jueves, 10 de mayo de 2012

Atlético - Athletic. Tu novia no te quiere.

La conoces. Da igual cómo. Quedas con ella, consigues decirle que quieres quedar con ella, que os podríais ver y quedas con ella. Empezáis a quedar. Parece que hay feeling. Os váis viendo. Parece que surge algo. La cosa funciona. Va bien. Qué contento estás. Todo marcha. No hacéis muchos planes, los comenzáis a hacer. Un día esto, otro día lo otro. Ella te hace caso. Te responde. Te sientes bien. Estás tan a gusto. Te gusta tanto estar con ella. Todo el mundo te dice que se te ve tan bien, tan feliz, que no pareces tú. El día que al fin te decides a decirle que la quieres, que la amas, que no es que te guste simplemente si no que realmente sientes algo más... ella te dice que no. Tu novia no te quiere.

Mi abuelo era del Atlético de Madrid. Nunca lo reconoció. Nunca dijo que fuera del Atlético de Madrid, pero se le notaba. Si jugaba el Atlético miraba el partido con otros ojos. Se encendía más. Era del Atlético. Ayer la cámara tuvo la gracia de enfocar una bandera con pollo cada vez que aparecía la afición del Atlético. Un aguilucho, otro. Los comentarios que tenía que escuchar eran hirientes. 'Putos fachas. El Atlético da asco. Como manda el PP, tiene que ganar el Atlético. Lo que más me jode es perder con esta mierda de equipo'. Como ya estoy cansado de repetirlo, no dije otra vez que mi abuelo era del Atlético. A mí el Atlético no me cae mal del todo. A mí lo que me jode es perder. Y me alegré por mi abuelo. Pero un poco nada más.

El partido era una final. Final de la Uefa, para que no se note que pronuncio mal Europa League. Vino mucha gente. Gente nueva. Nos sentamos donde siempre. Atrás. Llegué una hora antes y ya había mucha gente. Qué bien, qué ambientazo. Estaba muy nervioso y maté los destos rellenando cosas, mirando la revista, dando paseos, etc. Como dijo Arsenio Iglesias y ya he dicho alguna vez yo también, yo veía a esa gente los lunes, los martes, y sabía que esto podía pasar. Ellos son favoritos, repetía. Ellos ya han ganado esto y nosotros no. Ellos saben jugar a esto, nosotros no sé. Nada más empezar el partido, el Atlético sale a presionar arriba, como bestias. 'No van a aguantar todo el partido'. No hacía falta. A los tres minutos Iraola pierde una pelota y nos crean una ocasión. Esto no entraba en los planes. Algo en la mirada de tu chica te dice que tiene algo importante que decirte. Tu novia va a decirte algo que no te va a gustar. Iraola ha perdido una pelota sencilla. Esto tiene mala pinta. A los seis minutos Falcao marca un golazo. Nos están pasando por encima. Es un golazo. Da igual las veces que lo repitan. Es un golazo. Amorebieta se resbala, dicen. Siempre hay alguien a quien echarle la culpa. A un portero no le pueden meter ese gol, dicen. Otra más. No damos pie con bola. Estamos listos. El Atlético está jugando de puta madre. Bajón general. Las caras van cambiando. No hacemos nada. Llorente empalma mal una volea. Casi, casi. Nada. No acabamos de llegar bien. Cómo defienden estos cabrones. Otra contra, cuidado con el resbalón, qué mal controlamos los balones. Estoy callado durante todo el partido porque lo estoy viendo listo de papeles. Tu novia acaba de decirte que no te quiere y tú no sabes que decir. ¿No tienes nada que decir? Pues te lo digo otra vez. No te quiero. Segundo gol. Amorebieta se lía, se encanta, se nubla y pierde un balón en el área. Rechace, pase, lo que sea y le cae otra vez a Falcao que dribla y marca. Otro golazo. Dos a cero.

