domingo, 21 de marzo de 2021

No - Pablo Larraín


En el año 1988 tiene lugar en Chile un plebiscito por el cual el general Augusto Pinochet Ugarte, después de 15 años en el poder después de haber dado un golpe de Estado contra el gobierno democrático del presidente Salvador Allende, pretende legitimar su dictadura preguntando a la población, tras muchas presiones internacionales, si aplicar una serie de disposiciones por las cuales se prolongaría su estancia en el poder.

Teniendo en cuenta la ferocísima represión ejercida sobre la oposición desde 1973, el poder absoluto, el control de los medios, ya he dicho lo de la represión y la dictadura y muchos más condicionantes, el hecho de que Pinochet se aventurase a un plebiscito no era más que una estratagema para blanquear su poder. Sin embargo, se concedió, por las presiones internacionales, un espacio televisivo a los partidarios del NO para que pudieran hacer diariamente durante 27 días campaña por su posición. 

Y la película No, de Pablo Larraín, habla de las vicisitudes del creativo publicitario en que los partidarios del NO confiaron para llevar a cabo la campaña. Un creativo publicitario, interpretado por Gael García Bernal, que pondrá patas arriba los conceptos con los que se moverán los opositores al régimen asesino de Pinochet y que les llevará a la victoria. 

La película nos cuenta cómo este creativo publicitario tiene que hacer frente a una campaña en absoluta inferioridad de condiciones pero sabiendo que su mensaje es el correcto y que no se puede hacer una campaña basándose únicamente al menos, en la violencia, en la tristeza, en el dolor, en la crueldad, en el agravio, en algo que puede ser utilizado en contra por parte de los propios partidarios del SI, para atemorizar a la gente. Es decir, como nos ocurre muchas veces con la reivindicación de una República, no podemos pasarnos la vida añorando una Segunda República y lo que sucedió, el Golpe de Estado, la Guerra Civil, la muerte, la tragedia, y proponer algo diferente, nuevo, con alegría. Sin olvidar lo que pasó, pero apostando por algo nuevo.

Así, el creativo arma una serie de conceptos, desde la bandera y el logo de la campaña hasta una línea de anuncios que presentan una imagen de los partidarios del NO que se aleja de lo que los partidarios del SI esperan. Y así, sin olvidar y sin dejar atrás el dolor, se consigue una campaña que va sumando gente y adeptos, también críticas e incomprensiones para ir poco a poco poniendo nerviosos a los partidarios del SI. El propio jefe del creativo publicitario se pondrá al mando de la campaña del SI, para frenar lo que ya ve que es una sangría. 

La película nos cuenta esto, nos cuenta cómo el creativo tiene que enfrentarse al régimen, por lo bajini, tiene que enfrentarse al hecho de tener a una pareja o ex pareja, activista contra la dictadura, que le sirve de inspiración y de contrapunto, a unos políticos de la oposición que no entienden por dónde va la cosa y que consideran a veces una traición al pasado toda esa gente riendo y bailando. Es una película que, aunque presenta dificultades tremendas para seguir su transcurso porque la forma en la que está rodada no permite escuchar los diálogos de una manera correcta, el castellano chileno no es cosa fácil si además no se escucha correctamente, con todo esto, resulta una idea genial. 

Para los que nos dedicamos a intentar compaginar comunicación y política, todo un reto. Compaginar el mensaje con el contenido. La publicidad en política. Cómo no olvidar el mensaje y el pasado, el legado, y avanzar hacia el futuro. Otros lo hacen de narices y les sale solo. A otros aunque tengamos la idea en la cabeza, nos cuesta. 

Vemos como avanza la campaña, cómo va aprendiéndose de aquí y de allí, cómo la dictadura es implacable, pero se tambalea. Y cómo llega el fin con la victoria. Una victoria que nunca es completa. 

miércoles, 17 de marzo de 2021

Algo


El tercer vector de todo este asunto y quizás el principal. Deberían hacer algo. Pero qué esperamos de ese algo. Durante décadas hemos esperado algo. Incluso cuando sabemos perfectamente que no hay nada que esperar. Algún disgusto. Disgustos gordos. Esperamos y nos disgustamos. Como norma. Con ninguna otra organización nos pasa tan a menudo como con los socialistas. Ya lo he dicho. El PSOE. 

