El trasbordo de Diagonal se hace larguísimo. No es un trasbordo, es pasar del andén de la estación de Diagonal a la salida hacia Provença, la salida de los ferrocatas. Me deja más cerca del sitio a donde voy ahora por las mañanas. Podría decir que voy a currar. Podría decir que es una buena noticia. El trasbordo, sin embargo, se me hace eterno. Tengo que ir por la pasarela esa que avanza algo más deprisa que el paso normal y en teoría debería ser un trayecto cómodo. Son pocos segundos. Y sin embargo, se me hace larguísimo. Porque tengo que ver gente. Y ver a la gente ha dejado de interesarme. Al menos por el momento. Mientras voy en el metro, tengo la cabeza metida en el libro y no me fijo si delante tengo a algún miembro de la Diputació y del Consistorio colomense o no. No me fijo, de verdad. Mejor así. Pero en esa pasarela no hay más remedio que ver a la gente. Y yo no quiero. Y el maldito Neil Young que siempre acierta.
https://www.youtube.com/watch?v=_VrTSF-v8Vs
Mi hermano tiene un ojo especial. Mi hermano distinguió el otro día que la superficie sobre la que esos señores estaban jugando a las cartas no era un tapete, sino un felpudo. Yo no me había fijado en esto, pero mirando sí que parecía que era eso. Lo que ninguno de los dos supimos averiguar era a lo que jugaban aquellos señores. Eran cinco. El juego creemos que era el Remigio. En el bar tenían la tele puesta y aparecía un chico joven llorando. En la pantalla, un texto decía que la audiencia quería ver llorar a ese chico porque decían que tenía un llorar bonito. Espeluznante. El chico estaba mirando un móvil y lloraba. La audiencia pide gente llorando. En el bar no había mucha gente mirando la tele. Unos matrimonios se contaban la vida. Los jugadores de cartas hacían lo suyo. Mi hermano y yo departíamos sobre esto y lo otro. Ya saben, la típica estampa de bar, invierno, gente en la barra intentando pegar la hebra con la camarera guapa. Lo mismo de siempre. Pero mi hermano no es lo mismo de siempre. Eso sí que no.
https://www.youtube.com/watch?v=U-yLQPO_8E0
Con su risa lo tenemos todo. Si ella está contenta tenemos todas las de ganar. Nada de competir, nada de a lo mejor. Tenemos la oportunidad de hacerlo bien. Tenemos una oportunidad que no podemos dejar pasar. Si se ríe, todo es mejor. Si está feliz y contenta, la vamos a armar. La gente lo sabe. Lo sabe todo el mundo. En su risa está el misterio. Si queremos que esto vaya de otra manera, que no es otra manera que la manera que queremos todos, la clave está en la risa. En la alegría. En hacer las cosas sabiendo que se ha podido hacer antes y que se puede hacer ahora. Y se puede hacer. Porque contamos con la risa. Y eso no lo tiene nadie más. La risa. Por una vez, contamos con algo que nos hace diferentes, más fuertes, realmente capaces de todo. Si tenemos la risa, la alegría, saber que saben que estamos contentos porque sabemos que se puede hacer todo lo que queremos. Que sabemos. Que queremos. Que estamos contentos. Que tenemos la risa. Todo el mundo lo sabe.
https://www.youtube.com/watch?v=8aQfM5PrLDI
Nos estamos perdiendo las cosas. El martes, quizás el miércoles, fue el cumpleaños de Daevid Allen. Daevid Alien. Los que sigan este blog sabrán que Daevid Allen y su grupo Gong han sido parte fundamental del repertorio musical de este blog... yo creo que cada vez escribo peor. Estoy convencido de que cada vez lo hago peor. Más forzado. Más consciente de que hay alguien al otro lado. Yo, que siempre pensé que nadie me haría ni puto caso jamás, me encuentro con que hay gente que dice que sí, que está ahí. Y me gusta, claro, pero también me hace escribir pendiente de que esa gente no se asuste. Que las cosas no sean muy oscuras, muy densas, casi no escribo ya relatos y me dedico a reflexiones extrañas y comentarios sobre cosas que ocurren a mi alrededor. Para caer mejor. Los relatos no le interesan a nadie. Daevid Allen y Gong. Qué musicón. Una música extraña que me gusta a mí. Volvemos a lo de siempre, las cosas me gustan porque me gustan a mí. Si no, dejan de interesarme. No me digan que les gusta Gong. Háganme ese favor.
https://www.youtube.com/watch?v=AkPu3VBCISo
Ayer discutíamos sobre música. Una discusión en la que se me volvió a decir que 'decirte que escuches algo, es un riesgo que no quiero correr, porque puede ser que lo hundas'. La gente me tiene demasiado respeto. Se creen que soy muy sabido, muy leído, muy escuchado. Sólo tengo conocimientos muy básicos de casi todo. No profundizo demasiado. No me tengan miedo. No hagan caso de mi cara de tío serio y distante. No lo hagan. En realidad soy un trozo de pan. Me recomendaban Camel. No he escuchado nada de Camel nunca y tendré que ponerme. En el bar, en el Línea, glups, sonaba Genesis. Música muy de ahora. Música muy de estos tiempos. Música que puede gustar a cualquiera que... Podrías escribir en una revista, me dijeron el otro día. De qué. De qué tipo de música. Qué grupos conozco. Qué lioso todo. Cada vez peor. Poniendo un vídeo de Yoko Ono tampoco lo estoy arreglando.
https://www.youtube.com/watch?v=L7JkwKtI6P4
El Rockdelux. El Mondosonoro. Evaluación de los mejores discos del año. Salen listas de discos de muchos medios. Supongo que Jenesaispop también ha sacado su lista. De los llamados artistas internacionales, no conozco a casi nadie. Perdón que insista con el tema. Pero es así. De los nacionales, encuentro que no estoy tan mal. Que hay muchos grupos que conozco, incluso de los pequeños, que otros grupos los conozco pero no me gustan, que otros son los mismos de siempre y hagan lo que hagan, salen siempre. La música. Música moderna. Música contemporánea. Un grupo que se llama Beach Beach, por ejemplo. Otro que se llama Univers. En todos sale el disco del Mau. También sale el Gramola, de Lidia Damunt. El de Maria Rodés también. Ni que decir tiene que el de la Silvia Pérez Cruz y el Raül Fernández, también. Duele. El Gramola, con lo que me gusta a mí Lídia Damunt y lo poquito que lo he escuchado. Pena, penita, pena.
https://www.youtube.com/watch?v=ZZz-_1VbRx4
Tú eres alto y yo bajita. Tú eres rubio y yo tostá. Tú de Sevilla la llana y yo de Puerto Real. No sé a qué me viene esto ahora. Oigan, que ya es viernes. Que tengan un muy buen fin de semana todos.
viernes, 16 de enero de 2015
jueves, 15 de enero de 2015
Presentación del libro 'De suburbi a ciutat'. Tal como éramos.
