lunes, 20 de octubre de 2014

Solidaridad Obrera

...y no es que no quiera reconocerle a usted que no lleva razón, pero me gustaría contarle una cosa para que comprendiera que a veces, las situaciones se dan de una manera en las que uno se encuentra con la solución a los problemas sin necesidad real de intervenir. Como ya sabe, poseo buena parte de las acciones de la principal industria ferretera del país y de tanto en cuanto, me gusta pasearme por alguna de las fábricas que conforman el conglomerado que dirijo. En una ocasión, por hacer algo y distraerme dado que paso buena parte de mis días encerrado en este club charlando con gente como usted, a la que tengo aprecio, pero que no son ni de lejos exponentes del verdadero pueblo que nos sostiene, quise acudir a la factoría de segmentos pericontornados de la provincia de Szmertzen. Y quise hacerlo como si fuera un trabajador más que acude a su puesto de trabajo, con el objeto no de enterarme realmente de lo que ocurre, ya que no es necesario abundar en que esa información ya la poseemos gracias a nuestros informadores internos, si no, simplemente, por vivir una experiencia nueva. Ser un trabajador, vivir un día una jornada laboral completa. Presentarme en la factoría a tal hora, entrar con el resto de obreros, hablar con ellos, y, de paso, analizar en qué se puede mejorar la producción desde dentro y sin filtros. Pues bien, fíjese usted que sorpresa, no bien comenzó mi jornada laboral falsa, uno de los obreros se me acercó para decirme que ya estaba cansado, que había acudido a él un compañero llamado Vizenowsky para decirle que yo era un topo, un infiltrado de la policía que quería recabar información sobre las actividades del sindicato. Vaya, pensé, mi aspecto debe llamar demasiado la atención. Entonces, el obrero, que se presentó muy amablemente como Antón Korda, me previno de la desconfianza de la gente de su entorno hacia cualquier persona que se acercase a ellos de forma amable y confiada. Me contó que en el sindicato estaban acostumbrados a recelar de todo y de todos y que a mí me habían visto con una sonrisa en el rostro mientras apretaba unas clavijas y que en seguida habían previsto que una persona contenta en una fábrica como aquella no podía ser otra cosa que un infiltrado, que un falso trabajador. Un compañero real jamás sonreiría por sonreir, no gastaría la broma que yo gasté al entrar sobre el frío o sobre el calor, o sobre lo bacheado del camino, o sobre el aspecto patibulario del capataz Chobanek. Un compañero real no se abstendría de recriminar automáticamente a otro compañero por haber saludado de forma amistosa a Janosz Burmann, el anarquista, cuando todo el mundo sabe que ese mentecato no tiene ni idea de lo que es la verdadera lucha y se pasa el día bebiendo y soltando barbaridades. Un compañero real... Y fíjese que así me fue relatando toda una suerte de pequeñas miserias, desconfianzas, enfrentamientos, rencillas, peleas, aislamientos y abandonos que me reconfortaron más que cualquier otra cifra que hubiera extraído en un recuento de la producción. Están enfrentado entre ellos, no se hablan, no quieren verse, se huyen, lo tenemos todo a favor. Así que no sea tan tremendista, déjeles que jueguen con sus organizaciones y sus propuestas. Precisamente le iba a hablar de editar un libro de un joven estudiante de ciencias políticas que...

viernes, 17 de octubre de 2014

Miscelánea

Cosa curiosa. De todas las canciones del disco Ragged glory de Neil Young, la que menos simpatía me despertaba de siempre ha sido Over and Over. Sin ningún motivo aparente. La canción no es mala, la canción no es ñoña, la canción está muy bien, pero algo tenía que no me... El asunto está en que de ese disco me gustaban tanto algunas canciones, como la de Fuckin up, o Farmer John, o las dos larguísimas que esta no entraba dentro del paquete. Pero los cerebros de los humanos son tremendos. Para tenerlos en cuenta. Sin qué ni porqué se me ha colado la canción a lo largo de los últimos días. Nunca había visto el vídeo de Over and Over, y mira que he visto vídeos de Neil Young. Un montón. Pero nunca este. Es un poco como Un tranvía llamado deseo, con el maromo gritando Stela!!! Es un cancionón, aunque aquí está en una versión corta. En el disco son ocho minutos dando vueltas sobre el volver y volver y volver.
https://www.youtube.com/watch?v=l3PV8rDez5c

