jueves, 10 de diciembre de 2015

Memorias de un payaso

Del libro de Eutache Demetrian 'Pompom', 'Memorias de un payaso', extraemos el episodio con el que el famoso payaso recuerda cómo empezó todo.
'Tendría yo siete años, cuando mi madre me encargó, un día frío como el mismo lugar más frío que podamos imaginar, que fuera a la tienda de la señora Florembaum a que comprara unas patatas, algo para comer. Era yo entonces un muchacho muy guapo. Rubio y con ojos azules como el cielo. Con una sonrisa angelical. Todo el mundo me quería y me llamaba 'guapo', por la calle. En mi casa, era el querubín. En la escuela, el niño más querido. En el barrio, había gente que venía a casa de mi madre, incluso cuando estaba mi padre presente, simplemente a dar conversación por verme. Era un ángel.
Ese día, mi madre me envió a por patatas. Saliendo de casa, de camino a la tienda de la señora Florembaum, me crucé con una mujer mayor que nunca había visto por el barrio. La saludé, porque educado y amable era yo más que nadie y me ofrecí a ayudarla porque la mujer iba cargada.
Ella, parecía muy mayor. La ví sufriendo, era corpulenta y caminaba balanceándose por la acera con muchas bolsas. Me dio mucha pena. Iba mal vestida, con el frío que hacía. Le cogí una de las bolsas y ella hizo ademán de no dármela soltando un gruñido. Entre el tira y afloja, se le cayó una de las bolsas, precisamente con patatas. Gruñó algo más. Le pedí que me perdonara, que le recogería las patatas, que me permitiese ayudarla. Todo ello con mi mejor sonrisa.
A la bolsa de las patatas caída, se le unió una bolsa con verdura. La mujer no era de nuestro pueblo, hablaba un lenguaje extraño. Se puso a gruñir, a gritar, a echarme la culpa, supongo, de todo lo que le pasaba. Yo estaba detrás de ella, Se agachó ella también para recoger cosas del suelo.
Puso su culo cerca de mi cara y se iró un pedo que me despeinó. La gente, comenzó a reírse. Ahí empezó todo.'

miércoles, 9 de diciembre de 2015

¿Por qué es mejor hacer campaña por En Comú Podem y votar En Comú Podem que 'que no que no y que no'?

