lunes, 27 de marzo de 2017

Día Mundial del Teatro. Todo es una mentira muy grande.


El teatro es cantidad de fácil. Tienes un texto que ya te viene escrito, que lo ha escrito otro la mayor parte de las veces y tú solo tienes que leerte un trozo y aprendértelo. Hacer así como movimientos afectados, vestirte como te digan que te tienes que vestir, y además, hay uno o una que hace de director que te va diciendo lo que tienes que decir y cómo decirlo. Los decorados, tampoco tienes nada que hacer ahí, porque en las obras de teatro que otros ya han escrito viene más o menos descrito cómo tiene que ser el decorado. Si el director es un flipado o si hay un escenógrafo con ganas de juerga, puede inventarse algo, pero tampoco nos pasemos. Si la obra es contemporánea, puedes hacer un montón de cosas que igual no tienen sentido para el espectador, pero tampoco te comas la cabeza demasiado, si viene escrito, tú olvídate de la movida y haz. Te metes en el papel. Eso es lo único que tienes que hacer. Meterte en el papel. Dicen que eso de meterte en el papel requiere estudios y años de preparación. Hasta hacer cosas como de ejercicio físico y eso. Qué mierdas hablan. Meterte en el papel. Tengo que hacer de Hamplet. Me leo Hamplet y miro de entenderlo. Si quiero, lo que puedo hacer es ver obras de teatro. Si veo que se pone la cosa complicada y no acabo de entender lo que leo, lo que puedo hacer es mirar obras de teatro. O ir al teatro o pillar dvds o bajarme por internet obras. Y ves cómo lo hacen otros. Hay obras de teatro que no tienen decorado y a veces no se habla casi nada. Pero tienes que hacer otras cosas. No te tienes que preocupar, porque te lo van diciendo. Es decir, nada de lo que ves en el escenario es de verdad. No te está pasando lo que dicen en la obra que te pasa. Hay gente que se lo cree. Que cree que si yo por ejemplo soy Edipo y me he enamorado de mi madre, es que es verdad y la gente se asombra. A veces me da por pensar que si la gente se cree que realmente es capaz de asumir que estás hablando cinco horas con Mario y que le estás soltando una chapa a un muerto de padre y muy señor mío, qué de cosas maravillosas se pueden conseguir de la gente. También tienes que tener un poco en cuenta a la persona que te da la réplica. Es el otro o la otra con la que hablas cuando estás en la obra. Dices 'no es verdad ángel de amor que tal y cual'. Y debes decírselo a la otra persona. Y la otra persona, pues te mira así con ojitos. Y tienes que tener cudado tú también de pensar que te está haciendo ojitos de verdad. Es decir, que igual que sabes que la gente puede creerse que tú eres yo que sé, Macbeth, pues igual no debes de creer que el otro que está contigo es... no sé, el otro personaje que sale con Macbeth. Pero es todo súper sencillo. Cuanto más moderno es todo, mejor. Hay otras obras que son como de la vida real, que te vistes así normal y te tienes que enamorar de un casado, por ejemplo, y entonces no te tiene que encontrar la policía porque has matado a alguien y así en plan muy normal todo. Esas obras son las peores, porque te cuesta más meterte en el papel. Porque al ir vestido normal, es como que te cuesta. Si vas de griego, por ejemplo. Eres Orestes y tal, como vas vestido así pues es fácil. Pero si eres por ejemplo, el viajante que se muere y vas vestido así normal, pues oye, te cuesta. Porque estás pensando todo el rato que eres tú, que no ha cambiado. Pero que tampoco es tan difícil. Que ya te digo que hay uno que es el director que te va diciendo lo que tienes que hacer. Que viene todo escrito. Que en la obra hay uno que está detrás del escenario que te va apuntando también por si te olvidas. Que hay obras en las que ni siquiera hablas. Que puedes ir como corriendo de lado a lado del escenario, chillando o callado, o rompes a llorar en un momento dado o haces como que te acoplas con una hembra o con un varón pero es todo mentira. Es todo una mentira pero que tienes que hacerlo bien, no como cuando dices 'estoy llegando' y no has salido. No, aquí te ven y tienes que parecer creíble. Y además otra cosa. Que tienes que actuar en varios sitios. Sí, que eso puede parecer un problema, pero no. Porque hoy actúas aquí y mañana allí. Y no te conocen y no saben lo que vas a hacer y todo parece siempre nuevo. Aunque tú estés hasta los mengues de hacer lo mismo siempre. Pero como el otro no lo ha visto, oye, aplauden al final. Y que, además, cantidad de gente va al teatro porque tiene que ir. Que hay mucha mierda en la televisión, no hay canales de cine en abierto y cada vez nos cuesta más ver una peli entera y lo del fútbol ni te cuento como está. Estás en tu casa, miras a ver si cerca de ella hay un teatro, vas, te sientas, que te enteras de lo que están contando, pues bien, que no, no pasa nada, quizás la intención de la obra era eso, dejarte descolocado. No pasa nada. Sales del teatro, le dices a alguien que has ido al teatro y no es lo mismo decirle 'pues vengo de ver un celta osasuna' que decir que sales de ver 'esperando a godot'. Hayas entendido algo o no, que seguro que un celta osasuna es igual de surrealista, da más poso ver Esperando a Godot. Y hacer Esperando a Godot, ya no te digo. Y puedes ir solo o acompañado. Si vas solo se creen que eres periodista y te tratan de puta madre. Si vas acompañado, como son dos entradas, ya hay un huevo de sitios que te regalan algo por la cosa. El teatro es cantidad de sencillo. Ya te digo. Yo ahora estoy haciendo de Jesús en lo de la Pasión, por eso lo de las barbas y tal. Sencillísimo. Andar despacio, abrir los brazos así de vez en cuando, poner cara de me da la luz y al final que no se te olvide decir lo de padre... padre...
Si llamas pronto te regalan entradas para otra pareja. Yo se las voy a dar a mis padres.  

