jueves, 9 de octubre de 2014

El dedito

Canta, sonríe a la gente. Es muy fácil. Es mucho mejor. El dedito. No me molesta que me digas las cosas, me molesta el dedito. Eso es lo que me molesta. No me molesta morirme, me molesta el dedito. El dedito. Eso. Ahí, siempre. Es muy molesto ser súbdito. Entiendo que es muy molesto para una persona que es alguien en todo esto, tener que compartir el oxígeno con toda una serie de seres humanos que a duras penas pagan el cartucho.
- Hola, buenos días. Es para mí un auténtico orgullo inaugurar este hospital. Un hospital con el que XXX avanza en la senda de una mayor calidad de servicios para con sus ciudadanos. Un hospital que ha contado con la confianza de unos inversores que ven en nuestro país un lugar en el que poder confiar (confiar, confiar, confiar). Un hospital que va a contar con los mayores estándares de calidad, para que los ciudadanos de XXX sientan que pueden estar tranquilos. Y con estas palabras cedo el testigo a...
Bueno. Pues esto lo deben tener escrito en alguna parte, pero luego, ay. Déjenles hablar. Déjenles que opinen libremente y sin papeles de sus súbditos. Déjenles que nos digan que les importamos más bien poco. Es más, déjenles decirnos que somos unos idiotas. Que somos tontos.
- Para sacarse el traje no hace falta sacarse un máster.

Una persona se está muriendo. Y otra persona, que es responsable del sistema de sanidad, (supongo, Dikembe), de la Comunidad de Madrid va y dice que bueno, que lo del traje... que si aquel médico es que es muy alto, que si la persona que se está muriendo mintió... y que no le toquen mucho las pelotas, que él ya ha venido comido de casa y que si dimite no le va a pasar nada.
Ese es el tema. Oye, no me toques las pelotas, que yo aquí he venido a pasar el rato, no a que me toques las pelotas. Tocar las pelotas. Callados, callados, calladitos durante un día o dos, hasta que se destapa que la persona que se está muriendo (esperemos que no se muera), se tocó la cara. Ajá. Entonces ya está todo hecho. Culpable.
Somos culpables de estar aquí, en medio, estorbando. Estamos sobrando desde hace tanto tiempo. Y encima el hermano de la persona que se está muriendo sale en la tele con una camiseta en la que se lee Sin Dios, y lleva una trencita de esas... de rojo. Encima son rojos. Encima. No sólo se mueren manchando la imagen impoluta de nuestro país, que tan bien había quedado repatriando a dos religiosos infectados, si no que además, lo aprovechan para decir que tal o cual, tiene que dimitir.
Estamos sobrando. Les estorbamos. Cada vez más. Cada vez de una manera más evidente, los problemas de nuestro mundo son culpa de los que tienen el problema. La culpa.
Yo ahora podría decir que todo esto tiene que ver con el protestantismo, con la Reforma religiosa, con el poder del individuo para regir su destino y para demostrar, mediante los actos, que Dios está con uno. Si me va bien, es porque Dios aprueba mis actos. Si me va mal, es porque Dios no está viendo cumplido su plan conmigo. Si las cosas van mal, es porque estáis haciendo las cosas mal.
Adolf Hitler, cuando ya estaba todo perdido, insistía en que el pueblo alemán, su amado pueblo alemán, no podía seguir existiendo porque no había sido capaz de vencer. Era culpable de no haber vencido. Merecía lo que le pasase, su final, el aquelarre completo.
No, no, no se me está yendo la castaña. Estoy hablando de todo un poco, por aproximar un poco el tema. Por ir acercándome a la conclusión. A la reflexión final. Ahora voy.
Culpables. Somos culpables de lo que nos pasa, porque no estamos haciendo las cosas bien. El ministro, el directivo de la empresa, el consejero de sanidad, el que tiene y el que puede, ese, ese no tiene culpa de nada. Ahora, el que depende de la decisión de otros, el que no ha espabilado a tiempo, el que va por la vida de buena fe sin pretender nada concreto, el que no tiene objetivos claros, el que estaba allí en vez de estar en el escalón de arriba, ese es culpable. Culpable por estar allí. Estorbando. Estamos sobrando. Los del metro, los del tren, los de las hipotecas, los de la reforma laboral, los de la sanidad, los que no pueden ir al colegio caro, esos, estamos sobrando.
Y la culpa es nuestra.
Y a mí no me molesta que me pasen las cosas, a mí lo que me molesta es que me señalen. Con el dedito.

