajaba cinco horas en una novela que salía sola. Sólo tenía que sentarme, recordar, hilar anécdotas, situaciones, ambientes, cosas que había visto, oído, sentido y vivido en mi propia carne. Yo mismo era un personaje de la historia, secundario, accesorio, no quería darme importancia. Siempre con nombres falsos, localizaciones inventadas, no quería hacer un documental, quería simplemente contar una historia. No quería hacer daño. A lo largo de esos meses, las cosas en el círculo seguían igual. Alguien presentó una colección de poemas de otro, uno hizo una conferencia en el Café sobre la muerte del ensayo, un espabilado quiso contar con unos calcetines en la mano a los que había cosido dos ojos la Iliada... y no le quedó del todo mal. Todo como siempre.
El libro se publicó una calurosa mañana de junio en la Galería Kremenstein. 'Involución', lo titulé. No sé porqué. No tengo un motivo claro. Lo presentó el dueño de la editorial que me hizo el favor de publicar el libro, el señor Tresmondi. Le llevé el original, se lo leyó y dijo que se había reído mucho. Y yo no quería hacer reír pero me dio igual. Quería que me lo publicaran y se acabó. A la presentación acudieron todos mis compañeros del círculo. Recibieron las invitaciones personalmente de mi mano y se sorprendieron porque no sabían que había estado escribiendo.
Un mes después el libro era un éxito. 'Involución', apareció reseñado en Le Pompe y el crítico Poulin de Frebe dijo que 'después de esto, quien se siente en un café y adopte una mirada melancólica, pontifique sobre la muerte de la educación, o se atreva a versificar deberá ser multado'.
Mis compañeros del círculo no se sintieron reflejados en el libro. Todos siguieron tratándome e incluso muchos de ellos se referían a mí con admiración. Yo lo había conseguido. Era un escritor de éxito y me preguntaban en qué estaba trabajando y si se podía saber.
Todos no me preguntaban. La señorita Wilkowski, me retiró la palabra para siempre. Precisamente, de todos ellos, la señorita Wilkowski era la que más me gustaba. Y fue ella la que me dio pie para mi siguiente trabajo.

lunes, 9 de julio de 2012

Carmina o revienta

¿Qué sería de la vida si no pudiéramos decir de vez en cuando un sonoro 'hijo de la gran puta' para quedarnos más a gusto que Dios? Este y otros asuntos son los que hacen de 'Carmina o revienta' una película con la que te tienes que reír. Dirigida por Paco León, el Luisma de la serie de Aida o el que hizo que nos descojonáramos con su imitación de Raquel Revuelta, lo que puede ser que atraiga a mucho público o haga que la vean con prevención otros. Un actor, de comedia, de televisión, haciendo una peli, uy.
La peli la protagoniza su madre, que no es actriz profesional, y su hermana María, que tiene un Goya. La peli es un deshueve de reír. Y si no lo he dicho por aquí, lo digo aunque suene repetido. Esa misma historia, esos mismos personajes, hablando con otro acento, en un castellano normal, no tiene ni la mitad de gracia, pero solo oír lo que sale por esas boquitas, con ese acento que es de Sevilla pero no es de sevillanito, si no que es Parque Alcosa y más allá, te ríes como un piojo.
Carmina es una mujer que tiene un bar. También tiene un marido que es un bufas. Es el bufas que ya no bebe, el bufas que es como el del chiste aquel de 'no me haga palmas, sargento, que me conozco'. Y tiene una hija. La película está rodada como estos documentales de los grupos de música en los que pasan las cosas y el protagonista luego las va contando a cámara. La hija, María, se presenta en un monólogo a la cámara que ríete tú de los 'El diario' del mundo. Cuando dice lo de 'yo de chica, los muchachos na más, y el cigarrito chu chu chu'. La madre que la parió. La han echado del curro y ha vuelto al bar con su madre. Los diálogos entre ellas supongo que estarán guionizados, pero qué cosa. Ese llamarle 'hijaputa', 'cabrona', a la hija como se lo llama Carmina, de cachondeíto, bien, con gracia. Qué bueno, qué risor.
Habrá escenas más graciosas que otras, otras que no tienen ninguna gracia, y  habrá quien quiera ver la película como una sucesión de gags, basados en qué graciosos son los andaluces cuándo hablan, pero a mí la película me ha gustado más que un tonto rascarse un sabañón. ¿Ven? Y es contagiosa, porque le hace a uno querer ser más gracioso de lo que es.
Nada, la película no tiene más historia que las que tiene que pasar Carmina para tirar adelante con el bar y con la vida. Con la hija que es un petardito todo el día hablando con la Susi (pronúnciese Susssi) y el marido embolingao y de charanguita todo el día. 'En las terapias', dice que está. Que si robos de jamones, que si problemas con el seguro, que si cosas de la salud... Hay un momento en el ambulatorio o donde sea, que una enfermera, después de enumerarse todo lo que se ha metido en el cuerpo la Carmina por equivocación, dice por lo bajini... 'está vacunada para ir a la India', en el que se salen. En fin. A uno que le hacen gracia estas cosas.
Supongo que a Carmina, la madre de Paco León, le darán más de un premio. O quizás ninguno. Y a la María. O nada. Y a Paco León, que no sale en la película, puede que también, pero da igual. Nada más que con el buen ratito que la peli te hace pasar, ya pagas la entrada. Que también dicen que la dan en su web y que está ya en DVD, pero qué leches, en el cine se ven las cosas de otra manera.
Y sales del cine con ganas de ir diciendo cada cinco minutos 'hija de la gran puta', sin qué ni porqué.

