sábado, 31 de marzo de 2012

Baal


Y era joven Baal y curioseaba en torno a su obra. Iba y venía, se transformaba, adoptaba las formas más extrañas para que los hombres no sospechasen de él. Tenía ganas de saber qué pensaban de su creación. Pero descubrió que, así como había lugares en los que se le veneraba y se le hacían unas reverencias que, aunque a él no le importasen lo más mínimo le hacían ilusión, había otros lugares que no tenían porqué ser lejanos, ni remotos, ni habitados por personas más ignorantes que las anteriores que no le conocían. Incluso había sitios en los que se le profesaba un odio total. Y cómo le resultó a Baal curioso el que la gente le insultase, ofendiese los altares dedicados a su nombre. Y cómo transmutado en la figura de un barbudo alocado, guiaba a la masa para que rompiese esculturas que le representaban con forma de carnero, de ave rapaz, de demonio. Y cómo se reía y disfrutaba adoctrinando a tantos grupos de gente en la creencia de que Baal no existía. Y cómo el joven Baal creó el germen del descreimiento. Y era joven Baal y le hizo gracia hacer creer a la gente que el mismo Baal no había hecho nada, que no existía, que todo era obra de otro, más justo, menos justo, más terrible, mucho más benévolo. Y era joven Baal y quiso saber porqué había personas, hombres y mujeres, que antes de que él se sumase a ellos, ya habían creado un sentimiento de odio hacia Baal. Y quiso preguntar a un hombre el motivo y este le contestó que:
- El mismo Baal nos enseñó a creer que el mundo era detestable por su culpa. Baal mismo, con la figura de un niño, nos dijo que todo había sido un error, que había creado el mundo mal a drede, que jamás pensó que la cosa iba a llegar tan lejos, y que teníamos derecho a odiarle. Y le creímos.
Y aunque era joven Baal, Baal no era estúpido, porque era Baal. Y supo que alguien había tenido una idea que pertenecía al propio Baal antes de que Baal hubiese tenido la ocurrencia. Y lo dio por bueno, porque le divertía negarse y hacer creer que Baal era malo.
- ¡Oh, Baal, qué inteligencia y magnificencia! ¡Oh gran Baal, que ocurrencia tan sublime! ¡Echarte a un lado, desacreditarte y dejar que el marrón se lo comiesen otros con más afán de protagonismo!
- Calla mortal, no hables tan alto. Deja, deja que me olviden, que crean que no estoy, ya vendré, ya lo arreglaré, ya ajustaré cuentas. Ya... luego... tira...

viernes, 30 de marzo de 2012

Huelga General - Tablero Deportivo




Early in the morning: Se levanta muy temprano para ayudar a su buena mamá. Los días de huelga uno se levanta cuando se levanta. Ayer yo tenía la intención, sana y revolucionaria, de quedar con mis amigos Barrí y Fregué antes de partir para la manifestación, pero no pudo ser. Vaso de leche y disco de Gong de fondo. No se pone la radio. No se pone la radio para que no le calienten la sangre, aunque las emisoras que uno escucha ya están de acuerdo con uno mismo. O si no, se pone Radio 3. O si no, un disco. Un disco de Gong. La eterna duda. ¿Habrá cerrado el bar de abajo? ¿Habrá cerrado alguien? Ya duchado y descartada la faena doméstica, se presenta el camarada que quiere tomarse un café revolucionario sin pisar los bares. El bar de abajo y casi todos los demás han cerrado. Café Los Gemelos, café vasco de esos que se mascan, para encarar el día con energía.




