martes, 8 de diciembre de 2015

De cajón

Del catálogo 'Vivencias' de Alfred Icalent, hemos seleccionado para este día un pequeño texto, llamado 'De Cajón', que esperemos que, al menos, no sea para tirarlo.
'Viendo la tele, un sábado de 1980, Josep Maria Resafé vio a Paco de Lucía en un programa de televisión. Como le había visto a él, habá visto a unos cuantos miles de personas antes. Durante el programa, habían aparecido cantantes, humoristas, algún personaje curioso y hacia el final, Paco de Lucía interpretó alguno de sus éxitos del momento. Josep Maria Resafé no era un seguidor de la música flamenca, ni de ningún típo de música y sin embargo, aquel ritmillo que salía de la tele, le pareció interesante. No lo pudo comentar con nadie, ya que a la sazón, Josep Maria Resafé vivía solo. Solo. Los días pasaron y en un diario de tirada nacional, apareció una noticia que hablaba del fenómeno de Paco de Lucía en el mundo de la música. Hablaban de cómo había introducido el cajón en la música flamenca y de su afán por innovar relacionándose con nuevos artistas. Josep Maria Resafé no consideró que el artículo le aportase nada realmente emocionante. A él no le gustaba el flamenco. Le gustó aquella vez Paco de Lucía y poco más. Camarón, Morente, Gerena, lo que fuera, no le interesaba. No tenía porqué. En fin. Sí que le llamó la atención 'lo del cajón'.
Paseando por una calle del Eixample barcelonés, pasó por delante de una tienda de música. Por curiosidad entró. 'Hola, buenas tardes, quisiera saber si ustedes tendrían un cajón flamenco'. El dependente le explicó que en realidad no era un cajón flamenco, sino un cajón peruano, pero que gracias a Paco de Lucía... a Josep Maria Resafé no le interesaba nada de eso. Quería, sin saber porqué, un cajón flamenco. El dependiente le sacó uno, se lo enseñó e intentó hacer una prueba de sonido. Josep Maria Resafé atendió a lo que decía el dependiente y cuando concluyó, pagó, se llevó el cajón flamenco y se fue.
Desde 1980 a nuestros días, el cajón flamenco ha ocupado la casa de Josep Maria Resafé. A veces ha vivido sin tapar y otras veces ha sido tapado con un visillo. A veces ha tenido fotos encima, otras no. A veces ha estado en este rincón, otras en otra. Durante unos cuarenta años, el cajón flamenco ha sido un elemento indisoluble de la casa de Josep Maria Resafé. No se casó, no tuvo hijos, pero sus amistades venían a casa y miraban aquel cajón flamenco con interés. Por h o por b, nadie preguntó nada.
Hace unos meses, una de las sobrinas de Josep Maria Resafé, durante una comida de aniversario de la yaya Olivia, le preguntó a su tío 'tiet, qué tiene dentro el cajón flamenco?'. Josep Maria Resafé, miró extrañado a su sobrina y le dijo 'ah, pues no sé, trae la caja con los destornilladores que está en el armario al lado del...'.

lunes, 7 de diciembre de 2015

La Mula y La Pa en El Cinc. ¿Qué es el blues?


