De las memorias de Temístocles Alboraya, extraemos un pasaje que puede resultar esclarecedor. Últimamente, no sabemos cómo, pero todo nos parece esclarecedor. En fin.
'Notaba yo por aquellos días un picor de garganta un tanto sospechoso. A mí no me suele doler nada. Soy una persona fuerte, de aquellas que además alardean de su dureza y vigor. No por nada, corro todos los días unos veinte kilómetros antes de desempeñar mi labor y tengo a gala no haber faltado a mi puesto de trabajo como Viceconsejero del Área de Pertrechos y Cosas ni un sólo día desde mi nombramiento. Un picor de garganta que me nacía de dentro de la garganta, pero no del cuello. No sabría describirlo, pero era un picor que me sobrevino de noche, un picor que me obligó a ir a beber agua. Yo que nunca me levanto por las noches y que duermo siempre de un tirón. Ese picor de garganta fue en aumento. Le comuniqué a la secretaria del departamento que quizás debería buscar un hueco en la agenda para ir al médico, porque ese picor... La secretaria, doña Romalinda Abraira, hizo la gestión y cuadró la visita para tres días después. A lo largo de esos días, yo pensaba que el picor cesaría y volvería ser esa persona sana y robusta, ese ejemplo para mis conciudadanos como persona que se ha hecho a sí misma. Desde abajo. Yo, y no quisiera ser pesado en este punto, me precio y me preciaba de ser una persona admirada por mis vecinos. Entendía que, sin lugar a dudas, mi ejemplo como persona que había conseguido alcanzar un puesto tan alto en la administración de los asuntos públicos, mostrando firmeza, fiereza y una determinacióna prueba de bombas, era visto por mis convecinos con admiración y respeto. Caminaba siempre con la cabeza erguida, saludando a diestro y siniestro a personas a las que no conocía más que de vista, pero que sabía que se alegrarían de ser saludados por mí. No tenía tiempo de recordar sus nombres, pero esperaba que mi gesto, les reconfortara. Tenía la conciencia de que mis pasos eran seguidos por todos aquellos que querían ver en mí un ejemplo, una figura icónica. Un algo. En un lugar como en el que vivimos, aquí en Villastanza de Llorera, no abundan las personas que sirvan de referencia. El picor de garganta iba en aumento. No cesaba. Empezaba a toser e incluso a estornudar. Me encontraba algo incómodo. No recordaba, salvo en los años de mi infancia, haberme puesto enfermo jamás. ¿Lo he dicho ya? Mi última visita a un centro médico había tenido lugar con quince años por un problema que nada tenía que ver con endebleces o enfermedades. Desde entonces, nada. Mi vida sana y equilibrada, mi comportamiento irreprochable, pensaba yo que debía servir de espejo para todos. De hecho, desde mi cargo, influí en decisiones tales como la supresión de centros médicos, para no despertar la tentación de ponerse malo sin motivo. Pensé que, si yo no enfermaba, porqué habían de enfermar los demás. Si suprimía la tentación, todo podría solucionarse. Mi ejemplo y la necesidad, obligarían a mis conciudadanos a ser mejores. Esa era mi idea. Y pensé que, de alguna manera u otra, era aprobada por todos. Un día, el día de antes de la visita al médico, no me podía levantar de la cama. Algo ocurría, creo que era fiebre o algo similar. Estaba enfermo. No lo entendía, pero asumí que quizás algo había hecho mal. Quizás no haberme protegido del viento aquel día junto al río. No sé. No le dí mayor importancia. Salí hacia la Clínica Cremsteimer y quedé ingresado por una neumonía. No abandoné el hospital hasta dos semanas después. Creo que acorté los plazos de recuperación por mi constitución fuerte y recia. Cuando llegué de nuevo a Villastanza de Llorera, me encontré con un pueblo sumido en el caos. Me informaron de que, poco después de que partiera hacia el hospital se había formado de manera espontánea una conga que empezó a recorrer el pueblo ese día de mi partida y no había parado desde entonces. Es bueno que el pueblo se divierta, pensé, pero...'.
