Enlazamos lo que estábamos comentando con un texto aparecido en el Boston Sprinter de hace unos cuantos años y que viene firmado por un tal Wethers Poonful. El relato dice lo siguiente:
'No nos engañemos. En aquellos años la situación no era nada sencilla. Los niños se morían de hambre por las calles, los hombres pasaban el tiempo quitándose el frío bebiéndose lo que les pasaba por las manos y las mujeres luchaban de las formas más ignominiosas para sacar adelante a su prole. Sin embargo, un oscuro personaje de aquellos años, llamado Rimble Pacherton, pese a no tener nada que le diferenciase ni en origen ni en expectativas al resto de sus conciudadanos consiguió algo que sumió en un estado de felicidad perenne a toda la ciudad y contagió con su ejemplo a toda la nación.
Rimble Pacherton, ahora que lo hemos presentado intentaremos conocerlo algo mejor, nació en los suburbios de la ciudad hijo de un obrero metalúrgico y una costurera. Creció por las calles, formó parte de la banda de los Niños Hambrientos y a los diez años entró a trabajar en la fábrica en la que su padre se había dejado la salud. Un accidente le costó un brazo, el izquierdo, y fue retirado de la empresa por inútil. Tuvo que dedicarse con sólo 20 años a ganarse la vida vendiendo baratijas, recogiendo desperdicios y haciendo otra clase de trabajos nada decorosos para un hombre que se precie, pero cuando la vida está tan mala, no hay honor que valga. Uno de esos trabajos le llevó un día a casa de un tendero de la zona adinerada de nuestra ciudad. El dicho tendero le había citado a una hora en que la tienda se encontraba cerrada. Nathaniel Sparks se llamaba. Encontró a Rimble en la calle mientras éste estaba en un portal oscuro bebiendo de una miserable botella de whisky baratísimo. Sparks se le acercó y le susurró algo en el oído. Rimble puso cara de asco, pero sabía que aquello podía significarle algún que otro dolar, así que asintió con la cabeza y a la hora convenida apareció por la tienda. Nathaniel Sparks vivía con su hermana Mindy, y ésta se acostaba siempre muy temprano, ya que padecía una enfermedad que la obligaba a estar en cama todo el tiempo posible: la vagancia. Así Nathaniel podía hacer y deshacer a su antojo en la tienda, que era próspera y vendía telas especiales para la ropa de los trabajadores. Nathaniel, tras oír la señal convenida, abrió la puerta a Rimble y le hizo pasar a una salita. Allí Nathaniel, tras depositar en el bolsillo de Rimble la cantidad convenida, se sentó en un butacón y tras hacerle la señal indicada a Rimble éste empezó a desnudarse. Tras quedar completamente desvestido Rimble empezó a bailar siguiendo los golpes rítmicos que Nathaniel hacía con un bastón en el suelo. La imagen que ofrecía Rimble, desgreñado, sucio, con un brazo únicamente, famélico, era lamentable. Pero Nathaniel parecía en éxtasis. Estaba en éxtasis.
La visión de aquel desgraciado humillándose le proporcionó un placer inmenso. Despidió a Rimble citándole para días venideros a cambio de más dinero. A la siguiente cita, Nathaniel sumó a un par de amigos que compartían su depravación, Ebenezer McCallister y Benjamin Clinton, boticario y ebanistas del barrio. Todos miembros respetables de la sociedad, casados, con hijos, pero que tenían el mismo vicio. Los tres estuvieron a punto de morir de gusto al ver a Rimble bailar o mal bailar, desnudo, manco, hambriento, desdentado...
La fama de Rimble aumentó de tal manera que formó un grupo de tullidos, vagabundos, alcoholizados, menesterosos, mujeres echadas a perder, niños ya maleados por la vida, que bailaban al son del palo de aquellos pequeños burgueses. Rimble Pacherton consiguió retirarse del baile, pero con aquel grupo montó una compañía estable especializada en aquellas representaciones humillantes.
Rimble Pacherton, que tonto no era, perfeccionó su espectáculo dantesco hasta que, ya en nuestros días, sus descendientes desde las sombras han seguido mediante técnicas oscuras y del todo cerradas para los no iniciados, haciéndonos bailar a todos al son de un palo, por unos pocos dólares, sin que lo sepamos. Y mientras ellos, los Nathaniels del mundo, se ríen y estallan de placer.'
miércoles, 2 de mayo de 2012
lunes, 30 de abril de 2012
Olvidado Rey Gudú
Cuando un libro ya viene torcido, es difícil que la sensación de que todo se está haciendo largo, cuesta arriba, que es farragoso y que lo mejor que podría pasar es que se terminase, consiga hacer olvidar que, quizás, se trate de una historia entretenida. Vamos, hablando más claro, que a veces se instala en nosotros la idea de que algo es un paquete, un tocho sin fin, cuando a lo mejor los tochos somos nosotros y el libro no tiene la culpa de nada. Pues puede ser.
Olvidado Rey Gudú es un libro escrito por Ana María Matute. Escritora ya veterana cuando escribe este libro, la conoceremos por otras novelas como... Pues no. No me suena ninguna. La hemos visto por la tele, contando su infancia, su idea de que sigue siendo una niña, etc. La reina Ardid. Olvidado Rey Gudú es, que yo sepa, el primer libro de Ana María Matute dedicado a recrear un mundo fantástico, a veces muy real, pero decididamente fuera de un tiempo concreto. Podría ser la Edad Media, podría ser ese tiempo 'no-tiempo', en el que transcurren los libros de El señor de los Anillos, por ejemplo. Podría hablarse de la formación de imperios, reinos, en una antigüedad aún más lejana. No. Si.