Escalera mecánica

¿No te ha pasado nunca que subes una escalera mecánica y tienes miedo de que al llegar al final te coja la escalera y te absorba hacia dentro y que te quedes en nada? ¿No te ha pasado nunca que has pensado que subiendo o bajando, da igual, por una escalera mecánica, ha llegado el momento en el que tenías que abandonar dicha escalera y te ha dado miedo no estar atento y que la escalera te atrape y te pase como cuando meten papeles dentro de una máquina de esas de eliminar papeles? ¿No te ha pasado nunca que estás subiendo por la escalera y la cinta donde apoyas las manos va más despacio o más deprisa que las escaleras y no puedes ir tranquilamente apoyado y piensas que estás haciendo el ridículo intentando apoyarte y no puedes y... te quieres morir? ¿No te ha pasado que en un momento te crees que la escalera por la que estás subiendo se queda parada y ha sido alguien que quiere hacerte daño para que cuando se pare de golpe tú no estés atento y entonces te caigas y te cueles por dentro de la escalera y... entonces te mueres porque entras dentro de la escalera y te pasa eso de los papeles de la máquina de los papeles? ¿No te ha pasado nunca que estás subiendo las escaleras mecánicas cuando están paradas porque no funcionan y te parece que los escalones están más altos y a lo mejor se te abre la ingle intentando hacer el esfuerzo de subir las escaleras y más aún si vas deprisa y que al abrirse la ingle se te van a salir todos los intestinos por fuera y, naturalmente, te puedes morir? ¿No te ha pasado nunca que te has puesto a mirar una foto de una escalera mecánica y el rollo de las líneas y de la confusión has empezado a pensar que, en realidad, todo es difuso y confuso y extraño y raro y que las imágenes que se forman en nuestra cabeza se diferencian en mucho de lo que sucede en el mundo real y así vas cavilando y pensando que todo es un disparate enorme y que es muy probable que si eso es así y se pierde el sentido de lo común, nos vayamos a morir todos? ¿No te ha pasado que en una escalera mecánica hayas tenido la conversación recurrente de si es necesario dejar pasar a la gente que sube o si es lícito quedarte quieto y estando discutiendo esto no estar pendiente de lo que estábamos comentando y la escalera te va subiendo y vas acercándote poco a poco al final de la misma y puede que te ocurra que te tropieces y acabes contando las rayitas en el suelo y pienses que te puedes morir? ¿No te ha pasado que has empezado a subir una escalera acompañado de alguien cuando tú a lo mejor estás en un peldaño por encima o en un peldaño por debajo y mientras estás pensando en que tú estás más alto o que le llegas por la barriga o que sumergerías tu cara en el culo de cualquiera o vete tú a saber qué chorradas va llegando el final de la escalera y puede ser que te coja de improviso y que te atropelle el final y que en esa especie de cuchillas que hay se te vaya la vida desde los pies hasta la cabeza?
¿No te lo has preguntado nunca? ¿Que te puedes morir?