miércoles, 8 de octubre de 2014

Checa

Fue una de esas noches. Muchas de aquellas noches terminaban bajo el calificativo de regular. Algunos se lo pasaban muy bien y otros nos lo pasábamos más bien mal. El punto medio nos servía. Los que habían estado bien, ya vivían con el recuerdo. Y los que nos habíamos comido los mocos, nos reíamos repasando las anécdotas de los que habían triunfado. Y así esperábamos hasta la semana siguiente.
Pero esa noche fue distinta. Habíamos acudido a una fiesta en casa de alguien, no recuerdo. De aquella fiesta debíamos marchar hacia una especie de casa okupa donde había una fiesta aún más gorda. Como era normal, los tres o cuatro del núcleo duro solíamos proponernos no acabar la noche juntos, pero raro era que no nos apartásemos llegado un momento para reírnos con nuestras bromas, las que sólo nosotros entendíamos, y así desperdiciar una noche más. Otra oportunidad para ver mundo. Para conocer gente. Para dejar de ser nosotros de una vez.
Sin embargo, él tenía la habilidad de poder hacer las dos cosas a la vez. Él podía estar con nosotros y también podía perderse. De repente, se iba a por algo y ya no volvía. O volvía al cabo de mucho rato y nos preguntaba que qué tal chavales. Y nosotros nos relamíamos pensando en lo que nos iba a contar.
Una noche, esa noche, en aquella casa okupa, ocurrió lo mismo. Se nos perdió y tardamos en encontrarlo. Tanto que no pudimos dar con él hasta que se nos ocurrió irnos para casa. Él solía ser el encargado de llevarnos a casa, tenía coche, y nunca le daba miedo conducir. Aquella noche le fuimos a buscar y estaba ya en la calle, sentado en la acera. Le dijimos que nos íbamos, que ya éramos los últimos, lo de siempre.
Fuimos a buscar el coche y nos dispusimos a marcharnos. Como siempre, yo me sentaba detrás. Íbamos recordando lo que habíamos vivido. Lo que contábamos era mejor, siempre mucho mejor, que lo que había pasado en realidad. Fuera bueno, o fuera malo, siempre nos reíamos mucho contando lo que había pasado. Incluso a veces esperábamos al día siguiente para seguir recopilando anécdotas. Lo que habíamos hecho, lo que habíamos visto, lo que había pasado, lo que nos habían contado. Era mejor contarlo que vivirlo.
Esa noche, volviendo en el coche, algo extraño ocurrió. Nadie habló. Nadie contó nada. El coche iba avanzando por la Meridiana y en un semáforo en rojo, vimos que a nuestro lado había un coche exactamente igual que el nuestro. En el coche de al lado estábamos nosotros. Dispuestos de la misma manera. Nos fijamos y estábamos riéndonos y hablando y comentando y cantando canciones de Kojón Prieto y de Tijuana y de Siniestro. Estábamos llorando de la risa porque el A. estaba contando lo mal que le había caído nosequién. Y yo estaba muerto de risa porque recordábamos que el M., que se había ido por otro lado porque ya no vivía con nosotros en santako, había soltado alguna teoría sesuda y sin fundamento sobre cualquier tema, con la certidumbre de que fuera cual fuera el resultado de todo esto, íbamos a perder. Y el Checa conducía el coche y no se despistaba jamás pese a todo el jolgorio. Y estábamos convencidos de que no había ningún futuro para nosotros y aún así nos reíamos porque no nos quedaba otra que hacernos las bromas nosotros. Y a los demás que les fueran dando mucho.
Estábamos allí, en el coche de al lado. Lo vimos y nos quedamos más tranquilos.

