Ese señor que se parece a Diego Carrasco es el Jota de los Planetas. Ayer, por sorpresa, anunciaron un concierto de Los Planetas con muy poca antelación y muy poca gracia. Pero fue, sin duda, lo mejor de la noche. Hola, es viernes y ha caído una nube que se ha cagado la perra por decirlo mal y pronto. Qué cosa tan graciosa que se pusiera a llover como si se acabase el mundo y el universo todo. De todas maneras vamos. La San, que es más valiente que todos nosotros ya está allí cuando está diluviando y ha visto a uno que hace versiones de Gainsbourg. Nosotros vamos a ver a los Planetas y luego que sea lo que dios quiera. Los Planetas empiezan a las nueve y media. Antes tocan los Kokotscka. Son unos chavales muy jóvenes que molan. Están bien, no me esperaba que fueran así. Luego hablamos de música si quieren. Hay bastante gente. Digo yo que podrían haber traído a los Solynieve aquí también. Ya no están el Erik con los Planetas, llevan a un batería jovencillo. Qué bien, qué bien, los Planetas a cada momento.
El concierto de los Planetas es un poco raro, que no han ensayado y se les nota que están..., pero están muy apañadas las canciones y lo que importa es el detalle. Romance de Juan de Osuna para empezar y Alegrías de un incendio para acabar. Mira que eres bonita, qué guapa eres, eres la más bonita de las mujeres. Ea. Cómo será la cosa para que uno de delante se ponga a llorar y todo. Así están las cabezas. Uno porque es muy fuerte y muy así, pero no se crean que no tocan la patata. Qué bueno. Así, en una carpa, tan recogiditos, y no con el mocazo que se marcaron con los Solynieve.
Y bueno. Casi decir que hasta aquí llega la crónica del día de ayer. Es el día en el que he hecho menos cosas de la historia del Primavera Sound. Mal síntoma. O no conozco a los grupos, o no me gustan, o algo pasa. Vamos a ver a los Pixies. Los Pixies sin la Kim Deal ya he dicho que a mí me dan un poco lo mismo. Si, tocan canciones muy guapas, porque son muy buenos, pero la verdad es que les falla algo. Y no les falla, porque suenan casi igual. Pero... y así me paso la noche. Es canela o es veneno. Y así toda la noche. Es canela, pero sabe a veneno, pero sabe a canela, pero es veneno. No me han disgustado, pero me han parecido igual. Las canciones del nuevo disco son... las que se parecen a las de antes, son como imitaciones, y las que no se parecen en nada... pues eso. Se acaba el concierto y mucha gente va a ver a The National. Y nosotros no.
Y mucha gente va a ver a muchos grupos. Y nosotros no. Hay unos que se llaman Slint que están tocando y que parece que no son malos pero... justo cuando estamos ahí integrados, terminan. Y no nos enganchamos con nada más. Vamos a comer algo, y ahí nos echamos las risas de la noche, con la peña rara que hay en el mundo, con ese muchacho con las botas de agua que debe ir recocido el muchacho... y eso. Que preocupa que nos lo pasemos mejor mirando a la gente que con la música. Hay otros que empiezan a tocar ya casi a la hora de irnos en el escenario principal... suenan a pumpumpum. Casi todo suena a pumpumpum. La gente va a bailar. Mayoritariamente la gente busca la primera excusa para ponerse a bailar. 'Aquí no podemos estar porque no podemos bailar'. Es lo último que se me hubiera ocurrido, ir a bailar. No quiero bailar. Quiero escuchar algo de música. No estar con otro conjunto de seres humanos saltando y con el bracillo para arriba moviendo la cabeza... pues no. Ya no. O nunca. No sé. Hemos estado con la tropa, pero hemos ido desertando. Al final hacía mucho frío.
Hoy será diferente, hoy veremos más cosas, pero no sé. Una sensación rara ayer. Como de que hemos desperdiciado el día. Si no llega a ser por los Planetas, no hubiéramos pintado nada. Y tampoco nos arriesgamos a ver cosas que no nos gusten. Ponemos malas caras, nos enfadamos con la gente, un horror.
Va, venga, que hoy termina. Vamos a llevarnos bien.
sábado, 31 de mayo de 2014
viernes, 30 de mayo de 2014
Primavera Sound - Jueves
Crónica de un jueves que es como un viernes. El Primavera Sound llega de nuevo a nuestras vidas, convirtiendo al necesitado en esponsorizado. Si el festival está esponsorizado hasta la náusea, yo también. Bueno. Todo viene precedido de un miércoles espantoso de nervios y chascos, resueltos con un muy bien y unos cuerpos de aquella manera. Pero la vida no para y uno está para lo que haga falta y el jueves no se descansa. Vamos. Al lío.
Todos concentrados en el bar de rigor, en Rambla Prim. Qué majos son los del Bar Nou de la Rambla Prim. Y la sola mención de la Rambla Prim ya me pone triste. Porque más allá de la Rambla Prim, ay. Y al final, no es nada tan peliagudo como parece. Las cosas son como son. Han dicho que iba a llover y estamos acojonados por el frío. Así que me llevo paraguas, suetercillo, camisa manga larga, chaquetilla con capucha. Por si acaso. Coger la targeta y la entrada cuesta tan poco y es todo tan rápido que uno se pregunta qué coplas hacían los años anteriores para organizar los pitotes que montaban para una operación tan simple. Vamos. La alineación es la siguiente, elpako, eltoni, elchristian, elabel. Estamos en el bar y pitando a ver a los Solynieve.
