Cuánto ruido. Cuánto bullicio. Cuánta gente caminando con tanta prisa y tantas cosas tan importantes por hacer. No se paren, continúen, sigan, por favor, no lo dejen para mañana, háganlo ya, ahora mismo. Cuántas luces, cuánto apetito, cuánto por ganar. Dígame, claro, es verdad, si, naturalmente, se lo envío ya. Es así como tiene que ser, si quiere se lo preparo ahora mismo. Lo tendrá mañana. Vamos por aquí, no te apoyes en esa barandilla, quédate donde te vea. No, no me de esa, deme esa otra. Este me queda un poco estrecho, pero ya lo arreglará mi madre. Dónde me ha dicho que queda ese bonito restaurante, rápido, que tenemos que llegar para comer. El taxista nos ha estafado porque podría haberse ido por aquí y se ha ido por otro sitio. Me gustaría comentarle un par de cosas, pero ahora no tengo tiempo porque he quedado casi en la otra punta y si eso, ya mañana podemos concretar algo más. Qué follón, pero me han dicho que este sitio está muy bien, no sé, pero lo he leído. Cuánta gente, pero está bien. Está bien, pero es que no puedo ir porque tengo que quedarme en casa, no pasa nada, no, pero prefiero quedarme en casa. No por nada, es que no puedo ir. Tengo mucha prisa y no me he podido parar a mirarlo. ¿Qué era? ¿Tenemos que ir? ¿No nos podemos quedar un rato más aquí sin hacer nada? ¿Hay que hacerlo ahora? Cuánta gente, qué velocidad, ha quedado el segundo pero a sólo dos décimas del primero. Quizás en la siguiente ronda pueda alcanzar al primero. Esperemos que sí, todos estamos apoyándole. Lo importante son los puntos. Lo importante es jugar bien. Queremos ir arriba y tener la pelota. Posesión, es mío, lo estoy pagando y me lo llevo. Es que tengo para pagar eso y más. Tengo el dinero. Dinero. El dinero me lo debes y me lo vas a pagar. El reloj. El dinero. El reloj. Tengo que llegar allí antes de las menos cuarto o el cliente se me va a enfadar. Si no le mando eso esta misma mañana, verás. El camino es duro, pero tiene recompensa. Seamos prácticos y hagamos lo que tenemos que hacer. Tenemos que pagar una letra antes del día 4. Si no la pagamos nos tenemos que ir del piso. El alquiler viene y no tengo el dinero. Viene el alquiler y no tengo el dinero. Tengo que pagar. Tiene que haber dinero en alguna parte. El dinero. El reloj. Tengo que llegar. Tengo que pagar. Me lo tengo que comprar y no puedo. Tiene que haber alguna manera.... PEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEENNNNNNNNNNNNNNNNNNNG
Y suena una nota. Y el Pandit rasca un poquito el sitar y suena una nota, que parece al azar. Y la raga va avanzando, primero de forma aparentemente deslavazada. Como si no. Como si estuvieran probando algo. Puede estar él solo o puede haber otro más tocando. Igual no tocan los dos el sitar, y el otro toca la vina, por ejemplo. Y al cabo de los minutos van fundiéndose. Y la cosa coge cuerpo. Y ya no estás allí.
El Pandit Ravi Shankar ha muerto a la edad de 92 años.
Urlstan te ama.
miércoles, 12 de diciembre de 2012
martes, 11 de diciembre de 2012
La Saskia
Me habían dicho que si, que fuera, que venga, que tú sabes, que no pasaría nada, y al final fui. Con otro colega, fuimos al XIII Congreso de la Federación Católica de Contratantes, que se celebraba en un muy completo resort de las Islas Canarias y mientras esperábamos a que diesen lugar las reuniones y conferencias nos dimos cuenta de que en el mismo recinto tenía lugar el IV Congreso de la Unión Española de Pintores Acrílicos. Me acordé entonces de mi amigo Diego Gerardo y asomé la cabeza a ver si lo encontraba por allí. Y efectivamente, allí estaba. Era nada menos que el Subsecretario de la Federación Castellano Manchega de Pintores Acrílicos Reunidos. Nos vimos, nos abrazamos, nos hizo ilusión vernos y quedamos en contarnos las vidas después de que terminaran los respectivos líos.
Quedamos en un bar del hotel, de ambientación puramente mexicana, con rancheras todo el rato de fondo y camareros vestidos con sombreros iguales a los que llevan los italianos en Barcelona. Diego Gerardo me contó un poco su vida. No nos veíamos desde que se fue hacía diez años al pueblo de sus padres, Hellín, y había montado un negociete que le había ido de narices. Era un potentado. Ahí estaba. Gordo, cabezón, con la coronilla pelada, con unas gafitas finitas y una pinta de taruguillo con dinero que inspiraba total confianza. Le pregunté por su parienta, la Saskia, y me dijo que bien, que la veía poco por que se habían separado.
Vaya.
Que tenían un hijo, el Alexis, pero que se lo había llevado ella y que la veía poco.
Vaya.
Que estaba bien, que una vez al mes quedaban y eso. Que él ahora estaba muy bien, que se había vuelto a juntar con una muchacha del pueblo, que se llamaba Pili y que era muy maja y estaba muy a gusto. Que era la secretaria de la empresa y que cuando empezaron a ir mal las cosas con la Saskia ella se portó muy bien y que 'mira, nació el amor'.
Vaya.
Pues qué bien, le dije. Me alegro de que lo hayas llevado tan bien.
Pero era mentira. No me alegraba. La Saskia. Menuda elementa. Me tenía loco la Saskia cuando íbamos al instituto. Yo entonces era un pintas. Me daba todo igual, vivía al límite, estaba siempre en la calle con los chavales, tenía una motillo que me había ganado vendiendo cosejas que encontraba por ahí y me gustaba la Saskia más que el veneno. Era más mala que el demonio. Era una morena pintillas que si la mirabas no tenía mucho pero que en cuanto llegaba a un sitio dejaba a los tíos patas arriba. Su secreto no lo entendí nunca. Decía las cosas de mala ostia, siempre tenía cara de aburrida, de asqueada, de que todos le parecíamos una puta mierda, de que ella estaba por encima, de ser mayor, de que tenía un novio que había estado en el talego, la Saskia nos ponía a todos como motos. Queríamos que nos mirara mal, que nos hiciera daño.
