jueves, 19 de noviembre de 2020

Hardy


Íbamos mucho a un bar en Lyon que se llamaba Bar Las Patatas. El Bar Las Patatas estaba en una zona que no salía en los mapas de la ciudad. Se encontraba muy a las afueras de la ciudad, ni siquiera dentro de alguno de los polígonos industriales, pasado Villeurbanne. El Bar Las Patatas lo llevaba un emigrante español que se llamaba Juan Pedro y junto a él estaba su mujer, una argelina que se llamaba Gazel. Ambos al parecer se habían conocido en otro bar, un bar que Juan Pedro llevaba en un barrio de Lyon y por el que de vez en cuando pasaba Gazel, que vivía en el barrio y era trabajadora de la Renault. Se gustaron, se enamoraron y Juan Pedro se separó de su mujer y se fue con Gazel. Como a los dos les conocía todo el barrio se compraron una casita muy a las afueras y la acondicionaron para montar un bar. El Bar Las Patatas. 

Íbamos mucho cuando cubríamos la ruta hacia Grenoble. Al parecer, el tal Juan Pedro era familia lejana de Gaston. Su madre parece que era del mismo pueblo que Juan Pedro. Gaston nos llevó allí y aunque se murió pronto, conservamos la costumbre de ir al Bar Las Patatas. El Bar era un bar de carretera normal y corriente, pero que siempre tenía ambiente. Juan Pedro lo había decorado con algunas fotos de España, de su tierra, era aragonés y había fotos del río Ebro, de las montañas del Pirineo, alguna foto de gente vestida de baturro y una foto de Marcelino, el delantero del Zaragoza. Siempre había música puesta, pero de la música se encargaba Gazel. Ahí sonaba música moderna, que grababa en cintas de programas de radio, y también de alguna emisora de música rock. Gazel subía el volumen cada vez que sonaba alguna canción de los Ramones o algo de punk americano. 

Íbamos mucho incluso después de que muriera Gastón. E incluso después de que muriera la propia Gazel. Se puso enferma y dejó de estar por la barra, aunque la música sonaba igual. Se murió y todos los clientes habituales del Bar Las Patatas hicimos lo imposible para ir al entierro. Juan Pedro lloró mucho y todos lo sentimos infinito. 

Íbamos mucho y un día nos encontramos con un chico que se llamaba Gerard. Resulta que era hijo de Juan Pedro, de su primera esposa. Gerard se parecía a Juan Pedro. Mucho. Nunca nos había dicho que tenía un hijo. Gerard estaba estudiando a distancia y le había propuesto a su padre trabajar en el bar para pagarse la carrera. Gerard era buena gente. Pero no le gustaba la música. La cocina no varió, el servicio era magnífico, pero apagó la música. A Gerard le gustaba escuchar las noticias 24 horas. Decía que estudiaba Ciencias Políticas. 

Íbamos mucho y una vez que paramos, al bajar del coche, se me ocurrió llevar una cinta de música para dejársela a Gerard. Era una cinta de Françoise Hardy, de éxitos de los sesenta, que ponía mucho en la furgoneta. Gerard le enseñó la cinta a su padre sin decir nada. Juan Pedro dijo 'mira, se parece a tu madre'. 

miércoles, 18 de noviembre de 2020

El Cinc cierra, Santa Coloma pierde

Un espacio en el que comer escuchando la música que podrías estar escuchando en casa. Un espacio en el que tocar con tu banda cuando no puedes tocar en ningún sitio porque no te atreverías en la vida a pedir que te dejen tocar porque piensas, 'pero donde vamos nosotros' y al final acabas sintiéndote como en casa y con la libertad de hacer lo que te de la gana. Un espacio para comer y para estar entre amigos y amigas. Eso era el Cinc, el restaurant del callejón de la plaza de la Vila de Santa Coloma que ayer anunció que dejará de funcionar en este lugar, después de varios meses en la cuerda floja por el motivo que todos conocemos: el Covid y sus devastadores efectos en la economía local, en el sector de la restauración y la hostelería y, que, no lo olvidemos, también tiene en la cuerda ya no floja sino flojísima a tantísima gente que vive pendiente de un ERTO, de cobrar ayudas o subsidios de desempleo y que, ante el marasmo de la situación en la administración pública, se encuentra angustiosamente mal. 

