Por contarlo de una forma resumida. Mi mujer Fátima y yo, salimos del poblacho con una mano atrás y otra delante y nos fuimos para Alemania para buscarnos la vida. Encontré trabajo en una fábrica de la Siemens y allí se colocó también Fátima en un departamento de control de calidad en el que estuvo trabajando hasta que falleció quince años después de. Ahora soy ya mayor y me hago un lío con los años y con las fechas, pero pongamos que Fátima se murió a los pocos meses de ganar la República Federal el Mundial del 74. Más o menos. El caso es que me dejó a mí con el pequeño Turgut, que tendría entonces dos años. Yo no quería que el niño se llamase Turgut, quería que se llamase Klaus, o bien Hakan. Hakan me gustaba mucho, porque conocía a un compañero que era sueco que se llamaba Hakan y me extrañaba que un sueco se llamase Hakan. No quería que Turgut tuviese un nombre tan nuestro... no sé. Pero Fátima me montaba unos pollos de mil demonios con este tema y quería que el niño se llamase como mi padre. Por narices. Bueno.
Lo que ahora contaré quizás suene a extraño, pero sucedió pocos meses después de que Fátima muriese. Ella estaba enamorada de nuestro coche. Nos lo habíamos comprado hacía dos años. Era un coche que era un barco. Anchísimo. Era un Opel, pero Fátima siempre le llamó Mercedes. No había manera de hacerla entender que el Opel era un Opel y que el Mercedes era otro coche, otra marca. Para ella, todos los coches eran Mercedes. Le gustaba montarse, subirse al asiento del piloto, sacarse fotos, interesarse por temas mecánicos. Pero no quiso aprender nunca a conducir. Decía que si se enteraban en el pueblo que conducía...
Cuando murió, como digo, nos quedamos hechos polvo. Destrozados. ¿Dónde iba yo con el pequeño Turgut? Los amigos, los compañeros, el resto de turcos, los españoles, los italianos, nos ayudábamos los unos a los otros y entre todos nos hicimos cargo de Turgut. Unas veces se quedaba con uno, con otro, con aquel, con este... y Turgut no extrañaba a nadie. Pero llegó un día en el que Gelmírez, un gallego que trabajaba también en el control de calidad en el que estaba Fátima, se casó. Con una chica alemana, Heike, que también trabajaba en la Siemens. Todos éramos de la Siemens. El día de la boda, fuimos todos a la iglesia, aunque yo no era cristiano, a la ceremonia, esperando a que llegase la novia junto a Gelmírez. Allí estaba la novia, se la veía venir, a bordo de un Mercedes blanco, precioso, enorme, reluciente. Turgut miraba con los ojos como platos. Cuando esperábamos que Heike saliera del coche, fue el chófer el que salió para abrirle la puerta. Y el chófer era Fátima. Lo juro. Era Fátima. Con bigote, pero Fátima. Era ella. Avanzó hacia la puerta y abrió la puerta. Yo estaba asombrado, me temblaban las piernas. No podía ser. Era un hombre, con bigote, pero era Fátima.
En un momento, el chófer levantó la mirada, miró a Turgut y con una cara de absoluta felicidad, le guiñó un ojo al chavalín y a mí me tiró un beso que me heló la sangre. 'Mercedes, siempre Mercedes', susurró cuando pasaba a nuestro lado ayudando a subir las escaleras a Heike.
jueves, 10 de octubre de 2013
miércoles, 9 de octubre de 2013
Viva la gente
Es el mejor, mira, es el mejor. Es el número uno y es un máquina. Es el mejor. Tenemos un país que solo produce mejores. Los mejores. Los números uno. Unos máquina y unos fenónemos. Un pabellón lleno de gente coreando el nombre de un ladrón. Un pabellón entero que estaría dispuesto a coger a Bambi y destrozarlo a dentelladas si el ladrón hiciera un simple gesto. Un pabellón entero chillando y gritando a favor de un personaje infecto. Un personaje que terminó unos días en la cárcel pero que seguía siendo besado y admirado, reídas sus gracias, comentados sus chistes, perdonadas sus agresiones. Otro reportaje, otro señor, también con muchos huevos y muchos cojones de sobra para todos y cada uno de nosotros, que arregla platos de ducha, te da cien euros para que te pagues el no se qué, da trabajo cuando se lo pides y nunca tiene una mala palabra cuando vas a pedirle ir a ver a tu hija que está enferma en Albacete. Y te lo da. Por que tiene dos cojones para eso y para mucho más. Cojones. Eres el mejor. Es el mejor, porque tiene dos cojones para hacer lo que le da la gana. Y la gente se despide de la cámara con el puño en alto, diciendo 'eres el mejor'. Tengo un tatuaje en el antebrazo que me dice 'nadie puede decidir por mí', que significa que 'nadie puede decidir por mí'. Porque soy libre y mi libertad es lo primero. Mi libertad y la de quien a mí me salga de los cojones. Que quede muy claro siempre que hay que ir con los cojones por delante. Guapa, que eres muy guapa. Guapa. Las turbas acuden al juzgado para ver a la folclórica y animarla. O insultarla. Pero también acuden para animarla, que quede claro. Guapa. Guapa. Guapa. Y volverá a cantar un día y habrá legiones que la llamarán guapa otra vez. Y a nadie le importará si cobró, si lo hizo, si lo vio, si no lo vio, si esto o lo otro. Guapa y guapa y marinero de luces y se me enamora el alma y aquí paz y después gloria. Gloria, faltas en el aire. El futbolista que apenas sabe de nada, pero que puede ir al juzgado a declarar por que alguien o algo, un ente, lo que fuere, se pasó de frenada con los recortes y no pagó a Hacienda y llega un poco cohibido a los juzgados y cuando se baja del coche se encuentra con que la gente le aplaude. Máquina, fenómeno, número 1. Ha defraudado a hacienda, no ha pagado sus impuestos, pero es el número 1. Tira a puerta sin mirar a la portería. Marca goles como el que no hace nada. No sabe hacer nada más. Sólo sabe marcar goles. Se lesiona y encima tenemos que escuchar que el posible detonante de la lesión ha sido la tensión por haber tenido que ir a declarar. No tenemos corazón. O pectorales. Una portada del diario deportivo As dice que el Madrid, mi madrid, debe 451 millones de euros a Hacienda. Pero en los informativos no sale nada. ¿Por qué ha salido en el As? En los informativos llevamos dos días viendo los pectorales de Cristiano Ronaldo. Es el mejor, es un máquina, es un número uno. Un fenómeno que representa todo lo que querríamos ser. Guapo de reconstrucción, listo porque lo digo yo, y tiene unos pectorales que están dando la vuelta al mundo. No sabe de nada más, no le importa nada más. Su club nos debe dinero, como todos los clubes, nos deben dinero. Y nos hacemos fotos con ellos. Te lo digo yo, que me hago fotos con uno de los míos en cuanto puedo. Número uno. Máquina. Eres el mejor, el mejor de verdad. Eras mi ídolo cuando yo era pequeño. Eres un máquina. Tienes menos cuello que Fernando Alonso, pero es porque no eres piloto. Un mundo de números uno. De números uno que no tienen por qué explicarme a mí lo que tengo que saber ya por mí mismo. Un ministro que un día, el día que tenga tiempo y se lo permitan sus obligaciones nos explicará qué es lo que no sabemos y él si sabe. Un ministro que sabe más que nadie. Un día les explicaré que los sueldos no están bajando, que estamos mejor que nunca, que vamos para delante, que somos los mejores, que somos un país de números uno. Macho.
martes, 8 de octubre de 2013
Vendieron mi alma al diablo
Ya hacía tiempo que no nos llegaba un relato como éste. No sabemos si es porque no hemos estado muy pendientes, si es porque el nivel ha bajado... a saber. En fin, de un autor llamado Bozidar Tereskovic, nos ha llegado un pequeño texto titulado 'Mi alma vendida', que nos ha parecido interesante. A ver si volvemos a ponernos a tono que se nos está yendo de las manos todo esto.