El fútbol. Los comentaristas. Los amigos diciendo que 'esto está ganado'. Más cervezas. No he traído bocadillo. He hecho mal. Si no como, si no ceno, lo pagaré. Al menos hoy no iremos al Trece a celebrar nada, nos acostaremos pronto. Que mal rollo. El fútbol. Esa gente que es feliz, feliz, que no tiene que pasar estos malos ratos con el fútbol. El fútbol es perder. Perder. Tu novia no te va a querer nunca. No he querido ver imágenes de la gente en Bucarest. No he querido leer casi nada. No he escuchado nada. Es como si no quisieras ver películas románticas antes de decirle a tu novia que la quieres. Por si acaso.

La segunda parte. Bielsa hace cambios. Iturraspe al banquillo, porque no ha podido con el partido. Aurtenetxe al banquillo. Salen Ibai e Iñigo Pérez. Bueno. Empezamos con más entusiasmo. Van cayendo algunas ocasiones, muy a trompicones, poca claridad. Ellos cuando salen dan miedito. Cuando vamos por el minuto sesenta salgo fuera. Ya no puedo más. A la calle, a respirar, a poner mala cara fuera. No quiero discutir con nadie. No quiero hacer nada. Me quiero ir a mi casa. El señor Juan ha salido a fumar. Mala sombra, coño. Asomamos la cabeza de vez en cuando. Una contra y veo cómo Diego tira y marca. Tres a cero. Tu novia no sólo te dice que no te quiere ahora, si no que nunca te ha querido y nunca te querrá. Tres a cero. Faltan cinco minutos. Un desastre. Final del partido, lágrimas, mi padre se va disparado a casa y no me da tiempo ni a despedirle. Recojo botellas vacías para matar el tiempo, atiendo alguna llamada, despido a la gente, abrazos, lágrimas, 'no es santo el que no cae, sino el que se levanta'. Conocerás otras chicas, no te preocupes.

Ravi Shankar explica que una raga no es un nosequé. El compañero colombiano dice que se ha enterado que hay otra final contra el Barça, que  no sabía que... En el bar el Germán me dice que salieron muy nerviosos. Mi archienemigo que no se pone las gafas bien, tras pontificar con otro fulano sobre Guardiola, para despedirse me dice que salimos muy estresados. Esto debe ser de cuando era joven Ravi Shankar. Dicen que hay más chicas, que un clavo saca otro clavo, que ahora iremos con más ganas a la final de Copa, pero a mi me gustaba esa chica. Y no me quiere. A saber cuándo me querrá otra.


