jueves, 10 de julio de 2014

El miedo

El señor Schepens entró en la taberna con aire de estar haciendo algo que venía ocurriendo desde hacía mucho tiempo, pero eso no era así. Ya hacía muchos, muchos años, que el señor Schepens no visitaba la taberna. Dejó de frecuentar aquel lugar cuando se estableció definitivamente como pasante en el pueblo y se casó con Albertina Martins. Durante los años que él llamaba 'perdidos', había sido un asiduo visitante de aquel lugar confortable y pacífico que se encontraba cerca del río que atravesaba la ciudad antes de ir a parar, pesado y oscuro, a un mar inhóspito y gris. El señor Schepens se sorprendió al encontrar el mismo calor de siempre, aquella sensación de haber llegado a un punto seguro una vez que había tenido que deambular por calles en las que el viento helado, casi durante todo el año presente en aquel lugar, no animaba precisamente a pasear. El señor Schepens empujó la puerta, se reconoció en aquel ambiente cargado y cálido y casi sin querer, buscó con la vista una cara con la que había estado pensando en secreto durante mucho tiempo. Hacía muchos años, mucho tiempo que no había vuelto por aquel lugar. Su profesión, su matrimonio, la vida, le había alejado para bien de aquel ambiente pesado y plagado de pensamientos tristes, vagos, perezosos. El señor Schepens ya hacía tiempo que había reconducido su vida. Su negocio marchaba bien, tenía cada vez más clientes y se había hecho un nombre respetado en todo el país. Incluso había escrito algún artículo para la revista de la Asociación Real de Abogados y Legistas, que recibió elogios por parte de más de un profesor de la Universidad por su conocimiento y estar 'realmente con los pies en el suelo, sabiendo de lo que habla'.
Schepens, que no encontró la cara que buscaba y que no quería encontrar, se dirigió a una de las mesas, pegada a la pared, que reconoció claramente como 'su lugar de siempre', en aquella taberna. Sentado ya, se acercó a él el señor Bolkenmans, el dueño de la taberna, para ofrecerle algo de comer. Schepens le contestó que ya había comido y le pidió simplemente una copa de... Se había acostumbrado a beber Whisky en sus reuniones con otros potentados y había perdido la costumbre de bebidas más agrestes. No supo que pedir. Finalmente se decidió por una cerveza. Estuvo tentado de preguntar a Bolkenmans sobre cómo marchaba el negocio, o la vida en general, después de tanto tiempo, pero no lo hizo. Bolkenmans se había dirigido a él como siempre, con la misma actitud distante que siempre agradaba a clientes con pocas ganas de decir ni de saber. Schepens no quería reconocer porqué había ido a aquella taberna de nuevo. Los días previos habían transcurrido sin más sobresaltos, ni decepciones, ni un incidente que reseñar. Todo marchaba correctamente.
Alguien dijo un nombre. No recuerda cómo ocurrió. Y tuvo que volver.  

miércoles, 9 de julio de 2014

Yo vi a Brasil perder siete a uno. Y me alegré.

