lunes, 21 de julio de 2014
Un instante, maestro
Yo iba tan tranquilo por la calle. Así empiezan muchas historias. Historias contadas mejor o peor. Esta no va a ser una historia mucho mejor que otras. Yo iba por la calle. Ni siquiera puedo decir que fuera tranquilo, porque al lugar al que me dirigía no puedes ir tranquilo nunca. Lo que sí que iba es bien de tiempo. Tenía y tengo tanto tiempo que me puedo permitir el lujo de no ir con prisa. Bueno, este es un tema accesorio. El caso es que cuando ya embocaba la calle Irlanda, vi venir calle abajo a un afilador. Estoy cansado de repetir siempre le mismo comentario, pero el afilador es sinónimo de tiempos miserables en los que las personas de bien ya no pueden comprar tijeras y cuchillos y han de reutilizar herramientas gracias a los oficios del afilador. El afilador bajaba por la acera y yo subía por la misma acera. Soy una persona, y no me gusta hablar de mí, a la que le cuesta mucho hablar con gentes a las que no conozco, no suelo preguntar por dónde se va a, qué ocurre, cómo se encuentra... pero algo me impulsó aquel día a decirle algo al afilador. Yo fui el primer sorprendido. Justo cuando pasaba a mi lado me dirigí a él diciéndole 'Un instante, maestro'. Y el afilador me miró. Era una persona de edad. Casi es innecesario aportar este dato. Los afiladores son gente mayor. Bueno. Una línea más de relleno. Su cara, sin embargo, no era normal. Estaba afilada. Dirán, qué bien traído, afilada-afilador, pero es cierto. Su cara acababa en punta. Su nariz tenía forma de pico afilado, su barbilla era esquinada, no parecía tener anchura, sólo perfil. Llevaba puestas unas gafas de las que se atan en el cogote, gafas de quien trabaja con cosas que echan chispas. Disculpen que no conozca el término correcto. ¿No les pasa que creen que conocen cómo se llama algo y cuando tienen que decir el qué de la cosa no les sale y se dan cuenta de que no son tan listos como pensaban? El afilador me miró y sonrió. Tenía un diente de oro. Es un buen dato. Tener un diente de oro le hace a uno acreedor de una historia. Por si no fuera poco ser afilador, el afilador tenía un diente de oro. Maravilloso. Iba a decirle algo más. Quería preguntarle algo. De dónde venía, supongo. Siempre es una buena forma de comenzar una conversación con alguien preguntar de dónde viene. O cómo está. O porqué es afilador. No sé. Debe haber un formulario con preguntas así en alguna parte. Iba a decirle algo pero cuando las palabras iban a salir de mi boca, el afilador siguió su camino, lentamente, sin encender la moto. Dejaba la motocicleta, la mágica motocicleta de afilador en punto muerto y con sus pies la iba propulsando. El afilador se alejaba de mí y yo no tenía fuerzas para ir detrás de él e insistir en preguntarle por algo, saber de él. El afilador se marchaba. Otro señor, a mi lado, también miraba al afilador alejarse. Imagino que a él le pasaría lo mismo que a mí. O quizás no estaba mirando al afilador. Vaya usted a saber. Como quiera que di por perdido al afilador, proseguí mi camino hacia ese lugar. Aquel lugar. La verdad, no sé por qué les he contado todo esto.
viernes, 18 de julio de 2014
Miscelánea
Se ha muerto Johnny Winter. Efectivamente, habrá que decirlo, el guitarrista albino, el bluesero de la melena blanca, el hermano de Edgard Winter (que también era albino y tocaba el teclado), uno de esos escasos guitarristas blancos que no se ablandan con el tiempo y que se creen realmente lo que están haciendo, sin parecer parodias de sí mismos o algo peor (Eric Clapton, no mires hacia otra parte). Johnny Winter no era un guitarrista o un músico de éxito, de hecho es difícil decir 'ah, sí, esa canción de Johnny Winter', y en muchas partes su labor como músico se reconoce más por hechos como haber recuperado a Muddy Waters en su época más así, por ejemplo. Pero no nos andemos por las ramas, escuchemos una canción del 70, Mean Town Blues. Dedicada al Christopher del Bombay, que me pasó un cd de Johnny Winter hace una pila de años y creo que se lo devolví. Cancionaza. Con eees y aaas, por un tubo.
https://www.youtube.com/watch?v=VqJOsNMhIRo
De entre todas las versiones que uno ha escuchado de la mágica Mannish Boy de Muddy Waters, sin duda la más cañera y brutal de todas es esta del disco Hard Again, que, como se ha comentado, produjo Johnny Winter, acompañando también a la guitarra al mito bluesero por excelencia. Bueno, uno de los doscientos mitos... pero Muddy Waters es mucho Muddy Waters. Sólo tienen que escuchar esta canción para darse cuenta de que está cantando algo que parece una tontería, no me trates como un niño que ya soy un hombre, pero que quiere decir muchas cosas más. Cuidado, que la cosa ha cambiado. Antes podías hacer lo que quisieras pero ahora tengo yo las riendas. Porque soy el hoochie coochie man. En fin. Tonterías a parte, esta es la canción. No hay más. Machaconamente buena. La típica canción que cuando ha acabado no sabes si ha durado cinco minutos, quince, si está sonando todavía... m a n.