miércoles, 9 de mayo de 2012

Karpov

Qué tío, qué tío, qué tío. Tiene una historia para todo. Llevamos aquí ya por lo menos tres horas con la partida, y cada vez que le toca mover se enrolla, empieza a explicarme que si una vez en Suiza, que si jugando contra Capablanca, que si iba en coche camino de Amsterdam, que si le paró la policía en un puesto de Budapest cuando la cosa estaba fea, que si no vuelve a Nueva York ni atado, que se comió el otro día un bocadillo de chorizo en un torneo español porque él no había probado nunca el chorizo y que pasó una noche malísima y al día siguiente tenía el gusto todavía en la boca y el rival le tuvo que llamar la atención porque le repetía y la virgen... un saco de historias el tío. Me dijeron que lo cogiese de entrenador y yo no sé si voy a aprender mucho de este hombre, ahora, entretenido voy a estar un rato. Venga, otra vez. Ahora me está diciendo que cuando la piezas están ya así que él pierde interés en la partida. Esto me lo ha dicho más de una vez. Dice que a él el ajedrez le interesa sólo en la apertura. Incluso ha llegado alguna vez a decirme que si pudiera, dejaría las piezas siempre colocadas para empezar la partida, sin empezarla. Que la excitación del primer movimiento, de estar a punto de empezar algo, le parece tan sublime que por eso se especializó en las aperturas, porque empezar es lo bonito. Luego, todo lo que viene después, pues si, debes tener más o menos arte, más gracia, más talento, o simplemente que tengas más triquiñuelas que él no me puede enseñar, porque eso no le interesa. Por eso, en cuanto avanzamos, cuando el desarrollo ya está completada y la partida está abierta, el hombre empieza a divagar. Y que él es de blancas. Que jugar al ajedrez con las negras no es jugar. Que tiene que ver con lo de las aperturas. Que si empiezas, empiezas. Pero eso de jugar a la contra no es jugar. Qué cabezas. Me he tenido que hacer unas tostaditas o algo porque si no me iba a dar un desmayo. Tenía un desconsuelo que para qué. Porque habíamos quedado en que estábamos hoy un par de horas y lo dejábamos para no estresarnos mucho de cara a lo que vendrá, pero no hay manera. Pero me gusta, porque me distrae. Lo que me cuenta, aunque él no lo sepa, me sirve. No sé de qué, porque no lo sé explicar, pero me sirve. El caso es que en las últimas partidas, cuando entro en la sala, cuando me siento, cuando ya veo las piezas colocadas y paso la mano así por encima como para ponerlas bien me encuentro como si estuviera en una nube. Bueno, no en una nube, tengo una sensación como de estar en suspenso. Luego, cuando ya comienza la partida, estoy como más liberado, no tengo tanta presión. Empieza la partida, los primeros movimientos y estoy en la cumbre y luego me parece que es el otro el que le está dando una importancia al entrejuego que no es tal. Osea, que si, que me está sirviendo de algo. El otro día casi palmo y todo en un partida porque pensaba en tipos de tierra para las macetas y en cambiar un tiesto de sitio, y eso que yo y las macetas estamos peleados desde siempre, pero mira, pensando, pensando, me tuvo que decir el otro que qué. Ya está. Ya empieza otra vez. Que si antes fumaba, pero que en un torneo de Copenhague se olvidó el tabaco ruso en una maleta que no se llevó y que antes que fumar tabaco de allí prefirió no fumar y que ahora ya no fuma. Espera, que se está confesando. Que a lo mejor no tiene nada que ver, dice, pero que es posible que desde que no fuma hable más. Madre de dios. No sé para qué me he hecho una rebanada con mermelada si a mi no me gusta y él tampoco está comiendo nada. Qué hombre, qué cháchara tiene.