Un día, a la puerta del Insti, le dije que me molaba. Me miró, se rió, me levantó la mano y me dijo 'no te pego dos guayas porque me das peña, niñato'. Luego me amenazó con que iba a venir su novio y me iba a calentar. Me daba igual.
No sé porqué ni porqué no, la Saskia se salió del Insti y empezó a currar en un super. Ahí siguió hasta que se fue con el Diego Gerardo. Se habían conocido al parecer en el Skay y como el Diego manejaba pues dejó de ser el puto gordo cabezón para el puto gordo cabezón con pasta. Que mal me caía el Diego de los huevos. Se ve que la Saskia se agobiaba en el pueblo y se hartó y se fue. Diego Gerardo me dijo que la echaba de menos, pero que era mala, que por mucho que él hiciera siempre tenía aquella cara de asco a todo. De agobiazo.
No me resistí a preguntarle que a dónde había ido la Saskia. Me dijo que se había vuelto a casa con el Alexis, que vivía con su hermana, la Saray.
Pero mira, lo que son las cosas. En el Congreso conocí a Maria Antonia, que era la delegada murciana de la Federación y nos caímos bien y.... que me dio miedo la Saskia, la verdad.
Quedamos en un bar del hotel, de ambientación puramente mexicana, con rancheras todo el rato de fondo y camareros vestidos con sombreros iguales a los que llevan los italianos en Barcelona. Diego Gerardo me contó un poco su vida. No nos veíamos desde que se fue hacía diez años al pueblo de sus padres, Hellín, y había montado un negociete que le había ido de narices. Era un potentado. Ahí estaba. Gordo, cabezón, con la coronilla pelada, con unas gafitas finitas y una pinta de taruguillo con dinero que inspiraba total confianza. Le pregunté por su parienta, la Saskia, y me dijo que bien, que la veía poco por que se habían separado.
Vaya.
Que tenían un hijo, el Alexis, pero que se lo había llevado ella y que la veía poco.
Vaya.
Que estaba bien, que una vez al mes quedaban y eso. Que él ahora estaba muy bien, que se había vuelto a juntar con una muchacha del pueblo, que se llamaba Pili y que era muy maja y estaba muy a gusto. Que era la secretaria de la empresa y que cuando empezaron a ir mal las cosas con la Saskia ella se portó muy bien y que 'mira, nació el amor'.
Vaya.
Pues qué bien, le dije. Me alegro de que lo hayas llevado tan bien.
Pero era mentira. No me alegraba. La Saskia. Menuda elementa. Me tenía loco la Saskia cuando íbamos al instituto. Yo entonces era un pintas. Me daba todo igual, vivía al límite, estaba siempre en la calle con los chavales, tenía una motillo que me había ganado vendiendo cosejas que encontraba por ahí y me gustaba la Saskia más que el veneno. Era más mala que el demonio. Era una morena pintillas que si la mirabas no tenía mucho pero que en cuanto llegaba a un sitio dejaba a los tíos patas arriba. Su secreto no lo entendí nunca. Decía las cosas de mala ostia, siempre tenía cara de aburrida, de asqueada, de que todos le parecíamos una puta mierda, de que ella estaba por encima, de ser mayor, de que tenía un novio que había estado en el talego, la Saskia nos ponía a todos como motos. Queríamos que nos mirara mal, que nos hiciera daño.
Un día, a la puerta del Insti, le dije que me molaba. Me miró, se rió, me levantó la mano y me dijo 'no te pego dos guayas porque me das peña, niñato'. Luego me amenazó con que iba a venir su novio y me iba a calentar. Me daba igual.
No sé porqué ni porqué no, la Saskia se salió del Insti y empezó a currar en un super. Ahí siguió hasta que se fue con el Diego Gerardo. Se habían conocido al parecer en el Skay y como el Diego manejaba pues dejó de ser el puto gordo cabezón para el puto gordo cabezón con pasta. Que mal me caía el Diego de los huevos. Se ve que la Saskia se agobiaba en el pueblo y se hartó y se fue. Diego Gerardo me dijo que la echaba de menos, pero que era mala, que por mucho que él hiciera siempre tenía aquella cara de asco a todo. De agobiazo.
No me resistí a preguntarle que a dónde había ido la Saskia. Me dijo que se había vuelto a casa con el Alexis, que vivía con su hermana, la Saray.
Pero mira, lo que son las cosas. En el Congreso conocí a Maria Antonia, que era la delegada murciana de la Federación y nos caímos bien y.... que me dio miedo la Saskia, la verdad.
lunes, 10 de diciembre de 2012
Amor mediterráneo
Nos pasa lo mismo de siempre, que nos liamos y no sabemos cuándo tenemos que decir basta. Quedamos en donde siempre, a la misma hora, nos preparamos cada uno en nuestra casa. Como siempre mi madre me dice que ya estamos con lo mismo, que si no tengo edad, que si podría ya buscarme a una muchacha y hacer una vida normal como la de mi hermano, que si qué vergüenza, que menos mal que solo se nos ocurren estas cosas una vez al año, que no me haga daño. Y yo hago como que no la oigo, pero la oigo, porque se me encoge el estómago de verla ahí, mala, porque está mala, y preocupándose por su hijo pero oigan ustedes, que lo primero es antes y hay que hacer lo que se tiene que hacer. Y ya está. Bien vestido y con la bandurria de medio lado, me voy al bar donde están los demás. Nos vemos de año en año pero las cosas funcionan como la seda. Ni telefonitos de mierda ni ostias, todos los sabemos. Primer domingo de diciembre, a las siete de la tarde. En el bar. A algunos los veo el resto del año, con alguno incluso trabajo en el Ayuntamiento, pero a otros no los veo de continuo desde yo que sé cuándo. Bueno. Al lío.
