martes, 1 de septiembre de 2015

Desencuentro artístico

Si no fuera por estos momentos... en fin. Encontramos en la obra de Felisio Van de Tender un pasaje que, si no viene muy al pelo, tampoco hace daño leer. Aparece en su novelón 'Dos mil trescientos años de historia de la familia Kljimsters', título a todas luces exagerado, pero que es resultón y siempre hay alguien que pica. Bueno, eso. Los momentos.
'Me contaba mi padre que en si tiempo le gustaba ir con mi madre a los campos de Renattefeld a tocar la guitarra. Se preparaban un pequeño repertorio, mi padre cogía la guitarra y mi madre iba afinando por el camino. Sentados en un árbol, gustaban de pasar la tarde cantando canciones y llamando la atención de los que iban a pasar el día en aquellos contornos. Los campos de Renattefeld eran, en aquel tiempo, un espacio elegido por parejas, amigos, grupos, gente ociosa en definitiva, que no tenían nada mejor que hacer que respirar, contemplar las nubes y escuchar lo que alguien a poder ser interesante, tuviera que decir. Mi padre y mi madre se plantaban debajo de un árbol y amenizaban esas jornadas con canciones diversas. Mi padre se tenía por un muy buen tocador, siempre contaba que había aprendido a tocar con un maestro español que se había quedado en nuestra tierra una vez que el Ejército del Duque de Alba se retiró, pero a nosotros no nos cuadraban las fechas. Mi padre siempre fue muy fantasioso. El caso es que, ciertamente, tocaba muy bien y las pocas veces que pudimos disfrutar de su arte, quedábamos extasiados con su técnica y sentimiento. Mi madre, por su parte... cantaba con una voz un tanto peculiar. Aquejada por una extraña enfermedad de infancia, unos pólipos o granos o quién sabe qué, afectaron a su voz, dándole un toque rugoso, áspero, como de lija, que no cuadraba con el fino tacto de mi padre en el rasgueo. Sin embargo, algo tenía mi madre, en su apostura, en su forma de interpretar, que cautivaba a los que la escuchaban. No tenía buena voz, cierto, pero lo suplía con otras dotes.
Una tarde, mi padre comenzó a tocar una pieza que estaba de moda. Hablaba de un cazador que queda extasiado ante una cierva preciosa a la que no puede matar. A mi madre esa canción le resultaba cursi y afectada. No le gustaba. Pero mi padre, al que no puedo calificar sin ruborizarme como melindroso, era muy partidario de esas historias edulcorantes. Aquella tarde, con los campos de Renattefeld llenos de gente y con muchos espectadores delante, mi madre se negó a cantar. Mi padre nunca nos quiso decir porqué precisamente fue aquella tarde, con aquella canción, pero sucedió. Primero le pidió que cambiase la canción, que tocase otra. Mi padre la miró con displicencia y siguió tocando. Luego mi madre le dijo 'Lissius, para'. Y Lissius, mi padre, no paró, mirando a mi madre como si fuese una niña a la que no hay que hacer caso y a la que hubiera que meter en la recta vía. 'Lissius...'. Fue lo último que escuchó mi padre. Mi madre se levantó y se fue. Mi padre, en principio, lo consideró un desplante a tener en cuenta y siguió tocando, incluso entonando él la canción, ante la mirada sorprendida de los espectadores que veían alejarse a mi madre sin que esta tuviera idea de volver. No volvió. Mi padre nos sacó adelante trabajando en el muelle. No cogía la guitarra casi nunca. Hace unos pocos días, alguien, en una taberna de Delft, mientras comíamos un estofado, me comentó que mi voz, como la de un reno asfixiándose, le recordaba a la de una cantante que hizo fama en los salones de la corte de Brandenburgo con una canción sobre una sorprendente cierva que embiste a un cazador hasta matarlo mientras este, sorprendido... Era mi madre, seguro, pero le dije que no sabía de qué estaba hablando'.