Está cayendo una gorda. Y está cayendo una gorda en Santa Coloma. Hace unos días nos encontramos con la noticia de que el Restaurant Ca n'Armengol, uno de los más veteranos y con más solera de la ciudad, cerraba sus puertas. La conmoción, quizás por ser uno de esos restaurantes de referencia de la ciudad, fue gorda. Un espacio, éste, que yo asocio siempre a mis padres y la relación que mantenían con el Grup d'Art Els Coloristes y este restaurante donde llevaban a cabo las cenas de final de curso, etc. Solo dos días después, es el restaurant Cinc el que anuncia que se despide. David, su responsable, ya no aguanta más la situación. Una propuesta hecha desde las ganas de sacar adelante un negocio y de mostrar que con la experiencia conseguida se puede ser profeta en tu tierra. Y si nunca fue fácil, las circunstancias han acabado empujando al cierre al Cinc. 

Aquí, en el Cinc, con eltoni, elpako & elchristian, hemos perdido la vergüenza. Un local en el que hemos tocado, nos hemos salido, hemos dado la vuelta, hemos gritado, hemos hecho todo lo que hubiéramos querido hacer en otros lugares y nunca nos atrevimos a preguntar. Si este texto tiene algún sentido es el de volver a darle las gracias a David y a Rosa por la confianza que demostraron al confiar en nosotros. Pero también para agradecerles haber querido ser algo más que un restaurante, haber dedicado los domingos al mediodía para que su restaurante se convirtiera en escenario para muchos grupos, nacionales e internacionales, que, visitaban Santa Coloma y se iban siempre con buen sabor de boca. Hasta que se pudo, la cita de los domingos en el Cinc, era religión. 

Esto nos está pasando por encima. Las noticias de gente que se está encontrando con problemas en la ciudad, debido a la política de restricciones pero también por la falta de músculo de una administración que no puede cubrir las necesidades de los diferentes sectores afectados, nos está dando en Santa Coloma muy fuerte. Seguro que además del Armengol, que conoce todo el mundo, o el Cinc, que me toca más de cerca, hay un montón de negocios que se están viendo con la soga al cuello. 

También un huevo de colomenses que, si ya iba la cosa mierdosamente mal antes de la pandemia, ven ahora como hacen falta algo más que buenas palabras, mohines de disgusto, lo sientos y ánimos. No hace mucho, algunos meses nada más, muchos colomenses tenían que hacer colas para coger comida. Aquello pasó y no podemos olvidar que esta es una ciudad que pende de un hilo. 

Nada más. Un texto que no refleja la preocupación por lo que pasa en la ciudad, pese a que somos un filón de gente con talento, y que no acabamos de espabilar. Un abrazo otra vez para David y Rosa. Y adelante. 




Estamos vivos

 

Estamos vivos

El pueblo se despereza, ha llegado la mañana, decía la canción de Lole y Manuel. Un viejecito sube la cuesta de la Calle Nàpols empujando su andador con ruedecitas mientras su anciana compañera lo sigue unos pasos más atrás. Otra señora mayor cruza la calle un poco más adelante, apoyada en un bastón y acompañada por la chica que la cuida, que la sujeta del brazo. En esa misma esquina, tres hombres discuten en la acera de enfrente del bar sobre algo que parece importante y que no sé lo que es. Debe ser muy importante. Debe ser la vida misma.