domingo, 26 de marzo de 2017

La fiesta continúa

Salimos de trabajar y dijimos de ir a tomar algo. Salimos, primero por algunos bares cerca de la zona del curro y luego dijimos de venir por mi barrio a seguir un rato más. Él dijo que no quería venir, que seguro que nos acabábamos liando y hizo como que se iba, pero fue fácil convencerle. Nos fuimos a un bar al que no voy casi nunca y que hacen conciertos más o menos cada semana. No voy nunca porque, aunque vivo en el barrio, no queda justo en una zona de paso y me cuesta ir hasta allí. Vamos, que no voy nunca. El caso es que fuimos y, efectivamente, había concierto. En un primer momento no hicimos mucho caso, estaban los músicos probando y nosotros ya íbamos algo fuera de concurso, así que nosotros estábamos a lo nuestro, charlando, riendo, bebiendo. Nos lo estábamos pasando de puta madre. Hacía un montón de tiempo que no salíamos de marcha y, aunque no serían más de las nueve, nosotros estábamos ya en todo lo alto. ¿He dicho que nunca he ido a ese bar? La gente nos miraba un poco de aquella manera. Empezó el concierto y no nos enteramos. Seguíamos a lo nuestro y notábamos que los parroquianos iban mirándonos cada vez más. Nosotros a lo nuestro, pedíamos una cerveza cada cinco minutos, nos lo estábamos pasando de puta madre. Discutíamos sobre cosas del trabajo, sobre dónde íbamos a ir a cenar, si íbamos a cenar, si nos matábamos bebiendo allí.
La música sonaba, pero no me daba cuenta. No nos importaba. Una chica cantaba y otro chico le acompañaba con una guitarra. No sé qué cantaban. Creo que fue a la tercera canción que la chica que cantaba dijo algo del silencio. Pero los músicos siempre dicen estas cosas. Mis amigos no se dieron cuenta y seguimos con la cháchara. Para una vez que salimos, pensé, no me vas a venir a cortar el rollo. Una canción más y... lo mismo.
La chica que cantaba, la gente mirándonos. El chico que la acompañaba, el camarero que nos recriminaba con la mirada. El nosequién me conoce, me ha venido a saludar, parece muy simpático, pero no es verdad. La chica vuelve de nuevo a recriminarnos algo. El concierto me parece que es demasiado largo. Nosotros seguimos a lo nuestro. Cantando, hablando, riendo, etc. Algo masculla la chica en una de las canciones. Se ríen todos. No entendemos nada.
El concierto termina y nos vamos a otro sitio. No recuerdo. Llevo un papón de mil demonios y quiero que no acabe nunca la fiesta. Llevo dos semanas sin volver a casa. Me duele todo. Estamos los tres destrozados. Pero no podemos parar de reir, de cantar, de beber. Me duele todo. Me huele todo. No nos dejan entrar en casi ningún sitio. Quiero morirme.

sábado, 25 de marzo de 2017

Bisous. Muchos bisous.