https://www.youtube.com/watch?v=EgaxYEsEVVY
Alemania campeona del mundo de fútbol. Qué bien. Me alegro. Aquí viene la reflexión que estabais esperando sobre el Mundial. Descubrí que una vieja camiseta de la selección de Argentina que ya no me ponía porque no me entraba del barrigón infame que gasto... pues que me entraba. Y me la puse para ver un partido de Argentina contra Bélgica. Yo iba con Bélgica. Mejor dicho, iba y voy contra Messi, por que uno es así de mala gente. Ganó Argentina. Yo era y soy mucho de Argentina. De la Argentina de Italia 90. Mucho. De Maradona cojo y el Pájaro Caniggia amargando a toda Italia. Mucho. Pero de Messi no. Por eso de que las cabezas no están bien, en la semifinal Argentina Holanda, me puse mi camiseta de Argentina, y ganó Argentina, sin ir yo con Argentina. Bueno. De encerrarnos todos. En la final no quise correr riesgos y guardé la camiseta. Alemania campeón. Luego que si lo paranormal... Para celebrar este éxito del fútbol ordenado, una canción de La Düsseldorf como un camión de grande. Cha Cha 2000, que dura lo que una prórroga, aproximadamente.
https://www.youtube.com/watch?v=jJeOOvovcp8
Soy un político y soy más malo que el veneno. Vídeos. Es la hora de los vídeos de gente que no es política, que no hace política, que no pertenece a ningún partido político, que no quiere tener nada que ver con la política, que no quiere ser tan malo. Gente de orden, gente bien, gente que es feliz, que tiene niños, que utiliza a los niños en los vídeos electorales, que sonríe, que es de todas las partes del mundo, que no quiere saber nada de la política. Vídeos en los que gente muy maja, muy guapa, muy feliz, nos dice que ya es el momento de tomar las riendas de nuestro futuro. Gente que señala a los políticos como culpables. Gente que va a hacer las cosas sin contar con la política. Renunciando a los políticos. Soy un político y soy más malo que el veneno. Quién mejor que el traidor Eric Clapton para introducirnos este fantástico tema de Cream, Politician. Ven, nena, entra en mi coche. Soy un político y te voy explicar un par de cosas. Más malos que el veneno. No hay otra canción que lo explique tan bien.
https://www.youtube.com/watch?v=vlvA0sMvnqo
A Madame ya sé que no le gustan ni un poquito así, pero no sé qué me ha pasado estos días que se me han metido Ilegales en la cabeza. De hecho, creo que esta noche he soñado con Ilegales, con el cd en directo de los Ilegales, especialmente. Algo así. Es todo muy raro. Como digo, las cabezas no están demasiado en su sitio. El norte está lleno de frío. Una de las canciones más así que tienen los Ilegales, que tienen muchas canciones muy así. El norte está lleno de frío. En la calle hay coches ardiendo, los parados se están divirtiendo. Los parados somos nosotros. Yo soy un parado. Y no le estoy pegando fuego a nada. Y hay parados que se están moviendo y que quieren hacer cosas y yo soy un cacas que no me muevo como parado. Porque uno es así de cacas. Una mancha de sangre en la cara. Por si faltaba poco, la coda de Enamorados de Varsovia. Casi nada.
https://www.youtube.com/watch?v=V5TXG5hCYiM
El otro día, el día del concierto, en el coche mientras llevábamos los instrumentos, un grupo malagueño llamado Biznaga ponía los discos de los grupos que les molaban. Sonó esta canción de los TV Personalities, Where's Bill Grundy Now? Mola esta canción de los Tv Personalities. Pero pasa una cosa. Me gusta esta canción, me gusta otra canción que he escuchado en otro sitio, me gusta también una canción de los MGMT que homenajea al líder del grupo... pero no tengo nada de este grupo. Se aceptan sugerencias para empezar. O me tendré que guiar por el AMG o alguna cosa así. En fin. Una canción con muy poca cosa, pero precisamente en eso está su qué, en tener poca cosa.
https://www.youtube.com/watch?v=N16MkBZPW90
Y ya está. Sensación de que se me está haciendo largo el mes de julio. Qué cosas. Pues que tengan un buen fin de semana y aprovechen el tiempo, que en dos días, pum.
https://www.youtube.com/watch?v=VqJOsNMhIRo
De entre todas las versiones que uno ha escuchado de la mágica Mannish Boy de Muddy Waters, sin duda la más cañera y brutal de todas es esta del disco Hard Again, que, como se ha comentado, produjo Johnny Winter, acompañando también a la guitarra al mito bluesero por excelencia. Bueno, uno de los doscientos mitos... pero Muddy Waters es mucho Muddy Waters. Sólo tienen que escuchar esta canción para darse cuenta de que está cantando algo que parece una tontería, no me trates como un niño que ya soy un hombre, pero que quiere decir muchas cosas más. Cuidado, que la cosa ha cambiado. Antes podías hacer lo que quisieras pero ahora tengo yo las riendas. Porque soy el hoochie coochie man. En fin. Tonterías a parte, esta es la canción. No hay más. Machaconamente buena. La típica canción que cuando ha acabado no sabes si ha durado cinco minutos, quince, si está sonando todavía... m a n.
https://www.youtube.com/watch?v=EgaxYEsEVVY
Alemania campeona del mundo de fútbol. Qué bien. Me alegro. Aquí viene la reflexión que estabais esperando sobre el Mundial. Descubrí que una vieja camiseta de la selección de Argentina que ya no me ponía porque no me entraba del barrigón infame que gasto... pues que me entraba. Y me la puse para ver un partido de Argentina contra Bélgica. Yo iba con Bélgica. Mejor dicho, iba y voy contra Messi, por que uno es así de mala gente. Ganó Argentina. Yo era y soy mucho de Argentina. De la Argentina de Italia 90. Mucho. De Maradona cojo y el Pájaro Caniggia amargando a toda Italia. Mucho. Pero de Messi no. Por eso de que las cabezas no están bien, en la semifinal Argentina Holanda, me puse mi camiseta de Argentina, y ganó Argentina, sin ir yo con Argentina. Bueno. De encerrarnos todos. En la final no quise correr riesgos y guardé la camiseta. Alemania campeón. Luego que si lo paranormal... Para celebrar este éxito del fútbol ordenado, una canción de La Düsseldorf como un camión de grande. Cha Cha 2000, que dura lo que una prórroga, aproximadamente.