Santako en lucha: Manifestación en Santa Coloma. ¿Habrá más o menos gente? Acercarse a a la plaza de la Vila ya da la respuesta. Hay más gente. Viene más gente. Tan sólo con entrar a la plaza ya se entiende todo. Está hasta la alcaldesa. Y los concejales. Ellos no estaban en la última. Todavía me acuerdo de la alcaldesa en la tele explicando que la anterior reforma laboral era necesaria. Nos encontramos con el Largo. Nos explica lo de la hermandad revolucionaria. Que se confíen, que ya les daremos el palo luego, cuando ganemos. Pero el palo siempre nos lo dan a nosotros. Hay un huevo de gente. Hay tanta gente que incluso viene el vicelehendakari. Comentamos cosas referentes a la Peña y tal. En mitad de la mani uno me pregunta que si vamos a abrir para ver el partido. Si, si... pero yo no voy a ir. No sé de qué forma y manera, pero nos hemos ido a colocar justo detrás de la alcaldesa. Pasamos un buen rato esquivando a la cúpula. Caras conocidas. ¿Qué, nen? Pues aquí, nen. Llegamos al Fondo, a lo de Aspanide y las enfermeras salen con cacerolas. Aplausos. En cuanto doblamos por el Fondo hacia Jacinto Verdaguer, el público que nos mira es de chinos y pakistanís. Unos nos filman y todo. Hay muchísima gente por delante y por detrás. En la plaza del Reloj, un chavalito joven, con casquete, nos da charla.




El Islam es la solución: Un chavalito nos viene y nos pregunta que porqué es la manifestación. Si es por los recortes. Pues si, y por la reforma laboral. Nos pregunta que qué pensamos del Islam. Pues nada. Nos dice que la solución es el Islam. Esto ya se lo come el Abel. Europa tiene que darse cuenta de que la solución es el Islam. Que Dios ha creado el mundo perfecto y nosotros lo estamos hundiendo. Las revoluciones se hacen porque no se tiene idea de Dios. Y así. Un rato. Me toca a mí. A mí me toca lo del libro divino y que Europa ha perdido el camino de Dios. Cuando ya no sé por donde vamos, me tocan a la espalda. La Yoli. Hombre. Dos besos, salvado. Perdemos al compañero islamista.




Al sol: Las piernas no resisten este trantran. Jacinto Verdaguer hasta Avenida Generalitat. El Jerezano está cerrado, cuando habitualmente hay que cerrarlo. El Largo sugiere dar la vuelta todos y pillar a todos los chinos que deben estar abriendo las persianas. Qué susto. Sol de justicia por la Avenida. Una señora en la Jacinto Verdaguer se asomaba asustada, detrás de la persiana. Ha acabado asomándose al balcón. Aplausos. Llegamos a la plaza. Argumentos contra la huelga y las manis y demás. Cada uno tiene sus razones. En la plaza advierten que el Carrefur está abierto. Durante la marcha el que se acerca y el que comenta o está en un Ere, o le han hecho un Ere, o está de Ere o trabaja en negro o algo chungo. A comer.




Sustento revolucionario: Lentejas con jamón y boquerones fritos. En la tele dicen que han ocupado Passeig de Gràcia. Sale Felip Puig y dice que esto es un campo de entrenamiento para los violentos. Dan documentales en TV3, para calentar al personal. Las barracas, el desempleo, los problemas del socialismo cubano. Amar en tiempos revueltos, se mantiene en servicios mínimos.




Ginkana en el metro: Metro de Santa Coloma, cinco de la tarde. Qué risor. El pueblo en marcha, se planta en el andén para ir con sus hermanos de la Ciudad Condal a manifestarse. Andén del metro. El metro no viene. No viene. No viene. El metro se ha roto en Torras. Ostia. No va. Hay que pillar la línea 9. Cambia de andén. El metro que viene de vuelta va por el mismo andén que por el que se fue. Ostia. Vamos al otro anden o qué. Si, no. Si, no. Al otro andén. Viene el metro. ¿Nos subimos o no? Corre al otro andén que la chica del metro se ha equivocado. Entramos por los pelos. El metro se arregla, llegamos a las seis y media a Plaza Catalunya. Pero sentaditos, ojo. Que no todo va a ser malo, oiga.



