martes, 16 de mayo de 2017

Temblores

Hablando y hablando de toda la movida esta de la ciencia ficción y de cosas del espacio, nos ha llegado una publicación de la Universidad de Protasov, en la que recogen aportaciones literarias diversas y nos ha parecido interesante recoger este relato de Mark Vredestein titulado ‘Temblores’.
‘Los días que transcurrieron hasta que se decidió quiénes íbamos a ser los tripulantes de la nave, fueron un auténtico infierno. Una vez que todos completamos las pruebas para la selección, comenzó todo un tópico enfrentamiento entre los miembros de un grupo que debía concluir con la eliminación de dos de sus integrantes de total de seis. Rumores, maledicencias, comentarios inoportunos, maldades, amenazas, miradas, insultos, hasta un conato de agresión, fueron salpicándose hasta que, con los nervios a flor de piel, llegó el veredicto. Y yo no era uno de los seis elegidos para la gloria.
La misión. La misión consistía en llegar a Marte y, una vez allí, recoger muestras de lo que unas sondas habían identificado como agua para analizarlas desde allí y de paso traerlas a la Tierra para ver qué. Era aquella, sin duda, la ilusión de mi vida. Toda mi existencia, desde mis tiempos de colegial, había sido dirigida a la carrera aeroespacial. Mis estudios, mis relaciones personales, mis esfuerzos, la vida en sí y siento ser repetitivo con el tema, lo había enfocado a que, llegado el momento, pasaría al espacio, surcaría el cielo, pondría el pie en territorios desconocidos, conocería de primera mano lo que tantos otros solo pueden soñar.
Sin embargo, no fui elegido. Al parecer, en las pruebas de situación y manejo de aparataje, me mostré algo torpe en comparación con el resto de ‘habilidosos’ compañeros. Mis conocimientos teóricos eran muchos, pero al parecer, -y tal y como se recogió en el informe que me remitieron y que remitieron a todos los miembros de la expedición para más escarnio- ‘me temblaba la mano al coger cosas’.
Acepté con suma deportividad y elegancia el resultado e incluso me ofrecí para trabajar en el equipo que seguiría haciendo cálculos y diseños sobre la nave y el viaje en sí. Fueron estos días muy provechosos en los que incluso llegué a intimar con una de las integrantes del equipo, con la que tuve un pequeño flirt que me ayudó a sobrellevar aquella decepción primera.
Trabajando y calculando, y ya con la expedición en marcha, a punto de despegar, llegué a una conclusión por la cual había unos logaritmos que estaban empleados de una manera no totalmente exacta, lo que podría provocar y de hecho provocaba, un pequeño oscilamiento de la nave que podría resultar, cuando menos problemático. No dije nada.
Así, cuando ya con la nave en el espacio comenzaron a producirse pequeños altibajos en el recorrido de la nave, que no pudieron corregirse en tiempo y forma y estos contratiempos desembocaron en lo que fue el primer accidente con consecuencia de choque frontal de vehículo espacial contra la superficie de Marte y la trágica consecuencia de tantos muertos. Mientras veía las imágenes en la pantalla del centro de… pensaba… ‘ahora tiembla tu puta madre’. Orgulloso, pues no estoy orgulloso, pero es la vida.’

lunes, 15 de mayo de 2017

Materia

La historia me la contaron a bordo de un buque de esos frigoríficos que se encuentran estacionados en el mar del Norte y que van recogiendo el producto del bla bla bla. En fin. Tobías de los Ángeles era uno de los tripulantes que más tiempo llevaba trabajando a bordo del ‘Angelopoulos’, que así se llamaba el barco, y presumía de haber estado viviendo en alta mar desde hacía al menos 30 años sin haber tocado tierra ni un solo día. Tobías decía ser boliviano aunque algunos sospechaban que era un español con acento de muchas partes que había olvidado ya un origen remoto y se dejaba llevar pelando peces hasta un final que no se dejaba ver.
El protagonista de la historia era el propio Tobías y todo tenía que ver con el motivo por el cual juró que jamás nunca volvería a poner pies sobre el suelo en esta su vida por vivir.
Todo comenzó al parecer en uno de los innumerables oficios que Tobías decía haber desempeñado, como empacador en una empresa de cacharretes y tornillería varia, allá por la costa holandesa. La empresa la gestionaba un buen hombre, un holandés llamado Van der Tinder, que se casó con una bella colombiana que conoció en un viaje de negocios y que terminó yéndose a vivir con él a Holanda, porque, decía, ella tenía orígenes alemanes y era como volver a unos orígenes más o menos relacionados con. La bella colombiana tenía nombre y se llamaba Mariela. Con el tiempo el buen hombre y la bella mujer tuvieron una hija, a la que pusieron de nombre Materia.
¿Por qué le ponemos esos nombres a nuestros hijos? Lo ignoro porque nunca tendré hijos, pero puedo decir que en el caso de la pareja intercontinental, el origen de Materia tenía que ver con el negocio, en cierta manera, ya que fue el viaje a la América latina en busca de materias primas, hierros, metales, etc., lo que originó que se conociesen Van der Tinder y Mariela, así que imbuidos en un espíritu de cierto relajo de costumbres que se atravesó en Europa hace unos años, no se cortaron ni esto para darle una patada al santoral e inaugurar una nueva onomástica: Materia.
Materia era una chica que creció siempre ensimismada. Al buen carácter y disposición de ánimo del padre, que siempre se mostraba afable y dispuesto; a la belleza y prestancia de la madre, elegancia y simpatía, donosura e inteligencia de la madre; Materia no tuvo por menos que dar un giro diametral a la herencia genética y mostrarse como rígida e inerte. Como una niña y una joven estática, hierática, gélida. Materia tenía sus dones, heredó la planta de la madre y cierta tendencia a comportarse generosamente con los demás, pero sin mostrar un ápice de sentimiento, sin que se le trasluciese el más mínimo punto de emoción. Materia era fría, era quieta. De hecho, muchos al encontrársela en algún lugar viéndola sentada, fijándose en algo, o simplemente esperando lo que fuese, dudaban seriamente que estuviera viva. Materia…
La historia no tiene mucho misterio en este punto. Tobías de los Ángeles entonces debía ser un mozo algo más apuesto que el trampantojo humano que era en aquel tiempo, Materia y él se enamoraron furtivamente (hasta en la materia más pétrea late un pequeño corazón) y tras diversos intentos y encuentros, consumaron su pasión. Tobías cuenta que desde que aquello ocurrió, Materia se volvió aún más fría, aún más distante. De tal manera que cesaron sus encuentros y la pasión se apagó. No por parte de Tobías que aún mantenía cierto… interés.
El caso es que Tobías, en sus largas horas empacando, le dio por pensar. Por pensar en qué había ocurrido. Qué pasó. Porqué Materia no le quería ver. Porqué Materia… empacando y empacando, un día, absorto en sus pensamientos, abrió una caja y vio… un muñeco. La conexión mental de Tobías fue inmediata. Ese muñeco era su hijo. Un hijo concebido en secreto. Materia, tan así, solo podía haber concebido un muñeco de plástico. Un muñeco de plástico muerto.
Tobías sintió tanto miedo….
Pelando peces está todavía allí. En fin.

