jueves, 17 de octubre de 2024

Crónica del #Plegramenet extraordinario de Ordenanzas Fiscales. Quiero tener tu presencia


Samu Omorodion es el delantero de moda. Resulta que Samu Omorodion era jugador del Atlético de Madrid, de la cantera creo, y el año pasado estivo cedido en el Alavés, donde cuajó una temporada aceptable. No recuerdo si marcó muchos o pocos goles pero lo normal era decir que Samu Omoridion ojo con Samu Omorodion y que el Atlético lo iba a recuperar seguro. Acabada la temporada pasada, Samu Omorodion vuelve al Atlético de Madrid pero Simeone se lo quita de encima y lo acaban vendiendo al Oporto, no al Elche, ni al Valladolid, o al Valencia, o al Hajduk Split. Al Oporto, que no son cojos. Pues parece ser que Samu Omorodion se esta saliendo en Portugal. Y en los partidos de la Sub21 de esta semana ha llegado a hacer cuatro goles en un solo partido durante 45 minutos, mostrando lo que llamaríamos una superioridad incontestable. Samu Omorodion es un armario de pavo y viendo las jugadas parece que les saca medio cuerpo a sus rivales. Pero esto no era suficiente para el Cholo Simeone, que ha preferido a un argentino medio, Julián Álvarez, ni carne ni pescado, para liderar la delantera colchonera. Tratándose de una aprobación inicial, nos abstendremos para hacer las alegaciones pertinentes y según la respuesta del equipo de gobierno, decidiremos nuestro voto final. Esto es más o menos lo normal en este tipo de plenos. Si quieres, puedes hacer una intervención marcando un poco las líneas políticas de lo que pretendes, enseñar alguna alegación, darte un poco de publicidad. Es normal. Y esto es más o menos lo que sucedió el pasado martes, las consabidas arengas disparatadas de la ultraderecha, el tono de oposición opuesta por parte de Esquerra y la aparición del portavoz del PP como el nuevo 'el niño que mucho sabe'. Porque no estábamos ante la aprobación inicial, sino que estábamos ante la aprobación provisional. Este puntillismo ya nos dice cosas. Nos dice cosas como que el portavoz popular va a jugar a ser 'el que sabe' en la nueva temporada del consistorio. Me habéis quitado a los que sabían y con los que me medía de igual a igual y ahora esta tropa no sabe hacer la o con un canuto. Os lo voy a tener que decir todo. Se acabó ser el simpático regidor calmado que afea los exabruptos de los voxeros, llega un nuevo tiempo, el tiempo de pasar a la ofensiva. Añadamos en el transcurso del pleno una discusión si no bizantina, estambulesca, sobre la presencia o no presencia de Vox en la comisión tal, porque te llamé, porque no me dijiste, me dijiste que iba a venir pero no estabas, te llamé, ese no es el número, pues me llamas igual, yo que sé, tal. Poca cosa más. Este fin de semana, vuelve la Liga. 

miércoles, 16 de octubre de 2024

Pequeños cuentos centroeuropeos


Yo no sé si era muy moderno o no, pero me tuve que ir del pueblo y venirme a la ciudad. Tenía en el pueblo un puesto de aprendiz en la carpintería y con el paso del tiempo, posiblemente, hubiera sido oficial de plantilla y me habría ganado bien la vida y habría conocido a alguna chica y me hubiera casado, pero me sentía encorsetado en aquel lugar, asfixiado. Así que decidí irme. En la ciudad busqué trabajo como oficial de carpintero, que era lo que yo sabía hacer, aunque mi idea era dedicarme a otra cosa. Esa otra cosa no la tenía clara. El señor Hirek me dio un trabajo en su pequeña fábrica de muebles. Me alojé en un cuartucho desde donde veía el mercado. Y olía a mercado. Un día, después de trabajar, me cambié de ropa y fui al barrio bohemio, quería conocer a mis iguales y darme a conocer yo también. Entré en una taberna donde vi a gente joven y me pedí un licor no muy fuerte, no quería correr riesgos. Un grupo de cuatro chicos y dos chicas conversaban animadamente sobre literatura. Hablaban muy alto y era fácil seguirles la conversación. En un momento uno de ellos fue a la barra, donde yo estaba, a pedir más cerveza. Mientras esperaba le dije 'La literatura está muerta, y si no lo está, hay que matarla'. No me hizo ni caso. Volví otro día y estaban allí de nuevo. Seguían con una discusión sobre Mann. El de las cervezas me miraba de vez en cuando. Entendí que podría ser una invitación a dar mi opinión. Mann me parecía viejo y caduco. Iba a decirlo cuando una de las dos chicas, me miró al ver que avanzaba hacia la mesa y me pidió dos cervezas. Le dije que no era el camarero, que me llamaba Sheba y que también era artista. ¿Artista? nosotros no somos artistas, somos estudiantes de la escuela de artes y oficios y nos gusta leer de vez en cuando, pero no somos artistas. ¿Artes y oficios? Yo soy carpintero, le dije. Y se giró, sin más. 

