Los discos de música moderna son desconcertantes. Tienen que tener muchas cosas y tienen que sonar muchas cosas y el cantante tiene que estar todo el rato ahí. Tienen que dejarte claro que todos los músicos están tocando, todo el rato, que saben, que tienen las máquinas, que lo dominan y que se han dejado un tiempo y un dinero para que tú lo aprecies y digas... pues muy bien.
Spectrum. Peter Kember es un músico británico cuya primera banda se llama Spacemen 3. Si no los conocen ya están tardando. Podría comentar, si no lo he hecho ya en otro sitio, que Spacemen 3 tiene algunos discos y sobre todo, algunas canciones, que le cortan a uno el alma. Cualquier disco de Spacemen 3 podría ser comentado aquí con la misma alegría que comentaremos este de Spectrum. Soul Kis (Glide Divine), es el primer disco de Peter Kember como Spectrum y, la verdad, se diferencia poco o nada de los discos de Spacemen 3, lo cual está muy bien, porque si uno ya tiene la línea hecha, para qué cambiarla.
El disco es de 1992. Qué jóvenes éramos. Diecisiete añitos teníamos. No sabíamos ni tentarlas. Si llegamos a saber que todo esto iba a ser así... En fin. El disco Soul Kiss lo hace Peter Kember junto con dos multiinstrumentistas más que aparecen en la foto y cuyos nombres nos interesan si somos unos ansias de la música, pero si lo que queremos es sentarnos y escuchar y dejarnos ir, nos va a dar bastante lo mismo. Peter Kember, Spectrum, Sonic Boom, E.A.R, Spacemen 3, esto es lo que deben retener. Si aparecen estos nombres, está todo bien.
Pero, preguntarán, ¿de qué va este disco? ¿qué estilo? ¿qué etiqueta? Habitualmente uno escribe esta serie de crónicas de discos enumerando una canción detrás de otra, diciendo que esta va de esto, en esta cuenta esto, en esta el punteo es tal o cual... en esta ocasión no me apetece.
Diremos que la primera canción es una canción, más o menos definida, How you satisfy me, y que a partir de aquí, como en muchos discos de Spacemen 3... se nos va. Peter Kember no chilla, no grita, no canta. Peter Kember susurra, respira, va repitiendo que está bien, que todo está allright, que está feeling good, que si jesus... y así.
Hay discos y hay músicas que invitan a moverse, a ir, a hacer cosas entretenidas, a pensar en lo bello de la vida, o bien otros que te empujan a pensar también en lo oscuro, en lo chungo, en la tristeza del abandono. Hay música que te obliga. Este disco de Spectrum es nada.
Esta es la explicación. Tras la primera canción, la nada. Los sintetizadores y las guitarras se van mezclando y van sucediéndose largas canciones en las cuales no pasa aparentemente nada y uno se va quedando colgado. Colgadísimo. Entra uno en un estado de superación absoluta de la realidad, por la cual, literalmente te la bufa si estás aquí, si te la están colando doblada, si vas bien, si está yendo muy mal, si estás cansado, si te vas a cansar, si el problema viene de aquí o de allí, si el calor te abrasa, si estás podrido por dentro, si el mundo se encamina hacia otro mundo, si ese señor te está jodiendo vivo, si aquella chica un día te va a matar... todo te da igual.
Soul Kiss es eso, un beso en el alma. Un toque en la patatita con el que trasciendes. No sé si lo digo correctamente, si me estoy yendo muy lejos, pero te vas. Te vas de donde estás. Por ejemplo, The Drunken Suite, una pieza de nueve minutos en la que el vaivén te va meciendo hasta que ya no estás en la salita de tu casa en Santa Coloma de Gramenet, ya te has ido. Estás tan fuera, tan en otra parte, tan a gusto, que cuando acaba deseas volver a repetir esa sensación, una y mil veces. Y las vas dosificando, porque no se puede escuchar el Soul Kiss todos los días. Debe ser a ratitos, en momentos, casi sin pretenderlo. Supongo que algunos estarán pensando en sensaciones con sustancias, trayendo a colación que Peter Kember... piensen lo que quieran.