viernes, 12 de mayo de 2017

Jaén - Vilches. Vuelta.

Qué bonito y qué sensible. Vamos de vuelta. El viaje de vuelta no es el mismo que el viaje de ida. No hablamos ya de sensaciones, de ir de día y de volver de noche, hablamos de un viaje tan distinto que parece que incluso las carreteras por las que viajamos son diferentes, siendo las mismas. Viajar de noche, conducir de noche, luces largas, luces cortas. No crean que fue fácil aprender cómo iban las luces largas y las luces cortas. No crean que es fácil nada.
Salimos de Jaén en una horquilla horaria que se mueve entre las diez y las once de la noche. El tiempo estimado en el regreso es el mismo que en la ida, unos 40-50 minutos. Salimos del hospital y ya el trayecto de salida del hospital tiene su qué. El carrilillo lleno de gatos y con una tapadera de la luz (o del agua), que está salida en mitad del carrilillo que ahora la esquivas por la izquierda, ahora por la derecha. Según. Ojo con el volantazo. El carrilillo va a dar a la avenida, carretera, como se llame, de Madrid, carril lateral. No se ve un pimiento al salir y sale uno un poco por intuición. Lo hemos ido comentando a medida que hemos ido viendo que se sale del hospital un poco a lo que salga. Un mes así. A lo loco. Nunca viene nadie por la izquierda, pero… entonces para qué hicieron el carril ese si no viene nadie. Y así vamos pasando los días.
Salir y primera rotonda. Qué risa cuando uno de los primeros días nos paró la guardia civil para hacernos un control, que no nos hicieron el control, nos preguntaron si había bebido y nos dio la risa. Vamos enfilando y a medida que vamos saliendo de Jaén, vamos comprobando que hace falta una mano, una sencilla mano de asfalto, en esa salida. Primera salida a la derecha, segunda salida a la derecha, curva que se hace larga, curva que se hace más larga y vamos a dar a la autovía que nos lleva a Bailén. Al salir, diez contra uno a que hay camiones en el carril que ocupes. Camiones y camiones. Y algún listaco que viene muy deprisa. A veces el listaco puedes ser tú, pero tú o yo o el amor, no venimos por detrás a hacerte luces ni a meterte prisa ni a nada. Tenemos prisa por llegar. Porque queremos llegar. Hay que dormir, hay que descansar. También, por qué no decirlo, si llegamos más o menos a una hora decente, podemos aprovechar para tomar algo si hay algo abierto y ya nos despejamos un poco. Lo de despejarse, qué cosa.
La autovía hacia Bailén. Dice mi tita Antoñita que incurro en errores geográficos en la descripción. Me dejo las luces encendidas del coche después de haber dejado el coche sin batería por lo mismo, me dejo el coche abierto un día sí y otro también, en mitad de un trayecto he de tocar el cambio de marchas para recordar en qué marcha voy, tiemblo de pensar que un día se encienda alguna lucecita que no controle, hoy he visto el cartelito de la ITV y me da pánico pensar en tener que pasarla, hay que mirar de hacer el cambio de aceite… errores geográficos dice..
Autovía hacia Bailén. A qué distancia estará Bailén. A qué distancia estará todo. En teoría la distancia entre Jaén y Vilches es de unos 69 km. 70. Quien dice 70 acaba diciendo 80 y de ahí a 90 o 100... la gente te acaba diciendo que ea, que 100 kilómetros de ida y otros 100 de vuelta. Adelanta camiones, camioncillos. Comparte tramos de viaje con las furgonetas de las empresas de reparto. Un ratillo. Hasta luego.
En el viaje de vuelta coincidimos con el final de las retransmisiones deportivas en la Ser. Me ponen muy nervioso. Hablan unos encima de otros. Adrede. Lo hacen adrede para parecer más, para hacer ver que están viendo un partido entre colegas, yo que sé. O la tertulia de la Ser. Ganas de apagar la radio. Alguna vez le he dicho a mi hermano que la cambie, que la cambie, que da igual lo que pongan en Radio 3, que ponga música. En Radio 3 escuchamos el vuelo del Fénix, o el programa del Senyor Novelles, o el grandísimo programa de los Hermanos Pizarro, o… el caso es escuchar música. El sentido del viaje es ese. Escuchar algo. Escuchar a gente hablando de lo espantoso que es Podemos. Sobre productores portugueses de Heavy Metal. Canciones extrañas de electrónica que no dicen nada. Discutir con mi hermano. Quitar la radio porque mi madre habla por teléfono.
Al poco de entrar en la autovía, mientras adelantamos camiones, aparece la señal de Las Infantas-Villargordo. Es curioso, pero tan solo en el camino de vuelta me pongo a pensar sobre el nombre de Villargordo. Debe ser una deformación de ‘Villa el Gordo’. O a lo mejor es un ‘Villar Gordo’. Hay un pueblo que se llama Los Villares. Cuando quieres llegar a alguna conclusión, ya estás viendo el cartel de Mengíbar. Mengíbar de noche es como cuando estás llegando a Tarragona y ves la Química. Luces. De día, el paisaje es precioso, ya lo he dicho. De noche, el paisaje no es paisaje. La luna llena. Fijarte en los camiones, en el mamón de las luces fuertes, en la carretera. Te da la impresión de que una vez que pases de Mengíbar ya vas a llegar al final de la autovía. Pero todavía falta subir y bajar alguna cuesta. En el tramo de vuelta no hay badenes. A 120 se va de narices. Los días que ha llovido con ir a 100 o 110, ibas tan a gusto. No tenemos prisa.