Teenage Fanclub son uno de esos grupos que pueden no decirte nada, que te pueden parecer unos sosos, que no tienen nada que hacer respecto a otros escoceses mucho más cañeros y bulleros y salvajes. Pero Teenage Fanclub tienen un corazón que no les cabe en el pecho. Y además son fans de Neil Young, cosa que demuestran en el simple hecho de que tienen muchas canciones que son 'don't cry no tears', pero dándole la vuelta mil veces. Y que tienen una canción que se llama Neil Jung. Como el que no dice nada. Gente con polito, rascando la guitarra y abriéndose el corazón para decir que... Rascar la guitarra, ese concepto, esa cosa que parece que la puede hacer cualquiera, usted mismo si quiere y póngase y verá. Una versión en directo la mar de apañada, la verdad.
https://www.youtube.com/watch?v=sU6TEiHsm2w

Tengo un grupo nuevo que me gusta más que todo. Kokoshca. Si, lo sé, este grupo debería haberme empezado a gustar ya hace tiempo. Porque no acaban de salir, no son el pelotazo del momento, pero ya me conocen. Desconfío. Tengo dudas. Y pienso que bueno, todos esos grupos modernos... hasta que no sé porqué narices uno se mete y... oye, qué buenos son. Los vi en directo medio de chaspi en el Primavera Sound y dije... oye, esto no suena mal, pero no profundicé. Y ahora, por las noches, cuando tengo que hacer algo, siempre hay una canción nueva de Kokoshca para descubrir. Que si La Fuerza, tan así, que si Jon y yo, que si Mami y Mami II, o la de No volveré. La de Sueña con Dueñas, que es una versión del Dream Baby Dream, es brutal, pero no la encuentro, así que nos conformaremos con la de No volveré. Bestial. Es tan La Düsseldorf...
https://www.youtube.com/watch?v=0mYRa3x2taM

Crónicas de conciertos. El sábado pasado fuimos a ver a Hidrogenesse pero no a Espanto. Porque Espanto, a quién le han empatado. Esa me la guardo ya para siempre. Así que sólo vimos a Hidrogenesse. Y bueno, qué podemos decir de un concierto de Hidrogenesse. Presentaban un disco nuevo que todavía no ha salido. Roma, se va a llamar. Tocaron tres o cuatro canciones. Todas me gustaron mucho, pero hubo una que ya tiene pinta de ser otro clásico del dúo, la de Los Viejos. Los viejos son más, los viejos son cada vez más, dale todo tu cariño a los viejos, dale todo tu talento a los viejos. Fantástica. Sin embargo, no encuentro la canción todavía, por lo que escucharemos una de toda la vida, la de Vuelve conmigo a Italia, en su versión Bestiola, claro, que es posible que la haya puesto hace poco, pero ahora estamos en fase 'Vuelve conmigo a Italia', y no hay mucho más que decir. Un concierto la mar de divertido, como siempre. Con sus vocoder a tope. Estupendo.
https://www.youtube.com/watch?v=NvabaeUQxkI

Concierto del Grupo de Expertos Solynieve. El grupo hace como que termina, el Jota se va y empiezan a tocar La reina de Inglaterra, y vuelve a entrar el Jota y ya está liada. De todas las canciones bonitas que tienen los Solynieve, la que más me hace ilusión escuchar siempre es esta. Qué cosas. La reina de Inglaterra y lo que los punkis han hecho con ella. Ea. ¿Cómo será Talavera de la Reina de Inglaterrra? Concierto de los Solynieve en El Prat. Llega al Prat, busca el sitio, encuéntralo, una cervecita o algo, el Concierto. Pues muy bien. Menos sosos que otras veces, con más guitarras más ruidosas. Mucho mejor. Y el repertorio también muy bueno. Cómo estaré que no recuerdo si tocaron Claro y Meridiano, fíjate. Pero La Reina de Inglaterra, sí. ¿Dónde estará Talavera de la Reina de Inglaterra? Muchos modernos y modernas, que hacía tiempo que no estaba yo entre tanto moderno, y luego vuélvete de El Prat confiando en que... en fin.
https://www.youtube.com/watch?v=x4u2VDVV4Fw