Música que nos saca del sitio y nos lleva a un lugar blanco, metalizado pero confortable, un sitio que está lejos y que, al fin, nos hace olvidar que aquí, en este lugar, en esta pequeña salita, o en esta habitación, en esta puta mierda, nada sale como debería.
Por favor, escuchen este disco.
miércoles, 10 de septiembre de 2014
martes, 9 de septiembre de 2014
Baal
Esto es más o menos lo que pasó. Me encontraba yo un poco así como raro. Me interesé de repente por las religiones antiguas y por creencias algo trasnochadas. Sin querer dedicarme a ello de manera seria y un poco por matar el tiempo ya que la faena iba un poco para abajo, decidí ser Baal. Uno de esos libros hablaba de un dios que habitaba en una montaña, en su cima, que había vencido a otro dios, que había separado el mar... me pareció original y, bueno, pues probé. Ser Baal estaba muy bien, porque te permitía ser Dios sin tener que estar pendiente de seguidores, creyentes, intérpretes y demás. Ser Baal me ayudó mucho, la verdad. Y yo creo que ayudé a la gente. Me dediqué a ser un dios bueno, un dios justo, un dios en el que la gente pudiera confiar. Un buen dios, ciertamente.
Habilité el terrado de mi casa como lugar desde el que ejecutar mis acciones divinas, pero de vez en cuando tenía que bajar a la calle a procurarme comida y demás. Vivía solo. No lo había dicho, disculpen. Un día, mientras iba a la panadería, me crucé con alguien que me miró raro. Sonrió y me dijo, 'no eres Baal, yo soy Baal'. Nos sentamos en una cafetería y me dijo que él había seguido un proceso parecido al mío. Un desengaño, una situación de gran desasosiego, lecturas raras y ya está el lío montado. Sin embargo, él decidió ser Baal de otra manera. Se inventó un dios que no era justo, que se hacía el tonto, que no estaba, que pasaba de todo, que no lo llevaba bien esto de ser nada menos que Baal. Estábamos los dos con nuestro café pasando el rato tan alegremente y compartiendo experiencias y asuntos como Baal, cuando la camarera nos miró de una manera extraña. Sonrió y nos dijo 'no sois Baal, yo soy Baal'. Y nos contó que ella era una directiva de una empresa muy importante, que leyó un texto en internet, que se giró y que pensó que siendo Baal podría curarse. Y era Baal. Los tres éramos Baal. Baal.
Y un niño que estaba jugando en otra mesa, alejado, con sus padres delante, nos miró raro y nos dijo, sonriendo, 'no sois Baal, yo soy Baal'. Y debía ser él.
¡Oh Baal! Grandioso y omnipotente que eliges a un niño para representarte. ¡Oh Baal! Tremendo en tu acción y fabuloso en tu proceder. ¡Oh Baal! Qué genial en la escenificación de tu...
Y el niño nos dijo:
- Dejadme jugar. Y dejad de hacer el indio. Yo soy Baal. Yo juego. Yo no hago el indio. Juego. Abandonad ya el sueño de ser Dios. Yo juego.
¡Oh Baal! Tus palabras son siempre dignas de gran...
- Dejadme jugar.