¿Qué es el Blues? Se supone que el Blues es un género derivado de los cantos de los esclavos africanos que llegaron a los Estados Unidos. Así a grosso modo, suponen una expresión de pérdida, de lamento por lo que no se tiene, de constatación de que el presente es un horror y el futuro, si no lo remedia algo o alguien, no va a ser mejor.
Son muchos los grupos, conjuntos, dúos que siguen haciendo Blues. Me habían avisado de que La Mula y la Pa (la mula es Carlos Mulero, guitarra y la pa es Patricia, voz y armónica) eran muy buenos, que no me fijase solo en el vídeo que me enviaban sino que fuese a verlos. Ya tocaron en Santa Coloma en el Berenguer, pero no les pude ver hasta ayer en El Cinc. Una epifanía.
¿Qué es el Blues? Hay, supongo, muchas maneras de disfrutar el blues, y por ende, cualquier tipo de música. De una manera festiva, relajada, por rellenar la vida con algo, como un pasatiempo, profundamente, sentidamente. Es muy difícil que, con un conocimiento del inglés medio o bajo, uno pueda llegar a meterse en el blues, el rock o el pop anglosajón, Es fácil sentir la música, pero no tanto sentir lo que expresan las canciones. Argumentos un poco flojos para explicar lo que quiero decir. Según como, una canción de Chiquetete puede llegarte más que un blues de Lightnin Hopkins, están diciendo lo mismo, pero la música es distinta. Quizás vaya más por ahí.
La Mula y la Pa proponen un blues básico, guitarra y voz, armónica. Pero ojo, qué guitarra, qué voz y qué armónica. Ir pregonando la edad de estos individuos no hace sino agrandar la sorpresa del público '¿cómo, son tan jóvenes?'... y siendo tan jóvenes, te los crees. Aunque no entiendas mucho inglés, aunque se te escapen la mitad de las cosas y muchas de ellas vengan condicionadas por la introducción de los temas que hacen, te los crees. Y eso es muy importante.
Creerte al que está haciendo algo de cara al público. Creerte que lo que hace y dice y siente es sincero. Que todo eso que está cantando, le está pasando de verdad. Que en esa canción de Lightnin Hopkins en la que te dice que va a pillar una neumonía porque anda buscando a su chica por las calles, es eso, está enfermando por su chica. Que el blues, ese canto de lamento, ese gritar que no puedes tener al lado a la persona con la que quieres estar, que no tienes lo que te falta, que te has levantado esa mañana y... pues eso, que todo eso es verdad. Que está pasando.
El repertorio combina canciones propias y versiones. Hay canciones propias en las que, oh, de repente se cuela un toque flamenco, y la Pa, una pedazo de cantante, se transmuta en cantaora y lo hace igual de bien. Sin aspavientos. Es eso, sin aspavientos, sin amaneramientos, ni cuando canta blues, ni cuando flamenquea. Si La Mula toca la guitarra como Dios, La Pa hace la estés mirando todo el rato. Versionean clásicos, versionean canciones desconocidas, se atreven al final con La Leyenda del Tiempo de Camarón y con Lole y Manuel cantando Todo es de Color. Incluso culebrean con Bob Dylan y se marcan en el bis un A change is gona come de Sam Cooke, que se te va la castaña, compañero.
Pocas veces tiene uno la sensación de que ha visto algo diferente. En los últimos meses, en el Cinc y en otros recintos de la ciudad, hemos asistido a conciertos buenos, muy buenos, otros más convencionales. Algunos de géneros que tendrán más o menos que ver conmigo, pero el de ayer, el de La Mula y la Pa, sea por los condicionantes, por venir predispuesto, o por los condicionantes (y digo dos veces condicionantes y no digo tres veces condicionantes, porque soy modesto), era especial. Algo tienen de especial. Que ella no canta como te esperas, que no son puristas, que parecen muy ortodoxos y no lo son, que se te hace corto, que estás esperando cuál será la siguiente sorpresa, el duelo de armónicas, el giro flamenco, el retorno al blues.
¿Qué es el blues? Cantar por lo que no se tiene, lo que se ha ido, lo que no está. Espero que haya más veces con la Mula y la Pa y que no me digan nada, que ni me entere, que todo me resulte ajeno. Pero será difícil. Son muy buenos.