https://www.youtube.com/watch?v=jJeOOvovcp8
Soy un político y soy más malo que el veneno. Vídeos. Es la hora de los vídeos de gente que no es política, que no hace política, que no pertenece a ningún partido político, que no quiere tener nada que ver con la política, que no quiere ser tan malo. Gente de orden, gente bien, gente que es feliz, que tiene niños, que utiliza a los niños en los vídeos electorales, que sonríe, que es de todas las partes del mundo, que no quiere saber nada de la política. Vídeos en los que gente muy maja, muy guapa, muy feliz, nos dice que ya es el momento de tomar las riendas de nuestro futuro. Gente que señala a los políticos como culpables. Gente que va a hacer las cosas sin contar con la política. Renunciando a los políticos. Soy un político y soy más malo que el veneno. Quién mejor que el traidor Eric Clapton para introducirnos este fantástico tema de Cream, Politician. Ven, nena, entra en mi coche. Soy un político y te voy explicar un par de cosas. Más malos que el veneno. No hay otra canción que lo explique tan bien.
https://www.youtube.com/watch?v=vlvA0sMvnqo
A Madame ya sé que no le gustan ni un poquito así, pero no sé qué me ha pasado estos días que se me han metido Ilegales en la cabeza. De hecho, creo que esta noche he soñado con Ilegales, con el cd en directo de los Ilegales, especialmente. Algo así. Es todo muy raro. Como digo, las cabezas no están demasiado en su sitio. El norte está lleno de frío. Una de las canciones más así que tienen los Ilegales, que tienen muchas canciones muy así. El norte está lleno de frío. En la calle hay coches ardiendo, los parados se están divirtiendo. Los parados somos nosotros. Yo soy un parado. Y no le estoy pegando fuego a nada. Y hay parados que se están moviendo y que quieren hacer cosas y yo soy un cacas que no me muevo como parado. Porque uno es así de cacas. Una mancha de sangre en la cara. Por si faltaba poco, la coda de Enamorados de Varsovia. Casi nada.
https://www.youtube.com/watch?v=V5TXG5hCYiM
El otro día, el día del concierto, en el coche mientras llevábamos los instrumentos, un grupo malagueño llamado Biznaga ponía los discos de los grupos que les molaban. Sonó esta canción de los TV Personalities, Where's Bill Grundy Now? Mola esta canción de los Tv Personalities. Pero pasa una cosa. Me gusta esta canción, me gusta otra canción que he escuchado en otro sitio, me gusta también una canción de los MGMT que homenajea al líder del grupo... pero no tengo nada de este grupo. Se aceptan sugerencias para empezar. O me tendré que guiar por el AMG o alguna cosa así. En fin. Una canción con muy poca cosa, pero precisamente en eso está su qué, en tener poca cosa.
https://www.youtube.com/watch?v=N16MkBZPW90
Y ya está. Sensación de que se me está haciendo largo el mes de julio. Qué cosas. Pues que tengan un buen fin de semana y aprovechen el tiempo, que en dos días, pum.
jueves, 17 de julio de 2014
De salón
Y entonces yo te digo a ti que eres un vendido. Y tú me dices a mí que yo estoy loco. Y yo te digo que me gusta mucho la camisa que llevas hoy. Y tu me dices a mí que el socialismo empieza en el comportamiento personal. Y yo te digo a ti que hay una cita en un libro de Plejanov que no deberías perderte. Y tú me dices a mí que en el 37 nos portamos como unos mierdas. Y yo te digo a ti que escuches esta preciosa canción que seguro que te recuerda los tiempos de la lucha. Y entonces tú me dices a mí que sospechas que tras la noche vendrá la noche más larga. Y entonces yo digo que me gustaría cogerte la mano. Y entonces tú me susurras al oído un poema de Miguel Hernández y dejas algunos espacios en blanco para cogerme en un renuncio y yo relleno los huevos, digo los huecos, y apruebo el examen. Y entonces yo te enumero una serie de mariscales de la Unión Soviética, Zhukov, Timoshenko, Rokossovski, Budenny, Konev... Y entonces tú me dices que la política está infestada de trepas que quieren alcanzar un sillón. Y entonces yo empleo vocablos muy novedosos como abajo, arriba, casta, empoderamiento o ciudadanía. Y entonces tú me dices que sin la acción callejera no hay nada que hacer. Y entonces yo te digo que me gusta cuando callas porque estás como ausente. Y entonces tú te atas un fajín y haces un castell con un pilar y sacas una gralla y cantas. Y entonces yo te llamo socialdemócrata. Y entonces tú me dices que siempre me has tenido por un buen compañero. Y entonces yo me fijo en que te has cambiado de gafas y te lo señalo y te digo que te quedan bien. Y entonces tú me regalas una colección de discos de Violeta Parra. Y entonces yo soy muy del Athletic de Bilbao. Y entonces tú dices que el fútbol es el opio del pueblo, menos cuando juega tu equipo, que ahora no sé cuál es porque nunca dices que tienes un equipo. Y entonces yo anuncio la disolución del partido. Y entonces tú dices que la unidad es una ilusión porque dos más dos no suman cuatro. Y entonces yo digo que en la tele salen siempre los mismos. Y entonces tú me dices que a menudo te recuerdo a alguien. Y entonces yo te digo que tu sonrisa me parece distinta. Y entonces tú me pides una cita. Y entonces yo te digo que vayamos al parque. Y entonces tú reivindicas la figura de Kropotkin como queriendo decir qué. Y entonces yo me esfuerzo por hablar en catalán para que no se diga. Y entonces tú me señalas con el dedo para que me posicione de una vez en el conflicto. Y entonces yo te digo que eres un perfecto imbécil. Y entonces tú me dices que no te fías de mí. Y entonces yo te mando un caluroso abrazo. Y entonces tú me mandas un abrazo afectuoso. Y entonces yo te dirijo una carta en la que te expongo una serie de puntos. Y entonces tú te muestras muy de acuerdo con lo que ha dicho el compañero anterior. Y entonces yo me levanto de la mesa y digo que hasta aquí podíamos llegar. Y entonces tú me dices que soy un perfecto imbécil, aunque suene repetitivo.Y entonces yo te digo que estoy aprendiendo gaélico. Y entonces tú me esperas al salir y me llevas a casa. Y entonces yo te froto la espalda. Y entonces tú me tatúas en el pecho la palabra 'sovnarkom'. Y entonces yo te miro a los ojos y hago como que estoy viendo algo. Y tú me dices que basta ya de tanta discusión estéril y que pasemos a la acción. Y entonces yo te digo que abandono la lucha y que a qué hora mañana. Y entonces tú me dices que ya veremos.