Habilité el terrado de mi casa como lugar desde el que ejecutar mis acciones divinas, pero de vez en cuando tenía que bajar a la calle a procurarme comida y demás. Vivía solo. No lo había dicho, disculpen. Un día, mientras iba a la panadería, me crucé con alguien que me miró raro. Sonrió y me dijo, 'no eres Baal, yo soy Baal'. Nos sentamos en una cafetería y me dijo que él había seguido un proceso parecido al mío. Un desengaño, una situación de gran desasosiego, lecturas raras y ya está el lío montado. Sin embargo, él decidió ser Baal de otra manera. Se inventó un dios que no era justo, que se hacía el tonto, que no estaba, que pasaba de todo, que no lo llevaba bien esto de ser nada menos que Baal. Estábamos los dos con nuestro café pasando el rato tan alegremente y compartiendo experiencias y asuntos como Baal, cuando la camarera nos miró de una manera extraña. Sonrió y nos dijo 'no sois Baal, yo soy Baal'. Y nos contó que ella era una directiva de una empresa muy importante, que leyó un texto en internet, que se giró y que pensó que siendo Baal podría curarse. Y era Baal. Los tres éramos Baal. Baal.
Y un niño que estaba jugando en otra mesa, alejado, con sus padres delante, nos miró raro y nos dijo, sonriendo, 'no sois Baal, yo soy Baal'. Y debía ser él.
¡Oh Baal! Grandioso y omnipotente que eliges a un niño para representarte. ¡Oh Baal! Tremendo en tu acción y fabuloso en tu proceder. ¡Oh Baal! Qué genial en la escenificación de tu...
Y el niño nos dijo:
- Dejadme jugar. Y dejad de hacer el indio. Yo soy Baal. Yo juego. Yo no hago el indio. Juego. Abandonad ya el sueño de ser Dios. Yo juego.
¡Oh Baal! Tus palabras son siempre dignas de gran...
- Dejadme jugar.
lunes, 8 de septiembre de 2014
Día Internacional del Periodismo
Yo antes, hace unos meses, ya hace demasiados meses, tenía idea de lo que era el periodismo. Si hay alguien que ya vea por dónde va a ir el tema, por favor que se vaya apartando a este lado y que no ponga caritas raras. El periodismo. Eso. Gente escribiendo sobre cosas que pasan, lo hacen para diarios, para revistas, para diversos espacios de la www... etc. Todo muy así. Salen en la tele, hablan por la radio, comentan, explican. Venden. Es vender. Es querer a quien se sirve. Los periodistas tendríamos que tener muy claro que amamos, por encima de todo, a quien nos paga. Y si no nos paga, ya nos pagará. Nos paga dejando que escribamos, que hablemos, que opinemos, que nos sintamos importantes durante un breve espacio de tiempo que ya está mascadito en el guión. Ahí lo tienes. Periodistas de raza, con chalecos con muchos bolsillos, que han estado en una guerra en el Salvador hace muchos años. Periodistas de raza, con ropa de salir corriendo en cualquier momento, que vienen de Siria de ver los horrores de la guerra, contarlos, durante unos minutos. Hay tantas cosas que deben ser contadas y tan poco el espacio para hacerlo... Asuntos que son dolorosos, casos escandalosos de injusticias tremendas. Historias cotidianas de personas que van un día al trabajo y no vuelven porque se caen del andamio y se matan y ya te has muerto y este año ya llevamos tantos muertos y mañana a ver qué otra calamidad nos cuentan estos cabrones que no hacen más que llenarnos la cabeza de dramas y penas para que estemos toda la vida acojonados. O que la Reina se quiere divorciar del Rey, pero los reyes viejos, el viejo rey. El viejo rey, diciéndolo así con voz de muy varón. El viejo rey. El rey viejo. Tico Medina, cuánto tiempo. Cuando pensábamos que estabas fuera de la circulación, todavía se te puede ver en las gomosas sobremesas andaluzas hablando, como amplio conocedor de todo ello, de la vida de los Reyes y de las reinas. El rey viejo. Fuerte. Hombrón. Tico Medina hablando de los ricos con voz de pobre que les admira y les respeta. El rey viejo. Qué bonito es todo. Yo había querido ser periodista de jovencito. Un