Nunca hemos visto llover tanto por aquí. De noche no se ve, pero de día el paisaje es genial. Verde. No amarillo como cuando venimos en agosto. Cambia mucho. Cuatro frases. Todos los días. Todas las noches. Nunca hemos visto llover tanto. Nunca habíamos estado tanto tiempo por aquí. Al menos en fechas que no… estamos llegando a la salida de Bailén. La salida de Linares Jabalquinto. No, no es esta salida, es ya. Es ya. No. Hubo un día, solo uno, que me salí por aquí. Error. Una vez, hace mil años, hice el camino por Jabalquinto. Con el Fierro. Es en esta cuesta. No. Es en la siguiente. La rotonda. Los primeros días, cada vez que llegábamos a la famosa rotonda, su puta madre de la rotonda, pasaba un coche. Siempre. Cinco a uno a que pasa un coche. Toma. Ahora hace tiempo que no pasan coches. Cogemos la autovía hacia Linares. Animales muertos en la carretera.
De día no te das cuenta, pero de noche ves muchos animalicos muertos en la carretera. En la autovía hacia Bailén, en la de Linares, hay señales de ‘ojo que se cruzan ciervos’. Ciervos no se cruzan, pero conejos, liebres y animalicos varios sí. Animales aplastados en la carretera. Yo creo que maté hace poco, nada más salir de la rotonda a un conejillo chico. Mi hermano ni se dio cuenta. Cuando entro en la autovía, noto como que el coche se queda pegado al asfalto. Es otro asfalto. Sigo. Nada, al poco, ya veo el cartel de Linares Arquillos. Mil metros. Quinientos. La curva. Mi hermano dice que la curva la tomo cada día de una manera. Es una curva cerrada, que es larga y se va cerrando y abriendo o al revés. Cada día de una manera. Errores geográficos. Cuando ya salimos de la curva, estamos en la circunvalación y empieza el juego de las luces largas y las luces cortas. Ahora. Ahora. Ahora no. Ahora viene uno. Ahora no. Ahora. Y así se pasan esos kilómetros. Asfalto del que notas el asfalto debajo. No suele haber coches delante. No te sueles cruzar con ninguno tampoco. Ahora sí.
Llegas al final, mucho después de lo que tú te crees. Al cabo de un mes he sabido distinguir y localizar el inicio de la circunvalación que tengo tan claro a la ida, pero no a la vuelta. Es una curva larga, cuesta abajo. Claro, es la misma que la cuesta arriba de… claro. Ahora lo entiendo. La carretera no es igual. De día, este tramo entre Linares y el cruce pasado el Piélago, es de conducción gustosa. De noche, una mierda. No ves la carretera, coño. No ves las líneas. No ves. No lo ves. ¿No lo ves? No las ves. Si vas embalado, no ves las curvas. Pues no vayas embalado. Un par de noches tuvimos delante un autobús de Bibiano, lo que da para contar anécdotas sobre conductores de autobús, sobre autocares, etc. En Vadollano aflojas. Luego la curva, luego la cuesta abajo con la curva. Los coches que se cruzan. Largas, cortas, largas, largas, largas. En quinta siempre. Venga. Que llegamos. Que el tito dice que en 40 minutos no llegamos, y sin forzar, mira. Venga.
Hacemos el Stop. Antes del Stop hay un bachaco o una elevación o yo que sé que hace que se te abra el coche entero. Haces el Stop y subes para arriba. Subes para arriba y bajas para abajo. El asfalto es como un rallador. Rrrrrrr. La carretera no es la misma que a la ida. Es como si hubiera dos viajes. Creo que es en el cortijo de la Marquesa cuando creo que yo veo el tren. No es el tren. Es el cortijo. Pero veo las luces y pienso que es el tren que llega a la estación de Vilches. Y no es el tren. Qué tren, me dice mi hermano. En fin. Seguimos y ya llegamos. La carretera con esas líneas que no se ven, que no se ven, que no se ven. Repítelo todo tres veces. Un dolor, un dolor, un dolor. Con el bracillo, con el bracillo, con el bracillo. Ya estamos en la cuesta del valle. Una curva. Otra curva. Reduzco o no. No. Sí. No. Yo que sé. Subo. Venga, subiendo. La casilla. ¿Vive alguien en la casilla esa o no? La curva de entrada que no se ve bien y que parece que te vas a ir a los cascarones, pero no, entras por la avenida de los Olivares. Ajá. Trabajo de documentación. Avenida de los Olivares. Jamás lo hubiera dicho. Olivares. En catalán, oliveras.
Veo gente en un portal, es lo de Ginés, pero como no hay ni un cartel ni mesas en la calle, veo que es lo de Ginés siempre ya después. Veo gente en lo del Pichi si es fin de semana, veo gente en lo del rafi, en lo del ágora, vemos gente. Vamos para casa. Nos paramos a comer un bocadillo o vamos para casa. Vamos para casa. O nos paramos. Cuando viene mi madre no nos paramos. Si no, por hacer algo… vamos para casa.
Bajamos, las elevaciones esas, los badenes esos de la velocidad, quitamiedos, o quitanosequé. El otro día vimos a la maricasti cerrando la tienda y eran las dos mil. Once. Once y pico. Bajamos. La rotonda. A los de la cofradía de las lágrimas los hemos visto algunas veces. No salimos de nuestro asombro. En el Baesucci no se sabe. Vamos por la estación y está el BX del padre de Rodrigo. Bajamos. Pontanilla. Dejo el coche siempre a un metro de la acera. Joer, déjalo más cerca. Joer, qué portazo. Joer, saca las llaves. Joer, el coche abierto. Joer.
Que hemos llegado. Cómo va el tema. Hasta mañana. Bona nit i tapat.