Vean esa cara. Es David Luiz, central (a veces mediocentro) brasileño de pelo rizado, que tras encajar uno de los goles que ayer recibió la selección verdeamarela mira con cara de 'pero qué coño...'. Cara de no estar de acuerdo, de que no es posible, de que alguien no está haciendo algo bien... y no es él. A ellos no les podía pasar eso. Brasil iba a perder siete a uno contra Alemania en la semifinal del Mundial, de su Mundial, y alguien estaba haciendo algo mal.
A todas luces, geopolíticamente hablando, una persona de bien debe ir siempre con Brasil juegue casi contra quien juegue. Brasil es un país de desigualdades espeluznantes, de riquezas naturales abrumadoras de las que no disfruta más que una minoría, de miserias perennes, de pobreza sin cuento. Un país que pretendidamente busca situarse entre las potencias emergentes en base a un modelo de desarrollo que nos suena mucho por aquí. Un país que busca (y que siempre ha utilizado) en el fútbol, un modo de legitimarse, de reivindicarse. Eso también nos suena mucho por aquí. Postguerra, Di Stéfano, Real Madrid, Copas de Europa. Brasil, pobreza, desigualdades, dictaduras, Pelé, Copas del Mundo.
Uno debería ir siempre con Brasil. Pero no. El día de los octavos entre Brasil y Chile, en el Airiños, la camarera brasileña me preguntó que porqué iba con Chile. Le dije que no iba con Chile... que iba contra Brasil. No soporto a Brasil futbolísticamente hablando. Lo pondré en una línea a parte para que se entienda mejor.
No soporto a Brasil, futbolísticamente hablando.
Creo que desde el Mundial 82. Brasil tenía el equipo que mejor jugaba. Sócrates tiraba penalties de tacón, Zico era el mejor jugador del mundo pero yo no le vi nunca hacer nada, Toninho Cerezo, Falcao, Junior... El favoritismo de los medios con Brasil era abrumador. Eran los mejores. Pero llegó Italia y les ganó. Una injusticia, se dijo, que le mejor equipo no fuera campeón. El fútbol es así. Yo tenía siete años y es muy posible que todo lo que les cuente lo haya creado en mi mente a posteriori. Pero en el mundial siguiente, en México 86 yo ya tenía 11 años y lo que les cuento es cierto. Francia contra Brasil. Y yo deseaba con toda mi alma que perdiera Brasil. ¿Pero por qué?
Brasil juega al fútbol con el convencimiento de que ellos juegan al fútbol. Es una cuestión de percepción. Les ves jugar y parece que ellos tienen derecho a otro reglamento, a otras normas, a que los rivales asuman que pueden hacer lo que quieran, sus mejores jugadores son los mejores jugadores del mundo, sus jugadores son siempre simpáticos, bromistas, alguno es guapo, el que es feo es tan gracioso y hace cosas tan peculiares, las marcas comerciales se los rifan, da igual que sean serios o poco profesionales, importa que son brasileños y que son muy buenos y que por narices tienes que asumir que son los mejores, que se merecen ganar. Algunos de sus jugadores vienen de la miseria más terrible, otros son gente de posibles. Tanto unos como otros tienen excusa, el que es pobre puede ser un indolente malcriado, un teatrero cuentista que finge y finge y finge contínuamente, que provoca y que llora, porque viene de un ambiente espeluznante y claro, se le ha de compadecer. El que es rico, lo ha tenido todo y no asume que haya normas. Brasil con la complicidad de las grandes marcas de ropa deportiva, con la Fifa gobernada por un brasileño durante décadas, con todo a su favor. Siempre. Un país pobre, pero una potencia futbolística. Abajo la potencias.