martes, 8 de mayo de 2012

Juan Andino Wessens

En lo que era la sorprendente tercera edición de la autodenominada 'Asamblea por la Cultura Popular y el Entendimiento entre las Gentes', tras la locución e introducción del evento por parte del presidente, subió al estrado un hombre de pelo canoso recogido en una coleta, no muy alto ni muy bajo, morenísimo y de rostro aindiado, que se presentó como Juan Andino Wessens y que se dirigió a la concurrencia como sigue:
- Antes de que suba más gente y nos deleite con sus composiciones o bien nos ilustre con algún estudio, que seguro que será de gran interés, sobre la historia de la payada, déjenme que les comente un par de cosas. Seré breve. Me llamo Juan Andino Wessens y soy eso que se da en llamar un apátrida. Tengo un país en el que nací pero ahora mismo, y disculpen mi actitud, no me apetece decir cuál es. No soy de ningún sitio porque en ese país tampoco me esperan y si lo hacen no creo que me saquen la banda de música a la calle para recibirme. Pero no quiero que ahora nos enredemos en que yo cuente o que insinúe si soy o no soy. Me llamo Juan Andino Wessens, aunque todos los que tienen trato conmigo acaban llamándome simplemente Wessens. Ya les digo por adelantado que me he bebido dos cafés antes de subir al estrado y estoy bastante nervioso. No suelo tomar café pero no sabía que hacer antes de decidirme a subir, porque no les conozco a nadie de ustedes, no sabía con quién hablar y en algo tenía que matar el tiempo. Dentro de unos minutos es posible que me empiecen a dar tirones los brazos y no les ofreceré una estampa nada agradable. No es que no me guste el café, que si, pero no le veo nunca la necesidad.
Así que les informo que he subido a esta tarima, a este estrado, en este evento sobre la Cultura Popular y demás para avisarles de un hecho que considero fundamental para el devenir de los habitantes de este hemisferio tan y tan querido por muchos de ustedes, pero no por su totalidad. Porque eso sería pedir demasiado, ¿no es cierto? Que todos los presentes estuviéramos de acuerdo en lo mismo. Qué barbaridad. No es posible ¿verdad? Yo tampoco me lo creo, igual que ustedes. El caso es que viniendo hacia aquí me he dado cuenta de que yo no sé tocar la guitarra. Ni la guitara pequeña, ni la grande, ni ninguna guitarra. No he tenido nunca una guitarra en las manos con la intención de crear algo con ella. No sé rasgar, ni puntear, ni entiendo de acordes, nada por el estilo. No me ha interesado. Pero he perdido la guitarra.
¿Cómo lo ven? No lo entienden, ya veo sus caras. He perdido una guitarra y no era mía. Me habían dado una guitarra cuando llegué, para que con ella representara la imagen del antiguo payador y la he perdido. No la he perdido aquí, la he tenido que extraviar en el hotel. Un hotel muy bonito por cierto, y desde aquí quiero agradecer a la organización la molestia que se tomaron alojándome en un tan hermoso establecimiento. Y además de capital nacional. Lo que es toda una proeza, porque no recuerdo haber encontrado un hotel de propiedad nacional nunca en la vida en todas las ocasiones que he venido por aquí. Y miren, nunca es tarde.
Vamos, que he perdido la guitarra. Me la dio el señor presidente que aquí está mirándome con cara de no entender, pero no se preocupe señor presidente que estoy terminando. Me la han tenido que quitar ustedes que estaban en la misma estancia, así que el que la tenga me la devuelva por favor. Porque el presidente me encargó posar con la guitarra a cuestas para la prensa nacional e internacional, componiendo... y creo que uso mucho la palabra componer pero me disculparán, componiendo digo la figura del payador para las fotos, porque el señor presidente pensó que contratar a un payador de verdad resultaría muy caro y yo estoy en una situación en la que por cuatro perras hago lo que sea.
Devuélvanme la guitarra, disfruten de sus pláticas, y muy buenas tardes.

