miércoles, 9 de noviembre de 2016

Malditos burócratas de Washington. ¿Qué sabemos de los americanos?

Despertar, apagar el despertador, mirar el Twitter, Trump. Si uno cree que los americanos son todos como los que salen en las series, si uno piensa que los americanos son como nosotros, como los nosotros que nos juntamos en las bodegas molonguis a beber binos molonguis o gandesas para hacernos los guays y hablar de pelis, de series, de música y de cosas molonguis, es que no conocemos a los americanos. Es que a lo mejor no nos conocemos ni a nosotros. Si nos creemos que los americanos son como los que salen en los documentales que nos enseñan cómo son los americanos que no salen en las series, que no viven en Nueva York, que no salen en las películas de Woody Allen, es que... espera, que estoy jugando contra mi argumento.
¿Qué nos creemos que somos? En Francia está a punto de ganar Marine Le Pen. En Polonia, Hungría y en otros países están gobernando partidos que dan un poquito de. Aquí está gobernando el miedo. En nuestro país la gente vota orden. Estoy esperando el comunicado del Partido del Orden. Vota que todo se quede como está. Elige lo de siempre. Hasta los más revolucionarios a veces escogen lo de siempre antes que cambiar. No nos conocemos. No sabemos quiénes somos, porque somos muchos.
Política de buenos sentimientos. Todo el mundo es bueno. La historia de superación, el Estado ya no te sirve, viene alguien con buenos sentimientos, un empresario, un tipo que es majísimo y te ayuda a tener un piso, gracias. El Estado, la institución, ya no nos sirve. Todo el mundo es bueno y el que no es bueno, porque no se lo cree, porque pone mala cara, es malo. El Estado, el Gobierno, es malo. No contemos con ellos, fiémonos del que ya tiene dinero, él sabrá cómo se hace. Él (dicho por él) ya tiene dinero, no se va a llenar los bolsillos porque ya los tiene llenos.
Esto lo escuché una vez en mi curro y me sirvió de mucho: es mejor votar al que ya es rico, porque repartirá lo que tiene. Los pobres solo sirven para robar.
¿Qué ha pasado para que gane Donald Trump? ¿Y qué ha pasado durante el gobierno de Obama? ¿Cómo puede ser que después de ocho años con un presidente que iba a ser la gran esperanza, se reccione de esta manera? ¿Qué alternativa real había?
En Paramount, un canal de esos de cine, emiten de manera regular las películas que produjo Menahem Golan en los ochenta. American Warrior, Chuck Norris, etc. USA. Pues esto es lo que nos espera. La bandera. América grande otra vez. Un mundo real. No este mundo de gente molona que sabe tanto de todo. No nos gusta. Queremos gente que trabaje.
Trabaja. Andreu Buenafuente hace un tweet diciendo que ha visto la noticia de Trump y se ha vuelto a meter en la cama. Trabaja, gandul. Yo empecé a trabajar de botones en un banco y hasta aquí he podido llegar. Trabaja, trabaja duro. Confía en tu trabajo, en que alguien se fije en ti y confíe en ti y gánatelo. Recupera el espíritu pionero y emprendedor. Malditos burócratas de Washington.
Gandul. ¿Qué sabemos de los americanos? Socialdemócratas, ecosocialistas, socialistas, gente de izquierdas... Algo raro pasaba con los americanos. Que alguien con un mensaje como el de Bernie Sanders hubiera llegado tan lejos significaba que algo no andaba bien por allí. Que un tipo que podría haberse presentado a las primarias de Podemos optara a la candidatura demócrata y no cayera a las primeras de cambio, ya nos decía (yo ya lo dije) que ahí había algo. Que por el otro lado el candidato fuera Trump también decía cosas. Ya no nos da miedo nada. Lo hemos probado casi todo. Queremos algo nuevo. Si me das a elegir entre Carme Chacón y Esperanza Aguirre y me obligas a votar a Carme Chacón... ay amor, me quedo contigo.
Nadie va a leer tanto, la gente quiere historias que acaben bien, gente que se esfuerza, que te dice las cosas claras, sencillas, sin tanto rollo intelectual y que vaya a por faena. Gente que no sepa tanto de leyes y de papeles y de pagar y de toda esa mierda. Gente que haga cosas. Eres un Johnny sabemucho. Que ponga firmes a los del piso de abajo que hacen tanto ruido. Burócratas que no hacen nada. Que no arreglan lo mío. Yo quiero lo mío. Mi parte. ¿Dónde está? ¿Por qué la tiene ese?
Ahora se llenan las redes, los bares, de gente diciendo que los americanos son tontos. Cuando ganó Rajoy decíamos que los españoles son tontos. Todo el mundo es tonto.
Al final siempre acabo pensando lo mismo. ¿Qué ofrecemos para que la gente confíe en nosotros, en los que somos tan listos? ¿Qué hemos hecho los listos por el mundo?
En fin. No tengo ni idea. Habrá que seguir molestando, porque como decía Morente, ellos ya nos molestan todos los días.

