miércoles, 10 de julio de 2024
Crónica del concierto de Cat Power cantando a Bob Dylan en Barcelona. No hay tributo.
La verdad es que si quieren una crónica y crítica buena de verdad, lean la de Nando Cruz. Buena parte de lo que leerán aquí ya está escrito allí y ha sido un error leerla antes, pero ya no lo puedo remediar. Hace unos meses, el algoritmo de Instagram me dijo que Cat Power venía a Barcelona en Julio para interpretar el mítico concierto de Bob Dylan de 1966 en Londres durante la gira que éste hizo una vez que consumó su transición hacia el folk rock. Si habéis visto el documental No Direction Home de Martin Scorsese, este concierto o esta gira, es fundamental en la carrera de Bob Dylan. Digamos que es el momento en el que Dylan deja de ser el Dylan que tenemos en la cabeza para ser Dylan. Y durante toda la gira los fans de ese Dylan que tenían en la cabeza no dejaron de reprocharle que cambiase. Que se hiciese 'un rockero'. Ese concierto es el que Cat Power ha grabado de nuevo en disco y, lo que podía ser un simple 'tributo' a Dylan, cantando sus canciones, no lo es. Porque Cat Power no parece, ni lo ha parecido nunca, que sea una artista que se limite a calcar las canciones. Y eso hacía irresistible el concierto. Porque yo no he ido nunca a un concierto de Cat Power antes, pero me habían contado. Y conozco un poco su trayectoria, un poco nada más de su vida, y sí que hay dos o tres canciones suyas que me gustan bastante, algunas ni sabía que eran suyas y ella ya había hecho aproximaciones a cancioneros ajenos. Discos de versiones. El vídeo de su interpretación de Satisfaction en el Primavera Sound de hace mil años lo he visto mil veces. Nada podía ser más interesante que Cat Powe cantando esas canciones. Porque no las iba a copiar, eso seguro. Le había echado un vistazo al disco en sí y ya en la primera escucha me di cuenta de que ese disco no hacía justicia. Había que esperar al concierto. Porque la grabación original de Dylan es mucho. Más allá de la parte acústica, la parte eléctrica estaba interpretada con una mala leche que le acercaba a lo que para mi pobre cabecita sería el punk. Una mala hostia que flipas. Desde el inicio con Tell me, momma pasando por una de las canciones que más me han gustado de siempre, la de Baby let me follow you down, toda esa parte era bestial. En el documental, una vez que casi acabando el concierto le llaman Judas desde el público, se gira a la banda les dice antes de comenzar a cantar Like a Rolling Stone 'esta a toda castaña'. El concierto de ayer claro que iba de otra cosa. Iba de ver a Cat Power cantando a Dylan. Y desde el principio fue entrar en otra cosa. Ya no era eso de ver a Chan Marshall cantando las canciones de su ídolo, era ver a alguien viviendo las canciones que estaba cantando como si las hubieran escrito para ella. Ya es ella suficientemente expresiva como para encima ponerse a cantar canciones que te meten en un bucle. Bucles como Visions of Johanna ayer por la noche en el Poble Espanyol del que no querías salir. La primera parte, la acústica, fue una barbaridad. Y es difícil que se mantenga el tema arriba todo el rato como sucedió ayer, únicamente con una guitarra y armónica. Pero no podías quitar la vista a cómo ella y cómo su voz se hacían con todo. Literalmente era como entrar en trance. Desolation row y el final con Mr Tambourine Man eran eso que uno se imagina que tuvo que ser escuchar a Dylan en su momento. El momento eléctrico por su parte aunque no fuera tan agresivo como el de Dylan, también estuvo muy bien y pude escuchar en vivo esas canciones de esa manera e interpretadas no como un tributo, sino como la interpretación de alguien que va más allá de Dylan. O más acá. Da igual. No era un concurso de imitaciones. Era Cat Power y todo lo que Cat Power significa haciendo eso. Y fue genial. Y cuando al final, con todo el mundo ya de pie, cantaba Like A Rolling Stone y se señalaba a ella misma cuando decía 'like a complete unknown', entendías de que iba. No había tributo, era otra cosa. Al despedirse Cat Power levantó el puño y dijo 'Fight the power'. Me imagino a Dylan sonriendo. Pero no sabría decir por qué.
