viernes, 20 de octubre de 2017

Miscelánea - Especial Navidad

Un día de diciembre sales a la calle y el suelo está humedo. Ha llovido tanto que se han formado charcos. No parece que haga tanto frío como dicen en la televisión, que se pasan la vida diciendo que hay una ola de frío terrible. Hace frío, pero aquí no hace nunca tanto frío como en otros sitios. Yo tengo frío. Mucho frío. En mi casa hace mucho frío, en la calle tengo frío, se me ponen los pies como témpanos. Piso los charcos y me da frío. No me gusta la humedad. No me gusta que llueva. No me gusta el frío. Voy a dar una vuelta y a mirar escaparates. Un día de diciembre está todo abierto y luminoso. Hace tiempo que no entro en una tienda a mirar ropa. No me pruebo nada de ropa desde hace meses. Esta Navidad intentaré comprar algo de ropa, intentaré ir de nuevo a por la chaqueta así recia y robusta que me quite el frío. Que tenga estilillo y que no sea especialmente cara. Siempre es la misma historia y siempre es imposible. Nunca pasa. En un día de diciembre vas a visitar los puestos donde venden adornos de navidad que no vas a poner en tu casa nunca más. En un día de diciembre esquivas como siempre los días de la cena de empresa, porque tú no tienes una empresa con la que cenar. Un día de diciembre te encuentras con el portal de Belén montado en la plaza y no le haces ni puto caso. Las fiestas de navidad y antes el puente de la Constitución, que este año han sido raras, pero han sido. Un día de Diciembre como todos los días de diciembre de todos los años.
https://www.youtube.com/watch?v=imdXxQNGnrY

El día de nochebuena quedas con algún colega para tomar algo de la cena con la familia. Vas a los bares y siempre te acabas preguntando si toda esa gente que no se va a su casa cuando son las nueve menos algo para ducharse y ponerse casa, no tienen casa o no van a celebrar nada. Este año las fiestas de Navidad van a ser muy especiales. Este año más que nunca tiene que reinar la paz y la armonía en las casas. Este año, debemos ser muy felices. Este año la felicidad debe ser desbordante. Este año no hay margen para que nos podamos permitir otra cosa que ser muy muy felices. Es la felicidad más grande del mundo. Este año debemos estar contentos de estar unos con otros, unos con los otros, todos juntos alrededor de una mesa, esperando a que alguien o algo traiga la comida a la mesa, ayudando a poner los cubiertos pero los cubiertos ya están puesto. Este año falta este, otro año sin que venga aquel. A ver cuándo. Y tú qué estás comiendo. Mira que mesa más bonita ha hecho mi madre. Vamos a poner la tele a ver qué dice la autoridad que quede sana de toda esta puta mierda. Vamos a poner la tele a ver si este año hay tele. Nos vamos a olvidar de la tele y vamos a poner la radio y vamos a escuchar algún programa de música que nos recuerde que nos gusta la música y que todo puede cantarse. Cantado todo es mejor. Y la Navidad nos depara momentos maravillosos. Y el discurso se acaba y me como otro taquito de queso.
https://www.youtube.com/watch?v=z41_1-ExUFw

De todo este lío saco en conclusión que lo mejor que puede pasar es una vuelta a la normalidad. Y nada como el mes de diciembre, con sus puentes, sus festividades, sus fines de semana que se empalman con los puentes y con las ganas de emprender un futuro lleno de alegría en el año que entra, para conseguirlo. Volver a la normalidad. Ir a hacer un papel al Ajuntament, otro día una gestión en un banco, levantarte por la mañana y escuchar la radio mientras hablan de que es una gran noticia que la comisión europea haya asignado a España una cantidad de gnifllfers que solucionará la carestía de lo que te dije. Y ir en el metro y fijarte en alguien que te gusta. Y leer en el móvil lo que te escriben, si has llegado al curro, si tienes curro, si estás bien, si te duele algo la espalda, si te has llevado el bocadillo. Y hablar en el curro del fútbol, de la peli que fuiste a ver, de un debate muy chulo que viste en la tele sobre la situación en Irak. ¿A quién hay que votar para conseguir todo eso? Yo voto a la navidad. Yo quiero que sea navidad. Que todo vuelva a ser como antes. Y llevar una camiseta de Kortatu y pensar en un futuro socialista. Pero no hoy. Hoy quieres llegar a casa temprano, dejar la mochila e irte a la maquinista a comprar regalos de Navidad y luego quedar con los colegas para pillar una casita rural en Santa Ubicació de les Opcions.
https://www.youtube.com/watch?v=-_URGYEPj2w