Una lenta. Una lenta para acabar. Una lenta de Bob Marley. Pero una lenta de Bob Marley que no es reggae. Una lenta para terminar. Chances are está dentro de esos cds y esas cintas de Bob Marley de antes de que fuera tan y tan conocido. Un compendio de canciones que no te cansas jamás de escuchar y que esconden joyas como esta. Chances Are. Una lenta. Si, claro, canta Bob Marley y ya parece que te vayas a... pero no. No tiene nada que ver. Yo tenía una cinta de Bob Marley, se lo he contado alguna vez, en la que estaban todas las canciones más guapas de Bob Marley. Todas. Y luego estaba la cinta de Roberto y Eduardo, en la que estaban las clásicas. Pero aquella cinta. Dónde andará. Chances are. Qué bonita. Y cómo va acabando.
https://www.youtube.com/watch?v=wyPhbSQfEZs

Nada más. Que pasen un buen fin de semana y no se hagan daño por ahí.

jueves, 16 de octubre de 2014

Grateful Dead - Live/Dead

Tengo la sensación de haber comentado este disco ya antes. De haber hablado de este disco muchas veces, de haber escrito sobre este disco utilizando palabras parecidas a las que voy a utilizar. Si no quieren seguir, están en su derecho, porque puede que tengan un deja vu. Yo lo estoy teniendo. Lo que seguro que he hecho es comentar alguna canción suelta, puede que todas, y que juntando todas las canciones se me haya figurado que el comentario sobre el disco está completado.
Live/Dead es un disco de biblioteca. No se llega a este disco por iniciativa personal, porque te lo compres, por que te lo aconsejen... es por casualidad, porque lo ves en la Biblioteca y, aburrido quizás, piensas que o te tiras de un puente o escuchas música nueva. Grateful Dead, Live/Dead. Tanto Dead no debe ser malo, piensas. Sabes que Grateful Dead es un grupo norteamericano, de rock, de rock que a veces entronca con el country rock, que a veces lo hace con la psicodelia, que a veces. En realidad no sabes nada. Así que lo coges, te lo llevas a casa y...
Entras en esa parte de la música que hemos comentado tantas veces. Música que no te hace bailar, que no te hace mover nada, que te deja atado a un sitio y al mismo tiempo te coloca. Eso. Grateful Dead coloca. El Live/Dead, coloca. Pone. Sin más. Probad.
La primera canción se llama Dark Star, que en condiciones normales duraría unos tres minutos, cinco como mucho, pero aquí no tenemos prisa y nos vamos a los veinte minutos. Los once primeros minutos son tan buenos que en muchas ocasiones, tras su escucha, uno ha querido pasar la canción para delante y no tener que viajar con el grupo por el espacio interestelar al que le conducen después. Muchachos, muy bien, pero yo ya he tenido suficiente con esto. Me bajo aquí y os espero ya en la segunda canción. Porque tras esos primeros once minutos tan buenos, nos vamos de viaje. Así, sin anestesia, para empezar. Lirulirus, ida de pinza, gongs... vamos, que estamos de viaje y como estamos así tan puestos, no tenemos necesidad de marearnos o de ver cosas que no queramos ver. Si no nos parece mal, pasemos al centro del disco. Al centro del CD, ojo.
Porque este disco en su tiempo fue doble, por lo que la primera canción Dark Star ocupaba la primera cara y Saint Stephen y The Eleven, la segunda. Turn on your love light, era canción que ocupaba toda la cara del segundo disco. En el cd, pasabas a la segunda canción y entrabas en el desparrame.