miércoles, 16 de julio de 2014
Vagamente épico
Muy escondido y desconocido entre los poetas del medievo castellano, encontramos a Guenaudio de Fontiñán, del que rescatamos un pequeño texto en prosa que sorprende por su... vaguedad. Lo encontramos en su único volumen encontrado y titulado 'Quae escripta sunt'.
'Partí entonces del villorrio aquel tras haber pasado la noche en el castillo del Señor de aquellas tierras que se encontraban en aquel lugar que se halla en el valle por donde pasa el río que viene de allí, lejos, donde habitan aquellos salvajes de los que hablan las narraciones que recopiló aquel gran erudito que murió recientemente en el sitio de la fortaleza por la que suspiraba nuestro rey. Aquella fortaleza que albergó en su tiempo a una princesa muy bella y regia llamada de la misma manera con la que se han ido llamando las princesas de su casa a lo largo de los siglos y que tiene ese aire entre patricio y lúcido que han tenido siempre las damas de su condición. Aquella fortaleza que ahora mismo se encuentra en manos de un Señor que, aunque no tenga que ver con lo que estaba contando, me permitiré decir sobre él que es un buen Señor. Y lo digo con el convencimiento que me da el haber escuchado a otros caballeros decir que el tal Señor, cuyo nombre se me pierde en la nebulosa de los nombres de buenos Señores que hay en el orbe, es bueno y sabio. Se cuenta de él que, antes de conquistar el tal castillo o fortaleza, no era más que un vulgar aldeano, pero que por una casualidad que no he podido contrastar, convirtió lo que pareciera una insurrección de cuatro pelafustanes en una gesta caballeresca de las que ya no se cuentan. Pero no sabría decirles el nombre del Señor, dado que, ya les digo, son tantos los caballeros que por el mundo andan que a saber si estamos hablando de uno cuando estamos elogiando a otro. Y al fin y al cabo todos somos caballeros y bien es cierto que cuando hablan de uno nos están elogiando a todos. Cuando hablan de uno de nosotros, es a todos a quien elogian. Creo que el concepto queda claro. Mi caballo partió entonces de aquel villorrio y atravesando un par o tres más de aldeas con sus campesinos purulentos y tabernas lamentables, llegué a otro Castillo que se encontraba en la cima de una colina y que se notaba que había sido construido por moros. No siendo experto en artes moriscas, malamente lo podría confirmar, pero algo me decía que aquel castillo no había sido construido por manos cristianas. No quise detenerme en consideraciones y llamé para que me abrieran y preguntando por el amo del castillo, que no podía ser otro que el que yo pensaba que era el amo de aquellas tierras y que seguro que tenía que ser aquel que se me figuraba como el que había oído mentar en los villorrios. El asunto estriba en que pregunté por dicho amo del castillo y me dijeron que ese no era. Y entonces enojéme mucho y decidí poner sitio al castillo, más, como quiera que estaba yo solo, finalmente desistí en mi empeño y me marché. Hacía un tiempo muy malo y quería llover, pero a mí no se me figuraba que esa fuera tierra de lluvias. Quise volver a casa con mis siervos, pero me confundí con algunos mapas mal trazados y con indicaciones creo que maliciosas, por lo que dí con mis huesos en un territorio que, asombrosamente se volvía a parecer mucho al lugar del que yo partí con mi caballo. Sacrifiqué mi caballo.'