Silencio Komuso: Al asomar la cabeza estamos en mitad de los de la CGT. Hemos quedado en el Zara así que tenemos que despegarnos. Silencio. Demasiado silencio. Olor a plástico quemado. Containers quemados. Humo en la lejanía. Malas cartas. Demasiado silencio. Quedamos, nos encontramos. Bien. Subimos un poco. Hay mucha gente, pero se nota dispersión. No es como otras veces. Hay como menos ambiente que en la del 15m, la última. La de antes de las elecciones. Pero hay mucha gente. Hay tensión. Se oyen tiros, se ven carreras al fondo, helicópteros y columnas de humo. Con Passeig de Gràcia lleno a reventar, se pone en marcha. Nos encontramos, dos besos y nos despedimos. Las hermanas fugaces. Seguimos hacia Plaza Catalunya. Antes de llegar sube un camión diciendo que media vuelta que vamos por Gran Via. Tensión. Silencio. A medida que vamos por Gran Vía la gente se anima, pero en cada cruce vemos policía, humo, follón. Tetuán. Para abajo. Unos niños subidos a un banco claman por menos policía y más educación. Claro que sí. Otros niños llevan apuntados el movil en la cara por si se pierden. Arc de Triomf. Container ardiendo. No bajéis, chavales, que aquí está ardiendo la cosa. Andando hasta Marina con Marina. Sensación extraña. Demasiado silencio. El bar Andalucía está abierto, pero reprimimos las ganas de unos quintos revolucionarios. Que se jodan.




Regreso y victoria: El regreso es mucho más sosegado que la ida. Dónde va a parar. Nos encontramos con los chavalitos del Seimar en Santa Coloma. Las cárceles están llenas de gente del Seimar. Comentamos, etc. Rapidito que empieza el fútbol. ¿No vísteis el partido? Jornada de lucha completa. Éxito de convocatoria revolucionaria. Huelga general salvada. Victoria fuera de casa. No veo la tele para no calentarme. 'Nen, en El periodico salimos en la foto de portada'. Qué me dices. Pues si. Los dos bigotes. En la radio esta mañana tampoco lo han pintado tan mal. Menos mal.




miércoles, 28 de marzo de 2012

Huelga general

El cambio de tiempo no me está sentando demasiado muy bien, hoy me he despertado a las cuatro de la mañana, pero mañana hay que parar. Gwineth Paltrow está muy guapa en Seven, y aunque a mucha gente no le guste la Gwineth, mañana hay que parar. Hay opiniones dispares sobre si estoy gordo o no, yo creo que si que he engordado pero luego va otro y te dice que se te ve más delgado, y mañana hay que parar. Que si el metro funciona, que si el autobús llega, que si los servicios mínimos, que si tú vas a venir, mañana hay que parar. Que el Madrid lo tuvo fácil ayer pero seguro que el próximo partido lo tiene algo más chungo, aunque mañana hay que parar. Que si me descuentan o no me descuentan el día, que da lo mismo, porque mañana hay que parar. El jueves también juega el Athletic, complicado, pero no tanto, porque mañana hay que parar. El bocadillo calentándose en el radiador, opiniones sobre la cabeza de lomo, el zumo de naranja en la nevera, pero mañana hay que parar. La reforma laboral, explicada así en cinco minutos, quizás no tenga la misma sustancia, pero más o menos viene a ser que si ya la cosa estaba mal, ahora estará negro sobre blanco, mal, por lo tanto hay que parar. Está claro que ahora no es el momento, que sería mejor cuando me lo indicase el señor Rosell, el ministro de turno o el que no manda y mandó, pero uno es así de inconsciente, y mañana hay que parar. Bradd Pitt va a tener siempre la misma edad, en Seven, en Oceans Eleven, en todas las pelis está siempre igual, y da lo mismo, porque mañana hay que parar. Porque no es admisible que una persona con casi sesenta años tenga que andar escondiéndose para que no la enganchen los de la inspección, mañana hay que parar. Bob Dylan viene al Benicassim, será gracioso ver a los rubios tajarinas al lado de todos esos dylanitas tragándose un nuevo sapo y mañana hay que parar. No me he puesto los pantalones de invierno en casi todo el invierno y ha sido hacer tres días de sol y colocármelos, algo que no dice mucho de mi criterio en el vestir, pero mañana hay que parar. Los sindicatos no son muy allá, pero desde el momento en el que alguien ajeno por completo a la vida sindical te dice que tus compañeros de curro no son tus amigos, que no te fíes de ellos y tal, mañana hay que parar. Porque da más vergüenza venir a trabajar un día de huelga que todo el dinero o el 'curro que tengas que adelantar', mañana hay que parar.
En definitiva, mañana hay que parar.