La cosa empieza mientras termina Dark Star, con el punteo de aterrizaje, después de que hemos retomado el estribillo y la letra del comienzo. St. Stephen, la canción que hay que poner todos y cada uno de los días de San Esteban de nuestra vida.
St. Stephen con su rosa. St. Stephen es un cancionazo brutal. Las dos baterías de Grateful Dead. Si. Hay vídeos que lo demuestran. Tienen un batería y un percusionista, que es otro batería. En este trío de canciones centrales, St Stephen, The Eleven y Turn on Your Lovelight, ya podemos bailar y movernos, que los dos baterías no nos dejan parar. El punteo inicial de St Stephen... pone los pelos de punta hasta llevarnos al éxtasis de las dos baterías moviéndose y moviéndonos. St Stephen todavía tiene que ver con el rock y esas cosas, The Eleven ya tiene que ver con ir tocando y con ir enganchando con lo que se pueda. Con Jerry García y sus punteos que acaban siendo más latinos que cualquier otra cosa y que enlazan con la ida de pinza sideral y general de todo el grupo, porque tiene que enlazar. Es lo que tiene saber tocar, supongo. Que no tienes miedo a lo que venga. A que la banda se vaya y tu no sepas si vas a volver o no, porque no te importa.
Y cuando ya nos hemos ido del todo, Turn on your love light. Sin ningún aviso, me rompiste el corazón. Una canción que es un estándar y que podría durar nada, unos minutos y quedarnos tan felicianos, pero no. Dura sus dieciséis minutos, con todo lo que ello conlleva de parones, de momentos de no saber qué hacer, de no poder parar de mover los pies al ritmo de los dos baterías que se van compenetrando, entrando, saliendo, del cantante que improvisa, que va introduciendo nuevos versos, pero que siempre acaban diciendo lo mismo. Turn on your love light. No ves que estoy de rodillas, implorando, pidiéndote que enciendas de una vez la luz del amor...
Y esto seguro que lo he comentado en otra parte, estoy convencido. Busquen en google, que seguro que sale. Pero uno se imagina en mitad de la actuación en directo a uno de los el grupo, al personajazo que ha estado tocando la batería y se acerca al micro ya cansado de escuchar los ruegos y lamentos del cantante principal y dice al micro... 'sácate las manos de los bolsillos y enciende ya la luz del amor'. Y la gente en armas. Y aquí el que suscribe, en armas, esperando durante minutos y minutos, durante casi una hora a que llegue este momento del disco. Una frase. Una mierda de frase dicha por alguien que a lo mejor no es ni el cantante.
Hay páginas dedicadas a Grateful Dead que explican esta frase. Que la recogen. Que no la obvian, que saben que está. Porque esta frase es el disco.
Acaba la canción y para que volvamos al sofá y nos quedemos otra vez en estado contemplativo, tenemos Death don't have no mercy. Los muertos no tienen piedad en esta tierra. Un blues convencional, dentro de lo convencional que puede ser algo en manos de Grateful Dead. Diez minutos, que no tenemos prisa. Una bonita manera de acabar. Aunque no es el final.
Porque el final es Feedback, que es eso, ruido y ruido durante unos ocho minutos más. Y al final, nos desean buenas noches.
Un disco en directo de Grateful Dead que nos hace soñar qué debe haber sido vivir la experiencia de una banda como esta en vivo, una banda que toca seis o siete canciones durante una hora y media y que te deja apabullado.
Concluyendo. Sácate las putas manos de los bolsillos y enciende ya la luz del amor.