Es entrar en el bar y empezar con los abrazotes, los cachetes, los pellizcos en la mejilla. 'Qué pasa, tío, qué cabezón se te está poniendo Remiro, qué papada que pareces un buey, Hinojosa, la madre que te parió Gutiérrez si te estás quedando más pelón que mi abuela...'. Qué cosas. Todos los años lo mismo. Nos tomamos unas cuantas cañas y en cuanto nos pedimos el primer bocata de lomo, nos lanzamos a por los cubatazos. El bar es el de siempre, el dueño no ha cambiado, sigue siendo el Señor Tomás, pero ya no está la Lucinda, que era su hija, que era más fea que la revolución rusa y que se largó del bar a trabajar en una oficina porque se creía muy lista e hizo administrativo con lo fea que era. Pero tenía dos tetas y muy buenas tetas, eso sí, y oye, a veces, se echa de menos algo donde dirigir la vista. En su lugar el Señor Tomás había contratado a un camarero que no sé si era moro o de donde. Le dijimos al Señor Tomás que si el camarero podía hacer bocatas de lomo y nos dijo que no hiciéramos bromas. Pues lomo todos, y que cortase jamón, y que le diese un bocado al salchichón a ver si estaba bueno. Qué risas. Qué cara ponía el moro. Que se joda.
Pues al lío. Ya calentitos, a las doce de la noche o así, nos colocamos en formación y avanzamos por la calle. Torcemos por dos o tres sitios y finalmente llegamos al portal. Nos han colocado unos containers de esos justos en el sitio que cogíamos nosotros para... los quitamos. Todavía estamos fuertes. Los dejamos en mitad de la calle y al final con todo dispuesto nos ponemos.
'Dos ardenias para tí, con ellas quiero decir... te quiero, te adoro, mi vidaaaaaaaaa'.
'relón no marques las hordas, porque voy anloqueceeeeeeer'.
'Si adelita se fuera con otro, la seguiría por tierra y por maaaar, si por mar en un duque de guerra si por tierra en un tren militaaaaaar'.
'Lo dudo, lo dudo, lo dudoooooo, que halles otro amor más purooooo'.
'Granadaaaaaaaa, tierra soñada por miiiiiiiiiiiiiiiiiiiiii'.
Y como siempre es cantar... 'Morenaaaaaa, la de los ojos de fuegooooo, la reina de las mujeereeeeeees', y se asoma.
Y ya debe tener sus cerca de cincuenta años, pero sigue siendo la más guapa. Y su marido, como todos los años, se asoma también y con la pistola reglamentaria, nos dispara a uno de nosotros al azar. Y este año no me ha tocado a mí, como el año pasado, le ha tocado a Remiro, en el brazo. Hace tres años también le tocó a él. Le tiene tirria el cabrón del picoleto. Pero nos da igual. Lo aceptamos. Ni denuncia ni ostias. A aguantarse y a joderse, que la chula más guapa de toda la facultad de derecho se quedó con el picoleto. Y los demás, a esperar nuestra oportunidad que para eso estamos donde estamos. Ya curaremos a Remiro como podamos y hasta el año que viene.
Es entrar en el bar y empezar con los abrazotes, los cachetes, los pellizcos en la mejilla. 'Qué pasa, tío, qué cabezón se te está poniendo Remiro, qué papada que pareces un buey, Hinojosa, la madre que te parió Gutiérrez si te estás quedando más pelón que mi abuela...'. Qué cosas. Todos los años lo mismo. Nos tomamos unas cuantas cañas y en cuanto nos pedimos el primer bocata de lomo, nos lanzamos a por los cubatazos. El bar es el de siempre, el dueño no ha cambiado, sigue siendo el Señor Tomás, pero ya no está la Lucinda, que era su hija, que era más fea que la revolución rusa y que se largó del bar a trabajar en una oficina porque se creía muy lista e hizo administrativo con lo fea que era. Pero tenía dos tetas y muy buenas tetas, eso sí, y oye, a veces, se echa de menos algo donde dirigir la vista. En su lugar el Señor Tomás había contratado a un camarero que no sé si era moro o de donde. Le dijimos al Señor Tomás que si el camarero podía hacer bocatas de lomo y nos dijo que no hiciéramos bromas. Pues lomo todos, y que cortase jamón, y que le diese un bocado al salchichón a ver si estaba bueno. Qué risas. Qué cara ponía el moro. Que se joda.
Pues al lío. Ya calentitos, a las doce de la noche o así, nos colocamos en formación y avanzamos por la calle. Torcemos por dos o tres sitios y finalmente llegamos al portal. Nos han colocado unos containers de esos justos en el sitio que cogíamos nosotros para... los quitamos. Todavía estamos fuertes. Los dejamos en mitad de la calle y al final con todo dispuesto nos ponemos.
'Dos ardenias para tí, con ellas quiero decir... te quiero, te adoro, mi vidaaaaaaaaa'.
'relón no marques las hordas, porque voy anloqueceeeeeeer'.
'Si adelita se fuera con otro, la seguiría por tierra y por maaaar, si por mar en un duque de guerra si por tierra en un tren militaaaaaar'.
'Lo dudo, lo dudo, lo dudoooooo, que halles otro amor más purooooo'.
'Granadaaaaaaaa, tierra soñada por miiiiiiiiiiiiiiiiiiiiii'.
Y como siempre es cantar... 'Morenaaaaaa, la de los ojos de fuegooooo, la reina de las mujeereeeeeees', y se asoma.
Y ya debe tener sus cerca de cincuenta años, pero sigue siendo la más guapa. Y su marido, como todos los años, se asoma también y con la pistola reglamentaria, nos dispara a uno de nosotros al azar. Y este año no me ha tocado a mí, como el año pasado, le ha tocado a Remiro, en el brazo. Hace tres años también le tocó a él. Le tiene tirria el cabrón del picoleto. Pero nos da igual. Lo aceptamos. Ni denuncia ni ostias. A aguantarse y a joderse, que la chula más guapa de toda la facultad de derecho se quedó con el picoleto. Y los demás, a esperar nuestra oportunidad que para eso estamos donde estamos. Ya curaremos a Remiro como podamos y hasta el año que viene.
viernes, 7 de diciembre de 2012
Miscelánea Comaneci
Vamos a coger el primer tren mañana y nos vamos a pirar. Vamos! Esta miscelánea de hoy va dedicada a la compañera Nadia, nuestra Nadia Comaneci, que está teniendo unos días chungos, pero chungos de verdad, y habrá que levantarle el ánimo. Hoy no. Hoy es inútil, pero de aquí en adelante, hay que estar ahí. Vamos. Nos vamos a pillar un tren y nos vamos a ir todos. Lo mejor. La compañera Nadia Comaneci es de Big Youth. Es una fan de la música jamaicana porque si, sin necesidad de hacer alardes, música jamaicana. Big Youth y su tema estelar, Train to Rodhesia. Nos vamos a ir todos y vamos a armarla. Vamos. A movernos. Claro que si. Vamos Nadia.
