martes, 22 de septiembre de 2026

First we take Manhattan, then we take Berlin


Permitidme que sí, que yo también utilice lo de la canción de Leonard Cohen para presumir de esta circunstancia histórica en la que, efectivamente, primero hemos tomado Manhattan en la figura de Mamdani y este fin de semana se haya triunfado en las elecciones de Berlin. Pero permitidme que sea un poco menos efusivo en la alegría y en el dos más dos son cuatro y que sea esta cara del propio Leonard Cohen la que describa mi estado de ánimo. Sí, una pequeña sonrisa se dibuja en mi rostro, pero es una sonrisa cauta, de quien sabe que hay una marea que avanza y que de manera avasalladora parece que va a marcar los destinos de la humanidad en los próximos años. O al menos, parece que en las próximas elecciones generales estamos condenados a sufrir una derrota de los nuestros y una victoria de los otros. Y yo ahora veo cómo el ejemplo de Mamdani es fácilmente replicable y que en Berlin Die Linke se han aplicado de manera correcta y que la norma está ahí y los cuatro preceptos clave son sencillos. Yo en mi rostro no puedo estar tan contento. En trece días hay elecciones en Brasil y nada pareciera anunciar otra cosa que no sea una victoria de Lula frente al descacharrado Bolsonaro hijo, pero también nos parecía una barbaridad que perdiera el candidato de la izquierda en Colombia y ahora tenemos a un freaky de presidente del Gobierno. Freaky ultraderechista. Los preceptos para que se de algo como lo que ha pasado en esos dos ejemplos son sencillos, como digo. Pero también existe otra cosa que deberíamos tener en cuenta que es un escenario donde los partidos tienen en cuenta a la población que les va a votar, saber quiénes son los tuyos, quiénes son los nuestros, de qué está compuesta la ciudad o el estado en el que vivimos y a partir de ahí, presentar a candidatos y candidatas que conecten con algo que tenga que ver con nosotros. Los dos candidatos triunfadores no son candidatos que fueran a triunfar en elecciones en nuestro país. Por decirlo de una manera elegante, pero no porque no les fueran a votar sino porque directamente alguien diría, pero dónde vas. Y el enemigo, el enemigo también juega. Así el enemigo se encarga de ponerte delante de los dientes a contendientes que compiten con tu propuesta, los entrevistan hasta la saciedad, les proponen un foco que les sirve para ser conocidos y para restarte foco a ti. Y a un exabrupto le sigue una explicación y a la matización otra respuesta y así hasta el infinito y más allá, un más allá que termina en el momento en el que estas propuestas puedan hacer algo de daño en alguna forma y manera. Nada, sigamos celebrando que hay que celebrar absolutamente cualquier cosa, pero no nos olvidemos que todo eso que está haciendo toda esa gente no pasa por casualidad. Ya está. Poco más. 

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