'Yo entonces estaba y no estaba. Como todo aquel que se enamora locamente, locamente se comporta. La pasión con la que abrazaba, besaba, amaba a la bella Sabenka, me tenía totalmente fuera de mí. Nos veíamos continuamente, no podía dejar de pensar en ella, estaba absolutamente loco por ella. Desde que nos conocimos, nos arrastró un torrente de vicio y sensualidad enfermiza que nos tenía fuera absolutamente de la realidad. Y yo me dejé ir. Ante la posibilidad, meramente imaginada, de que la bella Sabenka pudiese un día dejarme, olvidarme, abandonarme, tras una noche de sudor y besos, de pasión y locura, le entregué mi alma. Se la dí sin pedir nada a cambio. Simplemente le dije 'Sabenka, me tienes, me posees, pero quiero que te quedes con mi alma para siempre, que hagas con ella lo que quieras, porque si un día tú no estás, yo no querré estar tampoco, no me servirá para nada'. Y con mi alma se quedó.
Al principio no noté ningún cambio demasiado evidente. Yo seguía loco por Sabenka y ella seguía estando por mí. Nuestro amor parecía no tener nunca bastante. Pero, ay, llegó un día en el que Sabenka se enfrentó a un suceso con el que no contábamos. Llegó una carta desde Sibenik para comunicarle que su padre, su querido padre estaba muy triste y a punto de fallecer porque su hermano, su querido hermano de Sabenka, el pequeño Svetozar, estaba muy enfermo. Sabenka se oscureció. Su bello rostro se ensombreció. No sabía cómo podía ayudar a su familia. Y entonces se le ocurrió. Sin consultarme, decidió vender mi alma al diablo. Ya la tenía, ya era suya, podía hacer con ella lo que quisiera. Y así lo hizo.
Un día, una noche, después de haber estado juntos y haberme notado yo raro, extraño, me comunicó que mi alma ahora pertenecía al demonio, a Satán, que se la había vendido para que su hermanito Svetozar se curase y la alegría volviera a su hogar de Sibenik. 'Bueno...', balbuceé... si era su voluntad. Creo que fue ese consentimiento lo que desencadenó todo lo que llegó después. Sabenka, falleció a las dos semanas atropellada por un automóvil. El golpe vino precedido de catorce días de malestar, enfermedad, nervios y ausencia de noticias de Sabenka. Cuando me enteré de su muerte, caí en barrena. Lo perdí todo. Mis amigos me abandonaron, mi jefe me despidió, el casero me echó del piso. Vivía en la calle, borracho de vino barato, sucio, deshauciado, sin voluntad para hacer nada. Todo me importaba una higa, todo me daba lo mismo, y nadie quería hacer nadie por mí.
Y entonces sucedió algo. Al parecer, algo sucedió en el Cielo o en el Infierno, por lo que Satán tuvo que aligerar peso. Hizo un negocio con cierto Arcángel, que venía comisionado por el mismo Dios nuestro Señor, y en ese paquete de intercambio, mi alma pasó a quedar en venta. Acuciado por vaya usted a saber qué deudas y qué caprichos del Demonio, éste le entregó mi alma a una familia de la provincia española de Ciudad Real, en concreto en Membrilla. Un matrimonio sin hijos que había ayudado al demonio Satán en un asunto de tierras y de instalaciones de cableado, recibió como pago mi alma. De eso me enteré por carta, ya que dicho matrimonio, los Bolaños, me dijeron que estuviera tranquilo, que ellos se cuidarían de que estuviera bien, que no tenía que preocuparme por nada.
Y sí, desde entonces, estoy mucho mejor. Más mejorado. El sudor me sabe a ajete, y yo no soy de probar un miserable diente de nada, pero bueno, he ganado con el cambio.'
'Yo entonces estaba y no estaba. Como todo aquel que se enamora locamente, locamente se comporta. La pasión con la que abrazaba, besaba, amaba a la bella Sabenka, me tenía totalmente fuera de mí. Nos veíamos continuamente, no podía dejar de pensar en ella, estaba absolutamente loco por ella. Desde que nos conocimos, nos arrastró un torrente de vicio y sensualidad enfermiza que nos tenía fuera absolutamente de la realidad. Y yo me dejé ir. Ante la posibilidad, meramente imaginada, de que la bella Sabenka pudiese un día dejarme, olvidarme, abandonarme, tras una noche de sudor y besos, de pasión y locura, le entregué mi alma. Se la dí sin pedir nada a cambio. Simplemente le dije 'Sabenka, me tienes, me posees, pero quiero que te quedes con mi alma para siempre, que hagas con ella lo que quieras, porque si un día tú no estás, yo no querré estar tampoco, no me servirá para nada'. Y con mi alma se quedó.
Al principio no noté ningún cambio demasiado evidente. Yo seguía loco por Sabenka y ella seguía estando por mí. Nuestro amor parecía no tener nunca bastante. Pero, ay, llegó un día en el que Sabenka se enfrentó a un suceso con el que no contábamos. Llegó una carta desde Sibenik para comunicarle que su padre, su querido padre estaba muy triste y a punto de fallecer porque su hermano, su querido hermano de Sabenka, el pequeño Svetozar, estaba muy enfermo. Sabenka se oscureció. Su bello rostro se ensombreció. No sabía cómo podía ayudar a su familia. Y entonces se le ocurrió. Sin consultarme, decidió vender mi alma al diablo. Ya la tenía, ya era suya, podía hacer con ella lo que quisiera. Y así lo hizo.
Un día, una noche, después de haber estado juntos y haberme notado yo raro, extraño, me comunicó que mi alma ahora pertenecía al demonio, a Satán, que se la había vendido para que su hermanito Svetozar se curase y la alegría volviera a su hogar de Sibenik. 'Bueno...', balbuceé... si era su voluntad. Creo que fue ese consentimiento lo que desencadenó todo lo que llegó después. Sabenka, falleció a las dos semanas atropellada por un automóvil. El golpe vino precedido de catorce días de malestar, enfermedad, nervios y ausencia de noticias de Sabenka. Cuando me enteré de su muerte, caí en barrena. Lo perdí todo. Mis amigos me abandonaron, mi jefe me despidió, el casero me echó del piso. Vivía en la calle, borracho de vino barato, sucio, deshauciado, sin voluntad para hacer nada. Todo me importaba una higa, todo me daba lo mismo, y nadie quería hacer nadie por mí.