'Partí entonces del villorrio aquel tras haber pasado la noche en el castillo del Señor de aquellas tierras que se encontraban en aquel lugar que se halla en el valle por donde pasa el río que viene de allí, lejos, donde habitan aquellos salvajes de los que hablan las narraciones que recopiló aquel gran erudito que murió recientemente en el sitio de la fortaleza por la que suspiraba nuestro rey. Aquella fortaleza que albergó en su tiempo a una princesa muy bella y regia llamada de la misma manera con la que se han ido llamando las princesas de su casa a lo largo de los siglos y que tiene ese aire entre patricio y lúcido que han tenido siempre las damas de su condición. Aquella fortaleza que ahora mismo se encuentra en manos de un Señor que, aunque no tenga que ver con lo que estaba contando, me permitiré decir sobre él que es un buen Señor. Y lo digo con el convencimiento que me da el haber escuchado a otros caballeros decir que el tal Señor, cuyo nombre se me pierde en la nebulosa de los nombres de buenos Señores que hay en el orbe, es bueno y sabio. Se cuenta de él que, antes de conquistar el tal castillo o fortaleza, no era más que un vulgar aldeano, pero que por una casualidad que no he podido contrastar, convirtió lo que pareciera una insurrección de cuatro pelafustanes en una gesta caballeresca de las que ya no se cuentan. Pero no sabría decirles el nombre del Señor, dado que, ya les digo, son tantos los caballeros que por el mundo andan que a saber si estamos hablando de uno cuando estamos elogiando a otro. Y al fin y al cabo todos somos caballeros y bien es cierto que cuando hablan de uno nos están elogiando a todos. Cuando hablan de uno de nosotros, es a todos a quien elogian. Creo que el concepto queda claro. Mi caballo partió entonces de aquel villorrio y atravesando un par o tres más de aldeas con sus campesinos purulentos y tabernas lamentables, llegué a otro Castillo que se encontraba en la cima de una colina y que se notaba que había sido construido por moros. No siendo experto en artes moriscas, malamente lo podría confirmar, pero algo me decía que aquel castillo no había sido construido por manos cristianas. No quise detenerme en consideraciones y llamé para que me abrieran y preguntando por el amo del castillo, que no podía ser otro que el que yo pensaba que era el amo de aquellas tierras y que seguro que tenía que ser aquel que se me figuraba como el que había oído mentar en los villorrios. El asunto estriba en que pregunté por dicho amo del castillo y me dijeron que ese no era. Y entonces enojéme mucho y decidí poner sitio al castillo, más, como quiera que estaba yo solo, finalmente desistí en mi empeño y me marché. Hacía un tiempo muy malo y quería llover, pero a mí no se me figuraba que esa fuera tierra de lluvias. Quise volver a casa con mis siervos, pero me confundí con algunos mapas mal trazados y con indicaciones creo que maliciosas, por lo que dí con mis huesos en un territorio que, asombrosamente se volvía a parecer mucho al lugar del que yo partí con mi caballo. Sacrifiqué mi caballo.'
martes, 15 de julio de 2014
El ojo consciente
Sensacional, no se puede calificar de otra manera, trabajo del equipo del profesor Cannot en la Universidad de Grefussitte, que ha encontrado textos manuscritos por el propio profesor Almayr en torno al concepto de Mirada Ovoide que ya nos ha ocupado en alguna que otra ocasión en este espacio. En este grupo de legajos se ha encontrado un caso ilustrativo englobado dentro de la recopilación de casos prácticos llevados a cabo por el propio profesor Almayr, que pasamos a ofrecerles.
'Enfrascado en las primeras consideraciones teóricas sobre el concepto de Mirada Ovoide, recibo el aviso por parte de mi ayudante, el profesor Valdepêres, informándome de que en el pueblo de AltenwÑrst* se da un caso ciertamente curioso y parto inmediatamente para tomar nota y registrar dicho asunto. Me desplazo en solitario a dicho pueblo norteño ya que, como ya he explicado en alguna ocasión, considero que mi percepción de un caso ha de ser nítida y sin intermediación de ningún ayudante o profesional de la investigación en mi campo. He de ser yo, sin nadie más, quien juzgue y dictamine. Así lo hago y así será. Cuando llego al pueblo, se me presenta el alcalde del mismo, que me dispensa un recibimiento de autoridad gubernamental. Aprovechando este lance y para seguir asegurándome de que no voy a recibir ningún estímulo fuera de mi propio conocimiento, ordeno al alcalde que desaloje completamente el pueblo, quedando sólo el afectado que me ha obligado a viajar hasta ese villorrio. El alcalde se afana por cumplir mis órdenes mientras que un Guardia Imperial destacado en AltenwÑrst me conduce al domicilio del interfecto. Se llama Orión Ratts y al parecer proviene de una familia de eslavos asentados en esa comarca. Aislado y precintado el pueblo, solos Orión y yo, le interrogo. Le pregunto qué le pasa, me dice que ve perfectamente pero que de vez en cuando el ojo parece que le dice cosas. Me sorprende. Mi investigación se basa en la Mirada Ovoide como fenómeno por el cual la mirada no sólo mira sino que incide. En este caso, la mirada incide y además piensa y plasma su pensamiento en conceptos que llegan al cerebro del afectado. Orión me cuenta lo siguiente. "Profesor, mis ojos, especialmente mi ojo izquierdo, creo que se comunica conmigo. Muchas veces he hecho que con mi mirada, con algo que no sé calificar pero que creo que tiene que ver con una fuerza o energía que desprende mi vista, soy capaz de dirigir mi vista hacia un objeto que se encuentre en cualquier parte y hacer que se rompa, que se mueva, que cambie de disposición. Todo eso lo he hecho muchas veces desde hace muchos años. Lo he llevado en silencio durante mucho tiempo. Pero de un tiempo a esta parte, noto que uno de mis ojos, el ojo izquierdo, pone pegas. Si acaso quiero ver, y disculpe el ejemplo, a Vlasja, la hija del alcalde, mientras se baña en su casa que está a tres cuadras de aquí, mi ojo izquierdo pone objeciones. Mi ojo izquierdo se niega a mirar. Y expone sus motivos. Que si no está bien, que si no es correcto, que no tengo vergüenza, que lo voy a pagar muy caro, que teniendo ese don que tengo que cómo no lo dedico a algo provechoso... y ha decidido mirar por su cuenta. Mi ojo izquierdo se niega a seguirme en aquellas ocasiones en las que utilizo mi mirada en contemplar a Vlasja, especialmente. No sé qué tendrá mi ojo izquierdo en contra de este asunto, que ya entiendo que no es normal, pero es algo inocente y sin... mire, profesor, mire, ahora se queda en blanco. Me está diciendo que porqué hablo de él, que no tengo corazón, que le deje en paz, que cualquier día se va. Tengo miedo Profesor Almayr, de que algún día mi ojo izquierdo...". Tremendo testimonio. No sólo tiene Mirada Ovoide, capaz de dirigirse y de incidir, algo a todas luces y como hemos demostrado totalmente demostrable pese a quien pese, si no que presenta un principio de trastorno psíquico alarmante. Me dispongo a denunciarlo a las autoridades inmediatamente dado que no ha sido capaz de sobrellevar de una manera civilizada su Mirada Ovoide. El gen eslavo siempre acaba saliendo por algún lado, pobrecito'.