martes, 8 de noviembre de 2016

Con una mano atada a la espalda

Una calle ancha que se va empinando poco a poco, se va empinando, suenan los tambores, la calle va subiendo la inclinación, los grados, va cada vez más cuesta arriba. Para que no me quede sin fuerzas, empleo la fuerz ultrapropulsora del culo que se fue, pero del que guardo un recuerdo imborrable. Lo sigo viendo. Mi culo ancho. Ya no está pero parece volver ahora. Me propulso con tanta fuerza que en una esquina de esa calle que llegado a un punto se divide, me parto. Choco contra esa esquina y de la velocidad, pese a que yo no creo que la esquina acabe tan en punta como parece, cojo y me estrello contra la punta y me parto en dos. Me rajo como si rajases un papel, como si dividieses un trozo de carne con un cuchillo, fizzzzzzzz. Soy dos personas ahora. No teníamos bastante con una, que ahora somos dos. Dos más. Y qué hago con el otro. Hemos hecho un dos por uno. Con el otro puedo hacer lo que quiera. He decidido atármelo a tu espalda. En este caso sería atártelo a tu espalda. Lo he dejado ahí contigo y volveré a por él dentro de un rato. Ahora me voy a dar una vuelta. Hay dos calles que son paralelas y pienso recorrerme todos los bares, diciendo las cosas que he hecho antes en esos bares y las cosas que he hecho antes en esos bares se reducen a beber y comer, porque yo no hago muchas más cosas en los bares. Me pregunto dónde estarás con mi otra parte atada a la espalda. Voy a tantos bares y como tantas cosas que tengo ganas de hacer de vientre. Es una sensación que mi otra parte no está teniendo, porque está con una mano atada a tu espalda y vive en el limbo, pero yo tengo el estómago como una juerga flamenca. El recorrido por las dos calles concluye con ganas de que empiece de nuevo. Empecemos de nuevo. Empezamos recorriendo unas calles muy hermosas, monumentales, con una historia que cuento como si la hubiera vivido mil veces, y cuento la historia de cuando me quedé sin gafas y tuve que ir a ver las grandes obras de la pintura universal sin gafas. Esta historia os la sabéis muchos y es muy divertida. Un año, un año de estos, volveré y volveré a hacerlo sin gafas. Volveré a contar lo del sfumato y contaré ahora como novedad que me he comido dos kilos de churros enormes antes de disfrutar de lo bueno y mejor que hace el hombre. Bebo y el Cigala. Tengo muchas bromas ocultas que todavía no conocéis. La de Bebo y el Cigala creo que ya he comentado en alguna otra ocasión que me parece sublime. Pero no tiene importancia. Vasito de leche lleno de cerveza, con lo que no será un vasito de leche, será de cerveza.
Redacción del otro, con la mano atada a tu espalda: no creo necesario comentar que se puede alcanzar el bienestar de múltiples maneras que no tengo ni el tiempo ni el ánimo necesario para comentar como debería. El propósito de esta redacción es otro. Me gustaría declarar que si de alguna manera cuando acabe este trayecto he de volver a ser parte del otro, al menos que quede constancia de que he estado con una mano atada a su espalda. Una mano que es esta y que creo que debería ser la otra. He escuchado música, pero poco. He visto cosas, pero pocas. Yo he bebido bastante menos que tú. Quiero que quede constancia escrita de que he sido yo. Con una mano atada a la espalda. Esto lo gano yo con una mano atada a la espalda. Quiero utilizar esta frase hecha para que se note que con una mano atada a la espalda, también se vive. También pasan cosas.
Impresiones desde fuera: el mito de las dos almas que se separan de un cuerpo, vendría a decirnos que mientras una persona está viviendo una vida, debe haber otra persona que está viviendo otra vida que es mejor y que es igual que tú. Exactamente como tú. Y que no puede comunicarse contigo para contártelo. Un día, por ejemplo, ves un cartel, un anuncio, un algo que dice algo y tú crees que eso es una especie de señal. La señal de alguien que te quiere decir algo. Que es el otro. El que vive mejor. El de la mano atada a su espalda.
La mano atada a la espalda: es preferible tener las dos manos útiles. Es mejor utilizar palabras que todo el mundo entienda. Es sencillo saber cuándo alguien usa palabras que no son suyas.
Registro de incidencias: se presentan varias personas en la puerta de un bar. Comen un queso muy bueno. Se hacen fotos. Servirán para el recuerdo y se sentirán bien. A veces, me da por ponerme las manos en la espalda y creo que alguien va a venir a atarse conmigo. Debe ser por el frío.