Y entonces sucedió algo. Al parecer, algo sucedió en el Cielo o en el Infierno, por lo que Satán tuvo que aligerar peso. Hizo un negocio con cierto Arcángel, que venía comisionado por el mismo Dios nuestro Señor, y en ese paquete de intercambio, mi alma pasó a quedar en venta. Acuciado por vaya usted a saber qué deudas y qué caprichos del Demonio, éste le entregó mi alma a una familia de la provincia española de Ciudad Real, en concreto en Membrilla. Un matrimonio sin hijos que había ayudado al demonio Satán en un asunto de tierras y de instalaciones de cableado, recibió como pago mi alma. De eso me enteré por carta, ya que dicho matrimonio, los Bolaños, me dijeron que estuviera tranquilo, que ellos se cuidarían de que estuviera bien, que no tenía que preocuparme por nada.
Y sí, desde entonces, estoy mucho mejor. Más mejorado. El sudor me sabe a ajete, y yo no soy de probar un miserable diente de nada, pero bueno, he ganado con el cambio.'
lunes, 7 de octubre de 2013
María Estuardo - Stefan Zweig
Una persona que es una Reina de Escocia, se tiene que desenvolver en un entorno en el que su principal rival es una Reina de Inglaterra, que por decirlo de forma poética, no es una persona. Ese es el tema. María Estuardo, una vida contada de nuevo por el mago Stefan Zweig, del que ya hemos comentado más de un libro por aquí. Stefan Zweig no quiere, en principio, hacer un panegírico de este personaje histórico, considerado un mártir por unos, un personaje romántico por otros, y también una reina fatua y vacía, una tarambana que merecía su castigo por otros. Stefan Zweig, como siempre, se queda a medio camino, no quiere juzgar o ponerse de parte de... pero acaba haciéndolo. Se pone de parte de María Estuardo, al menos un poco. Al menos, su retrato no da tanto miedo como el que hace de Isabel, la Reina Virgen, la fundadora del poderío inglés y si me apuran y se me permite jugar a la historia ficción, la instauradora del cinismo 'yanqui' en el mundo. Un poco cogido con pinzas, si quieren, pero así lo veo.
María Estuardo nace reina y al parecer, no le da un especial valor al hecho de ser Reina. Isabel, nace como una segundona, hija de una decapitada, y sabe que tiene que tener mil ojos y dejarse de ligerezas si quiere mantener el puesto, siempre en peligro. María Estuardo cree que puede hacer lo que quiera porque es Reina. Y le cuesta el puesto. Claro que, si en lugar de ser la reina de Escocia, un país pobre y tremendamente dividido, sin estructurar, hubiera sido ella la Reina de Inglaterra, quizás otro gallo le hubiera cantado. No sé. Sus actos se hubieran juzgado de otra manera. De todos modos, ella misma podría haber visto que lo que hacía, se sustentaba en nada, se apoyaba en nada, y que podía esfumarse todo en un momento.
María Estuardo es hija de un Jacobo de los muchos jacobos que reinan pero no gobiernan en Escocia. Un país medio comprado por Inglaterra, dividido en clanes, nobles, religiones... del que siempre sacan partido los ingleses. De pequeñísima se apalabra su matrimonio con Francisco II de Francia, y pasa a Francia, de donde es la familia materna, los poderosos Guisa, para ser criada y educada. Vida principesca, relajada, en un país rico y, también, un polvorín. Francisco II muere de crío, como aquel que dice, y es algo que todo el mundo sabía, así que el reinado de María en Francia dura un telediario. Tiene que volver a Escocia, una mocita. Y ahí empieza el cachondeo. No mide. Es cariñosa, fiestera, y tontea. Tontea y tontea. Y empiezan las víctimas. Dice Zweig que aquel que se le acerca, acaba palmando. Hasta que palma ella. Al corazón no lo domina la razón, no como a su prima Isabel, que en todo momento se mira en el espejo de la otra y no comete sus errores. O los comete, pero los maneja de otra manera.
Se casa y se desenamora del rey, toma secretarios que confunden con amantes, que son asesinados por nobles que son varones de tomo y lomo y que ponen tontísima a María Estuardo. Bothwell. El hombre. El tío que nos roba a las novias. El hombre. El empotrador. El locurón. Bothwell es el noble que más protege a María Estuardo en el polvorín escocés, de los pocos que no está comprado por Isabel. De la franqueza pasamos al sexo y ahí María pierde el oremus. Todo le importa un comino. Se implica en el asesinato de su propio esposo, el rey, que es un memo pero es una persona, y todo porque Bothwell la tiene loca perdida. Todo por Bothwell. Consigue finalmente casarse con él, pero en la boda está su fin. Pese a que todo el mundo escocés está pringado, lo importante es enredar. La reina no considera necesario pedir perdón, excusarse, manejar la situación y se deja llevar por el corazón. El corazón, ser persona, un ser humano con debilidades, por encima de la frialdad, del cálculo de intereses, de la razón de estado. Primero lo primero y luego ya veremos.
A María Estuardo le cuesta el puesto. Y luego la cabeza. Una vida enfrentándose a un enemigo implacable, enorme, tentacular, que te domina y que te puede. Y tú mismo eres el enemigo. De reina a prisionera, de prisionera a juguete, de juguete a ejemplo.
¿Hasta dónde podemos llegar? Isabel y su equipo, Cecil y Walsingham ponen los límites. Podemos hacerlo todo. ¿Podemos matar a una reina? ¿Pasa algo? Probemos. Podemos matarla. No pasa nada. Es un ejemplo. Se puede matar a un rey, a una reina, y no nos pasa nada. Sigamos forzando la máquina. Poco importa si luego será otro Estuardo el que gobierne el reino y sea también decapitado. Lo importante es salvar nuestro culo ahora y que le den al que se queje.
Stefan Zweig nos cuenta pues una vida alocada, de alguien que sospecho que tenía poco temple, fogosidad, pero poca madera de gobierno, y al mismo tiempo, de soslayo, la vida de la otra, de Isabel, que en todo momento domina, piensa, controla, actúa, disimula, en definitiva, manda. Y María Estuardo muere, muy dignamente, muy señoronamente, pero... con la cabeza cortada.
Una historia apasionante, una vida ejemplar, y un libro que, con paciencia, resulta muy instructivo.
María Estuardo nace reina y al parecer, no le da un especial valor al hecho de ser Reina. Isabel, nace como una segundona, hija de una decapitada, y sabe que tiene que tener mil ojos y dejarse de ligerezas si quiere mantener el puesto, siempre en peligro. María Estuardo cree que puede hacer lo que quiera porque es Reina. Y le cuesta el puesto. Claro que, si en lugar de ser la reina de Escocia, un país pobre y tremendamente dividido, sin estructurar, hubiera sido ella la Reina de Inglaterra, quizás otro gallo le hubiera cantado. No sé. Sus actos se hubieran juzgado de otra manera. De todos modos, ella misma podría haber visto que lo que hacía, se sustentaba en nada, se apoyaba en nada, y que podía esfumarse todo en un momento.