El libro habla de la formación y no sabemos si final del reino de Olar. Un noble, Olar, recibe de un rey un territorio, lo consolida y una vez que su hijo Sikrosio se hace con la sucesión, se proclama rey ante el olvido del rey del occidente, que no debe tener fuerza para imponer su poder en esas tierras. A partir de entonces, se nos cuentan las andanzas de Sikrosio, su brutalidad, sus matrimonios, sus amantes, sus descendientes, sus borracheras, etc. De Sikrosio pasamos a Volodioso, de cómo este alcanza el trono por encima de sus hermanos. Lo mismo, borracheras, guerras, rudeza, falta de sensibilidad, conquistas, amantes, descendencia infausta, y una niña llamada Ardid. La niña llamada Ardid es una muchachita que puede ver trasgos, que tiene amigos hechiceros, que es muy lista y que quiere vengarse por la muerte de su familia a manos de Volodioso. Conquista a Volodioso, lo enreda y se casa con él. Se enamora de él. Volodioso se mosquea con Ardid, la encierra, tiene un hijo, Gudú. Pero tiene otro hijo, Predilecto. Y tiene un hermano, Almíbar. Muchos nombres, muchas historias, amoríos, cruces, celos, venganzas, guerras, guerreros astutos, guerreros nobles, princesas feas, princesas y reinas Tontinas, seres angelicales, Ondinas, Damas del Lago, reinas de islas que son mentira, terribles guerreras de las estepas, ciudades con nombres de rey o de reina o de soldados, amores tremendos que son tan tremendos que causan la muerte o el nacimiento de la Tristeza. Aventuras que contadas ahora, así, enumerándolas, parecen muy entretenidas, y quizás lo son. Pero en vivo, con las vidas de cada uno a cuestas, se hacen un tanto pesadas. O el pesado soy yo. No sé.
El libro avanza, Gudú es rey, ya nos advierten que el reinado de Gudú acabará mal. Gudú no puede amar. Los hijos de Gudú, los manejos de la reina Ardid, que muy lista y muy sabia, pero no le sale ni una bien. La reina Urdska de las estepas, los hijos malos de ésta que tiene con Gudú, los hijos malos de Gudú con la reina Gudulina, la hija de Gudú con una campesina, todos los hijos peleados y enfrentados, las prisas por acceder al trono, la falta de ganas de ser rey...
Setecientas páginas, que se dice pronto. Setecientas sesenta y cuatro. No te lo pierdas.
Yo no me he leído El señor de los anillos, ni libros similares, precisamente por que no me veo en ese mundo fantástico de reinas, príncipes, guerreros y tal, pero pensaba que el libro, escrito por alguien como Ana María Matute, tendría un tono, no sé, diferente. No estoy siendo muy concreto en la explicación, pero no soy capaz de explicarlo de otra manera. Como que yo pensaba que iba a ser distinto. Su obra maestra, dicen por ahí. Pues bueno. Quizás es que me ha pillado en un mes algo así, como raruno. Pero que yo creo que para tanto, no es. Entretenido, si, pero como que bueno, que puede que no esté uno ya para estas cosas. Como que uno ya no entiende el lenguaje de los niños. O al menos de estos niños.
Olvidado Rey Gudú es un libro escrito por Ana María Matute. Escritora ya veterana cuando escribe este libro, la conoceremos por otras novelas como... Pues no. No me suena ninguna. La hemos visto por la tele, contando su infancia, su idea de que sigue siendo una niña, etc. La reina Ardid. Olvidado Rey Gudú es, que yo sepa, el primer libro de Ana María Matute dedicado a recrear un mundo fantástico, a veces muy real, pero decididamente fuera de un tiempo concreto. Podría ser la Edad Media, podría ser ese tiempo 'no-tiempo', en el que transcurren los libros de El señor de los Anillos, por ejemplo. Podría hablarse de la formación de imperios, reinos, en una antigüedad aún más lejana. No. Si.
El libro habla de la formación y no sabemos si final del reino de Olar. Un noble, Olar, recibe de un rey un territorio, lo consolida y una vez que su hijo Sikrosio se hace con la sucesión, se proclama rey ante el olvido del rey del occidente, que no debe tener fuerza para imponer su poder en esas tierras. A partir de entonces, se nos cuentan las andanzas de Sikrosio, su brutalidad, sus matrimonios, sus amantes, sus descendientes, sus borracheras, etc. De Sikrosio pasamos a Volodioso, de cómo este alcanza el trono por encima de sus hermanos. Lo mismo, borracheras, guerras, rudeza, falta de sensibilidad, conquistas, amantes, descendencia infausta, y una niña llamada Ardid. La niña llamada Ardid es una muchachita que puede ver trasgos, que tiene amigos hechiceros, que es muy lista y que quiere vengarse por la muerte de su familia a manos de Volodioso. Conquista a Volodioso, lo enreda y se casa con él. Se enamora de él. Volodioso se mosquea con Ardid, la encierra, tiene un hijo, Gudú. Pero tiene otro hijo, Predilecto. Y tiene un hermano, Almíbar. Muchos nombres, muchas historias, amoríos, cruces, celos, venganzas, guerras, guerreros astutos, guerreros nobles, princesas feas, princesas y reinas Tontinas, seres angelicales, Ondinas, Damas del Lago, reinas de islas que son mentira, terribles guerreras de las estepas, ciudades con nombres de rey o de reina o de soldados, amores tremendos que son tan tremendos que causan la muerte o el nacimiento de la Tristeza. Aventuras que contadas ahora, así, enumerándolas, parecen muy entretenidas, y quizás lo son. Pero en vivo, con las vidas de cada uno a cuestas, se hacen un tanto pesadas. O el pesado soy yo. No sé.
El libro avanza, Gudú es rey, ya nos advierten que el reinado de Gudú acabará mal. Gudú no puede amar. Los hijos de Gudú, los manejos de la reina Ardid, que muy lista y muy sabia, pero no le sale ni una bien. La reina Urdska de las estepas, los hijos malos de ésta que tiene con Gudú, los hijos malos de Gudú con la reina Gudulina, la hija de Gudú con una campesina, todos los hijos peleados y enfrentados, las prisas por acceder al trono, la falta de ganas de ser rey...
Setecientas páginas, que se dice pronto. Setecientas sesenta y cuatro. No te lo pierdas.