Con otros partidos y organizaciones de la izquierda, la relación siempre es más virulenta, mucho más visceral o apasionada. Si es que no, es que no, y si es que sí, es que sí. Si es que no, nos esmeramos en teorizar sobre el porqué no son ni serán nunca. Y si es que sí, nos volvemos locos buscando puntos en común. Pero con el PSOE, siempre estamos esperando. Tenerlos al lado, algo. 

Para ilustrar la sensación voy a contar algo que vi en un documental sobre Bob Dylan, el que rodó Martin Scorsese sobre sus primeros años. El documental es el No Direction Home. En este documental, sale Joan Baez y habla de la faceta política de Bob Dylan. Y cuenta cómo, todavía a día de hoy, hay gente que cuenta con Bob Dylan para que participe en festivales, concentraciones, manifestaciones, movilizaciones, que preste su imagen, canciones, que aparezca para leer algo, cantar con su guitarra... y Joan Baez lo dice de una manera clara. 'No va a venir, Bob ya no va a venir, nunca más'. Quizás lo hizo alguna vez, hace mucho tiempo, pero como dice el propio Dylan en una de sus canciones o no sé dónde, I'm not there. No estoy ahí.

El PSOE no está ahí. No lo ha estado desde hace décadas y no lo va a estar ahora. Nos hacemos a la idea de que estamos en un gobierno con ellos porque hemos decidido inmolarnos en pos de un presente algo más digno para la gente ante la perspectiva de que la bestia de la extrema derecha avance o de que la tentación de una gran coalición entre conservadores y PSOE se haga carne. O algo así.

Pero hoy, como ya hemos ido intuyendo con otras cosas, nos damos cuenta de que el PSOE no está ahí. La regulación del alquiler, no solo no es no, es que aumentan los beneficios para los propietarios. Es darte en la cara. No van a venir, no van a estar. 

Y les seguiremos esperando y valorando que nosequé. 

¿Y qué alternativa hay?

martes, 16 de marzo de 2021

Pongamos que no hablo de Madrid


¿Cuánto ha durado la broma? ¿Un día? ¿Entero? Ni un día. Ayer, cuando todos y todas nos dábamos la mano y nos mirábamos a los ojos envueltos en una ola de alegría, de hermandad, de esperanza, de sobrecogedor alborozo por una decisión que significaba que alguien ponía por delante el deber del militante sobre cualquier otra cosa, el compromiso ante la amenaza de la barbarie por encima del ego, ¿Quién no pensó que esto podía pasar? Yo, pecador, en el fondo de mi negro corazón, tenía una nubecilla negra que ensombrecía un día tan esplendoroso. Yo, oscuro y retorcido, pensaba para mí, sobre todo viendo la mitad de la entrevista a Pablo Iglesias en el Intermedio y leyendo alguna, una sobre todo, reacción en twitter sobre el tema, pensaba digo, ya verás como esto no sale bien. 

Puede ser que finalmente salga bien y que el optimismo que nos invade no lo trunque la decisión de Más Madrid de no concurrir en una lista conjunta a las elecciones de Madrid el 4 de mayo y que tengan razón todos esos calculadores y personas de razón que nos dicen que 'a ver, es que con el 5% asegurado ahora lo que cuenta es lo que te dije'. Léase donde 'lo que te dije', que cada uno sume a los suyos y así, sumando cada uno a los suyos por separado se logre lo que no se logró la vez anterior en la que también, con el pretexto de que uno más uno no suman dos, se fue por separado. Porque es bueno tener nuestras propias organizaciones, nuestros propios espacios, nuestras propias maneras de ver el mundo que, lógicamente, pueden ir en paralelo pero no es necesario que vayan junto a otras maneras de ver el mundo que no sean estrictamente las que nosotros proponemos. Es buenísimo tener nuestras propias esferas de pequeño o amplio poder desde las cuales poder hacer y deshacer mientras el tiempo pasa y la vida sigue y el cerebro de la bestia no se entretiene en todas estas mierdas y va tirando para delante, sin preguntar, sin hacer distinciones entre las distintas maneras de ver el mundo alternativo. 