martes, 31 de marzo de 2015
lunes, 30 de marzo de 2015
Como un pez fuera del agua
Una persona que vende carne, me pide que escriba sobre pescado. Eso que ven es un pez. Un pez extraído del río Besòs. Es una carpa. Karpov. Una carpa gorda. Esta vez no he visto cómo se pescaban las anguilas, las bargas o las carpas, porque llegué un poco más tarde. La vez anterior estuve a primerísima hora y ví como lo montaban todo. Esta vez, lo que hice fue desmontar. El río Besòs, esa cloaca a cielo abierto de hace unos años, es hoy un espacio en el que los niños corretean por sus márgenes, las personas humanas juegan a fútbol, los forrados de lycra corren con cara de morir en cualquier instante y los ciclistas... pues son ciclistas. Y también hay seres vivos dentro del río. Todavía nos asombramos de dos cosas. Primero, de ver a alguien metiéndose dentro del río para hacer algo. Segundo, de que dentro del río haya algo. Los niños se agolpan ante la mesa donde se muestran los peces y se miden. Uala. A cada pez que se muestra. Uala. El pez aguanta los manoseos, las manipulaciones, las mediciones hasta que lo vuelven a meter en un cubo y del cubo pasa de nuevo al agua. Estas mediciones y comprobaciones que se hacen con ellos, antes se hacían digamos que a puerta cerrada y ahora se hacen de cara al público. Así el personal sabe y sabemos qué pasa en el río. El que quiere preguntar, claro.
Los ríos son nuestras vidas que van a parar al mar, que es el morir. Hago mil fotos del río. Cada vez que paso por el puente de Santa Coloma, hago una foto. Los que somos del barrio, no nos acabamos de creer que esas imágenes de riberas verdes y gente haciendo cosas de manera civilizada y ordenada sean reales. Foto. Luego me paso la vida borrando archivos. Foto. Foto con mucha luz, foto de noche, foto que sale movida, foto. ¿A quién le debemos lo del río? A quien tiene el poder, supongo. Claro. No va a ser otra persona que no tiene mano con Europa o con quien da la pasta. Es el dinero.
Tener el poder y estar al lado del poder. Al final va a tratarse de eso. De estar cerca del poder. Del que tiene el dinero, de quien hace la ley. A pequeña o gran escala. Querer estar cerca del que gana. A veces me acuerdo del chiste de Gila, aquel en el que dice que iba por la calle y vio a un par que le estaban pegando una paliza a uno que estaba en el suelo... y que se unió a ellos y entre los tres le dieron una... pues eso. Estar con el que va el primero. Ganar. Se trata de eso, de no estar con los que prometen y prometen y no van a poder hacerlo porque no van a ganar. Es mejor ganar. Es mejor pasear con el báculo por las calles y viajar en el tiempo hasta tiempos muy remotos y ser partícipe de una tradición muy respetable pero que ya me dirás qué pinta la institución posando con un báculo, con un niño vestido de cofrade, saludando la entrada de la imagen en el templo. La religiosidad está muy bien, claro, yo tengo pedradas mucho peores, pero no sé yo si la institución ha de dar cobertura a toda esa parafernalia. A todas.
El pez está fuera del agua y no piensa. Yo pienso por el pez. Tengo muchas cosas en las que pensar. El pez sabe que le han de volver a meter en el agua, creo. El pez no cree que de verdad vayan a dejarle morir. No puede ser. No puede ser verdad. No puede haber gente tan mala como para que te saquen del río así a las bravas, te metan en un cubo, te dejen en una mesa, te manoseen los críos y luego, finalmente... no te devuelvan a tu lugar. Estoy un poco oscuro. Todo se ha vuelto oscuro. Parecía que la primavera había llegado. El sábado la saludamos, con panderetas, trompetas y un ritmazo que me puso más contento que... no se me ocurre nada que pueda estar tan contento como yo cuando estoy contento. Pero no estoy contento. La felicidad es eso que le pasa a otros. Si quieren saber qué es estar contento o feliz, no me busquen, que a mí no me toca.
