miércoles, 11 de diciembre de 2013

Kyrie Eleison

Encontrado en un volumen del Beatus Bellusvillaeticus, hallamos un texto llamado 'Kyrie Eleison', de autor desconocido, que nos ha llamado la atención. Por otra parte, nos damos cuenta de que casi todo nos llama la atención.
'Mírame y escucha lo que te digo. Que el Señor es testigo de lo que te cuento porque Él mismo estaba allí. Como tus oídos los presumo sanos y tu entendimiento fiable, sabrás entender lo que te cuento. Él mismo estaba allí, presenciando lo que ocurrió. Estaba sentado en una piedra en el borde del camino y en ningún momento dijo ni so ni arre que fuera natural a su condición de Hijo de Dios, pero allí estaba. Yo te cuento lo siguiente, lo que ocurrió, y que sea el mismo Señor Jesucristo el que me arrebate la vida si lo que te digo no es verdad. Escucha, escucha lo que te cuento. Acércate más. Déjame meter mi mano por aquí, que la tengo fría y los pies también. Así estaré más cómodo y caliente yo, caliente tú. Calientes los dos. Te cuento ya. Que caminaba por la noche oscura por el sendero que lleva de la Abadía a la aldea para visitarte como suelo, cuando escuché una voz. Esa voz me dijo 'Detente y arrodíllate, porque en presencia de San Ateneo te encuentras'. Y yo, temeroso de Dios, de Nuestro Señor Jesucristo, pero también desconfiado con las apariciones y los milagreos sin cuento, repuse 'Disculpe Señor Santo Ateneo, mas ni tan siquiera conozco yo a tal santo que haya sido bendito, así que si no tiene nada mejor que demostrar, le rogaría que me dejase continuar con mi camino, que tengo prisa y me esperan'. Y al avanzar vi a Nuestro Señor sentado al borde del camino como te digo. Déjame meter la mano por aquí, no te asustes, no hago nada. Qué bien se está así. Tú también estás bien. Y Nuestro Señor, representado tal y como se encuentra en las imágenes y vidrieras de la Catedral de Saint Florien de Cheux, aunque sentado como te digo en una piedra, me dijo con voz clara y maravillosa, que eso sí que lo era... 'Hazle caso Fray Wilhemius, que San Ateneo te enseñará algo que no olvidarás'. Y de rodillas al suelo me lancé 'Señor, ten piedad de mí'. Y Él, me dijo de nuevo 'A Mí, no, a él'. Y arrodillado, me giré hacia donde se encontraba supuestamente aquel San Ateneo que me dijo cosas muy provechosas que si me dejas poner la mano así, yo te enseñaré ahora a ti'.