jueves, 3 de diciembre de 2015

Diálogo

- Blanca Suárez. A la primera.
- Anda que bien. La primera vez que dices el nombre de la interlocutora a la primera.
- Blanca Suárez.
- Muy bien.
- Blanca Suárez.
- Vale.
- De no saber ni cómo te llamabas o si salías en muchas películas o en pocas películas, de repente, verte en todas partes. Que si en la serie tal, que si en la película cual. Sales en la del Alex de la Iglesia.
- ¿La has visto?
- No. También sales en la serie de Carlos V.
- ¿La has visto?
- Tampoco. Y me gustaría. Porque puede ser interesante. No sé. Porque es una parte de la historia del país y de Europa, muy interesante. Tópicos a parte, porque siendo un personaje... oye, porque va junto o separado... es que estoy en una etapa ahora mismo en la que no estoy seguro de nada.
- Coño. ¿Y eso?
- Uf. No te lo puedo explicar. Porque si te empiezo a explicar seguro que me lío con metáforas y parábolas y la verdad, hay cosas que se tendrían que explicar de una manera clara y sencilla. Y no creo que sea demasiado importante.
- ¿Y si no lo puedes explicar, por qué coño lo asomas?
- Bueno, siempre es bueno mostrar de lo que quieres hablar o lo que tienes en la cabeza. No sé, aunque luego no digas nada, o se quede en nada, pero por lo menos decir que en la cabeza tienes algo.
- ¿Eso es una metáfora? Porque seguro que todo lo que dices tiene algún sentido oculto. Seguro que alguien, en algún lugar, está leyendo lo que pones por aquí para averiguar si te estás bufando de alguien o si lo estás criticando veladamente. Estás loco. ¿Eso que llevas en la cabeza es papel de plata?
- Si. Lo encontré el otro día en un sitio y dije, voy a probar. Oye. Y es efectivo. Yo era muy poco receptivo con lo del papel de plata. No me lo creía. Eso de que poniéndote papel de plata en la cabeza las ideas que el Gobierno o la CiA o la Liga de Baseball nos quieren meter en la cabeza, no penetraban, que eso no era cierto. Y lo es. Desde que llevo el papel de plata en la cabeza, veo las cosas con mucha más claridad. Veo que lo que me decían era cierto, que...
- Ya te estás riendo de alguien, seguro.
- Con un papel de plata en la cabeza seguro que no me estoy riendo de nadie. Al contrario, me expongo a que los demás se rían de mí. Ellos no lo saben, pero estoy haciendo un servicio a la gente con esto. Estoy avanzándome a una posible...
- Para, para. Una cosa. ¿Por qué hablas conmigo si no sabías ni quién era, si no has visto películas mías, si no ves la serie...? ¿A santo de qué?
- Bueno, vi una peli tuya, la de Almodóvar esta de los aviones.
- Amores pasajeros.
- Si tú dices que se llamaba así... no sé.
- ¿Empieza la campaña esta noche?
- Qué cabrona que eres, cómo te gusta hurgar.
- ¿Porqué?
- Porque sabes que es un tema peludo ese.
- ¿Peludo por qué?
- Joder, porque sí.
- ¿Pero por...? ¿Qué pasa, que hay mal rollo?
- No, no, qué va. Si entre los de En Comú Podem...
- ¿Podem? ¿Vas a hacer campaña con Podem? ¿Y Izquierda Unida?
- Uf.
- ¿Te has ido de Izquierda Unida?
- Noooo, ¿cómo me voy a ir de Izquierda Unida? No, es que Esquerra Unida está en una candidatura que se llama En Comú Podem. El nombre podría ser otro, cierto. Los colores otros. También. Todo podía ser distinto y mejor. Claro. Que nos podíamos haber presentado solitos, pues era cuestión de que unos cuantos valientes le hubieran puesto ese valor y ese arrojo que se les presupone y haber montado la fiesta. Pero no pasó. Así que aquí hacemos campaña por un rollo propio, que se llama En Comú Podem, que incluye a mucha gente y también a nosotros. Y mientras no se demuestre lo contrario, nosotros somos EUiA. Y si a alguien no le queda claro, que vaya a las reuniones y pregunte. O actúe. O proponga.
- Pero tú vas y te da igual eso de que no se pueda votar a Garzón...
- Da igual lo que te cuente. Si tú quieres votar a IU y ya de antes no querías ni empezar a hablar, da igual lo que se te comente. Oye, ¿por qué me quitas el papel de plata de la cabeza?
- ¿Cómo?
- Que no me quites el papel de plata de la cabeza, que es quitármelo y empezar a decir que me creo lo de En Comú Podem.
- ¿Qué?
- Que no me quites el papel de plata de la cabeza.
- ¿Pero entonces no quieres que IU gane las elecciones? ¿Prefieres a Pablo Iglesias, que no tiene ni puta idea?
- Que no. Que yo quiero que gane IU, pero que aquí, si podemos ir todos juntos...
- Pero si se os mean en la cara...
- ¿Cómo?
- Si, que se os mean en la cara. Que pasan de vosotros.
- Pues que se jodan. Qué placer más grande que verle la cara a la gente que no quiere que estés en un sitio, que hacer acto de presencia y...
- Oye, todo esto que estás poniendo, va a haber quien se lo lea con lupa.
- O con gafas.
- Tú llevas gafas de pasta. ¿Algún disco nuevo así que mole?
- Oye, el de Las Ruinas, el último. Estaba yo perdido perdido, y con este disco he encontrado como un asidero. Mira que las Ruinas no son precisamente...
- Son malos.
- Que no, que no son malos. Que están bien, que están muy bien. Son sencillos.
- ¿Y de fuera? No sigues nada.
- De fuera, nada. Es grave.
- ¿Entonces, volviendo a lo otro? ¿Esta noche empieza la campaña?
- Sí.
- Con En Comú Podem.
- Sí.
- Pero eso es como ir un poco por libre ¿no? Y no respetar a tu propia gente ¿no?
- Te voy a poner bien el papel de plata en la cabeza.
- Ponte tú también y nos hacemos una foto.
- Vale.
- Oh, qué guapo.
- Si. Guapísimo. Venga, lo dejo ya.
- Vale. Nos vemos.
- No creo, que estos días voy a estar muy liado.
- Va, que seguro que encuentras un hueco.
- Que no sé.
- Bueno, tú mismo.
- Oye, que eso.
- Si, oye, antes de que te vayas ¿qué tal si me cuentas así por encima cómo ves lo del Madrid ayer?
- Ostia, qué mala baba tienes... ahora que nos vamos, que no lo tengo preparado ni nada, venga adios.
- Adios, adios...