Yo no me he leído El señor de los anillos, ni libros similares, precisamente por que no me veo en ese mundo fantástico de reinas, príncipes, guerreros y tal, pero pensaba que el libro, escrito por alguien como Ana María Matute, tendría un tono, no sé, diferente. No estoy siendo muy concreto en la explicación, pero no soy capaz de explicarlo de otra manera. Como que yo pensaba que iba a ser distinto. Su obra maestra, dicen por ahí. Pues bueno. Quizás es que me ha pillado en un mes algo así, como raruno. Pero que yo creo que para tanto, no es. Entretenido, si, pero como que bueno, que puede que no esté uno ya para estas cosas. Como que uno ya no entiende el lenguaje de los niños. O al menos de estos niños.
viernes, 27 de abril de 2012
Miscelánea
Bucarest es muy bonito porque yo no ha estado allí. Nunca he ido a Bucarest y supongo que jamás iré a Bucarest en mi triste vida, pero oiga, a partir de hoy mismo, Bucarest va a estar in my mind all the time. Porque si. Porque después de tantos partidos de mierda, de tantos domingos a las once de la noche, con los pies helados, volviendo a casa después de perder penosamente, de balones arriba, de nada con nada, de sufrir por sufrir, de años y años viéndolas venir, de ir tirando, de que nos quedemos como estamos, resulta que va y... y resulta que... ay. Algo que creía que no iba a ver en mi vida, volverá a pasar. Una final de la Uefa. Vale ya de hablar de fútbol, que parezco abducido. Pero ejque... bueno. ¿Qué se escuchará en Bucarest? Ayer mismo, un gitano rumano iba con el móvil a todo meter en el metro. Dando pistas. Era una señal. Lo suyo tenía más violines. Esto tiene...
http://www.youtube.com/watch?v=xLRJ2gX6Szg
Y van en el rockdelux y le dedican una revisión a Caetano Veloso. Y van y dicen que entre los tres mejores discos está el Araça Azul. Como el que no dice nada, vamos. El Araça Azul como ejemplo de suicidio artístico. Pues qué quieres, a mí es un disco que me gusta entero, pero no vamos a poner ninguna de él. El que quiera que se lo ponga en casa un sábado por la mañana y alucine, pero ahora no. Ahora veremos a Caetano Veloso interpretando A tua presença morena. Morena, morena, morena, morena. Es una canción del Qualquer Coisa, que es un disco que me gusta, pero bastante menos. Pero claro, tiene esta, tiene la propia Qualquer Coisa, las versiones de los Beatles... claro. Tu presencia, morena. Para que luego digan que no soy yo...
http://www.youtube.com/watch?v=QQq7SRnEwOw
Pues puestos a recibir buenas noticias, Lidia Damunt saca otro disco. Con producción de Hidrogenesse. Me gusta Lidia Damunt. Y la música que hace también. El disco, Vigila el fuego, es rarito. Pero me gusta. Escuchado en los altavoces latoneros del curro, el disco está bien, no sé si luego en plan bien la cosa pierde o gana, pero en el racarrán de aquí suena a cosa rara. Como ya he leído por ahí que tiene a veces aires chinos diré que si, que tiene aires chinos el disco. Una cosa rara, de verdad. El rollo 'música de peli del oeste' con 'aquí y en la china popular', está fantástico. Pondremos la canción Lengua de Lava para comprobarlo. Efectivamente. ¿He dicho ya que me gusta Lidia Damunt? ¿Y la música también? Pues eso.
http://www.youtube.com/watch?v=NGhxumwFPm8
La radio nuevamente como fuente de inspiración. En el programa de Paco Clavel escuché ayer o antes de ayer este pedazo de canción. Funcionario bueno, funcionario muerto, de Vanexxa. El nombre tira para atrás, pero la canción no puede decir las cosas más claras. Papeles del paro. Acaban de salir las cifras. Nos vamos a por los seis millones cuesta abajo y sin frenos. Pero no solo son los seis millones, si no la gente que va, que vamos a trabajar, con la sensación de que la cosa no podría ir peor. Con miedo a que te de fiebre, a que te duela algo, a que tengas que salir del curro. Todo con miedo. Siempre miedo. Ahora es que tenemos mucho curro y claro, si falto al curro y tal... Y así. Y oyes conversaciones y es todo... le han pagado el mes, no le han pagado el mes, ha cotizado pero no le pagan lo que es, vamos a la calle en seis meses, me han hecho el contrato pero para una semana y luego fuera. En fin. Alegría.
http://www.youtube.com/watch?v=tK5sBQAGBns
En el disco Araça Azul el bueno de Caetano Veloso se marca una versión de Tú me acostumbraste que no te digo nada y te lo digo todo. Sutil llegaste a mi como una tentación (aunque yo haya cantado 'como una sensación' mil veces). A continuación vemos al incombustible Lucho Gatica interpretando este bolerón. Lucho Gatica decían que era de los buenos buenos. De los del chorro de voz. Pero que el chorro se le fue, por lo visto. El caso es que aquí le vemos ya madurete cantando como un animal. Yo no comprendía, cómo se quería. Eso es una canción bonita y lo demás son tontunas.
http://www.youtube.com/watch?v=s6sPA4dvuiY
Y para concluir, un clásico. Kortatu y su canción En la línea del frente. Puede que fuera de las primeras cintas de 90 que me grabaron. La que mejor se escuchaba con absoluta diferencia. Después de tener cintas con programas de radio grabados en un contestador automático que sonaban a demonios, grabaciones, maquetas, aquella cinta con el... y el Kolpez Kolpe, parecía gloria. ¿Cuánto tiempo tardé yo en enterarme lo que significaba 'esa jerga que emplean los rastas'? Pues es una buenísima pregunta. Muchos años. Que se note, que estás presente. Este disco era buenísimo. El... ostia, que se me ha ido. ¿La línea del frente? Me parece que se llamaba así. Qué tiempos, nen. En el vídeo salen imágenes de guerra. En plan épico. La guerra apesta.
http://www.youtube.com/watch?v=dn_jxIefhSY
Bueno, que me tengo que ir que tengo que hacer unas cosas y unos asuntos. Que a ver si nos vemos por esos campos del diablo. Buen fin de semana y no hacerse daño. Soplar antes.