Me gusta la Navidad. Lo normal es decir que no te gusta la navidad, que odias todo eso de la felicidad impostada, la felicidad impuesta por los centros comerciales. La felicidad en la que nos volvemos hipócritas comprando y comprando y encogiéndosenos el corazón por que a la entrada de los centros comerciales hay gente pidiendo o gente recogiéndosenos cosas en los containers. La felicidad me gusta, aunque sea de mentira. Es el recuerdo de cuando eras feliz. Me acuerdo de las navidades feliz. De los cumpleaños feliz. De los días de la nosecuantas feliz. Feliz, feliz, en tu día, amiguito que dios te bendiga, que reine la paz en tu día y que cumplas muchos más. Bien. Y llevar bolsas de caramelos al colegio, feliz. Y comprar algún tipo de pastel o empanada para la reunión de colegas, para llevar algo porque algo tienes que llevar. Una botella de vino para el día de Navidad. Una para nochebuena y otra para el día de Sant Esteve. Son tres botellas, todas de tinto. Un día de diciembre, vas a tomar algo. Ir a tomar algo, hasta que se acabe la broma. Ir tomando algo. La broma. Se termina la broma. Ir a tomar algo como cuando ibas a tomar algo. Me gusta la Navidad, porque es un momento en el que la felicidad se impone por consenso. La felicidad por obligación. Me gusta que me obliguen a participar.
https://www.youtube.com/watch?v=KP2A_uuabhg

Yo antes trabajaba para una empresa. Me gustaba mucho trabajar allí, me sentía parte del equipo, me sentía un elemento relevante dentro de todo el organigrama de la empresa. Contaban conmigo para la toma de decisiones, acudía todos los días a trabajar con la ilusión de estar contribuyendo al crecimiento de algo. Todos los días había algo que, al volver a casa, podías sentirte orgulloso de. Cuando se acercaba la navidad, siempre había mucho trabajo y era una auténtica locura. Pero cuando llegaban los días señalados, siempre te encontrabas con alguna sorpresa, una buena sorpresa. Llegabas de nuevo a casa y con esa cara de satisfacción que te encontrabas al mirar en el espejo te dabas por bien pagado. No estaré ganando nada, no voy a ganar nada, pero estoy contribuyendo a algo importante. Ahora ya no trabajo en esa empresa, cambiaron los dueños y se volvió todo un poco más técnico, más frío. Yo hice lo que pude por adaptarme pero no duré demasiado. Un día, un día de diciembre, me dijeron que tenían que hablar conmigo y que después de las fiestas ya no era necesario que volviera. Fueron unas navidades muy especiales. Fueron las últimas navidades que pasamos todos juntos. Luego formé mi propia empresa y, bueno, lo que pasa. Nada es igual.
https://www.youtube.com/watch?v=4cXvc1h69QM

Felices fiestas para todos y para todas. Es el momento más esperado de todo el año. Ir a por mi hermano al curro. Traerlo a casa. Comer como a las cuatro de la tarde. Nunca hace frío. Acordarnos de la gente del pueblo de mis padres. Cantar aguilandos. Sacrificar el cordero. Bebernos su sangre. Traer a los esclavos para que limpien la sangre del suelo. Volver a encerrarlos en la habitación menos al bufón que nos canta y nos baila y nos cuenta chistes mientras comemos. Me gusta escupir al esclavo bufón mientras hace sus cosas. Mis padres se mueren de risa. Mi hermano también. Traemos un carromato lleno de estiércol y lo volcamos en mitad de la sala. Y luego invitamos a los vecinos y todos nos revolcamos en él. Son las mejores fiestas, mejores que las de Semana Santa o las de la Virgen de Agosto. Me gusta cuando vuelven a salir los esclavos y les obligo a comerse el estiércol. Destripamos a uno de los esclavos y nos bebemos su sangre. Y luego nos sentamos a ver la tele la actuación de Raphael y el otro especial que siempre dan. Y hablamos de Raphael. Y luego les decimos a mis padres que nos vamos porque hemos quedado, pero es mentira, nos vamos para que piensen que tenemos amigos y nos lo vamos a pasar muy bien, pero no es verdad. Me voy a mi casa y pongo un documental que dan en la dos. Cuando son las dos me voy a la cama para parecer que he trasnochado. Me sabe la boca a estiércol pero no me lavo los dientes.
https://www.youtube.com/watch?v=TCqGu4zzU8M

Feliz fin de semana y que todo nos sea propicio tanto en estas fiestas como en el año que entra.

jueves, 19 de octubre de 2017

No me chilles que no te veo.