Es necesario que todos tengamos nuestra propia manera de ver las cosas y que, llegados al punto en que sea necesario, no antes, sumemos lo que tengamos que sumar pero cada uno por su lado. Porque es necesario que todos sintamos como propio algo, algo que sea nuestro al final, algo que esté nada más que reservado a gente como nosotros y que tengamos la potestad luego, o ahora mismo, de decidir si tú estás o no estás dentro de ese espacio de visión compartida. Un espacio sobre el que ya no se puede volver atrás y dejar de lado los sueños utópicos de una visión compartida que no vaya más allá de lo meramente instrumental. Lo que nos une es sumar tus siete y mis quince, no sin antes habernos peleado dentro del mismo espacio para delimitar quién se lleva esos siete y esos quince, quien ofrece lo mejor, y ya luego veremos de qué manera encaramos al otro enemigo. 

Aprendemos poco. Entendiendo que la opción que presentaba ayer Pablo Iglesias pudiera parecer una agresión para quien considera que tiene la vara de mando de la izquierda no socialista madrileña, el entusiasmo despertado parecía esperar otra respuesta. 

Entusiasmo, alegría, cierta sensación de que algo ilusionante podía pasar. 

A la mierda. 

Porque seamos sinceros. Ese sueño de unidad está muy bien, pero la realidad es otra y en la realidad es en la que nos movemos y a la que tenemos que acomodarnos y actuar a partir de ella. Palabras que suenan a viejo, pero que son de una actualidad desesperante. No hay un proyecto común, no le vemos las orejas al lobo, seguimos pensando en una solución parcial que solo en caso de que den los números, será común. 

Dos listas separadas finalmente, no sé si habrá alguna otra que decida también dar el paso y sumar una muesca más en el desánimo de un electorado, de la gente de izquierdas que se mueve a veces únicamente por que se le ha despertado algún tipo de ilusión.

Esa ilusión ha recibido hoy un primer golpe. Que espero que no sea definitivo y que en todo caso a alguien que pensaba no ir a votar le haya sacado de la desesperanza y que advierta el peligro que se cierne sobre todos y todas. 

Pero que esto es una piedra de toque, también. 

lunes, 15 de marzo de 2021

Pablo Iglesias, fundador


Desde luego, el que tenga alguna idea de esto que lo explique y empiece a ganar dinero. Después de todo lo que ha ido pasando estos días, cuando parecía que se entraba en una vía muerta con la convocatoria de elecciones y los eternos dilemas y cálculos dentro de la izquierda madrileña, más la sensación de abandonismo del PSOE poniendo de nuevo a Gabilondo como candidato, y Ayuso despedazando a Ciudadanos y mostrando su perfil más trumpista, qué narices, más lepenista de la vida, va y pasa lo de hoy. 

A lo de hoy no estamos acostumbrados. Aquí no pasa eso. No suceden esas cosas. Como mucho, podemos entender un caso como el de Illa, por ejemplo. Deja un ministerio en un gobierno socialista para pasar a encabezar una candidatura que todo el mundo da con buenas perspectivas y que ya se encargará todo el mundo de decir 'que es un perfil técnico de político que gestiona y bla bla bla' y que representa el orden y 'lo correcto'. O de cualquier otro candidato que, de ministro o ministra, pasa a una candidatura semejante. Pero que de vicepresidente del gobierno, digo más, de ser el líder, la cabeza visible, el fundador, el artífice del cambio político más importante en el país más importante de los últimos (pongan aquí la cifra que les parezca) años, dejar el puesto de vicepresidente (ese 'no se aferra al cargo' me parece casi injusto para alguien que solo hace un año que es vicepresidente) para encabezar o pretender encabezar una candidatura que confronte con el PP de Isabel Díaz Ayuso que parece destinada a arrasar con todo. No a arrasar tanto en cuanto a resultados sino a arrasar con una manera de entender la política que sí que nos va a parecer flipante en los próximos años. Y una manera de hacer política para la que no va a dudar en contar con la extrema derecha.

Si a Pablo Iglesias, fundador de Podemos, que ha llegado a ser vicepresidente del gobierno en un gobierno de coalición por primera vez en democracia, le parece que este es el momento para embarcarse en la aventura de intentar frenar a una derecha populista de esas que vemos en TV3 o en las televisiones europeas, sobre todo italianas, y para ello renuncia a la gestión o a recoger los réditos de haber ido salvando la pandemia de una manera bien digna, es porque la cosa es grave. Si alguien se arriesga incluso a inmolarse sin tener ligada la candidatura, sin saber si los compañeros de Más Madrid tienen algo pensado para el ofrecimiento, sin asegurarse qué va a pasar, simplemente ofrecer su prestigio entre los votantes de izquierdas para intentar frenar lo que parece el comienzo de algo oscuro y profundo, es al menos digno de elogio.