Ganchitos blandos. Fanta sin gas. Mirinda. Cocacola abierta. Patatas fritas que saben raro. Estrellitas mojadas. Agua calentuza. Una fiesta de cumpleaños a la que llegas tarde. ¿Para quién escribimos? Vengo leyendo. Voy leyendo. Escríbeme algo sobre Rabelais. Debes conocer a Rabelais, seguro. Haz algo sobre Rabelais, sobre algún autor que conozcas y al que te apetecería… ¿Para quién escribimos? ¿Por qué te inventaste el papel de Diana de Méridor? Hay un montón de sándwiches de mortadela, de salami, de chorizo con jamón dulce, con un poquito de margarina para que se hagan más digeribles, todos están envueltos en un papel de celofán. Si no se los va a comer nadie, me los puedo llevar y se los doy a alguien. El Barón Yanáyev esta vez no se ha perdido. El Barón Yanáyev recuerda y no se ha olvidado de la Condesa de Croissant. ¿Para qué escribimos? Yo escribo porque pienso que no me va a leer nadie, aunque espero que me lea alguien muy concreto. Yo escribo para que me entienda alguien que ya no me lee. En una caja están guardadas todas las guirnaldas, el confeti, una especie de luces que parpadean. Nadie las ha puesto porque se ha hecho tarde y se ha preferido empezar la fiesta sin que hubiera tanto rollo decorativo. Yo escribo en principio para mí, no me vuelvo a leer casi nunca lo que escribo. No repaso absolutamente nada, está escrito, otro día más. Soy muy listo. Tengo un título de mecanografía. Tengo cara de payaso. Os puedo contar esto en todas las fiestas de cumpleaños a las que me invitéis. Soy muy rápido. La Dame Masquée escribía casi cada día. Era un auténtico portento. Un ejemplo. Escribía, con sentido, con arte, con gracia, y con un trabajo de documentación, sobre Historia. Qué más se puede pedir. Sobre la Historia. Sobre los grandes nombres de la Historia. Sobre los grandes mitos. Sobre costumbres. Sobre usos. Sobre las mujeres de la Historia. Todos los días. Yo escribo todos los días, casi todos los días. Todos los días miro en el lado derecho de la pantalla para ver si ha actualizado. Yprh y ella, casi desde el principio. Mucha gente ha ido pasando, comentando, hablando, pero ella y la gran Yprh están ahí casi desde el principio. ¿Por qué escribimos? Hablo con alguien que dice que es el Barón Yanáyev y es mucho más gordo que yo. Se ha echado mucho a perder el Barón, pero es que los años pasan para todos. No le gusta comer sándwiches y no mete los dedos en el cuenco de las patatas ni de los ganchitos. Bebe fanta de limón caliente. El Barón Yanáyev, o el que dice que es el Barón Yanáyev, dice que ayer no escribió porque no tuvo tiempo. Que no se acordó. El Barón Yanáyev también soy yo. Es un poco cansado enfrentarse con gente que te dice a cada rato que es tú. Que tú eres ellos. Nos inventamos personajes, un alter ego. Tardé mil siglos en saber cómo se llamaba Madame. En la fiesta de cumpleaños, me da cosa probar otra cosa que no sea la fanta de limón caliente, me da miedo de que hayan envenenado alguna cosa. Me da miedo de morir envenenado. No me fío. Los sándwiches tienen muy buena pinta, seguro que están envenenados. Me gustaría hablar con Madame sobre los cátaros, pero no la encuentro por ninguna parte. Esta vez me he asegurado de que he llegado a tiempo a la fiesta, yo la he organizado. La he organizado tarde a posta. Queriendo. He colgado retratos de la reina Isabel. Por dar rabia. Y de Monsieur. Y de Maria Mancini. Ellos, que han venido, están hablando de otras cosas. Me miran. No sé qué contestarles cuando me preguntan si va a venir la Condesa de Croissant. Al final he probado un sándwich de queso. Y me estoy empezando a marear.
Bisous, Montse.