'Enfrascado en las primeras consideraciones teóricas sobre el concepto de Mirada Ovoide, recibo el aviso por parte de mi ayudante, el profesor Valdepêres, informándome de que en el pueblo de AltenwÑrst* se da un caso ciertamente curioso y parto inmediatamente para tomar nota y registrar dicho asunto. Me desplazo en solitario a dicho pueblo norteño ya que, como ya he explicado en alguna ocasión, considero que mi percepción de un caso ha de ser nítida y sin intermediación de ningún ayudante o profesional de la investigación en mi campo. He de ser yo, sin nadie más, quien juzgue y dictamine. Así lo hago y así será. Cuando llego al pueblo, se me presenta el alcalde del mismo, que me dispensa un recibimiento de autoridad gubernamental. Aprovechando este lance y para seguir asegurándome de que no voy a recibir ningún estímulo fuera de mi propio conocimiento, ordeno al alcalde que desaloje completamente el pueblo, quedando sólo el afectado que me ha obligado a viajar hasta ese villorrio. El alcalde se afana por cumplir mis órdenes mientras que un Guardia Imperial destacado en AltenwÑrst me conduce al domicilio del interfecto. Se llama Orión Ratts y al parecer proviene de una familia de eslavos asentados en esa comarca. Aislado y precintado el pueblo, solos Orión y yo, le interrogo. Le pregunto qué le pasa, me dice que ve perfectamente pero que de vez en cuando el ojo parece que le dice cosas. Me sorprende. Mi investigación se basa en la Mirada Ovoide como fenómeno por el cual la mirada no sólo mira sino que incide. En este caso, la mirada incide y además piensa y plasma su pensamiento en conceptos que llegan al cerebro del afectado. Orión me cuenta lo siguiente. "Profesor, mis ojos, especialmente mi ojo izquierdo, creo que se comunica conmigo. Muchas veces he hecho que con mi mirada, con algo que no sé calificar pero que creo que tiene que ver con una fuerza o energía que desprende mi vista, soy capaz de dirigir mi vista hacia un objeto que se encuentre en cualquier parte y hacer que se rompa, que se mueva, que cambie de disposición. Todo eso lo he hecho muchas veces desde hace muchos años. Lo he llevado en silencio durante mucho tiempo. Pero de un tiempo a esta parte, noto que uno de mis ojos, el ojo izquierdo, pone pegas. Si acaso quiero ver, y disculpe el ejemplo, a Vlasja, la hija del alcalde, mientras se baña en su casa que está a tres cuadras de aquí, mi ojo izquierdo pone objeciones. Mi ojo izquierdo se niega a mirar. Y expone sus motivos. Que si no está bien, que si no es correcto, que no tengo vergüenza, que lo voy a pagar muy caro, que teniendo ese don que tengo que cómo no lo dedico a algo provechoso... y ha decidido mirar por su cuenta. Mi ojo izquierdo se niega a seguirme en aquellas ocasiones en las que utilizo mi mirada en contemplar a Vlasja, especialmente. No sé qué tendrá mi ojo izquierdo en contra de este asunto, que ya entiendo que no es normal, pero es algo inocente y sin... mire, profesor, mire, ahora se queda en blanco. Me está diciendo que porqué hablo de él, que no tengo corazón, que le deje en paz, que cualquier día se va. Tengo miedo Profesor Almayr, de que algún día mi ojo izquierdo...". Tremendo testimonio. No sólo tiene Mirada Ovoide, capaz de dirigirse y de incidir, algo a todas luces y como hemos demostrado totalmente demostrable pese a quien pese, si no que presenta un principio de trastorno psíquico alarmante. Me dispongo a denunciarlo a las autoridades inmediatamente dado que no ha sido capaz de sobrellevar de una manera civilizada su Mirada Ovoide. El gen eslavo siempre acaba saliendo por algún lado, pobrecito'.
lunes, 14 de julio de 2014
Otra mierda de texto sobre lo de Gaza
Como ven, esta foto de Andrew Burton está mangada de la agencia Getty Images. Apareció ayer en La Vanguardia y está tomada en Tel Aviv para ilustrar la normalidad con la que vive la sociedad israelí la situación de conflicto que se vive en estos días en la zona y que ha causado más de 160 muertos palestinos y miles de heridos. De los 160 muertos, unos 30 son niños. Conflicto entre Israel y los palestinos. Ahí está el detalle. Desde Gaza, un minúsculo territorio en el que, como bien explicaba el artículo de La Vanguardia Israel decide cómo se visten, qué comen, dónde viven y cómo viven y quién vive, se han lanzado varios cientos de proyectiles contra Israel que no han causado ningún muerto. Daños materiales, heridos. Ningún muerto. Israel prepara una invasión militar de Gaza que posiblemente será una sangría. Una más. No importa.
Una pianista china, de gira por Israel, dijo que los israelíes eran muy valientes ya que había sido testigo del impacto de un cohete en el hotel en el que se aloja. Vivir rodeados de bárbaros que desean la destrucción por todos los medios del Estado en el que vives, naturalmente que te legitima para defenderte de la manera que sea contra esos salvajes que pretenden que, el único espacio de cultura y civilización en Oriente Medio, desaparezca. Por eso, está todo permitido. Vean la imagen. La gente juega en la playa, tranquilamente, mientras a unos cuantos quilómetros de distancia, mueren como chinches. Pero mueren porque se lo merecen. Si a alguien le va mal en esta vida, es porque algo habrá hecho. Los palestinos, los árabes, no se han sabido adaptar a la democracia, a las libertades, a los derechos humanos, a la economía de mercado (bueno, a eso sí), y es necesario que, si no por las buenas, al menos por las malas, no importunen a quienes han llevado un rayo de esperanza a una tierra tan inhóspita.