Brasil ha tenido jugadores fabulosos. Seamos serios. Los mejores. Los más técnicos. Pero los que menos lo han demostrado. Si algo tiene el fútbol de entretenido es que es muy posible que el mejor no gane. Que el más técnico, el más voluntarioso, no gane. Porque la suerte, la potra, la picardía, cuenta.
Mundial Italia 90. Argentina contra Brasil en cuartos, creo recordar. Brasil con otro equipo tremendo, aunque ya no tan tremendo como otras veces. Brasil empieza a pensar que tanto juego bonito, que tanto juego fabuloso no les sirve, que tienen que 'europeizarse'. Como la fábula del león que se quita la barba por una mujer, antes tenías dignidad, ahora no tienes nada. Brasil empieza a jugar feo. Argentina tiene a Maradona medio cojo y a Claudio Paul 'el pájaro' Caniggia en punta. En una jugada memorable, Maradona arranca medio muerto, se lleva el balón y deja sólo a Caniggia delante del portero brasileño, diría que Taffarel, o puede que Carlos. Gol de Argentina. Uno a cero. Alegría inmensa. Todo lo que cantan los argentinos estos días tiene que ver con esa jugada. Brasil gana un mundial en 2002 con un equipazo, con Ronaldo, Ronaldinho, Rivaldo, Roberto Carlos... y Scolari de entrenador.
Scolari es Satán para el fútbol. Scolari es el entrenador brasileño que admira a Pinochet porque puso orden en Chile. Scolari es una persona de orden que se queja de los árbitros como un vulgar entrenador del Elche. En los minutos previos al partido de ayer, el locutor dice que el mediocampo de Alemania es infinitamente superior al de Brasil. Sólo por ese comentario, deberían haber echado a Scolari. He visto hacer cosas a Brasil en estos partidos que hacían daño. Desde mi posición de irreductible enemistad futbolística con la habitual displicencia brasileña, la confianza en su técnica y su habilidad y la permisividad arbitral para con ellos, he de decir que al menos, aquellas selecciones brasileñas enseñaban alguna cosa. Lo de este año ha sido espantoso. Partido Colombia Brasil. Colombia encierra a Brasil y Marcelo, lateral del Real Madrid, que no es manco precisamente, se encuentra con una pelota al borde de su área. Presa del pánico, echa a correr con el balón y sin encomendarse a Dios o al Diablo da un patadón hacia arriba quitándosela de encima, una patada hacia ningún sitio. Algo indigno de un jugador brasileño. Al menos, antes, teníais dignidad.
El tan temido Maracanazo, el recuerdo de la victoria de Uruguay en el mundial 50 sobrevolaba en el ambiente. La expulsión de Luis Suárez del campeonato por su famoso mordisco, parecía evitar que algo así volviera a repetirse. Uruguay, el equipo honesto, que pega, que da, que te cose, con sus limitaciones, estaba fuera. Brasil respiraba tranquila. Argentina da penita y aún así era un rival temible para los brasileños. Sólo Alemania puede ganarles en Semifinales.
Neymar queda lesionado en el partido contra Colombia. Neymar. Jugador vistoso, pero no es un crack. Dónde están los cracks de siempre en Brasil... dónde está el delantero centro que deja turulato al universo... dónde el centrocampista que hace lo que quiere, el virguero, el que no corre pero que cuando la toca la rompe... dónde están... no están. Sólo gente que corre mucho, que hace aspavientos, que canta el himno gritando. Tan sólo un chavalito de pelos raros que hace bicicletas. Lesionado. Un central brasileño, Thiago Silva, en la más infame tradición llorica, dice que ha sido lesionado adrede. Estas cosas se pagan.
Siete a uno. Alemania le ha ganado siete a uno a Brasil en Brasil. Lo repetiré en otra línea a parte, para que la gente a la que nos gusta el fútbol, la saboreemos como se merece.
Alemania le ha ganado siete a uno a Brasil en Brasil.
Y yo, escuchando Os Mutantes mientras escribo esto, me alegro.  