Un domingo por la mañana en el Parc de Can Zam, lleno de gente que aprovecha uno de nuestros pocos espacios abiertos para pasear, dejar a los niños y niñas a su aire, encontrarse con los conocidos, descansar después de recorrer la ruta del colesterol que nos une con Montcada i Reixach y que a su vez se llena de gente que va y viene y por el camino se entretiene. Alguien está aprendiendo a conducir en la parte yerma de Can Zam, donde se celebran los festivales de rock y que bien pudiera ser aprovechada por el pueblo si estuviera en otras condiciones. En la cola de la churrería de la Jacint Verdaguer la gente comenta que nos va a costar salir de esta. O quizás sea en la cola de la pastelería de la Sant Carles. O quizás en la cola de Correos.

Un niño juega al escondite en la Plaza Sagrada Familia, se llama Yasin y dice que tiene un hermano pequeñito que se llama Sobhi, creo, que significa amanecer. Por hablar le han pillado. En Santa Coloma tenemos una calle que se llama Flor i Cel, que no hace falta describir porque no hay nada más bonito que el nombre de esa calle. El reloj de la Plaça del Rellotge ha vuelto a funcionar después de bastante tiempo, durante el que se convirtió en el reloj que no funcionaba de la Plaça del Rellotge. Que un reloj funcione significa que está vivo. Alguien ha escrito que ciudades como Santa Coloma forman parte del Cinturón del Óxido catalán. Qué error calificarnos así. Con lo vivos que estamos.

Artículo publicado en la contra de El Periódico el 17 de noviembre 2020

lunes, 16 de noviembre de 2020

Crónica del #plegramenet de noviembre. Especial Presupuestos!


 Ustedes están buscando que yo les hable de dinero, de lo que se va a gastar el Equipo de Gobierno en esto y en lo otro y están flipando. Así de claro te lo digo, tete. Estás flipando que yo ahora me ponga a decirte lo que se va a gastar el Equipo de Gobierno en esto y lo otro y lo que es más flipante todavía es que esperes que te diga qué es lo que hacen mal o qué hacen bien y ya estás de medicarte si piensas que te voy a decir lo que opina tal grupo municipal o el otro de lo que hace el Equipo de Gobierno y estás como unas maraquitas si tienes la más leve intención de que yo me ponga a explicar aquí lo que piensa cada grupo de lo que piensa cada grupo. Porque esto es lo que se debería hacer y yo no lo voy a hacer porque yo solo lo hago por dinero, lo entiendes o no lo entiendes. Exactamente, es feo hablar de dinero y de los sueldos de la gente y de lo que ganan y de lo que dejan de ganar, que no te enteras de nada que eres un julay que no sabe ni por dónde le llega el riego y me vienes aquí a decir que si el pleno de los presupuestos, que si la partida tal o la partida cual y que te pires, sí, tú, qué, qué te pasa, te pasa algo, no te pasa algo ni te pasa nada porque no te pasa nada, qué pasa. No pasa nada. Nos vamos a calmar, que no hemos empezado y ya nos estamos poniendo nerviosos. Que no hay que ponerse nerviosos. Que todo está bien. Si somos amigos. Mira, ves cómo somos amigos. Si somos amigos. Si nos conocemos, si hemos venido juntos, si no pasa nada. Si ahora lo recogemos todo. Si es mi colega. Que no. Que no pasa nada. Vete tranquilo. 

