domingo, 7 de mayo de 2017

Aurora (final)


Komazweski, Kreznewsky, Zbgniwiew Krescinsky. Mientras estaba esperando a que nos dejasen entrar en la fiesta iba pensando en nombres polacos. Voy a repetir uno a uno todos los tópicos de mi comportamiento. Animales muertos en el camino. Durante el paseo con mi prima Aurora camino de la fiesta, íbamos viendo animales muertos, aplastados, por el camino. Animales muertos y nombres de polacos. De checos. De yugoslavos. Estábamos en la puerta y mi prima Aurora me tenía cogido de la manga de la chaqueta. No llevo ninguna chaqueta. Debe estar cogiéndome de la muñeca directamente para que no me escape. Hemos convenido entre todos, de manera asamblearia que esto tiene que ir terminando y que todos los misterios de Villastanza de Llorera deben resolverse esta misma noche. Mi prima Aurora dice que se llama Aurora al tipo de la puerta y la dejan pasar. A mí me dicen, señor Rípodas, adelante también. Le digo al de la puerta que no me llamo Rípodas y me mira como si fuera gilipollas. Convendremos en que tengo cara de gilipollas. Me dejan pasar igualmente. Mientras avanzo por un pasillo hacia una gran sala donde hay música sonando y una fiesta transcurriendo, una voz interior me va poniendo en situación y me quiere explicar algo sobre el tal Rípodas. Los escritores, los que se inventan las historias, los creadores de todo tipo, intuyo que deben no dejarse llevar por los estados de ánimo o los dolores físicos y espirituales que les asaltan para hacer lo que tienen que hacer. A mí hoy me toca describir una fiesta para concluir con una serie de relatos de carácter misterioso, onírico, un sinsentido de imágenes que quizás a alguien le puede haber parecido en algún momento interesante. Antes, supongo de que todo descarrilara hace unos meses y no supiese servidor salir del atolladero. Y me duele mucho la cabeza hoy y no creo que pueda llegar a consumar el fin de la historia. Estoy dentro de la historia y no lo veo claro. Estoy perdiendo el hilo argumental otra vez. Se me olvida que debo separar al emisor y al mensaje. Yo no soy el mensaje. Mi prima Aurora me va diciendo todas estas cosas. Que no soy el mensaje, que hace calor, que va a ponerse todo en orden. Que todo va a clarificarse. Que ella me lo va a explicar. Que es ella la que tiene en su mano la capacidad de hacer que todo esté claro. Yo no lo veo tan claro. Para qué discutir. Para qué complicarse más. Mi prima Aurora y el pelo rojo de mi prima Aurora. Mi prima Aurora dice que ha escogido la música que ha de sonar en la fiesta para que me guste. Pero lo que oigo de fondo no me gusta mucho. A mi prima Aurora no le ha gustado nunca la música que me gusta a mí, pero… qué pasillo tan largo. Qué manera de alargar un cuento sin decir nada porque no hay nada que decir. Llegamos a la sala.
Veo a mucha gente que parece que me está esperando. Gente a la que no he visto en mi vida, pero es gente que me he inventado yo. Veo a mi prima Aurora repetida, pero de otra manera. A mi prima Aurora real, a la que tengo al lado, a la que inventé una primera vez, una segunda. Veo las paredes que están decoradas con cuadros de Regoyos, de Zuloaga, de Larionov, de Goncharova, de expresionistas varios. No sé cómo puede haber tanta pared para tanto cuadro. Veo que el suelo es como el de la acera de mi casa en Villastanza de Llorera. Veo cosas. Veo a gente que me he inventado, veo a Gorteza, que se me queda dormido mientras suena la música, veo a mi madre, que se llama Aurora y que no se llamaba Aurora, veo a alguien que no tiene cara, que tiene un cartel en el que le han pintado un nombre que no puedo mirar, pero si afino un poco veo que se llama Rípodas y me alivia, porque yo no quiero ser Rípodas. Me duele un poco la pierna. Más que la cabeza. Le pido a una chica que tiene el pelo recogido en una coleta, que me abra la cabeza y vea qué tengo dentro, que lo haga con cuidado. La chica me dice que no puede hacerlo, porque es policía y no puede ni quiere. Mira todo el rato a Gorteza. Gorteza me cae simpático. Se parece a esos que están en los hospitales que se te acercan y te piden un euro, o un cigarro, y que cuando no se los das te preguntan que porqué no les das un euro o un cigarro. Que si es que les quieres matar. Y se sientan a tu lado y te dicen que les quieres matar. Por un euro. Gorteza me cae bien. Qué hora debe ser. La música suena y va cambiando de estilo. Suena la música que me gusta. Mi prima Aurora, una de ellas, me da igual, me mira y asiente. La música es alemana. Ocáriz. Ruiperez. El nombre en alemán que me viene persiguiendo y que no sabré nunca de memoria y me lo he inventado yo. Nada de lo que está pasando en esta fiesta es divertido. Le llamo fiesta porque hay una mesa con productos de supermercado como los que exponen en una de esas fiestas de la caridad en la que la gente deja cosas como cartones