Una ciudad con algo que ofrecer más allá de lo que pasa siempre. Si somos una ciudad así, porqué no pensar que pudiéramos ser así y además con otras cosas. Esas cosas. Por ejemplo, una ciudad que tiene un río donde hay seres vivos. Saber que te puedes asomar al río para ver peces. Porque hay peces. Peces gordos como ese de la foto. Una carpa. Karpov. Yo no quiero hacer ningún símil más. Me gustaría ser mucho más directo cuando escribo. Ser más claro. Pero no puedo. Ruego que me disculpen porque no puedo ser más claro. Me gustaría que la gente no viera estas cosas de los verdes huertos, las viñas, las carpas en el Besòs, como chorradas que se venden para hacer bonito. Que no pensara la gente eso de 'pues con la de cosas que hay más graves, mira que estar todo el día con el coño de lo verde...'. Pero es que lo verde y hacer cosas diferentes, pues pinta la vida de otro color. Y lo otro, que la gente lo pasa mal y querer arreglarlo cambiando ese puto sistema, acabando con él y creando otro distinto, no está tan lejos de hacer ver que la vida puede ser de otra manera simplemente sacando un pez del río y enseñándoselo a unos niños que tienen unos padres con un móvil HTC que hace unas fotos bien guapas. La vida debe ser de otra manera. Pero parece que le va a pasar a otros.
No debe ser lo de siempre. No estar con el báculo en la mano esperando a que entre el santo. No ser amigo del que va a ganar, siendo muy valiente con el que menos tiene. Esto podría ser de otra manera. Siendo más generoso con el que es muy parecido a lo que es uno. Disfrutando al menos de lo que tenemos y valorando lo que nos aporta. Esto parece muy poco de izquierdas, pero el bastón de mando en la mano tampoco es guevarista que digamos. Puedes tener algo muy bonito en ciernes, pero perdiendo lo que ya es. Da gracias a lo que tienes.
Eres un pez fuera del agua. No tú. Yo. Ahora hablo de mí en tercera persona. Esto es el preludio del endiosamiento. De creerme fuera de la realidad. La realidad es preciosa. Pero le pasa a otros. No me pasa a mí. La realidad puede ser ver a la Lourdes haciendo cosas en el teatro de La Colmena que no te crees que pueda hacer la Lourdes. Pero es que yo conozco a la Lourdes muy poco. Tampoco sé muy bien lo que es la realidad. No la sé ver.
Los ríos son nuestras vidas que van a parar al mar, que es el morir. Hago mil fotos del río. Cada vez que paso por el puente de Santa Coloma, hago una foto. Los que somos del barrio, no nos acabamos de creer que esas imágenes de riberas verdes y gente haciendo cosas de manera civilizada y ordenada sean reales. Foto. Luego me paso la vida borrando archivos. Foto. Foto con mucha luz, foto de noche, foto que sale movida, foto. ¿A quién le debemos lo del río? A quien tiene el poder, supongo. Claro. No va a ser otra persona que no tiene mano con Europa o con quien da la pasta. Es el dinero.
Tener el poder y estar al lado del poder. Al final va a tratarse de eso. De estar cerca del poder. Del que tiene el dinero, de quien hace la ley. A pequeña o gran escala. Querer estar cerca del que gana. A veces me acuerdo del chiste de Gila, aquel en el que dice que iba por la calle y vio a un par que le estaban pegando una paliza a uno que estaba en el suelo... y que se unió a ellos y entre los tres le dieron una... pues eso. Estar con el que va el primero. Ganar. Se trata de eso, de no estar con los que prometen y prometen y no van a poder hacerlo porque no van a ganar. Es mejor ganar. Es mejor pasear con el báculo por las calles y viajar en el tiempo hasta tiempos muy remotos y ser partícipe de una tradición muy respetable pero que ya me dirás qué pinta la institución posando con un báculo, con un niño vestido de cofrade, saludando la entrada de la imagen en el templo. La religiosidad está muy bien, claro, yo tengo pedradas mucho peores, pero no sé yo si la institución ha de dar cobertura a toda esa parafernalia. A todas.
El pez está fuera del agua y no piensa. Yo pienso por el pez. Tengo muchas cosas en las que pensar. El pez sabe que le han de volver a meter en el agua, creo. El pez no cree que de verdad vayan a dejarle morir. No puede ser. No puede ser verdad. No puede haber gente tan mala como para que te saquen del río así a las bravas, te metan en un cubo, te dejen en una mesa, te manoseen los críos y luego, finalmente... no te devuelvan a tu lugar. Estoy un poco oscuro. Todo se ha vuelto oscuro. Parecía que la primavera había llegado. El sábado la saludamos, con panderetas, trompetas y un ritmazo que me puso más contento que... no se me ocurre nada que pueda estar tan contento como yo cuando estoy contento. Pero no estoy contento. La felicidad es eso que le pasa a otros. Si quieren saber qué es estar contento o feliz, no me busquen, que a mí no me toca.