Ayer domingo, digo, ayer martes, íbamos pegando carteles y pensaba... qué estoy haciendo. Era martes, festivo, día de la Inmaculada Concepción, no había casi nadie por la calle y un pelotón de gente con muy pocas cosas que hacer, nos empeñábamos en llenar pirulís y pirulís con carteles de color vino tinto, o rojo fuerte, o burdeos o cualesquiera otro color que no nos obligue a decir morado, porque el morado está prohibido... o no, no sé. Carteles que han de colocarse según una manera pensada para que el que los mire vea acercarse la imagen hacia el candidato cabeza de lista, compañero Xavier Domènech. De arriba abajo, de abajo arriba. Pero no nos queda claro y los pegamos como buenamente nos sale.
Hola. Soy un militante de Esquerra Unida i Alternativa de Santa Coloma que hace campaña por En Comú Podem. En los carteles han puesto un nombre para el que lo quiera mirar. Abajo, ahí donde ya no se fija nadie, se ven los logos. En los logos sale nuestro logo. En las papeletas electorales, nada hace pensar que ahí, tras ese logo de En Comú y ese logo de Podem, estamos nosotros. Pero si se fijan en los nombres que aparecen, está el Joan Mena, o la Lorena Vicioso, por ejemplo. Si salen esos nombres, ahí estamos nosotros. Es muy comprensible que haya quien hubiera preferido que las cosas fueran de otra manera. Una manera muy digna, muy al servicio de una siglas y una organización, pero no al servicio de lo que realmente nos interesa.
¿Qué nos interesa? Todo aquello de un nuevo modelo de sociedad. O un modelo de sociedad que se parezca a ese socialismo que leemos en los libros o que se ha aplicado en algunos países que nos sirven de referencia. No tanto al folklore, a las grandes banderas con grandes símbolos que nos hacen sentir bien, ligados a una tradición muy gloriosa y muy reivindicable, pero que poco tiene que ver con lo que la gran mayoría de los que lo estamos pasando mal, nos llama a movernos. No voy a teorizar demasiado sobre el nuevo modelo de sociedad. En realidad, el nuevo modelo lo tendremos que ir haciendo, con gente que a lo mejor piensa muy diferente a nosotros, pero eso es lo que nos creemos. Que pensamos diferentes, que no somos iguales, que se ríen de nuestros símbolos. No nos conocen. No les conocemos.
Llevamos menos de una semana de campaña electoral en Santa Coloma. El primer día tuvimos un mitin en el que hablaron dos representantes locales y dos candidatos. Entre ellos el cabeza de lista, el número uno, compañero Xavier Domènech. El acto estuvo muy bien. A las siete todavía no habíamos llenado la Torre Balldovina, pero luego se puso bien de gente. El que no conociera a los candidatos, se quedaría encantado. Vino mucha gente. Faltaste tú.
Tú que piensas que tu opción no está representada. Tú que piensas que se ha cedido demasiado a una gente que no ha hecho nada durante toda su vida y que ahora se permiten el lujo de dictar las normas, de poner los candidatos, de marcar quién habla y quién no. ¿Dónde están los míos? ¿Quién habla aquí de Iniciativa? ¿Los de Esquerra Unida no están? Tú, que te permites el lujo de no participar, de no votar, de decir bien a las claras que no vas a votar, que concedes cuatro años más de plazo, de vida, a los que nos joden la vida de verdad. Tú, que apuestas por la Unidad Popular haciendo ver que la Unidad Popular somos unos pocos y los otros no. Tú, que te permites el lujo de no hacer camapaña conscientemente, pagando una cuota, teniendo un cargo con responsabilidad en una organización que hace campaña. Tú, que piensas que 'todo esto es hacerle el caldo gordo a Podemos', sin pensar que nos estamos pegando un tiro en el pie si no asomamos la cabeza ahí y demostramos que nosotros, los de Esquerra Unida i Alternativa, sabemos estar en cualquier parte. No en otra parte, en tu ciudad, en tu pueblo, aquí.
Seguro que hay mucha gente que está cansada, confundida, que no tiene ganas de nada. Que piensa que se están riendo (peor, que nos estamos riendo) de la lucha de tantas personas que se han dejado la vida por una organización, por una idea, por un partido. Que no les tomen el pelo. Los que estamos participando en esto no estamos dejando a un lado nada. Preferimos sumar. Preferimos hacer cosas y que sea con gente, a demostrarle a otros que nosotros somos y ellos no.
Sumar, pegar carteles, llevar el cubo, subirme a la escalera no, que es mejor no forzar a la suerte. Ir, hablar, hacer el tonto, echar unas risas, ayudar, hablar con la gente.
Hablar con la gente. Conocer a la gente con la que se hace campaña. A los podemitas y su entusiasmo que a veces parece cándido e inocente y se pregunta uno qué les ha de pasar para que pierdan ese entusiasmo. A los de Iniciativa y su 'esto ya lo hemos visto', 'esto ya lo hemos hecho', 'esto sabemos como va', que ven cómo se tienen que adaptar a gente que hace lo mismo, pero de otra manera. A los de Esquerra Unida que lo miramos todo con lupa, que miramos las chapas, los logos, las pulseritas, como antes mirábamos el verde, el verde aquel, aquel verde, igual. Pero ahi estamos. De los de Bcn en comú no diré nada, porque no conozco a nadie. Tendrán lo suyo, supongo. De Equo me imagino lo mismo.
Ahí estamos todos. Los que somos. Los que estamos.
Los que pensamos que están puteando al compañero Alberto Garzón cosa mala con el ninguneo y no dejarlo participar en los debates, cuando podría darles una tunda guapa a los paniaguados que salen diciendo nada. Los que pensamos que IU es nuestra organización de referencia y que el puteo de no haber ido juntos con Podemos nos lo tenemos que comer y hacer aquí que mañana, el 21-D, podamos ir juntos de una santa vez y sumar nuestras cabezas y nuestras manos con su entusiasmo. Los que piensan que les han secuestrado el voto, ¿qué hacen? Esperamos otros cuatro años... ¿cómo explicamos que no hacemos nada? ¿Pedimos el voto para más allá del Ebro pero no aquí? ¿Eso cómo se explica?
Yo no me lo quiero perder. Yo no quiero dejar de participar en algo que puede darles un susto. En algo donde además está mi organización. La tuya también, compañero.
La campaña está yendo bien. Con más vidilla que en las autonómicas, con la gente algo más dispuesta a entender de qué va esto que entonces. Yo lo veo muy bien.
Este texto igual es muy de consumo interno. Seguro que no caerá bien a nadie, pero otro día, cuando quedemos para pegar carteles, o hacer la cuña, o llamar a peña para que venga al concierto del viernes, me molaría ver a más gente todavía. Seguro que me dirán que ya está el listo, el que todo lo sabe, el que no ha hecho nunca nada y da lecciones. Yo que sé. Tienen razón.
Solo sé que si somos muchos, si vamos con todo, vamos a poder hacer algo de una santa vez.
Y si no es tu opción, y si no va a ser tu opción, pues no pasa nada. A construir un espacio propio.
Y el 21-D, hablamos.