http://www.youtube.com/watch?v=xLRJ2gX6Szg
Y van en el rockdelux y le dedican una revisión a Caetano Veloso. Y van y dicen que entre los tres mejores discos está el Araça Azul. Como el que no dice nada, vamos. El Araça Azul como ejemplo de suicidio artístico. Pues qué quieres, a mí es un disco que me gusta entero, pero no vamos a poner ninguna de él. El que quiera que se lo ponga en casa un sábado por la mañana y alucine, pero ahora no. Ahora veremos a Caetano Veloso interpretando A tua presença morena. Morena, morena, morena, morena. Es una canción del Qualquer Coisa, que es un disco que me gusta, pero bastante menos. Pero claro, tiene esta, tiene la propia Qualquer Coisa, las versiones de los Beatles... claro. Tu presencia, morena. Para que luego digan que no soy yo...
http://www.youtube.com/watch?v=QQq7SRnEwOw
Pues puestos a recibir buenas noticias, Lidia Damunt saca otro disco. Con producción de Hidrogenesse. Me gusta Lidia Damunt. Y la música que hace también. El disco, Vigila el fuego, es rarito. Pero me gusta. Escuchado en los altavoces latoneros del curro, el disco está bien, no sé si luego en plan bien la cosa pierde o gana, pero en el racarrán de aquí suena a cosa rara. Como ya he leído por ahí que tiene a veces aires chinos diré que si, que tiene aires chinos el disco. Una cosa rara, de verdad. El rollo 'música de peli del oeste' con 'aquí y en la china popular', está fantástico. Pondremos la canción Lengua de Lava para comprobarlo. Efectivamente. ¿He dicho ya que me gusta Lidia Damunt? ¿Y la música también? Pues eso.
http://www.youtube.com/watch?v=NGhxumwFPm8
La radio nuevamente como fuente de inspiración. En el programa de Paco Clavel escuché ayer o antes de ayer este pedazo de canción. Funcionario bueno, funcionario muerto, de Vanexxa. El nombre tira para atrás, pero la canción no puede decir las cosas más claras. Papeles del paro. Acaban de salir las cifras. Nos vamos a por los seis millones cuesta abajo y sin frenos. Pero no solo son los seis millones, si no la gente que va, que vamos a trabajar, con la sensación de que la cosa no podría ir peor. Con miedo a que te de fiebre, a que te duela algo, a que tengas que salir del curro. Todo con miedo. Siempre miedo. Ahora es que tenemos mucho curro y claro, si falto al curro y tal... Y así. Y oyes conversaciones y es todo... le han pagado el mes, no le han pagado el mes, ha cotizado pero no le pagan lo que es, vamos a la calle en seis meses, me han hecho el contrato pero para una semana y luego fuera. En fin. Alegría.
http://www.youtube.com/watch?v=tK5sBQAGBns
En el disco Araça Azul el bueno de Caetano Veloso se marca una versión de Tú me acostumbraste que no te digo nada y te lo digo todo. Sutil llegaste a mi como una tentación (aunque yo haya cantado 'como una sensación' mil veces). A continuación vemos al incombustible Lucho Gatica interpretando este bolerón. Lucho Gatica decían que era de los buenos buenos. De los del chorro de voz. Pero que el chorro se le fue, por lo visto. El caso es que aquí le vemos ya madurete cantando como un animal. Yo no comprendía, cómo se quería. Eso es una canción bonita y lo demás son tontunas.
http://www.youtube.com/watch?v=s6sPA4dvuiY
Y para concluir, un clásico. Kortatu y su canción En la línea del frente. Puede que fuera de las primeras cintas de 90 que me grabaron. La que mejor se escuchaba con absoluta diferencia. Después de tener cintas con programas de radio grabados en un contestador automático que sonaban a demonios, grabaciones, maquetas, aquella cinta con el... y el Kolpez Kolpe, parecía gloria. ¿Cuánto tiempo tardé yo en enterarme lo que significaba 'esa jerga que emplean los rastas'? Pues es una buenísima pregunta. Muchos años. Que se note, que estás presente. Este disco era buenísimo. El... ostia, que se me ha ido. ¿La línea del frente? Me parece que se llamaba así. Qué tiempos, nen. En el vídeo salen imágenes de guerra. En plan épico. La guerra apesta.
http://www.youtube.com/watch?v=dn_jxIefhSY
Bueno, que me tengo que ir que tengo que hacer unas cosas y unos asuntos. Que a ver si nos vemos por esos campos del diablo. Buen fin de semana y no hacerse daño. Soplar antes.
jueves, 26 de abril de 2012
El arte es muy bonito porque yo ha estado allí
El arte no es un espejo para reflejar la realidad sino un marti.... El arte no es un señor que pregunta la hora en la puerta del Ayuntamiento sino un.... El arte no es una gran cantidad de personas escuchando atentamente las explicaciones que tiene que dar el escritor sino un transistor que... El arte no es el cielo azul que ves todas las mañanas desde la ventana de la casa de otro sino el cielo gris que... El arte no es una herramienta para transformar la sociedad sino una sociedad que tiene una herramienta que... El arte no es el reflejo del alma sino que es la cara la que te... El arte no es como cuando dices que si pero es que no sino más bien como cuando... El arte no es un conjunto de escaleras con los trancos muy separados entre sí sino una escalera que debería tener un... El arte no es el arte de no terminar las frases sino el conjunto de palabras que... El arte no es un autobús que lleva hacia las zonas más alejadas del bonito centro sino una limousine que... El arte no es alguien que conoces de vista y que no acabas de ponerle nombre sino el sueño de los justos que... El arte no es lo que tú te crees que es sino lo que yo te voy a decir ahora mismo y eso es... El arte no es un sillón del Ikea, naturalmente, sino que es un simfonier sea eso lo que sea... El arte no es una frase inconclusa en una pared sino un hombre contratado para borrar... El arte no es convencerte de que lo mejor que te podría pasar es lo que a mi me parece sino que no se necesite el arte para... El arte no es una joven esbelta con los ojos tapados y una balanza en una mano y la espada en la otra sino un soleado... El arte no es un señor con bigotes y una bata blanca y una boina en la cabeza con los pinceles y la paleta sino un muchacho atando cables en torno a.... El arte no es morirte de frío sino encontrar la manera de que el calor no... El arte no es disimular que todo da lo mismo sino hacer ver que parece que todo es... El arte no es realmente nada que merezca la pena señalar con un puntero láser sino una forma de expresión que... El arte no es ir soltando frases sin ton ni son sino él y tú... El arte no es como si dijéramos sino como si fuera... El arte no es la plasmación real de los pensamientos de una persona que tiene una forma algo extraña de expresarse sino el espejo de la ambición de un desaforado... El arte no es el mundo en el que vivimos sino el mundo en el que vive ese de ahí... El arte no es estar toda la mañana sin hacer nada sino parecer que estás haciendo lo que tú... El arte no es lo que dice en esa imagen sino lo que yo te voy a decir lo que es el arte...