Feliz cumpleaños Evander.  

martes, 7 de octubre de 2014

Destrucción del Universo #1

Algunos de ustedes ya lo saben, estoy viviendo unos tiempos de extrema agitación personal. He valorado, he pensado, he reflexionado mucho sobre el tema y esta mañana, tras una agitada noche venga a dar vueltas y venga a dar vueltas, he decidido que el Universo ha de ser destruido. O yo o nadie. Si no es como yo quiero, me lo zumbo. Es así como lo estoy diciendo yo. No quiero volver demasiado sobre el tema de las causas y los motivos, la decisión está tomada y he emprendido el proceso de finalizar la obra que el padre Creador comenzó en su momento.
Así, con las cosas claras y el ánimo dispuesto al menos para terminar de una vez con todo, he desayunado de forma ligera y me he despedido de mi pareja que, descreída, me ha citado para la hora de comer desde su puesto de trabajo. Los niños se los queda mi suegra, por lo que tengo tiempo para hacer lo que tengo que hacer. Me he lavado los dientes, he peinado algo mi melena leonina y he dirigido mis pasos hacia la mercería Isi.
He decidido que sea este y no otro el establecimiento por el que empezar la demolición, dado que si tengo que comenzar por alguna parte, qué mejor que hacerlo desde un lugar en el que me encuentre cómodo, en paz, tranquilo, para poder hacer lo que tengo que hacer. He abierto la puerta y ha sonado la campanita. Ha salido la hija de la señora Isi, que ya ha visto pasar los cincuenta y será siempre la hija de la Isi, persona sin nombre que quizás también ha estimado en alguna ocasión la posibilidad de destruir el Universo y puede que haya sido demasiado para ella, mas no para mí. Yo voy a hacerlo y todo ha comenzado de la siguiente manera. Mañana tengo pensada la segunda parte, ya se lo digo al final, lean ahora esto. No tengan prisa.
- Hola, buen día ¿qué quería?
- Hola, buen día. Pues he venido a por una bobina de hilo que sea de este color. Mi mujer me ha dicho que le enseñe este trocito de tela a ver si encaja.
- Si claro, enséñeme el pedazo de tela a ver y seguro que lo encontramos.
- Aquí está. - Y he sacado del pantalón un trozo de tela granate, lo tengo todo estudiado.
- Bien, será fácil porque con este color vienen bien toda una gama...
- Bueno, espero que sea un color que no chille demasiado luego con...
- No se preocupe, mire a ver si estos...
- Mmmm, no sé. Igual, igual, no veo que haya ninguno. No sé. A ver si con otro tono un poco más fuerte.
- No sé, yo veo que este sí que le puede venir bien.
- Yo veo que no, perdone, mire a ver si otro más fuerte...
- Éste a ver.
- Éste. Éste puede estar bien. Creo que es éste. Bueno, pues no ha sido tan difícil.
- Pues no, no ha sido difícil. Es que son colores que son fáciles de igualar, si hubiera sido otro más chillón, no sé, como un...
- Ya. Bueno, pues muy bien.
- Eso es. ¿Quería alguna cosa más?
Y aquí ha sido cuando he puesto en marcha el plan. Aquí ha sido cuando se ha comenzado a desencadenar el desastre. Este es el momento en el que el Universo canta su canto del cisne. Canta su canto. ¿Ven cómo no merece la pena seguir?
- Pues sí.
Y me he quedado callado mirando un pijama. Un pijama verde. Un pijama verde con un dibujo de un oso que tenía cara de oso joven. Un osito. Un pijama de pantalón verde y suéter verde y dibujo de oso. Me lo he quedado mirando. Me han dado unas ganas terribles de llorar. Unas ganas tremendas de llorar. He llorado. He llorado desconsoladamente mirando el pijama. La hija de la señora Isi, tal y como preveía, se ha unido a mí. Todo encaja. Los dos hemos estado llorando largo rato. La hija de la señora Isi ha cerrado la puerta con pestillo. Ha sonado la campanita cuando ha cerrado la puerta. Hemos estado encerrados llorando un buen rato. La señora Isi quería entrar en la tienda y no podía. Media hora llorando. He acabado de llorar y le he dicho a la hija de la señora Isi que me abriera que me tenía que ir y me he ido.
Ustedes no sé si han notado algo, pero yo estoy empezando a notar cosas. He dejado a la señora Isi gritándole a su hija. Todo empieza a ir como tiene que ir. Adiós. Mañana veré qué.