martes, 8 de diciembre de 2015

De cajón

Del catálogo 'Vivencias' de Alfred Icalent, hemos seleccionado para este día un pequeño texto, llamado 'De Cajón', que esperemos que, al menos, no sea para tirarlo.
'Viendo la tele, un sábado de 1980, Josep Maria Resafé vio a Paco de Lucía en un programa de televisión. Como le había visto a él, habá visto a unos cuantos miles de personas antes. Durante el programa, habían aparecido cantantes, humoristas, algún personaje curioso y hacia el final, Paco de Lucía interpretó alguno de sus éxitos del momento. Josep Maria Resafé no era un seguidor de la música flamenca, ni de ningún típo de música y sin embargo, aquel ritmillo que salía de la tele, le pareció interesante. No lo pudo comentar con nadie, ya que a la sazón, Josep Maria Resafé vivía solo. Solo. Los días pasaron y en un diario de tirada nacional, apareció una noticia que hablaba del fenómeno de Paco de Lucía en el mundo de la música. Hablaban de cómo había introducido el cajón en la música flamenca y de su afán por innovar relacionándose con nuevos artistas. Josep Maria Resafé no consideró que el artículo le aportase nada realmente emocionante. A él no le gustaba el flamenco. Le gustó aquella vez Paco de Lucía y poco más. Camarón, Morente, Gerena, lo que fuera, no le interesaba. No tenía porqué. En fin. Sí que le llamó la atención 'lo del cajón'.
Paseando por una calle del Eixample barcelonés, pasó por delante de una tienda de música. Por curiosidad entró. 'Hola, buenas tardes, quisiera saber si ustedes tendrían un cajón flamenco'. El dependente le explicó que en realidad no era un cajón flamenco, sino un cajón peruano, pero que gracias a Paco de Lucía... a Josep Maria Resafé no le interesaba nada de eso. Quería, sin saber porqué, un cajón flamenco. El dependiente le sacó uno, se lo enseñó e intentó hacer una prueba de sonido. Josep Maria Resafé atendió a lo que decía el dependiente y cuando concluyó, pagó, se llevó el cajón flamenco y se fue.
Desde 1980 a nuestros días, el cajón flamenco ha ocupado la casa de Josep Maria Resafé. A veces ha vivido sin tapar y otras veces ha sido tapado con un visillo. A veces ha tenido fotos encima, otras no. A veces ha estado en este rincón, otras en otra. Durante unos cuarenta años, el cajón flamenco ha sido un elemento indisoluble de la casa de Josep Maria Resafé. No se casó, no tuvo hijos, pero sus amistades venían a casa y miraban aquel cajón flamenco con interés. Por h o por b, nadie preguntó nada.
Hace unos meses, una de las sobrinas de Josep Maria Resafé, durante una comida de aniversario de la yaya Olivia, le preguntó a su tío 'tiet, qué tiene dentro el cajón flamenco?'. Josep Maria Resafé, miró extrañado a su sobrina y le dijo 'ah, pues no sé, trae la caja con los destornilladores que está en el armario al lado del...'.

lunes, 7 de diciembre de 2015

La Mula y La Pa en El Cinc. ¿Qué es el blues?