miércoles, 2 de diciembre de 2015

Karpov

Que me tengo que cortar el pelo, que ya lo veo. Pero ahora para qué me quiero cortar el pelo. Es como lo de afeitarme, para qué quiero afeitarme. Es como lo de estar, ser y parecer, para qué quiero todo eso. En fin. Hacía tiempo que no me pasaba, quedarme mirando una pieza y encantarme. Hace mucho tiempo que no me quedaba extasiado mirando una cosa, o perdiendo la vista hacia cualquier sitio y dejarme ir. El calorcito. El estar dormido y estar despierto. Normalmente, si pierdo, me enfado. Me enfado mucho. Pero ahora, ver que estoy perdido y que no tener solución, me ha dejado, no sé. Como que me da igual todo. Llevo mirando al rey ni sé el tiempo. Supongo que me darán la partida por perdida, por el tiempo. No sé cuánto tiempo hace que juego a ajedrez. La vida entera quizás. No me acuerdo. Mientras me he quedado pensando en mis cosas no sé el tiempo que ha pasado. Me da miedo levantar la vista del tablero y que ya haya pasado todo. Voy a seguir mirando a ver si de alguna manera u otra, con el poder de la mente, no sé, con haberme concentrado tanto mirando la pieza y el tablero y la ostia, igual he cambiado el curso del tiempo. ¿Porqué no podría pasar? Igual no pasa nunca, pero ¿y si pasa? Puede ser que mirando y mirando y estando absorto, o más bien, estando absolutamente puesto en una cosa, igual la cambias. Es el rollo cuántico. No me hace ninguna gracia pensar así, pero uno se agarra a cualquier cosa, pensando que va a cambiar el curso de la partida y las partidas no se arreglan mirando una pieza. Pero podría pasar. Se me ha ido la cabeza, quizás ya de manera definitiva. O no. Igual esta partida es una partida más, pero quién te dice que no sea la partida definitiva. ¿Y si no juego más partidas y pierdo esta partida y...? Tampoco pasa nada si dejo de jugar al ajedrez. Dejar de ser ajedrecista. Ser otra cosa. No sé cómo ha ido la partida, pero veo que me he quedado solo con el rey. Ha tenido que ser una partida... qué digo, si la he jugado yo. A ver, si hago memoria, he empezado como siempre. Reservando. Soy Karpov, soy conservador, no arriesgo, no he hecho nada que me pusiera en peligro. La partida ha ido como siempre, creo, hemos estado tanteando y no sé por qué, he empezado a pensar que podía ir hacia delante. Que podía atacar. O no. Quizás ha sido que de tanto pensar que no debía atacar, me he quedado mrando y mirando y cuando he querido reaccionar tenía el rey delante y la vista concentrada en el rey, pensando qué había pasado. Es un poco... no sé. Si levanto la vista del tablero y no hay nadie, qué pasa. Pero si levanto la vista y me dicen que ya he perdido. Igualmente, con un rey únicamente, esto significa que ya hace tiempo que había perdido la partida y esto es simplemente... pero, y si levanto la vista y el otro tiene también un rey. Es que ni me he fijado. Claro, y si levanto la vista y el otro tiene también un rey y entonces... Claro. Espera. Voy a levantar la vista. A ver qué pasa.

martes, 1 de diciembre de 2015

Crónica del segundo #plegramenet de Noviembre. Fantasía.