Han puesto a los Solynieve allí al final del mundo, casi en Hospitalet. Vamos, corriendo, que ya han empezado. Al entrar nos dan unas bolsitas muy cómodas para llevar toda la mierda que nos hemos traído. Hay mucha gente ya y no hemos sino empezado la tarde. Son las seis. Vamos. Llegamos y nos llevamos el primer chasco de los muchos que se lleva uno en este festival, al que jura y perjura que ya no va a volver, pero que siempre termina picando. Resulta que han puesto una zona vip delante del escenario, por lo que hay como unos veinte metros delante del escenario en el que no hay nadie. Los Solynieve tocan ante una gente que está viéndoles así como a lo lejos. Tocan con poco entusiasmo, porque quizás desde lejos no se aprecia el ánimo. Tocan, las conocidas, más o menos. No sé, creo que yo me he cansado más llegando que ellos tocando. El Jota se despide de la gente, con una barba que se ha dejado que parece Diego Carrasco. El Ferrón ha hecho un cambio de look tan grande que parece otra persona. Decidimos, después del alegrón de concierto, volver al bar de fuera y tomarnos todas las birras posibles. Mil puntos para las dos muchachillas del barrio que ante el aluvión de rubios declaran un sonoro 'ay los payos ya con la prisa'. Mil puntos a sus pinzas en el pelo. Mil puntos a poner los puntos sobre las íes.
Entramos al cabo de hora y algo otra vez. No tenemos claro qué queremos ver. Hay disensiones en el grupo. Se suman lalíder y laana. Y lamar. Más incertidumbre. Yo quiero ir a ver a SVPER, pero también algo a los Neutral Milk Hotel. Hay mucha gente para ver a los Neutral... me decido a no verlos cuando salen y cantan esa de i love you jesuschrist. Me quedo a ver la canción y en cuanto acaban... a correr, al escenario del frío y el viento, allí donde el año pasado tocaron Hidrogenesse a ver a los SVPER. Al final nos quedamos lalíder y yo. Perdemos al resto. Por el camino, me cruzo con Servando Carballar de Aviador Dro, le saludo, le doy la mano. En el concierto vuelve a estar allí y me hago una foto con él. Qué grande. Nuclear sí, por supuesto. Me gustan los SVPER. Me obligo a que me gusten. Un chico y una chica con sus cacharretes. Me molan. La del afilador la tocan al final y me gusta mucho. Todas. Muy bien. Venga, a ver a los Queens of the stone age.
Tengo prevención hacia este concierto, sospecho que va a ser un ñordo. Nos encontramos de nuevo con toda la gente. Venga. El Josh Homme ya es todo el grupo. Empieza con una del Songs for the deaf. Si va a tocar muchas de este disco, bien. Pero toca pocas. El concierto es así así. Toca la que abre el Rated R, cancionón. Y se despiden con otra del Songs for the deaf. Brutal. Muy bien. Salto y bailo como si no hubiera un mañana. Y se me suben los gemelos. Qué mierda llegar a mayores.
Siguiendo a laana vamos a ver a los Arcade Fire. Le gustan a laana, a la mar... y a nadie más. Estamos allí un rato, tres canciones, mucha gente, me tiran dos cervezas al suetercillo, las manos llenas de birra. Un horror. Vámonos a donde sea. Mi hermano quiere ver a Charles Bradley.
No conozco a ese señor. Vamos igualmente. Es un cantante de soul, un señor mayor que lo hace muy bien. La banda es de jovencitos aplicados, lo hacen todos muy bien. Pero a mí me da el bajonazo y me agobio. No me dicen nada. Empiezo a plantearme lo de pirarme. Mi hermano intenta convencerme de que molan pero no hay manera. Terminan y vamos a ver qué hacemos. Es tarde ya. Vamos para el escenario de la entrada donde tocan unos que se llaman... Materia... no Moderat. Una chufla. No me gustan nada, pero a la peña le vuelve loca el tema de unos falsos kraftwerk. Me estoy agobiando de verdad y me quiero ir ya para casa. Finalmente convenzo alabel para que se venga y ya mañana con más tiempo.
Tiene uno la sensación de que ha visto poca música para todo el rato que lleva en danza. Preocupante.
jueves, 29 de mayo de 2014
Karpov
Qué alegría tan maravillosa. Qué momento tan bonito. Me acuerdo como si fuera ahora mismo cuando nació mi primer hijo. De mi primera esposa. De mi primera relación. Podría tirar de tópicos y decir que fue la partida más importante de mi vida. Los tópicos. Qué recurso tan denostado, pero pienso que en realidad los tópicos nos ayudan a crecer como personas. Hay mucha gente que, por desgracia, no tiene demasiados asideros mentales a los que agarrarse y necesita recurrir a los tópicos, a los clichés para ser alguien. Ser en tanto en cuanto. Ser en un conjunto. Ser. Aquel niño es ahora ya un mocetón. O era moza. El ajedrez me ha destrozado los nervios. El ajedrez me jodió la vida. Es mentira, es otro tópico. El ajedrez me ha hecho una persona de bien. El primer hijo fue el movimiento más importante de mi vida. Pero ahora ya no vivo con aquella muchacha que fue la primera esposa que tuve. Y que se llamaba... el tópico diría que debería tener dificultades para recordar ese primer nombre, pero no es verdad, me acuerdo de ella perfectamente. Cómo no me voy a acordar. Tengo otra relación, estoy muy contento y vivo muy feliz. Qué tópico. El niño. No me acuerdo de cómo se llamaba aquel niño. O era una niña. Os estoy engañando, claro que me acuerdo. Me acuerdo de tantas cosas que soy capaz de recitar partidas que jugué hace tiempo. Hace treinta años. Otro tópico. El ajedrecista que se acuerda de todo. El tópico. La gente necesita los tópicos para definirse. El tópico del que hace las cosas porque es necesario hacerlas mientras los demás están de parranda, riéndose, sin ser conscientes de la gravedad del momento. El niño como el movimiento más importante de tu vida. No tener un niño como el movimiento por excelencia. Estar más solo que una rata. Las ratas están solas. Eso es otro tópico. No sé porqué las ratas deben estar solas. Miro la foto y no recuerdo el nombre de la chica. Creo que es verdad que no la recuerdo. Y me acuerdo de ella continuamente. Es contradictorio. Otro tópico más. La contradicción buscada. Es y no es. Era y ya no es tampoco. Es evidente y al mismo tiempo, tan oscuro. El niño, el amor, la chica que sale en la foto. Su pelo cortito. Su sonrisa. Creo que he olvidado cómo se llamaba. Y si ese niño es mío o no es mío. Quizás es una foto en casa de mi hermana, con un sobrino. Quizás. Podría ser. El ajedrez puede acabar con los nervios del más pintado. Yo soy así. Necesito descansar, recuperar a aquella chica del pelo corto. Aunque lo tenga largo ahora. No me acuerdo de cómo se llamaba, así que qué voy a recuperar. El ajedrez es mucho más complejo que la vida. Otro tópico. Ese niño dónde está. Por qué me estoy riendo tanto si debería estar triste. Por qué estoy triste si no estoy jugando a ajedrez. El ajedrez y un niño. Acabaremos volviéndonos locos de verdad.