¿Qué es el Blues? Se supone que el Blues es un género derivado de los cantos de los esclavos africanos que llegaron a los Estados Unidos. Así a grosso modo, suponen una expresión de pérdida, de lamento por lo que no se tiene, de constatación de que el presente es un horror y el futuro, si no lo remedia algo o alguien, no va a ser mejor.
Son muchos los grupos, conjuntos, dúos que siguen haciendo Blues. Me habían avisado de que La Mula y la Pa (la mula es Carlos Mulero, guitarra y la pa es Patricia, voz y armónica) eran muy buenos, que no me fijase solo en el vídeo que me enviaban sino que fuese a verlos. Ya tocaron en Santa Coloma en el Berenguer, pero no les pude ver hasta ayer en El Cinc. Una epifanía.
¿Qué es el Blues? Hay, supongo, muchas maneras de disfrutar el blues, y por ende, cualquier tipo de música. De una manera festiva, relajada, por rellenar la vida con algo, como un pasatiempo, profundamente, sentidamente. Es muy difícil que, con un conocimiento del inglés medio o bajo, uno pueda llegar a meterse en el blues, el rock o el pop anglosajón, Es fácil sentir la música, pero no tanto sentir lo que expresan las canciones. Argumentos un poco flojos para explicar lo que quiero decir. Según como, una canción de Chiquetete puede llegarte más que un blues de Lightnin Hopkins, están diciendo lo mismo, pero la música es distinta. Quizás vaya más por ahí.
La Mula y la Pa proponen un blues básico, guitarra y voz, armónica. Pero ojo, qué guitarra, qué voz y qué armónica. Ir pregonando la edad de estos individuos no hace sino agrandar la sorpresa del público '¿cómo, son tan jóvenes?'... y siendo tan jóvenes, te los crees. Aunque no entiendas mucho inglés, aunque se te escapen la mitad de las cosas y muchas de ellas vengan condicionadas por la introducción de los temas que hacen, te los crees. Y eso es muy importante.
Creerte al que está haciendo algo de cara al público. Creerte que lo que hace y dice y siente es sincero. Que todo eso que está cantando, le está pasando de verdad. Que en esa canción de Lightnin Hopkins en la que te dice que va a pillar una neumonía porque anda buscando a su chica por las calles, es eso, está enfermando por su chica. Que el blues, ese canto de lamento, ese gritar que no puedes tener al lado a la persona con la que quieres estar, que no tienes lo que te falta, que te has levantado esa mañana y... pues eso, que todo eso es verdad. Que está pasando.
El repertorio combina canciones propias y versiones. Hay canciones propias en las que, oh, de repente se cuela un toque flamenco, y la Pa, una pedazo de cantante, se transmuta en cantaora y lo hace igual de bien. Sin aspavientos. Es eso, sin aspavientos, sin amaneramientos, ni cuando canta blues, ni cuando flamenquea. Si La Mula toca la guitarra como Dios, La Pa hace la estés mirando todo el rato. Versionean clásicos, versionean canciones desconocidas, se atreven al final con La Leyenda del Tiempo de Camarón y con Lole y Manuel cantando Todo es de Color. Incluso culebrean con Bob Dylan y se marcan en el bis un A change is gona come de Sam Cooke, que se te va la castaña, compañero.
Pocas veces tiene uno la sensación de que ha visto algo diferente. En los últimos meses, en el Cinc y en otros recintos de la ciudad, hemos asistido a conciertos buenos, muy buenos, otros más convencionales. Algunos de géneros que tendrán más o menos que ver conmigo, pero el de ayer, el de La Mula y la Pa, sea por los condicionantes, por venir predispuesto, o por los condicionantes (y digo dos veces condicionantes y no digo tres veces condicionantes, porque soy modesto), era especial. Algo tienen de especial. Que ella no canta como te esperas, que no son puristas, que parecen muy ortodoxos y no lo son, que se te hace corto, que estás esperando cuál será la siguiente sorpresa, el duelo de armónicas, el giro flamenco, el retorno al blues.
¿Qué es el blues? Cantar por lo que no se tiene, lo que se ha ido, lo que no está. Espero que haya más veces con la Mula y la Pa y que no me digan nada, que ni me entere, que todo me resulte ajeno. Pero será difícil. Son muy buenos.