http://www.youtube.com/watch?v=J_3F9yKas6w
Pregunten por alguien que siempre ha tenido una palabra amable, que siempre tiene una cosa buena que decir, que no sólo se dedica a ser buena persona, como dicen en mi pueblo 'se entretiene' en ser una buena persona profesional. Porque si. Porque habrá quien lo diga y no lo haga, pero nuestra Nadia lo hace. Que no hay más que verlo. Que no hay más que ver cómo la gente la para por la calle, porque todo el mundo la conoce, y no la conocen los más guays, los más molones, los más importantes, la conoce quien la tiene que conocer. A nuestra Nadia le mola mucho el Fidel Nadal, y por eso vamos a poner ahora mismito una canción de Fidel Nadal que seguro que le gustará. Hoy no. Hoy no le gustará nada, pero le ha de gustar. Porque todo sigue. Adelante, Nadia. Emocionado.
http://www.youtube.com/watch?v=gePuOWPy588
Se trata de que todos seamos más o menos, lo mejor persona que se pueda. Expresado así suena un poco como el mismo culo. Pero bueno, la intención es lo que cuenta. Pa, pa pa pa papaaaaaaaaaa. Pa pa pa pa papaaaaaaaaaa. Hemos nacido para hacer el indio y nunca seremos estrellas de la opera. Aquí tenemos un cancionazo de Neil Young interpretado en directo con los inefables Crazy Horse. Nunca serás una estrella de la ópera. Una canción que escuchada así en directo, no está mal, aunque casi que me quedo con la versión en disco. Eso si, siempre es alucinante ver al ínclito, al inigualable Neil Young dándole con todo. No hemos nacido para ser estrellas de la ópera, hemos nacido para rocanrolear. Opera Star.
http://www.youtube.com/watch?v=od_Im8vaKBQ
Nuestra Nadia está enamorada del Josele. Si, de Josele Santiago, el de Los enemigos. Qué le vamos a hacer. Que a uno no le guste mucho el Josele en solitario, no quita para que haya sido precisamente viendo a Los Enemigos una de las primeras veces que nos vimos con la amiga Nadia. Aquí les tenemos en la gira de despedida, que no me extrañaría que fuera por entonces y en el mismo sitio, cuando la vimos desfallecer, cantando nada menos que Señora, un clásico de Joan Manuel Serrat. Nuestros Neil Young and Crazy Horse particulares. Al final, se va a terminar el año y estos no van a venir a Barcelona a tocar. En fin. Nosotros estamos esperándoles.
http://www.youtube.com/watch?v=x9sYaCUpELE
En la vida hay muchas cosas que empiezan y otras que terminan. Lo único que sabemos es que estamos nosotros. Hola, soy un autor de libros de autoayuda que sale en anuncios de campañas publicitarias de bancos, o de recolectas de fondos para obras benéficas. Si hay solidaridad, si hay valores, si hay ética en los comportamientos de la persona con respecto a lo que somos en tanto en cuanto, pues como te iba diciendo, que eso. Que bien, que ánimo, que vamos a mirar hacia delante con un cierto entusiasmo y tal. Que si quieres puedes, vamos. Que no esperes a que otro lo haga por tí, piensa más bien en qué puedes hacer tú por tí mismo. Y eso. Una bonita canción de King Crimson del disco Red que yo no conocía pero me huelo que me va a gustar bastante. Uno va descubriendo incluso a esta edad. Red.
http://www.youtube.com/watch?v=KpJaJt3NWsM
Y bueno. Finalmente vamos a ver hoy a Los Planetas. Se viene todo el mundo. Estoy muy contento porque incluso se viene la I. Pero faltará la Nadia. La Nadia no puede venir y es una pena, porque estos conciertos sin la Nadia, valen poco. Pero bueno, habrá que hacer el alarde aunque sea simplemente a su salud. La Nadia no puede quedarse ahí, tendrá que seguir hacia delante, comandante. Así que eso. Escucharemos hoy Corrientes Circulares en el tiempo, por ejemplo, y luego que sea lo que dios quiera.
http://www.youtube.com/watch?v=eGx0XY3ZgTY
Y nada. Que ya nos vamos viendo. Que si eso, pues eso. Buen finde.
http://www.youtube.com/watch?v=J_3F9yKas6w
Pregunten por alguien que siempre ha tenido una palabra amable, que siempre tiene una cosa buena que decir, que no sólo se dedica a ser buena persona, como dicen en mi pueblo 'se entretiene' en ser una buena persona profesional. Porque si. Porque habrá quien lo diga y no lo haga, pero nuestra Nadia lo hace. Que no hay más que verlo. Que no hay más que ver cómo la gente la para por la calle, porque todo el mundo la conoce, y no la conocen los más guays, los más molones, los más importantes, la conoce quien la tiene que conocer. A nuestra Nadia le mola mucho el Fidel Nadal, y por eso vamos a poner ahora mismito una canción de Fidel Nadal que seguro que le gustará. Hoy no. Hoy no le gustará nada, pero le ha de gustar. Porque todo sigue. Adelante, Nadia. Emocionado.
http://www.youtube.com/watch?v=gePuOWPy588
Se trata de que todos seamos más o menos, lo mejor persona que se pueda. Expresado así suena un poco como el mismo culo. Pero bueno, la intención es lo que cuenta. Pa, pa pa pa papaaaaaaaaaa. Pa pa pa pa papaaaaaaaaaa. Hemos nacido para hacer el indio y nunca seremos estrellas de la opera. Aquí tenemos un cancionazo de Neil Young interpretado en directo con los inefables Crazy Horse. Nunca serás una estrella de la ópera. Una canción que escuchada así en directo, no está mal, aunque casi que me quedo con la versión en disco. Eso si, siempre es alucinante ver al ínclito, al inigualable Neil Young dándole con todo. No hemos nacido para ser estrellas de la ópera, hemos nacido para rocanrolear. Opera Star.