lunes, 7 de mayo de 2012

El Sherlock actual

Vaya por delante el primer apunte que resulta fundamental para entender todo lo que seguirá a continuación: a mí, el actor que hace de Sherlock me cae mal. No me gusta su cara. No me cae bien. No simpatizo. Todo lo que viene ahora, pues, está sujeto a esa primera percepción subjetiva. Perdón también por el vocabulario, pero últimamente estoy de un cursi que no me aguanto.
Le di las primeras oportunidades a la serie Sherlock cuando la empezaron a dar en Antena 3. Me perdía. No lo cogí con buen pie o no sé qué pasó, pero no me enganchó. El personaje no me gustaba, la trama (era un caso relacionado con la mafia china o así) no me hizo tilín, no le ví el qué. Mi hermano me dijo unas semanas después que él estaba bastante contento con la serie, que le gustaba. Como últimamente he moderado un poco sólo mi pinchaglobismo no quise dar mucha leña y simplemente dije que yo lo había intentado, pero es que el tío me caía mal y no me enganchó. Dejé la serie totalmente de lado hasta ayer.
Ayer no daban absolutamente nada en la tele que mereciera la pena y en un canal vi que empezaba un episodio de Sherlock. El primero. Dije, anda, el primero... Estudio en Rosa. No sé si será el primero o el segundo de los libros de Sherlock Holmes de Conan Doyle, pero el Estudio en Escarlata es un pedazo de libro y un historión que para qué. El original. Con la panza llena de migas pensé que el episodio tendría que ver con aquel libro, que cada episodio iría recuperando un libro de la historia original y que... nada. O un poco. O si y no. No.
En este primer episodio Sherlock conoce a Watson. Se van a vivir juntos y al día siguiente ya resuelven un caso. Todo en un día. Sherlock, si en el libro ya parecía un personaje fuera de medida, en la serie bordea lo sobrenatural. Vale, hay momentos en los que explica las deducciones que hace. La observación, estupendo. Pero oiga, que no. Que parece todo muy sacado de la manga, que no parece normal. Que si, que si hay que resaltar que es muy buen observador, muy listo, muy lo que quieras, pues que se resalte, que para eso es Sherlock Holmes, pero no sé si es que lo hacen muy exagerado o que como el muchacho me cae gordo, pues no me lo trago. Y me pierdo.
Esa es otra. Me pierdo. Empieza a hablar, a sacar conclusiones, a decir esto es así y así y de esta manera y ahora... y me quedo con cara de 'no me estoy quedando con la copla'. Va muy deprisa para una mente mediocre como la mía. Va muy deprisa. Y lo que es peor, el propio Sherlock considera imbéciles a todo el resto de la población. Algo que no me creo que el Sherlock original pudiera llegar a considerar. Supongo que ser moderno y tal le debe dar licencia para ciscarse en la gente, pero no sé. Me molesta.
Y la historia. Estudio en Escarlata iba sobre una venganza. Alguien que quiere vengarse de unos mormones que le jodieron la vida y la de la chica que quería. Fantástico. Una historia bonita de verdad, con su rollo del Oeste, mormones, etc. Pues bien, el caso de Estudio en Rosa, el episodio de ayer te pone la miel en la boca, porque más o menos empieza de la misma manera. Pero... no hay nada detrás. La historia coge elementos de la original. Las muertes, los suicidios inducidos, el propio 'asesino' que se descubre o se entrega en la misma casa de Sherlock. El cochero/taxista. No sé. Bien. Pero detrás no hay nada. Detrás mete de rondón la historia de Moriarty.
Porque aparece Moriarty, que no salía en el original. Pero aquí si, tiene que aparecer. Y es el malo que está detrás. Se resuelve el caso, ji ji, ja já. Pues no. No me hace gracia. Y todo eso de las maquinitas. Los móviles inteligentes. Los ordenadores con seguimientos. Muy tecnológico todo. Qué bien. El móvil y el móvil. Qué hartura de móvil, por dios. Bueno. Pues eso. No jueguen con los sentimientos de la gente, hombre. Ya está. Ya he visto el primer episodio, y ya me han visto a mí.

viernes, 4 de mayo de 2012

Miscelánea

Nada más llegar leo que los Dandy Warhols han sacado un disco nuevo. A mi me gustan los Dandy Warhols, pero es algo que llevo en secreto, no lo voy aireando por ahí porque los Dandy Warhols no molan. Es así. Son un grupo que no es Cool, no está de moda, suenan a antiguos, viejunos, ya no salen en ningún sitio. Pero a mí los dos primeros discos, qué narices, el tercero también me gusta. Luego, canciones sueltas de otros. Dicen que este disco está bien. Que recuperan el pulso. Osea que ya puedo escucharlos tranquilamente. Es lo que tienen las modas. Ahora si, ahora no. Ahora puedes, ahora ni se te ocurra. Gracias, muchas gracias, miembros de la crítica musical por considerar que ya puedo tararear sin que me miren mal. En realidad nadie me mira mal. En realidad, nadie sabe que tarareo. En realidad, nada. Bueno. Del disco nuevo, pondremos la que consideran la rara, la psicodélica, la que se parece a los Brian Jonestown. Pues nada. Y si, rara es.
http://www.youtube.com/watch?v=2UYfHxz7G7s

¿Cómo? ¿Que no habéis felicitado al Mario por su cumpleaños? No tenéis vergüenza. Tenéis pocos amigos y los estáis dejando perder por malquedas. Hay que cuidar a la gente, que pasan los años y nos damos cuenta de que lo que importa es tener tropa suficiente como para no estar apedreando perros por las calles. Qué tío. Yo no sé los años que tendrá, pero el muchacho está estupendamente. Ciertamente cada vez más calvo, claro, pero eso es algo que es inevitable. Y es algo que el tío lleva anunciando desde que tenía quince años. Calvo, calvo, calvo. El sinvergüenza. En fin. Sea como sea, recordaremos ahora aquel mítico Pop Festival al que fuimos en plan Kamikaze en el glorioso 1995 y del que salimos convencidos de que la tuna no iba con nosotros, y que de la misma manera, la tuna estaba ahí. Beck y su clásico Un pie en la tumba. Sin segundas.
http://www.youtube.com/watch?v=-oeXtGuQtBc