martes, 9 de julio de 2024
La invasión de América - Antonio Espino
Mi hermano y yo compartimos la afición por la Historia. De hecho, él está estudiando Historia. Y como sabe que me gusta, me regala cosas que tienen que ver con. Y así, por mi último cumpleaños, me ha regalado dos libros, éste y otro también del mismo autor sobre los llamados conquistadores de América. Bien. Este libro es una auténtica salvajada, un ejercicio detallado de cómo se conquistó un continente sin edulcorantes de ningún tipo y que es más que necesario en tiempos como los que vivimos en los que las ideas reaccionarias, patrioteras, claramente neofranquistas, respecto a nuestro pasado histórico, parecen revivir gracias al auge de una extrema derecha que comienza no solo a controlar un cierto discurso sino a hacerlo oficial gracias a su presencia en los gobiernos municipales y autonómicos de la mano de la derecha del PP. Porque el libro ya desde su prólogo nos viene a señalar que si desde siempre la historia de la conquista ha sido un tema sobre el que se ha tenido una mirada bastante dulcificada y que ha sido la propia voz americana o voces foráneas las que han conseguido imponer la visión de la conquista como una barbaridad y un genocidio, hoy existe una nueva oleada de loas a la hispanidad y esas mierdas como por ejemplo son las películas documentales de López Linares o ciertas obras históricas. Así que Antonio Espino decide contar, basándose ojo en las propias palabras de los cronistas y protagonistas mismos de esas pretendidas hazañas heroicas, qué fue realmente lo que sucedió y cómo hay que calificarlo. Ni entendiendo la época, ni las circunstancias, ni lo que es una guerra, ni justificando cosas tan preciosas como el pretendido mestizaje que esconde las violaciones en masa, ni la pretendida riqueza cultural que surge del intercambio... a base de matanzas, masacres, muertes, terror. Porque lo que nos cuenta este libro es una historia de terror. No entraré en detalles que, quienes me han escuchado hablar estas últimas semanas ya he abundado en el tema, pero de lo que se trató desde que Cristóbal Colón puso el primer pie en aquel lugar, fue de robar, atracar, masacrar, aterrorizar, matar y extraer todo el beneficio posible de una tierra y unas gentes. Aterrorizar, masacrar, explotar. Sin más. Lógicamente ante esos desmanes tan tremendos, surgieron voces in situ que pusieron el grito en el cielo, e incluso se promovieron leyes que pretendían parar aquellas masacres. Lo que nos indica, esas mismas leyes, que las masacres, la barbaridad, el terror, existió, por la voluntad de querer pararlas. El libro, aunque parece grueso, en realidad no lo es tanto, porque esas páginas no son capaces de recoger todo lo que allí sucedió. Y lo que provocó. Y lo que provoca hoy día cruzarte con gente descendiente de aquellos a los que fuimos a masacrar y sorprenderte de que puedan vivir, de que se pueda vivir con ese peso encima, con ese miedo. No hay héroes, no hay heroicidad, no hay leyenda de conquista de unos pocos valientes sobre una masa, hay utilización de rivalidades, de crueldad, de oportunismo, de codicia. El propio autor en alguna entrevista he visto que decía que todo esto no es más que la historia de la codicia. Y por codicia se puede hacer de todo. Y de todo es de lo que se habla y se recoge en este libro. La parte final del libro recoge experiencias de resistencia, que no de victorias, de los invadidos, pero incluso estas historias vienen a decirnos que el principal aliento para la resistencia era la contina masacre y crueldad. No hay perdón. Como decía la canción de los Fabulosos Cadillacs, no hay nada que festejar.
lunes, 8 de julio de 2024
Vive le Nouveau Front Populaire!