martes, 10 de diciembre de 2013

Días extraños

Mi caminar por este mundo sufre contratiempos. Diversas circunstancias me hacen sufrir. Sin embargo, en otro plano existencial, soy tremendamente feliz. Ese plano distinto, esa nueva dimensión, es la que me mantiene vivo. Si no fuera por eso, ahora mismo ya me habría tirado al metro. Mientras el metro estuviera funcionando, claro. No me tiraría al metro por tirarme, si no porque el metro funciona y pasa y entonces... eso. Bien. El metro abre a las cinco de la mañana y cierra  las doce de la noche, menos los viernes que cierra a las dos. Los sábados está abierto todo el día. Ese es un buen día porque no tienes que mirar la hora para ir al metro. Sabes que funciona. Descubrí el segundo plano de mi realidad una tarde en la que salí a pasear con la bicicleta. Con el frío hago menos deporte, me cuesta más coger la bicicleta y salir a pasear como en verano. En verano me cuesta menos. Quizás me cuesta igual levantarme por las mañanas para cualquier cosa. Da igual que sea verano que invierno. Así que, en invierno, cojo la bicicleta por la tarde. Por las tardes tengo muchas cosas que hacer. Muchas. Voy y vengo a muchos sitios. Estoy allí, hablo, escucho. A veces hago otras cosas. Son muchas cosas. Casi todas las tardes. Esa tarde me dije 'voy a ir en bicicleta'. Y cogí la bicicleta y me fui a dar una vuelta por donde siempre. Me noté muy cansado muy deprisa, muy pronto. A los pocos metros ya estaba deseando parar. Pero no paré. Ya estaba oscureciendo. Estaba muy cansado, mucho. Pero me pasa muchas veces cuando dejo de ir en bicicleta durante un tiempo. Me canso. Y no paré. El cielo es muy bonito cuando está así. Cuando las luces hacen círculos y todo se convierte en una especie de escenario para que el cielo esté bonito. El cielo se puso así y lo vi todo muy claro. Era el otro plano. Estaba ya en la otra dimensión. Todo había cambiado. No había nadie y me costaba mucho menos pedalear. Y no era porque fuera cuesta abajo. En el primer tramo siempre es cuesta arriba. El cielo era tan bonito. Y yo estaba dentro del cielo. Estaba en el centro justo del gran foco sobre el que convergían los distintos círculos. Las estrellas que había en el cielo, las luces de la ciudad, las farolas, los coches, todas las luces estaban en el cielo. Y yo estaba en el centro del foco y pedaleaba igualmente. Me veía pedalear sin cansarme. Ya no pensaba en nada. Cuando estoy en la bicicleta pensaba mucho en cosas. Ahora ya no pienso. No sé a qué altura fue. La gente me lo pregunta cuando explico esto. Que a qué altura empecé a cambiar de dimensión. Que si fue antes o después de la fábrica. No tiene importancia porque no tiene nada que ver con la fábrica. Estaba en una nueva dimensión y estaba contento. Es brillante el cielo y es muy bonito. A veces, cuando estoy en el cielo, en el centro del foco, me gusta cogerme mientras pedaleo y cambiarme de lugar. O la dirección. Si antes pedaleaba hacia allí, ahora hacia aquí. O el lugar. Ya lo he dicho. Me gusta ponerme en otro sitio a pedalear. Siempre cerca de casa para poder volver. Quiero ir a Torre Baró un día, nunca me acuerdo de llevarme allí. Cuando estoy en el círculo, en el centro de la nueva dimensión, a veces se me olvidan las cosas de lo feliz que soy. No tengo frío y no siento nada. Suelo terminar en mi cama cuando vuelvo de ese plano. Si no fuera por eso ya habría terminado con todo. A veces me cuesta bajar la bicicleta a la calle porque doy con los pedales en la barandilla y hago ruido. O me mancho el pantalón de grasa. Lo que no sé es cómo la bicicleta vuelve a subir a casa. El centro del foco es lo mejor que hay. Estás ahí dentro y te sientes capaz de todo. Todas las luces están a tu alrededor y todo está bien. Es muy bonito. Pero luego hay que volver a la vida normal, cuando me despierto, y no me gusta. Cada vez me gusta menos. Pero la bicicleta sigue estando ahí.

lunes, 9 de diciembre de 2013

Lenin calcula

Vamos a ver. Vamos a ver, vamos a ver. La Revolución. ¿Cómo hacemos para que dure? ¿Cómo hacemos para que esto tenga algo de continuidad y no se quede en un arreón y que luego no pase nada? Es jodido esto. ¿Cómo hacer para que esto tenga algo de presencia? ¿Algo de fuste? ¿Cómo podemos hacer para que una vez que hemos llegado hasta aquí la cosa no se nos quede en nada? ¿De qué manera nos lo montamos para que en cuatro días no esté el chiringuito desmontado? Porque mucho hablar de disciplina y de fidelidad a los valores y todo eso, pero, tal pareciera que si no es por el mero hecho de odiar al otro y de asegurarse un sustento, aquí no se hubiera movido ni la mitad del personal. A ver, cómo podemos hacer para que esto no se quede en nada en dos días. ¿Alguien se acordará de nosotros dentro de... no sé, doscientos años? ¿Seremos simplemente una nota en los libros, como la revuelta de Pugachev, por ejemplo? Una revuelta que pone en jaque al sistema, pero el sistema sigue su curso. A ver. ¿Cómo lo hacemos para que esto perdure? ¿Cómo podemos hacer que lo que hemos puesto en marcha no se quede en una aventura? Tantas penurias hemos pasado, que ahora, pensar que esto se pueda desmontar en cuanto uno de nosotros falte... ¿Y si me pongo malo mañana, o me muero directamente... qué futuro tiene esto? Y no es que diga que yo soy imprescindible, que hay gente muy currante aquí... y también mucha cabecita loca, pero digo, cuando yo no esté, que puede ser en cualquier momento, porque me noto últimamente algo flojo... si yo no estoy... no sé. Si yo no estuviera, cómo nos lo podíamos arreglar para que la cosa no se nos fuese al garete. La cosa. La Revolución. Tendríamos que montar algo rígido, un sistema muy bestia, que la gente nos tuviera miedo, que nos tomase en serio... pero de la misma manera eso se nos puede volver en nuestra contra. Mira Robespierre cómo acabó. Si fuerzas mucho la máquina, puede que la gente se canse de tanta rigidez y... ¿pues entonces qué? ¿Hacemos como que aquí no ha pasado nada y nos conformamos con algo así que no haga demasiado ruido? Nos conformamos con no caer demasiado mal, con no buscarnos follones con las potencias... y eso entonces qué sentido tendría... ¿Para eso tanto rollo? ¿Y eso nos asegura perdurar? No lo sé. La verdad. Entre pitos y flautas, liados como estamos con las cosas del momento no nos damos cuenta de que esto debería tener un futuro. O igual los otros ya lo están pensando y... no sé. ¿Habrá estatuas mías por ahí? Las hay de los zares, de los príncipes, del general Kutuzov... ¿Habrá estatuas de Lenin? No te extrañe, que la gente es muy así. ¿Pero durarán?