jueves, 3 de diciembre de 2015

Diálogo

- Blanca Suárez. A la primera.
- Anda que bien. La primera vez que dices el nombre de la interlocutora a la primera.
- Blanca Suárez.
- Muy bien.
- Blanca Suárez.
- Vale.
- De no saber ni cómo te llamabas o si salías en muchas películas o en pocas películas, de repente, verte en todas partes. Que si en la serie tal, que si en la película cual. Sales en la del Alex de la Iglesia.
- ¿La has visto?
- No. También sales en la serie de Carlos V.
- ¿La has visto?
- Tampoco. Y me gustaría. Porque puede ser interesante. No sé. Porque es una parte de la historia del país y de Europa, muy interesante. Tópicos a parte, porque siendo un personaje... oye, porque va junto o separado... es que estoy en una etapa ahora mismo en la que no estoy seguro de nada.
- Coño. ¿Y eso?
- Uf. No te lo puedo explicar. Porque si te empiezo a explicar seguro que me lío con metáforas y parábolas y la verdad, hay cosas que se tendrían que explicar de una manera clara y sencilla. Y no creo que sea demasiado importante.
- ¿Y si no lo puedes explicar, por qué coño lo asomas?
- Bueno, siempre es bueno mostrar de lo que quieres hablar o lo que tienes en la cabeza. No sé, aunque luego no digas nada, o se quede en nada, pero por lo menos decir que en la cabeza tienes algo.
- ¿Eso es una metáfora? Porque seguro que todo lo que dices tiene algún sentido oculto. Seguro que alguien, en algún lugar, está leyendo lo que pones por aquí para averiguar si te estás bufando de alguien o si lo estás criticando veladamente. Estás loco. ¿Eso que llevas en la cabeza es papel de plata?
- Si. Lo encontré el otro día en un sitio y dije, voy a probar. Oye. Y es efectivo. Yo era muy poco receptivo con lo del papel de plata. No me lo creía. Eso de que poniéndote papel de plata en la cabeza las ideas que el Gobierno o la CiA o la Liga de Baseball nos quieren meter en la cabeza, no penetraban, que eso no era cierto. Y lo es. Desde que llevo el papel de plata en la cabeza, veo las cosas con mucha más claridad. Veo que lo que me decían era cierto, que...
- Ya te estás riendo de alguien, seguro.
- Con un papel de plata en la cabeza seguro que no me estoy riendo de nadie. Al contrario, me expongo a que los demás se rían de mí. Ellos no lo saben, pero estoy haciendo un servicio a la gente con esto. Estoy avanzándome a una posible...
- Para, para. Una cosa. ¿Por qué hablas conmigo si no sabías ni quién era, si no has visto películas mías, si no ves la serie...? ¿A santo de qué?
- Bueno, vi una peli tuya, la de Almodóvar esta de los aviones.
- Amores pasajeros.
- Si tú dices que se llamaba así... no sé.
- ¿Empieza la campaña esta noche?
- Qué cabrona que eres, cómo te gusta hurgar.
- ¿Porqué?
- Porque sabes que es un tema peludo ese.
- ¿Peludo por qué?
- Joder, porque sí.
- ¿Pero por...? ¿Qué pasa, que hay mal rollo?
- No, no, qué va. Si entre los de En Comú Podem...
- ¿Podem? ¿Vas a hacer campaña con Podem? ¿Y Izquierda Unida?
- Uf.
- ¿Te has ido de Izquierda Unida?
- Noooo, ¿cómo me voy a ir de Izquierda Unida? No, es que Esquerra Unida está en una candidatura que se llama En Comú Podem. El nombre podría ser otro, cierto. Los colores otros. También. Todo podía ser distinto y mejor. Claro. Que nos podíamos haber presentado solitos, pues era cuestión de que unos cuantos valientes le hubieran puesto ese valor y ese arrojo que se les presupone y haber montado la fiesta. Pero no pasó. Así que aquí hacemos campaña por un rollo propio, que se llama En Comú Podem, que incluye a mucha gente y también a nosotros. Y mientras no se demuestre lo contrario, nosotros somos EUiA. Y si a alguien no le queda claro, que vaya a las reuniones y pregunte. O actúe. O proponga.
- Pero tú vas y te da igual eso de que no se pueda votar a Garzón...
- Da igual lo que te cuente. Si tú quieres votar a IU y ya de antes no querías ni empezar a hablar, da igual lo que se te comente. Oye, ¿por qué me quitas el papel de plata de la cabeza?
- ¿Cómo?
- Que no me quites el papel de plata de la cabeza, que es quitármelo y empezar a decir que me creo lo de En Comú Podem.
- ¿Qué?
- Que no me quites el papel de plata de la cabeza.
- ¿Pero entonces no quieres que IU gane las elecciones? ¿Prefieres a Pablo Iglesias, que no tiene ni puta idea?
- Que no. Que yo quiero que gane IU, pero que aquí, si podemos ir todos juntos...
- Pero si se os mean en la cara...
- ¿Cómo?
- Si, que se os mean en la cara. Que pasan de vosotros.
- Pues que se jodan. Qué placer más grande que verle la cara a la gente que no quiere que estés en un sitio, que hacer acto de presencia y...
- Oye, todo esto que estás poniendo, va a haber quien se lo lea con lupa.
- O con gafas.
- Tú llevas gafas de pasta. ¿Algún disco nuevo así que mole?
- Oye, el de Las Ruinas, el último. Estaba yo perdido perdido, y con este disco he encontrado como un asidero. Mira que las Ruinas no son precisamente...
- Son malos.
- Que no, que no son malos. Que están bien, que están muy bien. Son sencillos.
- ¿Y de fuera? No sigues nada.
- De fuera, nada. Es grave.
- ¿Entonces, volviendo a lo otro? ¿Esta noche empieza la campaña?
- Sí.
- Con En Comú Podem.
- Sí.
- Pero eso es como ir un poco por libre ¿no? Y no respetar a tu propia gente ¿no?
- Te voy a poner bien el papel de plata en la cabeza.
- Ponte tú también y nos hacemos una foto.
- Vale.
- Oh, qué guapo.
- Si. Guapísimo. Venga, lo dejo ya.
- Vale. Nos vemos.
- No creo, que estos días voy a estar muy liado.
- Va, que seguro que encuentras un hueco.
- Que no sé.
- Bueno, tú mismo.
- Oye, que eso.
- Si, oye, antes de que te vayas ¿qué tal si me cuentas así por encima cómo ves lo del Madrid ayer?
- Ostia, qué mala baba tienes... ahora que nos vamos, que no lo tengo preparado ni nada, venga adios.
- Adios, adios...