miércoles, 15 de octubre de 2014

Federalistes d'Esquerres en Santa Coloma. Nada no es mejor.

Concluyendo. Si en la sala había tanta gente asintiendo a las reflexiones de los conferenciantes. Si alguna intervención de los ponentes dejaba claro que, de forma evidente, los federalistas somos más, ¿cómo es que España no es ya un Estado federal?
Ya está, muchas gracias por su atención.
Acto de Federalistes d'Esquerres en Santa Coloma. El federalismo es eso que sitúa a una porción de la población en un espacio en el que no somos ni una cosa ni una otra y en el que debemos explicar y explicar que el federalismo es... pues eso, el federalismo. El federalismo es lo difícil de explicar. Lo fácil es lo otro, la nación, la identidad, la lengua, el pasado glorioso, las afrentas, la conquista, o quizás la voluntad de existir de una manera diferente a la de los demás. Se pueden hacer muchos retratos de la situación. Se puede hacer un retrato tétrico y sombrío de los tiempos, o se puede aprovechar la oportunidad. Se puede decir que todo lo que hemos vivido en Catalunya y lo que nos queda, ha sido producto de una gran manipulación, de una estafa en la cual los poderes políticos y mediáticos han creado una ilusión por la cual la gente se ha dejado manipular. Se puede decir que todo ha sido una gran mentira por la cual se ha querido enfrentar a los catalanes contra los españoles. Se puede decir que la Constitución española es un marco incomparable en el que movernos y asentir todos con la cabeza sin más. Se puede decir que, prácticamente, somos un Estado federal, pero que nos faltan unos pequeños matices que con una reforma constitucional a realizar cuando los astros se conjuguen y confiando en que los que asienten tan convencidos hoy pero tan dubitativos mañana, gobiernen. Se puede hablar de hacer pedagogía durante algunas décadas más hasta que acabemos de convencer a esas masas que saben que son federalistas pero a las que les cuesta verlo. Se puede decir que muchas personas, sindicatos, entidades, fuerzas políticas han hecho un seguidismo basado en dejarse llevar por la corriente, sin cuestionarse nada por el qué dirán. Se puede, glups, hablar como hablan otros de la 'mayoría silenciosa', y eso si que me da un poco de reparo. Se puede hablar de que no puede haber nacionalistas de izquierdas. Como poder, se pueden decir muchas cosas.
Pero yo voy a decir lo que a mí me parece. Siendo, como buenamente se puede, federalista, me ha parecido que todo este Procés, o campaña por el Derecho a Decidir que se ha venido dando en Catalunya ha sido una oportunidad que no podíamos dejar escapar. Sí, claro, el grueso del pelotón no era de los nuestros, pero al menos daba la oportunidad para plantear dudas sobre lo que hay. Dudas y soluciones. Si, no. Al menos eso, Si-No. Si a un Estado, a la República Catalana. No a un Estado independiente. Ergo, empujando a los demás a dar un paso adelante. Federémonos. Fedérate con mi tanque, dicen en el otro lado, en el lado indepe. Cada uno da caña como quiere, no nos engañemos.
Yo creo que hemos hecho bien yendo hasta el final con el tema. Hasta donde se pueda y más. Por mover el avispero. Por que dudo mucho que buena parte de las personas que ayer acudieron al acto de Federalistes d'Esquerres lo hubieran hecho si todos hubiera seguido con el Consenso de la Transición, con este Estado apacible de las cosas, con este pacto entre caballeros, con esta imposibilidad manifiesta de que nadie pueda mover un boli sin apelar a la estabilidad, al pacto, al consenso, a no agitar las tranquilas aguas de la nada sin gas. Dudo mucho que muchos de los que ayer asentían tan convencidos lo hubieran hecho si no hubiera habido que definirse, al menos en algo. Al menos, poder ponerse detrás de una bandera. Si es la Federal, pues esa misma.
Muchos de los que ayer asentían y decían que sí, que eso es lo que es, que claro, que el federalismo... deberían preguntarse porqué su partido hace dos o tres semanas votó Monarquía y no República en el Congreso hace esas mismas semanas. Perdón, apenas sé juntar las palabras. Monarquía. Federalismo. Debe ser que se puede ser Federalista y monárquico a la vez. Y de izquierdas. Debe ser eso. Debe ser que debo confiar en que esa supuesta reforma Constitucional que jamás verán estos ojos que se los ha de comer la tierra agusanada, vendrá un día. Como han venido tantas cosas.
Qué alegría ver que la gente se apunta al Federalismo. Sea eso lo que sea. Yo tampoco lo sé. Soy federalista, pregúnteme cómo. Puedo ir a actos independentistas, sin creérmelos, pero jamás iré a un acto unionista, a un acto por el statu quo. Un acto por la nada. Y lo de ayer, por momentos, pareció apelar a una especie de desideratum de algo que casi está ya hecho pero que tan sólo con un pacto constitucional entre no se sabe quién, se conseguirá.
Reformas constitucionales aquí hemos hecho alguna. Derecho a decidirlo todo, dijo una de las ponentes, Laura Freixa, quiero decidir sobre todo. No sobre algo que no me interesa. Artículo 135 de la Constitución, por ejemplo, qué nos parece. Decidir que todo el país va a estar hipotecado a pagar una deuda que no sabemos cómo ni porqué. Decidido, una noche, por el Pp y el Psoe. Asintiendo, claro, claro, es que eso tiene que ser así.
Yo no soy independentista, ni nacionalista, ni lo quiero ser. Tampoco quiero que esto siga como está. Que respiremos aliviados porque ya se ha bajado el suflé. Porque al final todo quede en una pachanga de solteros contra voluntaris. Me da pena tanta gente que se ha ilusionado con algo que puede quedar en nada, otra vez, para décadas. Me da pena que hayamos dejado pasar la oportunidad, nosotros, los del Si-No y los de la consulta legal, acordada, besada, saludada, regia, bonita, claro, cuando podría haber sido la espoleta de algo mejor. Diferente al menos.
Me gustó mucho Carme Valls. España será federal y social o no será. Dio caña. Dijo cosas. No recriminó únicamente. No pintó un escenario dramático. Me gustan los artículos que Federalistes d'Esquerres enlaza de Sergi Pàmies y los de Andreu Mayayo. No me gusta que no me cuenten nada, que nos aplaudamos por estar contentos por ser federalistas sin hacer nada. Sin esperar nada.
Felicitar a Salva Redón por el acto, por la calidad de los ponentes, por el esfuerzo en la difusión de las ideas federalistas. Pero, yo que sé. Me pareció que nos alegrábamos de algo que nos condena a seguir viviendo con el federalismo, el socialismo, la socialdemocracia, el progresismo, la izquierda, en manos de quien no hace nada de nada.
Segunda conclusión. Nada de nada.