Porque bien pudiera parecer que lo correcto hubiera sido calcular, manejar los tiempos, considerar que hay tiempo, que no es una elección en la cual haya que dar la cara, como ha dicho Enric Juliana sobre el PSOE y su rollo de colocar a Gabilondo al frente. Seguir cada uno en su rincón, hacer oídos sordos a los llamamientos a la unidad que hacen (hacemos) los votantes de izquierdas, echarle la culpa a nosequé y seguir con unas posiciones similares mientras la bestia crece. Pero no. La situación la deben pintar chunga. Y no hay más que escuchar lo que ha dicho hoy Ayuso (y da igual cuando sea ese hoy) para que te hierva la sangre y pienses que algo hay que hacer. 

Con la decisión de Iglesias, además se da el relevo en Unidas Podemos. Y así, Yolanda Díaz pasará a ocupar la vicepresidencia que deja libre Iglesias y con ello se convierte en digamos 'la sucesora' de éste como posible candidata para las próximas generales. Siendo Yolanda Díaz una pedazo de ministra de Trabajo que está haciendo lo que se puede y más por torcer el brazo de lo políticamente posible para intentar no dejar a nadie atrás y cubrir las necesidades de la gente a la que le ha jodido la pandemia, siendo Yolanda Díaz todo eso, Yolanda Díaz es además mucho más que eso. Porque ha sido una política que ha sabido ver, desde muy al principio de todo esto que se dio en llamar 'la nueva política' o las consecuencias del 15M, que según que miradas y según que formas de ver las cosas ya no podían ser como antes. Y esa mirada abierta, premonitoria de lo que había de venir, es la que rige y la que debe funcionar. 

Sea como sea, no estamos acostumbrados. Pero es que a lo mejor es que nos tenemos que acostumbrar a decisiones drásticas en momentos drásticos y este lo es. 

¿Saldrá bien?

Yo espero que salga bien. Que los angelitos mofletudos disparen sus flechas de buena voluntad sobre quien tenga que hacerlo y que se urda, se teja, algún tipo de hilazón por la cual el caudal de carisma de Pablo Iglesias, la estructura de Izquierda Unida y el trabajo de la gente de Más País, consigan trabar y darse cuenta de las dificultades del momento y de lo que puede significar un gobierno del PP y VOX en la capital. 

Pablo Iglesias. Qué tiempos cuando lo mirábamos con escepticismo, cuando pensábamos que esos romanos estaban locos y que todo era un bluf. Pues en esta como en otras, reculada. 

Hablo como un viejo.

Saldrá bien.  

sábado, 13 de marzo de 2021

Tal día hace un año


Aquella mañana del 13 de marzo ya fuimos a trabajar sin tener que ir a trabajar. De tal manera que a media mañana fuimos a comernos el último bocadillo en la Cantina do Magín y para casa. Estando allí, vi pasar a mi madre, por la Sant Carles, qué tendremos en esta familia con la calle Sant Carles, y le pregunté que dónde iba, que si no se había enterado que la cosa estaba chunga y que era mejor empezar a quedarse en casa. Iba a comprar un pijamilla para los nietos de una amiga. Unos cuantos días después, comenzó una estancia en el Espíritu Santo de unas tres semanas más unos cuantos días en el Sociosanitari. El puto virus. Esperando las llamadas de teléfono del doctor o la enfermera. Paciencia. Siempre paciencia. Irá bien. Fue bien. Ahora está como una rosa y ha comenzado una prometedora carrera como senderista para la cual va perfectamente acompañada y equipada. Como una reina. 

Hoy hace un año que empezó uno de los periodos más extraños de nuestras vidas. Por suerte, a mí no me ha ido particularmente mal. Mi madre estuvo malucha, pero salió bien. Algunas personas conocidas sí que han perdido a personas queridas y a nivel general todo ha sido una mierda. Una mierda que nos enseña cosas buenas de nosotros mismos, también nos enseña cosas que ya sabíamos sobre nosotros mismos. Recuerdo aquel 8 de marzo. Recuerdo los días previos en los que no sabíamos lo que nos venía encima. Ese 8 de marzo hicimos una calçotada en la Font de l'Alzina. Bromeamos, nos reíamos, comimos, bebimos. Quizás ha sido la última vez que nos hemos juntado ese grupo de personas para hacer eso.