martes, 27 de marzo de 2012

Karpov



Me tenía que haber cortado el pelo. Mira qué melenas. Mira qué por detrás de pelo que tengo. Si no me creciera tanto el pelo por la parte de atrás, todavía. Pero mira qué pelo. Con este pelo no puedo jugar. Con el pelo aplastado. Así no puedo jugar. No hemos empezado y ya estoy con el pelo. El pelo y el pelo. A ver, voy a pensar en otra cosa. En el pelo, no. En el pelo, no. En qué puedo pensar, a ver. Voy a pensar en... qué lleva este hombre en las gafas. No se habrá puesto... se ha puesto espejos! No puede ser. Este hombre qué bajón ha dado. Antes este hombre no era así, pero desde que dijo de irse, se le ha cambiado el carácter. Y lo que no es el carácter. Que a ver, que yo entiendo que te puedes poner como una mona, porque es una púa lo que le han hecho, vale. Pero eso es una cosa y otra es terminar poniéndote espejos en las gafas. Y la que hemos formado antes de empezar. Que yo no sé ni las horas que llevo aquí sentado mientras estaban examinando la silla, el tablero, la virgen y los santos. Me hago así hacia atrás y me molesta la mata de pelo. En cuanto salga de aquí me lo corto, yo mañana no puedo venir con este pelazo a jugar. ¿Y si digo que me lo corten ahora? No pasaría nada. Bueno, no pasaría nada... tal y como tiene la cabeza este hombre, es capaz de pegarle fuego al auditorio. A ver. Y ahora está apuntando no se qué. Qué está apuntando. A qué llamo a los jueces... qué tiene que apuntar este hombre antes de empezar la partida, a ver. ¿Los llamo? No, no los llamo. No me voy a poner yo también nervioso. ¿Y lo de los espejos? ¿Qué hará este hombre con espejos en las gafas? Me estoy poniendo que yo no sé cómo me estoy poniendo. Que se quite las gafas. Ahora mismo llamo a los jueces y que se quite las gafas. Espera que hay un juez que me parece que se ha quedado frito. El de la esquina está frito. Si no hemos empezado todavía. De verdad, vaya jari. Osea, que los jueces están trompetas, el hombre este está como unas devanaderas y yo me estoy poniendo también que no sé ya cómo ponerme. Y se me está clavando el codo. Esta mesa está muy dura y es muy alta. Es muy alta, es verdad. Mira cómo tengo que estar que parece que estoy escalando, de puntillas en el suelo. Claro, por eso me molesta el pelo. No. El pelo me molesta porque lo tengo largo. ¿Este hombre mueve o no mueve? Espera que parece que va a mover.

lunes, 26 de marzo de 2012

Los duelistas




De las películas bonitas de ver y de los libros bonitos de leer. Los Duelistas es un libro de Joseph Conrad y en 1977 Ridley Scott debuta en como director llevándola esta pequeña pero intensa novela a la gran pantalla. Ayer la dieron y hacía un siglo que no la veía. Tampoco sabía que la daban así que me perdí quizás los primeros diez o quince minutos. Y las memorias no están ya como antes, así que no recuerdo bien bien el porqué de todo. Porque el porqué de todo tampoco lo tienen claro ni siquiera los protagonistas. El porqué.