lunes, 31 de agosto de 2015

Con todo mi apoyo

El otro día dije... ¿por qué no organizo una movida absolutamente contra todo y contra todos? No lo dije, lo pensé, que hay una diferencia muy grande entre decir y pensar. Si lo digo, se supone que hay alguien delante y me puede escuchar y me obliga, quizás, a cumplir lo dicho. Si lo pienso en cambio, no tengo que dar explicaciones ante nadie. Lo pensé, entonces. Lo pensé. El caso es que lo pensé, pero me ví obligado a cumplirlo. Tuve que hacerlo. El grandísimo comecome que me tiene todo el día y buena parte de la noche hasta que caigo rendido de tanto luchar y luchar, intentando adivinar nuevas formas de combatir contra el sistema, me obligó a tomar una decisión y, efectivamente, armarla.
No soy, como se imaginan ustedes, y también vosotros, por dirigirme a todo el mundo de una manera llana y cercana si fuera necesario y a otros de otra manera más formal y correcta, no soy, como digo, y empleo muchas comas porque no sé por dónde empezar, no soy, insisto, persona con una concepción cerrada de las cosas. No soy, para ser sincero, una persona dogmática. Y si combato contra el sistema, si lucho contra los poderes que nos asfixian, si me parece que las instituciones que nos gobiernan conspiran constemente para procurarnos la desgracia más siniestra, no por ello dejo de creer que, en fin, que, vamos, que, no todo ha de ser tan drástico y que, a fin de cuentas, lo que uno reclama no es más que lo que es suyo también.
Por decirlo de una manera más clara, ya que estoy dándole vueltas a un tema por el que se me reclama una explicación y yo la tengo que dar. Pensé en montar un grandioso circo ambulante de pensadores, cantantes, filósofos, artistas multidisciplinares, profesores de zumba, tradicionalistas revolucionarios, más cantantes, más pensadores, bailarinas y coreógrafos, expertos en temas que cuecen el espíritu de los más sensibles, organizadores de debates sobre la lucha y la lucha y la lucha y las diferentes luchas y el rostro verdadero del verdugo que al alba, oh, al alba, vendrá a buscarme un día, y unos chicos colegas de otro colega que vive lejos del mundo pero cerca de mí y que me dijo o me dijeron porque creo que he perdido el hilo que ponían música a partir de un pen drive con muchas canciones y que hacen bailar a la gente de manera desaforada mezclando consignas revolucionarias que me entusiasman y entusiasman a los más acendrados y encendidos luchadores con otros ritmos más ligeros y distendidos, resultando una mezcla que es difícil de resistir, y más expertos en otras luchas que no son tan candentes pero que tocan la patata, y todo ello en un escenario que fuera rotando por diversos espacios, y la gente vendría y sería como hacer la revolución en dos días o tres, sin movernos del sitio, aunque la denominación de circo ambulante dijera otra cosa, pero es bonito jugar con el equívoco. Es saludable jugar con denominar a una cosa de una manera, alternativa, revolucionaria, lucha, y luego no ser exactamente eso. Provoca debate y ganas de pensar. Y eso también es bonito.
Y claro, en tanto en cuanto mis posibilidades y mis medios son escasos, si jugamos al equívoco, qué menos que solicitar el apoyo de la institución, cuando durante todo mi trayecto en la vida he sido un fuerte... cómo decirlo, un fuerte opositor a cualquier forma de colaboración con las instituciones, sobre todo si son otros las que lo hacen. Y solicitar las infraestructuras, solicitar quizás un pequeño aporte en tanto a que estoy promoviendo el pensamiento y el dinamismo sociocultural del pueblo, al que tanto quiero, y solicito la luz y el agua, y solicito el esto y lo otro, y solicito mayor tiempo de exposición al sol y a la sombra, y mayor tiempo para poder difundir la palabra, mi palabra, nuestra palabra que es de todos y es del pueblo y es de la lucha y necesito más tiempo porque el mensaje es difícil. Con todo mi apoyo por las causas que son más auténticas cuando las lucho yo. Con todo mi apoyo. Con el apoyo de una institución que ha de volcarse en luchar contra sí misma. Con todo el morro. Con todo. Qué menos.