Un año desde que comenzaron las videollamadas, las reuniones con el zoom y el jitsi, la no presencialidad, las mascarillas (cuántas mascarillas habrá hecho mi madre), toda la movida. Las historias con el papel de váter y con la levadura y la harina. Hice pizzas. Salí al balcón a aplaudir. Conciertos con mi hermano y los Johnson & Johnson, de mucho reír. Me aficioné a caminar cuando empezaron a dejar salir a hacer algo. No echo de menos el ritmo de vida de antes. Me gustaría tener la posibilidad de viajar al pueblo cuanto antes. Contradicciones miles. No me gustó que se volviera a apelar al buen corazón de la gente. Participé en una Xarxa Solidaria. Mascarilla, gel, distancia. Lo hemos hecho lo mejor que hemos podido. Ayer, una poetisa nos manifestó su disconformidad con las cosas que hacemos o nos obligan a hacer, con la nueva situación, con la nueva normalidad. La antigua normalidad no era mejor, en la antigua normalidad no éramos más libres. Pero ya nada se puede hacer. Las restricciones, los diarios de confinamiento, la rayita en los supermercados, póngase la mascarilla el otro día, hace nada, en la Cantina de nuevo, a un joven que en su libertad no se puso la mascarilla para comprar tabaco. 

Un año tremendo. Un año en el que apreciamos más lo que es tener colegas, amigos, en el que apreciamos también lo que es saber hacer cosas por uno mismo, sin depender del grupo. Un año en el que deberíamos haber aprendido algo. Un año del que no sé si vamos a salir mejores. Un año de cierre, de apagón, de otra vida. Al final ha sido eso. Un año de otra vida. Se nos ha ido bastante gente. me acuerdo del Benju. O del tito Fernando. Ninguno de los dos tuvo que ver con el Covid. 

Y también hace dos años de cuando a mi padre le dio el segundo pirfo. De cuando le encontraron en mitad de la calle, desplomado y yo lo vi ya con la ambulancia, de casualidad. Y aún tuvo la fuerza de seguir adelante unos cuantos meses más. Esos minutos en el ambulancia hasta el Espíritu Santo. Lo que lo echamos de menos y lo que nos preguntamos cómo lo hubiera llevado él, estando bien o ya jodido, no poder salir a la calle para nada. 

Un año más de vida extraña. Un año de telenoticias, de podcast, de series de televisión, de reuniones cuando nos dejan, de comidas cuando podemos, de botellas de vino en casa, de botellas de cerveza, de pedir a domicilio, de no vernos las caras. 

Somos duros como peñones. 

viernes, 12 de marzo de 2021

La Catalunya eterna


¿Y en Catalunya qué? En Catalunya nada. En Catalunya todo igual. Hoy, por ejemplo, de manera absolutamente sorprendente, Laura Borràs, candidata de Junts per Catalunya, ha sido proclamada Presidenta del Parlament. Casi nada. La segunda institución del país o la tercera o la primera, no lo sé, estará presidida por una persona que está acusada de fraccionar contratos. Podemos entrar a discutir si detrás de la acusación hay motivaciones políticas. Si entramos a discutir ya no hace falta que sigamos. No discutamos. Miremos hacia delante y pongamos claro cuál es el objetivo real de todo esto. El objetivo real del pueblo de Catalunya parece ser que no es otro que el que interpretan los tres partidos independentistas en la cámara. No es cierto, se diga lo que se diga y se mire por donde se mire, que haya una clara y nítida mayoría en el Parlament. Lo que hay es una mayoría de diputados y diputadas independentistas o que dicen tener el objetivo de la República Catalana como único o principal motivo por el cual desarrollan su actividad política. Lo demás, retóricas aparte y elementos simbólicos a un lado, no sirve para nada.

Hoy, durante la toma de posesión de Laura Borràs, hemos vuelto a escuchar todos los agravios por los que es imposible que la legislatura y el gobierno que surja de las negociaciones entre los tres partidos sirva para otra cosa que para seguir con la misma NO política que hemos visto y sufrido durante los últimos años. No habrá ningún cambio en ningún sentido, no habrá ninguna preocupación por nada que no sea el asunto. Un asunto que tiene combustible infinito en la presencia de presos políticos, de personas que están fuera del Estado, exiliadas, y una anormalidad democrática más que evidente. Esa gasolina sirve para alimentar una forma de hacer política consistente en no considerar otra política que la que tiene que recordar continuamente que esto ocurre, que no hay solución, que solo la llegada de un futuro Estado propio solucionará. Como bien apuntan los compañeros de ERC en los plenos municipales de Santa Coloma, todo, cualquier asunto por pequeño o intrascendente que a usted le parezca, se arreglará cuando llegue una República Catalana en la que ya se está trabajando. 