En la noche, en la fría noche de Noviembre, un caballo blanco grande y hermoso galopa por la plaza de la Vila sin que nadie lo monte. En una fría noche de Noviembre, el caballo blanco grande y hermoso, que parece que camina con patines, grande y hermoso, por la plaza desierta. El caballo blanco que tiene las crines asilvestradas, el porte digno y muy de caballo grande y carnoso. Un caballo grande que entra en el Ajuntament de Santa Coloma y sube las escaleras y saluda muy señorón al de la puerta que hace como que no le conoce y sí le conoce, pero no sabe de qué. Porque el caballo grande y hermoso ya ha ido alguna vez a un Pleno del Ajuntament y se ha sentado en una silla y ha contemplado el pleno y ha menguado de tamaño para ser un caballo apto para sentarse en los bancos de prensa, o en el de alguna entidad. Póngame las comas donde quiera. Miembro del Real Club de Caballos Blancos, grandes y hermosos. Un caballo grande que entra por el pasillo y saluda al público que está en los sillones, a los guardias urbanos, a los concejales que salen a hacer sus cosas en el lavabo. Un concejal sale con la cabeza gacha hacia el lavabo. Unos cuantos concejales que son regidores y que son concejales y que están en el gobierno pero no están en el gobierno y si alguien me lo aclarase me facilitaría mucho luego la posibilidad de ciscarme en su trabajo, en su forma de vida, en su vestuario, en su manera de decir 'ostentoso', por ejemplo, que es un vocablo que no se dirá nunca en un Pleno y si lo dice alguien yo lo apuntaré aquí y lo diré. Ostentoso. En la sala de plenos los concejales de los que hemos hablado cuchichean entre sí, ha vuelto el caballo grande, qué grande y hermoso, que ha vuelto al pleno, porque hacía tiempo que no le veían. Ha ido alguna vez al pleno, pero no con la forma de caballo grande y hermoso, que era una bruja que venía del país del Muchofrío y otra bruja más joven y discreta le convirtió en caballo grande y hermoso. La joven bruja joven y discreta, tan sencilla, no será nunca como las grandes brujas que dominan el mundo. La bruja que todo lo puede y lo sabe mira a los concejales que no hablan y que intentan articular discursos. Oradores. Horadadores. Merodeadores. Oradores que declaman discursos encendidos en los que defienden una ciudad, un amor, un pueblo, unas ordenanzas fiscales. En un pleno, en ese pleno, con el caballo grande blanco y hermoso, señorón y bien puesto, que a veces alza las manos y relincha porque quisiera ser bruja de nuevo y no puede, dos concejales con alfileres en las gargantas, dicen cosas que son como rayar con un tenedor en un plato. Nadie quiere oirlos. El caballo grande, qué blanco y qué hermoso, que era bruja y se convirtió en caballo grande y hermoso que encandila de mirarlo y de guapo y artista, relincha y se revuelve. No le gustan los concejales con alfileres en las gargantas, porque su voz le recuerda que es caballo, que ya no es bruja, que es un caballo grande y hermoso, que fue condenado por otra bruja a la que no conoces, pero que tiene un pelo que da gusto tocar y peinar y peinar y tocar y peinar y tocar, lo condenó a ser un caballo grande y hermoso, que relincha y se pone sobre sus patas traseras a manetear, como si fuera una persona. Y dos sacos de arena descansan sobre la barra de un bar, en un punto lejano, mientras el mundo gira sin que dos sacos de arena lo sientan, porque la arena no puede pensar. Y en un cuarto oscuro de una oscura calle, con un frío que pela, unos señores con papel de plata en la cabeza discuten en idiomas que no se entienden. Yo tengo un idioma y un lenguaje, pero usted tiene otro idioma y otro lenguaje, y el colmo es que un tercero tiene otro código y no es nefrítico, que es otra cosa. Qué caballo grande y hermoso, que se levanta y se deja acariciar por la bruja que todo lo sabe y lo puede. Y unos jóvenes intrépidos se acercan a donde está la bruja que todo lo puede y lo sabe y no pueden acercarse mucho, ni muy de golpe porque quema y asusta, porque se han acercado mucho a donde la gran bruja de todos los poderes del universo, que se ha quedado sola, se levanta y acaricia al caballo grande y hermoso y le consuela, porque tú eras una buena bruja y entre todas las brujas malas te la han jugado y yo a tí, si tú me relinchas y me llevas, un ratito solo, nada más, yo te devolveré la apariencia de bruja. Y dos concejales con voz de aguja, con garganta llena de alfileres siguen intentando crear dentera en un espacio que a veces se curva y unos concejales y otros regidores se caen de sus asientos y uno, que está pegado a la pared, se queda con los pies en alto. Todos ellos, los que no hablan, se quitan los esparadrapos de la boca, pero ya se han olvidado de cómo se decían las cosas. El secretario es el único que narra los puntos, los desgrana, argumenta, y contesta. Los regidores que se peinan bien no escuchan al secretario y no conocen al caballo grande, ni cuando era una bruja. El caballo, qué grande y qué hermoso, se enseñorea en el centro del hemiciclo, si es que se le puede llamar hemiciclo, y hay unos cuantos que lo conocen y otros ya no se acuerdan ni de la bruja siquiera. Te conocen y no te quieren ni ver, porque