jueves, 11 de mayo de 2017

Vilches - Jaén. Ida.

Como su fuera una road movie. Pero en las road movies se paran y hacen cosas. En este viaje no paramos ni a echar gasolina. No hay parada. Deprisa. Esto no es ninguna road movie. Salimos a las nueve, o a las nueve y media. Vale, algún día salimos a las diez. Subimos por el Camino Real, a veinte, a treinta, despacito, porque si te embalas están los baches esos que están elevados para que no corras en los pasos de peatones que te los tragas siempre. Mi hermano se ha dado cuenta de que no suelo respetar los pasos de peatones. Yo me había fijado. Doblamos a la derecha en el cruce y enfilamos hacia la calle… pues no sé cómo se llama la calle. La calle del Pichi, la calle de Ginés, la calle del DiA, la calle de la tienda de la Catalina, la calle de las flores, la calle de la antigua cooperativa. Esa calle. Lo último que ves antes de salir del pueblo es el Tanatorio. En esa misma calle. Exagero un poco, claro. Está la casilla esa que no sabemos si es una casilla o es una casa de verdad donde vive gente. Pero ya está. Primeras curvas, la cuesta del valle, asfalto rugoso. Es una carretera que va desde Vilches hasta el primer cruce. Cuesta del valle, curveando, la radio suena, casi siempre hay un debate en la Ser. Algunas veces, cansado de escuchar a tanta gente de bien, me pongo Radio 3, aunque ya hace mil años que no ponen nada en Radio 3. Qué mentira tan gorda, el otro día escuché una canción muy guapa de Dan Auerbach. Sigo. De día el viaje es plácido por esta carretera, no hay muchas curvas y la rugosidad del asfalto da impresión. Una impresión buena. Tras una pequeña elevación del terreno, pasando por la finca esa que creo que es de la Marquesa, vamos bajando. Hay una posibilidad de aventura, que es ir por el puente de Chocolate. No sé si aquella vez fuimos por el puente de Chocolate. No creo. La última vez que fui por allí fue cuando me dejé las luces encendidas y montamos el chocho de las pinzas y no podíamos abrir ni el capó y… medio pueblo movilizado por el puto coche. El coche. Pocas cosas me pasan con el coche. Qué cabeza, qué falta de destreza. Qué desastre. En mis manos todo, y qué desastre.
Enlazamos en el cruce con la carretera que va a Linares y Arquillos. Vamos para Linares, una vez que pasas Vadollano y su curveo, entras en zona de llaneo. Puedes ir más o menos a buena velocidad si no pillas a un pillao con liria de esos que no corren. Que no hay que correr, pero tampoco hay que conducir como si… es que llevo prisa. Y se conduce bien. Me gusta esa carretera. Incluso me gusta la circunvalación de Linares. El tiempo que se ahorra sin tener que atravesar Linares. Hay tres o cuatro salidas. Si pillas a uno que va muy despacio, es que sale en Linares algo. Hay un momento en el que se ve al fondo Jabalquinto. Andar, andar y Jabalquinto a la par. Mi madre puede repetir esta frase mil veces. Andar, andar y Jabalquinto a la par. Jabalquinto, se ve arriba de un cerro. Jabal, del árabe yebel. Así de listo soy. Ella dice lo de jabalquinto a la par y yo digo lo del yebel. En cada viaje. Al cabo de un rato, cogemos ya la mini autovía que lleva a Bailén. Son siete kilómetros que ni te enteras. Llegas a la puta rotonda y su puta madre de la puta rotonda. Y enlazas con la autovía de Granada. Que es la autovía de Málaga. Que es la autovía de Cádiz. Y que es la autovía que lleva a Jaén.
Las montañas al fondo. A medida que vas acercándote a Jaén, las montañas esas tan grandes… si está lloviendo como estos días, si hay nubes, el contraste de las montañas y las nubes es bestial. Saldrían unas fotos tan chulas si uno supiera hacer fotos conduciendo… si le dijera a mi hermano de hacer fotos… pero no tenemos ni una foto. Vamos avanzando y vemos la salida de Jabalquinto, y la cuesta grande de Jabalquinto, y la gasolinera de Jabalquinto. Andar, andar y Jabalquinto a la par. Y, después de un mes de viaje… un mes ya.
Después de un mes de viaje creo que Mengíbar está a mitad de camino entre Bailén y Jaén. Y parece que estás llegando a Mengíbar, y ves Mengíbar, y al cabo de un rato creo que vuelves a ver Mengíbar o bien es otra salida de Mengíbar. Y hay un momento tremendo, que ya he contado otra vez, en el que se ve, al subir una pequeña cuesta y enfilar la cuesta abajo un paisaje que no puede ser más bonito de unas lomas amarillas y verdes y marrones y amarillas otra vez, que las debería haber pintado mi padre, o quizás ya las ha pintado. Qué bonito paisaje, caramba. Todas las veces que bajes. Pero al lado hay una fábrica. Justo. Un algo. Que rompe el tema. Y pasas por debajo de un puente y parece que en vez de farolas hay cruces. Y empiezan los badenes y el coche empieza el sube y baja. Y recuerdo que el primer viaje, hace un mes. Iba hablando con Marina, pero me daba cuenta de que no había badenes. Ni me di cuenta. Luego ya me he dado cuenta de que sí, que no los han quitado. Y cuentas los kilómetros. Ahora 25. Ahora ya 12. Y está la señal de salida a Las Infantas y Villargordo.
Y ya aparece Jaén al fondo. Como arrinconado contra una montaña que no es tan alta como las montañas que tiene al fondo. Y esas nubes cuando hay nubes. O el cielo muy azul cuando hace sol. Cuando hace sol, cuando hace calor, estamos en mayo pero ya te asas. Cuando hace frío, caramba, hace frío. Nunca he visto llover tanto por aquí. Nunca he estado tanto tiempo por aquí.
El primer día me equivoqué de hospital y me fui al de arriba. Ahora ya sé entrar, sé hacer la rotonda, miro siempre las vías del tranvía que no circula, hago la curvica que hay debajo de la señal de la Shell. Mi madre cuenta siempre que allí hizo la mili mi tito Bibiano, pero no sabe decir dónde. Hay una salida, luego hay otra salida y ya entras en la avenida de Madrid, o carretera de Madrid. Y se me llena la boca de Madrid cuando digo Madrid. Y entras y te crees que en Jaén no hay ni un coche y en la segunda rotonda hay caravana. Y ves el wok, y el concesionario de la Mercedes que se anuncia en la radio y que queríamos matar al del anuncio y resulta que es que no… qué torpes. Gemma Nierga. Insoportable. 180  grados. No sé qué es peor. La segunda rotonda. Siempre hay coches. No sé qué chirimbolo hay en la segunda rotonda. Haces la segunda rotonda, está el Teppanyaki delante. Pienso siempre en que un día tendría que venir a comer al Teppanyaki. Hemos ido al wok dos veces, nunca más. Hemos ido a todos los chinos de al lado. Me he comprado una mochila azul en el chino primero para el ordenador. Jubilaré la Munich. Le he puesto una chapita de Un país en Comú. La tienda de ropajes. La otra tienda de los chinos buscando un lapicico para el móvil para mi madre. Un mes pensando. El castillo al fondo. No he ido al castillo, ni a la catedral. En un mes. Un mes pensando en ir. Un mes pensando.
Llegas, entras. Haces la paradiña en la entrada por si acaso. Nada. Nunca. Sigues, buscas, convencido de que vas a encontrar. Y encuentras. Aparcas. Con aquella gracia para aparcar. Compruebas que has dejado el coche cerrado. O no.
Un mes. A 120. Sin forzar.