A lo mejor, por casualidad, ustedes piensan que yo voy a hacer ahora aquí un ejercicio de pormenorización de cuentas, de lo que se gasta el Equipo de Gobierno. Y de verdad que es que están flipando. Porque paso. Porque paso mil de hacer un análisis para que luego, digo, luego, inmediatamente, me venga otro a decir lo que he dicho yo mismo con otras palabras y otras maneras y luego, ya en el colmo de los colmos, me venga un tercero o tercera a decir que efectivamente y veo las tuyas y subo dos. Y es que no merece la pena. Perdemos tiempo y dinero. Y es feísimo hablar de dinero. Yo nunca hablo de dinero. No sabría decir... no lo sabría decir. Y así pasa la vida. Y ya hace tiempo que vengo dándole vueltas a la cabeza a un asunto que no se me va de la cabeza y repito cabeza dos veces en la misma frase y qué pasa, qué pasa que no puedo repetir lo que me de a mí la gana en mi puto texto o qué pasa. Es que de verdad, estamos llegando a un punto de intransigencia con las cosas que me cago ya en la ostia puta. No, en serio. Que no quiero llegar a ningún punto ni a ningún sitio pero es que oye, llega un momento en el que uno ha de decir que qué pasa. Soy una persona. Sí. Soy una persona. Qué pasa. Y digo cosas y me equivoco y acierto muy pocas veces, pero qué pasa ya con esto y con lo otro y con que tal y con que cual. Y no me quiero poner ahora a enumerar las veces que pensando en números, en partidas presupuestarias y todas esas cosas he pensado en ti. He pensado en ti y en esa mañana del mes de abril en la que con el fresquito de la mañana nos fuimos con nuestros caballos a dar una vuelta por el rancho de papá y nos paramos en aquel riachuelo y nos dimos cuenta de que habíamos llegado a Santa Coloma de Gramenet y cogimos el metro en Baró de Víver con los caballos dentro y todo. Cómo me voy a olvidar.

La conclusión de todo esto, un pleno de dos horas de duración que ha condensado todo lo bueno y mejor de la situación política colomense es que el Armengol ha cerrado, nadie tiene la culpa, otros establecimientos lo han pasado mal, el Pujadas no es el Armengol, no queremos ir de guays pero a lo mejor lo del presupuesto es mejorable pero que si nos vamos a enfadar por decirlo pues no lo decimos y así estamos todos tranquilos pero la próxima vez no nos llaméis para hacer el canelo aquí pudiéndolo hacer en la intimidad de nuestros hogares. 

Que todo bien, que el dinero se lo van a gastar en cosas que merecen la pena, y que no quiero más broncas. 

domingo, 15 de noviembre de 2020

Gainsbourg


Yo fui al colegio con ella. ¿Cómo? Que sí, que yo fui al colegio con ella. Fue a mi clase de hecho, durante un par de años. ¿Qué me estás contando? Le estaba contando yo que a mí Charlotte Gainsbourg me gustaba, pero que me gustaba de verdad, gustarme bien, y resulta que ella había sido compañera de clase de mi musa. Juliette era la esposa de un conocido de la oficina, Walter. Él trabajaba en un departamento que no estaba en contacto con el mío, pero coincidíamos todos los días al salir de trabajar y compartíamos el viaje en autobús. Quedamos para cenar un día con nuestras respectivas parejas y les invitamos a casa. Puse algo de música y naturalmente salió en la lista Charlotte Gainsbourg. De hecho sale bastante. A Emilienne no le gusta demasiado, dice que es muy sosa, que solo tiene el nombre de Gainsbourg y que si no fuera hija de quién es, pasaría completamente desapercibida. Me gusta discutir con Emilienne y este es uno de mis temas favoritos. Cuando sonó una de las canciones de Charlotte, la que tiene con Beck, dije en voz alta y clara que me parecía una pena que no se dedicase más a la canción. Entonces Juliette me dijo que Charlotte Gainsbourg había sido su compañera de clase.

Supongo que me puse pesado con el tema. La conversación de aquella cena versó únicamente sobre la Gainsbourg. Le confesé que el padre, Serge, no me gustaba y que reconocía que la madre, Jane Birkin, tampoco me parecía gran cosa. Juliette me dijo que alguna vez había visto al padre, a Serge Gainsbourg con la hija, muy pocas, pero que se notaba que Serge estaba un poco fuera de juego, que algo no rulaba bien en su cabeza. Pregunté tantas cosas que hasta yo me di cuenta de que estaba resultando pesado. 