jueves, 5 de diciembre de 2013

Gruff Rhys - Yr Atal Genhedlaeth

Para todos aquellos que piensan que eso de hacer música es difícil, que se necesitan unos conocimientos, que la composición, que determinados giros, que habría que vigilar los acordes, los arpegios, las distorsiones, el tipo de pedal, la calidad de los instrumentos y todas esas cosas... les recomiendo este disco. En ocasiones se dice que el punk, los Ramones, los Sex Pistols, grupos así, han provocado que muchos que nunca se hubieran atrevido a hacer música lo hicieran. Si ellos lo hacen, yo también. Pues en mi caso, tras mucho escuchar Ramones y Sex pistols, tras mucho hacer guitarras de aire con Pink Floyd y los Beatles, he de decir que este disco me descubrió que... se puede hacer todo muy fácil, sólo con voluntad y morro.
El disco se llama Yr Atal Genhedlaeth y es de Gruff Rhys. Este buen señor es el cantante y digamos principal compositor de los más o menos conocidos Super Furry Animals y sacó este disco en solitario en el año del Señor de 2005. Primera consideración, el disco está en galés, por lo que todo esfuerzo para entender las letras y para intentar canturrear mientras se escucha, es en balde. Eso, que puede considerarse un hándicap, es una bendición porque así uno puede cantar lo que le da la gana sin preocuparse de haber dicho 'heart', 'hat', 'heard' o 'hard'. Como ya sabes que no hay miedo, pues para adelante y sin mirar. Ya con los Super Furry Animals tienen un disco en galés que se llama Mwng, bastante interesante, aunque este de aquí gana por goleada.
El disco se compone por canciones muy cortitas y muy simples. Sencillísimas. De las que puedes hacer tú, con una guitarra y un batería que tampoco sea Ginger Baker. Sin saber demasiado. Raca raca, pam pam. Y listos. Este Yr Atal Genhedlaeth se lo guisó y cocinó Gruff Rhys solito, él lo tocó todo. Vamos a examinar las canciones, pero como ya sabemos que la letra nos va a dar igual, seremos breves.
Todo empieza con un corte de voz de unos segundos en galés, que seguro que quiere decir algo, pero que nos viene a dar igual. Es tan corto que pasamos sin solución de continuidad a Gwn Mi Wn. Batería y voz simplemente. Como me gusta esta canción. Batería y voz. Ni idea de lo que dice. Batería y voz. Genial para empezar algo, lo que sea. En el estribillo dice... Gwn Mi Wn. Batería y voz. Sin dejar pasar ni un segundo pasamos a Epynt. Aquí ya hay una guitarra, una batería y un organito que hace piiiiiiiiiii, sin más. Con la guitarra no se mata pero absolutamente nada, todo muy sencillito, sin estridencias tampoco, sin querer hacer por parecer 'punkarra' o un sonido demasiado sucio. Simple, limpio. Con una intro, un estribillo, un par de acordes y listos. Y estoy hablando demasiado técnicamente. La canción se pasa en un momentito.
Y ya viene Rhagluniaeth Ysgafn. Con una caja de ritmos y la guitarra haciendo nada. Esta canción, no sé por qué, en un principio me gustaba mucho, pero luego me empezó a resultar larga. Y ya digo que el tono general es de hacerlo simple y cortito, pero bueno. Qué criterio ¿verdad? Corta, larga, simple, complicada. El crítico musical.
Igual se me hace larga, porque me gustan las dos, tres mejor dicho, que vienen después. Pwdin Wy, parte 1 y parte 2 son la misma canción. Una lenta y la otra rápida. Al revés, una rápida y la otra lenta. Sin solución de continuidad, una y la otra. Seguidas. Muy popera la primera y la otra más arrastradita, algo más épica. Todo lo épico que se puede ser en galés. Me gustan muchísimo. Y les han de gustar a ustedes también así que tengan algo de sensibilidad.
Y Gwybodusion se parece a la de Gwn Mi Wn. Batería y guitarra y la voz y a correr. Un cambio o dos y fuera. Y un bajo que entra luego. Y ya está. Tanta complicación. Se empieza, se hace una cosa en medio, y se sigue. Fuera. No hay más. Qué simple. Y un organito que entra que se nota que lo pulsa con el dedito así. Ti ti ti ti ti. Y te dan ganas de coger y hacerlo tú. Ea.
Caerffosiaeth no me gusta. Ya está dicho. Si la he escuchado entera más de tres veces ha sido sin querer, sin fijarme. También con caja de ritmos y la voz. No me gusta. Ya está. Ambell Waith es una canción con acústica, normalita, que no molesta, está ahí y no importa demasiado. Ni Yw Y Byd es una canción animadita, así en plan himno, que sea dios lo que quiere decir, y que bueno, está ahí. Va creciendo un poquito y quiere ser como optimista. De hecho, quiere decir 'We are the world', según la Wikipedia. Si buscan, en la Wikipedia traducen lo que quiere decir el título de cada canción. Bueno, pues We are the world. la la la la la la....
Y la última. La última mola mucho. Chwarae'n Troi'n Chwerw es un cancionón. Para acabar. Típica canción que empieza muy sencillita con una guitarra eléctrica y los platillos y que va subiendo de intensidad, sin ir más deprisa. Qué forma de terminar un disco de forma tan así. Empieza alto, tiene un ligero bajoncillo al final pero... cuando termina lo hace arriba.
Un disco ejemplar. Un modelo de cómo hacer música sin tener que complicarse demasiado. Está hecho, es simple. Y mola. Y está en galés.