Cuando yo era chaval y hasta hace bien poco, así como otros decían que eran de Santa Coloma con cierta aprensión, a mí me ocurría que me enorgullecía enormemente decir que era colomense. De Santa Coloma. La ciudad roja. Cuando iba al pueblo de mis padres, contaba que teníamos un alcalde comunista, un cura rojo, que asaltaba autobuses, que era una ciudad combativa, que siempre estaba de follones por cualquier cosa. La mística de la reivindicación. Antes sí que éramos un pueblo movilizado. ¿Qué pasó?
Ayer se presentó en la Biblioteca Salvador Cabré de Singuerlin el libro 'De suburbi a ciutat. El Pla Popular de Santa Coloma de Gramenet', libro escrito por la periodista local Odei Antxustegi-Etxearte bajo los auspicios del Fòrum Grama. Llenazo. Los últimos actos y actividades sucedidas en la sala de actos de esta biblioteca no habían conseguido llenar el recinto y ayer casi se queda pequeño. Mucha gente, tanto protagonistas de los hechos que se contaban, como personas como el que suscribe que no vivieron directamente todo lo que se cuenta en el libro, pero que han vivido inmersos en esa mística, en la Santa Coloma reivindicativa que luchó por dejar de ser la Ciudad Dormitorio, la ciudad sin nada, para ser una ciudad digna, orgullosa de lo conseguido. Estaba todo el mundo. ¿Todo el mundo? No. La alcaldesa no acudió a este acto. No me quedaron claros los motivos que Jaume P. Sayrach, de la revista Fòrum Grama, adujo para esta ausencia. Por la noche vi un tweet en el que la alcaldesa se congratulaba de una victoria del Marfil Santa Coloma de Fútbol sala. Prioridades.
Sí que acudieron diversos regidores y ex regidores de todo signo. Y gente. Mucha gente que tenía ganas de recordar, de reivindicar, de no olvidar lo que se hizo, porqué se hizo y qué queda de todo aquello.
La presentación comenzó con un coloquio o diálogo entre Jaume P. Sayrach, que fuera a principios de los ochenta regidor de urbanismo precisamente, Ferran Saro, figura histórica de la política local en las filas del PSUC e ICV y Odei Antxustegi-Etxearte, periodista de El Punt Avui, colomense, que ha sido la encargada de poner finalmente en orden todo lo que se hizo y se trazó sobre la Santa Coloma que quiso ser y que a duras penas viene siendo. El coloquio fue muy interesante. Se habló de dónde veníamos, de qué ciudad se tenía a finales de los sesenta y principios de los setenta, de cómo surgen los movimientos vecinales, del papel de la iglesia, del papel de la prensa con Grama a la cabeza y de la pasión de la gente de Santa Coloma por hacer de su vida algo distinto, de su ciudad un lugar para vivir, más allá de las dificultades, de la represión, de la falta de todo, pero con ganas de mucho. De la colaboración entre esos personajes ilustres, formados, estudiados, universitarios y esa gente sin nada más que su fuerza de trabajo, su voluntad y su no conformarse. De la colaboración entre gentes de diverso signo político, aunque encuadrados en un espacio concreto, el de la izquierda, que se implicaban en cambiar la realidad. Leerla, estudiarla, compartirla y trabajar para cambiarla. Sin miedo. Una historia que comienza simbólicamente en el 72, con un número de Grama en el que se habla de la ciudad en peligro, que comienza con las luchas por que no se cerrara el ambulatorio, y que sigue con la progresiva formación del Pla Popular.
¿Y qué es el Pla Popular? Sayrach hablaba que muchos políticos locales no conocen el Pla Popular. Servidor de ustedes, levanta la mano y dice, yo pecador. Es algo que está en la mística de la ciudad, el Pla Popular, y también en su desdicha. El olvido del Pla Popular. Su entierro y desaparición. Porque el Pla Popular es algo antiguo, pero es algo muy moderno, muy de hoy. Con la participación ciudadana, con la aportación de los movimientos vecinales, de las asambleas, de la gente de los barrios, se van creando unas alegaciones para presentar ante el Ayuntamiento franquista debido a un cambio en un plan urbanístico para la ciudad. De ese germen y del rechazo del Ayuntamiento, surge un plan, un plan para cambiar Santa Coloma. Un plan para pensarla a fondo. Y transformarla.
Cambiar una ciudad que no tiene nada y que quiere ser digna. Pensarla en común. Qué puede ir en cada espacio. Qué podemos hacer para que la especulación no acabe pasando por encima de los intereses del pueblo. De la ciudadanía, si lo prefieren. El Pla Popular se termina de diseñar en 1978 y en 1979 llegan los primeros ayuntamientos democráticos.
¿Hemos hablado ya de Xavier Valls? No. Pues hay que hablar. Arquitecto. Pero figura clave para entender qué es Santa Coloma y la política local, su figura sobrevoló... qué digo, fue protagonista absoluto del acto de ayer. Muerto en el atentado de Hipercor en 1987, pudo haber sido alcalde de la ciudad y no fue. Su papel como 'hacedor', como 'pensador' y como 'catalizador' de las sensibilidades de personas de diversa índole, nos debe hacer pensar qué tipo de personas necesitamos para construir la Santa Coloma del futuro. Del Hoy.
Personas que se alejen del dogmatismo, del sectarismo y del interés partidario. Que sepan ir más allá de todo eso y buscar acercarse a la gente, a lo que piensan y lo que se necesitan y ponerlo en común con lo que pueden aportar técnicos y profesionales. Gente que quiera hablar y que quiera hacer cosas por una ciudad que es especial precisamente porque se ha hecho a base de participación.