A la semana siguiente fuimos nosotros a cenar a casa de Walter y Juliette. Emilienne me advirtió que no repitiese el numerito de la Gainsbourg. Y mismo hice propósito de no volver a sacar el tema más de lo necesario. Hablamos de política, de libros, de cine, de un programa de televisión que no nos gustaba para nada, de los compañeros y compañeras de trabajo. Les hablé de Janice, una subdirectora del departamento de Cachivaches y Cacharretes, que se parecía a Ch... y la volví a cagar.  

jueves, 12 de noviembre de 2020

Neil Young siempre


Neil Young cumple 75 años y toca hablar de Neil Young. Neil Young y los dos neilyoungs. El Neil Young acústico, el Neil Young electroacústico de las canciones que se te pegan aquí y que son como un pequeño espacio para la reconciliación de uno mismo que, en caso de saber uno mismo quién es, emociona. Las canciones calmadas, las canciones tiernas, las canciones que necesitan espacio, canciones que necesitan estar a solas, que necesitan estar a oscuras. El disco After The Goldrush. Empecemos con los recuerdos. El disco After The Goldrush lo tenía Bernabé, no sé si Paco o Berna chico. Me lo llevé a Santa Coloma. Cuando lo escuché busqué lo que a mí me gustaba, que era el guitarreo raca raca y había guitarreo raca raca, Southern Man y When you Dance. Pero eran las menos. Solo dos. El resto eran canciones con piano y guitarra acústica. Incluso una con los Crosby... Y era un disco que te dejaba listo de papeles. Only love can break your heart. En bucle. Cuando escuchas esa canción con yo que sé, 16 años o así tendría yo, no creo que más. No lo sé. El caso es que no sabes lo que significa esa canción hasta que te pasa. Y luego lo entiendes todo. Muchas canciones diciendo muchas cosas que entenderás más tarde. Como el disco Harvest. Y la canción archifamosa Heart of Gold y todas las canciones de ese disco menos las que son como orquestrales que no las he aguantado nunca. Esas canciones como Harvest Mon de otro disco que no recuerdo o las que eran acústicas en el disco Rust Never Sleeps que era la mitad acústico y la mitad eléctrico. El Neil Young acústico con su armónica, tan auténtico.

Pero lo que de verdad me gusta de Neil Young es el desgarro eléctrico. Hay un vídeo de George Harrison diciendo que no le gusta ni cómo canta ni cómo toca la guitarra. Solo comentaré una canción o dos. Cinnamon Girl. Cinnamon Girl es la canción que condensa todo lo que a uno le tiene que gustar del rock. Una canción con un riff machacón, un punteo que no es un punteo sino que es un puñal y una letra que dice todo lo que una canción de rock tiene que decir y que parece una canción de tantas cosas que la puede versionear el Entwistle de los Who y parecer a la vez una canción de los Teenage Fanclub o de cualquier grupo indie o noise de la vida mundial. Es la canción que te descargabas las primeras veces que tenías oportunidad de descargarte música y pensabas que esa canción, por fín, estaba en tu vida y que ya no se te podría escapar. Chasing the moonlight, my cinnamon girl. Chica. Necesito otra oportunidad. Con esas palmas para enfatizar y ese punteo loco al final sin sentido. Es la canción con la que uno piensa, si Neil Young es el autor de esta canción yo voy a ser de Neil Young toda la vida. Y lo eres. Y un día, en el Virgin Megastore, que lo iban a cerrar y todo estaba como más barato, te compras el Rust Never Sleeps y ahí está la segunda canción. La segunda canción es la primera de la parte eléctrica y es Hey Hey My My (into the black). Y solo el riff con el que empieza ya te gana para siempre. Y era yo pequeño y no era tan pequeño, que era chaval y dieron en el sputnik un concierto de la gira Weld. La que hizo con Sonic Youth de telonero de tal manera que cuando sacó el disco incluyó otro solo de distorsiones para demostrarle a Sonic Youth quién era Neil Young. En ese vídeo interpretaba esta canción y era una auténtica locura. Tú eras de Neil Young absolutamente para siempre y desde entonces creo que bailo y me muevo cuando canto y cuando estoy en cualquier sitio y una canción me gusta tal y como se mueve Neil Young en ese vídeo. Dando como patadas al suelo, machacando. Y de todas las imágenes que me han impresionado del mundo de la música y de la vida en general, pocas como la de la señora de la grada en ese vídeo, una señora que debe tener la edad que tengo yo ahora, siguiendo el riff machacando la mano con el puño, así, pam pam pam. Esa sensación de machacar. De joder a la mierda todo. El rockanroll no va a morir nunca. Porque no hay nada como una descarga eléctrica de Neil Young con la Gibson a raca raca. En las largas en las cortas. En esas tres canciones seguidas del Zuma. Stupid girl, Barstool blues y Drive back. El Zuma también  me lo llevé de casa de Berna. Don't cry no tears about me. Otra canción que te vuela la cabeza y que la entiendes, esa sí, ya entonces y ahora. 