viernes, 6 de julio de 2012

Miscelánea

Vamos. Después de una semana llena de cremas y dificultades, por fin es viernes. Vamos. Arriba ahora. Vamos. Y lo vamos a celebrar yendo a ver a Iggy Pop. ¿Guay o no? Así, como el que no dice nada, sin darnos importancia. Con lo puesto. Sin alardes. En horario infantil, porque al parecer el muchacho toca a las nueve de la noche, que debe hacer todavía solete y todo. ¿Reproches a Iggy Pop? Por favor, ninguno. Menudo fiera. Sólo con que haga la mitad de lo que hizo la última vez que le vimos, en un Primavera hace... no sé, nos podemos dar con un canto en los dientes. Viene con los Stooges, no he mirado si tocarán el Raw Power o qué, pero aquí vamos a meter la cancioncita para que no se diga. Está grabada en un Fnac en Paris, que dirás, habrá vídeos mejores, pero y qué. ¿Qué pasa? Nos pondremos unos calcetinicos cortitos, nos beberemos unas cuantas birruquis y que le den viento al sistema, a la federación internacional, al organismo complementario y a la gobernanza. Ole ahí.
http://www.youtube.com/watch?v=h6Oyey4h_cc&feature=related

Y efectivamente, si hoy hacemos vendimia... mañana veremos a los Specials. Uno de los momentos estelares en la vida de quien escribe esto. De los que me faltan por ver, de los grandes, los Specials. Qué ganas. Qué ganas, qué ganas, qué ganas. Aunque no estoy en mi mejor momento, como se me haya puesto medio así la historia, me tienen delante gritando 'too much!! too much!!' y pidiendo a grito pelao que hagan un Enjoy yourself como dios manda. Mañana. Hoy bien, hoy de tranquis, pero mañana si que hay que ponerse las pilas. Specials. Aunque no venga el compositor de las canciones, pero bueno. Está el cantante mala sombra y el otro menda. Que bueno va a ser. Hace unos años, quizás el año pasado o el otro, vinieron al FIB y dieron el concierto por la radio. Fue buenísimo. Las clavaban todas. Oh, y como toquen la Sinfonía Skinhead... uy, uy, se me están yendo los pies ya. Nobody Else! Specials!!!!
http://www.youtube.com/watch?v=ZS11UGvX1aY

Uf. Qué subidón ya de buena mañana. Vamos a seguir con la onda musical de la buena con una de los White Stripes. Que tendría que aplicarme y escucharme el disco que sacó hace poco el Jack White, pues si. Pero es que, mira. No sé, me da miedo escucharlo y que no me guste y para qué quiero yo pasar malos ratos. No. Mejor nos quedamos con los clásicos. El otro día puse el White Blood Cells en casa mientras estaba haciendo nada y en plan, pongo la primera y... pues no pude quitarlo ya. Qué disco por el amor de dios, qué locurón, qué cosa. Tanto tiempo haciendo el chorra y descubres cosas nuevas que te gustaría saber hacer. Esto no tiene que ser difícil, pero seguro que cuesta un huevo. Esta es Aluminium, una instrumental, cortita, pero que es un desastrazo de canción de mucho cuidado.
http://www.youtube.com/watch?v=6x3NRrrXPBo