Nos cuenta la película la historia de dos oficiales del ejército francés en las guerras napoleónicas. D'Hubert es Keith Carradine, alto, apuesto, etc. Feraud es otro oficial como él, pero no tan distinguido, más tosco, iracundo... es Harvey Keitel. Harvey Keitel se pasa la película comiendo algo. Pipas, altramuces, chochos. Los altramuces también se llaman chochos, aunque mentar la palabrita en un texto sobre Los Duelistas quede mal, pero viene bien para señalar la diferencia entre los dos personajes. Uno es aristocrático y el otro vulgar. Como quiera que el tal D'Hubert ha sido enviado a reprender y arrestar a Feraud por un duelo previo en casa de una dama, éste se considera ultrajado en su honor y le reta a duelo allí mismo. D'Hubert no quiere liarse, claro, pero se acaba calentando. Y de eso va la película.


Uno no quiere liarse, hace propósito de no querer, de conmigo no va esto, de yo no soy así, pero unas veces por unas cosas y otras por otras, al final acaba liándose. El primer duelo termina sin resolverse, por lo que Feraud considera que la cosa hay que resolverla. A este combate le sigue un segundo duelo, en el campo, fantástico. Una de las grandes escenas de la historia del cine, que me fascina, me parece gloriosa. Los dos duelistas con las espadas en posición se van a jugar la vida, están concentrados, tensos, dispuestos, con sus blusas blancas, sus bigotones, sus trenzas de húsar. Y de repente Keith Carradine levanta la mano y pide una pausa. Le ha dado frío y tiene mocos. Estornuda. Sigue el duelo. Acaba con una puntada de Feraud que hiere a D'Hubert. Este considera que ya, que vale, que ha perdido. Pero Feraud quiere matarlo. Así que el duelo sigue pendiente. Pasan los años, las batallas, las ciudades. Se vuelven a encontrar. Cambian los peinados, las graduaciones. Otro duelo, salvaje, en una sala desvencijada. Se dan candela de la buena, pero nada. La cosa no va a ningún lado. Tablas otra vez.


Mientras tanto D'Hubert tiene una amante, una muchacha de las que siguen al ejército, una chica enamorada que finalmente ve como D'Hubert pasa de ella, porque éste está atrapado por ese sentido del honor que le obliga a batirse una y otra vez y jugarse la vida. Feraud sólo vive para eso, para terminar ese duelo. Para jugársela.


Otro duelo, esta vez a caballo. Un detalle para con la caballería. Feraud está a punto de palmar. D'Hubert le abre la cabeza. La cosa sigue pendiente. D'Hubert quiere pasar del tema. Campaña de Rusia, se vuelven a encontrar y D'Hubert quiere, más o menos, hacer un 'lo pasado, pasado'. Acompaña a Feraud en una expedición, se ayudan, pero Feraud no olvida.


Termina la epopeya napoleónica, D'Hubert cambia de bando, se casa con una muchacha heredera de un palacete, hija de un realista, y para Feraud es un traidor. Feraud, bonapartista, es perseguido y es D'Hubert, a escondidas, quien le salva de ser ejecutado. Pero Feraud no lo sabe y sigue buscándole. Qué peliculón.


Finalmente, D'Hubert, casado, cojo, hecho un señorito y Feraud, resentido y amargado, como un veterano del Vietnam, vuelven a retarse. A pistola. El combate... ah, el final. Ahora no recuerdo si el final es el mismo en la novela y en el libro. Una película de pipas largas, de sables, de piernas abiertas y arqueadas, de bigotones, de patillacas, de melenas, de campos verdes, de ciudades centroeuropeas, de gabanes largos, de mascar altramuces que no me gustan, del placer de hacer unas botas, de verse arrastrado por un odio feroz sin odiar realmente. Un peliculón de los buenos, qué narices.