martes, 15 de octubre de 2024

Pequeños cuentos centroeuropeos


Multiplícalo por veinte. Ahora divídelo. Ahora escribe en un papel el nombre de tu madre. Ahora su apellido. Ahora cuenta las letras del nombre y del apellido y compáralo con el resultado que tenías de la división. Verás que no tiene nada que ver. Pues así es todo. 

lunes, 14 de octubre de 2024

Pequeños cuentos centroeuropeos


Nos habíamos comprado un piso, nada especialmente llamativo, pero muy bien situado. Una ganga. El piso era bastante pequeño pero nosotros no teníamos nada con lo que recargarlo y conseguimos que pareciera más digno de lo que en realidad era. Incluso nos permitimos recibir visitas. Anton y Klara, nuestros mejores amigos, venían una vez por semana a cenar. Ellos vivían en un apartamento, lejos del centro, un tanto siniestro, en los bloques de Opatov. Anton y Klara tenían sueños. En todas y cada una de las reuniones, nos contaban sus planes de futuro. Tendrían hijos, uno se llamaría Anton y ella, Klara. Él encontraría trabajo como profesor en un buen colegio del centro y ella prosperaría en su carrera de actriz. Se vendrían a vivir aquí, al centro, con nosotros, y nos invitarían cada semana a su casa a cenar. Y brindaríamos con vino. Y pondríamos discos de jazz. Y hablaríamos de los libros que hemos leído, las obras de teatro a las que asistimos, las tabernas donde suena la mejor música en directo. Un día quisimos invitar a otra pareja, otro día. Jan y Nedeljika. Nedeljika no era de aquí, venía de fuera. Jan y Nedeljika trabajaban en una tienda de comestibles que habían montado al lado del mercado, traían alimentos y productos de los Balcanes. Les estaba empezando a ir bien. Eran jóvenes, un poco más jóvenes que nosotros. El día que vinieron a cenar nos trajeron quesos y un licor. Hablamos y nos contaron sus sueños. Jan quería prosperar y abrir varias tiendas. Nedeljika quería volar, no para volar a su país, sino por volar. Cuando se fueron, nos preguntamos por primera vez cuáles eran nuestros sueños.  

viernes, 11 de octubre de 2024

Pequeños cuentos centroeuropeos


No sé a santo de qué vino aquello pero me o estuvo repitiendo durante años. Fue un momento estúpido, algo que le dije o que él creyó que le había dicho y le sentó tan mal que todos los días que nos vimos a lo largo de los años estuvo recordándomelo. Lo que no entiendo es porqué quiso seguir siendo mi amigo. Si es que alguna vez fue mi amigo. Igual fue eso lo que le enfadaba. 

jueves, 10 de octubre de 2024

Crónica de un concierto de Los Planetas. 30 años de Super 8.