Venga, sigamos con la guaracha. Ya que hemos puesto una de los Specials, vamos a por un clásico de The Selecter, On the radio. Más gente trajeadita, con sus pantaloncicos arremangados para que se vean bien los calcetines blancos. Con esos zapatazos Martins. Yo tuve unos zapatos Martins. Zapatos zapatos, nada de aquellos zapatos que eran como las botas con la puntera de... nada. Zapaticos más chulos que todas las cosas... menos para mí, que no me gustaba llevar zapatos. Me los compré, me los ponía para las bodas y cosas así, y para de contar. Qué mala jugada. Fue comprarme los zapatos y meterme de lleno en los Pink Floyd y dejarme el pelo largo (en la medida de lo posible) y se acabaron los zapatos. Se quedaron arrinconados ahí en un rinconcillo y ya no me los volví a poner. Voy a preguntar a ver dónde pueden estar. Si mañana me pongo los zapatos ¿qué tal?
http://www.youtube.com/watch?v=VTGemShG6Q0

Oh! Tren, aléjame del campo, llévame de nuevo a la ciudad. Protégeme del sol, he intentado ser un amante de la naturaleza durante unas horas y mira cómo me he puesto. Oh, tren, devuélveme a casa. El Loaded de la Velvet Underground en un día de lluvia. El Fully Loaded, mejor dicho. He estado en el campo, bajo el sol, demasiado tiempo. Del segundo disco, el de las tomas raras, rescatamos este Train Round The Bend, que es una versión algo más larga que la versión que aparece en el disco normal. Esta canción, por ser de la Velvet, se la vamos a dedicar a nuestra Dama enmascarada, porque sí. Y no hay más que decir.
http://www.youtube.com/watch?v=0xJhBULogYg

Y nos vamos con una de Bryan Ferry que toca con los Roxy Music, porque esta canción en teoría sale en un disco en solitario de Ferry. En 'La Madeja' de Radio 3, ponen unos programazos de mucho cuidado. Enciclopedias de la música. Hicieron un especial sobre Bryan Ferry en solitario, y amigo, salen canciones muy chulas. Una de ellas es esta 'The in crowd', que casualmente aquí interpretan en el mismo sitio y con la misma gente que ese temascazo que alguna vez he puesto ya, el Out of the blue. Lo de siempre, gente que en teoría debes tener marcada como 'no recomendable' y que siempre te sorprende con cosas buenas. Ya pasa. Ese Ferry con bigotín...
http://www.youtube.com/watch?v=KJCy8zpFPTg

Pues nada. Que tengan un buen fin de semana y ya lo saben... Nobody Else!! Specials!!!