No sé. Es un tema que entristecería a cualquier persona con un mínimo de sensibilidad, hasta hacerla llorar. Un pueblo habita una tierra, otro pueblo la reclama como suya, no hay acuerdo, se fomenta el odio desde fuera, se olvidan las ideas de hermandad, fraternidad y se invierte en radicalismo religioso, en el nosotros no somos ellos, en el ellos deben irse, en aquí no cabemos todos. Y a vivir de la rifa. De vez en cuando Netanyahu, o antes Sharon, o antes Begin, o antes... se inventan una guerra, un grave conflicto por el cual Israel tiene derecho a defenderse. Prietas las filas. En la otra parte, se fomenta el radicalismo religioso y se desprestigia, se compra, se corrompe, se destruye la alternativa laica. En ambas partes quedan los duros. Las manifestaciones israelíes contra la guerra son minoritaria, pero las hay. Existen.
Los judíos. Diferenciemos. Una vez más. No son los judíos. El Estado israelí no son los judíos. Hay muchos judíos en todo el mundo, como hay muchos cristianos y hay muchos musulmanes y hay muchos hindúes, muchos budistas y muchos ateos. Y aún así seguimos cometiendo el mismo error, los judíos...
A nadie le importa nada. Israel mata a 160 personas, selectivamente, con aviones no tripulados, sin exponerse, con gente mirando desde las colinas como esas hormiguitas palestinas corren intentando no morir... y no ocurre nada. Impunemente. Los palestinos están perdidos. La causa palestina está perdida. Los jeques árabes, las grandes fortunas del Golfo, el régimen militar de Egipto, nadie sale en su ayuda. Al contrario, fomentan divisiones, les llevan al matadero. Una y otra vez. Una y otra vez. Nueva ofensiva en Gaza, doscientos muertos, mil muertos, dos mil muertos. ¿Y qué?
Ayer dieron de nuevo 'La lista de Schindler', en la Primera. Una película que está muy de actualidad porque supongo que Liam Neeson es protagonista de una película de estreno, de Seth Macfarlane, el de Padre de familia. Si la cosa se pone fea, pon la Lista de Schindler. Soy un conspiranoico.
Vean la imagen. Días de playa en Tel Aviv. Yo no quiero que en Tel Aviv la gente deje de ir a la playa, ni que jueguen a la pala, o que no puedan vivir tranquilamente, civilizadamente, occidentalmente. Lo que yo quiero es que no masacren a un pueblo para conseguir eso. Que dejen vivir a los palestinos, que no consideren que tengan derecho a dejar vivir a nadie, que nadie crea que tiene derecho a decidir sobre la vida de los demás para poder seguir jugando a la pala en la playa.
Y yo ya he escrito este texto de mierda, creo que varias veces, para decir lo que me parece todo esto del conflicto en Oriente Medio, esa gran estafa. Y cada vez me parece que está todo un poquito más perdido y que un día, quizás dentro de 20 años, ya no habrá palestinos, que todos jugaremos a la pala y que necesitaremos otros bárbaros para que mantengamos prietas las filas.
Una pianista china, de gira por Israel, dijo que los israelíes eran muy valientes ya que había sido testigo del impacto de un cohete en el hotel en el que se aloja. Vivir rodeados de bárbaros que desean la destrucción por todos los medios del Estado en el que vives, naturalmente que te legitima para defenderte de la manera que sea contra esos salvajes que pretenden que, el único espacio de cultura y civilización en Oriente Medio, desaparezca. Por eso, está todo permitido. Vean la imagen. La gente juega en la playa, tranquilamente, mientras a unos cuantos quilómetros de distancia, mueren como chinches. Pero mueren porque se lo merecen. Si a alguien le va mal en esta vida, es porque algo habrá hecho. Los palestinos, los árabes, no se han sabido adaptar a la democracia, a las libertades, a los derechos humanos, a la economía de mercado (bueno, a eso sí), y es necesario que, si no por las buenas, al menos por las malas, no importunen a quienes han llevado un rayo de esperanza a una tierra tan inhóspita.
No sé. Es un tema que entristecería a cualquier persona con un mínimo de sensibilidad, hasta hacerla llorar. Un pueblo habita una tierra, otro pueblo la reclama como suya, no hay acuerdo, se fomenta el odio desde fuera, se olvidan las ideas de hermandad, fraternidad y se invierte en radicalismo religioso, en el nosotros no somos ellos, en el ellos deben irse, en aquí no cabemos todos. Y a vivir de la rifa. De vez en cuando Netanyahu, o antes Sharon, o antes Begin, o antes... se inventan una guerra, un grave conflicto por el cual Israel tiene derecho a defenderse. Prietas las filas. En la otra parte, se fomenta el radicalismo religioso y se desprestigia, se compra, se corrompe, se destruye la alternativa laica. En ambas partes quedan los duros. Las manifestaciones israelíes contra la guerra son minoritaria, pero las hay. Existen.
Los judíos. Diferenciemos. Una vez más. No son los judíos. El Estado israelí no son los judíos. Hay muchos judíos en todo el mundo, como hay muchos cristianos y hay muchos musulmanes y hay muchos hindúes, muchos budistas y muchos ateos. Y aún así seguimos cometiendo el mismo error, los judíos...