miércoles, 2 de diciembre de 2015

Karpov

Que me tengo que cortar el pelo, que ya lo veo. Pero ahora para qué me quiero cortar el pelo. Es como lo de afeitarme, para qué quiero afeitarme. Es como lo de estar, ser y parecer, para qué quiero todo eso. En fin. Hacía tiempo que no me pasaba, quedarme mirando una pieza y encantarme. Hace mucho tiempo que no me quedaba extasiado mirando una cosa, o perdiendo la vista hacia cualquier sitio y dejarme ir. El calorcito. El estar dormido y estar despierto. Normalmente, si pierdo, me enfado. Me enfado mucho. Pero ahora, ver que estoy perdido y que no tener solución, me ha dejado, no sé. Como que me da igual todo. Llevo mirando al rey ni sé el tiempo. Supongo que me darán la partida por perdida, por el tiempo. No sé cuánto tiempo hace que juego a ajedrez. La vida entera quizás. No me acuerdo. Mientras me he quedado pensando en mis cosas no sé el tiempo que ha pasado. Me da miedo levantar la vista del tablero y que ya haya pasado todo. Voy a seguir mirando a ver si de alguna manera u otra, con el poder de la mente, no sé, con haberme concentrado tanto mirando la pieza y el tablero y la ostia, igual he cambiado el curso del tiempo. ¿Porqué no podría pasar? Igual no pasa nunca, pero ¿y si pasa? Puede ser que mirando y mirando y estando absorto, o más bien, estando absolutamente puesto en una cosa, igual la cambias. Es el rollo cuántico. No me hace ninguna gracia pensar así, pero uno se agarra a cualquier cosa, pensando que va a cambiar el curso de la partida y las partidas no se arreglan mirando una pieza. Pero podría pasar. Se me ha ido la cabeza, quizás ya de manera definitiva. O no. Igual esta partida es una partida más, pero quién te dice que no sea la partida definitiva. ¿Y si no juego más partidas y pierdo esta partida y...? Tampoco pasa nada si dejo de jugar al ajedrez. Dejar de ser ajedrecista. Ser otra cosa. No sé cómo ha ido la partida, pero veo que me he quedado solo con el rey. Ha tenido que ser una partida... qué digo, si la he jugado yo. A ver, si hago memoria, he empezado como siempre. Reservando. Soy Karpov, soy conservador, no arriesgo, no he hecho nada que me pusiera en peligro. La partida ha ido como siempre, creo, hemos estado tanteando y no sé por qué, he empezado a pensar que podía ir hacia delante. Que podía atacar. O no. Quizás ha sido que de tanto pensar que no debía atacar, me he quedado mrando y mirando y cuando he querido reaccionar tenía el rey delante y la vista concentrada en el rey, pensando qué había pasado. Es un poco... no sé. Si levanto la vista del tablero y no hay nadie, qué pasa. Pero si levanto la vista y me dicen que ya he perdido. Igualmente, con un rey únicamente, esto significa que ya hace tiempo que había perdido la partida y esto es simplemente... pero, y si levanto la vista y el otro tiene también un rey. Es que ni me he fijado. Claro, y si levanto la vista y el otro tiene también un rey y entonces... Claro. Espera. Voy a levantar la vista. A ver qué pasa.

martes, 1 de diciembre de 2015

Crónica del segundo #plegramenet de Noviembre. Fantasía.