¿Cómo se está trabajando? Supongo que preparando una especie de caldo de cultivo por el cual, cuando llegue el momento, la parte no independentista, no procesista de la población catalana, esté tan aburrida del tema que se den cuenta de que ya no se les tiene en cuenta para nada, si es que se les tiene en cuenta para algo. Por cansancio, por aburrimiento. Por ignorancia. Una parte del país ya ha decidido ignorar desde hace tiempo que hay otra parte del país. Y ambas no se cruzan o si se cruzan, como es mi caso, obvian el tema. Es un tema que está ahí, que tienes que ver cuando ves TV3 y aprecias que esa forma de contar las noticias, de encarar la realidad, no es para alguien como yo o que piense al menos un poco como yo. Es otra realidad. Una realidad donde hay una gente y luego hay otra gente que como mucho, es susceptible de sumarse a la idea de pensamiento 'bueno'. El de la buena gente. 

Hace dos días la comparecencia del portavoz de la CUP, Carles Riera, lo dejó claro. La prioridad es un todo independentista. Ya no habló de izquierdas ni lo vistió con retórica antirrepresiva. Directamente era independentista y dentro de ese marco da igual si Junts es muy de derechas o poco de derechas. Los ascos que se hacen desde ese espacio a partidos como el mío, los comunes, con gente que es capaz de alcanzar el techo vital de su lucha activista y teórica yendo a manifestarse a la puerta de Bcn en Comú con los pensionistas como gran hecho de combate en su larga historia, no los tienen ni con Junts ni con un partido como mucho tibiamente socialdemócrata, tan socialdemócrata como el PSC como es ERC. La prioridad está clara, lo primero es antes. Una presidencia de Junts porque Junts es de los nuestros. Y los demás no lo son. 

Hace tres días o dos días, ya no recuerdo, escuché el debate entre Joan Tardà, Marta Ribas, Laia Bonet y David Fernández. Los argumentos de Tardà podrían ser más o menos discutibles, pero van a lo que van. Si hay que mantener y mantenerse en una idea, se mantiene, aunque esa idea no sirva para nada más que para justificar lo que es claro. Hay que gobernar y si quieres gobernar y vivir tranquilo, la única opción es Junts. ERC lo tiene claro y aunque intente vendernos alguna moto, lo que es, es. Es mejor estar gobernando con Junts que no estar, y lo que no haga Junts ya lo haremos nosotros. Es fantástico. Gobernar pensando en que es mejor que estés tú con el otro que el otro porque el otro... ni un proyecto común, ni alguna idea. La hay. Lo de la autodeterminación y toda la movida. Pero el que más me espeluznaba es David Fernàndez, porque con toda la retórica y todas las citas y toda la mala baba hacia la izquierda 'del sistema', por mucho Diego Cañamero, por mucho SAT, por mucho todo, al final, al final de todo, no hay destrucción y no hay caos y no hay frases que te hacen llorar, no hay otra cosa que abstenerte en la votación de Laura Borràs y lo haces porque es Laura Borràs, si fuera otro u otra candidata, ojo cuidado que no te voten a favor. Al final, al final de todo el rollo y toda la movida, al final queda eso. 

Hay un bloque y estás con ese bloque o no estás. Y los demás.

Los demás qué. En ese debate, Laia Bonet no dijo absolutamente nada que conmoviese a nadie, tampoco que le aburriera. Apeló a una suerte de mensaje técnico, de gestión, de hacer cosas, de política de suelo, de al final las cosas se hacen porque tienen que hacerse. Ya les va bien así. Al PSC parece que ya le quiere ir bien sin mover mucho esto. Así se asegura que en Madrid la cosa vaya correctamente y todos nos respetamos el chiringuito. Municipales. Ahí les dolerá. Ahí nos dolerá.