miércoles, 28 de mayo de 2014
Grandes Semblanzas VI - Purificación Yovanovich de Santa Paula
Quizás a riesgo de resultar un poco repetitivo en el marcado perfil literario e intelectual de los biografiados, quisiera presentarles a continuación la figura de Purificación Yovanovich de Santa Paula, escritora y divulgadora científica peruana de mediados del siglo XIX y figura trascendental aunque, como no, típicamente incomprendida.
Por situarnos, nuevamente nos encontramos en una familia acomodada, señorial, residente en los mejores barrios de Lima, aunque con la tara de que el señor Yovanovich era un judío serbocroata que había hecho fortuna en América con el tráfico de cualesquiera cosa eminentemente ilegal y perjudicial al máximo para las saludes y que, ya mayor, había ido al Perú huyendo de quién sabe qué y con su dinero había conseguido abrirse paso en la sociedad, rancia naturalmente, peruana. Matrimonio apañado, primer hijo fallecido, hija posterior, nuestra Purificación Yovanovich. Bien.
Infancia y adolescencia tienen una importancia relativa en esta historia. La tienen en cuanto que están ahí, pasaron cosas, pero nada que nos desvíe de nuestra narración. Bien. Adelante. Vamos. Avancemos. Purificación Yovanovich tiene 35 años y, soltera aún, mientras está un día en una reunión con unos amigos, en un salón limeño, escuchando el tañir de una guitarra tocada por un negro costeño, sin qué ni por qué dice... Manchuria.
Ya está el lío. Manchuria. Sin que nadie entienda, todavía hoy, por qué, ni a qué se debe este interés de la Yovanovich por Manchuria, si hubo algún libro, algún comentario, algo... nada. Manchuria. Investigadores de la Cátedra de Filología de la Universidad de Princeton y los miembros del Cóngreso Internácional de Escrítores Esdrújulos, que veneran a la Yovanovich también sin un motivo aparente, aluden a una posible reminiscencia de rasgos asiáticos en el padre de la Yovanovich que le habría inducido quizás a manifestar un interés por esta región... en fin.
Manchuria. Sin una formación académica relevante, Purificación por su cuenta y riesgo se in... se in...
Uf. Se in...
Se zambulló, ya está. Se zambulló en el estudio de cualquier publicación que tuviera que ver con este extremo asiático, que, analizó desde una perspectiva histórica, literaria y cultural. Escribió cuatro novelas ambientadas en este entorno: Chuo ya no vive aquí, Entre las tinieblas de la llanura, Mi prima Yeye y su obra cumbre Catorce años en Manchuria, en el que narra las vivencias de una profesora latinoamericana que viaja a China y se pierde por Manchuria sin ninguna gana de volver. Hoy en día, eruditos de la Universidad de Pekín se enorgullecen al decir que la Yovanovich es una fiel y escrupulosa dibujante de lo que fue Manchuria en aquellos años, sin haber estado allí ni una sola vez. De oídas y con cuatro libros que le llegaban fue capaz de hacer incluso un 'Primer plan para el desarrollo de Manchuria', un 'Estudio de la conexión ferroviaria entre Manchuria, China y Rusia', así como una 'Construcción del canal entre el Amur y el Ussuri'.
Sus libros fueron ignorados ampliamente en su tiempo y su entorno. Purificación Yovanovich de Santa Paula murió con 76 años, víctima de una apoplejía. Su obra será descubierta por un sobrino nieto suyo, Eduardo José de Santa Paula, miembro de la Academia de las Ciencias Peruanas que situará la obra de la Yovánovich en su sitio.
Qué vida ésta.
Por situarnos, nuevamente nos encontramos en una familia acomodada, señorial, residente en los mejores barrios de Lima, aunque con la tara de que el señor Yovanovich era un judío serbocroata que había hecho fortuna en América con el tráfico de cualesquiera cosa eminentemente ilegal y perjudicial al máximo para las saludes y que, ya mayor, había ido al Perú huyendo de quién sabe qué y con su dinero había conseguido abrirse paso en la sociedad, rancia naturalmente, peruana. Matrimonio apañado, primer hijo fallecido, hija posterior, nuestra Purificación Yovanovich. Bien.
Infancia y adolescencia tienen una importancia relativa en esta historia. La tienen en cuanto que están ahí, pasaron cosas, pero nada que nos desvíe de nuestra narración. Bien. Adelante. Vamos. Avancemos. Purificación Yovanovich tiene 35 años y, soltera aún, mientras está un día en una reunión con unos amigos, en un salón limeño, escuchando el tañir de una guitarra tocada por un negro costeño, sin qué ni por qué dice... Manchuria.