martes, 8 de julio de 2014

Peregrinación espiritual y material

Recogemos ahora un texto de Evelina Dorivalic, que recoge en un curioso libro llamado 'Charlas con peregrinos', en el que recoge sus conversaciones con diversos personajes a las puertas de la catedral de Barcelona. El relato que sigue a continuación se llama 'Asdrúbal Arantes Villarroel', título que coincide con el nombre del personaje y que responde al patrón elegido para titular cada texto con el nombre del... en fin.
'La mañana estaba fresquita y no correspondía con el tiempo que debía hacer en aquella época del año, por eso no me sorprendió ver a un moreno mozo vestido de traje y chaqueta entre tanto tirante y tanta bermuda y tanta pierna suelta. Aquel moreno sonriente llevaba además una cruz ostensiblemente visible fuera de la camisa y arrastraba una maleta de viaje. Me pareció interesante acercarme a él y preguntarle por su viaje, el motivo de peregrinación y qué pensaba de la ciudad. Lo habitual. El chico, que dijo llamarse Asdrúbal Arantes Villarroel, venía del Perú y pertenecía a la Concesión Católica de Elementos Itinerantes, asociación o entidad de la que en mi vida había oído hablar. Según Asdrúbal, dicha Concesión respondía a un interés de la curia en mantener una estrecha vigilancia del sentido del peregrinaje a lo largo y ancho del mundo, recoger experiencias y a partir de ahí diseñar una estrategia para ofrecer y proponer nuevos itinerarios, relatos y elementos que pudieran satisfacer a este cuerpo de militantes de la Fé.
Casualmente, le dije, soy una persona que está realizando un trabajo muy similar al que vosotros realizáis, ya que me dedico a entrevistar a personas que acuden a esta Catedral que, aunque catedral y católica, ve acudir cada día a multitud de visitantes que ni tienen interés en la religión verdadera o bien son herejes convencidos e incluso quienes vienen a esta Catedral como el que acude a una taberna o un espectáculo típico. Mi trabajo consiste en...
No me dejó acabar. Con una sonrisa resplandeciente y un gesto que enamoraría a las masas si esas masas tuvieran tiempo de escuchar la verdadera palabra, me dijo 'lo siento señora, pero yo cobro por lo que hago, que no digo yo que su trabajo y el mío no tengan mérito, pero el mero hecho de yo recibir un estipendio por la labor que realiza, como se figura, ya le da un realce y un sentido que en su caso no le encuentro. No se ofenda.' Me dejó algo descolocada, la verdad.
Asdrúbal se adentró en la Catedral y sacó de un bolsillo una llave que dirigió a una de las muchas huchas que allí se encuentran para limosnas, en concreto en la del Culto a los Santos Lugares, la vació, se guardó las monedas y volvió a salir tan ancho.
Un profesional.'

lunes, 7 de julio de 2014

Cómo funciona la música - David Byrne

David Byrne es un... Voy a empezar otra vez.
'Cómo funciona la música' es un libro escrito por David Byrne. David Byrne fue miembro, (por no decir líder), de la mítica y nunca bien ponderada banda norteamericana Talking Heads y desde finales de los ochenta ha desarrollado una carrera musical en solitario que tiene sus altos y sus bajos, por decirlo de una manera suave. Su trabajo como músico no desmerece su tarea como divulgador e investigador musical. Así, por ejemplo, gracias a él, servidor de ustedes ha podido conocer la obra de Os Mutantes o Tom Zé, ya que recopiló canciones de estos fenómenos brasileños para su sello Luaka Bop. Por lo que respecta a su trabajo como músico, muy recientemente editó un disco junto a St. Vincent que el aquí escribiente no ha tenido el gusto de escuchar más de una canción del mismo y, pese a no estar mal, no invita a ir más allá.
'Cómo funciona la música' es un intento por parte de David Byrne de explicar qué es la música, porqué se hace música, porqué la música nos gusta o no nos gusta, qué es la buena música y porqué hay buena y mala música y quién decide que así sea, cómo funciona el negocio musical, qué diferencias hay entre los distintos soportes de audio, por qué los discos duran lo que duran, cuál es la gracia de 'hacer una recopilación de canciones', porqué se prima 'escuchar' música a 'hacer' música en las escuelas y en la vida en general, qué significa actuar en directo, qué diferencias hay entre la música en directo y la música en estudio, qué significa escuchar música... Como ven, muchas preguntas, algunas de las cuales parecen demasiado sencillas y que, bien al contrario, tienen una respuesta bastante compleja.
El libro está escrito de una forma muy amena y directa. Cuando tiene que tirar de referencias personales, lo hace sin ningún pudor, pero así, de esa manera, uno entiende mucho mejor lo que nos quiere decir. Así, por ejemplo, nos cuenta su experiencia como artista en directo, como músico que tiene que ofrecer un espectáculo. Cómo lo hace cómo piensa lo que va a hacer, cómo se van a colocar, qué actitud, qué vestuario, todo. Tanto con los Talking Heads (sabido es que Byrne no terminó muy bien con el resto de la banda, pero aquí ese tema no se toca y se habla siempre muy elegantemente de sus excompañeros) como en solitario (aquí se hace hincapié en la figura de Brian Eno, productor y socio musical de Byrne en algunas aventuras). Todo está pensado. También nos cuenta cómo se graba un disco, cómo lo planifican, quién compone, cómo se colabora con otros músicos, también desde una perspectiva personal.
Nos introduce en la música de una manera que dan ganas de 'hacer música', de escuchar música también, pero sobre todo de hacerla, de crearla. Sea como sea. Nos cuenta cómo la música es tan diversa y plural que no puede haber una música mejor que otra, que la música que se oye en los auditorios no es mejor que la que se oye en el CBGB, que los virtuosos quizás no sepan transmitir, que el gran guitarrista es posible que no sepa tocar un rock primario, que hay una música para cada espacio y para cada momento y que no se puede 'educar' el oído, sino es con un fin ideológico, clasista y al final comercial.
David Byrne también tiene momentos para la ida de pelota. La parte final del libro nos habla del gran sonido del Universo, de planetas que giran y que crean una melodía que se nos escapa, de ondas, de líneas, de cuerpos y de fenómenos que le pillan a uno un poco lejos. Hasta habla de un debate con Steve Pinker, glups. Pero el daño ya está hecho. El libro enseña a no dejarse apabullar por la experiencia o la inexperiencia, a no creer que hay que saber de música para poder crear música, que la verdadera educación musical consiste en hacer tú mismo lo que buenamente puedas, que lo adornes, lo vistas, lo ejecutes y disfrutes con ello. O no. Que de todo hay en la viña del señor y músicos atormentados también los ha habido y no pocos precisamente.
David Byrne cita a investigadores, científicos, pensadores, productores, músicos, él mismo... para que lo que cuente no sea una simple sucesión de majaradas sin más. El bueno de David Byrne lo tiene todo muy bien preparado y calculado. Al final del libro, como un apéndice, recoge una serie tanto de lecturas como de referencias musicales para ayudar al lector a comprender de qué está hablando.
Fascinante libro y muy ilustrativo para los que sin música no sabríamos vivir. Mentira. Viviríamos como vive mucha gente, claro. Pero la vida sería infinitamente peor.
Muchas gracias a las chicas más chulas de Santaco por semejante regalo. Me dieron en el hueso del gusto. 

