jueves, 22 de enero de 2026

Banda Sonora para un Golpe de Estado - Johan Grimonprez


Si alguien sigue mis redes sociales, y sé que algunos siguen las redes sociales del menda casi a tiempo real de actualización, habrá visto que he estado especialmente pesado durante unos días con el fenómeno de un aficionado congolés que, durante los partidos que la selección de la República Democrática del Congo disputaba en la pasada Copa de África, imitaba a Patrice Lumumba. Michel Kuka Mboladinga, se subía a una tarima en la grada y aguantaba la misma posición, como una estatua de las Ramblas, durante las dos horas que duraba el partido, caracterizado exactamente como Lumumba. En estos tiempos en los que el neocolonialismo vuelve a resonar con fuerza, el homenaje a Patrice Lumumba, me parecía absolutamente admirable. Porque si hoy creemos que el horror al que nos asomamos no tiene parangón, si creemos que el poder de las potencias imperialistas se ha desatado y que la impunidad con la que actúa el gran magnate trumpiano es una puerta que no se había abierto antes con tamaña desfachatez, por favor, tienen que ver este documental llamado Banda Sonora para un Golpe de Estado. Así sabremos que esta barbarie no está apareciendo ahora. Que el llamado rompimiento del consenso del derecho internacional es una puta broma. Que nada empieza ahora, que todo es una sucesión de actuaciones destinadas a imponer el poder de unos sobre otros y que, de manera más o menos mezquina, más o menos descarada, más o menos terrorífica, cuando se necesitan unos métodos se emplean y cuando se necesitan otros, no hay ningún pudor en llevarlos a cabo. Este documental es una maravilla, dolorosa y terrible, pero una maravilla. Porque nos cuenta cómo lo que nos gusta, los artistas que admiramos, los referentes que idolatramos, también son utilizados como propaganda de un mundo que los desprecia. Así, nos encontramos con los artistas de jazz, utilizados por el gobierno estadounidense para misiones culturales que ocultaban otros propósitos. Y vemos a esos artistas sentirse utilizados, rebelarse, cuando el daño ya está hecho. Y vemos a esos artistas expresar su dolor, su rabia, su arte. Y mientras la música suena, se va desplegando ante nosotros la tela de araña que acabó encerrando a Patrice Lumumba para acabar siendo asesinado por quienes tenían unos intereses y estaban dispuestos a todo por asegurarse que, independientes o no, esos países africanos iban a seguir bajo la bota de quien ellos quisieran. Patrice Lumumba aparece como un activista, un político africano que tiene la intención de conseguir la independencia para el llamado Congo belga. El Congo es un inmenso país, riquísimo, expoliado por el rey de Bélgica a título personal y luego por el resto del Estado belga. Toda vez que se va a tener que aceptar un proceso de independencia, lo que hay que asegurar es que, el gobierno resultante, no actúe contra los intereses económicos fundamentales. Puedes ser independiente, pero seguimos mandando nosotros. Así, aunque Lumumba cuente con el respaldo de diversos compatriotas implicados en el proceso, finalmente es traicionado por algunos de ellos. El documental también nos cuenta las deliberacions en las Naciones Unidas y como el papel de estas es infame y traicionero a la vez que parece salvaguardar un cierto respeto y neutralidad que a la hora de la verdad es ninguneado por quien te dije: Estados Unidos y el país lamebotas que toque en cada ocasión, en este caso Bélgica. Las intervenciones de Nikita Khruschev son demoledoras, de una transparencia que parece que no es el líder de la oscura Unión Soviética, sino de un activista del Sindicat de Llogateres. Un mundo que se construía al margen de los poderes coloniales y que fue sistemáticamente aplastado, anorreado, exterminado, golpeado y humillado. A golpe de ostias, a golpe de propaganda, a golpe de música, de modernidad, de ocio, de fantasía. Nada de eso ha cambiado. Quizás, el rostro ahora ya no necesita ni siquiera a Louis Armstrong y su sonrisa. Ahora somos nosotros mismos los que debemos cuidarnos de no reírnos cuando el ganchito naranja quiere que nos riamos. Impresionante documental, impresionante la música, la jazzística y la congoleña, impresionantes los testimonios, impersionantes las palabras de la congolesa que nos explica lo que significa la canción que canta, impresionante que alguien en 2025, se acuerde de Lumumba. 

Hay una coda que no cuenta el documental: Tshombe, el títere de los belgas que promovió la independencia de Katanga, que cuentan que asistió personalmente a la muerte de Lumumba, murió en una prisión de Argelia después de que su avión fuera secuestrado y enviado al país del Magreb. Casualmente, Argelia eliminó a la RDC en la copa de África y la selección argelina le regaló una camiseta al Lumumba redivivo. Vive Lumumba!

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