Y de paso Vive le France, que parece que nos cuesta decir las cosas. Las cosas han ido justas, pero han ido. Y han ido porque finalmente los franceses o al menos una mayoría de ellos, han sido conscientes de lo que estaba en juego. El descontento, la desinformación, las campañas mediáticas, el miedo, el miedo, el dinero, el miedo, jugar con los sentimientos y el miedo, el miedo en definitiva y que hay más gente de derechas que el palo de la bandera, o el grifo del agua fría o la Divina Pastora, que también. Todo eso no ha podido con la sensación de que se estaban jugando de verdad el presente y el futuro de su país y dejarlo en manos de cafres. Ahora, los análisis se centran en decir que Melenchon no es de fiar, que es un cafre, que no puede ser. Ahora, los análisis se centran en decir que todo es ingobernable, que es necesario centrarse y no caer en la demagogia y el populismo, que es necesario no dejarse llevar por la euforia izquierdista y que las cosas son al final como son. Es decir, que es necesario malbaratar esta victoria una vez más y que todo se quede a las puertas de, de esperar a que nos asesten el golpe final, a desanimarnos del todo y que todo sea tan fatal. También claro, no falta el que piensa que esta victoria del Nouveau Front Populaire no es tan de izquierdas... esto ya lo habíamos aclarado hace unos días y no merece la pena abundar en el tema. El caso es que este Frente Popular construido ante la emergencia, entre Comunistas, Socialistas, Ecologistas e Insumisos, ha conseguido aglutinar y movilizar a todo un voto que dividido podría resultar muy digno y muy conmovedor pero absolutamente inútil para ponerle freno, ni que sea momentáneo, a la extrema derecha. Y no, no estoy diciendo que eso aquí haya que mimetizarlo, porque aquí hemos tenido la oportunidad de construir algo diferente, pero similar, y lo estamos echando a perder. Ahora son muchos los que dicen que fíjate que bien qué soplo de aire fresco, que bien los franceses, pero durante esta semana y la anterior han estado callados sin mostrar apoyo a lo que podría ser pero no, no vaya a ser que. Por ejemplo, dónde están los tweets de apoyo de parte de esa izquierda nacionalista que, uy, no quiere que le digan que ajá eres española porque los socialistas... los comunistas... etc. No están. Así como EH Bildu sigue dando lecciones a la izquierda nacionalista nostrada, aquí seguimos estando bajo el influjo de que no se nos enfade Lluís Llach. En fin. Se ha salvado una buena bala y ahora tocará seguir haciendo frente aquí a quien nos quiere llevar por el mismo camino, por el mismo derrotero. Para empezar, no estaría mal montar un gobierno de izquierdas en Catalunya. Por ejemplo. Aunque se enfade Lluís Llach. Que es muy bonito estar contento, pero trabajar para estarlo, más.
viernes, 5 de julio de 2024
Years and Years - Russel T. Davies
Los ingleses son idiotas. Porque vamos a ver, cómo puede ser que sean tan gilipollas como para acabar votando a una demente como la que sale en la serie, que únicamente dice idioteces, que solo dice mentiras, que les va a conducir a una dictadura y ellos la apoyan porque les resulta cercana o les gusta que diga esas cosas que parecen tan auténticas y no es una política aburrida como los demás. Es que los ingleses deben ser idiotas. Years and Years es una serie británica que nos habla de cómo una familia vive y convive con el progesivo ascenso al poder de una política admirablemente interpretada por Emma Thompson que, de ser un simple payaso de feria, un artefacto para meter caña en la tele, acaba convirtiéndose en Primera Ministra sin que nadie, aparentemente, sepa cómo ha sido y qué ha pasado. Aunque todos la hayan votado. Una serie de 2019 que nos relata un futuro distópico que es tan distópico y tan extraño que ya lo tenemos delante. En Francia estamos a punto de ver cómo todo eso que se cuenta, puede pasar. Y afortunadamente, en Inglaterra, en el Reino Unido, acaban de esquivar esa bala que no de manera tan basta, estaban a punto de consumir. La derrota conservadora, después de que los conservadores se hubieran despeñado por el barranco del populismo de derechas más idiota, parece poner fin a un periodo histórico en el que el Reino Unido ha puesto patas arriba su propio sistema y el de los demás países europeos, sin ser tan brutal como lo que nos cuentan en la serie, pero con un cierto tufillo. Una familia digamos medio bien, con todos sus miembros más o menos bien colocaditos, sin apuros, va enfrentándose a cómo el sistema cambia, y cambia porque ellos mismos lo eligen así, y se van situando cada vez en situaciones más extremas porque aquello de que 'a mi no me va a pasar', te pasa. La serie está muy bien, es entretenida aunque el final sea un poco una flipada demasiado bonito para ser verdad. Pero bueno, si han sido capaces de quitarse a los conservadores de encima después de catorce años haciendo el ridículo, igual también podrían hacer lo que hemos visto que pasa en la serie. ¿Hemos dicho ya que brutal Emma Thompson?