miércoles, 10 de mayo de 2017

El beso de la mujer araña - Manuel Puig

Una biblioteca ‘popular’ en el bar Berenguer. Coge un libro. Este mismo. El beso de la mujer araña. Manuel Puig. Sé que hay una película, con William Hurt y con Raúl Julia. Y con Sonia Braga. Sé que el libro va de un activista de izquierdas y de un homosexual que comparten celda durante algún periodo dictatorial en Argentina. Sé que la película la habrán dado mil veces. No la he visto. No he leído nunca el libro.
El libro ya está explicado. Pero el libro tiene algo. Un homosexual condenado por corrupción de menores y un activista de izquierdas (me repito), comparten celda. Para pasar el rato, Molina, el homosexual, le cuenta películas a Valentín, el activista. Molina le cuenta primero una película sobre una mujer pantera. Se la cuenta, como después vendrán otras películas, y por medio aparecen conversaciones sobre las vidas de ambos. Sobre porqué están allí por ejemplo, no hablan casi nada. Hablan de cosas. De sus relaciones. De quién están enamorados, de a quién quieren de verdad. Hablan de las películas, de porqué les gustan esas películas, de porqué Valentín se metió en política, de porqué no puede involucrarse sentimentalmente con nadie, de lo que significa ser un activista, cosas que Molina no entiende. O sí. O no quiere entender.
Hablan de lo que le gusta a Molina de los hombres. De porqué él no se siente un hombre. Aunque es un hombre. Del hombre que le gusta, un camarero en un bar. De otras películas. Una película de zombies sobre una rubia que va a una isla y su marido por poderes tiene un pasado turbio. Una película alemana nazi sobre una cantante francesa que se enamora de un militar alemán y de lo que ella hace por él. Una película sobre una antigua cantante que se enamora de un periodista y el periodista se enamora de ella, pero eso no puede ser y acaba mal. Y más o menos casi todas las películas que cuenta Molina acaban mal. Y en ningún momento hay una película que se llame El beso de la mujer araña. Y no me imagino el papel de Sonia Braga. Igual es como se imagina él que es ella cuando es ella. O algo así.
Un libro escrito con giros, con reflexiones a pie de página sobre la homosexualidad, sobre lo que dicen de porqué, mucha gente muy lista al parecer.
Y al final pasa lo que pasa. Y pasa. Y nada es lo que parece y a lo mejor si es lo que parece. Y el uno se cree que el otro es y a lo mejor no es. Esto último no dice nada, pero tampoco lo voy a quitar. Y el final es como una inmolación. Y me ha gustado mucho.
Y yo no le hubiera puesto la cara de William Hurt a Molina, le hubiera puesto la cara del propio Manuel Puig, no sé. Y me lo he ido leyendo en salas de espera, en pasillos, en habitaciones. Y cumple con lo que uno busca de un libro. Que te ayuda a escapar.
Qué cosa se me acaba de ocurrir. Qué símil.