martes, 14 de octubre de 2014

Grandes Semblanzas VII - Nicèfor Asdetrons i Plumeta

No tiene que ver con nada en especial, pero por motivos que se nos escapan y casualidades varias, nos ha llegado desde Cardedeu un texto de un tal Josep Ramon Asdetrons, que nos ha llamado mucho la atención. El texto se titula 'La conquista de América' y lo hemos traducido del catalán como buenamente hemos podido. Disculpen los errores.
'Mi tatarabuelo, Nicèfor Asdetrons i Plumeta, había llegado al límite de sus fuerzas. Su vida en el pueblo, en Vilajoana del Mont, ya no tenía sentido. Le habían echado de todos los trabajos, los propietarios de las tierras ya no le contrataban, los amables tenderos no le ofrecían ningún empleo pese a su apostura y buenos modales, en el pequeño taller artesano de espardenyas no lo querían coger ni para abrir y cerrar la puerta. Su futuro se había truncado el día en el que empezó a cuestionarse algunas cosas que parecían inamovibles en el modo de vida de sus paisanos. Nada especialmente relevante, simplemente no seguir los ritmos pautados, ir más deprisa, más despacio, levantarse algo más tarde, levantar demasiado la voz, sentarse en sitios en los que no se debía, suspirar por la persona equivocada, discutir con alguien que tenía posesión de la verdad de todas todas, beber licores de esos que nadie repara que pueden pedirse en la barra de los bares, leer libros que decían cosas que no llevaban a ningún sitio en concreto y no se dedicaban a ensalzar la figura de un mártir o héroe supuestamente popular. De todas esas pequeñas acciones se concluía una sola, Nicèfor Asdetrons no tenía futuro. Y tuvo que plantearse que, pese a que no era especialmente infeliz, notaba que hacía sentirse incómodo a los demás. Prudente y generoso, optó por largarse. Buen viento y barca nueva.
Como su taranná no era convencional ni mucho ni poco, no escogió la más trillada de las salidas en aquellos tiempos, que ahora tampoco voy a detallar cuando debería haberlo hecho más arriba y ya es tarde por lo que tendré que seguir adelante y ya me lo dirán en misas. De poder irse a la Argentina o al Uruguay, destino habitual de los montsinos, Nicèfor Asdetrons, mi tatarabuelo prefirió los Estados Unidos, pese a no tener ni idea de inglés, cosa que tampoco amilanaba a tantos y tantos Europeos que sí que escogieron ese camino y que en cambio nadie se esfuerza en calificar como valientes por el hecho de elegir un país sin un idioma afín. Creo que se me entiende cuando digo esto, ¿no?
Bien. Al llegar a Nueva York, mi tatarabuelo Nicèfor Asdetrons se planteó buscar trabajo en alguna de las múltiples e ilusionantes empresas que entonces, en ese entonces que ahora me cuesta introducir, florecían en América. Una empresa de bebidas le contrató como probador.
La empresa es la hoy conocida como Cocacola, que en aquel tiempo también se llamaba así, aunque su importancia era manifiestamente inferior. Mi tatarabuelo Nicèfor Asdetrons fue de los primeros en saborear el dulce y chispeante sabor (¿?) de la bebida que hoy vuelve locos a niños y mayores. Sus primeras experiencias con la bebida fueron un tanto dolorosas y le provocaron algún que otro mal de cabeza, pero poco a poco fue saliendo adelante y en tanto que fue el primer probador homologado que catalogó el sabor estándar de la Cocacola, recibió durante el resto de su vida una paga excelsa y las mejores consideraciones por parte de los amos de la casa. Pero él seguía siendo una persona rara y aunque los americanos son infinitamente agradecidos con los raros y excéntricos, mi tatarabuelo tenía una deuda pendiente.
Con un capital considerable y ganas de jarana, Nicèfor Asdetrons volvió a su pueblo con la sana intención de montar una sucursal de la Cocacola.
Pero de todos es sabido que el que se fue y vuelve con cosas que aportar es mal recibido si todavía queda memoria entre sus paisanos. Nicèfor Asdetrons i Plumeta vio fracasar su empresa por el empeño de quienes no olvidaban que un día les discutió, suspiró, ralentizó, sonrió y aquí o en Pamplona, ni se perdona ni olvida.
Olvido (y ya es mucho olvidar) decir que mi tatarabuelo Nicèfor Asdetrons i Plumeta se casó en Vilajoana del Mont con una muchacha de origen humilde, familia retirada suya, llamada Remei Dalt Dabaix y que, pese a que por no se sabe por qué demonios, todos en mi familia somos rubios como la cerveza, no tiene nada que ver con la estancia de mi tatarabuelo en América, ni mi tatarabuela Remei era americana como se rumoreó para malmeter ni nada de eso.
En mi casa oímos hablar de Vilajoana del Mont y nos encendemos. Mi tatarabuelo volvió a Estados Unidos, tuvo dos hijos y estos hijos unos nietos y uno de ellos un hijo más que es mi padre que es Delegado de la Cocacola y que fue trasladado aquí, a Barcelona, y tan feliz.
Muchas gracias por su atención ¿eh?