lunes, 7 de noviembre de 2016

Trotsky. Una vida revolucionaria - Joshua Rubenstein

¿Qué sabemos de la Revolución rusa? Bolcheviques y mencheviques. Socialistas revolucionarios. Fotos de Lenin en blanco y negro subido a algún sitio hablando delante de mucha gente que porta pancartas en ruso. El carricoche cayendo por las escaleras de la estación en Acorazado Potemkin. Hoces y martillos, hoces y martillos, hoces y martillos. Stajanovismo. Carteles fabulosos celebrando la revolución en ruso y no sabemos qué pone en ellos. Desfiles en la plaza Roja. Stalin, malo malísimo, saludando en un desfile desde el palco de la plaza Roja mientras los nazis están a pocos kilómetros. Kruschev con el zapato en la mano. Brezhnev con las cejas peludas. El equipo de baloncesto de la URSS ganando a los americanos en Munich. Andropov y Chernenko o Chernenko y Andropov. Gorbachov haciendo anuncios de McDonalds. Fin de la cita. Trotsky. Una foto de Lenin, Trostky y Stalin. ¿Dónde está Trotsky?
¿Qué sabemos de Trotsky? Trotsky escribía pero no se le entendía, tenía en la cabeza clavado un piolet, decía la canción de Def Con Dos. Trostkismo. Troskos. Son troskos. Es que son troskos. Se te meten los troskos en el partido y te lo petan. Somos troskos. Me voy a hacer trostkista. Te hacen ojitos los troskistas. La Revolución permanente. El socialismo en otro país. El entrismo. ¿Qué sabe usted de Trotsky? Sabe usted que Trotsky murió en México, que fue amante de Frida Kahlo porque lo ha visto en una película, que tenía el pelo así para arriba, que llevaba gafas y perillita, que era judío pero él no quería que le dijeran que era judío. Esto quizás no lo sabe.
León Trotsky. Una vida revolucionaria. Es una biografía de Joshua Rubenstein que he sacado de la Biblioteca Central. El mismo día saqué una historia del POUM. ¿Qué sabemos del Troskismo? ¿Qué sabe usted de Trotsky? En la biografía nos explican quién era Trotsky. No es una biografía muy procomunista que digamos. Ni es una biografía muy hagiográfica. Así que puedo decir que no es una hagiografía. ¿Qué es una hagiografía? Trotsky es un revolucionario. Y no hay mucho más que decir. Te puede salir bien, te puede salir mal. Puedes… Voy a cambiar de párrafo, porque esto es lo más importante de todo.
Trotsky era muy Trotsky. Trotsky se puso este nombre porque se parece al alemán ‘trotzig’, que significa perseverante. Cuando ya está en México, los radicales estadounidenses se agobian con él, porque encuentran a un revolucionario de verdad y no un palabritas nada más. Trotsky era muy de Trotsky. No fue bolchevique hasta muy tarde, era de él mismo, y sólo cuando la cosa iba para delante se unió a la facción bolchevique y, pese a que fue fundamental para que la Revolución triunfara, no hizo amigos. Fundamental. Era demasiado Trotsky. Y se encantó de sí mismo. O se durmió. Y mientras que él iba escribiendo, y dando mítines, y encantándose con la teoría, otros iban reuniéndose, haciendo amigos, moviendo piezas, apuntando a gente, colocando a este y al otro, nos vamos a cargar al listo este, que es demasiado listo. ¿Era diferente la visión del socialismo o el marxismo si me apuran de Trotsky, que la de Lenin, que la de Stalin? Pues claro. ¿Que la de Plejanov, que la de Zinoviev, que la de Radek, que la de Luxemburgo, que la de Kautsky, que la de Lunacharsky, que la de Kirov, que la de Martov? Pues claro. Somos de izquierdas, sabemos de lo que estamos hablando. ¿Y?
La gran pregunta. ¿Hubiera sido diferente? En el libro se da una idea: Tal y como iba la Revolución, si no te sale Stalin, te sale alguien parecido a Stalin. Trotsky era implacable. Al menos en esta biografía. Espero leer otras, si puede ser. Trotsky era un revolucionario. Estamos haciendo la Revolución, no podemos andarnos con tonterías. ¿Pactar con los partidos burgueses? Jamás. Tolerar las disensiones, estamos haciendo la Revolución, estamos defendiendo la patria de los trabajadores. Hasta el final, defendió la Unión Soviética, le costaba horrores criticar los planes quinquenales, discrepaba en la estrategia, en el análisis, en que alguien como Stalin pudiera ser el líder.
Dos conceptos. Revolución permanente: no hace falta una revolución burguesa, hace falta una revolución y empujar, empujar, no parar, no cejar, hacer que el proceso revolucionario no se detenga hasta que los trabajadores triunfen, hasta que no se consiga, no parar, no hay estrategia, hay que ir, siempre hacia delante. No pactar con los burgueses. Hacer que sus organizaciones viren, vayan, que no se detenga. Socialismo en un solo país: si solo está la URSS, el objetivo será fácil y además no se consigue la liberación total de los trabajadores de todo el mundo, hay que provocar la revolución en todas partes, hay que armarla, hay que luchar. Esto es lo que he entendido. Igual no he pillado nada de la broma.
A ver. Trotsky no sabe moverse entre la burocracia y los conciliábulos. Él habla, perora, ha organizado el Ejército rojo pero no hace amigos, no hace adeptos. Al menos no los suficientes. Está solo. Acaba expulsado de la Unión Soviética, huyendo por los campos del diablo, hasta que llega a México y un catalán, Ramón Mercader, acaba con él. Y con casi toda su familia. Vean el documental ‘Asaltar los cielos’ sobre el tema. Tremendo.
¿Qué sabemos de la Revolución Rusa? ¿Qué sabemos de Trotsky? Saber mucho no sirve de mucho si no se tiene espíritu revolucionario. Y si no se sabe hacer amigos. Camaradas. Hablo por hablar, supongo. Ni idea.
Si hay otra biografía mejor, pues ya saben.

domingo, 6 de noviembre de 2016

Paraules encadenades en La Colmena. Estamos locos o qué.