martes, 9 de mayo de 2017

La alternativa

Como está haciendo frío, me he acordado de Francia. Hace un par de días que ha habido elecciones presidenciales en Francia y la victoria de Emmanuel Macron me ha provocado una serie de reflexiones en cascada que, a falta de mejores incentivos, me atrevo a compartir.
Resulta que he perdido buena parte del contacto con la realidad. Salvo las redes sociales y la cadena Ser, no he seguido lo que ha pasado estos días con estas elecciones y salvo mi hermano, no he podido taladrar a nadie con mi pensamiento político avanzado. Así que hay voy.
Resulta que escuchando la Ser y viendo según qué medios, o leyendo lo que opinan algunos en las redes, debemos estar cuando menos contentos y aliviados porque Macron y su partido socioliberal ‘En Marche’ han conseguido auparse con la victoria contra la fascista Marine Le Pen. Durante la campaña, el esfuerzo mayor del reino consistía en identificar a quienes no fueran ‘con Macron’ como filofascistas, colaboracionistas, miopes políticos, etc. Melenchon, el candidato de la izquierda que ha punto ha estado de meterse en la pelea final, decidió no mojarse, no abrazarse a la bandera y no decir que llegado el caso, había que frenar al fascismo y votar por Macron por responsabilidad o porque… pues no. No lo hizo. Y se llevó palos. Y se los sigue llevando. Y se los llevaba ya en la campaña propia creo que por estar, únicamente, allí. Molestando. Molestamos. Cosa que ya sabemos desde siempre, por eso muchos prefieren ‘llegar a esos momentos de la verdad en los que nos unimos todos y parece que todos somos uno y ya no hay enfrentamiento y nos unimos contra un enemigo común’.
Y nosotros, qué. Nosotros, me refiero a que cuándo alguien nos va a apoyar a nosotros. Cuándo alguien, incluso de los propios nuestros, va a reconocernos algún mérito, va a demostrar capacidad de unidad más allá de lo retórico y le va a importar una puta mierda si dentro del debate de la UE se es muy UE o poco UE o un tanto UE. Cuándo alguien, sobre todo de los nuestros, va a remar por construir de manera efectiva una alternativa a lo neoliberal, reformista, capitalista, mierda.
Unos minutos después de ganar Macron, un responsable de la UE, italiano, decía que la victoria de Macron facilitará toda una serie de políticas de reformas que Francia y la UE necesitan… como por ejemplo la de un mayor control de la inmigración y… un discursito que si lo dijera la Le Pen, fliparíamos. Pero lo dice el otro y estamos contentos. Respiramos aliviados ante la victoria de…
Y tenemos la sensación de que hemos ganado todos y nosotros, realmente no ganamos nunca. Ni siquiera parece que nos esforcemos en hacer algo para ganar nunca más allá que ‘a partir de ahora hay que construir una alternativa’. A partir de ahora.
Macron. Macron se va del Partido Socialista, del que era ministro, porque lo considera demasiado de izquierdas. Repito, se va del Partido socialista porque lo considera de izquierdas y consigue… el apoyo de buena parte de los responsables de su propio partido que no están muy allá ante la victoria en sus propias primarias de un candidato más… de izquierdas (en los parámetros socialistas, ojo). Pero tenemos que estar contentos y apoyarle y… luego ya veremos.
Hoy han dicho que Manuel Valls, que se presentó a esas primarias y las perdió, se pasa al partido de Macron. Dice que es socialista, que es de izquierdas, pero que el partido socialista está muerto. Y la gente, al final, lo que ha querido al parecer, es derecha.
Derecha de centro, derecha extrema, derecha en lo económico, derecha en lo filosófico. Derecha.
Dentro de nada hay elecciones primarias en el PSOE .Dos candidatos a disputarse el mando. En la Ser, el tufillo es el siguiente: en realidad, lo que ha ganado en Francia es un partido socialista nuevo (en marche) que es como debería ser el partido socialista, un partido de centro reformista, no un partido de derechas que de miedo, solo que sea… desconfían de las aventuras, de los izquierdismos, del populismo. No soportan a Podemos. Es la nueva Izquierda Unida. Escuchas las tertulias y están convencidos de vivir en 1986, en 1991, en un escenario en el que no hay nada, en el que el PSOE es el faro, el foco. Sea cual sea el candidato ganador, no dejará de ser el PSOE del siglo XXI, un partido que lucha por seguir siendo. En Europa desaparecen, no cuentan. Aquí debemos ser hábiles como para demostrar que no son alternativa, que no lo han sido, que no lo van a volver a ser. Que no son la opción para plantar cara a la puta mierda.
Y nosotros no tenemos que pedirle perdón. Nosotros tenemos que construir. Que montar. Que hablar. Que organizar. Que hablar mucho con la gente. Demostrar que somos gente que más allá del folclore, es capaz de ver, de pensar, de trabajar, de hacer cosas útiles. Soy muy pesado.
Porque si no, esta puta mierda es más de lo mismo. Mucho mucho, pero al final, debes apoyar al reformista de turno, al social liberal que te espante al fascista. Y si no lo haces, sospechoso eres. Sospechosos nosotros que hacíamos las movidas esas de repartir folletitos contra PXC. Banalizar el fascismo. Me cago en la puta.
No sé quién de los dos es Macron o Valls. Al final no sé si ha quedado claro lo que quería decir. Lo hemos tenido punto. Lo seguimos teniendo a punto. No dejemos que nos cuelen el gol de siempre, no nos ofusquemos en temas que no son nada. No nos dejemos meter en su mundo.
Basta de hacerles el juego. Vamos a ser alternativa de verdad. Vamos a ser nosotros.
Dentro música.

lunes, 8 de mayo de 2017

Avanza. Ríe. Siempre.

