martes, 3 de noviembre de 2026
Crónica del #PleGramenet de octubre. Cambio de tiempo.
Las moscas se estaban poniendo ya pesadas, cansinas, medio atontadas porque ya no les toca vivir te buscaban continuamente importunando y molestando. Moscas molestosas. Creíamos, porque ya nos lo creemos todo, que el verano iba a ser eterno, que jamás llegaría el frío, que tendríamos moscas y mosquitillas y mosquitillos para toda la vida, que todo iba a ser un continuo sudar y protegernos del sol y buscar las sombras. Ansiábamos el fresquito, un poco de nariz congelada, tocar el suéter con agrado. La semana pasada, cuando tuvo lugar el pleno, todavía podíamos pensar en lucir una camiseta guapa para la intervención. Todo parece que es inamovible, que es para siempre, hasta que el inexorable y concienzudo paso del tiempo nos enseña que llegar, todo llega, y que lo mejor que te puede pasar es prepararte para lo que ha de venir, porque venir, vendrá. Yo soy de los que estiran la ropa fresquita hasta que engancho un constipado terrorífico, no soporto llevar ropa en la mano. Yo soy de los que pasan frío de noche porque se resisten a abrigarse y poner mantas. Yo soy de los que no hacen el cambio de vestuario hasta que no es humanamente sostenible. También, porque siendo alérgico al polvo, remover por los armarios es sinónimo de malestar, mocos, mal rollo. Las moscas se estaban poniendo pesadas y gordas, muy gordas. Las moscas parecían haber estado engordando durante todo este tiempo y de tan gordas y tan grandes pareciera que ya les daba todo igual. Las moscas están tan fuera de lugar que incluso se dejan matar por un pequeño niño de 15 meses como el Martí, que ya ha aprendido a perseguirlas con un pañuelito. ¿Cómo era aquella canción? Todo tiene su fin. La versión que recuerdo es la de Medina Azahara, pero la versión original creo que era de los Albas. No, era de los Módulos. Finalmente, ha llegado el frío, un frío de nublado, un frío en el que parece que va a llover, un frío en el que ya te sientes reconfortado. Un frío que no incomoda, que toca, que apetece. Un frío de churros con chocolate, un frío de mantita, un frío de sudadera con capucha y capucha puesta. El pleno de octubre fue un pleno de cambio de estación. El último pleno de un larguísimo verano en el que se nota que los ánimos están pesados, en los que no apetece nada, donde los que tienen que atacar incluso deciden no hacerlo, quienes quieren defenderse optan por un perfil bajo, donde ya nada parece ser excitante salvo para el concejal del PP que ha encontrado un nuevo brío, un acicate, una ilusión. Es el único que parece querer tener algo que ganar ya que la extrema derecha lo fía todo a un clima, a un ambiente, la izquierda indepe lo fía todo a vestirse de Podemos y los socialistas entienden que al final, todo vuelve a su sitio y que los descontentos correrán de nuevo al redil. Al final, nunca pasa nada. Pero el tiempo corre, es cruel, y ese ancianito que ponía sentido, que actuaba con cierta responsabilidad, ya no es tal. Y aquello que una vez creímos que podría pasar, como decía Arsenio Iglesias, va pasando poco a poco. Hoy una chaquetita por encima. Mañana camisa y camiseta. Hoy ya nos hemos puesto un suéter aunque sea de esos viejos por ponernos algo que caliente. El tiempo pasa, despacito, pero pasa.
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