periodista que supiera de todo un poco y que, al ser consultado sobre este u otro tema, lo sacase adelante sin mayor dificultad. Es lo que tiene no saber. Aquí, de nuevo, separaremos a los que ya se conocen el mar de lamentaciones. Estos no hace falta que sigan leyendo. Por ejemplo, una crónica. Una crónica sobre lo de Can Zam, no, sobre lo del Sintonizza. El Sintonizza es un festival musical es se lleva a cabo en Santa Coloma durante los días de la Festa Major. Viernes y Sábado. El viernes cayó agua para aburrir y se suspendió todo, porque no pusieron un escenario cubierto y el nunca bien ponderado recinto de Can Zam, será muy bonito, pero si llueve se moja como los demás. Espanto. El sábado ya sí. Asunto aterrador, escuchar música con las atracciones de feria como 'sonido ambiente'. Desvirtuando la fiesta. Ensayo error. Lo meto aquí, lo meto allí. Error. Está dicho. Error. Bueno. Pues ya está. Cortando la luz por que son las cuatro y media y va a venir la Urbana a cortar la luz. Qué nos hemos creído, que la Guardia Urbana era un cuerpo de seguridad mitológico o qué... no. Podemos discutir sobre esto en las Alternativas, que siguen abiertas y están a doscientos metros. Sobre el nivel del mar. En otro lugar de España. Ya lo he escrito. Ojalá lo leyera alguien y viniera a mi casa a buscarme y me propusiera escribir y escribir y escribir. Hasta que me salga sangre de tanto ganar dinero escribiendo y escribiendo y escribiendo. Escribir es muy bonito. Te pones, lo haces, un editor lo revisa y te dice, 'mejor le das otra vueltecita, ¿verdad?', y así. Es el periodismo. Escribir sin pensar lo que dices. Las cosas que escribes no siempre son las que piensas. Ni siquiera en un día como hoy. Más aún en un día como hoy. Un día de estos os diré lo que pienso de todo. Quedamos y lo miramos. A cuerpo doce. Tico Medina estará todavía hablando del viejo rey cuando me vengas a buscar.
jueves, 4 de septiembre de 2014
Can Zam. Con Z pronunciada como S sonora.
Si yo tuviera algún tipo de idea, de conocimiento de las cosas, probablemente no estaría aquí. Si yo fuera una persona que se hubiera interesado de alguna manera realmente formal acerca de las cosas que le rodean, Si a mí se me hubiera figurado alguna vez, ni que hubiera sido de una manera tangencial a raíz de algo o por causa de alguien, de qué iban ciertos asuntos, otro gallo me hubiera cantado. El mundo es para mí, en la mayoría de los casos, un elemento del que es mejor no saber demasiado. Claramente me sitúo entre ese tipo de personas que mantiene un conocimiento vago sobre unos temas que para mucha gente tienen una importancia capital, y que sin embargo, para mí, no han supuesto más que un motivo más para soltar una ristra de tópicos sobre esto y sobre lo otro, que dejan desconcertado al que aún conoce menos que yo, pero que, evidentemente, no engañan al verdadero experto en la materia. Yo no sé de muchas cosas. De muchísimas cosas. Puedo, y supongo que alguno se habrá dado cuenta ya, dar el pego sobre esto o sobre lo otro. Emplear palabras que quizás muchos no suelan utilizar en una conversación y que empujen a decir 'pues este, a lo mejor, realmente sabe de casi todo', pero no es cierto. Yo no controlo, no domino, no tengo mucha idea de muchas cosas. Sé, eso sí, cuándo de una manera muy flagrante se comete una injusticia. Y no se crean que esta norma se cumple siempre, en muchos casos se me cuelan unos goles muy tontos, que luego cuesta justificar. Sin embargo, tengo ciertos recursos para saber defenderme. Digo esto, digo lo otro, y quien más quien menos puede suponer que o es que tengo una teoría propia y original, o que me he documentado, o que la suelto y al que Dios se la dé San Pedro se la bendiga. Este es un poco el espacio en el que me muevo a nivel de pensamiento y de acción. Saber, yo no sé mucho. Conocer del tema, me viene quedando lejos. Opinar, sin