María Estuardo es hija de un Jacobo de los muchos jacobos que reinan pero no gobiernan en Escocia. Un país medio comprado por Inglaterra, dividido en clanes, nobles, religiones... del que siempre sacan partido los ingleses. De pequeñísima se apalabra su matrimonio con Francisco II de Francia, y pasa a Francia, de donde es la familia materna, los poderosos Guisa, para ser criada y educada. Vida principesca, relajada, en un país rico y, también, un polvorín. Francisco II muere de crío, como aquel que dice, y es algo que todo el mundo sabía, así que el reinado de María en Francia dura un telediario. Tiene que volver a Escocia, una mocita. Y ahí empieza el cachondeo. No mide. Es cariñosa, fiestera, y tontea. Tontea y tontea. Y empiezan las víctimas. Dice Zweig que aquel que se le acerca, acaba palmando. Hasta que palma ella. Al corazón no lo domina la razón, no como a su prima Isabel, que en todo momento se mira en el espejo de la otra y no comete sus errores. O los comete, pero los maneja de otra manera.
Se casa y se desenamora del rey, toma secretarios que confunden con amantes, que son asesinados por nobles que son varones de tomo y lomo y que ponen tontísima a María Estuardo. Bothwell. El hombre. El tío que nos roba a las novias. El hombre. El empotrador. El locurón. Bothwell es el noble que más protege a María Estuardo en el polvorín escocés, de los pocos que no está comprado por Isabel. De la franqueza pasamos al sexo y ahí María pierde el oremus. Todo le importa un comino. Se implica en el asesinato de su propio esposo, el rey, que es un memo pero es una persona, y todo porque Bothwell la tiene loca perdida. Todo por Bothwell. Consigue finalmente casarse con él, pero en la boda está su fin. Pese a que todo el mundo escocés está pringado, lo importante es enredar. La reina no considera necesario pedir perdón, excusarse, manejar la situación y se deja llevar por el corazón. El corazón, ser persona, un ser humano con debilidades, por encima de la frialdad, del cálculo de intereses, de la razón de estado. Primero lo primero y luego ya veremos.
A María Estuardo le cuesta el puesto. Y luego la cabeza. Una vida enfrentándose a un enemigo implacable, enorme, tentacular, que te domina y que te puede. Y tú mismo eres el enemigo. De reina a prisionera, de prisionera a juguete, de juguete a ejemplo.
¿Hasta dónde podemos llegar? Isabel y su equipo, Cecil y Walsingham ponen los límites. Podemos hacerlo todo. ¿Podemos matar a una reina? ¿Pasa algo? Probemos. Podemos matarla. No pasa nada. Es un ejemplo. Se puede matar a un rey, a una reina, y no nos pasa nada. Sigamos forzando la máquina. Poco importa si luego será otro Estuardo el que gobierne el reino y sea también decapitado. Lo importante es salvar nuestro culo ahora y que le den al que se queje.
Stefan Zweig nos cuenta pues una vida alocada, de alguien que sospecho que tenía poco temple, fogosidad, pero poca madera de gobierno, y al mismo tiempo, de soslayo, la vida de la otra, de Isabel, que en todo momento domina, piensa, controla, actúa, disimula, en definitiva, manda. Y María Estuardo muere, muy dignamente, muy señoronamente, pero... con la cabeza cortada.
Una historia apasionante, una vida ejemplar, y un libro que, con paciencia, resulta muy instructivo.
viernes, 4 de octubre de 2013
Miscelánea
...love youuuuu uuuuuuuuu for the rest of my liiiiiiifee. La canción aparece en la película La espuma de los días y la interpreta Etienne Charry. Se llama The rest of my life. Cuando suena, uno piensa en que es una canción expresamente hecha para ese momento exacto, expresamente. Es una canción que no parece 'seria'. Y que, precisamente por eso, me gusta. Incluso se parece algo a Air, y no es de Air. Etienne Charry era compañero de Michel Gondry, el director de la película en algún proyecto musical francés que aquí desconocemos, porque todo lo que no sea británico o norteamericano, se nos escapa mucho o bastante, al menos para los gafapasta de nivel superficial, los de clase baja. Dan ganas de cantar esta canción. I always love youuuuu uuuuuuuuuuu uuuuuu for eeeeeeeeveeeeeer. For the reeeeeeest of my liiiiiiiiife. Qué bizcochón. Felicidades a todos los Enzos Francescolis, que hoy es su día. Que si no la gente no entiende la foto.
http://www.youtube.com/watch?v=jsZZJtf8vhc
Hay canciones que, como ya hemos dicho alguna vez, te amargan el día. Bueno, hay canciones que te dan ganas de romper cosas. Hay canciones que te dejan el estómago encogido, sin saber realmente por qué. Bueno. Hay canciones que te dejan hecho polvo. La primera canción del disco de los Flaming Lips, Clouds Taste Metallic, se llama The abandoned hospital ship. Empieza flojito, despacito, con el Wayne Coyne cantando que se parte. Una canción muy bonita, pero el final apoteósico te deja destrozado. Del pianito ya nadie se acuerda, y aparecen los guitarrones, la distorsión y hasta las campanas. Tubular bells, debería decirlo alguien. And tubular bells. Aquí les tenemos en 1995, todavía con Ronald Jones a la guitarra. Cuando este muchacho se va del grupo, tienen ya otro sonido, el que les hará famosos de verdad. Pero barbaridades como esta... dejamos una versión en directo y la del disco.
http://www.youtube.com/watch?v=a77QxvYasoc
http://www.youtube.com/watch?v=qXHmLJFd434
De Violeta Parra otra canción, en este caso Arauco tiene una pena. Las canciones de Violeta Parra dejan siempre un poso amargo. Frases hechas, que suenan muy bonitas y que son muy socorridas. Las frases, las construcciones verbales, los giros, comentar buscando este efecto, el otro, introduce quizás un poco más de sentimentalismo en el texto, hazlo un poco más tuyo y no tanto como una información aséptica. Aséptica. ¿Por qué me lo señala en rojo? ¿Es incorrecto aséptica? Debe serlo. Levántate Huenchullán. Arauco tiene una pena es una canción que habla de los araucanos y de cómo, como todos los indígenas, son machacados sin remisión por las buenas gentes civilizadoras de todos los mundos. Todos somos un poco araucanos, pero también podemos ser conquistadores. Según lo poderoso que sea el rival. En la pescadería se habla mal de los extranjeros, pero queremos que vengan a Lloret a mearse en nuestra boca. Levántate, Huenchullán.
http://www.youtube.com/watch?v=Ral3okFdEl8
¿Cantar en una coral? ¿En catalán? Este es el dilema que nos tiene ahora en pleno debate familiar. Cantar en una coral. En catalán. Rosó. Rosóoooooooo, Rosóoooooooooo, llum de la meva vidaaaaaaaaaaaa. Este es el tema de discusión. Si, cantar, cantar en una coral, vale, porque yo ya sabía cantar de antes, pero no soy yo, es uno de los francescolis, cantar. Si yo ya sabía cantar, pero ahora ya... y además, en catalán. Rosóoooooooo, rosóooooooooooooo, llum de la meva vidaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaa. La madre del tano. Esto es que no me lo perdería por nada del mundo, pero no para hacer mofa y befa, que ya nos conocemos todos, no, si no para contemplar cómo lo que puede ser, es. ¿Pasará? No pasará. Estoy convencido. Pero verle cantar Rosó, rosóooooooooo, sería lo máximo. ¿O no la cantan las corales?