miércoles, 25 de abril de 2012
Sant Josep Guardiola
Después del partido de ayer, tenía ganas de ver qué decía la televisión sobre el particular. Quité la radio y puse el sonido al aparato. Patatín, patatán y entonces el periodista de TV3 dice lo siguiente: 'esperamos las palabras de Pep Guardiola, que seguro que reconfortarán a los seguidores...'. Luego, creo, pero igual esto lo estoy poniendo ya de mi cosecha, que el mismo periodista dijo que 'seguro que sus palabras nos ayudarán a entender qué ha pasado'. Se me abrieron unos ojos como platos.
Tiempo atrás, hace unos meses, fui a cenar a un precioso lugar. Queso y tortilla de patatas. Vino blanco. Y, aunque la conversación, la presencia y todo lo que ustedes se imaginan, era suficiente reclamo como para no hacer caso a nada de lo que hubiese alrededor, ambos, yo y la compañía (¿no les parece que hay como un exceso de comas en todo esto?) no tuvimos más remedio que poner oído a lo que se decía en una mesa contigua. Allí, un zorro veterano, un cuarentón largo, vestido y revestido, y una mujer de su quinta, también ataviada para matar, cenaban y departían. Hablaba él. Y hablaba de su trabajo, de la oficina, de lo que le dije, y lo que me dijo. De que le iba a decir. De que le mandó un mail. Y que el cliente era suyo, pero ahora se iba a enterar porque uy. Y así. Para rematar la faena le contó a la mujer, que escuchaba atenta esperando a que pasara el vendabal, que se había leído un libro sobre Pep Guardiola en el que se hablaba de la gestión del liderazgo, del liderazgo, o del cultivo del liderazgo, o del hallazgo del liderazgo, o del Condado de Liderazgo, o de yo que sé. Del liderazgo. Y que se analizaba en el libro cómo Josep Guardiola, el entrenador, no el recientemente fallecido cantante (y si supiera poner una foto en medio del texto la pondría, no les digo más), había conseguido ganar 13 de 16 títulos posibles y que era un líder y que gestionaba los recursos y sus frases más celebradas y cómo esto y como lo otro. Vamos, que le pegó una clavada a la pobre partenaire que nos dejó a nosotros a cuadros. No podíamos dejar de escucharle. Pep Guardiola, el entrenador, es algo más que un señor encargado de dar unas alineaciones, corregir al lateral para que no suba tanto, decirle al mediocentro 'corta, coño', o así. No.
Antes, hace años, las retransmisiones de los partidos de fútbol apenas sacaban a los entrenadores. Ahora tenemos que ver la cara de Guardiola cuando fallan, cuando ay, cuando entra, cuando pitan, la pose de Morinho, como si hubiese chutado él, como si hubiese sido él. El entrenador como modelo de conducta. El entrenador, el líder. El que mueve los hilos.
Pep Guardiola como referente nacional. Pep Guardiola y su ya conocido discurso de aceptación del premio que le dieron en la Generalitat. Aquello de 'si nos levantamos temprano y nos ponemos a currar... esto lo levantamos en cuatro días'. Pep Guardiola como emblema. Guardiola sabe como sacarnos de la crisis. Que salga Josep Guardiola y nos reconforte con sus sabias palabras. Que nos acaricie el alma con sus mensajes de esperanza en el mañana. Finalmente, sale Pep Guardiola y dice que, bueno, que han ganado muchas veces en el último momento, que la potra se acaba.
Hace años, algunos años, el Depor se jugaba la liga a un partido con el Valencia. En el último minuto, penalty a favor del Depor, falla el penalty, liga para el Barça. La rueda de prensa de Arsenio Iglesias, entrenador del Depor, fue antológica. 'Yo veía a esas gentes los lunes, los martes... y pensaba que esto podía pasar'.
Pero nosotros no. A nivel general. Extrapolando. Voy a extrapolar. Necesitamos a alguien que nos diga que somos los mejores. Que pase lo que pase, somos los mejores. Que el otro no ha ganado, que el otro no tiene razón nunca. Que somos los mejores. Que no hay alternativa. Que si. Que siguiendo el camino llegaremos lejos.
Esperamos a que salga Josep Guardiola y que nos diga algo que nos reconforte. Yo no soy del Barça. Ayer tampoco iba con el Barça. Casi nunca voy con el Barça. Hoy iré con el Bayern. No puedo ir con el Madrid, jamás. Me da lo mismo quién los entrene. Pero me espeluzna el nivel de santificación de personaje. Josep Guardiola como santo local. Como ejemplo de conducta. Como referente moral. Casi como un guía religioso.
Es un entrenador de un equipo de fútbol. Y un fallecido cantante.