jueves, 27 de agosto de 2015

Zurda mágica

Como bien sabéis, no soy una persona a la que le guste mucho alardear de lo que tiene o lo que hace. Antes al contrario, me parece que, en muchas ocasiones, me pongo trabas, me obstaculizo a mí mismo a la hora de sacar partido a mis virtudes, si es que las tuviera. Muchos son los que me dicen que debería valorar más lo que hago, lo que tengo y lo que soy, porque podría ser mucho más feliz o bien conseguir un reconocimiento a partir de lo que hago si lo pusiera en valor. Y como quiera que Septiembre es un buen momento para iniciar una nueva época de propósitos y de 'pues voy a', he decidido comenzar a sacarle partido a mi pierna izquierda. También sabéis que no soy muy partidario de las soluciones mágicas, de recurrir al oscurantismo, a lo irracional, que no confío en lo sobrenatural, que tengo poca fe en dioses, amuletos y demás zarandajas, pero eso no es óbice para que, uno mismo, no sea consciente de que lo que es, es. Y contra eso no se puede luchar.
Dicho esto, he decidido volver a sacar a pasear a mi pierna izquierda. Durante muchos años, si habíais notado de alguna manera que vuestro mundo, mi mundo también en definitiva, vivía en un estado de placidez francamente fuera de norma, mucho tenía que ver con mi pierna izquierda. Aunque diestro para manejarme con las manos, en lo que concierne al balompié, soy zurdo por un extraño designio que en sí mismo ya es una señal de que algo extraño, y quizás marvilloso, ocurre conmigo y concretamente con mi pierna izquierda. Esa sensación de bienestar y buena onda que habréis sentido en determinados momentos de vuestra vida, no tiene otra explicación que el contacto de mi pierna izquierda con un balón de fútbol. Los que me conocéis sabéis que si algo me ha gustado a mí en la vida, ha sido jugar a fútbol. Pasear conmigo por una plaza, descampado o terreno cualesquiera en la que niños o mayores jueguen a la pelota, implica que se me vayan los ojos detrás del balón y desee fervientemente que esa pelota llegue a mí. Y cuando llega, golpeo. Chispazo de felicidad universal. Sin embargo, y sin duda debido a las malas artes de algún elemento que no me quiere bien, una terrible lesión en mi pierna débil, la derecha, me ha alejado de forma indefinida de los terrenos de juego. Desde hace años, mi pierna izquierda ya no entra en contacto, ni entrará de manera continuada tal y como lo hacía antes, con un esférico salvo por esas pequeñas casualidades que acabo de comentar.
Y sin embargo, durante estos días de vacación, he tenido tiempo para pensar. Para pensar mucho. Y he decidido que voy a regalar felicidad. De alguna manera. Y esa felicidad la voy a regalar volviendo a poner a mi pierna izquierda, a la zurda de oro, a la siniestra mágica, en el circuito. De la siguiente manera.
Toda vez que ya no puedo practicar deporte como un león desatado tal y como acostumbraba, voy a instalar un pequeño tenderete en la plaza de la Vila de Santa Coloma, en el cual instalaré una silla y si ustedes lo tienen a bien, si vosotros lo queréis, en un horario determinado, puedo pisar un balón durante unos minutos al día y reajustar de una manera eficiente, lo que podríamos considerar el mecanismo por el que la felicidad y la paz cósmica, llega a nosotros. Simplemente pisando una pelota, con mi zurdita, posando mi pie en el cuero, durante unos minutos, sin abusar, creo que podríamos llegar entre todos a alcanzar ese estado que ansiamos y que perdimos en su día por los pecados de otros. Yo creo que sí. Yo creo que si me pongo, lo hacemos. Nada, simplemente pisándola, sin más. Calidad. Toque. Ya no podré aplicar la visión y el gusto y el orden con el que jugaba antes, pero ahora simplemente me dedicaré a los demás. A pisarla y alumbrar al mundo.
Pásamela.