lunes, 6 de octubre de 2014

Gastarbeiter


Cuando salió nos dijo que todo era maravilloso. Estábamos todos expectantes, nerviosos, nos habían dicho que teníamos que estar allí a las ocho de la mañana y a las siete menos cuarto ya nos agolpábamos en la puerta de la fábrica. Apareció a las ocho un empleado y nos dijo que teníamos que nombrar a un delegado para que entrase y le pudieran explicar lo que se nos pedía. Nos pusimos de acuerdo y finalmente elegimos a Uruk para que nos representase, porque sabía hablar mucho más fluidamente que nosotros y, además, era mucho más simpático que Fernández, que llevaba más tiempo allí pero tenía malas pulgas. 
El tiempo que estuvo allí dentro, lo pasamos la mar de bien. No sé, fueron dos horas y algo las que Uruk estuvo con esa gente hablando. Durante ese tiempo, al principio nadie se atrevía a decir nada, pero finalmente un italiano empezó a hacer chistes sobre lo acojonados que estábamos con el tema y ya se unió a él un portugués, otro español y al final todos, en un alemán pésimo, nos fuimos animando. En un momento, Hari, que venía conmigo, dijo que 'estaría bueno que ahora Uruk, cuando salga, nos diga que lo del trabajo es una mierda y que después del madrugón no vale para nada. Como para pegarle fuego a la fábrica.'. Hubo un cierto revuelo, porque la gente no quería hacer comentarios que provocasen que nos echaran de allí, o que el guardia de la puerta lo escuchara y se pusiera tonto. Pero a todos nos ensombreció un poco el ánimo. 
Al final, Uruk salió y nos pidió unos segundos para hablar. 'Todo es fantástico. Nos quieren coger a todos, nos pagarán catorce pagas y nos darán un mes de vacaciones. Dicen que quieren abrir una planta nueva en el descampado de aquí al lado, pero que la incorporación sería inmediata, que nos enseñarían primero cómo se trabaja y luego nos mandarían a la planta nueva. El encargado, el señor Schnabel, es un tío muy majo. Me ha preguntado que de dónde soy y cuando le he dicho que era turco me ha dicho que ha estado de vacaciones en Grecia y que nos parecemos mucho a los griegos, me lo he quedado mirando sin entender si estaba hablando en serio o en broma, pero me ha dado igual, le he sonreído y ya está. Me han estado enseñando la fábrica y es alucinante. Qué limpio. No se oye casi nada. Parece que están en una biblioteca, más que en una fábrica. Todo el mundo muy uniformado y muy bien. Me han dicho, que tenemos que estar aquí ya mañana a las ocho otra vez, que no nos preocupemos por el vestuario porque ellos nos lo van a dar todo. Que tenemos que traer los papeles y los documentos que tengamos y que nos darán unos carnets y unas tarjetas para que nos identifiquen. Me han dicho que proponga a cinco de vosotros como delegados o subdelegados para que hagan de enlace con la empresa, bueno, que ya seremos todos de la empresa, y que les harán un examen para ver si pueden hacer ese trabajo. Que nos tenemos que sindicar. Que no tengamos miedo porque eso tenga consecuencias en el pueblo, porque nos van a sindicar a todos y en nuestros países ellos ya lo saben. No sé. Estoy muy contento, amigos. Mañana empezamos a trabajar'. 
Nos fuimos a casa y estuvimos bailando y riendo durante todo el día y toda la noche. Al día siguiente nos volvimos a encontrar todos otra vez en la puerta de la fábrica. Se acercó a hablarme Hari un momento, pero no sé porqué, no me apetecía hablar con él. 