Ya está el lío. Manchuria. Sin que nadie entienda, todavía hoy, por qué, ni a qué se debe este interés de la Yovanovich por Manchuria, si hubo algún libro, algún comentario, algo... nada. Manchuria. Investigadores de la Cátedra de Filología de la Universidad de Princeton y los miembros del Cóngreso Internácional de Escrítores Esdrújulos, que veneran a la Yovanovich también sin un motivo aparente, aluden a una posible reminiscencia de rasgos asiáticos en el padre de la Yovanovich que le habría inducido quizás a manifestar un interés por esta región... en fin.
Manchuria. Sin una formación académica relevante, Purificación por su cuenta y riesgo se in... se in...
Uf. Se in...
Se zambulló, ya está. Se zambulló en el estudio de cualquier publicación que tuviera que ver con este extremo asiático, que, analizó desde una perspectiva histórica, literaria y cultural. Escribió cuatro novelas ambientadas en este entorno: Chuo ya no vive aquí, Entre las tinieblas de la llanura, Mi prima Yeye y su obra cumbre Catorce años en Manchuria, en el que narra las vivencias de una profesora latinoamericana que viaja a China y se pierde por Manchuria sin ninguna gana de volver. Hoy en día, eruditos de la Universidad de Pekín se enorgullecen al decir que la Yovanovich es una fiel y escrupulosa dibujante de lo que fue Manchuria en aquellos años, sin haber estado allí ni una sola vez. De oídas y con cuatro libros que le llegaban fue capaz de hacer incluso un 'Primer plan para el desarrollo de Manchuria', un 'Estudio de la conexión ferroviaria entre Manchuria, China y Rusia', así como una 'Construcción del canal entre el Amur y el Ussuri'.
Sus libros fueron ignorados ampliamente en su tiempo y su entorno. Purificación Yovanovich de Santa Paula murió con 76 años, víctima de una apoplejía. Su obra será descubierta por un sobrino nieto suyo, Eduardo José de Santa Paula, miembro de la Academia de las Ciencias Peruanas que situará la obra de la Yovánovich en su sitio.
Qué vida ésta.
martes, 27 de mayo de 2014
Commie & the Uniteds
Yo tenía un grupo de rock que no sonaba ni muy bien ni muy mal, pero era mi grupo de rock. Ahora puedo decir -puedo, en tanto que yo soy una persona que patatín y patatán- que tenía un grupo de rock, pero en aquellos tiempos debía decir más bien 'era parte de' un grupo de rock. Nos llamábamos Commie and the Uniteds. Commie era uno que cantó en su tiempo, pero que había perdido buena parte de su voz atronante y decidimos entre todos que tocase la batería. Que pasase a tocar la batería. La base rítmica. Nuestro grupo no era demasiado estable. De vez en cuando un guitarra se piraba, el cantante se subía a la parra y decidía ir por libre... aún nos acordamos de cómo más de uno que nos llamaba flojos por haber abandonado el rock en algún tema y haber abrazado un rollo algo más pop, nos decía de todo, se cabreaba en mitad de una gira, se piraba y al cabo de unos años lo veías con una Big Band cantando standards. You make me feel so young... El grupo, la verdad, a lo tonto a lo tonto, tenía ya unos años y, aunque nunca teníamos éxito masivo, sí que notábamos que nos tenían en cuenta. Sobre todo para lo malo. Era curioso. Si sacábamos un disco de versiones, nos ponían a parir. Si sacábamos un disco de rock bestia, nos decían de todo. Si sacábamos un disco blandito, de baladas, por que a uno de nosotros le habían roto el corazón, más leña sobre nosotros. Éramos el grupo con peor prensa de la escena musical. Los medios se hacían eco inmediatamente en cuanto uno de la banda decidía pirarse. Que si están acabados, que si su sonido es rancio, que si esto que tocan lleva pasado de moda más tiempo que la polka, que si con esas pintas no les va a hacer caso nadie... Y sin embargo, pese a todo, teníamos nuestro público. Un público que iba oscilando de lo poco a lo más o menos, pero que nunca era bastante. Eso, la verdad, nos tenía en un sinvivir. Daba igual el giro estilístico, que tuviéramos un guitarra bueno, que el cantante fuera guapo, que consiguiésemos cierta estabilidad en la banda... no acabábamos de despegar. En fin. Ahí estábamos. De repente, la escena se movió.
A nuestros conciertos empezaba a venir algo más de gente. Notábamos que había un tipo de gente que hasta entonces no se había acercado a nuestros conciertos y que, determinados medios, nos preguntaban por nuestros proyectos. Sin haberlo pretendido, habíamos conectado con una gente que había descubierto en nosotros, en toda nuestra discografía, un sentido a su ansia de escuchar una música diferente. Es que teníamos nuestro punto, todo hay que decirlo, aunque nosotros no nos lo creyéramos demasiado. Podíamos tocar muchos palos y al mismo tiempo, sonar siempre reconocibles. Estábamos en un momento cojonudo para hacer algo bonito. Nos metíamos en el estudio y nos salían unos cancionazos de narices. Commie and the Uniteds estaba preparado para dar el salto, nos decían las revistas especializadas.
A nuestros conciertos venía una gente que, a veces, del club de fans que sin saberlo se había montado a nuestro alrededor, también se colaba en nuestros ensayos. Eran una gente muy maja, que nos caía de puta madre, la verdad. Un día, nos enteramos que habían montado un grupo y que estaban ahí buscando unos bolos para empezar a tocar. Hombre, dijimos, pues ya que son así de nuestro rollo y eso, pues, qué coño, pues vamos todos juntos a hacer una gira, que mola que haya gente con ideas nuevas y que le dé otro rollo a la música y así la gente ve que estamos por la labor. Pues nos dijeron que no. Que querían ir por su cuenta, que estaban empezando, que esto, que lo otro. Paul & the Pigtails. Bueno. Pues nada.