http://www.youtube.com/watch?v=od_Im8vaKBQ
Nuestra Nadia está enamorada del Josele. Si, de Josele Santiago, el de Los enemigos. Qué le vamos a hacer. Que a uno no le guste mucho el Josele en solitario, no quita para que haya sido precisamente viendo a Los Enemigos una de las primeras veces que nos vimos con la amiga Nadia. Aquí les tenemos en la gira de despedida, que no me extrañaría que fuera por entonces y en el mismo sitio, cuando la vimos desfallecer, cantando nada menos que Señora, un clásico de Joan Manuel Serrat. Nuestros Neil Young and Crazy Horse particulares. Al final, se va a terminar el año y estos no van a venir a Barcelona a tocar. En fin. Nosotros estamos esperándoles.
http://www.youtube.com/watch?v=x9sYaCUpELE
En la vida hay muchas cosas que empiezan y otras que terminan. Lo único que sabemos es que estamos nosotros. Hola, soy un autor de libros de autoayuda que sale en anuncios de campañas publicitarias de bancos, o de recolectas de fondos para obras benéficas. Si hay solidaridad, si hay valores, si hay ética en los comportamientos de la persona con respecto a lo que somos en tanto en cuanto, pues como te iba diciendo, que eso. Que bien, que ánimo, que vamos a mirar hacia delante con un cierto entusiasmo y tal. Que si quieres puedes, vamos. Que no esperes a que otro lo haga por tí, piensa más bien en qué puedes hacer tú por tí mismo. Y eso. Una bonita canción de King Crimson del disco Red que yo no conocía pero me huelo que me va a gustar bastante. Uno va descubriendo incluso a esta edad. Red.
http://www.youtube.com/watch?v=KpJaJt3NWsM
Y bueno. Finalmente vamos a ver hoy a Los Planetas. Se viene todo el mundo. Estoy muy contento porque incluso se viene la I. Pero faltará la Nadia. La Nadia no puede venir y es una pena, porque estos conciertos sin la Nadia, valen poco. Pero bueno, habrá que hacer el alarde aunque sea simplemente a su salud. La Nadia no puede quedarse ahí, tendrá que seguir hacia delante, comandante. Así que eso. Escucharemos hoy Corrientes Circulares en el tiempo, por ejemplo, y luego que sea lo que dios quiera.
http://www.youtube.com/watch?v=eGx0XY3ZgTY
Y nada. Que ya nos vamos viendo. Que si eso, pues eso. Buen finde.
miércoles, 5 de diciembre de 2012
Diálogo
- Hola.
- Hola, buenos días. ¿Qué tal?
- Bueno. Aquí. Hoy aquí y mañana allí.
- Anda. Antes decías 'hoy aquí y mañana también aquí', ¿qué pasa?
- Bueno. Lo que tiene que pasar. Oye, una cosa, antes de empezar con otras cosas, el otro día, hace ya unos cuantos días, vi una peli tuya en la que también iba la cosa de agua. Qué tema tan recurrente, el agua, venga agua. Iba de un piso que estaba como maldito, y llovía y caía agua y tenían goteras y había fantasmas. Era una película que ni fu ni fa, pero que al salir tú, pues... mira, la vi entera. Qué mal rollo de final.
- Ya, esa peli se llama... no me acuerdo, pero si. Agua también. Vaya rachita que llevas de agua.
- Si. Entre el grifo, el otro grifo, las películas y la ostia... si, mucha agua.
- Bueno. Son rachas.
- Rachas. Aguas. Oye una cosa ¿tú ves el futuro?
- Pues no. La verdad. Claro que no. En las pelis algún papel un poco raro he hecho, pero así en la vida real, ver el futuro, pues no. ¿Por qué? ¿Te inquieta?
- Me acojona. La verdad es que me supera. El futuro. Lo que tiene que venir. Tengo la impresión de que va a ser peor.
- No, hombre. Seguro que es mejor.
- No sé. Ayer, hablando por teléfono con Matilda, le dije que dentro de los diferentes 'lopeores' que hay, este era un 'lopeor', pero que lo que vendrá a partir de ahora seguro que es 'lopeor'. Osea, que de una cosa que era mala, pasaremos a otra peor. O igual, con lo que será peor. No sé si me explico.
- Meridianamente, aunque claro, yo estoy en tu cabezón y veo por dónde van las líneas de la argumentación. Voy a ver si encuentro algo que ponerme en los hombros, que así a lo pelón hace un frío serio.
- Si. Jennifer Connelly. Guapa entre las guapas. De las más guapas. Salías ya en la peli del Laberinto, aquella en la que también salía David Bowie. Eras una cría entonces y yo era un crío entonces, y decía uno... jopo, qué muchacha tan guapísima. No sé si habías salido en alguna película antes. Creo que en Érase una vez en América. Me parece. Si. El caso es que luego dejaste de salir o no te seguí yo mucho en las películas, pero has ido saliendo y tal y aunque la verdad es que las películas que hacen suelen ser un poco trufas, es verte y zas. Mira, me gusta.
- Bueno, pues nada. Ya si eso, me voy mirando mejor los guiones o algo.
- Miento. Mira, en una peli si que estás bien. Bueno, no tú, la película está bien. La de La muerte y la doncella. Ostia no. Perdona.
- No, no salgo ahí. Te has confundido porque salía también Ben Kingsley. Yo salgo en una con Ben Kingsley, que él hace de iraní o así y me quita la casa.
- Si, si, es cierto. Me he confundido.
- Ya pasa.
- Que por cierto, el otro día vi Gandhi y, amiga, vaya peliculón.
- Pues si. ¿Y bueno, cuenta, qué tal entonces? ¿Lo ves tan mal o qué?
- Hombre, lo veo mal. La verdad. Así como todo el mundo me dice que no, que es para mejor, que venga, que si, que tú esto y lo otro, pero yo lo veo fatal. Fatal de verdad. Pero bueno, al menos por el momento, habrá que desconectar y serenar los ánimos y hacer por poner buena cara para que los demás no lo pasen peor. Es una liberación por una parte, pero por otra... da miedo.
- Ya. Pero bueno, yo que sé. Algo saldrá, ¿no?
- Yo que sé. Está fatal la cosa, la verdad.
- ¿Y de las otras cosas qué?