Esa es una de las lecciones del acto de ayer. Si algo es Santa Coloma es una ciudad pensada y dibujada por su gente. Por quienes no tenían nada y no querían quedarse de manos cruzadas. Si algo demuestra el Pla Popular, decía ayer Odei, es que las cosas se pueden hacer de otra manera. No hay nada preestablecido.
Esto hoy me está quedando largo de narices. Pero es que hay mucha cosas de las que hablar de lo sucedido en el acto de ayer. Se habló de cómo el Ajuntament no puede hacer las cosas de golpe, en un año, de cómo el movimiento vecinal se va apartando de la institución y la institución de los vecinos. De cómo se va haciendo poco a poco lo que dice el Pla Popular, pero queda todo... diluido. En el 91, cambio de gobierno. No se quiso hacer mucha sangre sobre el tema. Todo cambió.
Sí que dio en el clavo Jordi Borja, arquitecto y amigo de Xavier Valls, cuando habla de cómo se cambia el esquema de la ciudad, de cómo si no se controla el suelo no se tiene poder para hacer nada, de cómo se busca una ciudad, durante los tiempos de Bartomeu Múñoz, que sea agradable para las clases medias y acomodadas. Cambiar el pelaje urbano. No cambiar a la ciudad, sino traer gente... 'mejor'. De suburbio a ciudad. De ciudad a barrio bueno.
Santa Coloma, al menos sus autoridades, dejan de luchar por dejar de ser la ciudad dormitorio, esa ciudad roja, esa ciudad de la mística reivindicativa, para ser una ciudad agradable, escaparate, 'como las demás'. Ya no es lo mismo.
Jordi Mas, actual regidor de urbanismo, quiso puntualizar que el Pla Popular se estudia y su influjo sigue estando. Que, por ejemplo, el lunes hay un Fòrum ciudadano para hablar sobre la Pinta Verda, y que la participación sigue siendo un eje importante.
Si no hay participación, las autoridades hacen lo que les da la gana. Si hacen lo que les da la gana, perdemos nosotros. Todos.
Ahora toca leerse el libro, aprender, saber qué se hizo y cómo, entender qué se debe hacer ahora y cambiar lo que no queremos que sea Santa Coloma. Saber qué quiere ser.
Con alegría. Siempre.
Ayer se presentó en la Biblioteca Salvador Cabré de Singuerlin el libro 'De suburbi a ciutat. El Pla Popular de Santa Coloma de Gramenet', libro escrito por la periodista local Odei Antxustegi-Etxearte bajo los auspicios del Fòrum Grama. Llenazo. Los últimos actos y actividades sucedidas en la sala de actos de esta biblioteca no habían conseguido llenar el recinto y ayer casi se queda pequeño. Mucha gente, tanto protagonistas de los hechos que se contaban, como personas como el que suscribe que no vivieron directamente todo lo que se cuenta en el libro, pero que han vivido inmersos en esa mística, en la Santa Coloma reivindicativa que luchó por dejar de ser la Ciudad Dormitorio, la ciudad sin nada, para ser una ciudad digna, orgullosa de lo conseguido. Estaba todo el mundo. ¿Todo el mundo? No. La alcaldesa no acudió a este acto. No me quedaron claros los motivos que Jaume P. Sayrach, de la revista Fòrum Grama, adujo para esta ausencia. Por la noche vi un tweet en el que la alcaldesa se congratulaba de una victoria del Marfil Santa Coloma de Fútbol sala. Prioridades.
Sí que acudieron diversos regidores y ex regidores de todo signo. Y gente. Mucha gente que tenía ganas de recordar, de reivindicar, de no olvidar lo que se hizo, porqué se hizo y qué queda de todo aquello.
La presentación comenzó con un coloquio o diálogo entre Jaume P. Sayrach, que fuera a principios de los ochenta regidor de urbanismo precisamente, Ferran Saro, figura histórica de la política local en las filas del PSUC e ICV y Odei Antxustegi-Etxearte, periodista de El Punt Avui, colomense, que ha sido la encargada de poner finalmente en orden todo lo que se hizo y se trazó sobre la Santa Coloma que quiso ser y que a duras penas viene siendo. El coloquio fue muy interesante. Se habló de dónde veníamos, de qué ciudad se tenía a finales de los sesenta y principios de los setenta, de cómo surgen los movimientos vecinales, del papel de la iglesia, del papel de la prensa con Grama a la cabeza y de la pasión de la gente de Santa Coloma por hacer de su vida algo distinto, de su ciudad un lugar para vivir, más allá de las dificultades, de la represión, de la falta de todo, pero con ganas de mucho. De la colaboración entre esos personajes ilustres, formados, estudiados, universitarios y esa gente sin nada más que su fuerza de trabajo, su voluntad y su no conformarse. De la colaboración entre gentes de diverso signo político, aunque encuadrados en un espacio concreto, el de la izquierda, que se implicaban en cambiar la realidad. Leerla, estudiarla, compartirla y trabajar para cambiarla. Sin miedo. Una historia que comienza simbólicamente en el 72, con un número de Grama en el que se habla de la ciudad en peligro, que comienza con las luchas por que no se cerrara el ambulatorio, y que sigue con la progresiva formación del Pla Popular.
¿Y qué es el Pla Popular? Sayrach hablaba que muchos políticos locales no conocen el Pla Popular. Servidor de ustedes, levanta la mano y dice, yo pecador. Es algo que está en la mística de la ciudad, el Pla Popular, y también en su desdicha. El olvido del Pla Popular. Su entierro y desaparición. Porque el Pla Popular es algo antiguo, pero es algo muy moderno, muy de hoy. Con la participación ciudadana, con la aportación de los movimientos vecinales, de las asambleas, de la gente de los barrios, se van creando unas alegaciones para presentar ante el Ayuntamiento franquista debido a un cambio en un plan urbanístico para la ciudad. De ese germen y del rechazo del Ayuntamiento, surge un plan, un plan para cambiar Santa Coloma. Un plan para pensarla a fondo. Y transformarla.