En un monasterio. En un cubículo de un monasterio abandonado de una remotísima aldea de los Balcanes. En una habitacioncilla pequeña, minúscula, en una pequeñísima y mínima cuevecita a la que no se puede llegar más que por una sucesión de pasillitos, corredizos, grutas, escaleras empinadísimas y todos los tópicos e imágenes que se nos vengan a la cabeza sobre el lugar más aislado de todos los lugares solitarios y oscuros que uno pueda pensar. Allí encerrado, allí concentrado, allí, sin comunicación con el mundo, sin saber de nada ni de nadie, sin conocer lo que sucedía en Francia ni en el País Vasco, sin tener idea de los documentos ni de las negociaciones, sin saber de nombres ni de ideas, sin recordar si se movía o si volaba, sin más misión que escribir lo que tenía que escribir, sin más idea en la cabeza que hacer un texto que plasmase una idea. Que plasmase una idea que fuera bonita. Que saliera de allí un texto bonito. Una cosa bonita. De esas cosas bonitas que cuando las leías decías, qué cosa tan bonita has escrito, me ha encantado. Pero no.
No salía. Allí llevaba yo un mes. Dos meses. Tres meses. Era yo joven cuando vine. No era joven. No recuerdo si era joven o no. Quizás me había afeitado y me veía más joven. Estaba allí encerrado, lo había planeado todo para hacer realidad uno de esos retos a los que me obligabas, el de hacer algo. Me había planteado hacer las cosas. Había puesto los cimientos para dar comienzo a una prometedora carrera en el mundo de la literatura, más allá de los conchabamientos y los intereses, simplemente gracias a mi singular talento para escribir algo bonito. Algo bonito. Algo bonito.
Meses. Cuando uno está escribiendo y piensa en escribir algo bonito adrede, corre el riesgo de resultar afectado. Como lo sabes, no escribes. Y le das vueltas. Y vueltas. Y piensas. Cuando uno, además, está escribiendo y piensa en escribir algo bonito y no quiere que se note que está escribiendo algo bonito, sin el talento suficiente, sufre. Y sufre porque no le va a salir. Porque se va a notar. Porque qué vergüenza. Y qué mal rato. Y lo va a ver todo el mundo. Y lo van a leer y van a decir, qué moñada madre del amor hermoso. Qué hace escribiendo esas cosas pudiendo escribir otras. Escribe, escribe, escribe. Envíalo, mándalo, enséñaselo, habla, hazlo, dale. Y no. Meses. Años. Creo que era yo joven. Vine sin afeitar.
No me sale. No me sale nada. No me salía nada. Qué me estaba pasando. Me había olvidado de la risa. Y no sé cómo, recorriendo los caminos más intrincados, subiendo y bajando, rozándose contra la pared, saltando bordillos, con cuidadito, así, espera, que te das, corre, ahora, la frontera con Hungría, cuidado, que te sacan una foto, ojo. La risa me alcanzó. Era la tuya, menos mal.
Qué tontería. ¿Tú te imaginas que me olvido de tu risa?
Qué cosas se le ocurren a uno.


Las cosas bonitas que digas. Las cosas bonitas que pienses. Las cosas bonitas que te digan. Las cosas bonitas que ocurren durante un viaje en metro. Las cosas bonitas que pasan tomando un café con leche. Las cosas bonitas que ocurren escribiendo un correo electrónico. Las cosas bonitas que se te ocurren mientras se te están ocurriendo otras cosas bonitas. Las cosas bonitas que pasan viendo crecer una flor. Las cosas bonitas que pasan al abrir la puerta de la calle. Las cosas bonitas que ocurren en una tienda de ropa en la que nunca está esa prenda bonita que de repente se convierte en bonita porque las cosas adquieren el grado perfecto de perfección en tanto en cuanto se relacionan contigo. Como si fueran un campo de fuerza. Como si tú fueras ese campo de fuerza. Como si cada vez que algo entrase en relación con tu campo de fuerza, fuera bonito porque sí. Las cosas bonitas que pasan mientras hablas con alguien y te ríes y ese alguien de repente nota algo que parece que no entiende, pero sabe que no va a ser igual nunca más. Las cosas bonitas que ocurren cada día que uno recuerda el día más bonito que ha habido nunca en la vida, que no ocurrió más que a unos pocos pasos de aquí. Las cosas bonitas que provocas cuando dices, piensas, escribes, vas de un extremo de la calle al otro extremo de la calle mirando con cara de sorpresa las cosas que pasan, las cosas bonitas que pasan, las cosas que no son nada bonitas y que trabajas, piensas, piensas, piensas, haces, haces, haces, haces, para que esas cosas sean bonitas y que todo cambie. Y preguntas, y preguntas, y quieres saber y preguntas cómo se podría hacer, y estás y estás y estás preguntando cómo, cómo se podría hacer. Cómo se podría hacer para que todo fuera diferente. Cómo se hace. Cómo lo han hecho otros, cómo se hace. Quién lo hace. Y te ríes. Y cuando te ríes las cosas son más. Son mejor. De hecho, las cosas son cuando te ríes. Es una de esas teorías peregrinas que se me ocurren cuando estoy sin hacer nada, que suele ser muy poco tiempo, porque siempre hay que hacer algo. Así que las teorías peregrinas que se me ocurren suelen ser flojas, muy de andar por casa, pero al menos te ríes. Escuchar y reír. Y preguntar. Y hacer. Y proponer. Y pensar. Las cosas bonitas que pueden pasar si más gente diera con esa risa por la calle, en una conversación, en una manifestación, en una concentración, en un baile, en un concierto, en un paseo por la calle. Y quedarte mirando pensando en lo que va a pensar. Y había una propuesta que no ha salido adelante en la asamblea de la mañana sobre hacerlo todo con letras de canciones que no ha prosperado. Porque las letras de canciones ya están dichas y es muy fácil, a no ser que nos pongamos a recitar canciones de Antonio Orozco, o de Manuel Carrasco. No dejes de soñar. Y deja la a, así mucho rato. Y ni así, ni de esa manera, se me va la risa. Y las cosas bonitas que ocurren discutiendo sobre si el puño en alto sí o el puño en alto no. Todo es una risa. Siempre una risa. Siempre.