cuando eras bruja no se supo que eras bruja que ya era demasiado tarde para que tú misma te dieras cuenta y otra bruja, más joven, a la que quisiste tanto, de convirtió en caballo blanco. Qué grande y qué hermoso. Y los concejales con la voz de garganta son dos, una bruja y un fornido mozo que lleva un papel escrito, cosido en la ropa, que acredita en todo momento que está allí. Y todos miran y remiran el papel y lo comprueban. Está allí, sí, pero lo vuelven a mirar. Ese papel está gastado y es nuevo. Se necesitará otro papel. Y la gran bruja que todo lo puede habla y dice y contesta y a un torpedo que se acerca a su trono sin importarle si quema mucho o no, lo convierte en pollo. Y el pollo intenta picotear aquí y allí, y sus compañeros, de tanto acercarse a ese trono candente, se han cansado. Ya no están. Y el reloj se para, porque el secretario también ha salido al lavabo. Y todo huele a pipi. Y ese fuerte olor a pipi no puede venir solo del secretario. El caballo grande y hermoso no hace pipi. Qué caballo tan señor y tan lindo. Cómo me gustaría montarlo. Pero ni soy pequeñito como un jockey, ni un prócer como Rosas. Qué gusto ver un caballo grande y blanco bien montado. Qué copa de vino. Qué sombrero español. Ese discurso recio y galante, ese decir las cosas como son, con palillo en la boca y ojos amarillos. Esa lengua blanca. Esa oreja con pelos negros. Qué caballo tan capaz y tan valiente. Y el pleno avanza y los dos de la voz de alfiler van rayando las mesas, los suelos, las cabezas. Los jóvenes intrépidos pierden la forma. Los que se peinan y huelen bien de repente y sin que nadie se lo pida, hablan de unos números que hacen relinchar al caballo grande y blanco. Entre el numeroso público, unos señores muy mayores, durante todo el pleno dicen que son los garantes de la autenticidad de la democracia, que vigilan por el buen funcionamiento del sistema, por que la voz soberana del pueblo se escuche. El caballo, qué grande y qué señorón, relincha porque cuando era bruja, recuerda haber amado al pueblo, como solo se ama a las cosas. No a las personas. Se pregunta quién ama a las personas y se contesta por riguroso orden de lista. Dos sacos de arena se miran y se aseguran que se aman. El caballo blanco relincha. Cómo bufa, qué poderío. Muy lejos, a una persona le entra algo en la cabeza. No se ha puesto bien el papel de plata. Quizás tenga algo que decir. Es una idea. El caballo blanco siente que algo pasa y quiere abandonar la sala de plenos. En la sala de plenos, al lado de la bruja de todo poder, se produce un vacío. La bruja no tiene a su lado al gran mago que creó el trono candente al que nadie puede acercarse, al que los jóvenes valientes no pueden acceder. Hay concejales que se han dormido. Unos concejales se mezclan con otros. Se hablan, se ríen, se hacen fotos. El secretario sale despedido de su asiento cuando empiezan a tratarse de las mociones. Una de ellas tiene que ver con el trabajo de teleoperador y una representación de ellos sale a la palestra, unos saharauis, salen a la palestra, unas palestras salen. Unos impuestos salen a la palestra. Una confirmación de un puesto de confianza, sale a la palestra. El caballo relincha de nuevo. Oye palabras que le asustan. La bruja que le convirtió en caballo blanco, aprendió de la bruja que es el caballo blanco a pasar la mano por el lomo, susurrar en la oreja, a lanzar contra la pared, a salir a la palestra. El secretario sale despedido y va a caer a una concentración por determinar. En un lugar escondido, unos seres escondidos, miran una pantalla escondida, no dejan que nadie se acerque. Hay una batalla por controlar el universo. En esa sala están ganando. En el cuarto oscuro del callejón oscuro se están preparando muy fuerte para ganar. El caballo blanco ha vuelto para mirar, mostrarse y relinchar. Una regidora quiere leer algo. Otra enseña un vídeo. Otra mira al caballo blanco y cree que le reconoce, que le busca con la mirada. La bruja con alfileres en la garganta mira al caballo blanco y llora. Muy lejos, en otra parte del mundo, el ratón Micky se mira las manos y descubre que lleva guantes. Se quita los guantes y cuando se mira las manos, en los guantes descubre una marca: santa coloma old school. Y acaricia con su dedo la marca de los guantes y piensa el ratón Micky que debería hacer un conjuro para construir un edificio poderoso que sirviera de ratonera gigante y se lo propondrá a la gran bruja que todo lo sabe. Y el sueño me vence y el caballo blanco, tan grande, con esas patas tan gordas, tan bufador, tiene prisa porque tiene que estar en una reunión, otro día. En realidad tiene que visitar a los dos sacos de arena y llevárselos a cuestas y dejarlos en su casa. Y antes el caballo era una bruja y ahora sólo vale para llevar sacos de arena. Y la bruja joven le dice que todo el mundo se acuerda de él. Qué grande y qué hermoso. Y la bruja que todo lo puede echa de menos al gran mago. Y los dos regidores con alfileres en la garganta, siguen buscando la manera de horadar, de escarbar. Y queda mucho tiempo y el mismo tiempo puede volver sobre sí mismo, encogerse y expandirse. Todo puede ser. Solo estamos en noviembre.