Los acontecimientos se suceden. O no. No se suceden. Las cosas ya no pasan. Las cosas no están ocurriendo. Esperamos a que llegue la hora. Esperamos que pase algo que parece que va a pasar, que nos han dicho que va a pasar. Y no pasa. O nos dicen que no pasa. Y nosotros vemos que están pasando y nos dicen que no. Y nos dicen que pasarán otras. Otras cosas que no pasan.
Carlos Azagra, un ideólogo, un referente, lo ha dicho en un tweet. Es el evidente 'no me chilles que no te veo'. Hoy nuevamente el president Puigdemont debía decir algo que ya todo el mundo había entendido. Y lo ha vuelto a repetir. Pero el PP, Ciudadanos y también el PSOE, no han entendido, o lo han entendido perfectamente pero les da igual.
El día aquel, el día de Puigdemont en el Parlament, el día de la peña con la cara de pasmo en el Passeig Sant Joan, ellos, esa gente, fue la primera en darse cuenta de que allí no había pasado lo que nos dicen que debía haber pasado. No hizo la DUI. Pero al PP le ha dado igual.
Hoy, nuevamente el president ha dicho que no lo hizo, que todo el mundo lo vio, que a lo mejor lo hace porque si dice que no lo hace ya nunca a ver cómo se lo cuentas a la tropa... pero ha dado igual. El PP no tiene ninguna intención de parar. Pero parar qué. Ahora dicen que va a aplicar el sábado el mítico 155, pero dicen que va a ser 'una especie de 155'. Es decir, que dicen que van a hacer algo, que igual hacen poco. Es complicado. Es lo que hay.
Las cosas son complicadas. Nos dicen que somos ambiguos. Nadie habla claro, realmente. Pero es algo que está muy claro. No es tan complicado. Y hay que verlo.
La mani de las velas. Yo ahí no vi demasiado empuje. Dos de los líderes en la cárcel y todo es una concentración en la calle. O algo peor, no vi drama. Vi otra cosa.
(tengo que dejar de escribir como él, quiero dejar de escribir como él, no quiero escribir como él, debo dejar de escribir como él)
Lo que veo es que nos vamos asomando a una especie de precipicio, que el 155 es una puta mierda y que vamos a tener que volver a salir a la calle a pedir lo mínimo. Y que con la DUI, si lo que quieres es mandar a peña al frente, no sé cuántos de los que estábamos el martes con las velas estamos dispuestos a un enfrentamiento bestia. De otra manera.
Estoy en el bar. Esto es un invento que nos cuesta dinero, que lo paga el pueblo. La gente se bufa cuando sale en la tele Aznar. Y nada, que vamos tirando. Las cosas parecen rebajadas. Las cosas no parecen lo que son. Parecía, hace unos días, que estábamos de verdad ante el nacimiento de algo nuevo. Algo que era diferente, extraño. Ahora estamos como en un estado de hundimiento.
Los unos y los otros no saben cómo imponerse. Unos y otros saben que pueden tirar para delante a lo bestia. Pero no lo hacen.
Nosotros. Los míos. Los nuestros. No entendemos nada. No entendemos la actitud borroka de quien no escucha lo que dice el president, que no dice nada, que no quiere decir nada. Pero hay que darle palo. Leña. Incluso el PSOE se apunta, para que no le digan nada. Porque lo que decimos nosotros es estar al lado de los independentistas, dicen.
Nosotros. La república federal, el estado federal, el estado plurinacional.
Nosotros decimos algo que llevamos diciendo siempre. Con todos los nombres, con todas las siglas, con toda la ambigüedad que nos achacan. Pero no nos hemos movido. Y todo lo que hemos ido diciendo se va cumpliendo. Y ni DUI ni 155.
Y no sabemos si habrá elecciones. Si estos dos días son el apocalipsis. Aplicando el 155 y se acabará el procés y los indepes se achantarán. Con la DUI y la nueva República, nos desvinculamos y volamos libres.
Y seguimos. Otro día más. Otra vez de nueve a diez pendiente. Y otro día más. Y mañana es viernes. Y a especular. Y el sábado a ver qué dicen. Y así. Y la gente desgastándose. Y la peña con un humor de mierda. Y las frases heroicas. Y la épica. Y toda esa mierda.
Y nos sigue llegando la hostia poco a poco. Una hostia múltiple. Una hostia que no da ganas ni de chillar ni de ver. Una hostia, al fin y al cabo.

miércoles, 18 de octubre de 2017

Sueño contigo. Qué me has dado.