Cambiar una ciudad que no tiene nada y que quiere ser digna. Pensarla en común. Qué puede ir en cada espacio. Qué podemos hacer para que la especulación no acabe pasando por encima de los intereses del pueblo. De la ciudadanía, si lo prefieren. El Pla Popular se termina de diseñar en 1978 y en 1979 llegan los primeros ayuntamientos democráticos.
¿Hemos hablado ya de Xavier Valls? No. Pues hay que hablar. Arquitecto. Pero figura clave para entender qué es Santa Coloma y la política local, su figura sobrevoló... qué digo, fue protagonista absoluto del acto de ayer. Muerto en el atentado de Hipercor en 1987, pudo haber sido alcalde de la ciudad y no fue. Su papel como 'hacedor', como 'pensador' y como 'catalizador' de las sensibilidades de personas de diversa índole, nos debe hacer pensar qué tipo de personas necesitamos para construir la Santa Coloma del futuro. Del Hoy.
Personas que se alejen del dogmatismo, del sectarismo y del interés partidario. Que sepan ir más allá de todo eso y buscar acercarse a la gente, a lo que piensan y lo que se necesitan y ponerlo en común con lo que pueden aportar técnicos y profesionales. Gente que quiera hablar y que quiera hacer cosas por una ciudad que es especial precisamente porque se ha hecho a base de participación.
Esa es una de las lecciones del acto de ayer. Si algo es Santa Coloma es una ciudad pensada y dibujada por su gente. Por quienes no tenían nada y no querían quedarse de manos cruzadas. Si algo demuestra el Pla Popular, decía ayer Odei, es que las cosas se pueden hacer de otra manera. No hay nada preestablecido.
Esto hoy me está quedando largo de narices. Pero es que hay mucha cosas de las que hablar de lo sucedido en el acto de ayer. Se habló de cómo el Ajuntament no puede hacer las cosas de golpe, en un año, de cómo el movimiento vecinal se va apartando de la institución y la institución de los vecinos. De cómo se va haciendo poco a poco lo que dice el Pla Popular, pero queda todo... diluido. En el 91, cambio de gobierno. No se quiso hacer mucha sangre sobre el tema. Todo cambió.
Sí que dio en el clavo Jordi Borja, arquitecto y amigo de Xavier Valls, cuando habla de cómo se cambia el esquema de la ciudad, de cómo si no se controla el suelo no se tiene poder para hacer nada, de cómo se busca una ciudad, durante los tiempos de Bartomeu Múñoz, que sea agradable para las clases medias y acomodadas. Cambiar el pelaje urbano. No cambiar a la ciudad, sino traer gente... 'mejor'. De suburbio a ciudad. De ciudad a barrio bueno.
Santa Coloma, al menos sus autoridades, dejan de luchar por dejar de ser la ciudad dormitorio, esa ciudad roja, esa ciudad de la mística reivindicativa, para ser una ciudad agradable, escaparate, 'como las demás'. Ya no es lo mismo.
Jordi Mas, actual regidor de urbanismo, quiso puntualizar que el Pla Popular se estudia y su influjo sigue estando. Que, por ejemplo, el lunes hay un Fòrum ciudadano para hablar sobre la Pinta Verda, y que la participación sigue siendo un eje importante.
Si no hay participación, las autoridades hacen lo que les da la gana. Si hacen lo que les da la gana, perdemos nosotros. Todos.
Ahora toca leerse el libro, aprender, saber qué se hizo y cómo, entender qué se debe hacer ahora y cambiar lo que no queremos que sea Santa Coloma. Saber qué quiere ser.
Con alegría. Siempre.
miércoles, 14 de enero de 2015
Todo o muy poco
El futuro es una cara que se va asomando desde la esquina. La estás viendo, a lo lejos. No tiene el rostro definido. Se ríe. Se está riendo de ti. El futuro viene a verte. Se presenta en tu casa a la hora de tomar café. No tomas café porque estás muy nervioso. El futuro quiere café y tú simplemente quieres una tila o un algo que esté calentito. El futuro se sienta en el sofá y te dice algo que no entiendes y prefieres no preguntar. El futuro sale todos los días en la televisión. El futuro es muy poco. Tenemos que pensar en el futuro. El pasado vive escondido en otra parte de la casa que visitas demasiado. El pasado prácticamente ocupa toda la casa. El pasado tiene sus cosas desperdigadas por todo el edificio. El pasado sale en ocasiones a tomar algo con el futuro. El pasado y el futuro son amigos. El pasado habla con el futuro y suele convencerle. El futuro vuelve a su casa pensando en el pasado. El pasado sigue pensando en sí mismo. Cuando el pasado llega a casa, no te atreves a preguntarle qué han estado comentando. El pasado lo es todo. El presente es fugaz. El presente avanza muy deprisa y se convierte en un pasado cada vez más amplio. El pasado siempre es mejor, repites. El pasado siempre es todo. El futuro, aunque en la televisión se empeña pregonar lo contrario, es algo que sabe a muy poco. El futuro es nuestro, eso también lo he escuchado. El futuro es muy poca cosa. Empleas mucho tiempo pensando en el futuro, cosa que no es cierta. Pensar en el futuro da tanto miedo que ni siquiera vive en tu casa. El futuro no está. El futuro es muy poco. El futuro irá a verte a casa y se reirá. Sabe que te preocupa que venga a tu casa y se siente en el sofá y que hable en un idioma que no entiendes. No entiendes el futuro desde hace tanto tiempo... El pasado, en cambio, habla perfectamente tu idioma. Habla demasiado. Ya ha quedado claro que el pasado es muy importante y el futuro nos sabe a poco. Pero, hay un problema con el presente. El presente no sabes cómo se describe. El pasado te podría ayudar y se muestra dispuesto a todo, pero prefieres no hacerle caso. El pasado habla y habla. El pasado vuelve a salir de fiesta con el futuro. El futuro sigue pensando que todo tiene que ver con el pasado. El futuro se asoma desde la esquina. Te dice que vayas con él. El futuro, a veces, quiere que le entiendas, que te esfuerces en hablar su idioma, que no que quedes con el pasado. El pasado se explica perfectamente. Lo tienes muy estudiado. El presente se cruza contigo en el metro. El presente no tiene cara, no te da tiempo a verle. El presente te manda un mensaje al móvil. Te recuerda que tienes una cita, que tienes que ir, que tienes que hacerlo. El presente quiere advertirte sobre el pasado y te pide que ayudes al futuro. Un día llegas a casa y te das cuenta de que en una sala, apartada, oscura, están reunidos el pasado, el presente y el futuro y se están riendo de ti. El presente esconde la cara. El pasado lo entiende todo. El futuro ofrece muy poco.
martes, 13 de enero de 2015
Víctor Ros. Tú hablas y yo respondo.