jueves, 23 de marzo de 2017

Baal

Estaba el otro día discutiendo las cosas de la vida con el Baños, al que hacía mucho tiempo que no veía y no sé cómo terminamos hablando de la necesidad de fundar una religión. Para terminar pensando en formalizar un nuevo credo, ya se imaginarán que el tono de la conversación fue poco menos que apocalíptico. Una enumeración constante de calamidades e infortunios que nos llevó a considerar que, perdida la esperanza, qué mejor que ponerlo todo patas arriba desde cero e instituir una nueva forma de... esto era más o menos lo que el Baños iba diciendo cuando yo le dije que bueno, que es que yo ya creía en Baal. ¿Baal? preguntó él. Efectivamente. Aunque ya el término efectivamente, (no recuerdo si me lancé por ahí, porque la verdad, da igual con lo que te enrolles, con lo que argumentes, lo que propongas, lo que hagas, a Baal le va a dar lo mismo) resulta incierto.
Le dije pues que Baal es previo a todo lo que uno pudiera considerar como religión, pensamiento, filosofía, manera de actuar, ganas de vivir, etc. Que uno puede creer en Dios, que puede ser budista, que puede ser animista e incluso puede hacer del ateísmo una forma de guiar sus pasos por el mundo y que nada de eso es incompatible con la certeza de que a Baal, esencia misma de la creación y del universo en su conjunto, no le incomoda en lo más mínimo la presencia de otros dioses y demás. Es una idea que ya he trasladado en múltiples ocasiones, en muchos foros, en diversos lugares. Baal ya estaba. Baal ya lo hizo. Baal es todo.
Hasta aquí, el Baños todavía se reía.
Baal lo pensó todo, lo probó y dejó hacer. Baal, oh glorioso Baal, estuvo en todas partes, venció a la gran serpiente marina que amenazaba con partir el mundo en dos y una vez que venció a la serpiente pensó en nuevas aventuras y se dio cuenta de que era preferible dejar el mundo en suspenso y como si fuera un queso al que dejas que vaya poco a poco cubriéndose con una capa de moho, ver qué pasaba. Baal dejó que otros pensaran que podían ser Baal. Baal, Oh Baal, hizo del hombre un elemento más del juego entre dioses y hombres que pensaban en dioses. Baal es como Baal. No hay nadie que pueda compararse a Baal. Y no porque sea Baal un dios que haga de la omnipresencia un alarde. Baal no alardea. Baal está porque está en todo y es todo. Baal, creer en Baal, grande y enigmático, poderoso y vago, me ha aportado, le dije al Baños, la conciencia de que las acciones son siempre limitadas, de que nuestro propósito en la vida es nada, que los planes trazados y las explicaciones dadas son inútiles, que Baal, risueño y fatuo, amigo y verdugo, es capaz de que esta conversacón que estamos teniendo aquí y ahora, se corte de cuajo, la humanidad exterminada en un solo segundo y que solo se salve un granjero amish del Paraguay para que este hable directamente con Baal y le haga un comentario de texto de lo sucedido. Por capricho, por necesidad. Baal, el auténtico e indiscutible. Baal, magno y soberano. Baal, fundador y centenario.  
El Baños se fue a por una cerveza o se fue a su casa.
Al ir yo de nuevo al grupo de amigos, vi a Baal apostado en la puerta.
Y no me dio miedo ni nada.

- ¿Y porqué has de tener miedo, mortal?