¿Estamos locos? No sé. Yo no. Vamos, estoy prácticamente seguro de que no. En el Teatre La Colmena hemos tenido la oportunidad de ver este fin de semana la representación de la obra Paraules encadenades, con Mireia García y Marcos Moreno en los papeles principales. Una obra que volveremos a ver dentro de una semana también de viernes a domingo. Lo que se podría llamar una pequeña temporada en cartel.
¿Estamos locos? La obra va de lo siguiente. Ramón tiene una tablet en la mano y ahí se reproduce el relato de alguien que es él mismo contando que ha matado a una señora mayor. Que estudiaba en la universidad y que se enamoró de una chica y se casaron y que de repente se divorciaron y que no sabe porqué y que bueno, que ha matado a alguien. Vemos que hay una chica atada a una cadena, amordazada, sollozando desde hace un rato. Empieza la acción.
¿Estamos locos? Yo no, creo que no, vamos. Una ruptura, un desamor, una mala racha, no entender de qué va todo esto, culpar a otra persona de lo que te pasa, culpar al sistema de lo que te pasa, vengarte de todo y de todos porque todos han hecho que tu vida sea una mierda y que tú, una persona normal, acabe cometiendo los delitos más abyectos. O no. O sí. Ahí estamos, con el tobogán argumental. Con la clásica tensión por la cual el espectador no sabe si lo que va a pasar va a pasar, si lo que está pasando es real y si lo que pasa es producto de la imaginación de uno. O de la otra.
Para que esto vaya adelante se necesita que los dos actores sean creíbles. O que no lo sean. Se necesita que el actor con cara de buen chico nos gane el corazón como una víctima de un mundo que no le entiende, de una mujer mala que un día le quiso y que otro día le dice que le da asco, de una madre manipuladora, que tenga arrebatos de violencia extrema que nos pongan el alma en vilo para después volvernos a soltar y poner esa cara de buen chaval que tiene Marcos para un minuto después volver a sembrarnos la duda. ¿Lo ha hecho? ¿Estamos locos?
Puede que estemos locos. Ella, la víctima, la pobre chica a la que descubrimos como piedra angular de toda la obra, que llora, que solloza, que pide por favor que no le hagan daño, se destapa como una mujer que no se arredra, que no se calla, que sí que es cierto que bajo una situación de terror llora y se acojona pero… no menos que yo, no menos que usted. Una batalla reproches, de llevar al límite al otro, de sembrar la sospecha en el espectador. ¿Es ella la mala? ¿Es él una víctima? Durante la obra vemos como ella, Mireia, endurece el gesto, va acoquinando a Marcos, va ganando terreno, dominando cada vez más la escena aunque haya momentos en los que volvamos al punto de partida: él la va a matar.
Un trabajo excelente por parte dos actores que se la juegan ahí delante de usted. Que provocan en el espectador colomense el ay, el madre mía, el qué dices, el no puede ser, el otra vez. Y de eso se trata. No importa el final. Lo que importa es que durante algo menos de hora y media nos hemos enfrentado a un dilema. ¿Estamos locos?
Ahora en serio ¿Estamos locos? ¿Puede ser que por amor, por despecho, que ya vengamos de serie con la pedrada, armemos una bien grande pensando que no va a tener consecuencias? ¿Matar a alguien? ¿Es que no vemos la tele? ¿Es que estamos locos?
Vayan a La Colmena el fin de semana que viene y miren a ver.

sábado, 5 de noviembre de 2016

Marga Dordella y el hereje.