Comenzó ayer la emisión por la 1 de una serie de temática policíaca ambientada a finales del siglo XIX en Madrid, naturalmente. La serie se llama Víctor Ros y toma el nombre del personaje principal, que está interpretado por Carles Francino, que es, efectivamente, el hijo de Carles Francino, popular periodista catalán de radio y televisión que actualmente conduce las tardes de la Ser. Bueno. Es la primera vez que veo actuar a Carles Francino jr. El resto del elenco actoral lo componen caras muy o bastante conocidas de películas y series españolas de los últimos años, así como algunos rostros jóvenes que supongo que irán apareciendo con el transcurso de las semanas.
La serie nos presenta a un personaje Víctor Ros, de extracción humilde, que es adoptado por un policía que resulta ser un prodigio de virtudes personales y profesionales y que encarna este actor que hizo una vez de Buñuel de joven y que ya para mí, va a ser siempre Buñuel de joven aunque ya haga papeles de señor bastante mayor. El nombre del actor ahora no me viene. Lo busco. Tito Valverde. Es un lobo y me come. En fin. Víctor Ros, por lo que cuentan en una especie de presentación previa que me perdí porque no se puede estar a todo y no tiene uno el cuerpo para mucho sofá, es un niño chirlero. Un mangui. Que es recuperado por Armando, Tito Valverde, que lo forma y lo convierte en un policía moderno. Moderno con sus métodos deductivos de 'usted está constipado porque tiene un pañuelo' y cosas así que dices, copón, qué ojo tiene. Y sabe de libros y eso. Sí.
Llegamos hasta aquí sin haber pronunciado el nombre que sobrevuela el ambiente. Sherlock Holmes y todas las series de Sherlock Holmes. Y todas las películas. De las antiguas a las nuevas. De las series a las teleseries. Sobre todo la última serie, ambientada en la época actual, que tantos fans tiene. Las comparaciones son odiosas. Pero han de hacerse. ¿Qué diferencia una serie moderna como la británica Sherlock Holmes y esta Víctor Ros? Muchas cosas. Tantas cosas que no merece la pena hacer una enumeración de porqué una es mejor que la otra. Simplemente se ve. Otra cosas es que servidor no vaya a engancharse a poco que pueda a esta serie. Los lunes no dan gran cosa en la tele y esta serie puede ser un buen remedo de otras cosas que echaremos en falta.
En este primer episodio, Víctor Ros se enfrenta a un caso de un intento de asesinato en una casa que parece encantada o maldita, porque no es la primera vez que un matrimonio residente allí termina como el rosario de la aurora. Un relato de posesiones y libros que se queman que nos introduce ya a un personaje femenino interpretado por Esmeralda Moya, hija menor de los propietarios de la casa que, sin que tengamos que dudar demasiado, termina enamorada del tal Víctor Ros. Habré de decir que Carles Francino está considerado como uno de esos guapos que a todas las chicas gustan. Y claro, está previsto que todas las mujeres jóvenes y en edad de merecer se enamorisquen del personaje. Sigamos. El caso avanza paralelamente a otra investigación que lleva a cabo Armando, el mentor de Víctor Ros, que investiga las muertes de unas prostitutas. Sherlock Holmes, Jack el destripador, las referencias son claras. Incluso aparece el nombre del popular asesino londinense como referencia. Mientras un caso avanza, el otro se complica. Mientras Ros va haciendo averiguaciones, Armando se va complicando. Tiene amistad con una prostituta interpretada por Megan Montaner, pero sin llegar a nada. No tengan miedo. Él es un hombre serio.
El caso de la casa encantada y demás se resuelve con averiguaciones en el campo de lo oculto, de la hipnosis y demás y todos felices y contentos. Pero en cambio, el otro caso, que parece ser el que será el hilo conductor de la serie (un caso por episodio y el caso de las prostitutas sobrevolando), termina con la muerte de Armando. Intriga para la semana que viene.
Pues nada. Pasa uno el rato mirando lo bonitos que han quedado los cromas, intentando reconocer las caras de los actores que han aparecido en otras series, mirando lo guapas que son las actrices principales, intentando descubrir porqué es tan guapo el otro, y a veces, con los ojillos vencidos por el sueño sorprendiéndome de lo mucho que se parece la voz de Francino al otro Francino.
Diálogos. Es el tema que peor llevo. En las series españolas, por norma, el tema de que hablo y respondo hace que todo quede acartonado, que no te lo creas, que sea demasiado formal. Uno habla, el otro responde, una habla, la otra responde. No se pisan, no hay naturalidad. O lo pienso yo, que soy un tocapelotas. Como lo limpio que se ve todo, lo planchado, lo arreglado. No sé. Siglo XIX en España, alguien iría medianamente mal ¿no? Como lo de que las prostitutas se contoneen todas como las cigarreras de Carmen, pues qué quieren, lo veo mal. No me lo creo. Otra serie de gente haciendo lo mismo, imitando a otras series de fuera, pero sin esa gracia que tienen. Y dicen que hay despliegue de medios, que hay nivel. Pero uno ve demasiada formalidad, demasiado bien todo.
En fin, qué haremos. Es un programa para los lunes. Si tienen otro plan mejor, me lo dicen y hablamos.
La serie nos presenta a un personaje Víctor Ros, de extracción humilde, que es adoptado por un policía que resulta ser un prodigio de virtudes personales y profesionales y que encarna este actor que hizo una vez de Buñuel de joven y que ya para mí, va a ser siempre Buñuel de joven aunque ya haga papeles de señor bastante mayor. El nombre del actor ahora no me viene. Lo busco. Tito Valverde. Es un lobo y me come. En fin. Víctor Ros, por lo que cuentan en una especie de presentación previa que me perdí porque no se puede estar a todo y no tiene uno el cuerpo para mucho sofá, es un niño chirlero. Un mangui. Que es recuperado por Armando, Tito Valverde, que lo forma y lo convierte en un policía moderno. Moderno con sus métodos deductivos de 'usted está constipado porque tiene un pañuelo' y cosas así que dices, copón, qué ojo tiene. Y sabe de libros y eso. Sí.