Son muchos y muchas las que me contáis que la reciente situación que se vive en nuestro amado territorio patrio os impide conciliar el sueño como deberíais. No ha sido mi caso. Quizás porque he somatizado la tensión mediante unos dolores de espalda terribles, que ayer por cierto cesaron, o porque cuando caigo en la cama lo hago tan cansado que me duermo como un conejo.
Sea como sea, esta noche no ha sido así. Puede que me haya desarropado o por cualquier cosa que se me escapa, el caso es que esta noche he tenido el sueño irregular. Creyendo que iba a ser una noche toledana, finalmente he caído y he soñado. Y qué sueño.
De todos es sabido que mi relación con los coches, con la automoción, con los viajes en coche es controvertida. Desde los lejanos tiempos de 'las curvas no se me dan bien', hasta nuestros días de no saber abrir el capó, todo lo relacionado con el coche y el viaje es un problema. Luego nunca pasa nada, o casi nada, pero ahí ando. Sufro. No lo llevo bien. Nadie lo nota cuando me ve conducir, pero paso lo mío. O lo nota.
El caso es que esta noche he soñado que iba en el coche con mi hermano como copiloto. Se supone que hacíamos el viaje de regreso desde Vilches, Jaén, a Santa Coloma de Gramenet. Acabábamos de dejar un primer tramo de carretera para llegar a la autovía, y yo le comentaba a mi hermano que habíamos pasado los primeros cien kilómetros en una hora. Es un sueño, en la realidad el primer tramo no dura más de siete kilómetros.
Entro en la autovía y veo que el paisaje, el fondo que se dibuja delante de mí, es el de unas montañas como dibujadas, en colores negros, naranjas, marrones, con formas picudas, contorneadas como si fueran eso, dibujos hechos con un rotulador. Pienso que el asfalto es bueno y que debe ser Despeñaperros, se lo digo a mi hermano y voy avanzando por una autovía que parece únicamente hecha para nosotros.
Pero delante nuestro aparece un coche y me dispongo a adelantarlo. Igual no he hecho mucho hincapié en lo de las montañas como dibujadas y pintadas de colores, pero esa primera impresión al verlas todavía me... Cuando voy a adelantar al coche de delante, miro por el retrovisor para ver qué tengo detrás.
Y cuando miro, lo que me devuelve el espejo es la cara de la conductora del coche de detrás que es la de Ana Risueño, la actriz Ana Risueño (que cuando todo ha sucedido no le he puesto el nombre de Ana Risueño, sino el de Alicia Borrachero, y he tenido que buscar su cara cuando se ha visto que no correspondía el nombre con la cara y a ver porqué se me ha aparecido la cara de Ana Risueño), con una cara especialmente blanca, el pelo negro y un corte similar al de la foto. En su rostro se dibuja una risa siniestra. Una boca como una raja, medio abierta, de la que salen como unos algodones blancos, difuminados. No es un humo blanco, no es vapor. De su boca sale como algodón, como cuando rompes el algodón y se queda la bola deshecha. Ese algodón en esa boca y esa risa y esa cara. Y me asusto.
Y me dispongo a adelantar, como espiritado porque me he asustado. Y al cambiarme de carril, no me fijo que en el carril que ocupo se encuentra otro coche delante. Un coche delante que me voy a comer, contra el que voy a estamparme yo en el coche acompañado por mi hermano. Me voy a comer el coche de delante sin remisión, pero el coche de delante es también un coche fantasma, como lo es la imagen de Ana Risueño. No lo he dicho. La imagen de Ana Risueño parece la de un fantasma. Y me como al coche de delante pero el coche de delante es transparente, es incorpóreo, es inmaterial, es su puta madre.
Porque del susto empiezo a gritar y me cambio de carril y quiero coger la primera salida que se presenta mientras grito y asustado... suena el despertador y son las siete de la mañana.
Y a ver porqué se me ha aparecido la cara de Ana Risueño.