de leche, arroz, paquetes de lentejas. Y la música suena en un equipo de música. Y no hay una orquesta. Ni una discomóvil en la que un padre y un hijo cantan canciones. Y no sé si hay algo más triste que un padre y un hijo cantando canciones. Lo voy a cambiar, voy a dejar escrito que la música la interpretaban un padre y un hijo que cantan canciones en alemán. O alemanas. O traducidas del alemán. De temática pangermánica. Y una de esas canciones, que no sé distinguir si es en alemán o en castellano o en catalán mismo, cuenta la historia de una mujer que era la mujer más guapa del mundo, la mujer con la cara más linda y preciosa de todas las caras que se habían visto y reconocido hasta ese momento. Y se detienen en explicar cómo es esa mujer y esa cara tan linda que tiene, que cuando la miras te transportas a otro estado en el que te crees capaz de todo y crees que si esa mujer te está mirando o te está hablando o te está besando o te está haciendo alguna de esas cosas a la vez y si encima estás tú haciéndolo con ella es como si el mundo no tuviera más sentido que el que es. Que no es otro que ese. Teclear y teclear y teclear y no saber decir exactamente que la historia que cuentan es la de la mujer a la que todos tenemos en sueños. O el hombre. O el ser amado. O el ser imaginado que amamos. Que a mí se me ha representado siempre en forma de mujer, como si fuera una herramienta para despertar, para entrar en otro mundo, en un mundo que sea de ensueño, un mundo que no tiene nada que ver con este, y es cuando he tenido cerca esa cara de mujer tan linda y tan resplandeciente y cuando la he sentido así, que he sentido como una aurora, como la misma aurora, como el crucero Aurora surcando el Neva anunciando la Revolución, pero mucho mejor aún si es posible. Como si fuera todo un sueño y ese sueño fuera mejor, mucho mejor. No un sueño en el que las cosas se anticipan a la realidad y ves que lo que te va a pasar en el futuro va a ser una puta mierda, no, me estoy refiriendo (refriendo) a otra cosa, me estoy refriendo a la Aurora.
A una Aurora que es la que describen esos dos, ese padre y ese hijo, cantando canciones en alemán, y en esa canción alemán esa mujer que circula por el tiempo y por el espacio y que me ve y que se me aparece y que sus besos saben a cerveza barata alemana aunque no beba cerveza alemana barata ni que la maten, o yo que sé, y cuentan esa historia en la que ella era una hechicera que venía de un pueblo de Alemania, allá por el siglo XVII y que se tuvo que trasladar a nuestro país, un país en común. Y que en un pueblo perdido de la serranía, que ni es serranía ni es nada, que se llamaba Villastanza de Llorera y que tenía unos simpáticos habitantes que acogieron para siempre en sus aburridas vidas toda una serie de hechizos, auroras boreales, amaneceres tan bonitos como la cara de la mujer más bonita y con la sonrisa capaz de hacer volar y elevarse a mi madre, a mi madre que se llama Aurora, porque todo el mundo tiene derecho a llamarse Aurora, a ser como la Aurora y son asesinatos, y son muertes, y es un misterio y es lo que hay en la cabeza de Gorteza que al fin hemos descubierto que se llama así porque todo tiene que rimar y cabeza rima con Gorteza y qué historia tan bonita y qué inspirado estaba yo entonces, aunque el final fuera un poco perro. Y la historia de un tipo que viaja a su pueblo para hacer algo y resulta que en su pueblo o en el pueblo de sus padres se ve atrapado en una historia que le hará cambiar para siempre. Imagina que la cadena Ser tiene que promocionar tu libro y tiene que hacer un resumen como el del libro de la pintora que vuelve a su país y esconde un terrible secreto. Aurora, mi prima Aurora, todas mis primas Auroras, todas las personas que conozco que se llaman Aurora, que tienen relación con una Aurora, qué tendrán, qué extraño influjo tiene ese nombre, qué pasó con esa alemana que seguro que vino al pueblo de mis padres huyendo de algo y que era tan guapa que hizo que todo el pueblo se elevase sin salir del emplazamiento geográfico que ocupaba para situarse en un plano especial, en el que las Auroras Boreales son como el tren que va a Madrid, habituales y excitantes a la vez.
Aurora. El niño santo, el bar del Frederico, de repente la ropa me huele a cerrado y quiero cerrar los ojos y soñar con ese mundo en el que ella me mirará y me sonreirá y tendrá esa cara que tiene cuando está dormida y se ríe mientras duerme y mi prima Aurora me coge así y me dice que no me esfuerce mucho, que no voy a salir de esa fiesta, que no voy a ver a mis amigos nunca más, que mire por la ventana que está a punto de amanecer. Y miro a Gorteza y le veo medio dormido en un sofá y confío en que todo sea un sueño.
Y me duele la cabeza. Y me gustaría que Gorteza despertara y que… creo que he visto su cara. Es como una Aurora. No voy a salir nunca de aquí.