Llegamos hasta aquí sin haber pronunciado el nombre que sobrevuela el ambiente. Sherlock Holmes y todas las series de Sherlock Holmes. Y todas las películas. De las antiguas a las nuevas. De las series a las teleseries. Sobre todo la última serie, ambientada en la época actual, que tantos fans tiene. Las comparaciones son odiosas. Pero han de hacerse. ¿Qué diferencia una serie moderna como la británica Sherlock Holmes y esta Víctor Ros? Muchas cosas. Tantas cosas que no merece la pena hacer una enumeración de porqué una es mejor que la otra. Simplemente se ve. Otra cosas es que servidor no vaya a engancharse a poco que pueda a esta serie. Los lunes no dan gran cosa en la tele y esta serie puede ser un buen remedo de otras cosas que echaremos en falta.
En este primer episodio, Víctor Ros se enfrenta a un caso de un intento de asesinato en una casa que parece encantada o maldita, porque no es la primera vez que un matrimonio residente allí termina como el rosario de la aurora. Un relato de posesiones y libros que se queman que nos introduce ya a un personaje femenino interpretado por Esmeralda Moya, hija menor de los propietarios de la casa que, sin que tengamos que dudar demasiado, termina enamorada del tal Víctor Ros. Habré de decir que Carles Francino está considerado como uno de esos guapos que a todas las chicas gustan. Y claro, está previsto que todas las mujeres jóvenes y en edad de merecer se enamorisquen del personaje. Sigamos. El caso avanza paralelamente a otra investigación que lleva a cabo Armando, el mentor de Víctor Ros, que investiga las muertes de unas prostitutas. Sherlock Holmes, Jack el destripador, las referencias son claras. Incluso aparece el nombre del popular asesino londinense como referencia. Mientras un caso avanza, el otro se complica. Mientras Ros va haciendo averiguaciones, Armando se va complicando. Tiene amistad con una prostituta interpretada por Megan Montaner, pero sin llegar a nada. No tengan miedo. Él es un hombre serio.
El caso de la casa encantada y demás se resuelve con averiguaciones en el campo de lo oculto, de la hipnosis y demás y todos felices y contentos. Pero en cambio, el otro caso, que parece ser el que será el hilo conductor de la serie (un caso por episodio y el caso de las prostitutas sobrevolando), termina con la muerte de Armando. Intriga para la semana que viene.
Pues nada. Pasa uno el rato mirando lo bonitos que han quedado los cromas, intentando reconocer las caras de los actores que han aparecido en otras series, mirando lo guapas que son las actrices principales, intentando descubrir porqué es tan guapo el otro, y a veces, con los ojillos vencidos por el sueño sorprendiéndome de lo mucho que se parece la voz de Francino al otro Francino.
Diálogos. Es el tema que peor llevo. En las series españolas, por norma, el tema de que hablo y respondo hace que todo quede acartonado, que no te lo creas, que sea demasiado formal. Uno habla, el otro responde, una habla, la otra responde. No se pisan, no hay naturalidad. O lo pienso yo, que soy un tocapelotas. Como lo limpio que se ve todo, lo planchado, lo arreglado. No sé. Siglo XIX en España, alguien iría medianamente mal ¿no? Como lo de que las prostitutas se contoneen todas como las cigarreras de Carmen, pues qué quieren, lo veo mal. No me lo creo. Otra serie de gente haciendo lo mismo, imitando a otras series de fuera, pero sin esa gracia que tienen. Y dicen que hay despliegue de medios, que hay nivel. Pero uno ve demasiada formalidad, demasiado bien todo.
En fin, qué haremos. Es un programa para los lunes. Si tienen otro plan mejor, me lo dicen y hablamos.
lunes, 12 de enero de 2015
Chaco
En la Guerra del Chaco:
- Cúbrete un poco, hombre, que parece que estés buscando que te den...
- Pues a lo mejor estoy buscando que me den...
- Venga. Ya está el tontito haciéndose la víctima. Venga hombre, ponte así detrás del parapeto que vamos a tener un susto.
- Qué susto ni qué nada, si aquí llevamos ya dos semanas sin escuchar un sólo disparo.
- Pero basta que te pongas así para que haya una desgracia. Va, ponte bien. Cúbrete.
- Que no, que así estoy bien.
- Mira que eres tonto. No ves que nos estás preocupando a todos...
- Joder, que no pasa nada, que me pongo así un rato y ensayo un poco esta posición de tiro. Que no hay ningún peligro, que no pasa nada.
- De verdad, que te pones de una manera a veces que no sabe uno si es que eres tonto, si eres muy tonto, o es que eres el más tonto.
- Pues a lo mejor soy el más tonto. ¿Y qué?
- Pues qué va a pasar, nada. Que te van a dar mucho por el culo un día y entonces a vas a ver qué bien. Va, ponte en condiciones que va a venir el Sargento Orueta y te va a meter un puro que verás. Y eso sí que no te va a gustar.
- Que no. Que no va a venir, que me han dicho que ayer le dieron y está en la enfermería.
- ¿Ves? ¿Ves? Así que le han dado, pues ya te puedes poner bien, porque si a él le dieron a ti te pueden dar igual.
- Pero es que a él le dieron en otro sitio. Se ve que fue a un boliche, se le calentó la boca, quiso aprovecharse de la mujer del patrón y acabó la cosa a tiros. Uno de ellos le dio en el brazo. No está para morirse, pero hoy no puede venir.
- Desde luego es que vaya banda de gilipollas.
- Pues si te parecemos gilipollas nosotros, no sepas lo que pensamos nosotros de ti.
- Ah, ¿si? Y qué pensáis de mi...
- Pues que eres muy listo. Que eres muy listo, que sabes de todo, que todo lo haces muy bien y que nos cansas. Que nos aburres. Que te podrían dar el tiro a ti.