miércoles, 26 de agosto de 2015

Una movida nietzscheana

Teníamos un amigo al que le llamánamos Niche. Se creía Dios, Era tan tópico que nos caía bien. Venía a vernos y nos contaba que si la muerte de la humanidad, que si el fin de las nosecuantas. No le prestábamos mucha atención. Yo me quedaba nada más que con dos o tres cosas que decía cuando llegaba, y con que se parecía a Nietzsche. Lo conocimos a través de una chica que se llamaba Ish y que había coincidido con él en el colegio. Se apuntó a nuestras reuniones y nos hicimos amigos todos. Se le fue poniendo cara de loco con el tiempo. Un día vino vestido de Superman. Tenía esos puntos.

Niche tenía puntazos. Una vez dijo que iba a matar a Dios. Lo que vino a explicar después ya no tuvo interés. No abundó en cómo iba a matar a Dios. Yo sabía que él se creía Dios y me asusté. Estuvo varios días sin venir. Luego cogí un gripazo y estuve fuera de circulación durante unas semanas. Cuando volví, me dijeron que estaba haciendo demasiado frío para la época del año en la que estábamos. El tiempo volvió a mejorar. Niche volvió diciendo que había estado a punto de conseguirlo, pero que al final le había faltado valor.

Un día, con el traje de Superman puesto, se levantó de la mesa y se fue a un rincón. Miraba fíjamente a la pared. Estuvo así, concentrado, mirando hacia la pared como una hora. Los demás hablábamos. Al cabo de una hora, no aguanté más y le pregunté qué hacía. No me contestó. Tampoco necesitaba yo una respuesta muy concreta, solo quería pegar la hebra con él. No dijo nada. Se fue. Al día siguiente vino vestido normal y me comentó que sin el traje también era capaz de atravesar las paredes con la mirada. Que ser Superman no es cuestión de traje.

Niche tenía dos hijos, uno se llamaba Mozart y el otro Strauss. Uno ya estaba casi en la universidad. Nunca le pregutamos, pero un día yo me lancé y le inquirí sobre el porqué de los nombres y que porqué no le había puesto a alguno Wagner. Me miró como si fuera gilipollas.

Nunca conocimos a la mujer de Niche. No venía. Decían que era una persona muy reconcentrada, que no salía casi de casa, que tenía problemas. Un día Niche nos dijo que se había separado, que su mujer le había dicho que ya no aguantaba más, que quería vivir. A todos nos entró la duda sobre quién era el que tenía problemas de los dos. Ish, que tenía más relación con Niche, se puso muy colorada y dijo así como sin salirle la voz del cuerpo, que no es que uno de los dos estuvier mejor o peor... yo creo que Ish era la mujer de Niche y que ninguno de los dos quería que se supiera. Tengo mucha imaginación, pero peor es vestirse de Superman y creérselo.

El dueño del bar le preguntó a Niche que porqué no se dejaba bigote, como Nietzsche. El dueño del bar se llamaba Rosendo y tenía el bar lleno de fotos de Rosendo. El bar se llamaba Rosendo. Rosendo intentaba vendernos la moto de que era familia de Rosendo, pero no era verdad. Niche le dijo que no lo había pensado, que le daba pereza, que no se veía, pero que claro... hicieron muy buena amistad. Cómo sería que Rosendo puso una foto de Nietzsche en el bar y todo.