viernes, 4 de julio de 2014

Miscelánea

Empecemos. El 3 de julio, sin avisar a nadie, han celebrado los que se han enterado el aniversario de la muerte de Brian Jones. Así. Sin decírselo a la peña ni nada. En plan 'nos lo montamos nosotros y pasando de todo'. Pues muy bien. La gente sin contar con nadie va a su rollo. Pues nada, nosotros lo celebraremos hoy como dios manda. A lo grande. Camiseta de Brian Jonestown Massacre en ristre y Rolling Stones a tope. Aquí tenemos una bonita canción interpretada en directo, al menos las voces, llamada Paint it Black, del disco Aftermath, que es uno de los mejores discos de los Rolling Stones. Han estado en Madrid, no he ido a verlos. No pasa nada. Lo llevo bien. No llevo tan bien que no avisen del aniversario de la muerte de Brian Jones. Mírenlo que mono tocando su sitar. Qué águila.
https://www.youtube.com/watch?v=2yClt_hDRqs

Soy una persona mayor a la que, lógicamente, le gusta la música de su época. Estos son de mi época, estos no son de mi época. Mi época se extiende por el tiempo durante unos veinte años, aproximadamente, y podríamos decir que finalizó hace un mes y muy poco. Mi época ha pasado. Mi época, de manera explícita, la podríamos situar a mediados de los noventa. los dieciocho... los veintipocos. Esa era mi época. La música de mi época. Beck, por ejemplo, era de mi época. El disco Loser era de mi época. Beck tiene otros discos muy buenos, pero el de mi época era Loser. Soy un perdedor. Esta canción se llama Nitemare Hippie Girl. El que entienda la letra que me lo explique. ¿Le gusta la hippie o no le gusta? Que a mí me da igual, pero la intriga me come. Desde hace años. Desde mi época.
https://www.youtube.com/watch?v=mQIVUy9bdxE