Tiempo atrás, hace unos meses, fui a cenar a un precioso lugar. Queso y tortilla de patatas. Vino blanco. Y, aunque la conversación, la presencia y todo lo que ustedes se imaginan, era suficiente reclamo como para no hacer caso a nada de lo que hubiese alrededor, ambos, yo y la compañía (¿no les parece que hay como un exceso de comas en todo esto?) no tuvimos más remedio que poner oído a lo que se decía en una mesa contigua. Allí, un zorro veterano, un cuarentón largo, vestido y revestido, y una mujer de su quinta, también ataviada para matar, cenaban y departían. Hablaba él. Y hablaba de su trabajo, de la oficina, de lo que le dije, y lo que me dijo. De que le iba a decir. De que le mandó un mail. Y que el cliente era suyo, pero ahora se iba a enterar porque uy. Y así. Para rematar la faena le contó a la mujer, que escuchaba atenta esperando a que pasara el vendabal, que se había leído un libro sobre Pep Guardiola en el que se hablaba de la gestión del liderazgo, del liderazgo, o del cultivo del liderazgo, o del hallazgo del liderazgo, o del Condado de Liderazgo, o de yo que sé. Del liderazgo. Y que se analizaba en el libro cómo Josep Guardiola, el entrenador, no el recientemente fallecido cantante (y si supiera poner una foto en medio del texto la pondría, no les digo más), había conseguido ganar 13 de 16 títulos posibles y que era un líder y que gestionaba los recursos y sus frases más celebradas y cómo esto y como lo otro. Vamos, que le pegó una clavada a la pobre partenaire que nos dejó a nosotros a cuadros. No podíamos dejar de escucharle. Pep Guardiola, el entrenador, es algo más que un señor encargado de dar unas alineaciones, corregir al lateral para que no suba tanto, decirle al mediocentro 'corta, coño', o así. No.
Antes, hace años, las retransmisiones de los partidos de fútbol apenas sacaban a los entrenadores. Ahora tenemos que ver la cara de Guardiola cuando fallan, cuando ay, cuando entra, cuando pitan, la pose de Morinho, como si hubiese chutado él, como si hubiese sido él. El entrenador como modelo de conducta. El entrenador, el líder. El que mueve los hilos.
Pep Guardiola como referente nacional. Pep Guardiola y su ya conocido discurso de aceptación del premio que le dieron en la Generalitat. Aquello de 'si nos levantamos temprano y nos ponemos a currar... esto lo levantamos en cuatro días'. Pep Guardiola como emblema. Guardiola sabe como sacarnos de la crisis. Que salga Josep Guardiola y nos reconforte con sus sabias palabras. Que nos acaricie el alma con sus mensajes de esperanza en el mañana. Finalmente, sale Pep Guardiola y dice que, bueno, que han ganado muchas veces en el último momento, que la potra se acaba.
Hace años, algunos años, el Depor se jugaba la liga a un partido con el Valencia. En el último minuto, penalty a favor del Depor, falla el penalty, liga para el Barça. La rueda de prensa de Arsenio Iglesias, entrenador del Depor, fue antológica. 'Yo veía a esas gentes los lunes, los martes... y pensaba que esto podía pasar'.
Pero nosotros no. A nivel general. Extrapolando. Voy a extrapolar. Necesitamos a alguien que nos diga que somos los mejores. Que pase lo que pase, somos los mejores. Que el otro no ha ganado, que el otro no tiene razón nunca. Que somos los mejores. Que no hay alternativa. Que si. Que siguiendo el camino llegaremos lejos.
Esperamos a que salga Josep Guardiola y que nos diga algo que nos reconforte. Yo no soy del Barça. Ayer tampoco iba con el Barça. Casi nunca voy con el Barça. Hoy iré con el Bayern. No puedo ir con el Madrid, jamás. Me da lo mismo quién los entrene. Pero me espeluzna el nivel de santificación de personaje. Josep Guardiola como santo local. Como ejemplo de conducta. Como referente moral. Casi como un guía religioso.
Es un entrenador de un equipo de fútbol. Y un fallecido cantante.
martes, 24 de abril de 2012
La pianista
En el minuto nosecuantos de La Pianista, supongo que con una hora de película ya consumida, de repente en La 2 interrumpen la emisión para dar un anuncio de un programa. No pueden dar publicidad, pero pensé, 'ya está, se terminó el chollo, estos mamones van a empezar a meter publicidad en las películas'. Pero no, era un anuncio de un programa que creo que ya hace tiempo que terminó. A los dos minutos, vuelve la película y el doblaje está cambiado, sale una voz como de radio hablando de nosequé. Raro. Muy raro. Era tan raro que pensé que era la propia película la que pedía algo así. Que en las pelis de este hombre, del Haneke, siempre pasa algo que se sale de lo normal. Algo pasa que te acaba de descolocar. Igual esta interrupción era parte del chiste. Igual no hacía falta.
La Pianista. Yo no había visto La Pianista pero había oído hablar de ella, leído también. Isabelle Huppert y su gélida expresión, Haneke y su temática chunga, el sexo, el masoquismo, la parte chunga de la vida tan gris a la que todos aspiramos con tantas ganas. Hay una escena que quizás presagia todo el resto, una conversación. La pianista, Erika, le dice al joven Walter que Schumann, según Adorno, fue consciente del momento en el que todo se iba a ir al garete, en el que se le iba a ir la pinza. Schumann estaba a punto de volverse loco del todo y tuvo un momento antes en el que tuvo que darse cuenta de que se le iba a ir de verdad, que ya no habría vuelta atrás. La conversación tiene sentido al final de la película.
La conversación tiene sentido para mí, al final de la película. Para mí. Entender la película, comprender la historia, lo que te quieren contar, en una película como esta, sin hacer caso de las circunstancias personales de cada uno, me parece imposible. Yo soy yo y mis circunstancias, no sé quién dijo esto. Otra película dolorosa. Sin salida.
En la presentación nos habla la voz en off de cosas como el voyeurismo, los traumas, la posesión, la madre absorbente, el sexo, los problemas. Todo eso es verdad. Y más. Ese más es lo que me cuesta decir. Explicar.