jueves, 5 de julio de 2012

Dijo la voz popular

Me voy a cambiar la habitación por que estoy ya cansada de verla. No sé los años que hace que la puse, y ya estoy harta, de verdad. No, al final no subieron el domingo. La niña, con el teléfono ese que se ha comprado, se ve que miró y le salió que el domingo no iba a hacer buen día y ya pensaron en no venir. Avisaron y me quedé con la mesa casi puesta. Menos mal que vinieron los consuegros, al menos, que pensaron en venir a ver a los nietos y a tomar el aperitivo, pero ya se quedaron a comer. Y yo le había comprado a la pequeña un bañador monísimo, y bueno, pues ya se lo daré cuando suban otro día. Porque es que entre semana, la Moni va tan liada que no podemos vernos, y la chica se queda casi toda la semana con los consuegros, que viven al lado. La dejan allí y ya está. Pues es que no me encuentro muy allá. No está haciendo calor este verano. Ha hecho un día solo de calor. Uno. Dos como mucho, aquellas dos noches que no se pudo dormir. Qué calor hizo. Un calor horroroso, pero para la fecha que estamos, no está haciendo nada de calor. Si por las noches me tengo que echar una sabanita o algo por encima porque de madrugada me despierto helada, de verdad. Así que me parece que me he constipado. O que cogí frío en la torre este fin de semana, no sé. Ya ves, este invierno no ha hecho frío y este verano no va a hacer calor. El tiempo está loco. No me bañé, no, si estuvo todo el domingo nublado y chispeando. Y mi marido que había comprado la carne y todo para asar y eso, pues nada. Se llevó un disgusto. Se había comprado unas tenazas nuevas y todo para coger la carne y estaba más contento. Pero bueno, nada. No, él no va a la playa. Se quema enseguida. Es muy blanquito de piel y se quema. Pero vamos, se pone rojo rojo rojo, y luego está toda la semana renegando. A él dale carne unas brasas y lo tienes todo el día dándole vueltas a la butifarra más contento que un pepe. Bueno, pues ella está bien, pero claro, ahora está un poco preocupadilla porque el marido se ha quedado en el paro y está un poco así. Porque claro, querían irse de vacaciones y ahora no sabe si van a poder irse o no. El marido dice que si, mi yerno, pero ella dice que no sabe, que le ve apagadillo y que no le ve con ganas, pero él que si y que si. Así que se irán igualmente. No sé, creo que se van una semana a Menorca y luego otra semana a un apartamento en la playa, en Cádiz. A Menorca se van solos, y a Cádiz con una pareja de amigos, que van también con los críos y eso. Pero claro, si les hace estos días, no sé qué playa van a tener. Ay, si, me estuvo enseñando mi consuegra las fotos que le habían sacado a la chica con la camiseta de España en el partido. Qué graciosa está. Ahora está ya hablando con la media lengua y está para comérsela. 'Bela, bela', me llama. A la otra la llama yaya. Y yo soy la bela. De verdad, está preciosa. Querían ir a por otro, pero no sé ahora con el yerno en el paro si se van a lanzar. Pero yo les digo que no se preocupen y que tiren que nosotros estamos para eso y que ya pasará. Pero que no saben. Ahora cuando salga de aquí si me da tiempo voy a pasarme por el Mercadona y voy a comprar algo de fruta y unos helados para la chica por si vienen este sábado a la torre, porque mi marido no ha comprado nada, seguro.

miércoles, 4 de julio de 2012

Karpov

¿Todas estas partidas las he jugado yo? ¿Y yo he movido eso? ¿Eso lo he puesto yo ahí? Aquí dice que si, que son partidas históricas mías, que esta posición reproduce un momento de la partida contra aquel y esta contra el otro, pero es que no me acuerdo. Voy a volver a ponerme al principio de la mesa, porque no me aclaro. Si yo hago siempre más o menos lo mismo. Salgo, espero, espero, espero, voy enredando, me fijo más en lo que tengo atrás que delante, sin hacer otra cosa que esperar a ver qué pasa, esperando a ver qué hace el otro, cómo viene la cosa y actuar, pero sin desviarme del camino. Y he de decir que casi siempre me ha salido bien. Vamos, no he llegado a donde estoy haciendo otra cosa. Pero ahora, viendo estas partidas... no sé. Yo creo que me acuerdo de casi todo lo que he hecho. Se supone que una de las claves del éxito del ajedrecista estriba en conocer muchas partidas, variantes, excepciones, momentos, planificarlo todo, y dejar un poco, en mi caso, un poco nada más de espacio para la improvisación. Y estoy viendo que o bien, estos de la organización son unos cabrones y han querido seleccionar las partidas en las que más tonterías he hecho, o bien, es que hago más tonterías que las que me reconozco. No sé. Qué pinta ese peón ahí, qué hacen esas torres una en Kazán y la otra en Riazán, dónde va esa reina de excursión, qué pelotas estaba yo pensando cuando he cambiado ese caballo por dos peones... No sé. Deben ser partidas de cuando yo era muy joven. ¿No? Igual cuando era joven y no tenía todavía el estilo formado. Yo que sé. Pero esas locuras, esas estridencias, es que las veo y no me reconozco. A ver la fecha de esta... esta no es de hace tanto. Y esta tampoco. Estoy flipando. Adios, mira esta. El rey de paseo. Pero de paseo. ¿Y esto de cuándo pone que es? ¡No puede ser! Esto tiene que estar equivocado porque yo jamás, jamás nunca he jugado en este sitio que pone y aquí dice que si. Y ese rey de paseo, buscando setas en el centro del tablero, vamos, prefiero antes que se me pase el tiempo a hacer eso. ¿Yo sacando el rey? Pero eso dónde se ha visto. Ahora mismo llamo al encargado de esto y le digo que de qué vamos. ¿Yo sacando el rey a pasear?