- Gilipollas.
- Gilipollas tú.
- Va, ponte bien, va. No me hagas esto.
- Que no, que me dejes.
- Mira, te lo pido por favor. No ves que estás ahí que te está viendo todo el mundo tumbado, que te ven desde Asunción por lo menos, va, venga. No me hagas sufrir más.
- Yo no te hago sufrir, ni nada. Yo estoy así bien. Tú haz lo que tengas que hacer.
- Es que mira que eres gilipollas.
- Gilipollas tú.
Suena un disparo.
- Cúbrete un poco, hombre, que parece que estés buscando que te den...
- Pues a lo mejor estoy buscando que me den...
- Venga. Ya está el tontito haciéndose la víctima. Venga hombre, ponte así detrás del parapeto que vamos a tener un susto.
- Qué susto ni qué nada, si aquí llevamos ya dos semanas sin escuchar un sólo disparo.
- Pero basta que te pongas así para que haya una desgracia. Va, ponte bien. Cúbrete.
- Que no, que así estoy bien.
- Mira que eres tonto. No ves que nos estás preocupando a todos...
- Joder, que no pasa nada, que me pongo así un rato y ensayo un poco esta posición de tiro. Que no hay ningún peligro, que no pasa nada.
- De verdad, que te pones de una manera a veces que no sabe uno si es que eres tonto, si eres muy tonto, o es que eres el más tonto.
- Pues a lo mejor soy el más tonto. ¿Y qué?
- Pues qué va a pasar, nada. Que te van a dar mucho por el culo un día y entonces a vas a ver qué bien. Va, ponte en condiciones que va a venir el Sargento Orueta y te va a meter un puro que verás. Y eso sí que no te va a gustar.
- Que no. Que no va a venir, que me han dicho que ayer le dieron y está en la enfermería.
- ¿Ves? ¿Ves? Así que le han dado, pues ya te puedes poner bien, porque si a él le dieron a ti te pueden dar igual.
- Pero es que a él le dieron en otro sitio. Se ve que fue a un boliche, se le calentó la boca, quiso aprovecharse de la mujer del patrón y acabó la cosa a tiros. Uno de ellos le dio en el brazo. No está para morirse, pero hoy no puede venir.
- Desde luego es que vaya banda de gilipollas.
- Pues si te parecemos gilipollas nosotros, no sepas lo que pensamos nosotros de ti.
- Ah, ¿si? Y qué pensáis de mi...
- Pues que eres muy listo. Que eres muy listo, que sabes de todo, que todo lo haces muy bien y que nos cansas. Que nos aburres. Que te podrían dar el tiro a ti.
- Gilipollas.
- Gilipollas tú.
- Va, ponte bien, va. No me hagas esto.
- Que no, que me dejes.
- Mira, te lo pido por favor. No ves que estás ahí que te está viendo todo el mundo tumbado, que te ven desde Asunción por lo menos, va, venga. No me hagas sufrir más.
- Yo no te hago sufrir, ni nada. Yo estoy así bien. Tú haz lo que tengas que hacer.
- Es que mira que eres gilipollas.
- Gilipollas tú.
Suena un disparo.
domingo, 11 de enero de 2015
Escribir por hablar
Decimos muchas cosas sobre lo que significa escribir. Escribes porque tienes algo que contar. No va a ser esta una reflexión muy aguda o muy pensada sobre lo que significa escribir. Escribes para que la gente entienda quién eres. Eres más o menos lo que escribes. Pero no siempre se entiende lo que dices y lo que escribes. Escribes para que te entiendan, escribes y no te entiende nadie. Escribes para ti, escribes porque tienes una necesidad de contar. Pero lo publicas en un sitio para que la gente lo lea. Te gusta que la gente lea lo que escribes y que piense que ha entendido una cosa o la otra. Escribir para que te publiquen un libro. Escribir para recopilar, editar y enviar. Enviar para que te publiquen. Escribir pensando en que te van a publicar. No escribir porque no te van a publicar nunca. Escribir para que el libro esté en esa estantería. En esa estantería precisamente. Una estantería negra. Esa estantería precisamente. Con esos libros. Es una estantería. Escribir pensando en esa estantería, en que el resultante de todo irá a parar a esa estantería. Una estantería negra. El escritor. Escribir pensando que realmente sabes escribir. Escribir con una corona de laurel en la frente porque eres el mejor. Escribir sabiendo que nadie escribe como tú. Como yo. Escribir pensando en que hay alguien que se lo va a leer de verdad. Escribir para hablar de lo que has escrito. Escribir pensando en hablar. Escribir de prisa y corriendo, sin pensar, casi sin mirar lo que estás haciendo porque tienes prisa y te tienes que ir y repites prisa en la misma oración y sabes que está mal, pero no puedo evitarlo. No puedo evitarlo de ninguna manera. Me gustaría escribir para una única persona. Ser contratado para hacer feliz a una persona sólo con lo que escribo. No escribo para todo el mundo. Escribo para una sola persona. Escribo por no hablar. Escribo por no decir lo que siento. Escribo porque no puedo decirlo y hago como que lo digo y no lo digo, porque lo escrito puede ser interpretado de muchas maneras. Escribo porque tengo tiempo. Escribo porque no tengo tiempo de hacer otra cosa que escribir. Escribo porque me gusta escribir. Escribo porque tengo un título de mecanografía. Escribo porque si no estoy donde me gustaría estar, con quien me gustaría estar, sólo esto me calma. Escribo en diez minutos lo que debería haber pensado durante horas. Escribo por hablar de lo que me pasa. Escribo siempre. Escribo siempre. Escribo siempre pensando en que alguien se lo va a leer. Nadie se lee lo que escribo. Me equivoco escribiendo lo que pienso porque no lo entiendo ni yo. No entiendo lo que pone. No sé lo que dice. Escribo pensando en que estás leyendo. Escribo sin saber qué hora es ni que día. Escribo mintiendo descaradamente en la frase anterior. Escribo sabiendo que todo es muy difícil de entender. Escribo pensando en una estantería. Por pensar en una cosa. Por hablar, solamente. Por hablar.
viernes, 9 de enero de 2015
El salvaje o éste
Recogiendo un poco esto después de un tiempo sin mirar, hemos visto que nos ha llegado un ejemplar de un curioso libro editado por Grimonia y titulado 'El salvaje o éste', que recoge nuevos relatos de Fruman Koppett, del que extraemos precisamente el primero en la lista, porque no hemos tenido tiempo de leer más y porque con éste creemos que ya está todo dicho.