Erika vive con su madre. Es profesora de piano, muy buena pianista, y una borde del copón con sus alumnos. Su madre es una lapa. Duermen juntas. A Erika le gusta ver pelis porno, por ver a gente cardar. Le gustan las cerdadas. Le gusta ver a la gente. Un día conoce a Walter, un apolíneo joven que toca el piano también. Hablan. Se molan. Pero ella se hace la dura. Cortejo, parece, pero ella se resiste. La escena de la cuchilla. Yo no pensaba que era eso, pero parece que si. Jugamos fuerte, entonces. Los celos, la posesión, joder a los demás, joderte a tí misma. Ante todo eso, hacerte daño. Finalmente un día, por decirlo de alguna manera, se enrollan. Pero no. Porque hay normas. Estamos jugando fuerte. Ella parece que quiere tema, vale, pero qué tema. Vamos a hacernos daño. Hazme daño. El chaval se asusta. Él la quiere, ella también. Pero no igual. Vamos a hacernos daño. El chaval no quiere jugar. Finalmente juega. Vamos a hacernos daño. Una cosa es imaginarlo y otra cosa es hacerse daño. Una cosa es querer hacerte daño y otra cosa es perder el hilo. Ya ha perdido el hilo. Quizás desde la escena de la cuchilla se ha perdido el hilo. Quizás la cuesta abajo ya no tenía freno.
Hay otra escena. Toca el piano ella. Otra chica toca el violoncelo y otro muchacho la viola. Como un conjunto de cámara. ¿No?. Tocan una de Schubert. Tristísima. También sale en El Ansia, una película que no tiene nada que ver con esta. Me gusta mucho ese tema, esa obra, esa canción, esa... lo que sea. Piano Trio número 2 opus 100. Tocan y en un momento, la violoncelista pide parar para volver. Disciplina, seguir las notas. Sigue, hazlo, ten talento para seguir la partitura y para poner de tu parte. No todo está escrito. Tienes que saber jugar o si no, nos haremos daño.
Las películas tienen un principio y un fin. No tiene uno ganas de que llegue el fin porque se imagina que no va a ser bueno. Que no va a merecer la pena ver algo tan doloroso. El final de La Pianista y la destrucción. Estás completamente loca, le dice en un momento dado la madre. Está loca.
Todo lo que no sea aspirar a ser feliz es estar loco. No es una reflexión muy acertada, pero puede valer para este caso. Hacerse daño. Si no sabes tocar, no te metas.
La Pianista. Yo no había visto La Pianista pero había oído hablar de ella, leído también. Isabelle Huppert y su gélida expresión, Haneke y su temática chunga, el sexo, el masoquismo, la parte chunga de la vida tan gris a la que todos aspiramos con tantas ganas. Hay una escena que quizás presagia todo el resto, una conversación. La pianista, Erika, le dice al joven Walter que Schumann, según Adorno, fue consciente del momento en el que todo se iba a ir al garete, en el que se le iba a ir la pinza. Schumann estaba a punto de volverse loco del todo y tuvo un momento antes en el que tuvo que darse cuenta de que se le iba a ir de verdad, que ya no habría vuelta atrás. La conversación tiene sentido al final de la película.
La conversación tiene sentido para mí, al final de la película. Para mí. Entender la película, comprender la historia, lo que te quieren contar, en una película como esta, sin hacer caso de las circunstancias personales de cada uno, me parece imposible. Yo soy yo y mis circunstancias, no sé quién dijo esto. Otra película dolorosa. Sin salida.
En la presentación nos habla la voz en off de cosas como el voyeurismo, los traumas, la posesión, la madre absorbente, el sexo, los problemas. Todo eso es verdad. Y más. Ese más es lo que me cuesta decir. Explicar.
Erika vive con su madre. Es profesora de piano, muy buena pianista, y una borde del copón con sus alumnos. Su madre es una lapa. Duermen juntas. A Erika le gusta ver pelis porno, por ver a gente cardar. Le gustan las cerdadas. Le gusta ver a la gente. Un día conoce a Walter, un apolíneo joven que toca el piano también. Hablan. Se molan. Pero ella se hace la dura. Cortejo, parece, pero ella se resiste. La escena de la cuchilla. Yo no pensaba que era eso, pero parece que si. Jugamos fuerte, entonces. Los celos, la posesión, joder a los demás, joderte a tí misma. Ante todo eso, hacerte daño. Finalmente un día, por decirlo de alguna manera, se enrollan. Pero no. Porque hay normas. Estamos jugando fuerte. Ella parece que quiere tema, vale, pero qué tema. Vamos a hacernos daño. Hazme daño. El chaval se asusta. Él la quiere, ella también. Pero no igual. Vamos a hacernos daño. El chaval no quiere jugar. Finalmente juega. Vamos a hacernos daño. Una cosa es imaginarlo y otra cosa es hacerse daño. Una cosa es querer hacerte daño y otra cosa es perder el hilo. Ya ha perdido el hilo. Quizás desde la escena de la cuchilla se ha perdido el hilo. Quizás la cuesta abajo ya no tenía freno.
Hay otra escena. Toca el piano ella. Otra chica toca el violoncelo y otro muchacho la viola. Como un conjunto de cámara. ¿No?. Tocan una de Schubert. Tristísima. También sale en El Ansia, una película que no tiene nada que ver con esta. Me gusta mucho ese tema, esa obra, esa canción, esa... lo que sea. Piano Trio número 2 opus 100. Tocan y en un momento, la violoncelista pide parar para volver. Disciplina, seguir las notas. Sigue, hazlo, ten talento para seguir la partitura y para poner de tu parte. No todo está escrito. Tienes que saber jugar o si no, nos haremos daño.
Las películas tienen un principio y un fin. No tiene uno ganas de que llegue el fin porque se imagina que no va a ser bueno. Que no va a merecer la pena ver algo tan doloroso. El final de La Pianista y la destrucción. Estás completamente loca, le dice en un momento dado la madre. Está loca.
Todo lo que no sea aspirar a ser feliz es estar loco. No es una reflexión muy acertada, pero puede valer para este caso. Hacerse daño. Si no sabes tocar, no te metas.
lunes, 23 de abril de 2012
El diablo
En el novelón sin fin de Rogelius Gepeterssen, 'Dos por tres calles', hallamos un pequeño pasaje que ayuda a entender según que cosas que nos hemos estado preguntando y mira tú.