Nosotros. Nos quedamos fuera de la mesa, de la visibilidad así institucional que al final qué quieres que te diga. Nosotros. Nosotros entre dos fuegos. No queremos ser tan anti que parezca que estamos en el lado perverso. Un lado perverso que hoy ha aparecido en el Parlament, qué malos son. Nosotros no podemos ser así, no podemos ser comparsas de nadie, tenemos que tener perfil propio. Son cosas que se dicen y que se hacen, pero, ay, qué recorrido pueden tener sin acciones efectistas, sin hacer cosas de la nueva nueva nueva política que nos lleven o a estrellarnos del todo o a erupcionar como el Vesubio. Nosotros. Se supone que estamos en el camino correcto. Pero van a ser cuatro años más de leña, leña y retórica, y debates donde tendremos que mojarnos una y otra vez y tensionarnos y buscarnos y encontrarnos. No va a ser fácil

No va a ser fácil y no sabemos cómo va a ser. Laura Borràs de presidenta del Parlament, con un pollo judicial detrás que presume que habrá movida y pollo y agravio y más de lo de siempre. Y una presidenta del Parlament de un partido cuyos ultras incluso se han bufado en la Meritxell Serret porque nosequé que se ha entregado. Este es el nivel. No sé. Una movida. 

Solución a todo esto. Nosotros estamos ya en segundo de la no política. Más allá de lo que ahora están viviendo en Madrid. Al menos no nos compran a gente. 

Mejor no digo nada. 

 

jueves, 11 de marzo de 2021

¡Ayuso! (revisited)


 ¡Ayuso! En un texto de hace 9 años recordaba una anécdota que contaba mi padre sobre el vino Ayuso. El vino Ayuso es de cuando el vino malo era el vino y el vino bueno sabías que existía porque alguien lo había visto. El vino Ayuso era el vino de batalla, el vino para mezclar, el vino de guerra. Mi padre contaba que había uno en el pueblo que cuando le llevaban a algún sitio y le colaban vino pretendidamente bueno, al probarlo gritaba ¡Ayuso!, para desenmascarar el timo. El grito de ¡Ayuso! ya pasó a ser una marca de la casa. Decir ¡Ayuso! era decir poco menos que estafa. 

La presidenta de la Comunidad de Madrid, como pasa con los políticos y especialmente con las políticas que nos caen mal, que no están en nuestras coordenadas ideológicas, o lo están pero que no y que no, nos parece ridícula, fuera de juego, que no está en sus cabales, que no rige, que está como una cafetera, que es tonta, que no sabe, que dice gilipolleces, que está IDA. Nos gusta pensar, y este es un tema que me asalta siempre, que los demás, los que no piensan como nosotros, son tontos. Nadie en su sano juicio puede pensar así, no puede ser. Y es. 

Decimos que está loca, que no sabe, que se le ha ido la pinza, que ha metido la pata. ¿Cuántos gobernantes llevamos ya que nos parece que les falta un bull? Aznar nos parecía gracioso porque era así como raro con el bigote y porque hablaba así con el mireusté. Rajoy nos hacía mucha risa porque no sabía o parecía que no se enteraba. Franco por ejemplo, también era muy cómico con esa voz de pito. Esperanza Aguirre era el hazmerreír de los programas de televisión. Nos parecen graciosos, cómicos, no son tan listos y tan bien puestos como los nuestros. O las nuestras. Si encima son mujeres...

Sea como sea, nos viene una temporada con mucho Ayuso. Mucha Ayuso. Y si nos pasamos el rato diciendo lo tonta que es, lo poco que sabe, que no se entera, que fíjate, nos la volverán a colar y no sabremos entender de qué va todo esto. 

Esto va de que o dejamos de creernos más listos que nadie, dejamos de hablar como si estuviéramos ante el XXIII congreso del PCUS, o nos la volverán a clavar por toda la escuadra. Y seguiremos riéndonos de sus cosas, sus tweets, sus declaraciones que no nos explicamos cómo las puede hacer sin que se nos caiga la cara de vergüenza... pero a mucha gente no se le cae. 

Ahí la tenemos, con María Teresa Campos, paseando por Madrid y soltando mensajes absolutamente contrarios a cualquier idea de progresismo, mientras nosotros nos creemos que suelta tonterías. 

Lo que está diciendo no son tonterías. Son ideas reaccionarias, ya no conservadoras, ideas que atacan lo que creemos que ya está conquistado. No es ninguna tontería. 

Es Ayuso.