Sacamos el disco al mismo tiempo. Los dos discos eran iguales. Exactos. Habían captado todas nuestras ideas, en un tiempo en el que estábamos sembrados, y habían hecho un disco clavadito. Mejor producido, eso sí. Nosotros, como siempre, autoproducidos y con buena parte de los medios dándonos la matraca y ellos, sin que nosotros supiéramos por qué, todo el día en todas partes sonando a tope. Todo el rato. Continuamente. Y ya digo, igual, igual. Los ademanes del cantante eran algo más sobreactuados que el del nuestro, que ya llevaba unos años y tenía otros modos, pero... los medios empezaron a ignorarnos. A decir que éramos el pasado. Y yo no paraba de oír su disco y el nuestro y pensar... pero si suena igual... cómo puede ser que el suyo sea...
Y bueno, como somos así, queremos tocar con ellos en una gira, a ver si somos capaces entre ellos y nosotros de petarlo. Pero no sé. El batería dice que no. El bajista que sí. El cantante que ya antes les habíamos dicho de tocar y que ahora... Y ellos venga a petarlo y a nosotros me da la impresión de que nos quieren enterrar. No sé. Pues vamos a sacar otro disco que se va a cagar la perra, que nosotros ideas tontas tenemos para dar y recibir y para lo que nos queda en el convento...
A nuestros conciertos empezaba a venir algo más de gente. Notábamos que había un tipo de gente que hasta entonces no se había acercado a nuestros conciertos y que, determinados medios, nos preguntaban por nuestros proyectos. Sin haberlo pretendido, habíamos conectado con una gente que había descubierto en nosotros, en toda nuestra discografía, un sentido a su ansia de escuchar una música diferente. Es que teníamos nuestro punto, todo hay que decirlo, aunque nosotros no nos lo creyéramos demasiado. Podíamos tocar muchos palos y al mismo tiempo, sonar siempre reconocibles. Estábamos en un momento cojonudo para hacer algo bonito. Nos metíamos en el estudio y nos salían unos cancionazos de narices. Commie and the Uniteds estaba preparado para dar el salto, nos decían las revistas especializadas.
A nuestros conciertos venía una gente que, a veces, del club de fans que sin saberlo se había montado a nuestro alrededor, también se colaba en nuestros ensayos. Eran una gente muy maja, que nos caía de puta madre, la verdad. Un día, nos enteramos que habían montado un grupo y que estaban ahí buscando unos bolos para empezar a tocar. Hombre, dijimos, pues ya que son así de nuestro rollo y eso, pues, qué coño, pues vamos todos juntos a hacer una gira, que mola que haya gente con ideas nuevas y que le dé otro rollo a la música y así la gente ve que estamos por la labor. Pues nos dijeron que no. Que querían ir por su cuenta, que estaban empezando, que esto, que lo otro. Paul & the Pigtails. Bueno. Pues nada.
Sacamos el disco al mismo tiempo. Los dos discos eran iguales. Exactos. Habían captado todas nuestras ideas, en un tiempo en el que estábamos sembrados, y habían hecho un disco clavadito. Mejor producido, eso sí. Nosotros, como siempre, autoproducidos y con buena parte de los medios dándonos la matraca y ellos, sin que nosotros supiéramos por qué, todo el día en todas partes sonando a tope. Todo el rato. Continuamente. Y ya digo, igual, igual. Los ademanes del cantante eran algo más sobreactuados que el del nuestro, que ya llevaba unos años y tenía otros modos, pero... los medios empezaron a ignorarnos. A decir que éramos el pasado. Y yo no paraba de oír su disco y el nuestro y pensar... pero si suena igual... cómo puede ser que el suyo sea...
Y bueno, como somos así, queremos tocar con ellos en una gira, a ver si somos capaces entre ellos y nosotros de petarlo. Pero no sé. El batería dice que no. El bajista que sí. El cantante que ya antes les habíamos dicho de tocar y que ahora... Y ellos venga a petarlo y a nosotros me da la impresión de que nos quieren enterrar. No sé. Pues vamos a sacar otro disco que se va a cagar la perra, que nosotros ideas tontas tenemos para dar y recibir y para lo que nos queda en el convento...
lunes, 26 de mayo de 2014
Felicidades Fernandito
Cuando yo era pequeño jugaba a fútbol sala en el equipo del colegio. El primer año, en tercero de EGB, no jugué en los equipos 'normales' y tuve que curtirme en el canutero del patio del colegio junto a otros desechos de tienta a los que nos aparcaron para jugar entre nosotros. No éramos dignos de ser enseñados por esos mundos del deporte escolar. Ese año, con mi padre de esforzado entrenador, me apliqué en la posición de segundo delantero, de tirillas esquifido que nunca se metía en el barullo, de caquitas enclenque que no metía la pierna, de pasador para que el delantero bueno marcase goles. No chutaba muy fuerte, pero era capaz de pasar un balón cuando me llegaba. Me encantaba jugar. Éramos malísimos, pero nos reíamos mucho. El Comellas, el Edu, el Maño, el Obregón de portero fatal, y otros cuantos desastres para el deporte éramos el C. Aunque el Maño le daba fuerte, ojo. Y darle fuerte a un balón Mikasa de esos bien duros. Había un balón tan duro en el cuarto de los balones que le llamábamos 'la piedra'.
El año siguiente, en cuarto, volvieron a hacer una selección y entré en uno de los dos equipos, en concreto en el B. No teníamos mala gente. En punta jugaba el Fernando López. Fernandito. Era un delantero habilidoso. Regateaba muy bien, chutaba a puerta, era más o menos rápido... y había nacido el mismo día que yo. No nos parecíamos mucho. Yo seguía siendo un flaquito cabezón, con más miedo que vergüenza, que jugaba con el número 7 y aún no había descubierto las bondades del 6. Mi misión en el equipo era pasarle bolas al Fernandito. No había nada más que hacer. Chutar fuerte ya lo hacía el Maño. El Buci pequeño jugaba de defensa y la tocaba muy bien. El Fernandito arriba. El Sergio C., jugaba de portero y era otro de los 'buenos', del equipo. Estaba también el Puro, que una vez metió un gol en el Beethoven y nos volvimos todos locos. Y el Vega, que no le daba mal. Y yo ahí, chillando, gritando, 'chuta, dale, ahí no, cuidao, pásala, tira, saca tú'. A mí me gustaba jugar y chillar. Me pasaba el partido diciéndole a los demás qué tenían que hacer. Yo hacía más bien poco. Eso, si me venía alguna pelota, se la pasaba al Fernandito.