miércoles, 22 de marzo de 2017

La ilusión de una flor

En un comentario a un tweet, un tal Senyor Timbaler, tan desconocido para mí como pudiera ser el tal Ramiro Agudo a.k.a. Perro Muerto, considera que hablar del nacimiento de flores y compararlo con la ilusionante firma del acuerdo por el que Un País en Comú se pone en marcha, es cursi. Lo cursi. Lo serio. De la misma manera, he oído recientemente voces que hablan de la presencia de la 'ilusión' como un concepto que no lleva a nada, que no significa nada, que el hecho de que algo sea ilusionante le hace carecer de contenido, de sustancia. Que todo se basa en crear ilusiones en la gente y que de ahí no puede salir más que frustración.
Lo cursi, la ilusión. Una propuesta no puede hablar de flores, de sonrisas, de reírse, de ilusionar a la gente, Tiene que tener propuesta y contenido político.
Ahora voy a decir lo que me parece todo esto. Creo que no hay nada más bonito que despertarte por la mañana con la sensación de que todo puede ser posible. De que no hay nada que todos juntos podamos hacer y construir. Me parece que, como la primavera, estamos viviendo el nacimiento de algo, algo bonito, algo que produce alergia en las personas sensibles y no vacunadas ante una naturaleza a la que no puedes poner coto ni freno. Creo que las flores, lo vivo, lo amarillo, lo rojo, lo violeta, lo verde, lo morado, el arco iris, un vestido de flores, un chicle de menta, un lacito rosa, una camiseta estampada con los colores de la bandera de la república, un sorbete de limón, música de ascensores, un grupo de muchachos cantando a capela canciones de hoy y de siempre sin otra intención que divertir y divertirse, una azalea que surge del suelo y regala color, una flor que se va abriendo poco a poco y que va asombrando con su belleza, con su empuje, con la gracia, con la ilusión que hace que una flor se abra, que crezca, que brille, que nos encante con lo que nos regala. Es la vida, la vida tan bonita que puede ser si no es por esa cuadra de hijosdeputa que piensan todo el día única y exclusivamente en como hacernos la vida más difícil, menos divertida, más triste, más pobre, más cenutria, más de pelo recogido y menos de pelo suelto, más de lleva el pelo como a mí me guste, más de haz las cosas así, más de piensa en si te lo puedes comprar y qué has de sacrificar para ello, más de trabaja, trabaja, trabaja, trabaja, trabaja, eres un trabajador que solo vales para trabajar pues trabaja, trabaja, trabaja, gana el dinero suficiente para poder vivir porque si no trabajas, trabajas, trabajas, trabajas, trabajas y dejas de ser una persona con dignidad no eres nadie.
Déjate barba, maquíllate, juega con clavos. Mira el organigrama, estoy a la cabeza. Ponis, le mundo de Pin y Pon en la tierra. Un mundo de Teletubbies sin complejos. Un mundo en el que gobiernen los dibus. Un mundo como el del Tito Yayo.
Hay una canción de Kojón Prieto que venía a decirlo más o menos de la siguiente manera: en esta pinche vida si no te descojonas, el alma se te pudre y el mondonguillo se aploma. Decían más: creánme mis cuates y no me tuerzan el morro, que si hay algo que les jode es vernos bien contentos, revolcaos en el desmadre. Síganle compadres, no hagan caso a los malasombra.
Hay otra frase también muy buena: riure és la millor manera d'ensenyar les dents. No recuerdo ahora de quién era.
Se acerca Sant Jordi. Casetas de Sant Jordi. Y ese que viene y te dice que para qué coño tantas casetas y tantos partido si somos todos lo mismo. Pues por una vez, parece que eso va a pasar. Si todos podemos ser uno, mejor.
Me parece que esta reflexión ya la he tenido antes. La ilusión, lo cursi. Hoy es un día para estar contento. Muy contento. Con las flores, con el campo, con las vaquitas, con gente tomándose algo en el solete hablando y discutiendo sobre cosas que pueden ser interesantes, que pueden ser superficiales, que pueden ser profundas, que pueden ser duras, que pueden ser una mierda, que te pueden afectar, que se pueden arreglar. Las flores.
Hay una exposición en Can Sisteré con una flor que se abre. Que se va abriendo hasta que sale la flor completa.
Hay una explosión de luz hoy.
Una explosión de ilusión. Una explosión de caramelos de fresa, de niños jugando a la pelota en la Plaça de la Vila, de calcetines de colorines, de bigotes frondosos, de bigotines finos, de pelos en las orejas, de pelos en las espaldas, de pelos en donde te dije. Hay una explosión de ilusión. De ilusionarnos con la ilusión que más ilusión nos hace.
Seguro que si no te hace ilusión, es por alguna cosa.
Mira las flores. Mira como cantan los pajaritos.
Vamos a hacerlo así. Vamos a probar a hacer las cosas sin abroncar a la gente. Sin pensar que somos culpables de nada. Vamos a darle miedo al que ya tiene miedo y trabaja para que perdamos la ilusión desde que nacemos hasta que nos morimos.
Vamos. Todo muy así. Muy de grandes frases. Pero es que me llaman cursi y me vengo arriba.

martes, 21 de marzo de 2017

El misterio de la antena muy grande de la Banús Baja.