viernes, 3 de octubre de 2014

Miscelánea

Es la hora de las canciones buenas y de los momentos no musicales. Brigitte Bardot ha cumplido durante esta semana 80 años. 80 años, que se dice pronto. Si somos capaces de dejar a un lado su ideología de extrema derecha, que supuso un mazazo para muchos, al ser un icono de esos sesenta rebeldes y franceses que se destapaba como una racista de mierda y, al mismo tiempo, como una enfervorecida defensora de los animales. Enfervorecida. Bueno. Aquí la vemos en 1968 interpretando Harley Davidson, compuesta por su entonces amante bandido, Serge Gainsbourg. Vean como disimulan y uno mira para un lado y el otro para el otro. En el vídeo, vemos a Brigitte Bardot en plena gloria, pero moviéndose con una gracia más bien escasa. Cualquier vídeo de Jane Birkin, la siguiente compañera de Gainsbourg, es más. Pero la canción es buena. Hay una versión reggae del propio Gainsbourg, muy molona también. Feliz cumpleaños Bardot, pese a todo.
http://www.youtube.com/watch?v=rHDQK8gymxw

Nada que decir. Verte expuesto a expresar una opinión casi a diario, no es sencillo. No es fácil decir algo que tenga sentido, algo documentado, algo que no sólo rellene el espacio de tiempo que podría corresponderte si no que sea capaz de emocionar al personal. La intervención. El momento. Esa es una cosa. Y otra cosa es de lo que va esta canción. Nothing to say de los Kinks. Que como dice, nada que decir, pues uno la asimila, pero va de otra cosa. Va de las conversaciones de ascensor, de empezar a hablar de naderías por rellenar el tiempo. Va de intentar sacar algún tema que elimine el aburrimiento que empieza a acechar. Va de, bueno, pues me parece que me tengo que ir que hoy hay partido. Va de no tener ya nada nuevo que aportar. Ay. Eso no nos va a pasar. Tengo mucho que decir todavía. Pues no tengo yo rollo ni nada.
http://www.youtube.com/watch?v=QDHFpC36gUk

Aunque no lo parezca, ha sido una semana muy alemana. Pero mucho. Desde el sábado hasta ayer por la noche. A base de Neu!, de La Düsseldorf, de Cluster. Por este orden. El Neu! de 1975 es un disco que uno no deja de preguntarse cómo no puede estar en todas las discotecas del universo. Cómo puede ser que la gente no conozca canciones como Hero. El disco de Neu! del 75 es un caso de confluencia, ciertamente. Dinger y Rother no se pueden ver. Han hecho dos discos pero uno va por un lado y otro por otro. Dinger es un punki sin saberlo, Rother va por otro sitio. Llegan a un acuerdo, la primera cara será para un rollo tranquilo y casi ambiental. La segunda cara será para el ruido punkarrilla. Esta de Hero la canta Dinger como si fuera el mismo Johnny Rotten. Ya sé que es muy tópico y es lo que aparece en todas las reseñas, pero es que es lo que es. Eres otro héroe, cariño, se fue a Noruega. Y así. Honey went to Norway. Tremenda.
http://www.youtube.com/watch?v=qYeVvp8sdmg

El segundo escalón en la escala de evolución humana es La Düsseldorf. Dinger, una vez que Neu! ya ha dado todo lo que tenía que dar, monta La Düsseldorf con el personal que le acompaña en la segunda cara del disco citado y se marca un disco tremendo. Si pensamos que todo el disco va a ser de raca, raca, estaremos bastante equivocados. El disco tiene sus momentos punkoides y también otros ratitos de quedarte con el cuerpo en trance. Zeit/Time es la última canción del disco. Una clásica de este espacio. Nueve minutos en los que vamos avanzando despacito al principio y luego al trote por lo que es el tiempo. Un tiempo a la alemana, tiene su cosa. Alemania en los setenta. Mercedes grandes como naves espaciales. Barcos veleros. Gente con mucho pelo, haciendo cosas muy raras. Pero fascinantes. La Düsseldorf tiene otro disco, el Viva, que es tan bueno o mejor que este. Nos centraremos en esta canción. Siéntense en el sofá, o si están en el curro, tengan ese momentito de 'me he ido'. Váyanse con el tiempo.
http://www.youtube.com/watch?v=rQnnODwYUxo