Qué jóvenes éramos entonces y repasando así mentalmente... qué pocas ilusiones teníamos ya. Si. Así como otras personas han tenido proyectos, ideas, objetivos, retos que cumplir, sueños y esas cosas, nosotros estábamos convencidos de que las cosas muy a mejor no nos iban a ir, que quizás esto y lo otro si, pero que así a nivel general, lo normal es que todo fuera en plan desastre. Todo es un desastre. Y más o menos, no voy a decir que al cien por cien, pero oiga, no es para tirar cohetes. No para él. Eso sí. Proyectos, ilusiones, tengo en mente unos asuntos, estoy muy liado porque tengo mil cosas a la vez, todo eso no, pero otras cosas, las que quieras. Aquí estamos. Una bonita canción de los Teenage Fanclub pero versioneada por J Mascis. Si, hombre, J Mascis, el de Dinosaur Jr. Everything Flows.
http://www.youtube.com/watch?v=3nFaGsixTEE

Se va a pasar la Feria de Abril del Forum y no vamos a ir tampoco este año. El sábado estuvimos a punto pero al final llovió y la ostia y nada. Pero digo yo que si no hoy, mañana, si que tendríamos que ir. ¿No? Riapitá. A continuación el mágico vídeo de las sevillanas corraleras de Lebrija. Iba la Liebre. El resto de la letra es incomprensible. Cogía coles... no sé. Pero qué arte. El vídeo corresponde a la película Sevillanas de Carlos Saura. Una película, junto con la de Flamenco, que le reconcilia a uno con el género y con muchos de los artistas que salen. En el vídeo, en esta canción, se me ponen los pelos de punta viendo a la gente mayor bailando, sin aspavientos, sin monerías, sin trampa. Iba la liebre. Ya verás como este año tampoco vamos.
http://www.youtube.com/watch?v=OS58XjbiQcc

Me parece que va a colar otro año. Si. Todo apunta a que si. Y mira que yo no las tenía todas, ni de ganas, ni de que fuera a ir bien, pero mira. Este año también. Veré a The Cure. En mi puta vida los he visto, pero ahora que puedo no me los dejaré pasar. Aquí si lo tengo claro, la primera canción que me gustó de ellos fue esta, Why Can't i be You. Que la ponían en los 40 cuando yo era chinorri. Y claro. Pues eso. No sé qué más tenía que decir al respecto, pero que eso. Que este año también. ¿Hoy es viernes no? Hoy nos dan otro susto. Esto va así. Qué país. Eres tan así, tan guay, todo lo que haces mola tantooooooooo. Qué calor debe pegar ese traje de oso.
 http://www.youtube.com/watch?v=MI0a9hTh5AU

Pues nada, que ha quedado un poco largo esto hoy. Que a ver si el fin de semana se nos da bien y volvemos sanos y salvos. A ver si eso.