embargo, es gratis y a poco que uno parezca decir las cosas con convicción, cuela su rollo y no se hace daño nadie. En absoluto. Por eso, siempre biene vien, perdón, viene bien, que de vez en cuando a uno le pongan las pilas sobre temas varios y diversos. No diré que soy permeable a las opiniones ajenas, ni que sea una persona de fácil convencer. Si servidor no ha tenido interés en conocer más allá de los cuatro tópicos sobre un tema, por algo habrá sido, pero reconozco que con el paso de los años, sé escuchar. O me conviene escuchar. Que no salga de aquí, lo de que me conviene, porque la gente siempre piensa en intereses ocultos, aspiraciones, artículos publicados, prebendas, una plaza de barrendero, detrás de la conveniencia. Y no es tanto así, como que... nos estamos yendo del tema. Y nos vamos y mucho. Lo que yo quería venir a decir aquí, en este espacio que me brindo yo mismo desde que me metí en esto de teclear, es que, a ver, no es que uno tenga muchas luces o al menos, muchas menos luces que otros, pero atiendo cuando se me habla. Y eso ya es mucho en una sociedad distraída y poco dada a mantener el silencio mientras otros hablan ya que necesitamos escuchar nuestra voz con demasiada frecuencia. Me pierdo. Escribo y escribo y no sé a dónde tengo que llegar. Debo recapitular. Si no les importa, voy a empezar a releer desde el principio y en un segundo vuelvo. Estoy ya con ustedes. Les digo que a mí lo que me gustaría es saber de las cosas como saben otros, aunque no lo parezca por mi talante poco dado al aprecio del conocimiento ajeno. Y es que a veces uno lee cada cosa que para qué. Escuchar no, porque filtro más lo que llega a mis oídos y los interlocutores válidos. Y cuando a uno le explican las cosas de buenas maneras y con ilusión y con ganas, pues qué quieren que les diga, le llegan. Pero leer, la madre que me ha parido cien mil veces, lo que hay que leer. Y eso. Resumiendo: Can Zam, para el pueblo. Parque verde y frondoso. Lo demás, marranadas.
miércoles, 3 de septiembre de 2014
Zarza ardiente
Según el Evangelio de San Desidio, poco consultado y menos conocido, aconteció lo que sigue:
'Y entonces vieron a Moisés bajar del monte sagrado y le vieron un tanto mohíno y con el gesto demudado. Y le preguntaron 'Oh, Moisés, dinos, dinos qué te ocurre, dinos si en verdad has hablado con Jahvé y qué es lo que tenemos que hacer en esta época de tribulación', Y Moisés estaba sin estar en él y por fin se decidió a hablar ante los requerimientos de su pueblo de Israel. 'Pues ocurre que he matado a Dios, nuestro Señor'. Y todos quedaron estupefactos ante tamaña revelación, ya que Moisés era el principal amigo del Señor. 'Cómo... cómo va a ser eso posible Moisés'. Y Moisés les explicó lo siguiente... 'Caminaba yo por el monte sagrado buscando la señal que me indicase que Dios me hablaría y en un momento me he tropezado con algo, no sé, iría distraído y al agacharme me he dado cuenta de que a mi espalda había una zarza ardiendo y sin yo pretenderlo he girado sobre mí mismo y he dado con mi manto en la zarza... de tal manera que la he apagado... y yo no sé si a vosotros os ha pasado pero he sentido como un algo que se me iba y he dicho... a ver si he matado a Dios...'. Y el pueblo de Israel gritó de dolor y angustia ante el hecho consumado de que Moisés había matado accidentalmente a Dios y todos lloraron mucho, pero en eso Moisés les dijo 'Que os digo una cosa, que podemos hacer como que esto no ha pasado y yo ahora os digo que la zarza ardiente me ha dicho esto y lo otro y no tenemos porqué montar un drama de todo esto, que un fallo lo tiene cualquiera'. Y así quedaron y la historia sagrada continuó por su cauce como ahora verán.'
martes, 2 de septiembre de 2014
El pasado revuelve
Del mágico libro 'Historias desde la Alameda', de Ibrahim bin Lailum, rescatamos una pero que bien bonita. Bueno, no.