- Lo demás va todo muy bien. La verdad es que eso ayuda mucho, que vaya bien. Si no, si que el drama hubiera sido mayúsculo.
- En fin. ¿Haces puente al menos?
- Hombre, qué menos. Seguro que si. Igual es puente indefinido, pero si. El viernes me voy a ver a Los Planetas. Mira, una forma de celebrar el fin de ciclo. Por la cara, ojo.
- ¿Has vuelto a hacer la pirula?
- Bueno, ahora más pirula que nunca. Porque es como una especie de pirula póstuma.
- Joder. Oye, ni con esto puesto se me va el frío, ¿tenéis puesta la estufa?
- Si, pero no calienta nada.
- Bueno, pues siendo así, me voy a ir largando.
- Pues nada. Ya nos iremos viendo.
- A ver si eso.
- Venga.
- Hola, buenos días. ¿Qué tal?
- Bueno. Aquí. Hoy aquí y mañana allí.
- Anda. Antes decías 'hoy aquí y mañana también aquí', ¿qué pasa?
- Bueno. Lo que tiene que pasar. Oye, una cosa, antes de empezar con otras cosas, el otro día, hace ya unos cuantos días, vi una peli tuya en la que también iba la cosa de agua. Qué tema tan recurrente, el agua, venga agua. Iba de un piso que estaba como maldito, y llovía y caía agua y tenían goteras y había fantasmas. Era una película que ni fu ni fa, pero que al salir tú, pues... mira, la vi entera. Qué mal rollo de final.
- Ya, esa peli se llama... no me acuerdo, pero si. Agua también. Vaya rachita que llevas de agua.
- Si. Entre el grifo, el otro grifo, las películas y la ostia... si, mucha agua.
- Bueno. Son rachas.
- Rachas. Aguas. Oye una cosa ¿tú ves el futuro?
- Pues no. La verdad. Claro que no. En las pelis algún papel un poco raro he hecho, pero así en la vida real, ver el futuro, pues no. ¿Por qué? ¿Te inquieta?
- Me acojona. La verdad es que me supera. El futuro. Lo que tiene que venir. Tengo la impresión de que va a ser peor.
- No, hombre. Seguro que es mejor.
- No sé. Ayer, hablando por teléfono con Matilda, le dije que dentro de los diferentes 'lopeores' que hay, este era un 'lopeor', pero que lo que vendrá a partir de ahora seguro que es 'lopeor'. Osea, que de una cosa que era mala, pasaremos a otra peor. O igual, con lo que será peor. No sé si me explico.
- Meridianamente, aunque claro, yo estoy en tu cabezón y veo por dónde van las líneas de la argumentación. Voy a ver si encuentro algo que ponerme en los hombros, que así a lo pelón hace un frío serio.
- Si. Jennifer Connelly. Guapa entre las guapas. De las más guapas. Salías ya en la peli del Laberinto, aquella en la que también salía David Bowie. Eras una cría entonces y yo era un crío entonces, y decía uno... jopo, qué muchacha tan guapísima. No sé si habías salido en alguna película antes. Creo que en Érase una vez en América. Me parece. Si. El caso es que luego dejaste de salir o no te seguí yo mucho en las películas, pero has ido saliendo y tal y aunque la verdad es que las películas que hacen suelen ser un poco trufas, es verte y zas. Mira, me gusta.
- Bueno, pues nada. Ya si eso, me voy mirando mejor los guiones o algo.
- Miento. Mira, en una peli si que estás bien. Bueno, no tú, la película está bien. La de La muerte y la doncella. Ostia no. Perdona.
- No, no salgo ahí. Te has confundido porque salía también Ben Kingsley. Yo salgo en una con Ben Kingsley, que él hace de iraní o así y me quita la casa.
- Si, si, es cierto. Me he confundido.
- Ya pasa.
- Que por cierto, el otro día vi Gandhi y, amiga, vaya peliculón.
- Pues si. ¿Y bueno, cuenta, qué tal entonces? ¿Lo ves tan mal o qué?
- Hombre, lo veo mal. La verdad. Así como todo el mundo me dice que no, que es para mejor, que venga, que si, que tú esto y lo otro, pero yo lo veo fatal. Fatal de verdad. Pero bueno, al menos por el momento, habrá que desconectar y serenar los ánimos y hacer por poner buena cara para que los demás no lo pasen peor. Es una liberación por una parte, pero por otra... da miedo.
- Ya. Pero bueno, yo que sé. Algo saldrá, ¿no?
- Yo que sé. Está fatal la cosa, la verdad.
- ¿Y de las otras cosas qué?
- Lo demás va todo muy bien. La verdad es que eso ayuda mucho, que vaya bien. Si no, si que el drama hubiera sido mayúsculo.
- En fin. ¿Haces puente al menos?
- Hombre, qué menos. Seguro que si. Igual es puente indefinido, pero si. El viernes me voy a ver a Los Planetas. Mira, una forma de celebrar el fin de ciclo. Por la cara, ojo.
- ¿Has vuelto a hacer la pirula?
- Bueno, ahora más pirula que nunca. Porque es como una especie de pirula póstuma.
- Joder. Oye, ni con esto puesto se me va el frío, ¿tenéis puesta la estufa?
- Si, pero no calienta nada.
- Bueno, pues siendo así, me voy a ir largando.
- Pues nada. Ya nos iremos viendo.
- A ver si eso.
- Venga.
martes, 4 de diciembre de 2012
Caminando con Jesús
Caminando con Jesús la otra mañana le pregunté que qué tal. Y me contestó que de aquella manera. Y yo le dije que porqué. Y me contestó que no estaba bien. Le pregunté que si había pasado algo y me dijo que sí. Le pregunté que si quería hablar del tema. Me contestó que no sabía, que le daba un poco de cosa. Le dije que qué cosa le podía dar, si era Jesús, que nada malo podía haber hecho y que no entendía cómo alguien como él podía tener algo que ocultar. Pero me miró un poco de aquella manera y entendí que sí, que realmente algo había pasado. Me pidió que no se lo contara a nadie y yo le dije que siendo él Jesús, por mucho que yo lo callara, su padre se estaría enterando en ese mismo momento. Me dijo que, si, que ya lo sabía, pero que su padre tenía que... bueno. Que me empezó a contar.