martes, 17 de octubre de 2017

#Parlem

¿Y ahora qué? ¿Ahora con quién quieres dialogar? ¿Dónde estáis ahora los del Parlem? Pues es verdad. Se acabó. Se ha demostrado que la opción de intentar una opción que vaya hacia un referéndum pactado y vinculante, para saber qué es lo que quiere ser Catalunya respecto a España y qué es lo que de esto saca España respecto a sí misma, parece que no lleva a ninguna parte.
Parece evidente entonces que, después de la detención ayer de los dos Jordis, la mejor opción es la de tirar para adelante. No hablar, no dialogar y apostar por una declaración de la República catalana que de definitivamente el golpe encima de la mesa y deje claro que ya no hay marcha atrás. No hay marcha atrás. Si el Gobierno español parece abocado a enviarnos directamente a un sistema de falsa democracia (más falsa) en la que no todas las ideas sean molonguis y en la que a la mínima te entrullan, te enchiqueran, te enseñan quién manda aquí, parece más razonable ir por la vía unilateral y tomar el camino de salida. O de entrada.
Amigos, amigas, compañeros y compañeras, conocidos, caras de facebook, personas en twitter, revolucionarios y revolucionarias, tenéis razón. He incurrido en un error de diagnóstico y no he formulado bien la respuesta a la situación. Es la hora de echarse a la calle y de plantar cara a la represión, pero no con simples manifestaciones y caceroladas, no con llamamientos a la calma y al trabajo, al menos con el diálogo entre quienes no estamos por el mantenimiento de esta mierda, aquí y fuera de aquí. Es la hora de algo que no sé qué es. Algo que no se ha hecho, algo que nadie está haciendo. Pero es algo que no es 'parlem'. Es algo valiente, es algo arrojado, el algo que va más allá de cagarse en su puta madre en las redes sociales. Es algo más. Es algo que no se ha hecho todavía. Qué. No lo sé, pero se me ocurre imaginar otros procesos revolucionarios (¿estamos hablando de una revolución, no?) en los que no han faltado (o no han sobrado) los revolucionarios y las revolucionarias. No hablemos más, no busquemos diálogo.
No forcemos un cambio en la correlación de fuerzas, no señalemos que el PSOE está haciendo un papelón, no erosionemos sus bases y sus cuadros, no, entreguemos directamente al enemigo a toda esa gente, nosotros no tenemos nada de qué hablar. Nosotros tenemos que actuar.
Proclamemos una República que ni siquiera el día y la hora señalada se tuvo la fuerza para proclamar. Hagámoslo ahora, ahora mismo, ya, pongamos a la gente en la calle, agudicemos el conflicto. Montemos un pollo guapo. Vayamos. Yo, que pertenezco a un movimiento de izquierdas, dejo a un lado mi miedo y mi acobardamiento burgués y me lanzo a la calle a combatir. Como el resto de compañeros y compañeras que están llamando a... qué. Qué es lo que tenemos que hacer si no es al menos hablar entre nosotros, primero, para no perdernos, para no perder el trato, el trabajo en común contra el fascismo en ciernes. Al menos eso, y luego hablar con otra gente, que esté un poco más lejos, y luego con otros que estén más lejos todavía. Y si no quieren hablar será su problema, que lo tendrán. El problema se llama fascismo. Un fascismo neoliberal y donde podrás llevar camisetas del ché, siempre que no seas el ché.
(Por cierto, fascismo en ciernes, elecciones en Austria, los conservadores gobernarán con la ultraderecha, ya no nos asusta nada. Lo asombroso es que decían que incluso los socialdemócratas estaban dispuestos a).
Voy a ver. Estamos viviendo un proceso de retroceso de libertades estupendo. Olímpico. Completo. Las últimas fechas estaban siendo paradójicas. No haber declarado la DUI había dejado sin argumentos a los brutotes que quieren palo y leña. La cara desencajada de la Arrimadas, la furia de Albiol. Los fachas, descompuestos.
Los fachas necesitan que haya sacrificio. Que haya tomate. Que haya movida. Y que siga la fiesta.
Somos siete millones de indios en este país. En este de aquí. Dos millones (yo creo que algo menos aunque el referendum haya dicho otra cosa) ya no son convertibles a nada que no sea un estado propio. Pero no sé si son dos millones de personas con voluntad de inmolarse. En el otro lado hay unos pocos millones de personas a los que tampoco les debe apetecer mucho dejarse partir la cara.
Hoy este texto es una mierda porque sé lo que quiero decir: esto es una mierda. El Estado español avanza hacia la mierda. No nos hace falta que salga un partido de extrema derecha. Me apena pensar que Ciudadanos se convierta en eso. No por Ciudadanos. ¿La solución?
Acumular fuerzas. Fuerzas que no pidan exactamente lo mismo que tú.
Hablar. Dialogar. No con el PP, pero si hay más gente que pide no solo independencia, sino federalismo (de verdad, ojo), otro sistema, otro encaje, una reforma... si se va extendiendo la mancha de aceite, al final todo queda manchado.
Si de lo que se trata es de mandar a peña al matadero, al talego, la historia de nuestro país, del de aquí (la Rosa de Foc, siempre ha recibido leña y palos, y muy pocas victorias, y las pocas, efímeras), cuando los líderes se están pactando encima.
Los que no irán al talego nunca tienen problema en mandar a peña a dejarse inmolar.
Hablemos y cambiemos el cuento. Reformas laborales, recortes sociales pavorosos, vidas en precario para toda la eternidad. Nos las tragamos todas.
Y ahora nos tragaremos que nos quieten la puta democracia.
Me niego.

lunes, 16 de octubre de 2017

Y le dije. Y me dijo.