jueves, 4 de mayo de 2017

Aurora


Mi prima Aurora me sacó del bar del Frederico y me dijo que teníamos poco tiempo. Que ya habíamos mucho tiempo. Que tenía muchas ideas sobre el tiempo. Yo también tengo muchas ideas sobre el tiempo. Mi prima Aurora ha cambiado mucho a lo largo de los textos. A veces se parece a una persona y a veces se parece a otra persona, pero nunca se parece a mi prima Aurora. A medida que me iba empujando hacia el lugar al que nos dirigíamos para terminar de aclarar las cosas que pasaban en Villastanza de Llorera, la iba viendo cambiar. Mantenía siempre un mismo tono, un mismo perfil, una misma línea argumental que está completamente perdida en estos momentos. No hace falta que hayas leído nada antes, no te tienes que preocupar por eso. Ahora de lo que te tienes que preocupar es de que no se te olvide que estamos aquí y que estamos llegando al final. Muy al final. Muy a la pared. Muy tocando ya la chapa del final del todo. Ahora te tienes que fijar en tu prima Aurora y saborear el nombre. Aurora. Aurora. Amanecer. Aurora. Despertar. Aurora. No muevas los brazos así como si estuvieras haciendo el gilipollas, porque parece que estés haciendo el gilipollas y no hace falta. Aurora. Aurora. Despierta. Tenía todo un sentido y no era el de ver a tu madre volar, el de ver a mi madre volar, que ahora soy yo, no. Era la Aurora, Boreal. La hija de Aurora se llamaba Boreal. Era en otro cuento, era yo muy diferente a como soy ahora, más sereno y templado, me parecía tanto a lo que quería ser que me asustaba. Aurora me lleva hacia un recodo del camino, hacia una esquina, hacia un apartado que seguramente conoce la persona que me llevó al bar del Frederico y ahora sé que incluyendo esto estoy haciendo perder el hilo, seguro, de lo que estábamos leyendo entre todos. Salto de línea.
M prima Aurora no se anda por las ramas esta vez. Esta vez (esta vez) me hace avanzar de una manera como no me había hecho avanzar nadie antes. Deprisa. Llegamos al sitio. Yo recuerdo haber salido de mi casa por la mañana. El tiempo pasa de otra manera cuando todo es mentira. Ahora es de noche otra vez. Villastanza de Llorera no es tan largo. Como todos los pueblos, como las ciudades de pequeño tamaño, comenzaron por arriba y se acabaron extendiendo hacia abajo. Comenzaron en la defensa y se fueron extendiendo comiéndose las ciudades del calcolítico que encontraron a su paso. Estoy volviendo a hacer lo mismo, no sé acabar la historia. Qué angustia. No os acordáis de nada, os pasa como a mí, habla otro y no le prestáis atención. Os pasa lo que a mí. Estabais leyendo esta historia hace tiempo y estabais pensando en alguien, en un acto, en vuestra prima Aurora. Mi prima Aurora me ha llevado al lugar en el que debe acabar todo.
Es una casa, está llena de gente. Hay una fiesta. Nos vamos a reír mucho cuando todo esto termine.