sábado, 24 de marzo de 2012

Cumpleaños Feliz

- Pero a ver, ¿cómo es posible? ¿Tú no habías dicho que te ibas a una fiesta, a un cumpleaños o algo así? ¿Cómo vienes con esa cara? A ver, cuenta que te ha pasado Yanáyev, que cada vez que sales por esa puerta la formas.
- Señor embajador, le ruego que disculpe mi aspecto y siéntese que lo que le tengo que contar no sé cómo calificarlo. Recibí hace unos días la invitación para acudir a un baile que daba una conocida de ambos, Madame Diana, con motivo de su cumpleaños y cuando llegó el día, me puse mis mejores galas y me dispuse a acudir a la cita. Esta vez lo tenía todo claro, sabía dónde estaba el Palacio, sabía la hora, tenía mi regalo preparado, nada podía fallar. Sin embargo, uno nunca puede fiarse. Le juro, señor embajador, que lo que he visto es tan cierto como que estoy aquí ahora. El cochero me dejó en la puerta del Palacio, y como había resuelto llegar con tiempo de sobras, me dispuse a darle una vuelta al recinto para hacer tiempo y no llegar el primero. Así que empecé a caminar por el contorno del Palacio, siempre con la vista puesta en el reloj de una iglesia cercana, para que no se me fuera de la cabeza. Mi natural distraído pudiera haber provocado que se me fuera de la cabeza la hora, pero no. No iba a ocurrir nada de esto. Cuando estaba volviendo sobre mis pasos para disponerme a entrar y que la hora habia llegado, una motocicleta pasó por mi lado...
- Una qué...
- Una motocicleta, señor embajador. Una motocicleta. Una vespinillo, un modelo quizás antiguo pero...
- Pero qué me dice, Yanáyev... ¿una qué?
- Una motocicleta, como se lo digo. Con dos muchachos subidos en ella. El de atrás, al pasar por mi lado, me da un empujón y con una habilidad que ríase usted de los bergantes del servicio secreto del Cardenal, me quitan mi invitación para entrar.
- Pero vamos a ver, Yanáyev... qué me está contando usted de una motocicleta... ¿pero eso qué es?
- Oiga, que yo no sabía tampoco lo que era aquel artilugio. Como un... no sé, dos ruedas unidas por un material como de hierro o así e impulsado por un motor...
- ¿Pero qué me está contando, joven Yanáyev? ¿Y cómo sabe usted que eso se llama motocicleta, y lo de que era una vespinillo... me está preocupando usted, Barón!
- Pues mire, más raro aún, porque estando en el suelo, ha venido un gendarme y...
- ¿Que ha venido quién?
- Un gendarme... un policía, que me ha visto en el suelo y...
- Estoy impresionado, Yanáyev... de verdad...
- Y yo, y yo... el caso es que al cabo de un rato, cuando ya el gendarme me ha dejado ya repuesto del golpetazo dándome dos bofetadas para que me espabilara un poco, no sé de qué manera he despertado en un butacón mientras que Madame Diana me abofeteaba a su vez como despertándome...
- Entonces lo de la motocicleta...
- Pues que lo abré soñado.
- ¿Y la fiesta?
- Estupendamente.

Felicidades a Madame Diana, la Dame Masquée en el día de su Cumpleaños. Muchísimos bisous. No duden en pasar por cualquiera de sus dos Chateaus para felicitarla.

viernes, 23 de marzo de 2012

Miscelánea



Regreso al pasado. La foto de aquí arriba tiene la friolera de ocho años. Como el que no dice nada. Y una de esas manos es la mía. O no. La foto es de un Black Music Festival. Fuimos en mi coche. Qué tiempos. Con el Alberto de los Za. Con el Abel. Con el molinaguer pequeño. Sin beber. Concierto sin alcohol. Lo habéis conseguido. Me lo pasé como un rinoceronte en un charcal. El pasado sábado hicimos el indio pero poco. El concierto estuvo muy bien, muy contundente. A ellos se les veía algo cascados, pero lo justo como para seguir metiendo mucho miedo. De los John Spencer Blues Explosion, y siento ponerme pesado, se conocen pocas canciones. El resto van sonando, te suenan, te metes y de repente aparece una que dices... esta, esta me suena de verdad. Si tocaron esta o no la tocaron el sábado pasado, no me acuerdo. Afro. Y mira que esta vez me fijé bastante.