Creo que fue ese mismo año, jugamos quizás el mejor partido de buena parte de nuestras carreras. Partido en el Numancia contra el Numancia. Creo que fue en cuarto y ese año. El Numancia era un campazo, grandioso, y nosotros estábamos acostumbrados a jugar en el corral impracticable de nuestro colegio. Como siempre, los del otro equipo parecían nuestros padres. Nosotros éramos siempre más delgaduchos, más debiluchos, más flojitos. Pero teníamos nuestro qué.
Antes de escribir esto, creía tener más claro cómo fueron los goles, y el resultado del partido incluso. Creo que quedamos dos a cuatro, ganando. En aquel partido yo marqué un gol. De vez en cuando marcaba goles. Tenía mis cosas. Cuando empezábamos el partido, muchas veces hacía el numerito de darle las gafas a mi padre y ponerme mirando hacia mi portería, o hacia una canasta del lateral, haciéndome el ciego, el cegatrón. Teníamos estas cosas. En aquel partido creo que el Maño marcó un gol de falta desde lejísimos. Pero lejos, lejos. Un cañardo de los suyos. El Maño y yo éramos zurdos. El Vega, si no recuerdo mal, también era zurdo, pero escribiendo. No me acuerdo del orden de los goles. Sólo sé que yo le dí un pase al Fernandito López y que él hizo nosequé con el balón y marcó un golazo. Creo que el partido estaba muy igualado y el cuatro a dos... uff, qué grande. ¿Marqué yo un gol o el Fernandito marcó tres? Nos hemos pasado años recordando batallitas de partidos de fútbol y cosas del colegio con el Mario, el Abel y el Edu, aburriendo al personal y ahora no me acuerdo de estas cosas.
Sea como sea, aquel año fue el único que jugué con el Fernandito de delantero centro. Luego ya me tocó con el Merchán, que era otro figuraza, y que creo que también cumplía años por mayo.
Hoy el Fernandito cumple años. A veces no veíamos en la Escuela de Idiomas, y casualmente siempre era en torno a este día. Creo que tiene un crío. Está en el facebook y cuesta poco mirarlo, supongo. Hace poco, unos cuantos días, me ha dado por mirar y buscar a la gente de mi clase. A la gente a la que no suelo ver.
Supongo que es porque me hago mayor y esas cosas. A saber.
Sea como sea, felicidades Fernandito.
El año siguiente, en cuarto, volvieron a hacer una selección y entré en uno de los dos equipos, en concreto en el B. No teníamos mala gente. En punta jugaba el Fernando López. Fernandito. Era un delantero habilidoso. Regateaba muy bien, chutaba a puerta, era más o menos rápido... y había nacido el mismo día que yo. No nos parecíamos mucho. Yo seguía siendo un flaquito cabezón, con más miedo que vergüenza, que jugaba con el número 7 y aún no había descubierto las bondades del 6. Mi misión en el equipo era pasarle bolas al Fernandito. No había nada más que hacer. Chutar fuerte ya lo hacía el Maño. El Buci pequeño jugaba de defensa y la tocaba muy bien. El Fernandito arriba. El Sergio C., jugaba de portero y era otro de los 'buenos', del equipo. Estaba también el Puro, que una vez metió un gol en el Beethoven y nos volvimos todos locos. Y el Vega, que no le daba mal. Y yo ahí, chillando, gritando, 'chuta, dale, ahí no, cuidao, pásala, tira, saca tú'. A mí me gustaba jugar y chillar. Me pasaba el partido diciéndole a los demás qué tenían que hacer. Yo hacía más bien poco. Eso, si me venía alguna pelota, se la pasaba al Fernandito.
Creo que fue ese mismo año, jugamos quizás el mejor partido de buena parte de nuestras carreras. Partido en el Numancia contra el Numancia. Creo que fue en cuarto y ese año. El Numancia era un campazo, grandioso, y nosotros estábamos acostumbrados a jugar en el corral impracticable de nuestro colegio. Como siempre, los del otro equipo parecían nuestros padres. Nosotros éramos siempre más delgaduchos, más debiluchos, más flojitos. Pero teníamos nuestro qué.
Antes de escribir esto, creía tener más claro cómo fueron los goles, y el resultado del partido incluso. Creo que quedamos dos a cuatro, ganando. En aquel partido yo marqué un gol. De vez en cuando marcaba goles. Tenía mis cosas. Cuando empezábamos el partido, muchas veces hacía el numerito de darle las gafas a mi padre y ponerme mirando hacia mi portería, o hacia una canasta del lateral, haciéndome el ciego, el cegatrón. Teníamos estas cosas. En aquel partido creo que el Maño marcó un gol de falta desde lejísimos. Pero lejos, lejos. Un cañardo de los suyos. El Maño y yo éramos zurdos. El Vega, si no recuerdo mal, también era zurdo, pero escribiendo. No me acuerdo del orden de los goles. Sólo sé que yo le dí un pase al Fernandito López y que él hizo nosequé con el balón y marcó un golazo. Creo que el partido estaba muy igualado y el cuatro a dos... uff, qué grande. ¿Marqué yo un gol o el Fernandito marcó tres? Nos hemos pasado años recordando batallitas de partidos de fútbol y cosas del colegio con el Mario, el Abel y el Edu, aburriendo al personal y ahora no me acuerdo de estas cosas.