martes, 3 de julio de 2012

Impresiones desde Lieja

En su apasionante libro de viajes 'Impresiones desde Lieja', el inglés más británico del Reino Unido, Tofol Pettigrew nos sobrecoge con un nimio detalle que observó en una calle de la ciudad belga en la que vivió durante 35 años.
'Lieja es una ciudad que tiene sus cosas. A lo largo de este libro hemos visto como sus gentes, si en un primer momento parecen hoscas, a lo largo de los años se mantienen en este nivel. Así como en otros  lugares, siempre se alega que lo que es en un principio visible en la superficie, cuando se rasca se torna, aquí no. Lo que es, es. No hay más. Gente intratable, de poco conversar, de ningún cariño, y nula empatía hacia los demás. Me encanta. No hace mucho encontré una calle cortada al tráfico por parte de una cadena de policías. Sorpréndase, amable lector, si le digo que aquel no había llovido, sino que siguió recogiendo el agua que venía cayendo desde hacía tres. Las calles estaban resbaladizas, chorreantes, las aceras húmedas, la pavimentación adoquinizada era una tortura para los tobillos sensibles como los míos.
Allí, cerca de una plaza cuyo nombre nunca conseguí memorizar, una barrera humana de policías cortaba el tráfico y no dejaba que transeúnte, coche, bicicleta o ser vivo cualquiera atravesase su dispositivo. Seis hombres y un superior. El superior vigilaba que no hubiese ningún problema por un lado, mientras los otros seis lo hacían por el otro. Ante esa desproporción de fuerzas, alburé que quizás en el otro extremo de la calle hubiese algún tipo de manifestación vindicando algo que se le debiera a una parte descontenta de la población. Así que, sin gran cosa a la que dedicarme ese día como otros, decidí plantarme delante del superior y esperar a ver qué podía estar pasando.
Naturalmente, el superior no me prestó mayor atención, y allí pude estar so pena de estar calándome con la humedad reinante y cogiendo un poco de frío porque, lamentablemente, había salido con poca ropa. En la calle estábamos ellos y yo, porque nadie más se había puesto a curiosear. Simplemente veían la calle cortada y pasaban a otra cosa. Yo no. Necesitaba fijarme en ese apunte extraño, en ese toque pintoresco, quizás de ahí podría extraer alguna conclusión que me ayudase a catalogar a los liejenses como una población singular y merecedora de un reconocimiento mayor por parte de las demás poblaciones que, a juicio de las personas liberales y civilizadas de mi tierra de origen, saben que todo lugar merece consideración mayor que el pueblo del vecino.
Pasada una media hora, allí nada ocurría. Lo mismo que la media hora siguiente. Me entró hambre y en un puesto de salchichas pedí una idem y me la comí delante del superior. Mi vista no me llevaría a ganar un concurso en la feria del ganado si en éste se valorase la vista, pero puedo decir que al otro lado de la calle, nada ocurría. Y nada ocurrió. Sonaban las campanas que daban las siete de la tarde y empezaba a ser noche cerrada, cuando el dispositivo se desarmó. Rompieron filas, mientras el superior se dirigía a mí y me pedía la filiación. 'Soy súbdito británico, caballero', le respondí en un perfectísimo inglés, que es el único idioma con el que me relaciono de una manera franca y sincera. El superior escupió en el suelo, me pegó un empujón y en un flamenco que poco a poco, después de tantos años, iba entendiendo logré entender que me decía 'hay que ser gilipollas'. El grupo de siete policías avanzó hasta el final de la calle, dobló la esquina y ahí terminó la escena.
Conclusión: el trabajo del viajero observador está sujeto a todo tipo de peligros y de vez en cuando hay que jugarse el tipo, pero merece la pena no dejar de aprender nunca.'
¿Bien o no? Pues el resto del libro, por el estilo.

lunes, 2 de julio de 2012

Eduardo Mendoza. Riña de gatos.