'Esos días del pasado a veces se me olvidan. Se me van de la cabeza. Son días en los que fui tan feliz que prefiero no recordarlos. Nos pasa a todos que los días más queridos son también los que más sinsabores nos han provocado. Bueno, no sé si a todos. No conozco a todo el mundo. Me gustaría conocer a todo el mundo. Ahora que tengo tiempo y que nada me perturba, quisiera que todo el mundo viniera a mí y me explicase sus cosas. Cosas que hicieron y que no han olvidado, preferiblemente. Yo casi olvido muchas cosas. En algunos momentos, me he llegado a creer que he desarrollado una técnica mental para olvidar, para no recordar. Pero es falsa. Es una forma de perder el tiempo. El tiempo merece la pena que sea perdido. Que no sea recuperado. Son cosas que se escriben encima de un papel y que releídas con algo de perspectiva, nos parecen ridículas. Porque lo son. El pasado no debería volver.
Y a mí me vuelve. El pasado me vuelve. Debe ser otra técnica que he desarrollado y de forma involuntaria. Qué días aquellos tan hermosos. Esos días me vuelven en forma de una terrible y dolorosa sacudida. Algo o alguien, sin identificar todavía, me sacude la cabeza en el momento en el que creo que todo está pasado para decirme que no, que aquellos días existieron, que todo eso está ahí, y que no lo puedo olvidar. Podrían volver esos días a mi memoria de una forma festiva. A veces pienso qué costaría que una joven tocando la flauta se personase ante mí en cualquier circunstancia y con una ligera melodía me apuntase 'esos días, recuerda'. Y no así. Esa fuerza destructora que me engancha de las tripas y las estira para abajo. Esa fuerza dañina que me estruja desde el pecho hasta la última punta de los pies y que me deja sin ánimo, sin ganas, tan sólo con el recuerdo de aquellos días. Unos días que siempre quiero olvidar. Que no puedo olvidar. Porque ya no los quiero y ellos vuelven en forma de salvaje golpe a todo lo que tengo. Y ya pienso que está todo bien, que me he librado de recordar, y vuelve otra vez todo a comenzar. Ese dolor, esa sacudida, ese estrujar mis esencias hasta dejarme en nada.
Y el Todopoderoso, que todo lo ve, sabe que yo quiero olvidar, que ya pasó todo, que quisiera que al cerrar los ojos no quedase el recuerdo de nada, de nada, de nada. Y ese dolor vuelve. Y yo también volveré, no hay duda tampoco. Siempre para intentar olvidar.
'Esos días del pasado a veces se me olvidan. Se me van de la cabeza. Son días en los que fui tan feliz que prefiero no recordarlos. Nos pasa a todos que los días más queridos son también los que más sinsabores nos han provocado. Bueno, no sé si a todos. No conozco a todo el mundo. Me gustaría conocer a todo el mundo. Ahora que tengo tiempo y que nada me perturba, quisiera que todo el mundo viniera a mí y me explicase sus cosas. Cosas que hicieron y que no han olvidado, preferiblemente. Yo casi olvido muchas cosas. En algunos momentos, me he llegado a creer que he desarrollado una técnica mental para olvidar, para no recordar. Pero es falsa. Es una forma de perder el tiempo. El tiempo merece la pena que sea perdido. Que no sea recuperado. Son cosas que se escriben encima de un papel y que releídas con algo de perspectiva, nos parecen ridículas. Porque lo son. El pasado no debería volver.