Soy una persona que ya tiene una edad. Y me gusta la música de mi época. Me gustan unos grupos que se escuchaban mucho entre el círculo de amigos que yo tenía... en mi época. Ahora esos grupos se escuchan más o menos. Muchos de esos grupos, por ejemplo, no son conocidos por gente algo más joven. No mucho más. Me gustaban los Yo la Tengo, que, aunque eran algo más antiguos, sacaron muy buenos discos en mi época. Mi época ya ha pasado y quizás canciones como esta versión de Anita Bryant, My little corner of the world, tienen más sentido que antes. Es curioso, ni los grupos de mi época, tocaban canciones que tuviesen relación con mi edad. Qué pequeño rincón del mundo iba a tener yo con 20 años... en fin. Sea como sea, esta canción es tan bonita como las cosas bonitas que hay por el mundo y por esos campos. Nos va a castigar el señor a todos por ser tan ñoños.
https://www.youtube.com/watch?v=bjJu2bR7Om8

¿Cuánto hace que no ponemos una canción de los Beatles? No ponemos, hablemos en plural, que ahora es lo que se lleva mucho. Una canción de los Beatles, pero una de las raras. Y una de las guapas. You Know my name, look up the number es esa canción que no parece de los Beatles, porque claro, como van a hacer los Beatles algo tan así. Y lo hacen. Esa es la gracia de los Beatles, que son capaces de bufarse de lo más sagrado. Bah, qué frase tan tonta acabo de poner. Qué ñoño. Qué así. Una canción en la que Brian Jones participó, ahí está la gracia del asunto, tocando el saxofón. Casi nada. John Lennon haciendo el payaso y Brian Jones colaborando en la rifa. Sabes mi nombre, mira el número. Un mensaje sencillo y conciso. Una canción, en cambio, para complicarse.
https://www.youtube.com/watch?v=UCsgZ9zU7IA

Soy una persona ya mayor, que ha visto pasar los mejores años de su vida y, a la hora de escuchar música, lógicamente se va hacia lo que es el sonido de su época. Eso es así. Soundgarden no era el grupo que más me ha gustado en la vida. Ni siquiera es un grupo que me guste demasiado, pero tiene dos canciones que son muy, pero que muy buenas. Una de ellas es Pretty Noose. Una canción que nos gustaba mucho al Edu y a mí cuando éramos jóvenes. En nuestra época. Canciones de cuando nosotros éramos jóvenes y todavía podíamos hacer cantidad de cosas guapas. Canciones de nuestra época. Ahora nos contentamos con comentar partidos de fútbol por el watsap y tal. Y a la hora de quedar pongo objeciones. No quedemos tarde, cuidado a ver qué hacemos. Y procuramos ir a sitios donde pongan canciones de nuestra época. Esta es una de ellas. Un cancionazo de asustar. Chris Cornell da rabia.
https://www.youtube.com/watch?v=f8nkHrv_4Mg

Soy una persona mayor, pero no tan mayor. A ver, eso, que yo ya... pocas hazañas bélicas voy a llevar a cabo. Bueno. Un homenaje a Syd Barrett por el morro. Porque iba a escuchar la de Maisie, que es una canción-inspiración, pero resulta que aparece aquí la de It's no good trying. Esta canción es del Madcap Laughs, que es el primer disco de Barrett sin los Pink Floyd. Algunos que hayan leído esto alguna vez deben estar hasta los mengues de Syd Barrett ya. Pero ese es un problema que no nos compete resolver aquí. You know you should be home in bed. Qué figura el Barrett y qué cabeza, angelico. Y cuidado, Robert Wyatt toca la batería. Ojo.
https://www.youtube.com/watch?v=1M9U_DrpWYs

Pues ya está. No hay mucho más. Que tengan un buen fin de semana todos y cada uno de los presentes y los ausentes, por ser educados, también.