'...y como todos los sábados por la tarde, el joven Arnessen cogió su chaqueta, encajó su gorra en su greñosa cabeza y salió camino de la taberna. Su padre no había necesitado ir a la taberna ese día porque ya había conseguiro emborracharse en su propia casa a base de traguitos a una botella de aguardiente que guardaba detrás del pantalón, así que ya estaba medio dormido cuando su hijo salió de casa. Como todos los sábados, siempre igual, el padre borracho y la madre escondida en su habitación ante la posibilidad de algún que otro ataque de ira del viejo Arnessen. Así que el muchacho fue a la taberna. Como siempre, abrió la puerta y se plantó en el quicio como si buscase a alguien, dejando tiempo para que todos vieran que había venido nada menos que el joven hijo de los Arnessen a tomarse algo a aquel tugurio. El resto de parroquianos, alertados por el ruido de la puerta al abririse, esperando encontrar algo o alguien nuevo, enseguida perdieron el interés por el joven Arnessen y siguieron a sus cosas. Unos cuantos que se habían reunido en torno a una mesa, viendo jugar a las cartas al boticario, al tendero Fiastrasson, al dueño de la taberna, el señor Kristenssen y al médico, el doctor Kjaessen. El joven Arnessen pidió una copita de ron y se fue a la mesa, a sentarse con los demás. No sabía a qué jugaban aquellos cuatro prohombres locales, no entendía las reglas, pero le gustaba sentarse allí y formar parte de aquella camarilla de muchachos y hombres de mediana edad que con sus cigarros, sus copas, y sus comentarios sobre mujeres, los negros del puerto, asuntos de la vida política, y los lances del juego, significaban para el joven Arnessen más que la propia escuela que hacía pocos años había abandonado para trabajar en la imprenta de Pederssen.
Todo era como siempre. Como todos los sábados. En un momento, la puerta de la taberna se abrió y apareció en el portal un hombre alto, moreno, con los ojos muy grandes y negros, enfundado en un brilloso traje blanco. El joven Arnessen esperó a que los demás hiciesen algún comentario, pero los presentes no hicieron el menor gesto de sorpresa. El joven Arnessen creyó que había llegado la oportunidad de significarse en aquel grupo, que la presencia de aquel personaje 'raro' no debía dejarla pasar como motivo para distinguirse, para que le tuvieran en cuenta. ¿Porqué los demás no decían nada de aquel personaje?
Este, con andares amanerados, avanzó hacia la barra y pidió un licor de fresas, que hasta al mismo tabernero le costó recordar que tenía. El joven Arnessen escuchó lo del licor de fresas y era lo que le faltaba para franquearse la puerta del grupo, para ser aceptado como uno más de aquella pequeña sociedad de energúmenos de copa y puro.
- La señorita no puede beber algo más fuerte... -dijo el joven Arnessen, impostando la voz.
Y entonces, aquel hombre de traje blanco, cabello negro repeinado hacia atrás, tras beberse el rojo licor, se fue caminando hacia el joven Arnessen y le dijo al oído... 'Bienvenido'.
'...y como todos los sábados por la tarde, el joven Arnessen cogió su chaqueta, encajó su gorra en su greñosa cabeza y salió camino de la taberna. Su padre no había necesitado ir a la taberna ese día porque ya había conseguiro emborracharse en su propia casa a base de traguitos a una botella de aguardiente que guardaba detrás del pantalón, así que ya estaba medio dormido cuando su hijo salió de casa. Como todos los sábados, siempre igual, el padre borracho y la madre escondida en su habitación ante la posibilidad de algún que otro ataque de ira del viejo Arnessen. Así que el muchacho fue a la taberna. Como siempre, abrió la puerta y se plantó en el quicio como si buscase a alguien, dejando tiempo para que todos vieran que había venido nada menos que el joven hijo de los Arnessen a tomarse algo a aquel tugurio. El resto de parroquianos, alertados por el ruido de la puerta al abririse, esperando encontrar algo o alguien nuevo, enseguida perdieron el interés por el joven Arnessen y siguieron a sus cosas. Unos cuantos que se habían reunido en torno a una mesa, viendo jugar a las cartas al boticario, al tendero Fiastrasson, al dueño de la taberna, el señor Kristenssen y al médico, el doctor Kjaessen. El joven Arnessen pidió una copita de ron y se fue a la mesa, a sentarse con los demás. No sabía a qué jugaban aquellos cuatro prohombres locales, no entendía las reglas, pero le gustaba sentarse allí y formar parte de aquella camarilla de muchachos y hombres de mediana edad que con sus cigarros, sus copas, y sus comentarios sobre mujeres, los negros del puerto, asuntos de la vida política, y los lances del juego, significaban para el joven Arnessen más que la propia escuela que hacía pocos años había abandonado para trabajar en la imprenta de Pederssen.
Todo era como siempre. Como todos los sábados. En un momento, la puerta de la taberna se abrió y apareció en el portal un hombre alto, moreno, con los ojos muy grandes y negros, enfundado en un brilloso traje blanco. El joven Arnessen esperó a que los demás hiciesen algún comentario, pero los presentes no hicieron el menor gesto de sorpresa. El joven Arnessen creyó que había llegado la oportunidad de significarse en aquel grupo, que la presencia de aquel personaje 'raro' no debía dejarla pasar como motivo para distinguirse, para que le tuvieran en cuenta. ¿Porqué los demás no decían nada de aquel personaje?
Este, con andares amanerados, avanzó hacia la barra y pidió un licor de fresas, que hasta al mismo tabernero le costó recordar que tenía. El joven Arnessen escuchó lo del licor de fresas y era lo que le faltaba para franquearse la puerta del grupo, para ser aceptado como uno más de aquella pequeña sociedad de energúmenos de copa y puro.
- La señorita no puede beber algo más fuerte... -dijo el joven Arnessen, impostando la voz.
Y entonces, aquel hombre de traje blanco, cabello negro repeinado hacia atrás, tras beberse el rojo licor, se fue caminando hacia el joven Arnessen y le dijo al oído... 'Bienvenido'.
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