En la noche, en la fría noche de Noviembre, un caballo blanco grande y hermoso galopa por la plaza de la Vila sin que nadie lo monte. En una fría noche de Noviembre, el caballo blanco grande y hermoso, que parece que camina con patines, grande y hermoso, por la plaza desierta. El caballo blanco que tiene las crines asilvestradas, el porte digno y muy de caballo grande y carnoso. Un caballo grande que entra en el Ajuntament de Santa Coloma y sube las escaleras y saluda muy señorón al de la puerta que hace como que no le conoce y sí le conoce, pero no sabe de qué. Porque el caballo grande y hermoso ya ha ido alguna vez a un Pleno del Ajuntament y se ha sentado en una silla y ha contemplado el pleno y ha menguado de tamaño para ser un caballo apto para sentarse en los bancos de prensa, o en el de alguna entidad. Póngame las comas donde quiera. Miembro del Real Club de Caballos Blancos, grandes y hermosos. Un caballo grande que entra por el pasillo y saluda al público que está en los sillones, a los guardias urbanos, a los concejales que salen a hacer sus cosas en el lavabo. Un concejal sale con la cabeza gacha hacia el lavabo. Unos cuantos concejales que son regidores y que son concejales y que están en el gobierno pero no están en el gobierno y si alguien me lo aclarase me facilitaría mucho luego la posibilidad de ciscarme en su trabajo, en su forma de vida, en su vestuario, en su manera de decir 'ostentoso', por ejemplo, que es un vocablo que no se dirá nunca en un Pleno y si lo dice alguien yo lo apuntaré aquí y lo diré. Ostentoso. En la sala de plenos los concejales de los que hemos hablado cuchichean entre sí, ha vuelto el caballo grande, qué grande y hermoso, que ha vuelto al pleno, porque hacía tiempo que no le veían. Ha ido alguna vez al pleno, pero no con la forma de caballo grande y hermoso, que era una bruja que venía del país del Muchofrío y otra bruja más joven y discreta le convirtió en caballo grande y hermoso. La joven bruja joven y discreta, tan sencilla, no será nunca como las grandes brujas que dominan el mundo. La bruja que todo lo puede y lo sabe mira a los concejales que no hablan y que intentan articular discursos. Oradores. Horadadores. Merodeadores. Oradores que declaman discursos encendidos en los que defienden una ciudad, un amor, un pueblo, unas ordenanzas fiscales. En un pleno, en ese pleno, con el caballo grande blanco y hermoso, señorón y bien puesto, que a veces alza las manos y relincha porque quisiera ser bruja de nuevo y no puede, dos concejales con alfileres en las gargantas, dicen cosas que son como rayar con un tenedor en un plato. Nadie quiere oirlos. El caballo grande, qué blanco y qué hermoso, que era bruja y se convirtió en caballo grande y hermoso que encandila de mirarlo y de guapo y artista, relincha y se revuelve. No le gustan los concejales con alfileres en las gargantas, porque su voz le recuerda que es caballo, que ya no es bruja, que es un caballo grande y hermoso, que fue condenado por otra bruja a la que no conoces, pero que tiene un pelo que da gusto tocar y peinar y peinar y tocar y peinar y tocar, lo condenó a ser un caballo grande y hermoso, que relincha y se pone sobre sus patas traseras a manetear, como si fuera una persona. Y dos sacos de arena descansan sobre la barra de un bar, en un punto lejano, mientras el mundo gira sin que dos sacos de arena lo sientan, porque la arena no puede pensar. Y en un cuarto oscuro de una oscura calle, con un frío que pela, unos señores con papel de plata en la cabeza discuten en idiomas que no se entienden. Yo tengo un idioma y un lenguaje, pero usted tiene otro idioma y otro lenguaje, y el colmo es que un tercero tiene otro código y no es nefrítico, que es otra cosa. Qué caballo grande y hermoso, que se levanta y se deja acariciar por la bruja que todo lo sabe y lo puede. Y unos jóvenes intrépidos se acercan a donde está la bruja que todo lo puede y lo sabe y no pueden acercarse mucho, ni muy de golpe porque quema y asusta, porque se han acercado mucho a donde la gran bruja de todos los poderes del universo, que se ha quedado sola, se levanta y acaricia al caballo grande y hermoso y le consuela, porque tú eras una buena bruja y entre todas las brujas malas te la han jugado y yo a tí, si tú me relinchas y me llevas, un ratito solo, nada más, yo te devolveré la apariencia de bruja. Y dos concejales con voz de aguja, con garganta llena de alfileres siguen intentando crear dentera en un espacio que a veces se curva y unos concejales y otros regidores se caen de sus asientos y uno, que está pegado a la pared, se queda con los pies en alto. Todos ellos, los que no hablan, se quitan los esparadrapos de la boca, pero ya se han olvidado de cómo se decían las cosas. El secretario es el único que narra los puntos, los desgrana, argumenta, y contesta. Los regidores que se peinan bien no escuchan al secretario y no conocen al caballo grande, ni cuando era una bruja. El caballo, qué grande y qué hermoso, se enseñorea en el centro del hemiciclo, si es que se le puede llamar hemiciclo, y hay unos cuantos que lo conocen y otros ya no se acuerdan ni de la bruja siquiera. Te conocen y no te quieren ni ver, porque cuando eras bruja no