Y a mí me vuelve. El pasado me vuelve. Debe ser otra técnica que he desarrollado y de forma involuntaria. Qué días aquellos tan hermosos. Esos días me vuelven en forma de una terrible y dolorosa sacudida. Algo o alguien, sin identificar todavía, me sacude la cabeza en el momento en el que creo que todo está pasado para decirme que no, que aquellos días existieron, que todo eso está ahí, y que no lo puedo olvidar. Podrían volver esos días a mi memoria de una forma festiva. A veces pienso qué costaría que una joven tocando la flauta se personase ante mí en cualquier circunstancia y con una ligera melodía me apuntase 'esos días, recuerda'. Y no así. Esa fuerza destructora que me engancha de las tripas y las estira para abajo. Esa fuerza dañina que me estruja desde el pecho hasta la última punta de los pies y que me deja sin ánimo, sin ganas, tan sólo con el recuerdo de aquellos días. Unos días que siempre quiero olvidar. Que no puedo olvidar. Porque ya no los quiero y ellos vuelven en forma de salvaje golpe a todo lo que tengo. Y ya pienso que está todo bien, que me he librado de recordar, y vuelve otra vez todo a comenzar. Ese dolor, esa sacudida, ese estrujar mis esencias hasta dejarme en nada.
Y el Todopoderoso, que todo lo ve, sabe que yo quiero olvidar, que ya pasó todo, que quisiera que al cerrar los ojos no quedase el recuerdo de nada, de nada, de nada. Y ese dolor vuelve. Y yo también volveré, no hay duda tampoco. Siempre para intentar olvidar.
lunes, 1 de septiembre de 2014
La llave
Tengo que contar esta historia antes de que se me vaya de la cabeza. Y lo tengo que hacer ya. Me la contó mientras la música sonaba alta, la gente bailaba de forma desenfrenada y uno bien pudiera haber hecho como que no prestaba interés porque la noche estaba animada. Y sin embargo, nada de lo que ocurrió después tuvo más importancia. La historia de la llave que me contó era muy buena. Pensé, no se te puede olvidar. Estoy a punto de hacerlo y por eso tengo que escribirla.
Me lo contó muy al oído, porque la orquesta tocaba alto. 'Me ha pasado una cosa muy rara. He encontrado una llave y mi padre me ha hecho tirarla, que la aleje de mí. Estaba yendo a no sé dónde cuando en el poyete que está delante de la casa de ya sabes tú, en ese sitio que debería ser una tienda pero que no es nada porque lleva el local vacío ni se sabe cuánto, he visto algo y he ido a cogerlo. Era una llave. Una llave muy antigua y con una forma rara. En la parte de arriba, donde se engancha al llavero -estoy seguro de que ella me dijo cómo se llamaba esa parte de la llave, pero no consigo recordarla, por eso tengo que darme prisa en contar la historia antes de que se me vaya todo- tenía forma de cruz. Todas las llaves, al menos las llaves que vemos y que tenemos, tienen forma redonda, ovalada, en forma de corazón... pero no tienen forma de cruz, o tienen tres óvalos. Sólo las llaves de ataúd tienen esa forma en el asa. ¿Una llave de ataúd en mitad de la calle? ¿Una llave tan antigua en mitad de la calle, en pleno mes de agosto... quién la ha podido poner ahí? ¿Y porqué la tengo que ver yo precisamente, con lo que me atraen esas cosas? Decidí cogerla y llevármela a casa. No era una llave normal. Tú fíjate, si no lo sabías, en las llaves que tienes en casa. Ninguna tiene esa forma. Las llaves de los armarios, de los arcones, de las puertas, de las maletas... no tienen forma de cruz, o al menos las tres redonditas arriba. Sólo tienen esa forma las llaves de ataúd, de sarcófago.