Fuimos a una romería, porque nos invitó el presidente de una hermandad. Estábamos en el campo y Niche abrió una mochila que llevaba y se puso el traje de Superman. Se subió a un árbol y saltó. Se rompió la columna vertebral pero se curó milagrosamente. Cuando volvió a venir, Niche comentó que quería romper su relación con Dios definitivamente, en su propio terreno y que no había podido. Que Dios era más fuerte. Pregunté porque yo pensaba que Niche se creía Dios y me dijeron que no. Que no estaba pendiente. Que él lo que quería era matar a Dios. Que ya me valía.

martes, 25 de agosto de 2015

Pierre Lemaitre - Vestido de novia

Hay gente que tiene su pedrada. Hay gente que cree que tiene una pedrada. Hay gente que juega a que tiene una pedrada y va por ahí diciendo que es que está muy loco y que le disculpes porque joder, tío, es que estoy muy loco. Hay gente que sufre por los que están locos. Hay gente que no sabe que está loca. Hay quien se cree que alguien está loco o loca y lo que hace es quedar como un gilipollas. Las variables son infinitas. Las posibilidades son variables. Mi vocabulario es el que es. Mi capacidad de expresión, más o menos sabemos dónde llega.
El libro de de Pierre Lemaitre, Vestido de novia, nos cuenta la historia de una persona que se vuelve loca, de una persona está loca y en definitiva, de gente que está como unas maracas, de otros a los que se les supone que están peor y que en realidad no lo están y de peña que se pone por medio y acaba recibiendo el palo. Un libro muy entretenido, aquí viene el comentario de calidad, un libro muy entretenido, de esos que se leen con ganas, que no los sueltas. Y no porque a cada página las sopresas se vayan sucediendo y en cada capítulo haya una vuelta de tuerca. Pues no, es que la sucesión de acontecimientos se van disparando y alcanzan la dimensión de un torrente de desgracias infinitas que van alcanzando a la protagonista,
Una chica que trabaja de ñiñera no anda muy fina de la maceta. Ella lo sabe pero no es del todo consciente de hasta donde le puede llegar la pedrada. A su marido se lo ha ido cargando poco a poco a disgustos y de repente un día se encuentra con un pifostio en la casa y con el niño que está cuidadando y ella supone que se le ha vuelto a ir la castaña. Que la ha liado parda. Tiene que huir y escapar. A medida que va escapando la va liando y se va liando. Pero escapa y la poli no consigue encontrarla. Se construye una falsa identidad y considera que su plan tendrá el éxito definitivo si se casa, y qué mejor que un soldado que puede ser destinado a ultramar para conseguirlo.
Ole con ole. El libro, como digo, se lee casi de un tirón. En principio, se vende como un libro 'contestación' a la fiebre de novelas escandinavas de intriga, esta vez, por la parte francesa, y a fe que consigue tenerte ahí con el corazón en un puñillo hasta el final.
No he leído nada antes de Pierre Lemaitre, que al parecer tiene varios libros muy vendidos. Me regalaron el libro y de la misma manera, yo recomiendo el libro tanto como regalo, como para el autoconsumo. Ya saben, eso de ir a una librería y comprarse un libro. Para leérselo uno. Esa cosa.
Lo dicho, que si queremos volvernos locos, tranquilos que no dejan de presentársenos oportunidades para pensar que estamos locos. Si queremos volver loco a alguien, con tiempo y dinero y estando nosotros al mismo tiempo como unas devanaderas, se puede conseguir. Si estamos locos y tal, pues nos vamos viendo y lo comentamos.
Seguimos para bingo.