Para Esteban Serrano, por una pronta recuperación. 

lunes, 30 de noviembre de 2015

¿Me entiendes lo que te quiero decir?


Hay mucha gente que se interesa y me pregunta ¿cuál es el secreto de tu éxito? Bueno, yo siempre suelo dar una misma respuesta, clara y sencilla. Y esa respuesta es precisamente la claridad y la sencillez en la exposición de mis argumentos. Yo creo que es fundamental hacer llegar un mensaje claro y nítido, una idea concreta y que el mundo, el público, tú mismo incluso tú misma, entiendan perfectamente lo que se quiere decir. La idea, el concepto, la manera, la forma. Es, a mi modo de ver, evidente que tiene que darse un mensaje sencillo, explicado de manera convincente, o no, según sea eso, porque lo de convencer no es tampoco, creo yo, lo más importante. Lo importante es que el mensaje sea entendible. Que la persona que me escuche entienda lo que le estoy diciendo. Y creo que soy una persona que dice cosas que se entienden. Modestamente creo que si por algo me caracterizo es por contar y decir las cosas de una manera que la gente, el lector, el oyente, quien sea, público en general, sabe lo que estoy diciendo. Que luego comparta o no lo que yo estoy aportando, eso es ya otra cosa. Como digo, no pretendo convencer a nadie. Simplemente me vengo a referir a la parte más simple de la comunicación. Yo digo una cosa a alguien, un colectivo, una gente, una persona concreta, siempre en un idioma o en un código compartido por ambos y ese mensaje llega de manera completamente entendible a un receptor. Esto es lo fundamental. Yo, por ejemplo, y por ir concretando de alguna manera la respuesta, puedo decir lo siguiente: estoy muy asustado. El receptor entiende perfectamente que mi estado de ánimo no es el de una persona que tenga miedo a algo concreto, que haya recibido lo que un niño diría 'un susto', sino que entiende perfectamente que lo que me pasa es que mi estado de ánimo es el de alguien que, respecto a la situación personal presente y futura, siente un desasosiego cierto. Otra persona, por ejemplo, que diga: estoy asustado, quizás no es capaz de transmitir ese estado de ánimo concreto. Repito un poco lo de estado de ánimo porque es posible, y así me lo demuestra la experiencia, que un mensaje repetido varias veces, un concepto, por ejemplo, llega de una manera mucho más clara al receptor. Esa creo que es la clave de mi éxito. Hacer todo lo posible para que un mensaje, para que todo lo que digo y hago, sea fácilmente entendido por las personas que me rodean. Si yo digo ahora: quiero. Así, sin más. Rizando el rizo. Con una única palabra. Quiero. Es evidente que no hace falta que haga mucho más alarde expositivo, mucho más por aclarar, incluso no hace falta que haga del concepto protagonista de una serie de repeticiones inútiles que no servirían para nada. El que me escucha, sabe que lo que estoy diciendo es una evidencia. Y no hace falta seguir una trayectoria concreta o mirar mi vestuario o hacer caso de referencias semióticas que al común de los mortales pueden escapárseles. No. Lo que estoy diciendo es sencillo y sin que nadie me conozca, fíjense porque ese es el secreto de mi éxito, sin que nadie me conozca, puedo hacer llegar un mensaje claro y sencillo a los que me están escuchando. Lo que tú me preguntas es cómo he llegado a este nivel tan alto de repercusión y éxito. Lo que me preguntas es cómo y de qué manera he conseguido ser ahora uno de los personajes del momento. Y la respuesta, como te digo, es bastante clara, no voy a decir evidente, porque si fuera de tal manera evidente, muy posiblemente no me lo preguntarías. O me lo preguntas para que me explaye. No sé, porqué me lo preguntas, la verdad, quizás porque las personas así que tienen tanto éxito siempre tienen un altavoz para decir cualquier cosa. Yo creo que es eso. Que soy una persona que se entiende. ¿Me eniendes lo que te quiero decir?