Los Planetas otra vez. Y ya hace tiempo que no veía a Jota, Florent y los demás, en esta ocasión unos demás diferentes aunque el bajo creo que fue bajo en otras ocasiones y, fatalmente, faltó el Erik. Hacía tiempo, creo que desde un concierto en el Vida Festival, que fue un poco bastante sosillo. En esta ocasión, el concierto era especial. Treinta años del Super 8, el disco que les hizo famosos y que creó no solo un sonido, también, y no poco importante, una estética. Porque la estética planetaria nace y cuaja en este disco y ayer fue parte fundamental de un concierto en el que lo visual tuvo una importancia apabullante. Los diseños de Aramburu para las portadas de los discos de la banda han sido fundamentales, decisivos, y el de Super 8 fue icónico. Tipo mirando al suelo con el suetercico de rayas. Ayer había mucha camiseta de rayas. Ayer había mucha gente en el Razzmatazz. Era curioso ver cantar a gente que ya pasó los cuarenta hace rato cantar lo de 'siempre he fracasado, una y otra vez', cuando era ostensible que ahí no se olía a fracaso por ningún lado. Mejorando lo presente. Un concierto pues en el que la banda se autohomenajeaba y con razón. Y en un momento, este homenaje, en el que la bdan vive un momento mediático importante, gracias a la película Segundo Premio que narra lo que ocurrió después del disco de después del Super 8 y el proceso de primera ruptura de la banda. Este disco, el Super 8, ya presentaba todos los temas que han hecho famosos a Los Planetas y en todas sus variantes. De la canción pop a los largos desarrollos psicotrópicos y psicodélicos. De lo cotidiano a lo trascendental. La canción de amor disfrazada de otra cosa o al contrario. Así, el concierto comenzó extrañamente a su hora y con un dron prolongado que dio paso a De Viaje, canción que uno recuerda haber escuchado siempre en los finales y aquí abría y es una canción peligrosa porque después de De Viaje tienes que hacerlo muy bien, tienes que estar muy seguro de que tienes más. Y claro, había más. Clásicos del repertorio planetario que pertenecen a Super 8 y otras canciones del disco que uno, sinceramente, era la primera vez que escuchaba, pero tampoco porque siempre hay un estribillo que reconoces, algún giro, algo, aunque toda la canción no la hayas retenido. Para eso estaba el Abel, que era y es fanático y con el que hemos visto mil conciertos de Los Planetas, los buenos y los malos, pero que no está aquí y se le echó de menos, pero aún así creímos verlo por todas partes. Había muchos Abel allí. El concierto fue avanzando de manera firme, con el ya comentado apoyo visual demoledor y en un momento, después de la apoteosis de La Caja del Diablo, llegó un surtido de 'the very best' comenzando por la genial Segundo Premio. Y ahí, ay, renqueó la cosa por que el batería no parecía estar en la misma sintonía. Creí detectar un par de errores en canciones siguientes que hasta provocaron eso que los que tenemos una banda conocemos como 'la mirada asesina' del Jota hacia atrás en una cagada estratosférica. La imagen del Erik, que volvió a no estar convocado, con sus baquetas arriba y dándole una fuerza a los compases de Segundo Premio que la hacen inconfundible, se te venía a la cabeza y quizás el prejuicio me hizo ver fallos donde quizás hubo... qué ostias, fallos. Así, el surtido tocó muchos palos y discos pero se olvidó, por ejemplo, de La Leyenda del Espacio, discarramental absoluto que yo tengo en un altarcito y del que no tocaron nada. Sí que lo hicieron de discos recientes, de clásicos, de las rápidas y de las lentas y todo el mundo salió de allí contento y satisfecho de ver a una banda así, clásica, aunque diezmada, pero que es capaz de llenar tres días la Razzmatazz con una propuesta de hace 30 años y que sigue tocando muchas fibras de mucha gente que lleva esas canciones pegadas a la cabeza como si fueran lecciones de vida de otros que son como tú. 

miércoles, 9 de octubre de 2024

Pequeños cuentos centroeuropeos


Mi padre me llevó al desfile. Era domingo, hacía buen día, no teníamos nada que hacer. Mi padre no era especialmente adicto a los militares y el emperador ni le iba ni le venía, pero siempre le gustaba ir a sitios, mirar cosas, estar con gente, sobre todo si era gente diferente a él. Nos pusimos en un lugar que estaba un poco apartado, pero desde el que se veía bien. Yo notaba que mi padre quería meterse en el meollo. Pero yo le agarraba fuerte de la mano para que nos quedáramos donde estábamos. Comenzó el desfile y fueron pasando diversos cuerpos militares. La gente aplaudía, vitoreaba a los soldados, se maravillaba con los trajes, los vistosos gorros, hasta que por último, apareció el emperador junto con su familia y altos dignatarios del Imperio. Hubo confusión, no sabíamos si teníamos que aplaudir o guardar un respetuoso silencio. Hacía pocos meses que el emperador había perdido uno de sus perros más queridos. Mi padre lo miraba todo con una cara socarrona. No entendía toda aquella reverencia, todo aquel respeto. Cuando el emperador llegó a nuestra altura, mi padre me soltó la mano y rompiendo de manera sutil el cordón que impedía pasar se plantó delante del emperador justo antes de que los guardias le dispararan y dijo 'Pobre perro'.