jueves, 3 de julio de 2014

Flor de cactus

Recogemos en esta ocasión una rareza en nuestro repertorio dado que no solemos incluir en este espacio artículos o textos a cargo de personas dedicadas a la ámbitos no estrictamente literarios, pero creemos que este caso merece la pena. Del botánico Osiris Delapierre recogemos la entrada que hizo dedicada a la Flor de Cactus en su obra 'Enciclopedia de las flores', en principio un volumen divulgativo pero, como verán, un tanto fuera de lo que diríamos... formal. En fin.
'Flor de cactus. Un día duras. Un día escaso. Una noche. Flor de cactus que te abres de noche para que nadie te vea y al llegar el día decides morir. Lo decides. Estoy seguro. Estoy convencido de que sabes lo que haces. Tanto tiempo que te llevo vigilando y apreciando y en el momento en el que tienes realmente algo hermoso que enseñarme, lo haces de noche, con mala sombra, con ganas de fastidiar. Cactus que no tienes otra cosa que hacer que crecer lentamente hacia alguna parte que se me escapa. Cactus que vas pariendo pequeños hijitos que suben, se paran, se tuercen, encuentran un obstáculo y no dan la vuelta si no que deciden crear un brazo más para seguir creciendo. Cactus que no necesitas el agua que el resto de plantas reclama sin cesar. Cactus que eres pequeño y finito y no tienes importancia y que de repente, al cabo de los años, al cabo de muchos muchos años de tenerte presente todos los días, decides sacar la flor. Flor de cactus. La flor más bonita que se ha visto jamás. Una flor de cactus que has decidido alumbrar de noche y que es de noche cuando realmente apareces en todo tu esplendor. Fascinante. Una flor blanca, como un fantasma. una flor que tiene el aspecto de los vestidos de las damas blancas que se aparecen en los bosques, con sus vestidos vaporosos, de esas mujeres espectrales vestidas de blanco que vagan por los palacios abandonados, por los cementerios más lúgubres. Flor de cactus que de noche y solo de noche has decidido vivir. Al llegar el día, todavía son apreciables tus encantos. Pero sabe uno que morirás pronto. Como todas las flores. No sé cómo conservarte, flor de cactus. Flor de cactus como un fantasma que por el día sigue allí pero ya como un anuncio de lo efímero de tu existencia. Maldita botánica. Maldita biología. Maldita ciencia en su conjunto que no es capaz de preservar la vida de un fantasma que nace de una planta tan arisca y falta de gracia. Maldita sea la naturaleza que es capaz de crear algo tan fascinante a partir de un tronco espinoso y mal administrado. Flor de cactus. Un día has durado. Durante una noche has sido la reina de las flores. ¿Quién puede ahora mirar tubérculos, comprobar raíces de gramíneas, comparar hojas caducas, seleccionar semillas, cuando el recuerdo de un fantasma le acompañará siempre?'.