miércoles, 3 de mayo de 2017

Aurora

Ayer salté de la cama como un rayo. No caí en la cuenta de si estaba mi madre en casa o no. Me apañé y salí a la calle. No me dolía nada la pierna, parecía como nuevo. Parecía como si todo lo de antes hubiera pasado. Como si el mundo se hubiera olvidado de mí. Nada más poner un pie en la acera, un señor con un aspecto extraño me dijo ‘psst, vente, ven, ven…’. Y le seguí. Era alguien con algo extraño en la cara. Parecía haber sido desfigurado por algo, pero no estaba desfigurado en absoluto. Su cara era una risa. Una mueca. Una extraña cara que parecía estar siempre feliz, aunque uno sabe que nadie puede estar siempre feliz, ni existe la expresión de felicidad constante. Salvo, claro está, la cara que tienes, la cara que tengo, cuando contemplo la cara tan linda, tan preciosa, tan resplandeciente, tan plácida, tan bella, entonces, naturalmente, puedes tener esa cara, esa mueca. Pero no esa mueca de felicidad, otra mueca. Que le seguí, caramba. Y en un momento, absorto en otros pensamientos, le perdí. Y volvió a aparecer. ‘psst, ven, vente por aquí’. Y le seguí de nuevo. Y cada dos por tres se me perdía. Por si os interesa y por rellenar, llevaba él uno de esos pantalones vaqueros que quedan anchos, desastradamente anchos, desgastadamente anchos. Que hacen el culo plano y ancho. Las piernas anchas. Un calzado deportivo que uno duda que haya sido comprado por voluntad y que más bien parece herencia de algún nieto caprichoso. He dicho que era mayor o era joven… no lo he dicho, era mayor. Todo encaja. Esa edad en la que uno ya es mayor y puede tener nietos. Y apareció por otra esquina y me dijo ‘psst, vente por aquí, ven’. Y la parte de arriba de su vestuario era una chaqueta de chándal. Azulilla. Y con ribetes blanquillos, y verdecillos. Y tenía el pelo a cepillo. Y se reía o parecía reírse y me decía ‘psst, ven, por aquí ven’.
Y claro que terminé en la puerta del bar del Frederico. Y él estaba dentro y me decía ‘pasa, ven, psst, ven’. Y yo no lo dudé y entré y me quedé con él en la barra y pidió un café con leche y me miraba riéndose y puede que no estuviera riéndose, pero me miraba y parecía una risa. Y le dije que yo no sé qué quería, que era temprano y que me tomaría también un café con leche y pedí un café con leche y una tostada. Media tostada. Y él me miraba y se reía y le pregunté que si quería una tostada para él también y riéndose me dijo que no, meneandillo la cabeza. Nada más. Y los dos con el café con leche y yo mirando cómo me hacían la tostada. Y en un momento se fue al lavabo y tardaba en volver.
Y ahí, en ese rato que estuvo en el lavabo me puse a pensar las cosas más terribles y las cosas más maravillosas. Me puse a pensar en qué me iba a deparar el futuro, ahora que el mundo se había olvidado de mí. Me puse a pensar en un porvenir. Me puse a pensar en rutinas de una persona que adquiría progresivamente hábitos nuevos. Me olvidé del señor de la risa. El señor con cara de Joker. Me olvidé del café con leche y se me enfrió. Me olvidé de la tostada y se me enfrió. Me olvidé del bar del Frederico y comencé a ensoñar. Ensoñar es maravilloso. Me encantaba ensoñar antes. Antes de que se me olvidara todo, de que el hilo argumental se me fuese, de que perdiera comba, de que el disparate fuese mayúsculo. Antes de que mi madre y nosequién más se pusieran a volar. Y el presente debía ser una sucesión de actos, de momentos, de actividades programadas, de salidas, de situaciones casuales, de situaciones regularizadas, de ir, de esperar, de llamar, de comer, de pasear, de estar en casa esperando a que empiece el programa de la tele que llevas ansiando ver durante todo el día, de recibir una carta, de enviar una paloma mensajera, de que el correo del Zar se acuerde de que la Besarabia es… en estas que se abre la puerta del Frederico y entra mi prima Aurora. Con una camiseta de esas que me gustan de rayas rojas y negras. Como si fuera Fito y los Fitipaldis. Pero no me gustan Fito y los Fitipaldis, pero nada. Y viene hacia mí y me dice ‘desde luego, es que pareces tonto, te vas con el primero que pasa’.