lunes, 24 de agosto de 2015

La ansiedad de Veronika Voss - Rainer Werner Fassbinder

No recuerdo haber visto nunca una película de Fassbinder. He mirado en la wikipedia para asegurarme y no. Tiene una película que se llama El amor es más frío que la muerte, que se llama igual que una canción de Dan Warehouse que me gusta mucho. Bueno. La ansiedad de Veronika Voss es una película del año 1981, ambientada y rodada como si fuera de 1955, salvo por la música, que a veces suena como fuera de tiempo. La música. Una música que rompe muchas veces con lo que estamos viendo, que parece pegar mejor para otra película, no para esta película. No he visto ninguna película de Fassbinder, no sé si veré muchas más. Esta película de Fassbinder cuenta la historia de una actriz alemana, Veronika Voss, una gloria del cine de la UFA, productora durante la época nazi y de la que se dice que fue protegida de Goebbels. La primera escena nos dice el final de la película. En un cine se proyecta una película en la que una paciente con fuertes dolores le pide a una enfermera lo que sea para paliar el dolor. Lo que sea a cambio de lo que sea, a cambio de su propia muerte si fuera necesario. La enfermera se lo concede, una inyección y listos. Veronika Voss, es la protagonista y está en el cine. Sale corriendo y llorando. En un bosque, con la barraquera, un hombre le ofrece ayuda. Llueve. Ella agradece la ayuda pero es algo borde. En el autobús en el que se suben se comporta como una loca. A él le mola, claro. Ella se queda con su nombre y le vuelve a buscar.
Se inicia una relación extraña. Ella le busca a él. A él le mola ella. Él es periodista deportivo y tiene una medio pareja. Veronika Voss está trastornada. Vive en una clínica, la tienen a base de morfina. Todo es chungo. Vive obsesionada con que la reconozcan y con que no la reconozcan. La reconocen nostálgicos, como la pareja de una joyería. Hay otra pareja, de ancianos judíos supervivientes de Treblinka, que también te dejan el cuerpo bueno.
El periodista investiga, el periodista conoce al marido de ella, Armin Mueller-Stahl, que le dice que pase del tema, que no intente salvarla, que está enferma y no tiene remedio. El periodista se encabezona. ¿Qué conseguirá al final?
Rainer Werner Fassbinder es un director de cine alemán que, junto con Herzog y Wenders, conforman el trío resplandor de cineastas alemanes que debes conocer. De Herzog habrán visto las chaladuras protagonizadas junto a Kinski, con Wenders quizás aquella del Buena Vista Social Club, de Fassbinder... Esta es rara. Como vacía. Las caras de los protagonistas, la del marido, la del periodista, parecen aburridos, cansados. La amiga del periodista, ni se enfada ni se deja de enfadar. Veronika Voss... pues está ahí. Enganchada.
Déjese querer por una loca. El final de la peli ya se lo he contado al principio. Él quiere salvarla, llega con la policía, vámonos, pero ella prefiere la droga. Se cumple la profecía. Sala llena en la Filmoteca un viernes por la tarde. Estamos jodidos.

PD: Si no pasa nada, hoy este blog llegará a las 100.000 visualizaciones, según el contador de estadísticas. Muchas gracias a todos los que alguna vez se han tomado la molestia de asomarse por aquí.

viernes, 21 de agosto de 2015

Miscelánea

La escuché por primera vez en una disco móvil en las fiestas del barrio de... Serra de Marina, creo. No tenía ni idea y me dije... ojo, qué cancionón. No la he escuchado demasiado más, tampoco me preocupé en buscarla. Pensaba 'seguro que este verano la van a poner en mil sitios'. Pero claro, qué mil sitios son esos donde la van a poner si tú no vas a esos sitios. Así que ha sido en el pueblo donde la he escuchado algo más. Pero no mucho más. Las orquestas la tocan y las atracciones la tienen. Pero se hace corta. La canción dura unos cinco minutos. Mi hermano dice que mola tanto que parece india, como si fuera banghra o así. El Taxi. Me lo paró el taxi. Perdón, la coma creo que tiene importancia. Me lo paró, el taxi. Es un reggaetón... pero no lo es, a mí me suena más a una canción jamaicana de estas modernas que a otra cosa. Quizás sea eso, que con el reggaetón uno no se ve con traza de mover el culo y aquí... tampoco es que la haya bailado, al menos he levantado la mano como si parase el taxi. Qué tonto, parando el taxi. Parar. Lo paró con una mano, lo paró que yo la vi. Parar. Lo dice todo y no dice nada. En el vídeo salen muchachas vistosas y se supone que deberían salir Pitbull y otro pavo cantando, además del autor, Osmani García, que no sé si es de los nuestros o no, pero el tal Pitbull no sale. Y el otro tampoco. Y da lo mismo. Qué canción. Qué pena.
https://www.youtube.com/watch?v=qRp3-D3SMwI