Entremos en el momento de la no música. ¿Es música lo de Cluster? ¿En qué momento podemos empezar a considerar como música algo? Cluster son Roedelius y Moebius, otros dos alemanes muy majos, que después de ver como otro miembro de la banda con apellido muy alemán deja el grupo anterior llamado Kluster, montan Cluster. Así de fácil Primer disco, 1971. Es música. Debe ser música cuando consideramos a Cluster como un conjunto musical. Lo que debe definir a la música es que haya un ritmo, una melodía. Perdón por la barbaridad. Pero que haya algo. Y aquí no hay nada. Aviso que son quince minutos de ruido. Un ruido que no es desagradable, que está ahí, que es como entrar en una fábrica en la que estén haciendo algo con cuidado. Así, más o menos. Hay un disco de Cluster del 74, el Zuckerzeit, que ya es otra cosa, que tiene su ritmo y sus ratitos, pero este... ojo con este. Pónganse a prueba.
http://www.youtube.com/watch?v=i_B_wUHCEaY

Cuántas veces yo pensé en volver. Qué cancionaza, por el amor de dios. Una canción a la que le cogí cariño gracias a una versión de Calamaro, fíjate. La distancia. Una canción de Roberto Carlos. Es fácil poner canciones de Roberto Carlos, de su época de la Jovem Guarda, alguna versión de Os Mutantes, por ejemplo. Pero lo chungo es atreverse a poner una de Roberto Carlos en su época de chaquetita, melena y azúcar a tope por todas partes. No es Lady Laura, no es El gato que está triste y azul (cancionaza, por otra parte), no es Yo quiero tener un millón de amigos. No, esta es otra cosa. La distancia. Sólo por el estribillo. Ese grupo de amigotes cantando canciones de despecho amoroso, Si tú me dices ven, No creía en el amor, Reloj no marques las horas, No me beses en los labios, La distancia. Y decir que de mi amor, nada cambió. Pero mi silencio fue mayor, y en la distancia muero, día a día sin saberlo tú. Qué cosa más bonita por la virgen. Para SupersalsaXXIII.
http://www.youtube.com/watch?v=OQK4SCSQTdM

Qué broche de oro más bonito, copón. Bueno, que tengan ustedes un fin de semana bien bonito, que si no es ahora, ya a ver cuándo cogemos otro.

jueves, 2 de octubre de 2014

Karpov

Me he quedado en blanco. Pensaba yo que no me iba a pasar y me ha pasado, pues porque me tenía que pasar. Normal. Que me he metido yo en esta partida pensando que mal que bien iba a salir con bien del tema, porque uno tiene unos recursos y una cosa y una gracia encima que no se puede aguantar y resulta que se ha complicado la movida y ahora mismo estoy como diez tableros más para allá. Ya me pasa, yo pongo interés y pongo atención y la partida estaba siendo muy, pero que muy bonita, pero mira. Se ha puesto aquí este señor a mi lado, que no es que diga nada, ni nada, pero me cohíbe. No sé quién es este señor. En este torneo, al parecer, dejan venir a gente que imparte clases o que tiene experiencia en torneos de todo el mundo como comentaristas y tal, y por tal de abrir el mundo del ajedrez a la gente, dejan subir a la tropa aquí arriba y pasear entre las mesas y hociconear, y decir y decirte. Y a mí eso, pues como que no me gusta. Que me estén diciendo, pues has hecho esto, pues lo otro. Más aún si la partida se pone complicada. Si estoy yo solo con mis cosas, pues pongo buena cara y sanseacabó, pero si tengo que tener a alguien al lado, que se permite el lujo de decirme que vaya, que mira, que esa no estaba mal pero que la otra sí que tenía todas las de ganar, o que estoy moviendo al tuntún, o que no sigo las normas porque tengo que coger el centro del tablero sea como sea y estoy reculando mucho, me vengo un poco abajo. Más aún si la partida está siendo complicada, como está siendo esta. Así que me quedo en blanco. Pongo la cara de estoy mirando para allí y aunque parezca demasiado poco respetuoso, paso ya del tema porque estoy navegando por el espacio exterior. Y no se va. Se queda aquí a mi lado y me va diciendo cosas. Y no se corta. Va diciéndolas continuamente. Venga. Otra. Que un peón doblado, que con un peón doblado que dónde voy. Que es mejor que los caballos no los sacrifique, hombre, que es mejor tener los caballos que no conservar los alfiles. Que a ver dónde voy con esa dama de excursión. Más o menos lo de siempre. Cosas que ya pienso yo, pero que no hace falta que me las vaya diciendo este señor. Porque si no, me voy. Me quedo así, mustio, y ya ni muevo ni nada. Y se me va a pasar el tiempo y se me va a ir la partida al carajo. Ya lo sé. Si yo ya me conozco. Que no voy a mover y se me va a ir el tiempo. Y no voy a mover yo y va a decirme el otro que porqué no muevo, y que para no mover que para qué me apunto, y así. Y este se cree que no estoy pensando nada, pero en realidad lo estoy viendo todo. Y si ahora muevo, qué pasa. Pero es que tiene razón, que he ido moviendo y ahora no sé qué mover. La madre del tano. Yo que sé, muevo a ver y ya veré. Pero este señor, que me deje aire, copón.