Hay gente que, por algún motivo que no sabes definir, conecta con tu mundo. O con un mundo que te gusta. Otra no. Verdades como puños. Festival de la obviedad. Hay gente con la que, sin que sepas bien porqué, estás a gusto y otra con la que no. Hay gente a la que le puedes dedicar un texto incluso a sabiendas de que habrá quien piense que 'qué haces, Antonio, ¿tú no sabes que la Dordella en sus tiempos nos hizo...?'. Es posible. Hay otra gente a la que no le dedicas nada nunca y tampoco sabes porqué.
Hace la friolera de 17 años, yo trabajaba en la radio local no municipal, Santa Coloma Radio. Pese a mi inepitud manifiesta, alguien consideró que podría llevar un informativo diario de media hora de duración. Cada día había que llenarlo con algo y las entrevistas a concejales varios eran un valor seguro. Joan Carles Mas, Chema Corral, Pilar Puig, eran un valor seguro. Les dejabas la grabadora encendida y hablaban y hablaban. (El otro día, alguien me dijo que mis textos le recordaban a Pedro Gallardo, entonces presidentes de la Favgram, otro rollero inolvidable). El programa estaba hecho.
Una vez, no sé a santo de qué, tuve que entrevistar a Marga Dordella. No recuerdo si en aquel entonces ella era regidora, responsable de Iniciativa en Santa Coloma... tampoco recuerdo el porqué de la entrevista. No sé si era por algo relacionado con la política municipal o eran los tiempos de la ruptura entre Iniciativa e Izquierda Unida, que dio paso a la formación de EUiA, que es donde milito yo ahora y yo iba a hacer algún tipo de... recuerdo haber entrevistado sobre el tema de la ruptura a Chema Corral en su despacho y me echó una bronca sobre si me había creído que a él le podrían dar lecciones de marxismo. No creo que yo fuera a hablar con Marga Dordella sobre esto. Si fue sobre algún tema de política municipal seguro que iba yo como un cordero hacia el sacrificio. No he mejorado demasiado en esto y sobre política municipal me muevo en base a dos o tres mensajes tópicos y poco más, así que entrevistar a alguien que sí que sabía, me ponía ante la evidencia de mi ignorancia. Me impresionó tanto que he olvidado el qué.
La entrevista tuvo lugar en la sede de ICV, en la calle Sagarra. Era la primera vez que yo acudía allí. Tenían un póster de la Pasionaria. Llevaba yo entonces siempre un libro encima y en aquel tiempo me estaba leyendo El Hereje de Miguel Delibes. Muy poco tiempo después llevar Crimen y Castigo de Dostoyevski a una entrevista de trabajo me ayudó a pegar hebra con la entrevistadora y... eso.
El caso es que Marga Dordella imponía. Tú sabías que ella sabía y que ella además notaba que tú no tenías ni idea. Seria, sin levantar demasiado la voz, elegante, te hacía ver que, efectivamente, no eras digno desde que entrabas por la puerta. Habértelo currado un poco más. Sabiendo que estabas navegando, sin embargo, no te querías ir. Y me preguntó ya al final de todo, que qué tal el libro. Ahí me solté algo más y creo que se rió. Yo no me quería ir.