La polémica del verano, el disco de Tame Impala. Las informaciones primeras decían que el disco no molaba mucho, que era pesado, que demasiados sintetizadores y pocas guitarras... yendo de viaje pusieron una canción sin avisar y creo que era esta, la de Let it Happen. Esta canción es buenísima, tendrá más o menos guitarras y tendrá altos y bajos, pero es muy buena. Aquí la tenemos interpretada en directo, con el Parker haciendo guiños porque le cuesta llegar. Hacer este disco en directo le va a costar la vida. Y cambiar de guitarra mil veces para hacer... nada. Con la primera guitarra no hace nada y es que en todo el disco las guitarras, no salen. El disco se escucha bien, claro, no es como los otros que molaban más, pero tiene sus puntos. Y sobre todo, el recuerdo de esta primera canción. ¿Qué ocurre? Que creo que es una canción gafe. Un disco gafe. El disco me lo grabé en el pueblo un día antes de que mi madre se cayera. Lo puse con determinación, ese tono tristuncio que siempre tienen las canciones de Tame Impala y todo eso. Pero cuando se cayó mi madre, he dejado de ponerlo. Tengo estas cosas. Me llevé un disco de Gong, por ejemplo, que pienso que me... es igual, no es fácil de explicar. Supongo que todos tenemos cosas así. Cuando se me pase lo de esta canción, dejaré de escuchar el disco o quizás ya no lo escuche nunca. Y con el de Gong, pues a ver qué hago.
https://www.youtube.com/watch?v=Qay6t5UpnhM

Y ya está. Yo debería dejar de escribir aquí, porque no ha habido más música que me haya tocado así por algo en especial. Un verano poniendo música, por poner música. El verano. El verano duele. Duele escuchar los viajes proyectados, los viajes contados, los viajes que se van contando, los viajes que se hicieron. Las estancias. Los trayectos. Los proyectos. Un verano que ha durado doce días, muy corto. Un verano de vacaciones, ir a un sitio, decir que te estás tomando esto, que has visto un collar con el yugo y las flechas en la ermita del pueblo, la foto de mi hermano en la piscina... este año no me he hecho yo la foto en la piscina. Para qué. Fotos con los amigos, fotos con la familia, Contar cómo te va en Barcelona, qué pasa con el rollo este de Catalunya que tenéis una montada que párate, dónde andas ahora... Contar durante las vacaciones cómo es tu vida durante el año. Sistemáticamente. Poco que contar, la verdad. Trabajo y eso, bueno. Como siempre, todo el mundo tiene trabajos interesntes, vacaciones molonas, proyectos ilusionantes y emprende nuevos retos en base a... O se pone a nadar, por ejemplo. Nadar puede ser el nuevo correr. Este año ni siquiera he escuchado la radio como otros años. En la piscina, esperando, esperando a nada.
https://www.youtube.com/watch?v=c5aPIDLzmvI