http://www.youtube.com/watch?v=m6Ffz0GNHuI
Se murió hace una semana o dos Jimmy Fontana y no hemos dicho nada. Somos unos desagradecidos y unos pinches modernetes. Porque, vamos, es de cajón que todos, alguna vez u otra, hemos cantado o tarareado 'il mondo' o bien 'qué será, será'. Y eran nada menos que los estandartes de la canción italiana, interpretada por este señor con gafas. Una especie de Buddy Holly, italiano, y que, por qué no decirlo, igual era lo que el mismo Buddy Holly hubiera terminado haciendo si no hubiera muerto en aquel accidente de avión. Canción romántica, melódica, etc. Il mondo, en directo, nótese que con una imagen de una chica con casco de astronauta detrás. Como muy moderno y muy antiguo a la vez. Un señor que tiene pinta de haber salido de una reunión de la empresa y miembro numerario del Opus, que coge el micrófono y canta... il mondo. Ahí lo tienen. Descanse en paz.
http://www.youtube.com/watch?v=nCShFLwAjXs
Y por último, un canto a la ignorancia. Steel Pulse han tocado en Barcelona esta semana. Ni idea de quienes eran hasta que me lo han dicho por activa y por pasiva, me han insistido en que fuera al concierto, pero... pero es que no sabía quiénes eran. Un grupo que, por el nombre, me sonaba más a Steely Dan que a otra cosa y no. Resulta que era un grupo de reggae, de origen británico, pero representantes de la emigración jamaicana a la islita del demonio. Pues nada. Ni idea. En absoluto. Y trasteando por ahí, tienen canciones buenas. La primera que les dio a conocer, por ejemplo. Kibudu Mansata and Ubuku. Una canción de ese reggae setentero pastosón que tanto me gusta. Y con las dos versiones, la canción y la versión. Como dios manda. Como jah manda. En fin. Vamos, que no fui al concierto.
http://www.youtube.com/watch?v=LSI62qP2lPw
Bueno. Pues nada. A ver si los francescolis se pagan una birrita o algo. Y si no, pues a pasar un buen fin de semana igual. Con nubes, precisamente. Y yo con la baranda sin 'miniar'.
http://www.youtube.com/watch?v=jsZZJtf8vhc
Hay canciones que, como ya hemos dicho alguna vez, te amargan el día. Bueno, hay canciones que te dan ganas de romper cosas. Hay canciones que te dejan el estómago encogido, sin saber realmente por qué. Bueno. Hay canciones que te dejan hecho polvo. La primera canción del disco de los Flaming Lips, Clouds Taste Metallic, se llama The abandoned hospital ship. Empieza flojito, despacito, con el Wayne Coyne cantando que se parte. Una canción muy bonita, pero el final apoteósico te deja destrozado. Del pianito ya nadie se acuerda, y aparecen los guitarrones, la distorsión y hasta las campanas. Tubular bells, debería decirlo alguien. And tubular bells. Aquí les tenemos en 1995, todavía con Ronald Jones a la guitarra. Cuando este muchacho se va del grupo, tienen ya otro sonido, el que les hará famosos de verdad. Pero barbaridades como esta... dejamos una versión en directo y la del disco.
http://www.youtube.com/watch?v=a77QxvYasoc
http://www.youtube.com/watch?v=qXHmLJFd434
De Violeta Parra otra canción, en este caso Arauco tiene una pena. Las canciones de Violeta Parra dejan siempre un poso amargo. Frases hechas, que suenan muy bonitas y que son muy socorridas. Las frases, las construcciones verbales, los giros, comentar buscando este efecto, el otro, introduce quizás un poco más de sentimentalismo en el texto, hazlo un poco más tuyo y no tanto como una información aséptica. Aséptica. ¿Por qué me lo señala en rojo? ¿Es incorrecto aséptica? Debe serlo. Levántate Huenchullán. Arauco tiene una pena es una canción que habla de los araucanos y de cómo, como todos los indígenas, son machacados sin remisión por las buenas gentes civilizadoras de todos los mundos. Todos somos un poco araucanos, pero también podemos ser conquistadores. Según lo poderoso que sea el rival. En la pescadería se habla mal de los extranjeros, pero queremos que vengan a Lloret a mearse en nuestra boca. Levántate, Huenchullán.
http://www.youtube.com/watch?v=Ral3okFdEl8
¿Cantar en una coral? ¿En catalán? Este es el dilema que nos tiene ahora en pleno debate familiar. Cantar en una coral. En catalán. Rosó. Rosóoooooooo, Rosóoooooooooo, llum de la meva vidaaaaaaaaaaaa. Este es el tema de discusión. Si, cantar, cantar en una coral, vale, porque yo ya sabía cantar de antes, pero no soy yo, es uno de los francescolis, cantar. Si yo ya sabía cantar, pero ahora ya... y además, en catalán. Rosóoooooooo, rosóooooooooooooo, llum de la meva vidaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaa. La madre del tano. Esto es que no me lo perdería por nada del mundo, pero no para hacer mofa y befa, que ya nos conocemos todos, no, si no para contemplar cómo lo que puede ser, es. ¿Pasará? No pasará. Estoy convencido. Pero verle cantar Rosó, rosóooooooooo, sería lo máximo. ¿O no la cantan las corales?
http://www.youtube.com/watch?v=m6Ffz0GNHuI
Se murió hace una semana o dos Jimmy Fontana y no hemos dicho nada. Somos unos desagradecidos y unos pinches modernetes. Porque, vamos, es de cajón que todos, alguna vez u otra, hemos cantado o tarareado 'il mondo' o bien 'qué será, será'. Y eran nada menos que los estandartes de la canción italiana, interpretada por este señor con gafas. Una especie de Buddy Holly, italiano, y que, por qué no decirlo, igual era lo que el mismo Buddy Holly hubiera terminado haciendo si no hubiera muerto en aquel accidente de avión. Canción romántica, melódica, etc. Il mondo, en directo, nótese que con una imagen de una chica con casco de astronauta detrás. Como muy moderno y muy antiguo a la vez. Un señor que tiene pinta de haber salido de una reunión de la empresa y miembro numerario del Opus, que coge el micrófono y canta... il mondo. Ahí lo tienen. Descanse en paz.
http://www.youtube.com/watch?v=nCShFLwAjXs
Y por último, un canto a la ignorancia. Steel Pulse han tocado en Barcelona esta semana. Ni idea de quienes eran hasta que me lo han dicho por activa y por pasiva, me han insistido en que fuera al concierto, pero... pero es que no sabía quiénes eran. Un grupo que, por el nombre, me sonaba más a Steely Dan que a otra cosa y no. Resulta que era un grupo de reggae, de origen británico, pero representantes de la emigración jamaicana a la islita del demonio. Pues nada. Ni idea. En absoluto. Y trasteando por ahí, tienen canciones buenas. La primera que les dio a conocer, por ejemplo. Kibudu Mansata and Ubuku. Una canción de ese reggae setentero pastosón que tanto me gusta. Y con las dos versiones, la canción y la versión. Como dios manda. Como jah manda. En fin. Vamos, que no fui al concierto.
http://www.youtube.com/watch?v=LSI62qP2lPw
Bueno. Pues nada. A ver si los francescolis se pagan una birrita o algo. Y si no, pues a pasar un buen fin de semana igual. Con nubes, precisamente. Y yo con la baranda sin 'miniar'.
jueves, 3 de octubre de 2013
Tráfico en Nueva York
El teniente Jamestron nos lo dijo de buena mañana. 'Tú y el agente Brianson. Rápido, tenéis que ir a la calle Wilfredstein con la Catorce y recoger a un testigo que ha de declarar en el juicio por el asunto del Alcalde Pattison. Daos prisa por que el juicio es a las doce del mediodía. Rápido, no perdáis tiempo'.