'Estaba yo un día sentado en una piedra, cerca de la casa de mi padre, de mi padre José, cuando se me acercaron dos personas con un atuendo especial. En torno a sus hombros llevaban una suerte de chaleco adornado con unas bandas que parecían de plata. Ambos portaban largas túnicas como la que puedo llevar yo, pero encima se vestían con esos chalecos. En un momento, uno de ellos, cuando se encontraban a tan sólo dos metros de donde yo estaba meditando y cavilando sobre mi desdichado y a la vez glorioso porvenir, chasqueó los dedos y se hizo de noche. Alarmado, vi como los chalecos brillaban como si hubiesen tornado su material hacia otra cosa. No supe entender lo que era hasta que, omnisciente como mi otro padre, supe que aquello era un chaleco reflectante. El individuo, que todavía no sabía yo cómo se llamaba, pero que enseguida averigüé que su nombre era José Carlos Adamuz Reguera, natural de Cocentaina pero residente en El Prat del Llobregat, casado con Montserrat Fernández Fernánez y con dos hijas llamadas Alba y Marta, y que no sé cómo ni porqué había ido a parar a mi tiempo y a mi lugar, y se presentaba ante mí con un fuerte olor a anís saliendo de su espectro facial, chasqueó de nuevo los dedos y se hizo de día, con lo que el chaleco reflectante dejó de brillar. El tal José Carlos me miró y se rió. El otro individuo, al que no me tomé la molestia de tomar filiación alguna, se acercó a mí de la misma manera y chasqueó a su vez los dedos. Lo mismo, se hizo de noche inmediatamente y sus chalecos brillantes volvieron a hacer su efecto. Por allí no pasaba nadie a aquellas horas. Era por la tarde y todo el mundo estaba recogido en su casa. Pudieras pensar que estaba anocheciendo y que a ello se debía el numerito, pero no, no era tan tarde para eso. Ellos, con un chasquido de dedos provocaron en varias ocasiones que se hiciera de noche y que volviera a ser de día. Cuando se cansaron se saludaron chocándose las palmas de las manos sonoramente, se rieron sonoramente, y se marcharon caminando también sonoramente.
Fue entonces cuando un sentimiento desconocido se apoderó de mí. Me habían estado vacilando. ¿Tú sabes lo que es vacilar? ¿Que te vacilen? Pues eso. Así que me levanté y les llamé. 'Esperad un momento, que os voy a dar mi bendición, hermanos', les dije. Y me levanté y bueno... Ellos irán al cielo y yo, pues que el cielo me juzgue'.
Como ya habíamos llegado al sitio al que íba, le dije a Jesús que bueno, que esas cosas pasan y que tampoco tenía que preocuparse, que por una... y me dijo Jesús que si pero que 'se empieza con una y parar...'.
'Estaba yo un día sentado en una piedra, cerca de la casa de mi padre, de mi padre José, cuando se me acercaron dos personas con un atuendo especial. En torno a sus hombros llevaban una suerte de chaleco adornado con unas bandas que parecían de plata. Ambos portaban largas túnicas como la que puedo llevar yo, pero encima se vestían con esos chalecos. En un momento, uno de ellos, cuando se encontraban a tan sólo dos metros de donde yo estaba meditando y cavilando sobre mi desdichado y a la vez glorioso porvenir, chasqueó los dedos y se hizo de noche. Alarmado, vi como los chalecos brillaban como si hubiesen tornado su material hacia otra cosa. No supe entender lo que era hasta que, omnisciente como mi otro padre, supe que aquello era un chaleco reflectante. El individuo, que todavía no sabía yo cómo se llamaba, pero que enseguida averigüé que su nombre era José Carlos Adamuz Reguera, natural de Cocentaina pero residente en El Prat del Llobregat, casado con Montserrat Fernández Fernánez y con dos hijas llamadas Alba y Marta, y que no sé cómo ni porqué había ido a parar a mi tiempo y a mi lugar, y se presentaba ante mí con un fuerte olor a anís saliendo de su espectro facial, chasqueó de nuevo los dedos y se hizo de día, con lo que el chaleco reflectante dejó de brillar. El tal José Carlos me miró y se rió. El otro individuo, al que no me tomé la molestia de tomar filiación alguna, se acercó a mí de la misma manera y chasqueó a su vez los dedos. Lo mismo, se hizo de noche inmediatamente y sus chalecos brillantes volvieron a hacer su efecto. Por allí no pasaba nadie a aquellas horas. Era por la tarde y todo el mundo estaba recogido en su casa. Pudieras pensar que estaba anocheciendo y que a ello se debía el numerito, pero no, no era tan tarde para eso. Ellos, con un chasquido de dedos provocaron en varias ocasiones que se hiciera de noche y que volviera a ser de día. Cuando se cansaron se saludaron chocándose las palmas de las manos sonoramente, se rieron sonoramente, y se marcharon caminando también sonoramente.
Fue entonces cuando un sentimiento desconocido se apoderó de mí. Me habían estado vacilando. ¿Tú sabes lo que es vacilar? ¿Que te vacilen? Pues eso. Así que me levanté y les llamé. 'Esperad un momento, que os voy a dar mi bendición, hermanos', les dije. Y me levanté y bueno... Ellos irán al cielo y yo, pues que el cielo me juzgue'.
Como ya habíamos llegado al sitio al que íba, le dije a Jesús que bueno, que esas cosas pasan y que tampoco tenía que preocuparse, que por una... y me dijo Jesús que si pero que 'se empieza con una y parar...'.
lunes, 3 de diciembre de 2012
La vida de Pi - Ang Lee
No sé si para preparar el cuerpo o qué, pero el otro día en la tele pusieron 'La tormenta perfecta', del George Clooney. Una pechá de agua que para qué. Pues en 'La vida de Pi', hay agua para dar y tomar. Pero bueno, empecemos desde el principio. Mis visitas al cine están muy restringidas últimamente, pero ayer ya no me pude aguantar y propuse una visita dominguera. En 'Días de cine' había visto algo sobre la película, que si era muy espiritual, que si los efectos especiales tan currados... la verdad es que no era la primera elección, pero luego uno piensa... y por qué no. Se propone ya en la cola y para dentro.