¿Tú sabes por dónde empezar? ¿Tú sabrías cuál es el comienzo? Si no lo sabes, seguro que lo preguntas. Si no lo sabes, remueves cielo y tierra para saber dónde está el comienzo, el origen, la solución. Preguntas, preguntas, cómo es, qué podríamos hacer para saberlo. Cómo se hace, con quién podríamos hablar, qué podríamos pensar para hacerlo. Para saberlo. ¿Cuál es el camino? ¿Dónde está la vía? Recogidos en una tienda, en el desierto del Gobi, unos cuantos soldados turcos, se preguntan cuál es el futuro. Cuál puede ser el porvenir. De qué manera se puede conseguir la conquista del Asia central. Cómo podemos conquistar China, China, que es tan grande, las estepas, la India. De qué manera se puede hacer. Y entonces entra alguien, se ríe, propone reírse y tirar para delante. Los mongoles no lo hicieron así, hablan de masacres y movidas varias, pero seguro que pasó así. Tuvo que pasar así. Seguro que entró alguien con un precioso pañuelo rodeando su cuellete y se rió y dijo… no sabemos lo que dijo. Sabemos que quien escribe las historias las escribe como quiere. Y ellos quieren que creamos que la historia se escribe de otra manera. En una reunión del partido obrero socialdemócrata de tantarantán se tiene que hacer la intervención definitiva, la intervención que va a hacer que los miembros del partido se pongan de pie y avancen. Y quien quiere hacer la intervención siente que el techo se cae sobre su cabeza. Que todo da vueltas. Que no es. Y por algo, un comentario, un tropiezo, alguien que se equivoca constantemente, que es incapaz de hacer nada a derechas, de saber ni siquiera estar de pie, de esos que están vivos de puro milagro porque vivir es una aventura, provoca una risa. Y con esa risa, de la reunión aquella, surge la chispa. Una risa. En un conventillo de Montevideo, unos uruguayos se quieren enfrentar al dictador de turno y proponen hacer un grupo subversivo, pero lo quieren hacer de manera que la cosa no termine como siempre, a tiros y a lágrimas. Cómo hacerlo. De repente se abre una puerta y alguien entra y lo hace riendo. Y con la risa nada más ya convence. Un cuadro flamenco, un grupo de personas que quiere bailar flamenco. Un grupo de personas que no sabe bailar nada de flamenco. Nada de nada. Y que van a bailar flamenco y que quieren bailar flamenco, pero les preocupa no saber, no hacerlo bien, no tener gracia. Y de repente, una de las que baila, se mira en el espejo y se ríe. Se ríe de sí misma bailando. Con los brazos arriba, la melena atrás, se ríe. Y todos bailan. Y al menos, por ver reírse a la bailaora, siguen yendo. Creo que la línea argumental de todo esto está clara. Sé qué no es muy allá, que te habrás reído más con otras cosas. Pero ya sabes cómo comenzar. Con la risa. No voy a poner muchos más ejemplos. Solo uno más. En cualquier momento, en cualquier parte, en cualquier situación, cuando la cosa se tuerce, cuando parece que se nos llevan los demonios y van a conseguir que nos volvamos todos locos y del revés y pensemos que no hay solución y que lo han logrado otra vez y que nos van a reducir a cenizas porque son muchos y tienen de todo y lo tienen bien amarrado, de repente, pasa algo y te ríes. Te ríes y sabes que esa es la gasolina. Es un argumento más viejo que el mundo. Y preguntas. Y te ríes. Y preguntas y con la explicación te haces más preguntas y con las explicaciones te ríes. Y te ríes de mí. Y te ríes de todo. Y es entonces cuando pasa como en esa película, en Excalibur, cuando con el conjuro se va congelando Merlín a medida que se va diciendo, pasa lo mismo pero al revés. Con cada risa, parece que se derriten. Se derrite todo el mundo. Y no quiero escribir más, porque ya todo el mundo debería saber lo que estoy diciendo. Es la risa lo que mueve el mundo. Es su risa lo que mueve el mundo. Es una cortina que es un mantel y que es una cortina y es la risa. Es ir por la calle a coger un papel y que parezca que es la mayor aventura del universo. Es cruzarte con alguien y empezar a hablar y que de esa risa el día mejore sustancialmente. Es una llamada de teléfono y escuchar la voz y que riéndote te pregunten que cómo va todo. Avanza. Dale. Es saber que, en el lugar más así del mundo, en cualquier parte de esas que recorres, en cualquier lugar, con un pañuelo al cuello, con un algo amarillo mostazoso, con unas botilla rojas, con el pelo rizado, con gafas, con la cara de buzón, pero con esa risa, simplemente con un poco de esa risa, funciona todo. Comienza todo. Siempre.

Feliz día A.