martes, 2 de mayo de 2017

Aurora


Olvídate del hilo argumental. Olvídate de la imaginación desbordante. Olvídate de las cosas que han pasado hasta ahora. Olvídate de una sandía abriéndose, de una cabeza abriéndose, porque no se va a abrir ninguna cabeza. Olvídate de gente volando, de tu madre volando, olvídate de volar porque aquí no se va a volar nunca más. Olvídate de los antiguos repobladores alemanes que vinieron a las nuevas poblaciones. Olvídate del poder que tienen todos esos que están apoyados en la barandilla. Olvídate del narrador omnisciente. Olvídate de no participar en la historia más que como un simple contador de escenas pintorescas. Olvídate de todo lo que tenías pensado hasta este momento. Olvídate de una sucesión de recuerdos camuflados en una historia ficticia. Olvídate del planteamiento que tuviste una vez hace años. Olvídate de Gorteza y de sus momentos de ensoñación. Olvídate de Gorteza como un personaje de ficción. Olvídate, si es que lo recuerdas, del nombre de la policía que se enamoraba de Gorteza. Olvídate de los nombres de los personajes de la novela. Olvídate de los nombres de los personajes del cuento. Olvídate de cómo estaba distribuida la villa de Villastanza de Llorera. Olvídate de una camiseta de Barricada que una vez le viste llevar a alguien. Olvídate de la idiota pretensión que se te ha metido en la cabeza de pensar que el bar del Frederico es en realidad el bar de los Cazadores, no es el Bar de los Cazadores, no has entrado nunca al bar de los Cazadores, el bar del Frederico es otra cosa. Olvídate de pensar que no vas a entrar nunca en el bar del Frederico. Olvídate de todo lo que habías pensado que harías en el bar del Frederico. Olvídate de no probar una tortilla de patatas medio hecha por dentro en el Bar del Frederico. Olvídate de la idea de que tú no estabas participando en la novela, en el cuento, en la historia. Olvídate de no levantarte para saludar. Olvídate de venir nunca más al pueblo. Olvídate de seguir pensando en Villastanza de Llorera. Olvídate de la cara más bonita y más linda de todas las caras que nunca hayas podido imaginar. Olvídate de escribir sobre la cara más bonita, más dulce, más preciosa, más resplandeciente que jamás alguien haya podido describir con un vocabulario que vaya más allá del ‘guapa, bonita, linda, preciosa’. Olvídate de esa cara que daban ganas de transportarte a otro lugar, al lugar que fuera, al interior de la cabeza de quien te diera la gana, al espacio interior vedado para las miradas de los no creyentes, al agujero negro que dicen que va tragándose la materia y todo eso. Olvídate de la cara de la mujer que aparece en todos los cuentos y en todas las historias y que dijimos que vivía en Villastanza o quizás no lo diimos, pero ya hemos dicho que nos tenemos que olvidar de muchas cosas y ahora mismo vamos a ir pensando muy poco a poco, muy lentamente, muy despacito. Olvídate de pensar. Olvídate de esa cara. Olvídate.
Si ya te has olvidado de todo, acuérdate de esa cara. Lo hago por joder.