'Mis antepasados provienen de una legendaria estirpe de salvajes que reinaron en los más agrestes territorios del reino. Todos mis ancestros han sido catalogados como personas sin conocimiento, absolutos animales, bestias sin razón, gente que no contaba si no para asegurarse el resto de que no estaban cerca y podía avanzar la civilización sin la amenaza de su concurso. Unos cafres de cuidado. En nuestros territorios, vivíamos como podíamos. Sí, efectivamente, éramos nosotros los amos del territorio, los reyes, los emperadores. Nos autocatalogábamos con títulos rimbombantes que copiábamos de los que escuchábamos que ostentaban nuestros vecinos, pero no éramos más que brutos sin corazón ni sentimientos que cometíamos todas las salvajadas que el ser humano parecía haber desterrado ya de su acontecer cotidiano. Nosotros todavía... en fin, nosotros todavía todo lo que ya no, mientras que el mundo avanzaba por otro lado. Pero eso sí, nosotros en nuestro rinconcito del mundo, o en nuestro vasto reino, según como fuera la contienda que nos enfrentaba con el resto del orbe, éramos felices. Mis antepasados eran salvajes, pero salvajes contentos. Y viéndonos entre nosotros, nosotros nos entendíamos, y nuestras salvajadas eran asumidas como normales y de padres a hijos nos relatábamos con gruñidos y golpes historias torpes de muertes sin sentido, violaciones, sangrías, orgías infinitas entre familiares, degollinas por diversión, matanzas de entretiempo, incendios, manipulaciones, barbaridades, más carnicerías... al final he tenido que contarlo.
Esos eran mis antepasados. Pero yo no. Yo ya no soy así. Una rama de mi familia salió de todo eso. Vagamos sin rumbo durante muchos, muchos años, atravesando territorios, continentes y yo diría que hasta universos enteros, buscando un lugar en el que empezar de nuevo. Empezar como la gente normal. Desterrando nuestras costumbres bárbaras, nuestro salvajismo que muchos quieren hacernos creer que es genético. Perdidos prácticamente para siempre, finalmente, los supervivientes de nuestro vagar llegamos a una ciudad en la que nos acogieron sin preguntar. Comenzamos a residir en un edificio del extrarradio. Trabajamos como trabajaban los demás, aceptamos todas las normas que nos impusieron, seguimos exactamente todos los preceptos que nos indicaron como indispensables. Incluso aceptamos vestirnos con sus ropas. Nosotros, los salvajes.
Yo ya no soy así. He conseguido el puesto de Director Ejecutivo de una empresa de Consulting para Brands y gestiono los proyectos empresariales como auditor para un grupo de empresas todopoderosas en el ramo del hilado fino de carretes. El otro día fui a un Cocktail con otros directivos y alguien preguntó por una persona que debía parecerse a mí o que se llamaba como yo. Uno de los presentes me señaló y preguntó 'el salvaje o éste'. Años y años de vagar y pulirme.
No quedó ni uno. No queda nadie ya.'
'Mis antepasados provienen de una legendaria estirpe de salvajes que reinaron en los más agrestes territorios del reino. Todos mis ancestros han sido catalogados como personas sin conocimiento, absolutos animales, bestias sin razón, gente que no contaba si no para asegurarse el resto de que no estaban cerca y podía avanzar la civilización sin la amenaza de su concurso. Unos cafres de cuidado. En nuestros territorios, vivíamos como podíamos. Sí, efectivamente, éramos nosotros los amos del territorio, los reyes, los emperadores. Nos autocatalogábamos con títulos rimbombantes que copiábamos de los que escuchábamos que ostentaban nuestros vecinos, pero no éramos más que brutos sin corazón ni sentimientos que cometíamos todas las salvajadas que el ser humano parecía haber desterrado ya de su acontecer cotidiano. Nosotros todavía... en fin, nosotros todavía todo lo que ya no, mientras que el mundo avanzaba por otro lado. Pero eso sí, nosotros en nuestro rinconcito del mundo, o en nuestro vasto reino, según como fuera la contienda que nos enfrentaba con el resto del orbe, éramos felices. Mis antepasados eran salvajes, pero salvajes contentos. Y viéndonos entre nosotros, nosotros nos entendíamos, y nuestras salvajadas eran asumidas como normales y de padres a hijos nos relatábamos con gruñidos y golpes historias torpes de muertes sin sentido, violaciones, sangrías, orgías infinitas entre familiares, degollinas por diversión, matanzas de entretiempo, incendios, manipulaciones, barbaridades, más carnicerías... al final he tenido que contarlo.
Esos eran mis antepasados. Pero yo no. Yo ya no soy así. Una rama de mi familia salió de todo eso. Vagamos sin rumbo durante muchos, muchos años, atravesando territorios, continentes y yo diría que hasta universos enteros, buscando un lugar en el que empezar de nuevo. Empezar como la gente normal. Desterrando nuestras costumbres bárbaras, nuestro salvajismo que muchos quieren hacernos creer que es genético. Perdidos prácticamente para siempre, finalmente, los supervivientes de nuestro vagar llegamos a una ciudad en la que nos acogieron sin preguntar. Comenzamos a residir en un edificio del extrarradio. Trabajamos como trabajaban los demás, aceptamos todas las normas que nos impusieron, seguimos exactamente todos los preceptos que nos indicaron como indispensables. Incluso aceptamos vestirnos con sus ropas. Nosotros, los salvajes.
Yo ya no soy así. He conseguido el puesto de Director Ejecutivo de una empresa de Consulting para Brands y gestiono los proyectos empresariales como auditor para un grupo de empresas todopoderosas en el ramo del hilado fino de carretes. El otro día fui a un Cocktail con otros directivos y alguien preguntó por una persona que debía parecerse a mí o que se llamaba como yo. Uno de los presentes me señaló y preguntó 'el salvaje o éste'. Años y años de vagar y pulirme.
No quedó ni uno. No queda nadie ya.'
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