Así que Brianson y yo, cogimos el coche y nos encaminamos a la dirección donde vivía el testigo. Por el camino no vimos demasiado tráfico. Llegamos bien de tiempo, pero cuando llegamos... no había aparcamiento. Pensábamos, como siempre, dejar el coche en la puerta, pero no sé por qué, no había sitio para dejar el coche. La calle era estrecha y tampoco podíamos dejar el coche en doble fila por que tapábamos la circulación. Le dije a Brianson, 'da una vuelta a ver si podemos dejar el coche por ahí'. Y avanzamos despacito mirando a ver si había un hueco donde dejar el coche un momento. Nada. Ni un sitio. Le dimos una primera vuelta a la manzana, y, no sabemos cómo ni por qué, no encontramos aparcamiento. Increíble. Jamás nos había pasado nada igual. 'Mira, mira, allí, parece que ese va a salir del coche'. Un tipo con un sombrero y un maletín, que parecía sacado de una película de los años cincuenta, parecía sacar las llaves con las que abrir la puerta de su Ford Mustang del 65, pero no, estaba buscando en su llavero una navajita suiza con la que abrir el maletín que llevaba. No se iba. Seguimos avanzando. 'Ahí se puede aparcar, sargento Pérez, voy a ver si entra el coche'. Pero no entraba. Se trataba de una salida de emergencia de una sala de fiestas y para un rato podíamos haber dejado el coche, pero no cabía y seguimos dando vueltas. Ya llevábamos media hora. El móvil no dejaba de sonarme. Era el teniente Jamestron llamando para preguntar si habíamos recogido al testigo. Eran las once y cuarto y todavía no habíamos aparcado. Y no había sitio. ¿Qué carajo pasaba en esa calle que no se podía aparcar? Me fijé en que sorprendentemente no había parquímetro, no se cobraba nada por aparcar. Debía ser la única calle del centro de Nueva York en la que eso podía ocurrir. No es posible que pudiera pasar. 'Mira, mira, ahí hay una madre con los niños. Seguro que va a coger el todoterreno ese...'. No, la mujer iba a un garaje. 'Pues, mira, aunque sea así, déjalo también en un garaje, donde lo tiene la mujer mismo'. Y nos dirigimos hacia allí, quisimos entrar, pero justo en ese momento entraron tres coches antes que nosotros y el parquing estaba lleno otra vez. Maldita sea, qué contrariedad. El tipo del garaje tampoco nos dejó meter el coche provisionalmente, dijo que no quería tener problemas si al coche le pasaba algo. Otra vuelta, una vuelta más, no había aparcamiento. El teniente Jamestron llamaba como una furia. Con razón. ¡Qué pasa! 'Mi teniente, el aparcamiento, no podemos dejar el coche...'. Finalmente, le dije a Brianson que me dejara bajar, que recogería al testigo y que lo llevaría en taxi.
Subí a por el testigo y éste estaba leyendo tranquilamente el diario. Faltaban quince minutos para que comenzara el juicio. Estaba en pijama, se había olvidado de la cita. Con los nervios no sé si le abofeteé. Supongo que sí. Caracoles. Cuando bajamos a la calle, no pasó un taxi libre hasta una hora y media después. Cuando llegamos a la sede del Tribunal... en fin. Dos meses sin empleo y sueldo y la placa la conservo porque mi padre sirvió en Corea con el abuelo del teniente Jamestron.
Así que Brianson y yo, cogimos el coche y nos encaminamos a la dirección donde vivía el testigo. Por el camino no vimos demasiado tráfico. Llegamos bien de tiempo, pero cuando llegamos... no había aparcamiento. Pensábamos, como siempre, dejar el coche en la puerta, pero no sé por qué, no había sitio para dejar el coche. La calle era estrecha y tampoco podíamos dejar el coche en doble fila por que tapábamos la circulación. Le dije a Brianson, 'da una vuelta a ver si podemos dejar el coche por ahí'. Y avanzamos despacito mirando a ver si había un hueco donde dejar el coche un momento. Nada. Ni un sitio. Le dimos una primera vuelta a la manzana, y, no sabemos cómo ni por qué, no encontramos aparcamiento. Increíble. Jamás nos había pasado nada igual. 'Mira, mira, allí, parece que ese va a salir del coche'. Un tipo con un sombrero y un maletín, que parecía sacado de una película de los años cincuenta, parecía sacar las llaves con las que abrir la puerta de su Ford Mustang del 65, pero no, estaba buscando en su llavero una navajita suiza con la que abrir el maletín que llevaba. No se iba. Seguimos avanzando. 'Ahí se puede aparcar, sargento Pérez, voy a ver si entra el coche'. Pero no entraba. Se trataba de una salida de emergencia de una sala de fiestas y para un rato podíamos haber dejado el coche, pero no cabía y seguimos dando vueltas. Ya llevábamos media hora. El móvil no dejaba de sonarme. Era el teniente Jamestron llamando para preguntar si habíamos recogido al testigo. Eran las once y cuarto y todavía no habíamos aparcado. Y no había sitio. ¿Qué carajo pasaba en esa calle que no se podía aparcar? Me fijé en que sorprendentemente no había parquímetro, no se cobraba nada por aparcar. Debía ser la única calle del centro de Nueva York en la que eso podía ocurrir. No es posible que pudiera pasar. 'Mira, mira, ahí hay una madre con los niños. Seguro que va a coger el todoterreno ese...'. No, la mujer iba a un garaje. 'Pues, mira, aunque sea así, déjalo también en un garaje, donde lo tiene la mujer mismo'. Y nos dirigimos hacia allí, quisimos entrar, pero justo en ese momento entraron tres coches antes que nosotros y el parquing estaba lleno otra vez. Maldita sea, qué contrariedad. El tipo del garaje tampoco nos dejó meter el coche provisionalmente, dijo que no quería tener problemas si al coche le pasaba algo. Otra vuelta, una vuelta más, no había aparcamiento. El teniente Jamestron llamaba como una furia. Con razón. ¡Qué pasa! 'Mi teniente, el aparcamiento, no podemos dejar el coche...'. Finalmente, le dije a Brianson que me dejara bajar, que recogería al testigo y que lo llevaría en taxi.