José Antonio Primo de Rivera como si fuera un galán de cine. Te vas de farra con José Antonio Primo de Rivera. Te vas de juerga con José Antonio Primo de Rivera. José Antonio Primo de Rivera hablando de literatura, mujeres, la vida, mientras se baja una botella de whisky contigo. José Antonio Primo de Rivera te rescata a bordo de su Chevrolet en medio de un tiroteo. José Antonio Primo de Rivera, un gentleman que vive entre dos pasiones.
Riña de Gatos es el libro con el que Eduardo Mendoza gana el premio Planeta en 2010, pero yo me lo leí la semana pasada. Soy muy fan de Eduardo Mendoza. Menos los últimos libros, los del viaje de Horacio Dos y algún otro, creo que me leído buena parte de su obra. En este libro se reconocen muchos de los puntos que hacen de Mendoza un crack. ¿Es bueno? ¿Es malo? Es un libro entretenido, muy entretenido, en el que al final... pues nada.
El libro nos cuenta la llegada de un inglés un tanto bobete, como algunos de los protagonistas de los libros de Mendoza, que viene a España en marzo del 36 a tasar un cuadro. Se verá inmerso en una trama de tres pares de narices, porque al parecer el cuadro que va a tasar y el dinero que se consiga, servirán para financiar a la Falange, que quiere montarla parda. El inglés, que tiene por costumbre no meterse en política, sabe mucho de Velázquez, pero parece que sabe poco de la España actual (del 36), ya que cada dos por tres le tienen que ir contando cómo está la película aquí, quiénes son los de la Falange, estos, los otros, y los de más allá.
El cuadro que va a tasar es propiedad de una familia de rancio abolengo. Tienen cuatro hijos, pero solo salen tres a escena. La hija mayor, Paquita, está enamorada de José Antonio Primo de Rivera. La pequeña, Lilí, se enamora del inglés. El joven Guillermo es falangista. El inglés se enamora de Paquita, claro. Una chica dispuesta, liberada o así lo parece, racial. Pero que quiere a otro.
Aunque parece una misión secreta, todo el mundo sabe qué hace el inglés en Madrid. La Dirección General de Seguridad, con el teniente coronel Marranón, lo sabe, la Embajada inglesa, lo sabe. Hasta los comunistas lo saben. Un agente comunista, llamado Higinio Zamora Zamorano pretende que el inglés se lleve a Inglaterra a la hija de una compañera que ha tenido que dedicarse 'al oficio', la Toñina. No sé porqué pero esta Toñina me recuerda a otros personajes de Mendoza. Todo ello en un clima de tensión, porque sabemos que hay tensión, y de normalidad. Con la gente yendo a las cafeterías, comiendo churros, esto y lo otro.
El libro va avanzando en la trama y al final nada. Van apareciendo personajes históricos, como Azaña, Ramiro Ledesma, Sánchez Mazas, Queipo de Llano, Mola y... Franco. Glups. Ya sabemos como termina todo, al final nada. Eduardo Mendoza medio insinúa que José Antonio Primo de Rivera ya sabía que los militares se la iban a jugar, que sólo le quedaba la desesperada, que ni él se creía lo que decía, que se había aburrido del personaje, pero que no le quedaba otra que seguir con la broma hasta el final. José Antonio.
Sabiendo, como sabemos, la de tropelías, infamias y sufrimientos que se infligieron a la población 'no afecta', en nombre de José Antonio, se nos saltan un poco los puntos con este tratamiento tan 'normal' de su figura. Y como siempre, Mendoza lo cuenta todo con ese sentido del humor que hace parecer chusco y grotesco lo más triste, pues tampoco sabemos si lo que nos dice, lo dice o nos toma el pelo. Quién sabe. Hasta el inglés aventura que podría tratarse de un agente soviético. Nada menos.
El inglés viene y se va no como ha venido, pero sí con una historia que contarle a sus nietos y sus nietos. Ya sabe algo más de ese país tan extraño, tan salvaje y tan encantador al mismo tiempo, España, que en unos días se meterá en una guerra que no dejará piedra sobre piedra. Bueno, dejará algunas piedras, pero para qué.