miércoles, 1 de octubre de 2014

Punto de fuga

Ven un momento, me dijo. Colócate aquí, encima de esta alcantarilla. ¿Encima?, le dije. Sí, pon los dos pies encima de la alcantarilla, al menos uno sólo si no te fías de que se te hunda, que no va a pasar.
Habíamos estado dando una vuelta sin mucho sentido. No encontrábamos nada abierto y lo poco que había tampoco es que nos estimulara demasiado. Entonces fue cuando se quedó un momento parada delante una tienda de abalorios, que tenía la persiana bajada por cierto, y me dijo aquello.
Aquella calle llevaba en obras desde tiempo desconocido y se había levantado, abierto, cerrado, vuelto a abrir, redefinir, pavimentar, etc., provocando primero la sorpresa en la población, la indignación consecuente a cualquier trastorno en la circulación provocada por la actuación del poder municipal, y luego una cierta indiferencia y resignación. Sea como sea, aquella alcantarilla no me había llamado la atención jamás, pese a pasar sobre ella un millón de veces, no le había visto nada especial. En fin, como uno es de fácil mandar, puse no uno, los dos pies sobre la alcantarilla y casi inmediatamente me dijo 'cuidado ahora'.
Supongo que esto es algo bastante habitual, porque estamos hartos de leer y escuchar historias sobre lugares que tienen una magia especial y que nos llevan a otro sitio. Un sitio físico o mental. Un lugar o un estado. Esto lo tenía yo más que visto. Pero lo que me pasó fue otra cosa.
Yo era una persona muy convencional. Había quedado para tomar algo con alguien y no me planteaba nada más que eso, pasar un buen rato, unas risas, etc. Habíamos hablado de música, de los conciertos de la temporada, de un par de cintas de casette que ambos compartíamos... todo muy normal. Pero fue poner los pies en la alcantarilla y transformarse todo en otra cosa muy distinta.
Lo normal hubiera sido que me hubiera pasado algo. Que, por ejemplo, por efecto de algún efluvio que ascendiese de la alcantarilla me encontrara indispuesto, o que viera cosas raras, o que realmente la alcantarilla se hundiera y me viese obligado a visitar el submundo de galerías y recovecos que debe haber bajo nuestro suelo. No sé, que algo extraño y fantástico hubiera pasado. Que quizás el reflejo de la farola contra el escaparate de la tienda de todo a un euro y medio provocase un efecto como el que Borges comentó en El Aleph y servidor pudiera contemplar todo lo que el gran mundo tiene que ofrecerle. Hubiera sido ciertamente gracioso.
Pero nada de eso. Ella, (no lo he dicho, era ella), aprovechó mi estado de expectación ante lo que podía venir, para salir corriendo.
Como un antílope.