jueves, 4 de julio de 2024
Todos son fascistas
Estoy un poco mosca con esto porque pareciera que estamos deseando que pase. Que pase o pensar que está ya pasando y así confirmar lo que nos mantiene firmes e incólumes y, sobre todo, sin posibilidad alguna de ser parte de algo más amplio. Podemos, perdón, podemos estar tranquilos porque no nos hace falta ya ninguna movilización conjunta, popular, unitaria, ya que lo que tenemos aquí ya es lo que nos dicen que va a pasar y está pasando fuera. No nos hace falta tenerle miedo a la extrema derecha porque ya estamos gobernados por fascistas. Jueces, medios de comunicación, patronales y, naturalmente, también los socialistas son ya como los fascistas. Por lo tanto no nos hace falta contaminarnos, pensar cuál es el problema al que nos enfrentamos ya que el problema ya lo tenemos aquí y no nos hace falta sino denunciar a quien sea lo suficientemente pardillo para pensar que hay algo que defender. Da igual si va a ganar un candidato laborista en el Reino Unido y va a acabar con un gobierno conservador que lleva catorce años pasando del ridículo al bochorno al populismo y a alterar la vida de un país a peor, da igual porque ya sabemos que el candidato laborista no hará una política económica auténticamente socialista. Real. Da igual si el Frente Popular francés es la única alternativa a la barbarie de la extrema derecha, porque uno de sus líderes es hijo de Glucksmann y además apoyan a Ucrania. Putin apoya públicamente a Le Pen, pero en nuestras pequeñas cabezas, Putin sigue siendo enemigo de la Otan y claro, nosotros nacimos contra la Otan, ergo. Da igual que los partidos realmente fascistas estén creciendo en nuestras ciudades, lo importante es salvarnos de cualquier duda diciendo que menos nosotros, todos son ya fascistas, todos aplican ya políticas de extrema derecha. Menos en Girona, supongo. Hay quien dice que en algunos canales se daba por sentada la victoria del PP en las elecciones de hace un año y que eso sería beneficioso para una suerte de movilización 'ruidosa'. No hace falta sostener nada, mantener nada, garantizar lo que hay porque ya está perdido y antes que defender o construir, hay que denunciar y gritar. Vamos salvando tiros, vamos esquivando balas, pero hay quien quiere que la bala nos de, en el ensueño de que de ahí saldremos mejores. Saldremos a las calles, volveremos a las plazas, la mística de lo que pasó. Como si no existiera lo que está pasando, como si la cosa no fuera más que otra parte de esas series que vemos y que nos asustan y que nunca pasarán. No pasarán.
miércoles, 3 de julio de 2024
El miedo que tengo
Siempre digo que me he acostumbrado pero no me acostumbro ni en broma. Me desacostumbra de golpe el miedo que tengo. No hacer mil cosas, no atreverte, no dejarte bigote, por ejemplo, no probar, no decirlo, porque tienes miedo, porque nada es seguro. Nada es seguro. Nada es cierto. Para ti, nada es absolutamente. El miedo que tengo hoy, no lo quieras saber. Es una canción de Astrud, de cuando Astrud eran más famosos que Hidrogenesse. El miedo que tengo. El miedo que tengo a que algo se salga de lo que es habitual, que me exija algo que yo no tengo, que se descubra que no lo tengo. Siempre digo que me he acostumbrado pero no me acostumbro ni en broma. El miedo que tengo. Miedo a que me acostumbre a tener miedo, como siempre, a dar vueltas en círculo, a no salir del bucle, a creerme que no ha pasado nada. Hay veces que pasa, sin embargo, que te encuentras en un momento en el que el miedo es, precisamente, a haber dado un paso adelante. Y hay veces que pasa que el miedo es algo que te entra cuando has dado un paso que no te esperabas. El miedo a darlo y el miedo por haberlo dado. No saber. Es peor si pienso, no me hagas pensar otra vez. Pensar en el miedo que da hacer, haber hecho algo, de lo que no sabes cómo vas a salir. Algo que estás deseando hacer y que no sabes por dónde te va a llevar. El miedo asoma un poco y se va, va a ser interesante cuando se decida de veras. El miedo por ahora está apareciendo de manera más o menos velada. Si lo pienso pasa, pero si hago como que no ha pasado, no tengo porqué tener miedo. Hay muchos días, el tiempo que falta para que el miedo aparezca de veras. Hay muchas cosas que hacer antes de que el miedo llegue. Pero ha habido momentos, hubo momentos, en los que el miedo a lo que iba a pasar, estando, siendo algo palpable, físico, no era freno para seguir. No había freno. Siempre digo que me he acostumbrado pero no me acostumbro ni en broma. No todo es tan inconsistente. Hay cosas ciertas. Nada tiene que ver. Y sin embargo, esa canción. Hay algo. No sé en qué momento esa canción conecta con algo que siento, que he sentido, que sabes que vas a volver a sentir. El miedo que tengo. ¿Cómo no tenerlo? ¿Cómo no tenerlo?