viernes, 27 de noviembre de 2015

Recuerdo y homenaje a Lluís Hernàndez. Lluís está vivo.

Lluís Hernàndez ya está muerto y los homenajes son para la foto. Esto me lo dice una amiga antes de ir al acto de recuerdo y homenaje a Lluís Hernàndez, el primer alcalde de Santa Coloma tras la ‘recuperación’ de la democracia. Es un acto organizado por Fòrum Grama, con el que han colaborado el Ajuntament, el CEP, la Favgram, Casal del Mestre e ICV, en el Auditori de la Biblioteca de Singuerlin. Los que teníamos pensado llegar a las siete en punto porque no teníamos ganas de alternar, si es que alguien quiere alternar con uno, nos quedamos de pie. Me quedo de pie al final de una sala que está llena.
La sala está llena de abrazos, de gente que se reencuentra, que se reúne, que se vuelve a ver. Todo esto no es mío, es parte del breve cierre que hace Alexandra Sevilla, en el que constata que allí nos hemos dado cita gente diversa. Muy diversa. Gente que estuvo a favor y que estuvo muy a favor y gente que en su tiempo se las tuvo tiesas con Lluís Hernàndez. Pero allí estábamos, todos, reconociendo el papel de una persona que es fundamental para entender Santa Coloma. Lo que fue, lo que pudo ser y lo que debería ser. Mucha gente. Hay gente que incluso va para que le vean que han ido, que han estado, que no han faltado, pero que no se puede quedar. Se tenía que estar, fuera la circunstancia que fuera, porque seamos del equipo que seamos, todos somos lo que somos, de una manera o de otra, un poco o mucho, por Lluís y por muchos que estaban en esa sala que eran Lluís, que no llegaron a ser Lluís o a los que la vida, la política, la historia, los llevó por otro sitio.
Es un acto de reconocimiento y homenaje. Al político, al capellán y al hombre. En tres bloques conducidos por el bueno de Andreu Banús, iban apareciendo personas que introducían el bloque, que leían un poema y después a ambos lados de la sala, en micrófonos de pie, personas que habían trabajado con él, que habían compartido algo con él, intervenían. De manera concisa. Iba a hacer un comentario sobre lo que significa ser conciso: conciso no significa repetir tú lo que ya han dicho otros. Pero me lo ahorro. Todo el mundo estuvo muy bien. Saldrán personas que le han conocido y le han querido, creo que dijo la Dordella. A la persona que tenía a mi lado le dije, ‘no nos vamos a ir de aquí ni a las tres de la mañana’. Suena Raimón.
Imagino ahora un acto de homenaje a Lluís Hernàndez, eterno. Un acto, en un recinto adecuado específicamente para ello, en el que la gente cuente cómo era, qué hizo, lo que le costó, todo lo que le costó, no sólo los grandes éxitos y las grandes hazañas, no. Todo. Eterno. Un espacio que vaya más allá de ponerle un nombre a un Instituto (iniciativa que me consta que ya pasa por la cabeza de alguien), una calle, una plaza. Un espacio para el recuerdo constante, en el que la gente no deje de contar cómo era, cómo éramos, lo que le costó, lo que disfrutó de la vida, y lo que sufrió también. Alguien a mi lado me dice que todo va a quedar bien atado, que se va a presentar a un Lluís suave. No dice suave, lo de suave lo digo yo. ‘Si yo cogiera el micrófono…’. Supongo que acabaríamos diciendo lo que dice todo el mundo, que era un ejemplo, que por él muchos empezaron a implicarse, que a todos se nos llenaba la boca diciendo que éramos de Santa Coloma nada más que por tener un alcalde como Lluís, cura y comunista.
Abrazos, sonrisas, silencios, palmas, aplausos, gente que le recuerda de las Oliveras, gente que lee poemas con los que desconecto, porque los poemas largos me hacen pensar en mis cosas. De la Vega lee un poema que no es muy largo y que está muy bien. Dónde está todo aquello. Como decía Eskorbuto ‘¿es acaso esta puta mierda en la cual vivimos?’. Quizás. Hay mucha gente que podría haber hablado y que no habla. Otros que hablan y lo hacen muy bien. Otros y otras que tenían preparado un discurso y que acaban diciendo otra cosa, más sentida y menos formal. Un acto de recuerdo y homenaje a Lluís Hernàndez. A la salida, otro alguien me dice que si Lluís Hernàndez hubiera ido al acto de homenaje a Lluís Hernàndez, se hubiera levantado a la media hora o menos y hubiera dicho ‘os espero en el bar’.
La gente le recuerda en Ecuador, en las Oliveras recibiendo la paliza famosa, subiendo a los autobuses, luchando y parando desahucios… hay uno, un técnico que sale al final, un tal Fernández creo, que dice que no sólo era todo eso que han dicho todos. Es que además era muy buen gestor y que hizo muchas cosas tangibles en Santa Coloma más allá de crear el mito del cura rojo, del comunista de las Oliveras, que hizo y fomentó muchas de las cosas que han hecho funcionar Santa Coloma. Cosas que cuando las contaba dejaban a la gente un poco sorprendida… cómo que Lluís… habían ido a escuchar los grandes éxitos de la épica luchadora y se encontraban con alguien que alababa que Lluís hubiera creado Grameimpuls, o que fuera la ciudad que recaudaba los impuestos con más celeridad porque había creado el sentimiento de que pagar impuestos contribuía al progreso de la ciudad. Casi nada.
Mucha gente y mucha emoción. Gente mayor que no aguanta el acto tan largo y se va yendo y en el pasillo, las parejas se dicen espera que me pongo la chaqueta mientras que escucho esto, se lo dicen en voz alta y la gente pide silencio porque están leyendo un poema o Albert Fabà está cantando. ¿Cuánta gente conocía a Lluís? Vengo unos minutos, nada, un cuarto de hora y me voy. Mi madre conocía a Lluís y… Mis padres no tenían relación con Lluís. Mi padre, quizás, por Els Coloristes. Para que haya otro como Lluís Hernàndez i Alcàcer, tiene que volver a nacer. Lo dice el Sevilla, el chófer, el conductor de Lluís. Uno de los pocos que se sale de la formalidad y abre la puerta al otro Lluís. Un Lluís que no iba a aparecer en este acto. Que aparece en las conversaciones, en los comentarios, en ese personaje que es tan mítico y tan querido, casualmente, como el otro. No era un santo y no lo quiso ser, dice alguien de los que habla. Habla mucha gente y debería haber hablado aún más gente.
Un acto de recuerdo y homenaje a Lluís Hernàndez. Ha hablado la alcaldesa, regidoras, regidores antiguos, activistas, compañeros, hermanos, amigos… debería haber hablado más gente. Han venido políticos de fuera de Santa Coloma. Los de ICV, el Nuet. No sé qué más puedo decir, porque no quiero dejar de escribir sobre este acto. Es así. Como si dejando de escribir esto, algo pasara. Una sensación extraña. Ha hablado también la Rosario, habla muy bien. Desde el sitio en el que estoy voy saludando a la gente, casi no me molesta nada lo mío, pero al final me tengo que sentar en el suelo. Ha hablado también el Pitarque. No sé si lo he dicho ya. ¿Cuándo podemos coincidir así todos juntos otra vez? En alguna verbena de Sant Joan, quizás.
Al final del acto sale el Sayrach. Durante todo el acto ha habido niños llorando, chillando, cruzándose por el escenario. A algún patán le parecería que eso es abominable, pero estamos en Santa Coloma, y en Santa Coloma estamos vivos. Y esto pasa. Las nietas ya están intranquilas, no aguantan más, sale el Orfeó Tanit y cantan un par de canciones. La última parece que la hayan cortado. Nos vamos. Se acabó.
Más besos, más abrazos, más emoción. Yo haría otro acto la semana que viene. Se quedó mucha gente sin hablar. Y los que hablaron podrían repetir exactamente lo mismo y aunque con la Creuhet pusiéramos caras en el pasillo, no pasaría nada. Que siga.

Felicidades a los organizadores y no recuerdo quién lo dijo pero Lluís está vivo, porque está viva su herencia.