Ang Lee es el director. Yo he visto muchas películas de Ang Lee. Tigre y Dragón, por ejemplo, que fui a verla con mi madre al cine. Brokeback Mountain, que la vi en la filmoteca, y ya no sé si he visto más. Me parece que no. En Días de cine comentaban que la película era un compendio de diferentes espiritualidades, y uno se quedaba con la idea de que a ver qué espiritualidad iba a ver en una peli basada en un chaval en una barca con un tigre.
Piscine Molitor Patel es un chaval que vive en la India. Una India bien, ojo, su padre es dueño de un zoo y su madre es bióloga o así. Viven en Pondicherry, una India bien. La Costa Azul de la India, le llaman. La historia de porqué se llama Piscine Molitor y otras cosas que aparecen en la peli tienen su gracia, bueno, humor blanco, cosas bonitas que te van preparando y masajeando para que todo entre mejor. La historia de Piscine Molitor, que acabará llamándose Pi, se la cuenta el propio Pi a un escritor anglo que quiere una buena historia para su libro. Y en vez e inventarla, la fusila, claro. Además, la historia de Pi, lo que le cuenta Pi, va a servirle para descubrir a Dios. Porque Pi, desde pequeño, se interesa por las religiones. La hindú primero, la cristiana católica luego, y la musulmana después. Cuando es más mayorcito se enamora de una muchacha muy guapa. Cuando está tontuso perdido, su padre decide desmontar el zoo y largarse con los animales a Canadá. Toda la familia con él claro.
Van en barco, tormentón, naufragio, y empieza otra película.
El barco naufraga, y en un bote, casualmente se quedan una cebra que de un salto se ha roto casi entera, el tigre Richard Parker, una hiena y un orangután. La hiena acaba atacando a la cebra, al orangután y es el tigre el que acaba con la hiena finalmente. Se quedan solos en el bote el tigre y el chaval. Aprender a convivir con un tigre en alta mar, aislados, saber cómo alimentarse, cómo sobrevivir en definitiva, de eso va la película. O no.
Porque claro, habíamos quedado que la película iba sobre demostrar que Dios existe. Ojo. Yo no creo en Dios, pero entiendo que la gente crea en Dios. Es algo normal. Se puede entender. Y esta historia lo explica. Es mejor la historia que queremos inventar y que nos ayuda a digerir la realidad de una forma más... digerible. Perdón por mi falta de vocabulario. Es de eso de lo que trata la película, a mi modo de ver, de cómo explicamos la realidad, de qué es Dios, y qué puede ser Dios para cada persona.
La película está muy bien hecha, todo el tema de los animales, los efectos, el tigre lo bien hecho que está, lo bonito que sale todo, el agua, los peces, etc., es muy bonito, de verdad. Quizás todo demasiado bonito y demasiado bien y todo acaba tan requetebien que bueno... Ahora, se hace un pelín larga. No mucho, ojo, pero que con menos tigre el mensaje ya quedaba claro.
Vamos, que en una época de penuria y de serias, muy serias restricciones, si hay que ir al cine un domingo, pues por no pelearse y acabar la película medianamente, pues oye, se deja ver. Ahora, que yo voy a seguir siendo ateo igual, gracias a Visnú.
Ang Lee es el director. Yo he visto muchas películas de Ang Lee. Tigre y Dragón, por ejemplo, que fui a verla con mi madre al cine. Brokeback Mountain, que la vi en la filmoteca, y ya no sé si he visto más. Me parece que no. En Días de cine comentaban que la película era un compendio de diferentes espiritualidades, y uno se quedaba con la idea de que a ver qué espiritualidad iba a ver en una peli basada en un chaval en una barca con un tigre.
Piscine Molitor Patel es un chaval que vive en la India. Una India bien, ojo, su padre es dueño de un zoo y su madre es bióloga o así. Viven en Pondicherry, una India bien. La Costa Azul de la India, le llaman. La historia de porqué se llama Piscine Molitor y otras cosas que aparecen en la peli tienen su gracia, bueno, humor blanco, cosas bonitas que te van preparando y masajeando para que todo entre mejor. La historia de Piscine Molitor, que acabará llamándose Pi, se la cuenta el propio Pi a un escritor anglo que quiere una buena historia para su libro. Y en vez e inventarla, la fusila, claro. Además, la historia de Pi, lo que le cuenta Pi, va a servirle para descubrir a Dios. Porque Pi, desde pequeño, se interesa por las religiones. La hindú primero, la cristiana católica luego, y la musulmana después. Cuando es más mayorcito se enamora de una muchacha muy guapa. Cuando está tontuso perdido, su padre decide desmontar el zoo y largarse con los animales a Canadá. Toda la familia con él claro.
Van en barco, tormentón, naufragio, y empieza otra película.
El barco naufraga, y en un bote, casualmente se quedan una cebra que de un salto se ha roto casi entera, el tigre Richard Parker, una hiena y un orangután. La hiena acaba atacando a la cebra, al orangután y es el tigre el que acaba con la hiena finalmente. Se quedan solos en el bote el tigre y el chaval. Aprender a convivir con un tigre en alta mar, aislados, saber cómo alimentarse, cómo sobrevivir en definitiva, de eso va la película. O no.
Porque claro, habíamos quedado que la película iba sobre demostrar que Dios existe. Ojo. Yo no creo en Dios, pero entiendo que la gente crea en Dios. Es algo normal. Se puede entender. Y esta historia lo explica. Es mejor la historia que queremos inventar y que nos ayuda a digerir la realidad de una forma más... digerible. Perdón por mi falta de vocabulario. Es de eso de lo que trata la película, a mi modo de ver, de cómo explicamos la realidad, de qué es Dios, y qué puede ser Dios para cada persona.
La película está muy bien hecha, todo el tema de los animales, los efectos, el tigre lo bien hecho que está, lo bonito que sale todo, el agua, los peces, etc., es muy bonito, de verdad. Quizás todo demasiado bonito y demasiado bien y todo acaba tan requetebien que bueno... Ahora, se hace un pelín larga. No mucho, ojo, pero que con menos tigre el mensaje ya quedaba claro.
Vamos, que en una época de penuria y de serias, muy serias restricciones, si hay que ir al cine un domingo, pues por no pelearse y acabar la película medianamente, pues oye, se deja ver. Ahora, que yo voy a seguir siendo ateo igual, gracias a Visnú.
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