Subí a por el testigo y éste estaba leyendo tranquilamente el diario. Faltaban quince minutos para que comenzara el juicio. Estaba en pijama, se había olvidado de la cita. Con los nervios no sé si le abofeteé. Supongo que sí. Caracoles. Cuando bajamos a la calle, no pasó un taxi libre hasta una hora y media después. Cuando llegamos a la sede del Tribunal... en fin. Dos meses sin empleo y sueldo y la placa la conservo porque mi padre sirvió en Corea con el abuelo del teniente Jamestron.
miércoles, 2 de octubre de 2013
Velvet Underground - White Light/White Heat
Siempre pendientes de la actualidad, siempre en la frontera entre lo que es y lo que vendrá, este blog se ha enterado de que van a reeditar el White Light/White Heat de la Velvet Underground por su 45 aniversario (¿no por el 50?). Y para que no os dejéis llevar por la emoción vamos a describir qué es este disco.
White Light/White Heat es un follón de mil demonios. La descripción que creo que más se ajusta a la realidad es esta. Es un follón del infierno. En este disco ya no encontramos canciones 'bonitas', aunque tuvieron temas y ambientes sórdidos como en el del Plátano y con la voz de Nico. No, aquí Nico ya no está y están los cuatro zumbados en el estudio. Se cuentan muchas historias sobre este disco, que si tuvo que ir la policía, que si nunca había grabado tan fuerte, que si... en fin. El disco, comienza ya con el trallazo de White Light/White Heat. Siempre se dice que esta canción venía influenciada por los Beach Boys, por los coros y eso. En fin. La batería ya no es 'tocada', ahora es directamente aporreada. Las guitarras ya sólo rascan y la parte final es el inicio del ruido por el ruido. Eso tan de moda y tan molón de 'y ahora dejamos la canción ahí y nos ponemos a hacer el cafre', pues en 1967 (el disco apareció en enero de 1968). Todo es negro, como la portada. La pena, o la bendición para quienes quieran ukeleles y que su madre diga 'me gustan esos que pones ahora', es que esta canción sólo dura dos minutos y pico. Las versiones en directo de esta canción, son siempre, pero siempre, y las toque quien las toque, tremendas. Nos estamos liando y llevamos una canción.
Ahora vienen dos seguidas que son pruebas de fuego para el seguidor de la música de todos los tiempos. The Gift es un grupo haciendo ritmo, poniendo un fondo, sin más, y John Cale, bajista, teclista, violinista y personajazo, recitando un texto de Lou Reed. Todo muy bonito. Da cosa. La banda suena por una oreja, y la voz por la otra. Hay distorsiones, hay ruidazos, y Moe Tucker, la batería, aporrea igual. Todo un ejemplo para los baterías ocasionales, para los de 'déjame un rato que me ponga yo'. Si Moe Tucker lo hace, yo también. Son ocho minutos en los que, si no sabes inglés, te quitas un auricular, o le das al balance y te quedas como un campeón. La historia de Waldo y Marsha. Vaya cabezas, madre. Seguimos adelante con la terrible 'Lady Godiva's Operation'. El ritmo de la canción es más o menos el anterior, quizás menos tosco. Y la voz de Lou Reed quiere ser otra vez melosona y suave, pero hay algo que no va bien. La batería otra vez está aporreando. Sterling Morrison. Abramos un paréntesis. Un inciso, que diría el otro.
Sterling Morrison es un héroe de la Unión Soviética para mí. El que está ahí, con la guitarra. Yo pensaba que Morrison se dedicaba sólo a la guitarra de acompañamiento. Mi héroe. Raca raca. El raca raca que sonaba era suyo. Pues no, se alternaba con Reed los solos. Vaya. Lady Godiva's Operation, tiene las voces de Cale y de Reed. Primero la de Cale y luego la de Reed, que como digo, al final quiere ser suave, como la de Cale. Nótese que de fondo, todo el rato, hay un violín eléctrico o algo así, dándole ese rollo chungueras que tiene cada cosa que tocaba esta gente. Bueno, para ser ese disco tan bestia, ese follón, parece que no es tanto ¿verdad? Tres canciones, sólo una de ruidazo, dos de medios tiempos, con ruiditos y eso, pero... no da miedo.
Menos miedo aún da Here She comes Now, que versionearan en sus días Nirvana. Una canción de las bonitas. Pero algo pasa en las condiciones de la grabación que no suena tan limpia como debiera. Nada suena limpio aquí.
Y a correr. A soltarse la melena. A dejarse los dedos, las manos, la cabeza, los ojos, la garganta, y sobre todo los oídos. I Heard her call my name, es una barbaridad. Un follón. Un preludio al gran follón, pero concentrado. El gran follón en pequeñito. Una cascada, al galope, corriendo sin regular, sin medir, sin miedo. Punteos idos de la pinza por completo, con una batería que aporrea lo que ve, y mucho, mucho ruido de fondo. Tocar a toda ostia, sin que importe una mierda nada de lo que suene y cómo suene. Eso parece, luego los músicos son muy putas. Got my eyes wide open. De esas cosas que uno siempre quiso ser, Sterling Morrison haciendo el raca raca y haciendo los coros 'i heard her call my name', como si no molase nada cantar 'i heard her call my name'. I know she cares about me... sé que ella se preocupa por mí, y la oigo decir mi nombre. Venga, que nos vamos, que ya hemos cantado, toca un punteo del Reed que no es preciso comentar más allá de que es fundamental para todo, para respirar, para correr, para saltar, para ir al cine. Una vez escuchado esto y sabiendo que nos gusta que nos den caña, si hemos llegado hasta aquí, estamos listos para Sister Ray.
Sister Ray es el final de la música. Todo lo de después es otra cosa, digamos otra música. Sister Ray termina con la música tal y como la conocemos. Sister Ray no es para quienes quieren escuchar música. No es música para ponérsela a nadie. Oye, mira, mientras hacemos esto te pongo el disco este y escucha esta canción. No. Aquí eso está muerto. Ya no funciona. Ahora la música se muere por agotamiento. Los cuatro puestos del demonio se cargaron la música y las ganas de hacer cosas bonitas. Luego muchos de ellos, Cale, Reed, hicieron canciones preciosas... muy bonitas, pero ya es otra cosa, es otra música. Este es el techo de la música. Muchos queremos hacerlo y no nos sale nunca tan bien. Pero es divertido intentarlo. Sister Ray es la lucha de un órgano por comerse el todo de la canción. Es la lucha por hacer de la canción algo insoportable, no sólo una canción con ruido. Es la lucha por ver cómo la canción puede hacerse cada vez más indigerible, más desagradable. Un trance. Una vez que uno declara ante la justicia que ya no tiene nada que alegar, es porque ya ha sucumbido a Sister Ray, es como si todo lo que habíamos comentado sobre la música y lo bonito que era componer y hacer las cosas bien, ya no importase para nada. Que no nos digan más que mejor que dieras este o ese acorde. Sister Ray se come todo esto. Sister Ray. Sister Ray. Sister Ray. Just like Sister Ray Said. Creo que es en esta canción cuando entró la policía. No. La policía entra en la canción. Dicen que el productor se fue del estudio. Dicen tantas cosas. Son ganas de incordiar. Da igual lo que digas que nadie lo va a oír. Grita lo que quieras. Es todo inútil. Grita lo que quieras. El órgano del zumbado ya ha ganado la partida. Aporrea lo que quieras. Da igual todo.