martes, 25 de abril de 2017

Crónica del #plegramenet de abril. Fraternidad lejana


En la madrugada del domingo al lunes, un muchacho de unos 30 años caía desde una altura de unos 35 metros en la fábrica de aceite de mi pueblo. Está muy grave, no le pueden tocar. En la fábrica de aceite de mi pueblo llaman a la gente para trabajar de un día para otro. Para trabajar un día, dos, lo que se diga. El muchacho subió a revisar una cosa, al parecer todo va robotizado pero tuvo que subir y el robot se ve que le dio un testarazo y lo tiró. No estaba sujeto. Ayer en el pleno municipal de Santa Coloma de Gramenet, se aprobó una moción para apoyar las movilizaciones del 1 de mayo. El PP votó en contra por lo que consideró un ataque sin fundamento a su política que ha conseguido reducir el paro de un 26 a un 19% en nuestro país. El portavoz David Zambrana enseñaba a la portavoz de ICV-EUiA, Alex Sevilla que había presentado la moción, el gráfico. No hay gráfico para responderle a las condiciones de trabajo con esencia a siglo XIX que estamos viviendo. No hay gráfico para espetarle lo que siente uno ante un sistema que nos obliga a no ser nada más que alguien pegado a un teléfono a ver si suena o no. Que me llamen. Que se acuerden de mí. La moción se aprueba, los discursos se leen, las palabras parecen las mismas del año pasado. Alex contesta a las acusaciones del portavoz popular de que ‘el PSOE…’, con que nosotros no somos el PSOE, que nosotros estamos por derogar la dos reformas laborales, las del PSOE y las del PP y que todavía no hemos gobernado. Estamos en ello, llegará pronto, ya verás.
Estoy en Jaén. Quiero ver el pleno de Santa Coloma para pensar que hay algo más allá del hospital. Cuando consigo sintonizar a través de las ondas cablegramáticas veo a Salva Clavera leer una intervención sobre el Pacte Nacional pel Referèndum. Buena manera de comenzar. Por la mañana, he ido a comprar con mi madre unas tijerillas y una mochililla para llevar y traer cosas al almacén de delante del hospital. Un todo a cien de los chinos enorme. En la caja, lo que se lee en la foto. Un cartel en catalán diciendo que las bolsas se cobran y que en Catalunya… ojos como platos. En un polígono de Jaén, la comunidad china ha entendido ya que la fraternidad entre los pueblos de España se aplica a la brava. Si el catalán es un idioma español, el cartel se pone en catalán. Y da igual si es de la Junta o de la Generalitat. Lo importante es el detalle. Y a nadie le importa un pimiento el cartel, como a nadie suele importarle un pimiento ningún cartel. He buscado wifis por cafeterías y bares, no he encontrado y he ido a casa de mi prima Juani. El logo de la Junta parece una señal de Wifi, pero no te fíes. Servicio Andaluz de Salud. No hay wifi, pero el logo engaña. Mi prima ataca con el consabido argumento de que ‘cuando escribo de política no le gusta leerme, y menos aún cuando hablo del plegramenet ese…’. Le digo que tomo nota, porque no es la primera que me lo dice.
Salva Clavera expone el porqué Santa Coloma ha de adherirse al Pacte, pero así en plan ligero. Noto todo como muy ligero. Con poca tensión. Son las ocho y ya se han ventilado todos los puntos ordinarios. No ha habido respuesta del PSC al gesto de la izquierda en el pasado pleno. No se recogen en acta tampoco las palabras de la alcaldesa dirigida a Alex Sevilla dos plenos antes. Patada hacia delante. O que ya contestaron en el boletín de la Rosa que editaron para Sant Jordi. Otrosí. Qué cosa tan antigua, padre. Independentistas antisistema, madre. Ni aquí nos dicen eso. Qué olor a alcanfor. Salva Clavera habla sobre el derecho a decidir, la izquierda… luego es el momento de argumentar y los nuestros dicen lo que me gusta oír a mí. Que esto va de democracia y que se trata de interpelar a todo el mundo y que todo el mundo pueda decir lo que quiere que seamos sin dar por sentado nada. Y los de Som, el Aitor, dice algo parecido. Y el PSC vota en contra, porque nosequé del segundo punto de una acción del parlament que puede ser que… Esteve Serrano dice que si, que en algún momento habrá que votar, pero que… y nada. La moción no se aprueba. Y de los productores de ‘a los plenos se viene a discutir cosas importantes’ veo cómo Ciudadanos presenta una moción sobre la Soberanía nacional y la igualdad de todos los españoles. Y sale a hablar un portavoz de Societat Civil Catalana. Primero en castellano y luego en catalán ‘balearic sound’. Habla de que Santa Coloma es inmune al independentismo. Dice algo sobre los castellanohablantes. Me remuevo en el sofá de mi prima Juani y miro lo negro que se ha puesto el cielo. Llueve a mares, pero un rato solo.
Cuando venimos de Vilches hacia Jaén, hay un momento del viaje por la autovía en el que se aparece una enormidad de campo con unos colores verdes, amarillos, las montañacas que nadie sabe qué montañacas son al fondo… precioso. Muy bonito. Al lado, justo, Mengíbar. Siempre que aparece ese paisaje, me acuerdo de mi padre, del cuadro que haría. Con mi madre, de vuelta por la noche, discutimos sobre el tema nacional. La moción no se aprueba por los mismos motivos por los que no se aprobó la primera. Y aquí paz y después gloria. En esta ocasión es la alcaldesa la que defiende la postura socialista. Y en esta ocasión por SOM Gramenet es el joven Corral el que la lía citando las míticas palabras de Pepe Rubianes sobre España y dónde se pueden meter a España. Dimas de Ciudadanos se indigna, otrosí David Zambrana. No sé quién está más indignado. Oriol Corral pasa tres pueblos.
Seguimos. A la moción del 1 de mayo, que se aprueba, no me queda claro si Ciudadanos se abstiene o la apoya. No habla la María. Habla Salva Tovar del modelo económico, que es diferente el de Ciudadanos y el nuestro. Ya. Hasta ahí podría llegar la broma.
Hay una moción más que me resulta incomprensible sobre cosas del suelo que presentan PP, Ciudadanos y PSC. Nosotros votamos a favor y SOM se abstiene. Por nosotros habla el Jonatan, por SOM la Alba. A la Alba se le ve el pelo larguísimo y a Jonatan cuerpo de verano.
Qué bien os veo a todos, joder.
La última moción es del PP referida a algo de la creación de un consell de seguretat ciutadà. No me entero de nada, porque estoy ya más pendiente del reloj que de lo que ocurre. Tengo que estar de vuelta en el hospital a las 22h. Tengo que echar gasolina en el coche para volver. Tengo que despedirme de mi prima y de comentar sueños que hemos tenido en los últimos meses. Así somos los de Jaén y los catalanes en Jaén y los chinos catalanes en Jaén y de Jaén.
Cuando dicen lo de los precs i preguntes levanto el vuelo definitivamente. Qué bien os he visto a todos y qué ganas tenía de escucharos y veros, aunque fuera en una pantallica chica.