lunes, 13 de octubre de 2014

Círculo Projorelov XVII

Bubianka Nestorova era muy poco asidua a nuestro Círculo. Sus intervenciones eran muy esperadas, porque no contaba nunca nada especial, sus viajes eran bastante convencionales y no solía alejarse demasiado de nuestra ciudad, pero tenía un algo a la hora de contar que subyugaba nuestras conciencias y nos hacía estar horas y horas escuchándola y dejándonos llevar no tanto por lo que decía y lo que nos enseñaba, que todos podíamos disfrutar tan sólo dándonos un paseo por los alrededores, sino por el cómo. Bubianka Nestorova era una mujer de unos cuarenta años, había estado casada con un abogado de la ciudad y al fallecer este por causas desconocidas, se topó con una herencia millonaria ya que el abogado había ligado una serie de contratos y chanchullos varios que cubrieron el riñón de la Nestorova para los restos. Se podía dedicar a lo que más le gustaba, sentarse en su butacón a mirar desde la ventana a la gente pasear y de vez en cuando, ser protagonista ella misma de alguno de esos paseos. 
Aquel día, Bubianka Nestorova llegó algo más tarde de lo que acostumbraba a ser su horario habitual. La Nestorova no acudía nunca después de las cinco de la tarde, pero aquel día apareció a las siete, en un momento en el que nuestro local se encontraba lleno de gente después de que un tal Lucius Begbeller hubiera acudido a contarnos... bah, una historia tan convencional que no merece la pena reseñar. Alguien nos había asegurado que el tal Begbeller... no nos desviemos. 
Bubianka Nestorova fue hacia el atril y tras aclararse la voz con un vaso de agua, comenzó a contarnos su último viaje. 
'Llego ahora mismo de realizar un pequeño paseo, tal y como acostumbro a hacer desde que pasó lo que ustedes ya saben. Mi pequeño paseo de hoy ha sido especialmente interesante. De hecho vengo bastante trastornada con lo que acabo de ver. No sé si han caído ustedes en la cuenta de que en el mundo en el que vivimos hay gente que no es como nosotros. Ya entiendo que la clave de buena parte de nuestros viajes consiste en apreciar las diferencias entre las razas, los pueblos, las costumbres, pero a lo que me refiero y lo que he apreciado en el día de hoy, es que hay gente que, realmente, es muy diferente. Y que está mal. Eso ha sido lo que más me ha llamado la atención. Yo vivo en mi casa, rodeada de comodidades y doy por sentado que todo el mundo, más o menos, tiene cubiertas unas necesidades que permiten que la vida continúe, aburrida, apacible, sin algaradas. Si hubiera realmente una perentoria y alarmante carencia de algo básico, ya nos habríamos dado cuenta, no creen... Y sin embargo, hoy dando mi paseo habitual... 
He decidido no ir hacia los barrios de siempre, pero he vuelto a los lugares que más me gustan y he apreciado algo que me ha trastocado bastante mi percepción de la realidad. Había gente, por ejemplo, esperando a coger comida de unas largas mesas en las que unos voluntariosos jóvenes organizaban paquetes con bocadillos y zumos. Y la gente que recogía esos paquetes no presentaban rasgos demasiado alejados de los que ustedes y yo consideramos decentes. No eran extranjeros. No eran físicamente desagradables. No eran... Ya sé que mi vocabulario puede resultarles ofensivo, pero quisiera que entendieran que me sorprendió ver a personas que en otro tiempo hubieran paseado a mi lado sin que yo las tomara en consideración. Eran personas que estaban recogiendo comida y que, quizás, hace unos meses eran gente con una vida... Sé que las cosas que les estoy contando no son demasiado acordes con este escenario. Pero algo está pasando. No me acabo de creer que realmente la necesidad esté llegando tan lejos. Y que no ocurra nada. Que podamos convivir con la pobreza de la gente sin que se nos conmueva lo más mínimo, que lo demos por sentado, que sea normal. Que junto a nuestro frívolo mundo de viajes y exotismos, de cuentos y copas de coñac exista gente que sólo tiene como objetivo una bolsa con un bocadillo. He sido testigo, lo he visto. Pensaba que era cosa de otros mundos, de otras gentes, de otras latitudes condenadas de por vida a ser víctimas de no sé qué tara que, en otro momento, hubiera llegado a justificar. Pero hoy, lo que he visto me ha hecho pensar. Quizás nada es tan normal. Nada es tan exótico. Nada es nada. Tengo miedo, señores. Tengo miedo de que la vida de un giro. De que mi vida de un giro en un momento, que lo que tengo dado por lo que pasó, un día se pierda y me encuentre en esa fila de gente, ansiando un bocadillo y un zumo. Miedo a dejar de ser una persona normal y respetable. A que nadie tenga que mirarme ni bien ni mal. Qué nos ocurre cuándo nos deja de ir bien en la vida. Lo he visto. A tres manzanas de aquí. Caminando sin más intención que la de airearme y seguir disfrutando de la normalidad. Y he visto eso. Gente pasando hambre. Gente entristecida, derrotada, mustia, sin nada que decir. Quizás lo tengan. Ese algo que decir. No les he preguntado. Quizás en otro paseo les pregunte y venga aquí a contárselo.'