Una ciudad con algo que ofrecer más allá de lo que pasa siempre. Si somos una ciudad así, porqué no pensar que pudiéramos ser así y además con otras cosas. Esas cosas. Por ejemplo, una ciudad que tiene un río donde hay seres vivos. Saber que te puedes asomar al río para ver peces. Porque hay peces. Peces gordos como ese de la foto. Una carpa. Karpov. Yo no quiero hacer ningún símil más. Me gustaría ser mucho más directo cuando escribo. Ser más claro. Pero no puedo. Ruego que me disculpen porque no puedo ser más claro. Me gustaría que la gente no viera estas cosas de los verdes huertos, las viñas, las carpas en el Besòs, como chorradas que se venden para hacer bonito. Que no pensara la gente eso de 'pues con la de cosas que hay más graves, mira que estar todo el día con el coño de lo verde...'. Pero es que lo verde y hacer cosas diferentes, pues pinta la vida de otro color. Y lo otro, que la gente lo pasa mal y querer arreglarlo cambiando ese puto sistema, acabando con él y creando otro distinto, no está tan lejos de hacer ver que la vida puede ser de otra manera simplemente sacando un pez del río y enseñándoselo a unos niños que tienen unos padres con un móvil HTC que hace unas fotos bien guapas. La vida debe ser de otra manera. Pero parece que le va a pasar a otros.
No debe ser lo de siempre. No estar con el báculo en la mano esperando a que entre el santo. No ser amigo del que va a ganar, siendo muy valiente con el que menos tiene. Esto podría ser de otra manera. Siendo más generoso con el que es muy parecido a lo que es uno. Disfrutando al menos de lo que tenemos y valorando lo que nos aporta. Esto parece muy poco de izquierdas, pero el bastón de mando en la mano tampoco es guevarista que digamos. Puedes tener algo muy bonito en ciernes, pero perdiendo lo que ya es. Da gracias a lo que tienes.
Eres un pez fuera del agua. No tú. Yo. Ahora hablo de mí en tercera persona. Esto es el preludio del endiosamiento. De creerme fuera de la realidad. La realidad es preciosa. Pero le pasa a otros. No me pasa a mí. La realidad puede ser ver a la Lourdes haciendo cosas en el teatro de La Colmena que no te crees que pueda hacer la Lourdes. Pero es que yo conozco a la Lourdes muy poco. Tampoco sé muy bien lo que es la realidad. No la sé ver.
viernes, 27 de marzo de 2015
Vitas Gerulaitis y perder
Algunos me conocéis, otros no. Algunos no quieren conocerme, otros se mueren de ganas. Es un poco como todo. Los que me conocen saben que de vez en cuando se me meten nombres raros en la cabeza. Hay temporadas que me habréis cogido murmurando entre dientes 'Wojceck, Wojceck...', o bien 'Stroszek, Stroszek...', y antes 'Komazec, Komazec...'. Desde hace algunos días el nombre que me asalta es el de Vitas Gerulaitis. Vitas Gerulaitis. Todo junto. Vitas Gerulaitis. En fin. Mis conocimientos enciclopédicos sobre casi todo me remitían a un tenista de finales de los setenta y los ochenta, que no era demasiado malo, pero tampoco era demasiado bueno. Norteamericano. De la época de McEnroe, Connors, etc. Murió hace poco. Al parecer tuvo una vida disipada. Bien que hizo. Como soy una persona la mar de curiosa, quise buscar más cosas sobre Vitas Gerulaitis, ya que, si ocupa parte de mi pensamiento, porqué no podría ocupar también parte de mi tiempo. A veces escribo cosas que ni yo entiendo. Frases, construcciones gramaticales, oraciones, no sé. El caso es que buscando, me encontré con una historia curiosa. Resulta que el tal Vitas era un cachondo. Como digo, era de los buenos, pero estaba un peldaño por debajo de Lendl, Wilander, McEnroe... y Connors. Así las cosas, tras encadenar una racha de 16 derrotas consecutivas ante Jimmy Connors, consiguió vencerle en un partido. Vitas Gerulaitis se plantó ante los medios en la rueda de prensa posterior y ni corto ni perezoso soltó: que todo el mundo se entere, nadie gana a Vitas Gerulaitis 17 veces seguidas.