jueves, 20 de abril de 2017

Black Brother


Hay un grupo de magrebíes que esperan en la puerta de la UCI a que nos digan que podemos pasar a hacer la visita. No habla nadie con ellos. Al cabo de unos pocos días de estar allí, la gente suele hablar unos con otros y se preguntan cómo están y qué tal va la cosa. Somos gente muy de hablar y de preguntar. Yo no. Mi madre habla con todo el mundo y acaba preguntándole a todo cristo qué tal va. Y como hay reciprocidad, la gente se lo pregunta a ella también. Con los magrebíes no habla nadie. Mi hermano se da cuenta y va a hablar con ellos. Les pregunta cómo está su amigo o su familiar. Antes también ha preguntado a todo el mundo cómo va y les aconseja que no estén tristes, que no lloren, que alegren esa cara.
Mi hermano, y creo que esta teoría ya la he expuesto anteriormente, justo hace un año si no me equivoco, no es como yo. Y esa es su gran virtud. No ser como yo es mejor. No sé cómo es. Es mejor. Más atento, más amable, más esforzado, más valiente, más serio, más bromista, más cariñoso, más. Y eso es mejor. Y aún así, siendo yo menos atento, menos amable, menos esforzado, menos valiente, más informal, un payaso, un tuso, el toni, aún así, al tío sigue notándosele que me tiene aprecio.
Hoy es su cumpleaños y toca poner la canción de los Kinks otra vez. No he puesto ninguna canción desde el martes 11 de abril. No somos dos, somos uno. Extraños, se llama la canción. No recuerdo lo que escribí el año pasado, pero iría por el mismo sitio. No somos dos, somos uno, dice la canción. La escribe Dave Davies, el hermano pequeño de Ray Davies, que escribía cancionazas y que siempre se decía que estaba a la sombra de su hermano, pero al que su hermano Ray envidiaba. La canción es preciosa y viene a decir que aunque parezcamos extraños, no somos dos, somos uno. O al menos eso es lo que quiero creer yo.
Hoy es 20 de abril. Celebramos un cumpleaños extraño. Normalmente nos juntamos para comer o para cenar y gastamos bromas o acabamos discutiendo sobre cualquier cosa. El maestro discutidor, hoy no puede venir. Pero lo vamos a celebrar de todas maneras. Mi hermano hablando con mi prima Juani, con mi prima Juli. Como él era pequeño, dice, no hablaban con él. Pero ahora hablan con él. Y las está descubriendo. Y le están descubriendo a él. Y es mejor.
No sé si merece la pena escribir muchas cosas más. Nos estamos acabando de apañar y nos vamos a Jaén. Escuchamos la radio y comentamos. Escuchamos el programa del Novellas al volver y nos reímos. Escuchamos el programa de los jevis de chándal y nos reímos. Escuchamos el programa de reggae falso y nos reímos. Mi hermano es negro y se siente ofendido. Y así pasamos los días.
No sé si le verán por ahí hoy, porque estamos ocupados. Pero si eso díganle algo, que pondrá esa cara de ‘no me puedo reír, soy un tipo duro’, pero luego le hará mucha ilusión y se pondrá muy contento. El que está contento soy yo de tener un hermano así. Si hubiera salido otro como yo, sería insoportable.
Desde el martes no sé si podemos decir ‘feliz algo’, pero lo intentaremos: Feliz día, negro.