Pasó mucho, mucho tiempo desde aquel día. Yo dejé la radio y hasta que no volví a tener relación con el mundo de Marga Dordella, pasaron muchos años. Cuando hablo con alguien sobre ella, siempre recuerdo aquel momento y siempre me pregunto si ella se acordará de mí, de aquel día. A mí me impresionó. No es fácil encontrar alguien así. Alguien que desprende algo que dices, joder, bien. Alguien que parece que viene de otro sitio, de otra manera y que en realidad no lo es. (Soy un catálogo de prejuicios). Alguna vez lo he discutido con alguien, no parece de los nuestros, no parece de aquí, no parece... pero lo es. Es simplemente así. Tiene algo que no tenemos. Clase. (Y ahora me dirán que lo de la clase debe ser porque los demás no tenemos clase por que somos obreros y claro, claro, claro, a ti lo que te gusta es juntarte con gente que no es obrera, claro, claro, claro...)
Eso. Saber estar. No sé si en una reunión entre gente de Iniciativa y gente de los nuestros se transforma y se convierte en alguien duro y tajante, el clásico bicho que te cuadra en una reunión y no hay dios que respire. Pero al menos, en los espacios en los que la he conocido, da poso.
Eso. Da poso. Da estilo. Da clase. Da saber estar. Repartiendo panfletos en una caseta de En Comú Podem no tiene reparos en decir que somos de Podemos mientras que a los demás nos pueden arrancar las uñas con tenazas y no seríamos capaces. Habla con la gente y es capaz de camelárselos. En un grupo, en una sala, en una manifestación, en una charla, yendo a alguna parte, coincidiendo con ella en cualquier sitio. Es un placer. Es un placer escucharla hablar de los tiempos de Bandera Roja, de manifestaciones a las que iba vestida bien porque la poli no pega a la gente bien, las mil anécdotas de Lluis Hernàndez, cualquier cosa. Es la sensación de que estando ella por ahí, la conversación mola, que te vas a reír, que te va a contar algo que no te lo podría contar otro.
Hoy es su cumpleaños. Ya le he dicho por el messenger 'feliç dia, compañera'. Pero la gente que me conoce sabe que Marga Dordella tiene para mí algo especial, una especie de fascinación difícil de explicar, que no me puedo quedar ahí, nada más.
Desde aquel día, el día del Hereje, me impresionó. Y desde entonces me sigue impresionando. Con lo payaso fofó que es uno, con la poca prestancia, lo poco fiable, el poco poso que tiene uno, la presencia de alguien como la Dordella, me puede. Saber que durante las campañas la Dordella va a estar en la caseta, que va a poner ese punto de calma, de ironía, de hacer las cosas con gusto y con estilo, sin armar pollos, sin ser una escopeta, pero que se van a hacer.
Habré escrito a gente que es amiga y a la que me gusta felicitar el cumpleaños de esta manera. Pero esta vez me da algo de vergüenza y si no es por el empujón no lo habría hecho. Marga Dordella es diferente. Es una compañera, aunque para muchos de los míos hace tiempo que dejara de serlo. O no de la misma manera. Y sin embargo, es por gente como ella por la que merece la pena eso de 'hay que hablar con todo el mundo, hay que aprender de todo el mundo, hay que saber estar con todo el mundo'. Ella lo hace. Ella sabe mucho y mola. Ella no lo sabe, pero desde el día del Hereje, yo soy fan de Marga Dordella. Igual es porque soy un hereje.