Da que pensar. Acostumbrarte a ganar, gestionar la victoria, eso de hacer una cosa y triunfar, eso debe ser la leche. Pero no es nuestro caso. Acostumbrarnos al fracaso. Acostumbrarnos a perder. Encadenar derrota tras derrota, hasta la derrota final. Eso de derrota tras derrota hasta la victoria final, eso le pasa a otros. No saber ver que una derrota es algo malo, que de las derrotas se aprende, sí, pero eso, se aprende, no se insiste en el error. Una derrota tras otra. Ganar, perder. Hay gente que piensa que va a ganar. La canción de la Velvet Underground, la de Pobre Cowboy Bill, pero en la versión de Derribos Arias, cuando dice lo de 'él piensa que va a ganar, pero no sabe que...'. Saber perder. Dicen que saber perder es bueno, que saber perder es una forma elegante de vivir. O de gestionar lo que sea. Pierdes 16 veces y aún tienes el humor de decir que, has visto? al final he ganado. Insistir en lo mismo. Insistir en que el camino es largo y que al final venceremos. Insistir en que tenemos la razón nosotros y que al final vendrán a vernos, a llamarnos, a reirse con nosotros. Nadie lo sabe. El texto de hoy era el texto de ayer. El texto se va a quedar algo incompleto, porque no sé realmente qué es lo que quiero decir. Eso también pasa. No siempre uno tiene claro lo que está diciendo. No sé. Perder. Que no valga de nada. Que después de 16 derrotas consecutivas, es posible que no ganes, que puede ser que haya una nueva derrota, que siempre estés perdiendo. En ese caso, puedes hacer muchas cosas, pero ninguna es realmente importante. A esto me refiero. A ir tecleando por teclear. Vitas Gerulaitis. Tan rubio y tan salado y no ganó, pero igual no le importaba. Porque ganaba en otras cosas. O no. O iba de ruina en ruina sin remisión. Me da igual.
A mi practicamente me da todo igual. Una vez que te acostumbras a no ganar, pierdes la perspectiva. Ni siquiera sabes si vas ganando alguna vez. Pero tampoco me gusta que me hagan palmas y que la mística de la derrota me inunde. Eso no. Bueno, no sé.
Da que pensar. Acostumbrarte a ganar, gestionar la victoria, eso de hacer una cosa y triunfar, eso debe ser la leche. Pero no es nuestro caso. Acostumbrarnos al fracaso. Acostumbrarnos a perder. Encadenar derrota tras derrota, hasta la derrota final. Eso de derrota tras derrota hasta la victoria final, eso le pasa a otros. No saber ver que una derrota es algo malo, que de las derrotas se aprende, sí, pero eso, se aprende, no se insiste en el error. Una derrota tras otra. Ganar, perder. Hay gente que piensa que va a ganar. La canción de la Velvet Underground, la de Pobre Cowboy Bill, pero en la versión de Derribos Arias, cuando dice lo de 'él piensa que va a ganar, pero no sabe que...'. Saber perder. Dicen que saber perder es bueno, que saber perder es una forma elegante de vivir. O de gestionar lo que sea. Pierdes 16 veces y aún tienes el humor de decir que, has visto? al final he ganado. Insistir en lo mismo. Insistir en que el camino es largo y que al final venceremos. Insistir en que tenemos la razón nosotros y que al final vendrán a vernos, a llamarnos, a reirse con nosotros. Nadie lo sabe. El texto de hoy era el texto de ayer. El texto se va a quedar algo incompleto, porque no sé realmente qué es lo que quiero decir. Eso también pasa. No siempre uno tiene claro lo que está diciendo. No sé. Perder. Que no valga de nada. Que después de 16 derrotas consecutivas, es posible que no ganes, que puede ser que haya una nueva derrota, que siempre estés perdiendo. En ese caso, puedes hacer muchas cosas, pero ninguna es realmente importante. A esto me refiero. A ir tecleando por teclear. Vitas Gerulaitis. Tan rubio y tan salado y no ganó, pero igual no le importaba. Porque ganaba en otras cosas. O no. O iba de ruina en ruina sin remisión. Me da igual.