Y estábamos allí y él me preguntó y entonces yo le dije que estaba allí y que qué me estaba preguntando. Y él me dijo que ya lo estaba viendo, que allí estaba y que lo que él quería era saber si yo se lo dije. Y yo le dije que cuándo. Y él me dijo que aquel día. Y yo le dije que qué día. Y él me dijo que ese. Y yo le dije que me acuerdo que ya se lo dije. Y el me dijo que no. Y yo le dije que había estado hablando mucho rato y que allí había mucha gente. Y me dijo que él no lo había visto y que no se fiaba y que mejor que se lo dijera yo. Y yo le dije que el qué. Y él me dijo que aquello. Y yo le dije que qué era aquello. Y él me dijo que eso. Y yo le dije que no sabía. Y me dijo que sí. Y yo le dije que estaba dando por sentado que yo tenía que saber de todo. Y él me dijo que yo sabía mucho. Y yo le dije que lo justo. Y él me dijo que demasiado. Y yo le dije que tampoco era para tanto. Y me dijo que se lo dijera. Y le dije que el qué. Y el me dijo que lo del otro día. Y le dije que lo del otro día dónde. Y él me dijo que aquel día que estaba allí. Y yo le dije que allí estuve pero qué era lo que dije. Y él me dijo que lo de eso. Y yo le dije que eso ya lo había dicho. Y él me dijo que sí. Y yo le dije que si lo había dicho y ya lo sabía qué quería saber. Y me dijo queso. Y yo le pregunté que eso qué era. Y él me dijo que lo que dije era aquello que dije que iba a decir pero que no sabía. Y yo le dije que cuándo. Y él me dijo que entonces. Y yo ahí me quedé un poco así, porque era como estar caminando sobre uno de esos puentes que atraviesa Indiana Jones en sus películas, porque ayer vi una película de Indiana Jones y me acuerdo ahora. Y él me dijo que porqué tardaba tanto. Y yo le dije que me había perdido un poco. Y me dijo que dónde. Y le dije que por ahí, quizás en el espacio. Y él me dijo que qué espacio. Y le dije que el espacio, el único espacio. Y me dijo que había muchos espacios. Y le dije que yo no era físico. Y me dijo que él tampoco. Y le dije que ya éramos dos. Y me dijo que entonces qué. Y yo le dije que entonces qué de qué. Y él me dijo que eso. Y yo le dije que si no concretaba más que iba a ser complicado. Y él me dijo que quería saber lo que dije. Y yo le dije que para qué quería saber tanto. Y él me dijo que no lo podía evitar. Y yo le dije que es un problema. Y él me dijo que yo era el que tenía un problema. Y yo le dije que él tenía un problema. Y me dijo que qué problema era ese. Y yo le dije que yo que sé. Y me dijo que porqué le había dicho lo del problema. Y yo le dije que no sabía. Y me dijo que qué había querido decir. Y le dije que cuándo. Y me dijo que aquel día. Y yo le dije que no sabía qué día era ese. Y me dijo que lo tenía apuntado pero que no lo llevaba encima y que lo sentía. Y le dije que daba igual. Y me dijo que qué daba igual. Y le dije que eso. Y me dijo que se lo dijera igual. Y yo le dije que qué. Y me dijo que lo que dije el otro día. Y yo le dije que no sabía qué día. Y me dijo que si tenía prisa porque miraba el reloj. Y le dije que qué reloj. Y me dijo que este reloj. Y le dije que es verdad, que no me acordaba del reloj, que me lo compré el otro día y que lo miro sin querer mirar la hora, solo por mirarlo. Y me dijo que... pero me fui.

domingo, 15 de octubre de 2017

El misterio del portón del Carrer Sant Isidre


En la ciudad una calle, en la calle un portón y detrás del portón qué. Este es básicamente el sentido de todos los relatos de misterio. Y qué. Qué hay detrás. Qué pasará. Qué es eso. Quién lo sabe. Preguntemos a quien sabe las cosas y escuchémosle, detengámonos a oír lo que tiene que decirnos. Si lo que nos dice no lo entendemos, si no entendemos lo que nos dice, traeremos a otro para que nos lo interprete. Queremos saber. Qué pasa detrás de ese portón. Es la puerta de entrada. Es la puerta de entrada a un castillo. A un mundo nuevo y desconocido. Detrás de ese portón de la calle Sant Isidre se encuentra la Santa Coloma que soñamos. Los que viven, si es que alguien vive, detrás de ese portón, atesoran conocimientos que nos ayudarán a construir un mundo mejor.
Hola, me llamo tal y cual y soy un estudioso de la ciudad de Santa Coloma. Ese portón corresponde a una casa de la familia tal que vivió allí hasta el año… no me interesa. No nos interesa. Gente que se sabe las cosas y que nos las cuenta. Y nosotros ya no queremos saber. No somos los del párrafo anterior. Estamos en otra onda. Estamos ya en otra galaxia del conocimiento. Pasamos de saber. Queremos imaginar. Queremos quedar todos delante del portón del carrer Sant Isidre y ponernos a imaginar. Y que alguien recoja todas las hipótesis y las registre en un libro. O que alguien las dramatice. La historia del portón del carrer Sant Isidre.
Hay un pueblo de Inglaterra, que se llama Woodstock. Es un pueblo precioso, bonito de verdad. Parece de cuento. Hay un murete por todo el pueblo. En un rincón del muro hay un portón, que solo los lugareños conocen, que da paso a un parque. El parque de los Malborough, los Mambrú de la canción, el lugar donde nació Churchill. Un parque de ensueño. Escondido para la gente, que tiene que pagar entrada. Yo, que no era de Woodstock, entré y me echaron la bronca. Pero no me fui. Y ya os he contado que fui a Inglaterra. Y quizás os interese saber más de mí. Ahora estamos hablando del portón de la calle Sant Isidre.
La Calle Sant Isidre une la Calle Sant Jeroni con la Calle Ciutadella. Es una de esas calles, pequeñas, de casitas bajas, donde has creído que ibas a vivir y no. Y no vives allí. Por eso no pasas nunca por allí. Yo solo paso por las calles de Santa Coloma en las que he vivido o en las que creo que voy a vivir. La Calle Sant Isidre, por ejemplo, no la tengo contemplada. El día que pasé por allí le dije a otro que tomara la foto. Y así me puedo pasar la vida. Y esto es lo que tiene el portón y todos los portones de origen que no conocemos. Y pensamos y elucubramos y todo es por no preguntar. ¿Hay algún periodista en la sala? ¿Alguien sabe? Pues que se calle. Que no diga nada.
Quiero imaginar un jardín interior en el que sabias mujeres transmiten un conocimiento ancestral a jóvenes alumnas que a su vez tañen el arpa y producen sonidos celestiales. Vaya mierda de imaginación. Quiero imaginar a Adán y Eva viviendo detrás del portón, reconciliados con Dios y de nuevo en un paraíso que se encuentra detrás del portón. Quiero imaginar a todos los rockeros que mueren con 27 años, viviendo detrás del portón. Es poca imaginación para un domingo por la tarde.
Un portón, en una calle reformada y bien pavimentada, un portón que parece como de otro sitio, porque Santa Coloma bla bla bla. Y es de aquí. O quizás es que un rico magnate local se ha traído este portón piedra a piedra desde un pueblo en Gales. Y a lo mejor no es un portón y es un pórtico. Y ahora qué hacemos.