Sea como sea, aquel año fue el único que jugué con el Fernandito de delantero centro. Luego ya me tocó con el Merchán, que era otro figuraza, y que creo que también cumplía años por mayo.
Hoy el Fernandito cumple años. A veces no veíamos en la Escuela de Idiomas, y casualmente siempre era en torno a este día. Creo que tiene un crío. Está en el facebook y cuesta poco mirarlo, supongo. Hace poco, unos cuantos días, me ha dado por mirar y buscar a la gente de mi clase. A la gente a la que no suelo ver.
Supongo que es porque me hago mayor y esas cosas. A saber.
Sea como sea, felicidades Fernandito.
viernes, 23 de mayo de 2014
Miscelánea - The Brian Jonestown Massacre
Como no tenemos otra cosa en la que pensar, centrémonos en que el día... no sé exactamente el día, creo que el miércoles a las mil... vamos, que tocan los Brian Jonestown Massacre. Entiendo que piensen que soy un brasas con esta gente, pero es de las pocas cosas en las que uno puede confiar. La música, la perra, el dvd. Unas poquitas canciones que justifiquen la obsesión y las palizas que les doy con el tema. Comenzaremos con una canción del disco nuevo, de ahora mismo, una canción que se llama Memory Camp y que se parece a las canciones que han molado toda la vida de este grupo. Los últimos discos son raros, algunos rarísimos, de difícil digestión. Pero parece que, sobre todo en los dos últimos, vuelven a meter cosas de las que han hecho felices a tantos y tantos niños en todo el mundo. Ese rollo abandonado, ese toque lentorro, esa pereza, ese imaginarse al Joel Giddon con la pandereta y esa cara de 'aquí estoy por que he venido'. En fin. Cancionazo.
https://www.youtube.com/watch?v=pVMMzJ2sSW4
Los que hayan seguido este espacio alguna vez, ya me habrán leído alguna vez contar que los conciertos de los Brian Jonestown Massacre son una moneda al aire. El primero al que fui, en Apolo serie b, fue un churro. No tenía ritmo, parones, jijis y jajas, no sé, me defraudó. El segundo, creo que fue en un Primavera Sound, levantó un poco el vuelo, pero fue también algo un tanto impersonal. El tercero, ya en Apolo bien, me gustó mucho. Ahí estuvieron más puestos y aunque el sonido no fuera muy bueno, lo bordaron. Esperemos a ver qué nos depara la fortuna. Anton Newcombe, líder y factotum de la banda, se queja últimamente por el Twitter de que los conciertos que le programan son muy cortos. Tengamos fe. El disco Their Satanic Majesties Request es flipante, eso lo sabe todo el mundo. Y flipante es In India You. A dejarse ir.
https://www.youtube.com/watch?v=Am3XiAPZgqo
Este grupo, durante un tiempo, titulaba sus discos como variaciones de discos o canciones clásicas de los Rolling o de Bob Dylan. Ahora ya hace un poco lo que le da la gana. Del disco Take it From The Man, tienen muchas canciones que, durante mucho tiempo, no podía dejar de escuchar. Viajes en metro interminables que si no llega a ser por esta música, hubieran sido mortales de necesidad. Mortales del todo. Esta canción, Cabin Fever, sin entender la letra ni un carajo, no sé porqué pero es balsámica. No la canta el Newcombe, si no Matt Hollywood. La historia con Matt Hollywood es de traca. Peleas en el escenario, malos rollos, odios eternos... y al final, ha vuelto al redil. Creo que el concierto bueno que les vi, fue porque estaba este muchacho ahí arriba. Otro caraza gafitas. Tenemos malas cartas los carazas gafitas. Aquí les vemos en directo. Muy buena.
https://www.youtube.com/watch?v=jKESkNvu_bY
Otro cancionazo del quince. If i love yo tiene dos versiones, una corta, sin descorche final, y una larga, con descorche final, claro. Está en el disco Bravery, repetition and noise, un disco así como escondido, que no parece a la altura de discos como los dos que he comentado antes, pero que esconde dentro unos temacos de asustarse uno. Esta interpretación en directo dice mucho de lo que es un concierto de Brian Jonestown Massacre, mucho bla bla bla, ju ju, chistes que sólo entienden ellos y los cuatro yankis o guiris que hay entre el público y de vez en cuando se deciden a tocar. Ahora, una vez que enganchan la historia, vaya cancionazo. El primer minuto y pico se lo pasan de cháchara y luego empiezan a tocar. Como digo, esta es la versión larga. Todo lo que es largo, duradero, es más bonito. Bah, cosas mías. Yo creo que si tocan esta, lloraré.
https://www.youtube.com/watch?v=DK0xT4BTVbY
Veremos ahora una interpretación de una canción antigua, del primer disco del grupo, el Methodrone. Era este un disco de guitarrazos y mucho ruido. Y tenía, claro cancionacas. Esta se llama Wisdom, y tiene también una versión posterior en otro disco, creo que el Give it Back, en la que canta también una chica. Como verán, muchas de las canciones que pongo aquí de este grupo tienen todas un tono así como pesaroso, de mal rollo, de chunguez. De pfff. De para qué. Bueno, son estados de ánimo. Carenciales. O algo así. Al parecer es lo que hay. No sé dónde leí hace poco que en las películas de los Cohen se demuestra que aunque seas bueno, estés al tanto de la ley, seas una persona competente, un pequeño error o la desgracia más idiota, te puede hacer caer hasta la situación más desesperada. Pues eso.