lunes, 10 de abril de 2017

Tesla en Ca la Sisqueta. La música que no te esperas.

Descubrir algo nuevo cuando no esperas nada. Sentir que el día tiene algo más que ofrecerte, cuando parece que lo que queda del día es una coda que no aporta nada. Escuchar algo que te recuerda a otra cosa. Ese proceso, el de escuchar una música que poco a poco te va calando, más y más, hasta que... los que somos unos sectarios tendemos a hacer que el mundo encaje con nuestra forma de pensar, de escuchar, con lo que ya sabemos.
El pasado sábado, en Ca la Sisqueta, se anunciaba un proyecto musical colomense llamado Tesla. A sus integrantes les habrán escuchado ya en otros mundos, como los Hule Frappé, por ejemplo. Batería, bajo, teclados, guitarra acústica y voz. Como me tapa la columna que se aprecia en la foto, tardé un rato en caer en la cuenta de que había bajo. Pensé que el teclado... en fin. Después de un día intenso, alegre, trabajado, ¿he dicho intenso? aterrizar en Santa Coloma para disfrutar de un concierto, no parecía una idea demasiado brillante si la enfrentamos con la posibilidad de dejarse morir uno en el sofá. Y sin embargo... qué gran elección.
Como digo, los sectarios como yo, necesitamos encajar lo que nos viene de nuevas con lo que ya conocemos. A veces, con cosas que conocemos que tampoco nos encajan. Tesla no es Hule Frappé. Cambia el cantante y cambia la propuesta. Quizás no sea muy evidente, pero yo noté algo.
Tesla comienza su propuesta y uno cree que va a ir por derroteros sabidos. Jazz fusión, algo de funky, quizás la clásica deriva por ambientes sureños... pero no. A medida que las canciones avanzaban, a medida que la primera canción fue creciendo, mi oído fue adivinando que lo que allí sonaba era otra cosa. Algo familiar. Algo parecido a... sí. Soft Machine, Matching Mole... algo así. Ese jazz progresivo, esa psicodelia que no lleva a ninguna parte más que a dejarse llevar y mover las piernas con un ritmo que no tienes ganas de que desaparezca. Que se repite, que te relaja, que te mueve.
Un repertorio muy medido (vamos, que no fue un concierto demasiado largo), con una sola intervención en solitario de la cantante que hizo un cancionón con dos notitas nada más ('qué feo que eres, te como', me llegó al alma). Con unos musicazos de narices. Unos músicos que no necesitaron ruido, efectismos, alardes instrumentales, nada más que tocar, dejarse ir y meternos a todos en su bucle.
Si me llegan a decir que iba a terminar el día con una buena dosis de los discos III y IV de Soft Machine o las partes más serenas de Matching Mole. Que puede que no le digan nada a nadie, pero que a servidor le tocaron la patata.
Son canciones río, canciones que parten de una base pequeña, pero que van creciendo, que van aumentando el grosor sin ser nunca estridentes. Con una cantante al frente que te atrapa y te tiene en vilo. Que parece que va a irse por peteneras, pero se contiene y se une a un todo. Qué cosa.
Santa Coloma, qué ciudad. Que lo mismo te crees que ya lo has visto todo y, cuando menos te lo esperas, te vuelve a dar la vuelta.
Nunca se sabe.