Lo de Grecia. Lo de aquí. Tsipras dimite y convoca elecciones. Los que hemos hecho profesión de fé con lo de Syriza y que era posible hacer las cosas de otra manera, nos enfrentamos a todos los listos de derechas que nos dicen que 'ves, ves, todo era una patraña, al final a chuparla'. También nos enfrentamos con todos los valientes de izquierdas que desde el teclado instan a una revolución sin red por la cual los de Syriza son unos cacas y no hay más alternativa que... leña. Claro que lo de Syriza ha sido un palo, que Varoufakis monte su propio chiringo, igual sirve para que ese grupo de gente que quiere mantener la esencia no se quede en su casa... no sé. No tengo ni idea. Lo de aquí. Nos dirán que con qué cara nos presentamos si sabemos que lo de allí ha fallado. Bueno. Nos quedaremos entonces entonces en manos de la derecha de toda la vida, que construya un nuevo país. Primero el país, y luego ya veremos cómo. Gente con los logos de Juntspelsi y la Cup en el avatar. Hace años vi una pintada que decía CiU + Erc= Catalunya. Hay que sumar a la Cup ahora. Gente que nos achaca haber estado en gobiernos con sociatas, no le hace ascos no sólo a ir en listas con la derecha neoliberal que consideró que la reforma laboral se quedaba corta, Pero los malos somos nosotros. No somos rupturistas. Apoyar a Mas, si. Apoyar la patada a seguir, si. Entre eso y haber plantado cara, me quedo con Tsipras. Entre poner cara de prócer y decir que 'declaramos la desobediencia hacia el estado español', como el yerno perfecto, para obedecer a la oligarquía local, me quedo con Tsipras. Aunque igual votaría a Varoufakis. Pero no soy griego. Soy de aquí. Catalán.
https://www.youtube.com/watch?v=dGsWzOVxmLw&list=PLTKwEA7VzFKFjgSy1mzj-e6R0dFZ6ij61&index=3

Ahora sí que de verdad, ya no sé qué decir. Aquel momento en el que no tienes nada que contar. Que la exposición de hechos se ha agotado y que lo que queda es marear la perdiz. Ir contando cosas por contar, por rellenar. Porque son seis canciones. Seis canciones. Casi todas las canciones vienen de un tronco común: el rock. Cierto es que la del Taxi, no. Mira, otro tema. La derrota del rock. Nos empeñamos en seguir escuchando rock y todo eso, pero eso es ya una falacia. A la mayoría de la gente hace tiempo que le ha dejado de interesar el rock. En muchas de sus vertientes. Canal Nostalgia. Gente de edad más o menos madura, empeñada en pensar que lo que mola es lo que les mola a ellos. Cuarentones, cincuentones... y la gente joven y la gente a la que el rock jamás les interesó, levantando las manos con el follow the leader. El rock ya no interesa. Nos interesa a unos pocos, que seguimos manteniendo la llama de la esperanza, pero ya está bien de recuperar el rock de los ochenta, de los noventa... eso ya pasó. Chumba chumba, rollo grupal, movida colectiva, gente haciendo lo mismo y sintiéndose parte de una comunidad. Todo más así, más sencillo. Sin necesidad de estar de acuerdo en todo, sólo en un punto mínimo, en algo común, la masa. Y no hace falta que sea música disco, o pachangueo, los que bailan son los nuestros. Es la derrota del rock. Este año. Así mismo. Se trata, como siempre, de ponerse de perfil y maquillar el resultado como sea.
https://www.youtube.com/watch?v=Xu3FTEmN-eg

Siempre hay un tema. Algo para ir hablando. Masilla conversacional. La política, el curro, la familia... ir rellenando el tiempo. Ir pasando. Siempre hay algo para ir tirando más o menos, en relación con los demás. Ir pasando. Ir tirando. El curro, la familia, la política..., masilla. Beber, dormir, comer. Ir al supermercado. Perder el tiempo conscientemente en el supermercado, sabiendo que ya lo tienes todo y que da igual, porque, total, prisa no hay. Masilla. ¿Qué tal en el pueblo? Bien. ¿Mucho calor? No, qué va. ¿Empiezas a currar ya? Sí, el lunes ya, aunque he venido antes para empezar ahora. ¿Tocáis? Si, en las fiestas. ¿Y lo de la maqueta? No sé. ¿Y la política? Bueno, ahora en septiembre. Masilla conversacional. Cosas de las que ir hablando. Me he comprado unas bambas rosas. Me las compré antes de irme, en las rebajas, son un 41. No creo que me queden justas y se irán dando, como todo. Unas Munich, claro. Pero son diferentes, no son como todas las que tengo. Son rosas, o fucsias. Masilla converscional. Ya no tengo muchas más cosas que contar.
https://www.youtube.com/watch?v=lsCT-3mzN3Y

Ya está. Que tengan un buen fin de semana todos y todas y apuren lo que puedan.