domingo, 12 de octubre de 2014

En la parte oscura

Hay demasiados periodos de desconexión. Rogamos disculpen estas ausencias, pero nos vemos desbordados por el trabajo y las ocupaciones. Los encargados de este espacio nos hacemos mayores, contraemos compromisos, etc. Sin embargo, de vez en cuando tenemos tiempo para recuperar la actividad, así que nos han llegado unos cuantos relatos, destacando este de Uros Facekas, titulado 'En la parte oscura', que nos ha llamado mucho la atención.
'Estoy esperándote escondido aquí desde hace tanto tiempo que a veces pienso que soy una de las estatuas que bordean el puente. A veces creo que soy una de las farolas que iluminan la calle. A veces me parece que soy uno de los árboles que jalonan la calle. Eso es lo que pienso que soy. Estoy convencido de que ya he perdido absolutamente la capacidad de ser otra cosa que el que te espera aquí. En esta calle. Hay luz en tu ventana, voy a asomarme. No me ves. Estoy aquí. A veces creo que alguien me está haciendo daño en los brazos, me duelen. Y me parece que es que me están podando. Seré realmente un árbol. Seré un árbol que se asoma a tu ventana y te contempla mientras das de comer a tu familia. Completamente ajena a que ese árbol que se encuentra ante tu ventana tenga menos ramas. Estoy podado. No puedo ser podado. Yo tengo también mi vida. Cuando ya sé que no vas a salir de casa, me voy a la mía. Yo también tengo que darle de comer a mi familia. Siempre me suelo ir a casa por la parte oscura de la calle, para que nadie me vea. Entro a mi casa y me espera mi esposa. Ella me quiere mucho. Mis hijos sospechan algo. A veces dicen que parezco de piedra. Mis dos hijos, Miki y Jan. me dicen cosas extrañas. Que huelo a tierra. Que a veces estoy tan duro como el mármol. Que me estoy quedando tan delgado como una farola. Un día, incluso, Miki me dijo que si me acercaba mucho a él le quemaba, como si tuviera una bombilla dentro. Mi esposa no sabe nada. No sabe que desde que salgo del trabajo me quedo delante de tu casa esperando. No sé a qué espero. A veces me apago. Noto que me apago y que vuelvo a encenderme. Soy como una farola que jalona la calle. Como una de esas estatuas que adornan la calle. Como esos árboles que han plantado en el puente sin que nadie entienda cómo. Hoy parece que has salido a la calle y me has visto. Me has saludado. Me has preguntado cuánto tiempo hace que no como. Dices que me conoces. Yo no sé si realmente nos hemos visto antes. No recuerdo porqué estoy esperándote ante tu puerta desde hace tanto tiempo. Me das un trozo de pan porque dices que parezco demasiado delgado, como si fuera una farola. Y que huelo a tierra. Cuando llego a mi casa, mi hijo Miki me está esperando con un hacha.'