¿Os he dicho que el lunes me hice una foto con Kiko Veneno? Qué pena que no la tenga aquí, porque vaya cosa graciosa. Fue en el concierto de Tinariwen. 'Pero, oiga, una pregunta ¿a usted es que le regalan las entradas o qué?'. Pues si. A este si. Tinariwen son un grupo de tuaregs que tocan con guitarras eléctricas divertidos ritmos del desierto. Muy bien de gente en el concierto. Muchas muchachas muy así bailando con las manos arriba haciendo olas en el aire. Qué bonito, amigo. Todo muy bien, pero no muy bien. Porque eché de menos en el concierto a mi amiga Matilda. A ella le hubieran gustado pero no pudo venir. El pelijas de Tinariwen tampoco fue. Al parecer la cosa estaba chunga en Mali y no pudo salir del campamento. Tan chunga como que ha habido golpe de estado. Así está la cosa, chavales. Amassakoul!!!


Una casualidad lo de Kiko Veneno, porque el domingo por la noche, sin haberme yo enterado, pusieron un documental sobre Veneno, Kiko Veneno y Pata Negra. Oye, qué documental más bueno. Con actuaciones y cosas. Muy bien. Veneno. A mi, para empezar a situarnos, el disco de Veneno no me gusta. No hay más preguntas. De Kiko Veneno me gustan canciones. Pero, amigo, Pata Negra si. ¿Porqué unas cosas si y otras no? Pues oye, a ver, si lo tuviéramos que saber todo, esto no sería lo que es. Me subiría en una caja y me pondría a revelar la verdad de las cosas y los asuntos en una plaza. Pero no. De Pata Negra el Rock Gitano. Discazo. Graciosísimo. Ojito a la primera, Levante. Toma y toma. '... que venían de Totana!!!!!'


La siguiente canción me recuerda a una de los Brighton 64. No sé a cual, pero me recuerda. Son los Surfin' Sirles y la canción es Montseny. El video de la canción. Sale la muchacha que salía en la serie aquella de Pop Ràpid. Los Surfin'Sirles están bien. Dentro de todo el panorama de grupos catalanes, se salen un poco de la norma. Una buena. El otro día leí una crítica del concierto de los Manel en Madrid. Un periodista, no sé quien, decía que los Manel en sus letras eran el reflejo de siempre de la burguesía catalana. Interesante conclusión. ¿No son los Surfin'Sirles burgueses? No les conozco tanto. Sea como sea, la canción está bien.


Vidas ejemplares. Esta tarde noche toca jornada de creación musical. Mi hermano dice de hacer el Helter Skelter y otra de los Beatles. No sé si me dijo esta. Esta está bien. The night before. Yo creo que no es esta, pero podría ser. Una del Mccartney, bien bonita. Dentro de lo que llamaríamos el 'disco de amor' de la banda. Esto de la música es la mar de curioso. Ahora me ha dado por el Mccartney, el primero del deste cuando se fue de los Beatles. Es un disco sencillito, majete, bien. Pero no hay canciones como esta, claro. Con ese punteillo del Harrison. El Harrison, no sé porqué, pero cada vez me cae peor. El otro día puso música el jefe, una del Harrison que no conocía... en fin. Música de aquella. El vídeo debe pertenecer a la banda sonora del Help.


Y por último, una canción que tiene un porqué. Esta semana ha estado por aquí Jonathan Richman, de quien se decía que tenía el record de conciertos vistos de la Velvet. También ha estado por aquí John Cale, que fuera productor de Richman y miembro eminente de la Velvet. Así que hay que poner una de la Velvet, pensarán. Bueno. Pero pondremos una versión, el Venus in Furs, de la Velvet, si, pero interpretada por Beck. Lo ponen a caldo en todos los sitios, pero a mi los discos estos de versiones me gustan mucho. La canción tiene un porqué, por que está dedicada a Madame Diana. Ella ya sabe.



Y nada. A pasar buen finde y a llevarlo con humor. Porque si no lo llevamos con humor, mal. Avanti con la guaracha!