A nadie le importa nada. Israel mata a 160 personas, selectivamente, con aviones no tripulados, sin exponerse, con gente mirando desde las colinas como esas hormiguitas palestinas corren intentando no morir... y no ocurre nada. Impunemente. Los palestinos están perdidos. La causa palestina está perdida. Los jeques árabes, las grandes fortunas del Golfo, el régimen militar de Egipto, nadie sale en su ayuda. Al contrario, fomentan divisiones, les llevan al matadero. Una y otra vez. Una y otra vez. Nueva ofensiva en Gaza, doscientos muertos, mil muertos, dos mil muertos. ¿Y qué?
Ayer dieron de nuevo 'La lista de Schindler', en la Primera. Una película que está muy de actualidad porque supongo que Liam Neeson es protagonista de una película de estreno, de Seth Macfarlane, el de Padre de familia. Si la cosa se pone fea, pon la Lista de Schindler. Soy un conspiranoico.
Vean la imagen. Días de playa en Tel Aviv. Yo no quiero que en Tel Aviv la gente deje de ir a la playa, ni que jueguen a la pala, o que no puedan vivir tranquilamente, civilizadamente, occidentalmente. Lo que yo quiero es que no masacren a un pueblo para conseguir eso. Que dejen vivir a los palestinos, que no consideren que tengan derecho a dejar vivir a nadie, que nadie crea que tiene derecho a decidir sobre la vida de los demás para poder seguir jugando a la pala en la playa.
Y yo ya he escrito este texto de mierda, creo que varias veces, para decir lo que me parece todo esto del conflicto en Oriente Medio, esa gran estafa. Y cada vez me parece que está todo un poquito más perdido y que un día, quizás dentro de 20 años, ya no habrá palestinos, que todos jugaremos a la pala y que necesitaremos otros bárbaros para que mantengamos prietas las filas.
jueves, 10 de julio de 2014
El miedo
El señor Schepens entró en la taberna con aire de estar haciendo algo que venía ocurriendo desde hacía mucho tiempo, pero eso no era así. Ya hacía muchos, muchos años, que el señor Schepens no visitaba la taberna. Dejó de frecuentar aquel lugar cuando se estableció definitivamente como pasante en el pueblo y se casó con Albertina Martins. Durante los años que él llamaba 'perdidos', había sido un asiduo visitante de aquel lugar confortable y pacífico que se encontraba cerca del río que atravesaba la ciudad antes de ir a parar, pesado y oscuro, a un mar inhóspito y gris. El señor Schepens se sorprendió al encontrar el mismo calor de siempre, aquella sensación de haber llegado a un punto seguro una vez que había tenido que deambular por calles en las que el viento helado, casi durante todo el año presente en aquel lugar, no animaba precisamente a pasear. El señor Schepens empujó la puerta, se reconoció en aquel ambiente cargado y cálido y casi sin querer, buscó con la vista una cara con la que había estado pensando en secreto durante mucho tiempo. Hacía muchos años, mucho tiempo que no había vuelto por aquel lugar. Su profesión, su matrimonio, la vida, le había alejado para bien de aquel ambiente pesado y plagado de pensamientos tristes, vagos, perezosos. El señor Schepens ya hacía tiempo que había reconducido su vida. Su negocio marchaba bien, tenía cada vez más clientes y se había hecho un nombre respetado en todo el país. Incluso había escrito algún artículo para la revista de la Asociación Real de Abogados y Legistas, que recibió elogios por parte de más de un profesor de la Universidad por su conocimiento y estar 'realmente con los pies en el suelo, sabiendo de lo que habla'.
Schepens, que no encontró la cara que buscaba y que no quería encontrar, se dirigió a una de las mesas, pegada a la pared, que reconoció claramente como 'su lugar de siempre', en aquella taberna. Sentado ya, se acercó a él el señor Bolkenmans, el dueño de la taberna, para ofrecerle algo de comer. Schepens le contestó que ya había comido y le pidió simplemente una copa de... Se había acostumbrado a beber Whisky en sus reuniones con otros potentados y había perdido la costumbre de bebidas más agrestes. No supo que pedir. Finalmente se decidió por una cerveza. Estuvo tentado de preguntar a Bolkenmans sobre cómo marchaba el negocio, o la vida en general, después de tanto tiempo, pero no lo hizo. Bolkenmans se había dirigido a él como siempre, con la misma actitud distante que siempre agradaba a clientes con pocas ganas de decir ni de saber. Schepens no quería reconocer porqué había ido a aquella taberna de nuevo. Los días previos habían transcurrido sin más sobresaltos, ni decepciones, ni un incidente que reseñar. Todo marchaba correctamente.
Alguien dijo un nombre. No recuerda cómo ocurrió. Y tuvo que volver.
Schepens, que no encontró la cara que buscaba y que no quería encontrar, se dirigió a una de las mesas, pegada a la pared, que reconoció claramente como 'su lugar de siempre', en aquella taberna. Sentado ya, se acercó a él el señor Bolkenmans, el dueño de la taberna, para ofrecerle algo de comer. Schepens le contestó que ya había comido y le pidió simplemente una copa de... Se había acostumbrado a beber Whisky en sus reuniones con otros potentados y había perdido la costumbre de bebidas más agrestes. No supo que pedir. Finalmente se decidió por una cerveza. Estuvo tentado de preguntar a Bolkenmans sobre cómo marchaba el negocio, o la vida en general, después de tanto tiempo, pero no lo hizo. Bolkenmans se había dirigido a él como siempre, con la misma actitud distante que siempre agradaba a clientes con pocas ganas de decir ni de saber. Schepens no quería reconocer porqué había ido a aquella taberna de nuevo. Los días previos habían transcurrido sin más sobresaltos, ni decepciones, ni un incidente que reseñar. Todo marchaba correctamente.
Alguien dijo un nombre. No recuerda cómo ocurrió. Y tuvo que volver.
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