lunes, 1 de julio de 2024
Una semana contra el horror. Una semana por el Frente Popular.
Para darnos cuenta dónde estamos en este bonito país, ayer por la noche Manu Pineda, quien fuera eurodiputado y candidato en las listas de Sumar que desgraciadamente no ha salido elegido, ponía un tweet que decía Proletarios del mundo uníos, último aviso y desgranaba motivos para empezar a actuar ante la victoria en la primera vuelta de las legislativas francesas de la extrema derecha. Pues bien, las respuestas a su llamamiento eran mayoritariamente, abrumadoramente, negativas y no por parte de la extrema derecha precisamente, sino por parte de una izquierda auténtica que afeaba el pronunciamiento a Manu Pineda, lo deslegitimaba y se llegaba a decir que 'este gobierno no es de izquierdas, así que...'. Aquí estamos. Mientras todo está ardiendo a nuestro alrededor y hay un incendio justo en la puerta al que se está intentando responder con un artefacto llamado Frente Popular que ha sido capaz de plantar cara, aquí estamos con la medida de la Kufia y analizando las comas sobre Ucrania, para destrozarlo todo. Y a todos. Llamamos a la reflexión, nos toca pensar, pero yo creo que ya no nos toca pensar sino que hay que actuar. Nos toca no enredarnos en pequeñas guerritas internas y tomas de posición interesadas sobre si somos o no somos, que llevan a generar esas pequeñas heridas que se van haciendo insalvables y ponerlo todo en el qué hacemos juntos, porque ya no nos queda otra oportunidad. Ya está. Si Francia cae, que esperemos que no caiga, qué nos queda. Qué queda de la Europa que más o menos parece que era garantía de algo que no se tenía en otros lugares del mundo. No quedará nada, porque parecerá que, entre los grandes países, se impone una visión de la política que da terror. Y ahora, con tu camiseta de nosequé, me dirás que total, esta ya es la Europa de los capitales, de los mercaderes y que ya votaste en contra de Maastricht y que nunca has confiado y que los socialistas y los fascistas son lo mismo porque la ley de extranjería y Puigdemont está exiliado y la represión y tantas cosas. Y yo ya me he cansado y no quiero escuchar más. De verdad, me he cansado. Porque no nos quedan más balas y cuando eso nos pase aquí, que en algún momento nos pasará, no nos quedará feria del vino, ni la Literal, ni el consumo ecológico, ni una votación trascendental, ni asamblea, ni asesoramiento, ni nada que nos salve. Y cuando veamos a nuestros hermanos y hermanas perder absolutamente los poquísimos derechos que tienen y cuando esos mismos derechos nos los quiten a nosotros, diremos o diréis que ahora es el momento de levantarse y luchar y Fermín Muguruza hará su gira para tenernos contentos. Y no servirá de nada, porque nada sirve de nada si no estás ahí legislando y gobernando. Y nos tendrán enfrente y enfrente nos quieren, no nos quieren en otra parte. Nos quieren en las calles, agitando, hablando de revolución, de cosas que ya fueron y no serán. Y querremos entonces tener herramientas que se las tendremos que comprar a ellos mismos. Y nuestras Adidas no servirán. Y nuestros zascas no servirán. Y nuestro horizonte y diagnóstico no servirá. Y solo nos queda una semana para convencer en la distancia a algunos millones de franceses más que hagan lo que nosotros, muy posiblemente, no sabremos hacer cuando nos llegue la hora. Porque el régimen del 78 y su puta madre. Y no me contéis milongas más. Viva el Nouveau Front Populaire.
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