viernes, 13 de octubre de 2017

Miscelánea

Ayer intenté buscar otra canción de las Vainica y no la encontré. Finalmente me puse a escuchar el disco A Contracorriente. Estaba escuchando las canciones y llegó finalmente la que seguro es la más conocida del repertorio de las Vainica, si exceptuamos la de Con la manos en la masa. Cuando empezó a sonar el sitar que anuncia la de Déjame vivir con alegría, sentí una profunda pena. Pero una pena de verdad, pena de encontrarte mal. Me dio la impresión de que lo que representa esa canción, la gente que la cantaba, lo que anhelaba un cierto tipo de gente, las cosas que se esperaban alcanzar en mayor o menor medida en ese año 1976 en el que las Vainica cantaban todo eso... estaba muerto. Los acontecimientos de los últimos días, las últimas semanas, y no aquí en Catalunya o por los independentistas, sino por parte de quien anhelaba fuera de aquí otro tipo de España, otra cosa, me hacen pensar que algo se ha muerto. Algo. Sé que hay mucha gente, quizás más que nunca, que piensan que las cosas deberían ser de otra manera. Pero, por hablar claro, nuevamente el PSOE se ha puesto de lado de quienes no quieren que nada sea algo mejor. No muy mejor, ni siquiera un poco mejor. Sino de quienes quieren que todo esté igual y que no haya salida. La única salida es estar detrás del orden, de la ley, de los márgenes de la ley, de aceptar que esto es lo único. De que la culpa es de los que queremos otra cosa. Que hay camino hacia la nada. Escuchando esta canción ayer, lo que representa, casi, casi me hace llorar.
https://www.youtube.com/watch?v=C6dNv7rKYfY

¿Está yendo la cosa mejor? No. ¿Nos estamos queriendo un poco más los unos a los otros? No. ¿Tenemos que esperar para siempre? No. Intentando encontrar la dichosa canción me topé con el Fireball de Deep Purple y con esta canción, No, No, No. La del vídeo del traje blanco. ¿Tenemos que dejar que nos sigan tomando el pelo? No. Qué ha pasado durante estos días. No lo sabemos. Es mentira, claro que lo sabemos, pero tenemos que explicarnos otra cosa para estar todos juntos y unidos en la lucha. Pero no es mi lucha. Así que, más o menos, creo que pasa esto. A la hora de la verdad, la verdad de la buena, nada es tan fácil. Si ahora sabemos que nada es tan fácil y lo sabemos todos, y lo sabíamos todos de antes, porqué tanto correr y sobre todo, porqué tanto insistir en que no podía haber dudas, caminos alternativos, distancia entre unos y otros. Si ahora sabemos que esto era menos inmediato de lo que se creía, si esto era así, a qué tanta solicitud de adhesión. Si conocemos que en el otro lado hay una banda de cafres, si sabemos que fuera de aquí son todos firmes partidarios de que esa banda de cafres haga lo que tenga que hacer pero sin manchas, porqué ha habido tanto entusiasmo en la movilización si no iba a llegar al lugar tan deprisa como se dijo. ¿Vamos a dejarnos engañar siempre? No. ¿Tenemos que esperar siempre? No. Esperar de quien se sabe que no va a dar nada, ni en un lado ni en el otro. No. Esperar de quien quiere cambiar, pero no cambiar. No. ¿Nos queremos unos y otros? No.
https://www.youtube.com/watch?v=P5WVqZqw1Es