Y solo he visto a Neil Young una vez. En el Primavera Sound. El mítico día que vimos a Neil Young con el Oscar. Y al salir me compré la camiseta rosa de Neil Young que todavía me he llegado a poner después de 12 años como poco. No lo sé. Camiseta rosa de Neil Young. 

Y me leí el libro que escribió sobre su vida y sus trenes y sus aparatos para escuchar música. Y la historia de sus hijos. Y su cabecita que la tiene él también. 

Para siempre de Neil Young, en cualquier circunstancia y lugar. 75 años el perla.  

miércoles, 11 de noviembre de 2020

Moreau


Nos pasábamos la vida hablando de Jules et Jim. Aquella película era todo lo que queríamos. Queríamos esa libertad. Salíamos de las clases y nos íbamos a los bares alrededor de la Universidad para discutir sobre la película. Los fines de semana recreábamos las escenas que más nos gustaban. Nos poníamos a bailar, nos poníamos a saltar, a correr, discutíamos, nos mirábamos. Todo tal y como aparecía en la película. Éramos tres, Charles, Roger i Ferdinand 'Fer'. Nos íbamos turnando en el papel de la Moreau. Estábamos enamorados de Jeanne Moreau. De hecho, creo que hacíamos todo aquello por Jeanne Moreau. 

Cuando conocimos a Clotilde, nos dejó en estado de shock. Era igual que Brigitte Bardot pero era una absoluta fan de Jules et Jim. Nos gustó inmediatamente y la dejamos participar en nuestro grupo de fans de Jules et Jim. Ella invariablemente interpretaba el papel de Jeanne Moreau, claro. Cuando reinterpretábamos aquellas partes de la película, uno de nosotros siempre se quedaba fuera. No nos importaba, porque nos compramos una pequeña cámara y filmábamos lo que interpretábamos. Guardamos decenas de cintas de película. 

Conocimos a Clotilde en una de nuestras clases. Ella era estudiante de intercambio, era belga, de Charleroi. Se había matriculado en Bruselas pero había venido a París a acabar la carrera dentro de un programa de intercambio de alumnos. Sabía muchísimo de cine. Nosotros nos habíamos estancado en el cine de Truffaut y la Nouvelle Vague y ella estaba mucho más adelantada. Le gustaba la comedia, le gustaba cierto cine americano, le gustaba el western. 

Un día me confesó que le gustaba. Que me había visto en las clases y que le había gustado. Le parecía gracioso. Me confesó que no soportaba a Fer y que Roger le parecía soso. Pero que yo la hacía reír mucho. Un día quedamos para tomar algo. No le dijimos nada a Fer ni a Roger. Estuvimos tomando vinos por el barrio y fuimos a dar un paseo por un parque. Y les descubrimos. Fer y Roger estaban interpretando escenas de Secretos de un matrimonio de Bergman.