jueves, 3 de mayo de 2012

La novia o el metal

Quizás era el viaje más importante de su vida. Ulises Perolaza, conocido por sus amigos, los de su banda, los del bar, los del parque, los de la partida de rol, los del equipo de fútbol sala, los del club de fans de Judas Priest y toda la peña del barrio en general como Ulf, se enfrentaba a la decisión más importante de su vida. Se había echado una novia. Una compañera del trabajo, Merche, se cayeron bien, empezaron a quedar, ir al cine, 'una película que te guste a ti y luego una que me guste a mí', dar una vuelta, tomar algo, 'quédate a dormir en mi casa, si quieres', 'por qué no te vienes este domingo a comer con mis padres, que vamos a un merendero toda la familia y...', 'mira, te he comprado una camisa, que si no te gusta no pasa nada, la devuelvo', '¿no has pensado en cortarte el pelo un poco? estarías más guapo con el pelo un poco más corto...'.
¿Lloran los heavys? Una pregunta que puede desatar un debate tan árido como una disputa entre partidarios de Parménides y Heráclito. ¿Lloran los heavys? Yo creo que no. Los heavys no lloran. Pueden sufrir por dentro. Pueden tener serios dilemas morales, pero se enfrentan a ellos como vikingos al borde del desembarco. Sin pararse en mientes, sin complicarse la existencia. Porque son heavys. Pero la vida del heavy es dura, se enfrenta a mil peligros, todo pende de un hilo y el camino recto no existe. Llega un momento en el que se ha de disimular. Ulises 'Ulf' Perolaza va en el metro camino de la cita decisiva con su novia. Lleva puestos sus pantalones de pitillo, sus bambas j'Hayber, la camiseta de Iron Maiden y la chupa de cuero con el parche detrás de Judas. Hoy lleva el pelo más sucio de lo normal. Desgreñado. Durante muchas citas con Merche ha procurado llevar el pelo limpio. Su larga melena, a veces recogida con una coleta, limpia, reluciente. Hoy no. Hoy quiere darse el gustazo de recordarse que es heavy. Que el metal no admite remilgos. Que el metal es lo primero. Que tiene unos principios. Que es el metal.
Ulf trabaja. Ulf no ha tenido los problemas de otros colegas. El Yul tuvo que cortarse el pelo y quitarse las muñequeras y los colgantes con la estrella de Satán para trabajar en la oficina. El Peri solo lleva su perilla como recuerdo de cuando era el máximo experto en el barrio sobre dobles bombos, metal noruego y campeón interestatal de Warhammer. La Yoli ya no marca nada con sus mallas azules y blancas desde que dejó de ser la walkiria preferida por todos los colegas del barrio, ahora trabaja en una agencia de viajes, lleva el pelo cortito. Sigue siendo la guerrera más guapa, pero ya es otra cosa. Dos críos y un novio que fue rapero. Una lástima. A veces se encuentra con los colegas en el parque cuando salen los domingos y ella lleva puesta su camiseta de Dio y los tejanos. Heroína del metal.
Ulf trabaja en el almacén de la distribuidora de racholas del barrio. Un trabajo chungo para el que no hace falta llevar buen aspecto. Ni malo. No es lo que cuenta. Ulf lleva camisetas viejas de Deep Purple de su hermano mayor. Su hermano mayor, el Alex, que cantaba en los 'Demonios de Fuego' y que ahora sin que nadie sepa porqué va a conciertos de Estopa con su parienta.
Ulf va en el metro a tirar el último cartucho. La Merche es muy buena tía. Es del barrio. Trabaja en las oficinas. Es la sobrina del dueño, el señor Martinet. Es una chica normal. No le gusta la música. Tiene discos de Mecano, El Último de la Fila, Alejandro Sanz y de chavalita era fan de los New Kids on the Block. No quiere que Ulf deje de ser quién es. Sólo quiere...
La novia o el metal. El viaje en el metro va llegando a su fin. Han quedado en verse en una cafetería del centro, con unas amigas de Merche. La Merche está muy guapa hoy. Las gafas le quedan estupendamente. Ulf entra en la cafetería y algunos se le quedan mirando. Un heavy. La Merche no le ha puesto buena cara.
Se saludan, dos besos, dos besos a las amigas. También hay un fulano que va detrás de una amiga de la Merche. La Merche le dice al Ulf que vaya pelos, por lo bajini.
- No. Es que mañana voy a la peluquería y por no lavármelo dos veces...
Los Heavys no lloran.