miércoles, 4 de diciembre de 2013

La vida que queremos

Las cosas, la mayoría de las cosas, le pasan a los otros. A los demás. Nosotros las vemos por la tele, o las escuchamos por la radio, y, de vez en cuando las llegamos a leer en alguna parte. Pero principalmente las vemos por la tele. Las cosas, las crisis, para mucha gente, pasan en la tele. La indignación se queda en la tele. Vemos una tertulia en la tele y ya creemos que estamos actuando contra el sistema. Veo la tele, entiendo que el Gobierno es una pandilla de cuatreros y me cabreo. Qué cabrones. Y ya. Eso es lo que pasa. Enciendo la tele, veo que los nacionalistas catalanes son unos fascistas, unos nazis, y yo me lo creo porque lo dice la tele, una cadena que ya sé lo que va a decir, y me lo creo. Y es así. La tele. Es la vida.
Dicen que no, que la vida es otra cosa, que lo que sale en la tele no es lo que de verdad ocurre en la calle. Es mentira. La realidad es lo que pasa en la tele. De hecho, en la tele pasa lo que la calle quiere que pase.
Nos lo dicen ellos mismos. Los programas matutinos se han convertido en el nuevo espacio en el que tratar los temas escabrosos que ocurren en nuestro entorno. La muerte de la niña Asunta, la salida de la cárcel de los asesinos de Anabel Segura, y el caso estrella, la salida de la cárcel de Ricart, el famoso inculpado por la muerte de las niñas de Alcásser. Es lo que la gente quiere. En realidad, vienen a decir, la gente está deseando saber de estos temas. Oyes y dicen... las señoras mayores que ven la tele por la mañana, quieren ver estas cosas. La culpa es nuestra, la calle es lo que tiene, que si les haces caso te llenan la tele de mierda, y qué le vas a hacer... pues tendrás que darles lo que pide.
El debate está ahora en si las televisiones deben o pueden llevar al tal Ricart a la tele, a entrevistarle, pagándole, para que cuente su versión de los hechos sobre lo que ocurrió. Durante mucho tiempo vivimos un auténtico bombazo televisivo en torno a este caso. Programas especiales, entrevistas a familiares, mierda y más mierda. Desde entonces, han habido sucedáneos, casos como el de los chicos sevillanos que no se sabe dónde pusieron a la muchacha a la que mataron, o el padre de la niña que un pederasta mató y que se ha labrado una fama un tanto turbia. Padres coraje que quieren saber y con los que se identifica la población... y al mismo tiempo... el morbillo por saber qué pasó, qué le hicieron, por qué, y por qué esos que no saben lo que pasó no lo investigan, qué esconden, a quién protegen. Seguro que protegen a alguien. Estamos en manos de cuatro mangantes. Al final los de arriba se salvan siempre. Seguro que si les pasara a ellos ya los habrían puesto a todos mirando a Pamplona. Y otro caso, otro padre, otra madre llorando en la tele, y la gente pensando 'hay que ver, está el mundo loco'. 'Al final no vamos a poder salir a la calle'. 'Esto está todo podrido, la policía no hace nada...'. Y ya está el tal Ricart en la calle. En la calle, madre mía, dónde vamos a parar. Vamos a hacer un programa para hablar de si está bien o está mal que esté en la calle, vamos a hablar con los padres de los afectados, vamos a ver si podemos hurgar un poco más. Vamos a ver si...
Ahora nadie quiere llevar a Ricart a la tele. No, no, se están confundiendo. Nosotros jamás llevaríamos a este señor a la tele, pagándole, claro que no. Ya han llevado a otros... pero a este no. A Julián Muñoz, condenado por corrupción, si. Pero a este no. Y vuelven los programas especiales. Y los programas de investigación. Y la gente es lo que quiere. Quiere saber.