se supo que eras bruja que ya era demasiado tarde para que tú misma te dieras cuenta y otra bruja, más joven, a la que quisiste tanto, de convirtió en caballo blanco. Qué grande y qué hermoso. Y los concejales con la voz de garganta son dos, una bruja y un fornido mozo que lleva un papel escrito, cosido en la ropa, que acredita en todo momento que está allí. Y todos miran y remiran el papel y lo comprueban. Está allí, sí, pero lo vuelven a mirar. Ese papel está gastado y es nuevo. Se necesitará otro papel. Y la gran bruja que todo lo puede habla y dice y contesta y a un torpedo que se acerca a su trono sin importarle si quema mucho o no, lo convierte en pollo. Y el pollo intenta picotear aquí y allí, y sus compañeros, de tanto acercarse a ese trono candente, se han cansado. Ya no están. Y el reloj se para, porque el secretario también ha salido al lavabo. Y todo huele a pipi. Y ese fuerte olor a pipi no puede venir solo del secretario. El caballo grande y hermoso no hace pipi. Qué caballo tan señor y tan lindo. Cómo me gustaría montarlo. Pero ni soy pequeñito como un jockey, ni un prócer como Rosas. Qué gusto ver un caballo grande y blanco bien montado. Qué copa de vino. Qué sombrero español. Ese discurso recio y galante, ese decir las cosas como son, con palillo en la boca y ojos amarillos. Esa lengua blanca. Esa oreja con pelos negros. Qué caballo tan capaz y tan valiente. Y el pleno avanza y los dos de la voz de alfiler van rayando las mesas, los suelos, las cabezas. Los jóvenes intrépidos pierden la forma. Los que se peinan y huelen bien de repente y sin que nadie se lo pida, hablan de unos números que hacen relinchar al caballo grande y blanco. Entre el numeroso público, unos señores muy mayores, durante todo el pleno dicen que son los garantes de la autenticidad de la democracia, que vigilan por el buen funcionamiento del sistema, por que la voz soberana del pueblo se escuche. El caballo, qué grande y qué señorón, relincha porque cuando era bruja, recuerda haber amado al pueblo, como solo se ama a las cosas. No a las personas. Se pregunta quién ama a las personas y se contesta por riguroso orden de lista. Dos sacos de arena se miran y se aseguran que se aman. El caballo blanco relincha. Cómo bufa, qué poderío. Muy lejos, a una persona le entra algo en la cabeza. No se ha puesto bien el papel de plata. Quizás tenga algo que decir. Es una idea. El caballo blanco siente que algo pasa y quiere abandonar la sala de plenos. En la sala de plenos, al lado de la bruja de todo poder, se produce un vacío. La bruja no tiene a su lado al gran mago que creó el trono candente al que nadie puede acercarse, al que los jóvenes valientes no pueden acceder. Hay concejales que se han dormido. Unos concejales se mezclan con otros. Se hablan, se ríen, se hacen fotos. El secretario sale despedido de su asiento cuando empiezan a tratarse de las mociones. Una de ellas tiene que ver con el trabajo de teleoperador y una representación de ellos sale a la palestra, unos saharauis, salen a la palestra, unas palestras salen. Unos impuestos salen a la palestra. Una confirmación de un puesto de confianza, sale a la palestra. El caballo relincha de nuevo. Oye palabras que le asustan. La bruja que le convirtió en caballo blanco, aprendió de la bruja que es el caballo blanco a pasar la mano por el lomo, susurrar en la oreja, a lanzar contra la pared, a salir a la palestra. El secretario sale despedido y va a caer a una concentración por determinar. En un lugar escondido, unos seres escondidos, miran una pantalla escondida, no dejan que nadie se acerque. Hay una batalla por controlar el universo. En esa sala están ganando. En el cuarto oscuro del callejón oscuro se están preparando muy fuerte para ganar. El caballo blanco ha vuelto para mirar, mostrarse y relinchar. Una regidora quiere leer algo. Otra enseña un vídeo. Otra mira al caballo blanco y cree que le reconoce, que le busca con la mirada. La bruja con alfileres en la garganta mira al caballo blanco y llora. Muy lejos, en otra parte del mundo, el ratón Micky se mira las manos y descubre que lleva guantes. Se quita los guantes y cuando se mira las manos, en los guantes descubre una marca: santa coloma old school. Y acaricia con su dedo la marca de los guantes y piensa el ratón Micky que debería hacer un conjuro para construir un edificio poderoso que sirviera de ratonera gigante y se lo propondrá a la gran bruja que todo lo sabe. Y el sueño me vence y el caballo blanco, tan grande, con esas patas tan gordas, tan bufador, tiene prisa porque tiene que estar en una reunión, otro día. En realidad tiene que visitar a los dos sacos de arena y llevárselos a cuestas y dejarlos en su casa. Y antes el caballo era una bruja y ahora sólo vale para llevar sacos de arena. Y la bruja joven le dice que todo el mundo se acuerda de él. Qué grande y qué hermoso. Y la bruja que todo lo puede echa de menos al gran mago. Y los dos regidores con alfileres en la garganta, siguen buscando la manera de horadar, de escarbar. Y queda mucho tiempo y el mismo tiempo puede volver sobre sí mismo, encogerse y expandirse. Todo puede ser. Solo estamos en noviembre.

Para Esteban Serrano, por una pronta recuperación.