lunes, 13 de julio de 2026

David Byrne en el Cruïlla. ¿Cómo has llegado hasta aquí?


Me dice mi amigo Ramón Costa que él también estuvo en el concierto de David Byrne en el Cruïlla el pasado viernes 10 de julio y yo le pongo un corazoncito en el mensaje y no le digo que el disco que jamás le devolví después de casi 35 años porque entendí que me lo daba o que él no lo escuchaba o que era de su hermano o que a mí me iba a gustar más que a él, el Speaking in Tongues, se ha convertido en el disco más escuchado en casa y cuando a Martí le digan que qué le ponía su madre para bailar le dirá que a él le ponían los Talking Heads. El viernes pasado en el Cruïlla, David Byrne volvió a demostrar que sabe cómo funciona esto de la música, que sabe qué hacer para mantener en vilo a una audiencia que conoce a la perfección un repertorio cargado de temacles y donde se permite el lujo de prescindir de temarros como Love for Sale, Wild Wild Life o Road to Nowhere, o Cities, por poner algunos ejemplos de canciones que a mí me tocan la patatita y quizás a ti no. David Byrne, líder de Talking Heads, no fue nunca un músico de masas. Los Talking Heads tuvieron éxitos pero no fueron U2. Nacidos en el Nueva York de mediados de los 70, formaron parte de aquella primera escena protopunk junto a Blondie, Ramones, Television... crearon la new wave, nos enseñaron lo que eran los ritmos del afrobeat y el funk pasados por el tamiz de un nerd blanquito, se enrollaron con Brian Eno, buscaron más músicas, coquetearon con la salsa y finalmente se disolvieron. Y no se llevan. Ver un auditorio como el del Cruïlla, grandecito, pobladísimo, te hace preguntarte si todo el mundo viene por Talking Heads, por David Byrne o porque toca venir. Hay turras mayúsculos detrás mío que analizan los cambios imperceptibles en las canciones. Hay un par de chicas que en la barra se confiesan una la otra que no tenían ni idea de quién era este señor. Pero la sensación de flipe es total. David Byrne sabe cómo funciona la música porque nos lo enseñó en su libro Cómo funciona la música, biblia fundamental para quienes alguna vez hemos formado parte de una banda, queremos interpretar sonidos o queremos escucharlos, y sabe que la puesta en escena no es un tema para tomárselo a broma. Así en Barcelona Byrne se presenta con una banda móvil, una banda que baila al unísono, que canta en comunión, que no está quieta y donde Byrne, aunque sea Byrne, se esfuerza en parecer uno más. A sus 74 años, corretea, salta, se mueve, baila y mantiene una voz que parece milagro. Detrás de los músicos uniformados en esta ocasión de azul, una tríada de pantallas nos pone en contexto o sirve de fondo a canciones que nos emocionan. Comenzar con Heaven de una manera casi minimalista (a los que hemos visto la película Stop making Sense nos recuerda a ese inicio mano a mano entre él y la sublime Tina Weymouth) y un planeta Tierra al fondo ya nos avisa que hoy nos lo vamos a pasar bien y nos vamos a hacer nuditos en la garganta de vez en cuando. Van cayendo temas de (casi) todos los discos de los Talking Heads menos de More songs about buildings and foods y del True Stories. Incluso tocan una del Naked, Nothing but flowers, pero es que menudo cancionón es Nothing but flowers. Canta Air del Fear of Music y me emociona. Canta Houses in Motion y le digo a todo el mundo que quizás es nadie, quizás es solo Alba que no deja de bailar o la Núria que está en éxtasis, que me parece raro que cante esta canción porque las del Remain in light menos Once in a lifetime con raras. Reconozco que una tanda muy seguida de canciones en solitario de Byrne que no conozco me cortan un poco el rollo y me hacen recordar que soy un pobre anciano que lleva ya mucho rato de pie y está cansado y... hasta que llega una traca final de pepinazos con Life during Wartime, la sublime Once in a lifetime, y nos vamos con Burning down the House, la canción con la que se abre el Speaking in Tongues. Ese disco que Ramón Costa me dejó/dio/regaló y que cuando lo escuché me pareció raro o diferente porque yo venía de escuchar las canciones y los vídeos del Sputnik con el And She Was, Love for Sale,  Wild wild life (que imitaba frente a la tele con mi hermano Paco siendo este un chinorrillo), Road to Nowhere (que aquí Pablo Carbonell versionó para una campaña publicitaria de Lois y es que sois muy jóvenes y no sabéis de nada) y que el primer disco (tengo muchos 'primer disco que me compré), que me compré fue el True Stories y pensé, vale, bien, pero esto no es lo que yo esperaba. Y todo eso va pasando por mi cabeza y el concierto acaba y cuando recibo el mensaje de Ramón Costa pienso que qué bien haber llegado hasta aquí y que merece la pena haber tenido siempre buena música en la cabeza para bailar, compartir, sudar y pensar. Siempre ha sido así, siempre lo será. 

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