Vamos por la vida con la vista pegada al suelo. Pensamos en nuestras cosas. Pensamos en las cosas de los demás. No nos fijamos en lo que tenemos ahí arriba, en el cielo, en los terrados. No sabemos ni siquiera cómo se llaman las cosas o las calles de nuestra ciudad que se llama Santa Coloma de Gramenet porque lo pone en muchos documentos y es fácil recordar, pero no ocurre con todo. Por ejemplo, la Avinguda dels Banús. Si no llego a mirar el mapa, me hubiera dejado matar apostando a que se llama Banús Baja. Todo así en un castellano muy recio y muy viril. Banús Baja se va a quedar.
A lo que vamos. ¿Nos espían? Esta es mi primera pregunta. Quizás a lo largo del texto no haya más preguntas. ¿Somos objeto de algún tipo de experimento por parte de la NASA? ¿La CIA? ¿La Fundació Alternatives? ¿La Grama? ¿Es la hora de empezar a repartir sombreros hechos con papel de plata para que nadie pueda leer nuestros pensamientos? ¿Qué es esa antena tan grande que hay ahí arriba?
- ¿Qué antena?
- Esa.
- Ostia.
Así es. El otro día, disfrutando de un agradable paseo mañanero decidí dirigir mis pasos por la Avinguda dels Banús y me topé, nada más avanzar unos metros, con un refulgente brillo a lo lejos que me intrigó. Qué es eso que hay ahí delante. Tuve que aguzar algo la vista (me hago mayor y no me fío de los ojos míos), y me dí cuenta de que encima de un terrado de la Avinguda Banús hay una antena sideral. Una antena que, por sus dimensiones, debe recibir ondas y megahercios y lo que quiera que reciban las antenas llegadas desde universos tan lejanos que me hace una vez más henchir mi pecho de satisfacción como colomense por albergar semejante receptor de información.
La visión de semejante artefacto en ese terrado hizo que olvidase por completo el propósito de mi paseo, si es que tenía alguno y me concentrase únicamente en acercarme al máximo hasta el edificio para comprobar cómo era la antena.
Pretensión vana por mi parte, ya que mi relación con las antenas es escasa y mis conocimientos sobre el tema son nulos. Hice un examen una vez en la facultad de una asignatura de televisión que versaba sobre ondas electromagnéticas y creo que saqué un 2,5. Me gusta mucho una canción de Kraftwerk que se llama Antenna que solo cuenta que yo soy una antena y recibo información y tú eres un transmisor y envías la información. Ya está.
De ninguna manera quisiera abrir una polémica sobre el uso de antenas y antenorros como ese, que seguro que cuenta con todas las garantías. Pero qué antenón.
¿Nos espían? Como digo, que me pierdo, iba caminando por la Banús intentando averiguar qué podía ser aquel pedazo de antena y me iba dando cuenta de que, a medida que me iba acercando al edificio, la antena dejaba de ser visible. Qué cosa. Se veía desde lejos, pero desde cerca, al estar justo debajo del edificio, no. Misterio. Volví a alejarme y la volví a ver. Enorme, imponente. A buen seguro enviando información a Ferrolán sobre los enracholados de toda la población. Estadísticas sobre el consumo de frankfurts en la ciudad. Datos sobre el número de cubos de playa que se venden en los establecimientos expendedores. Cantidad de cortados que puede consumir la autoridad en una visita vecinal.
Cerca y lejos. No veía la antena desde tan cerca así que abandoné la empresa ante la ausencia de una información fiable. Bajé por una de las calles que comunican Banús con Jacint Verdaguer pero sin llegar a Jacint Verdaguer y olvidé el tema.
Menos mal que saqué una foto y puedo dar fé.
¿Nos espían?
¿Puedo saludar?