He ido a mi casa y se la he enseñado a mi padre. Se ha puesto como una moto, se ha enfadado muchísimo y me ha dicho que porqué la había cogido. Que la tenía que tirar. Yo he pensado que era una señal, que la llave me quería decir algo, algo que abría algo, pero mi padre ha insistido en que es una llave que seguro que trae mala suerte y me ha insistido mucho en que me deshaga de ella. Y yo que no, y él que sí. Y así hemos estado toda la tarde. Hasta que finalmente mi padre me ha hecho dársela mientras estábamos tomando algo aquí arriba. Se la he dado por no discutir más y en cuanto la ha cogido la ha tirado lejos. Ni siquiera se ha molestado en mirar dónde caía, la ha tirado lejos, por las olivas, para que nadie pudiera verla y le llamara la atención. Y yo no sé, pero creo que la llave era una señal y que no tenía por qué ser mala, pero ahora ya es tarde, porque mi padre la ha tirado. Y supongo que él sabrá más de esas cosas porque para eso es mi padre, pero no sé. Fíjate qué cosa se ha montado por una llave'.
Y ya está. Que puede que no tenga mayor importancia la historia de la llave, pero a mí me dio que pensar. En nada en concreto. En que no tengo ni idea de llaves, por ejemplo.
Me lo contó muy al oído, porque la orquesta tocaba alto. 'Me ha pasado una cosa muy rara. He encontrado una llave y mi padre me ha hecho tirarla, que la aleje de mí. Estaba yendo a no sé dónde cuando en el poyete que está delante de la casa de ya sabes tú, en ese sitio que debería ser una tienda pero que no es nada porque lleva el local vacío ni se sabe cuánto, he visto algo y he ido a cogerlo. Era una llave. Una llave muy antigua y con una forma rara. En la parte de arriba, donde se engancha al llavero -estoy seguro de que ella me dijo cómo se llamaba esa parte de la llave, pero no consigo recordarla, por eso tengo que darme prisa en contar la historia antes de que se me vaya todo- tenía forma de cruz. Todas las llaves, al menos las llaves que vemos y que tenemos, tienen forma redonda, ovalada, en forma de corazón... pero no tienen forma de cruz, o tienen tres óvalos. Sólo las llaves de ataúd tienen esa forma en el asa. ¿Una llave de ataúd en mitad de la calle? ¿Una llave tan antigua en mitad de la calle, en pleno mes de agosto... quién la ha podido poner ahí? ¿Y porqué la tengo que ver yo precisamente, con lo que me atraen esas cosas? Decidí cogerla y llevármela a casa. No era una llave normal. Tú fíjate, si no lo sabías, en las llaves que tienes en casa. Ninguna tiene esa forma. Las llaves de los armarios, de los arcones, de las puertas, de las maletas... no tienen forma de cruz, o al menos las tres redonditas arriba. Sólo tienen esa forma las llaves de ataúd, de sarcófago.
He ido a mi casa y se la he enseñado a mi padre. Se ha puesto como una moto, se ha enfadado muchísimo y me ha dicho que porqué la había cogido. Que la tenía que tirar. Yo he pensado que era una señal, que la llave me quería decir algo, algo que abría algo, pero mi padre ha insistido en que es una llave que seguro que trae mala suerte y me ha insistido mucho en que me deshaga de ella. Y yo que no, y él que sí. Y así hemos estado toda la tarde. Hasta que finalmente mi padre me ha hecho dársela mientras estábamos tomando algo aquí arriba. Se la he dado por no discutir más y en cuanto la ha cogido la ha tirado lejos. Ni siquiera se ha molestado en mirar dónde caía, la ha tirado lejos, por las olivas, para que nadie pudiera verla y le llamara la atención. Y yo no sé, pero creo que la llave era una señal y que no tenía por qué ser mala, pero ahora ya es tarde, porque mi padre la ha tirado. Y supongo que él sabrá más de esas cosas porque para eso es mi padre, pero no sé. Fíjate qué cosa se ha montado por una llave'.
Y ya está. Que puede que no tenga mayor importancia la historia de la llave, pero a mí me dio que pensar. En nada en concreto. En que no tengo ni idea de llaves, por ejemplo.
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