Y ya está. Cuando acaba la canción, casi lo mejor que se puede hacer es dejar unos minutos antes de salir de casa o de emprender cualquier acción, porque puede correr peligro la gente, tus amigos, tus padres, los que te rodean. No dan ganas nada más que de hacer cosas de dolor. Cosas con dolor. Cosas de ruido y de mucho daño.
Y lo quieren reeditar. Con más cosas y más añadidos. No tienen conciencia.
White Light/White Heat es un follón de mil demonios. La descripción que creo que más se ajusta a la realidad es esta. Es un follón del infierno. En este disco ya no encontramos canciones 'bonitas', aunque tuvieron temas y ambientes sórdidos como en el del Plátano y con la voz de Nico. No, aquí Nico ya no está y están los cuatro zumbados en el estudio. Se cuentan muchas historias sobre este disco, que si tuvo que ir la policía, que si nunca había grabado tan fuerte, que si... en fin. El disco, comienza ya con el trallazo de White Light/White Heat. Siempre se dice que esta canción venía influenciada por los Beach Boys, por los coros y eso. En fin. La batería ya no es 'tocada', ahora es directamente aporreada. Las guitarras ya sólo rascan y la parte final es el inicio del ruido por el ruido. Eso tan de moda y tan molón de 'y ahora dejamos la canción ahí y nos ponemos a hacer el cafre', pues en 1967 (el disco apareció en enero de 1968). Todo es negro, como la portada. La pena, o la bendición para quienes quieran ukeleles y que su madre diga 'me gustan esos que pones ahora', es que esta canción sólo dura dos minutos y pico. Las versiones en directo de esta canción, son siempre, pero siempre, y las toque quien las toque, tremendas. Nos estamos liando y llevamos una canción.
Ahora vienen dos seguidas que son pruebas de fuego para el seguidor de la música de todos los tiempos. The Gift es un grupo haciendo ritmo, poniendo un fondo, sin más, y John Cale, bajista, teclista, violinista y personajazo, recitando un texto de Lou Reed. Todo muy bonito. Da cosa. La banda suena por una oreja, y la voz por la otra. Hay distorsiones, hay ruidazos, y Moe Tucker, la batería, aporrea igual. Todo un ejemplo para los baterías ocasionales, para los de 'déjame un rato que me ponga yo'. Si Moe Tucker lo hace, yo también. Son ocho minutos en los que, si no sabes inglés, te quitas un auricular, o le das al balance y te quedas como un campeón. La historia de Waldo y Marsha. Vaya cabezas, madre. Seguimos adelante con la terrible 'Lady Godiva's Operation'. El ritmo de la canción es más o menos el anterior, quizás menos tosco. Y la voz de Lou Reed quiere ser otra vez melosona y suave, pero hay algo que no va bien. La batería otra vez está aporreando. Sterling Morrison. Abramos un paréntesis. Un inciso, que diría el otro.
Sterling Morrison es un héroe de la Unión Soviética para mí. El que está ahí, con la guitarra. Yo pensaba que Morrison se dedicaba sólo a la guitarra de acompañamiento. Mi héroe. Raca raca. El raca raca que sonaba era suyo. Pues no, se alternaba con Reed los solos. Vaya. Lady Godiva's Operation, tiene las voces de Cale y de Reed. Primero la de Cale y luego la de Reed, que como digo, al final quiere ser suave, como la de Cale. Nótese que de fondo, todo el rato, hay un violín eléctrico o algo así, dándole ese rollo chungueras que tiene cada cosa que tocaba esta gente. Bueno, para ser ese disco tan bestia, ese follón, parece que no es tanto ¿verdad? Tres canciones, sólo una de ruidazo, dos de medios tiempos, con ruiditos y eso, pero... no da miedo.
Menos miedo aún da Here She comes Now, que versionearan en sus días Nirvana. Una canción de las bonitas. Pero algo pasa en las condiciones de la grabación que no suena tan limpia como debiera. Nada suena limpio aquí.
Y a correr. A soltarse la melena. A dejarse los dedos, las manos, la cabeza, los ojos, la garganta, y sobre todo los oídos. I Heard her call my name, es una barbaridad. Un follón. Un preludio al gran follón, pero concentrado. El gran follón en pequeñito. Una cascada, al galope, corriendo sin regular, sin medir, sin miedo. Punteos idos de la pinza por completo, con una batería que aporrea lo que ve, y mucho, mucho ruido de fondo. Tocar a toda ostia, sin que importe una mierda nada de lo que suene y cómo suene. Eso parece, luego los músicos son muy putas. Got my eyes wide open. De esas cosas que uno siempre quiso ser, Sterling Morrison haciendo el raca raca y haciendo los coros 'i heard her call my name', como si no molase nada cantar 'i heard her call my name'. I know she cares about me... sé que ella se preocupa por mí, y la oigo decir mi nombre. Venga, que nos vamos, que ya hemos cantado, toca un punteo del Reed que no es preciso comentar más allá de que es fundamental para todo, para respirar, para correr, para saltar, para ir al cine. Una vez escuchado esto y sabiendo que nos gusta que nos den caña, si hemos llegado hasta aquí, estamos listos para Sister Ray.
Sister Ray es el final de la música. Todo lo de después es otra cosa, digamos otra música. Sister Ray termina con la música tal y como la conocemos. Sister Ray no es para quienes quieren escuchar música. No es música para ponérsela a nadie. Oye, mira, mientras hacemos esto te pongo el disco este y escucha esta canción. No. Aquí eso está muerto. Ya no funciona. Ahora la música se muere por agotamiento. Los cuatro puestos del demonio se cargaron la música y las ganas de hacer cosas bonitas. Luego muchos de ellos, Cale, Reed, hicieron canciones preciosas... muy bonitas, pero ya es otra cosa, es otra música. Este es el techo de la música. Muchos queremos hacerlo y no nos sale nunca tan bien. Pero es divertido intentarlo. Sister Ray es la lucha de un órgano por comerse el todo de la canción. Es la lucha por hacer de la canción algo insoportable, no sólo una canción con ruido. Es la lucha por ver cómo la canción puede hacerse cada vez más indigerible, más desagradable. Un trance. Una vez que uno declara ante la justicia que ya no tiene nada que alegar, es porque ya ha sucumbido a Sister Ray, es como si todo lo que habíamos comentado sobre la música y lo bonito que era componer y hacer las cosas bien, ya no importase para nada. Que no nos digan más que mejor que dieras este o ese acorde. Sister Ray se come todo esto. Sister Ray. Sister Ray. Sister Ray. Just like Sister Ray Said. Creo que es en esta canción cuando entró la policía. No. La policía entra en la canción. Dicen que el productor se fue del estudio. Dicen tantas cosas. Son ganas de incordiar. Da igual lo que digas que nadie lo va a oír. Grita lo que quieras. Es todo inútil. Grita lo que quieras. El órgano del zumbado ya ha ganado la partida. Aporrea lo que quieras. Da igual todo.
Y ya está. Cuando acaba la canción, casi lo mejor que se puede hacer es dejar unos minutos antes de salir de casa o de emprender cualquier acción, porque puede correr peligro la gente, tus amigos, tus padres, los que te rodean. No dan ganas nada más que de hacer cosas de dolor. Cosas con dolor. Cosas de ruido y de mucho daño.
Y lo quieren reeditar. Con más cosas y más añadidos. No tienen conciencia.
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