https://www.youtube.com/watch?v=w-s3cBXYJNg
Ya esta es la última. La última que será de las primeras. El EP We are the radio fue la puerta de entrada a este grupo fascinante. Eran unas cuatro o cinco canciones que te dejaban atontado del todo y que te animaban a buscar más. Como una droga. Este EP se abría con un himno, el Never been attached to a woman, beast or a child. Qué cosas. Seguía una que se llamaba Seer, que era una barbaridad. Y la tercera ya era esta Time is honey (so cut the shit). En todo este disco una chica Sara Tucek hacía voces, lo que le daba a todo un tono distinto. No era la primera vez, porque siempre han aparecido chicas cantando o haciendo coros, pero aquí era... no sé. Como fue lo primero, fue lo que más dolió. Una cosa...
https://www.youtube.com/watch?v=fwjsO_Qz3NQ
Y nada más. Perdón por la brasa, pero no está el horno para bollos. Que tengan un buen fin de semana todos y nos vemos ya el lunes. Quizás antes. Ah. Una cosa. Voten. Ellos siempre van y nosotros siempre tenemos algo muy cool y muy guay que nos exime de mojarnos. Mójense. Voten.
https://www.youtube.com/watch?v=pVMMzJ2sSW4
Los que hayan seguido este espacio alguna vez, ya me habrán leído alguna vez contar que los conciertos de los Brian Jonestown Massacre son una moneda al aire. El primero al que fui, en Apolo serie b, fue un churro. No tenía ritmo, parones, jijis y jajas, no sé, me defraudó. El segundo, creo que fue en un Primavera Sound, levantó un poco el vuelo, pero fue también algo un tanto impersonal. El tercero, ya en Apolo bien, me gustó mucho. Ahí estuvieron más puestos y aunque el sonido no fuera muy bueno, lo bordaron. Esperemos a ver qué nos depara la fortuna. Anton Newcombe, líder y factotum de la banda, se queja últimamente por el Twitter de que los conciertos que le programan son muy cortos. Tengamos fe. El disco Their Satanic Majesties Request es flipante, eso lo sabe todo el mundo. Y flipante es In India You. A dejarse ir.
https://www.youtube.com/watch?v=Am3XiAPZgqo
Este grupo, durante un tiempo, titulaba sus discos como variaciones de discos o canciones clásicas de los Rolling o de Bob Dylan. Ahora ya hace un poco lo que le da la gana. Del disco Take it From The Man, tienen muchas canciones que, durante mucho tiempo, no podía dejar de escuchar. Viajes en metro interminables que si no llega a ser por esta música, hubieran sido mortales de necesidad. Mortales del todo. Esta canción, Cabin Fever, sin entender la letra ni un carajo, no sé porqué pero es balsámica. No la canta el Newcombe, si no Matt Hollywood. La historia con Matt Hollywood es de traca. Peleas en el escenario, malos rollos, odios eternos... y al final, ha vuelto al redil. Creo que el concierto bueno que les vi, fue porque estaba este muchacho ahí arriba. Otro caraza gafitas. Tenemos malas cartas los carazas gafitas. Aquí les vemos en directo. Muy buena.
https://www.youtube.com/watch?v=jKESkNvu_bY
Otro cancionazo del quince. If i love yo tiene dos versiones, una corta, sin descorche final, y una larga, con descorche final, claro. Está en el disco Bravery, repetition and noise, un disco así como escondido, que no parece a la altura de discos como los dos que he comentado antes, pero que esconde dentro unos temacos de asustarse uno. Esta interpretación en directo dice mucho de lo que es un concierto de Brian Jonestown Massacre, mucho bla bla bla, ju ju, chistes que sólo entienden ellos y los cuatro yankis o guiris que hay entre el público y de vez en cuando se deciden a tocar. Ahora, una vez que enganchan la historia, vaya cancionazo. El primer minuto y pico se lo pasan de cháchara y luego empiezan a tocar. Como digo, esta es la versión larga. Todo lo que es largo, duradero, es más bonito. Bah, cosas mías. Yo creo que si tocan esta, lloraré.
https://www.youtube.com/watch?v=DK0xT4BTVbY
Veremos ahora una interpretación de una canción antigua, del primer disco del grupo, el Methodrone. Era este un disco de guitarrazos y mucho ruido. Y tenía, claro cancionacas. Esta se llama Wisdom, y tiene también una versión posterior en otro disco, creo que el Give it Back, en la que canta también una chica. Como verán, muchas de las canciones que pongo aquí de este grupo tienen todas un tono así como pesaroso, de mal rollo, de chunguez. De pfff. De para qué. Bueno, son estados de ánimo. Carenciales. O algo así. Al parecer es lo que hay. No sé dónde leí hace poco que en las películas de los Cohen se demuestra que aunque seas bueno, estés al tanto de la ley, seas una persona competente, un pequeño error o la desgracia más idiota, te puede hacer caer hasta la situación más desesperada. Pues eso.
https://www.youtube.com/watch?v=w-s3cBXYJNg
Ya esta es la última. La última que será de las primeras. El EP We are the radio fue la puerta de entrada a este grupo fascinante. Eran unas cuatro o cinco canciones que te dejaban atontado del todo y que te animaban a buscar más. Como una droga. Este EP se abría con un himno, el Never been attached to a woman, beast or a child. Qué cosas. Seguía una que se llamaba Seer, que era una barbaridad. Y la tercera ya era esta Time is honey (so cut the shit). En todo este disco una chica Sara Tucek hacía voces, lo que le daba a todo un tono distinto. No era la primera vez, porque siempre han aparecido chicas cantando o haciendo coros, pero aquí era... no sé. Como fue lo primero, fue lo que más dolió. Una cosa...
https://www.youtube.com/watch?v=fwjsO_Qz3NQ
Y nada más. Perdón por la brasa, pero no está el horno para bollos. Que tengan un buen fin de semana todos y nos vemos ya el lunes. Quizás antes. Ah. Una cosa. Voten. Ellos siempre van y nosotros siempre tenemos algo muy cool y muy guay que nos exime de mojarnos. Mójense. Voten.
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