Foto: A.

jueves, 3 de noviembre de 2016

Un sueño con dinosaurio y chino hongkonés

La interpretación de los sueños es bien sencilla. Se busca en google y no hay nada más que rascar. Hace dos días, por ejemplo, soñé que tenía un conejo en la cama. Un conejo gris que al principio me dio algo de miedo. Tras una breve reflexión dentro del sueño por la que llegué a la conclusión de que al fin y al cabo solo era un conejo no me preocupé y me sentí bien. Al parecer el sueño significa que me va a ir muy bien.
Hoy, sin embargo, la cosa ha sido algo más complicada. Por no sé qué atenerme con lo siguiente. No sé dónde estaba ni a qué venía el asunto, pero de repente me he encontrado en una habitación. En la habitación había un dinosaurio de tamaño mediano y con pinta de ser totalmente inofensivo. Venía a ser como un perro grandote, pero no era un perro, era claramente un dinosaurio verde, un clásico dinosaurio de aspecto bonachón, de cuello largo y barrigón. No hagan caso de la imagen que ilustra el texto. El caso es que el dinosaurio estaba en aquella habitación y yo estaba en aquella habitación también.
Alguien, una especie de voz en off, me decía que aquella era la casa de un señor chino que aparecía en una foto. Un chino alto, de buena planta, un buen mozo que llevaba un sombrero en una foto en blanco y negro. Un sombrero no, un gorro. El típico gorro de revolucionario chino. Pero la voz en off me decía que el chino no era propiamente de la República Popular sino que era de Hong Kong. Y era verdad. Porque en la habitación había diversas bufandas de equipos de fútbol o de ciudades varias. Bufandas con los nombres de las ciudades bordados. Y una de esas bufandas era de Hong Kong.
La voz en off me contaba que este ciudadano chino viajaba y traía y llevaba cosas varias por el mundo. Una de esas cosas que traía de Hong Kong eran puros y me señalaba una caja de puros que estaba encima de un sofá. No fumo, pero al ver la caja de puros fui a ella y la cogí. Por tenerla, por llevármela. No sé.
El caso es que el dinosaurio, que estaba tranquilamente aposentado en el sofá, junto a la caja de puros, de repente empezó a ponerse nervioso y a gruñir y a moverse agitadamente. Me costó entender un rato que el dinosaurio se había enojado porque le había quitado la caja de puros. La voz en Off no decía nada. Era yo el que tenía que llegar a la conclusión. Al dinosaurio le gustaban los puros y, como cuando le quitas algo a un niño pequeño, se alborotaba. Saltaba alrededor de la habitación y no es que llegara a asustarme, pero decidí que lo mejor era devolverle al dinosaurio sus puros.
Creo que al poco me he despertado y ya no me he vuelto a dormir.
En una habitación que pertenecía a un chino hongkonés, un chino muy majo que no me quedó claro si era de los buenos o no, dormía un dinosaurio al que le gustaban los puros. Y fui yo a molestar nada más.
Para los que busquen correspondencias extrañas, cené una rebanada de pan con sobrasada, queso y miel y luego un plato de sopa. Por este orden. Y dos culitos de vino blanco.
A ver qué dice google de todo esto.