miércoles, 2 de julio de 2014

Brotes verdes

A las siete y media, siete, que suelen ser las ocho, ya estoy de pie. Me ducho el día que digo que me tengo que duchar, pero claro, ducharme por ducharme, tampoco. Ducharse ¿para qué? Si tuviera que ir a algún sitio, me ducharía, pero con apañarme un poco la cara y la sobaquera y eso, ya está bien. El pelo. Bueno. Como me lo rapo cada semana no hay problema de pelo ni ostias. Así cortito no se nota si está sucio o está limpio. El pelo de esos que lo llevan tan largo, claro, se lo deben lavar cada día. Hay gente que se echa cremas y todo en el pelo. Todas esas mariconadas me ponen enfermo. Tampoco está el negocio como para ir gastando agua por gastar. Voy a casa del Desto y allí me lo rapa con una maquinilla que tiene. No pongo la radio porque me aburro. Oigo a gente que habla de arreglar el mundo, de cosas que pasan y de toda esa puta mierda, pero de mí no habla nadie. Y como de mí y de lo mío no habla nadie, pues que les den por el culo a todos. Así de claro. A las ocho y media ya estoy hasta los huevos de estar en casa. Si no he quedado con nadie para ayudarle a hacer alguna chapuza por ahí, pues me bajo al bar un rato. Por la mañana a primera hora es cuando mejor se está. Bajo y me pido una copeja. No me gusta la leche, desde pequeño. Me hacía daño en el estómago. La copa me sienta mejor. Digo que a primera hora es cuando mejor se está porque es cuando va la gente que va a trabajar y están también las chicas del súper y al menos uno alegra la vista un poco. Tampoco es que haya ninguna que esté muy allá, pero yo a más de una le daba un buen viaje. Está la gente que va a trabajar en lo del agua y algunos de la brigada esa del Ayuntamiento, que digo yo que les habrán metido porque conocerán a alguien, porque a muchos no los conozco de nada y tienen pinta de no haber trabajado en su puta vida. Van con unas gafitas y unas pintas a currar que no sé qué parecen. Eso sí, todos con su chalequito, su camiseta con el logo de la brigada... Me tomo un par de copas por la mañana. Salgo a fumar. Esto de que no se pueda fumar, al principio me pareció una puta mierda, pero luego, te vas acostumbrando y es distraído. En la calle se está muchas veces mejor que en el bar. Y mira que en este bar se está de puta madre, que lo lleva ahora una gente de puta madre, una chica muy maja que ha pillado el negocio. Yo venía aquí de siempre, de antes incluso, cuando trabajaba. Llevaba el bar el Tal, un tío serio pero que estaba ya hasta los huevos del bar. Lo jodido es que dejó el bar, pilló la pasta para irse a una torre que tenía en Campdeflan y a los dos meses ya había montado otro bar, porque estaba hasta los huevos otra vez, pero de no hacer nada. Es que las personas somos la ostia. Pues mejor que el bar lo lleve gente así que lo necesite. Al parecer la chica se había quedado en el paro y con el dinero del paro y con los suegros que la ayudan se ha quedado el bar. Ponen tapas, que antes el Tal no te ponía ni el vaso si podía. No sé cómo le irá el negocio, pero se ve más gente que antes. Al menos viene el novio de la chica y sus colegas y hacen bulto. El novio también se pasa aquí casi todo el día, porque está de baja. Es buen tío el novio. Del Madrid, pero buen tío. A las once o así, si no tengo que ir a ningún sitio, me tomo una cervecita. Es cuando mejor sientan las cervezas, así a media mañana, porque luego te las tomas con ansia, con sed, y así no se disfruta. Mejor bebértela disfrutando. Eso lo tengo yo comprobado. Como va viniendo gente, me entretengo hablando de esto y de lo otro con la gente. Está la tele puesta y con los programas del corazón esos me río un rato. No sé cómo a las mujeres les puede gustar esa mierda. Sólo salen mariconas. Voy a comprar sobre las dos o así. Ya se han ido las marujas y tengo el súper para mí. De puta madre. Aunque se han llevado ya las ofertas y los descuentos de esos de lo que va a caducar, pero bueno, tampoco compro caviar. Si veo a alguien cuando vengo de la compra me paro a echar un quintillo. Me hago de comer cualquier cosa. Macarrones y espaguetis, que me salen de puta madre. Por la tarde me bajo otro rato porque suele venir el Deste, que viene a por el crío al colegio aquí cerca y como no tiene curro tampoco, la parienta le encarga a él que venga a por el crío. Y él, normal, pues se viene antes y ya que tiene que pringar, pues eso. A las nueve o así la chica los bares de la calle cierran, pero la chica abre, porque es cuando vienen los colegas del novio. Y, normal, hay que aprovechar. Y eso, que si sales a fumar, que si las risas con la gente que pasa, que si vuelves a entrar, que si un quintillo. Bueno, así no piensa uno. Los fines de semana con los coches y las motos montamos unos debates muy guapos con el Alonso y el Márquez. Es una pasada el Márquez ese, qué huevos le pone el chaval. A ver si te vienes un día.