La gente quiere que le cuenten la verdad. Pero que se la cuenten por la tele. Una verdad que es la que ellos entienden. Que luego por la calle te puede venir cualquiera a comerte la oreja y sin datos. Nacho Abad lo sabe. Nacho Abad tiene a un experto. A un forense. Al padre de alguien. A la amiga de una amante... ha dicho usted amante? ¿Lesbianismo? Déjalo, déjalo,... a ver qué dicen.

martes, 3 de diciembre de 2013

Patatas

Otra historia centroeuropea, en esta ocasión a cargo del escritor portugués Filho de Feijoao, con su ambiente humilde, su dignidad humana y todo eso. El relato se llama 'Patatas' y se incluye en su volumen 'Centroeuropa y yo'.
'La señora Brandauer salía de su domicilio todas las mañanas muy temprano, incluso cuando hacía más frío en el más frío de los inviernos, para comprar algo de comer en la tienda que se encontraba enfrente del bloque de viviendas en el que habitaba. Era su único contacto con el mundo a lo largo de la semana. Los sábados y domingos, se encerraba en casa, haciendo algo de labor o mirando por la ventana el lento paseo de alguno de los viandantes. La señora Brandauer se había quedado viuda hacía unos diez años. El señor Brandauer había fallecido víctima de una neumonía, cuando tenía 45 años y no habían tenido hijos. La señora Brandauer estaba sola y recibía una pequeña pensión por ser viuda de veterano de guerra y su hermana Grethe, que vivía en Schonnenburg le enviaba unos pocos billetes para poder mantenerse. Su hermana Grethe se había casado con un tendero de Schonnenburg y hacía treinta años que no se veían, pero desde que se enteró por carta del deceso del señor Brandauer, siempre la mandaba unos pocos billetes para que pudiera ir tirando. La señora Brandauer salía de su casa, bajaba los dos pisos lentamente, buscando encontrarse con algún vecino con el que poder charlar un poco. También se demoraba a la hora de cruzar la calle, esperando que algún conocido de ella o de su marido, que fue muy popular en el barrio, la abordasen para preguntarle ¿Cómo le va, señora Brandauer? ¿Está usted bien, señora Brandauer? ¿Es este invierno más frío que el anterior, verdad, señora Brandauer? Ella contestaba y se explayaba. Le gustaba hablar. Cruzaba la calle y allí estaba la tienda de la señora Strenowsky, con el señor Strenowsky siempre apoyado en un quicio de un portal, justo al lado, vigilándola. La señora Strenowsky era una callada y laboriosa mujer que nunca daba más conversación de la que era necesaria. El señor Strenowsky siempre la reprendía, 'cada palabra de más es un cliente menos'. Sin embargo, la señora Brandauer, acudía todos los días allí aún sabiendo que no iba a encontrar una conversación amena. Le caía bien la señora Strenowsky. 'Buenos días, señora Strenowsky, esas patatas se ven muy buenas, ¿las traen de algún sitio en especial?'. 'Buenos días, señora Brandauer, de un pueblecito cercano a Berlín, son del huerto de unos primos'. 'Oh, ¿tienen familia fuera de Berlín señora Strenowsky?'. 'Sí, unos primos'. '¿Y no les suelen visitar? Yo tengo una hermana en Schonnenburg y hace treinta años que no la veo'. 'Su hermana Grethe, claro'. 'Si, mi hermana Grethe. Es muy buena. Pero hace mucho que no nos vemos. Se casó en Schonnenburg y...'. '¿Cuántas patatas quiere señora Brandauer?'. 'Cinco patatas, señora Strenowsky'.
Y la conversación seguía, camuflada entre patatas y cebollas, sobre las familias, los hijos, los parientes, alguna enfermedad reciente y el frío. Mientras, el señor Strenowsky en el quicio de la puerta, renegaba por lo bajo 'cuánto de sí dan unas patatas'.