miércoles, 2 de noviembre de 2016

The Night of the Hunter - Charles Laughton

La noche del cazador es una película de esas que crees que has visto o que has creído ver o que deberías haber visto o que das por vistas y que si no has visto y tienes que reconocer que no has visto, ay. Así que cuando hablas con alguien y después de los cuatro tópicos no sabes por dónde tirar, te sientes en la obligación de verla, por lo menos para que no te vuelva a pasar.
Y la ves. Y la ves en inglés, porque no has tenido narices de encontrar la película al menos con subtítulos, así que a la hora de titular esta crítica lo haces en inglés porque es en inglés como la has visto. Sin subtítulos. Después de esto queda comentar que mi nivel de inglés es de los que en los CV nos atrevemos a calificar de medio-alto, lo que significa que de vez en cuando y a la quinta escucha puedo enterarme de las letras de según que canciones de los Ramones.
La noche del cazador es una película de culto. La única película que dirigió Charles Laughon, un actor inglés nacionalizado norteamericano al que recordarán de películas como Espartaco, por ejemplo, y otras. Es un actor así como regordete, que ya era mayor cuando... bueno. Es su única película detrás de la cámara y no participa como actor.
Veamos. Un pueblo del Sur de los Estados Unidos. Un día, el padre de familia vuelve a casa acalorado porque ha robado en algún sitio que no entendí. Lleva un fajo de billetes gordos y se los da a su hijo. Acto seguido la policía llega y le detiene. Le pide al hijo que esconda el dinero. Lo esconden en una muñeca de su hermanita pequeña. El padre va a la cárcel. Acto seguido aparece el reverendo.
Robert Mitchum. No sé si habré visto muchas películas de Robert Mitchum, pero después de ver esta, no sé si voy a poder ser ecuánime. No se puede hacer mejor. No he visto 'El fuego y la palabra', donde Burt Lancaster da vida a un predicador también fulero. Aquí Mitchum da vida a un pirado, directamente. Este pirado vaga por los pueblos y acaba con sus huesos en la cárcel donde coincide con el padre de marras que, en sueños, habla del dinero y del robo y de dónde está el dinero. El predicador, al salir de la cárcel va al pueblo con la intención de llevarse la pasta. Así que se casa con la viuda e intenta sonsacar a los hijos sobre el paradero del dinero.
Y esa es toda la película. Es cierto que es como un cuento. Mitchum, el predicador, es como un lobo. El lobo malo de los cuentos que viene a tu casa a quitarte a tu madre, a tu hermana, al dinero. En sus manos, en los dedos lleva tatuadas las palabras love y hate, amor y odio, y cuenta la historia de cómo el amor y el odio luchan... muy al final, hay una escena en la que vuelve a contar la historia y la gran Lillian Gish le dice 'calla ya...'. Es malo, está loco, lleva una navaja en el bolsillo con la que mata a la gente cuando siente que Dios le dice que tiene que armarla. Todo esto me lo imagino, porque muchas cosas de las que dicen no las entiendo. Pero va por ahí.
La mujer, también grande Shella Winters, una vez que ya tiene un hombre en la casa, quiere cohabitar y Mitchum le corta el rollo. Dios nosequé, la mujer nosequé... la mujer acaba palmando y entonces aparece una imagen tremenda, la de la mujer muerta en el agua. Una auténtica barbaridad de secuencia. El coche en el río, el pelo de la mujer, las plantas acuáticas, tremenda imagen. Qué miedo.
Los niños escapan del lobo, se van por el río, con la muñeca. El lobo es implacable y no descansa. Al final acaban llegando a la casa de una anciana que acoge chavalitos. Estamos en los años del hambre en los Estados Unidos y muchos niños vagan por ahí.
El lobo les encuentra.
Peliculón. Y en inglés. Quizás con los subtítulos hubiera sido diferente, mucho mejor, claro, pero así (vaya excusa) te fijas más en las imágenes. Exacto. El expresionismo alemán. Díganlo por ahí cuando hablen de la película que yo también lo he visto luego escrito en otras partes. Las sombras, las caras, Mitchum con el brazo alzado mirando hacia la nada. Mitchum gritando y chillando, cantando y haciendo como que llora, como que está apenado y está loco.
Qué papelazo el de Mitchum, qué grande. Cantando un himno de esos religiosos que pueden ser reconfortantes o te pueden cagar vivo.
Es como un cuento. Es verdad. El punto de partida, la huida, llegar a algún sitio donde estemos seguros, que la anciana buena y sabia nos proteja, que al final todos estemos bien. Que el lobo se muera, que el lobo no aparezca.
Ya la he visto y seguro que me dejo muchas cosas por contar. Como siempre.