miércoles, 2 de mayo de 2012

Rimble Pacherton y la industria del espectáculo

Enlazamos lo que estábamos comentando con un texto aparecido en el Boston Sprinter de hace unos cuantos años y que viene firmado por un tal Wethers Poonful. El relato dice lo siguiente:
'No nos engañemos. En aquellos años la situación no era nada sencilla. Los niños se morían de hambre por las calles, los hombres pasaban el tiempo quitándose el frío bebiéndose lo que les pasaba por las manos y las mujeres luchaban de las formas más ignominiosas para sacar adelante a su prole. Sin embargo, un oscuro personaje de aquellos años, llamado Rimble Pacherton, pese a no tener nada que le diferenciase ni en origen ni en expectativas al resto de sus conciudadanos consiguió algo que sumió en un estado de felicidad perenne a toda la ciudad y contagió con su ejemplo a toda la nación.
Rimble Pacherton, ahora que lo hemos presentado intentaremos conocerlo algo mejor, nació en los suburbios de la ciudad hijo de un obrero metalúrgico y una costurera. Creció por las calles, formó parte de la banda de los Niños Hambrientos y a los diez años entró a trabajar en la fábrica en la que su padre se había dejado la salud. Un accidente le costó un brazo, el izquierdo, y fue retirado de la empresa por inútil. Tuvo que dedicarse con sólo 20 años a ganarse la vida vendiendo baratijas, recogiendo desperdicios y haciendo otra clase de trabajos nada decorosos para un hombre que se precie, pero cuando la vida está tan mala, no hay honor que valga. Uno de esos trabajos le llevó un día a casa de un tendero de la zona adinerada de nuestra ciudad. El dicho tendero le había citado a una hora en que la tienda se encontraba cerrada. Nathaniel Sparks se llamaba. Encontró a Rimble en la calle mientras éste estaba en un portal oscuro bebiendo de una miserable botella de whisky baratísimo. Sparks se le acercó y le susurró algo en el oído. Rimble puso cara de asco, pero sabía que aquello podía significarle algún que otro dolar, así que asintió con la cabeza y a la hora convenida apareció por la tienda. Nathaniel Sparks vivía con su hermana Mindy, y ésta se acostaba siempre muy temprano, ya que padecía una enfermedad que la obligaba a estar en cama todo el tiempo posible: la vagancia. Así Nathaniel podía hacer y deshacer a su antojo en la tienda, que era próspera y vendía telas especiales para la ropa de los trabajadores. Nathaniel, tras oír la señal convenida, abrió la puerta a Rimble y le hizo pasar a una salita. Allí Nathaniel, tras depositar en el bolsillo de Rimble la cantidad convenida, se sentó en un butacón y tras hacerle la señal indicada a Rimble éste empezó a desnudarse. Tras quedar completamente desvestido Rimble empezó a bailar siguiendo los golpes rítmicos que Nathaniel hacía con un bastón en el suelo. La imagen que ofrecía Rimble, desgreñado, sucio, con un brazo únicamente, famélico, era lamentable. Pero Nathaniel parecía en éxtasis. Estaba en éxtasis.
La visión de aquel desgraciado humillándose le proporcionó un placer inmenso. Despidió a Rimble citándole para días venideros a cambio de más dinero. A la siguiente cita, Nathaniel sumó a un par de amigos que compartían su depravación, Ebenezer McCallister y Benjamin Clinton, boticario y ebanistas del barrio. Todos miembros respetables de la sociedad, casados, con hijos, pero que tenían el mismo vicio. Los tres estuvieron a punto de morir de gusto al ver a Rimble bailar o mal bailar, desnudo, manco, hambriento, desdentado...
La fama de Rimble aumentó de tal manera que formó un grupo de tullidos, vagabundos, alcoholizados, menesterosos, mujeres echadas a perder, niños ya maleados por la vida, que bailaban al son del palo de aquellos pequeños burgueses. Rimble Pacherton consiguió retirarse del baile, pero con aquel grupo montó una compañía estable especializada en aquellas representaciones humillantes.
Rimble Pacherton, que tonto no era, perfeccionó su espectáculo dantesco hasta que, ya en nuestros días, sus descendientes desde las sombras han seguido mediante técnicas oscuras y del todo cerradas para los no iniciados, haciéndonos bailar a todos al son de un palo, por unos pocos dólares, sin que lo sepamos. Y mientras ellos, los Nathaniels del mundo, se ríen y estallan de placer.'