lunes, 2 de diciembre de 2013

Karpov

No me gusta. No me gusta la gente así. No me caen bien. Debería darme igual, dedicarme sólo a lo mío, mirar la partida e intentar estar por lo que tengo que estar. Pero me puede. Y a lo mejor no lo hace conscientemente, no lo hace por que esté yo delante, pero no le aguanto. No me gusta esa actitud, ese rollo de 'uy qué loco que estoy'. No. No me gusta. No me gusta tanta genialidad. Tanta olla a presión. No me gusta ese modo de hacer las cosas por la cual uno tiene que estar siempre comprendiéndolo todo de todos. No. No me gusta. Me estoy enfadando y ya sé que si me enfado juego peor. ¿Estoy jugando peor? Recapitulemos. Estoy jugando contra alguien que va de, y que realmente es, muy bueno. No digo que no. Lejos de mí la tentación de pensar que este buen hombre es tonto del culo y que además no sabe jugar. Al contrario, sabe jugar mucho y bien. Es un genio. Pero no me gusta que vaya de genio. Puedes jugar como un fiera, puedes jugar como te dé la gana, pero manteniendo al menos durante las partidas o inmediatamente antes o inmediatamente después, algo de compostura. Pero no. Este no hace más que bobadas, tonterías, quejas, enfurruñes, decir sandeces, hacer cosas que no se entienden. O se entienden. Yo sé que lo que busca es ponerme nervioso, desestabilizarme, pero no lo va a conseguir. O sí. ¿Y si lo consigue? ¿Y si ya me estoy yendo de lo que estaba...? ¿Y si...? No sé, a veces pienso que se me va de verdad la cabeza y que no aguanto la presión. El ajedrecista imperturbable, la cerebral máquina de... Pero creo que no. No. No voy bien. Creo que todos van con él. Que él se lleva los halagos, que él es el que mola y que yo no tengo nada que hacer. Que muevo, que sé jugar, que soy un rival difícil, pero están todos esperando que gane él. Porque es nuevo, porque se atreve, porque no tiene miedo, porque está medio loco y uy qué cosas hace. Y yo en cambio no hago nada. Estoy aquí, muevo, espero, vigilo, a ver si la caga, meto algo de follón, pero... él es el que está jugando de verdad. El que hace cosas de verdad. Y yo no. Que sí, que estoy aquí y que él para ganarme va a tener que sudar tinta, si es que me gana. Pero no. No estoy. Es él el que está. Y yo estoy pero no estoy. Y no me gusta. No me gusta él. No me gusta que él esté todo el rato haciendo cosas, que todos esperen a que haga algo, lo que sea, para decir que oh, qué bien, qué genio. Y mientras yo voy moviendo y creo que estoy jugando medio bien, pero no es suficiente. No es suficiente. No voy bien. Él va a ganar. Estoy convencido. Ojo que se levanta y se va... de verdad, me como demasiado la cabeza. Ahora, este no está bien, no. No lo está. Ahora me da cosa, fíjate. Qué cabezas.