Es igual. La pena es otra. La pena es escuchar ayer la tertulia de hora 25 durante nos minutos, pocos minutos, lo que tarda en calentarse el pollo y escuchar la euforia. Escuchar cómo tertulianos y presentadora se felicitan por la declaración de la paz. La paz entre las fuerzas del orden, la asunción de que el orden prevalece, de que el PSOE se ha situado definitivamente en el bando del orden, de la reforma constitucional pactada con quien no quiere reformar nada y nada se reformará. Con la puesta de largo de Pedro Sánchez como dique a todo intento de reforma en profundidad. Pedro Sánchez estrella de los corrillos, estrella del besamanos. El socialista estrella del besamanos al rey. Más de 20 exministros socialistas presentes en el desfile de las fuerzas armadas, de la policía y la Guardia Civil para demostrar que están donde tienen que estar. Ni república, ni federalismo, ni nada. Aún tenemos que hacer cosas juntos, pensará alguien. No sé qué. No sé qué gracia tiene buscar la complicidad de alguien que ha estado agazapado durante todo este tiempo sin hacer ni un gesto y que cuando lo hace es porque ha negociado con el PP una reforma constitucional que ya veremos. De verdad, es de lo más ilusionante. De lo más. La pena es que todo aquello que puede ser, en realidad es nada.
https://www.youtube.com/watch?v=pKA0sdPByN0

No sé qué más se puede decir. El texto aquel de Albert Pla diciendo que se acuerda de sus paseos por las ramblas con Marsé y Vargas Llosa... es un poco eso. Es esa especie de élite del pensamiento que en su momento no pudo hacer lo que pareció que podía hacer, que se quedó con lo que pudo, que no sé si trabajó por mejorarlo a fondo o por descubrir las mieles de la vida en normalidad y que ahora se encuentra con que hay quien ya ha desconectado de todo eso y con que hay un montón de recias y recios fascistas que están dispuestos a exhibir lo mejor de toda la simbología más abyecta para defender algo que... y de quién se ponen al lado. O qué proponen de nuevo. Escucho a Serrat decir que él no está por... y me lo creo. Y por el otro lado, la opinión oficial del mundo 'no pepero' y no nuestro es que es el momento de estar con la constitución y con la ley y que no... y así llevamos tantos años. Y en este lado de la película se nos sigue contando que todos los movimientos son buenos, que todo está yendo a favor, que esto ya si que no hay quien lo pare, que todo es inteligente, que no pasa nada, calma, que vamos bien, que es una buena idea, que mejor parar un momento y tomar impulso. Estas cosas se dicen antes. Me repito, pero es que estoy que pito.
https://www.youtube.com/watch?v=7zxSXfBdnxs

Unicornio. ¿Qué significa el unicornio? El unicornio es algo que no es real, pero todo el mundo sabe cómo es, todo el mundo ha visto alguno aunque sea mentira. ¿Por qué no creer en los unicornios? ¿Por qué no pensar que puede haber algo que, si hemos conseguido pensarlo y hemos conseguido plasmarlo en papel e incluso hemos llegado a vivirlo alguna vez, porqué no pensar que puede existir de manera cierta y perdurable? Desde que me regalaron el llavero con el unicornio, pienso que es más efectivo que llevar un llavero con la bandera de la república, por ejemplo. Es la misma idea. Es pensar en algo maravilloso, ficticio, irreal, fabuloso, que parece que no puede existir, pero que está representado y que es posible que... quizás... trabajando por encontrarlo... ¿no? ¿Cuando voy a esforzarme en escribir bien? ¿Cuándo voy a poner algo de mi parte y dejar de vivir de rentas? ¿Cuándo voy a memorizar y cuándo voy a hacer caso a los que me dicen que corrija? ¿Cuándo voy a ser consciente de que no da lo mismo? ¿Cuándo voy a poner los porqués y los por qués y todo eso como dios manda? Y uno piensa que esto de escribir no es más que un hobby, una afición, un algo que se hace para matar el tiempo. Y que el unicornio es hacerlo bien. Hacerlo bien jamás. Muerte al unicornio.
https://www.youtube.com/watch?v=nCBuHnBPh94

Un buen día de calor. Un buen día de sol, que seguro que es la antesala de un fin de semana de nubes y de llover. Porque no es normal este calor. Y, como muchos dicen, qué bien que vuelve el fútbol. Y qué bien que podamos pensar en cosas rutinarias que no nos obliguen a tomar partido, a tener que vernos obligados a coger una bandera o la otra. Diversión con banderas. Y parece que la semana que viene tendremos otro momento de conjura y de unidad. De salir a la calle. De gente pegada a la tele. Y eso es bueno. Por una vez tenemos a gente que se siente llamada a dejar de pensar en otras cosas, y al mismo tiempo tenemos a gente que se siente mal. Porque nos obliga a discutir, a hablar, a reflexionar, a definir con quién y porqué. A saber escoger el momento, a saber escoger las palabras, las situaciones, las afirmaciones, las acusaciones. A saber que lo que hoy parece tremendo y salvajemente revolucionario, puede que mañana o esta misma tarde nos obligue a dar una vuelta sobre nuestro propio eje. El momento es ya. El momento es ahora. Todo es nada. De dónde sacará la gente esas frases tan chulas que coloca en los discursos. Quién las hará. Quién tendrá el libro. Y hablando de libros... mientras estamos hablando de esto, no estamos hablando de otras cosas.
https://www.youtube.com/watch?v=I0KrLaaCkPQ

Pues eso, que si nos vemos o algo, saluden. Que no creo, porque es tiempo de recogimiento y meditación. Bueno. Eso. Buen finde.