A mi practicamente me da todo igual. Una vez que te acostumbras a no ganar, pierdes la perspectiva. Ni siquiera sabes si vas ganando alguna vez. Pero tampoco me gusta que me hagan palmas y que la mística de la derrota me inunde. Eso no. Bueno, no sé.
miércoles, 25 de marzo de 2015
La reflexión de Gurupta
Quien estuviera a punto, pero a punto, de entrar en la terna de favoritos a ganar el Premio Chulderstein, el indio Sharandar Ranaram, nos entrega un interesante texto incluído en su recopilatorio de relatos breves 'Santos Lugares'.
Nota: el 35% del consejo de redacción de este espacio no considera este texto interesante y se ha llegado al acuerdo de incluir la nota presente para mostrar nuestra disfoncormidad, perdón, disconformidad.
'Cuentan, algunos, no todos, porque no todos cuentan, que en aquel tiempo llegó de un lugar lejano un sabio brahman al que llamaban Gurupta. Gurupta vivía, decían, algunos, no todos, en una choza, donde practicaba la meditación y el ayuno y de vez en cuando prodigaba buenos consejos a aquellos que se acercaban a conversar con él. Le gustaba hablar con las personas, con las gentes, con quienes tenían alguna duda, incluso con aquellos que mostraban las más firmes certezas. Salía poco de la choza, pero de vez en cuando salía a estirar las piernas, tras unos preceptivos días de recogimiento, porque era brahman, pero tenía sus momentos. En una de esas salidas, sin realmente darse cuenta, cayó en un pozo que se había abierto en el pueblo hacía muchos años y que, algunos, no todos, consideraban ya agotado. Nadie se había preocupado de cerrar el pozo, pero en el pueblo todos se daban por enterados de todo y nadie había caído en él. Gurupta, como foráneo, no lo vió... en definitiva que se cayó en el pozo.
Cuando Gurupta cayó en el pozo, no dijo nada. Consideró que era una experiencia interesante y que le serviría para arreciar su espíritu meditativo y reflexivo. Gurupta, que no cayó en ninguna mala postura ni sufrió un daño que le causara mal alguno, se encontraba perfectamente. El pozo tenía una profundidad de unos cuatro metros. Gurupta, se sentó, cerró los ojos y comenzó a pensar y reflexionar en ese pozo que se le antojó la mejor de las moradas. Al cabo de unos minutos, quizás media hora, quizás una hora, puede que pasaran tres o cuatro horas, Gurupta fue hilando las distintas posibilidades de vida que se le venían encima si acaso seguía tan a gustito en el agujero en el que se había metido. Sin duda, la meditación en completa soledad era absolutamente mejor que la que practicaba en la choza. Sin duda, el ayuno era más cierto que el que practicaba en la choza. Todo era más puro y más sentido. Todo era más auténtico y más claro. Estaba alcanzando cotas de reflexión y llegando a puntos de sabiduría en esas cuantas horas que llevaba en el pozo que nunca había logrado alcanzar en su choza ni en cualquiera de las otras chozas que había habitado. Se encontraba cómodo, se encontraba tan bien. Cerró de nuevo los ojos para continuar con su meditación y percibir desde dentro todo lo que ocurre y acontece en el universo junto con la unidad y el todo. Sentía la energía, la vida, generaba a su alrededor una luz que no existía. Pero de repente, una voz, que era su voz y que él mismo articulaba, pronunció unas palabras. De hecho no las pronunció, más bien las gritó. 'Sacadme de aquí por favor'.'
Nota: el 35% del consejo de redacción de este espacio no considera este texto interesante y se ha llegado al acuerdo de incluir la nota presente para mostrar nuestra disfoncormidad, perdón, disconformidad.
'Cuentan, algunos, no todos, porque no todos cuentan, que en aquel tiempo llegó de un lugar lejano un sabio brahman al que llamaban Gurupta. Gurupta vivía, decían, algunos, no todos, en una choza, donde practicaba la meditación y el ayuno y de vez en cuando prodigaba buenos consejos a aquellos que se acercaban a conversar con él. Le gustaba hablar con las personas, con las gentes, con quienes tenían alguna duda, incluso con aquellos que mostraban las más firmes certezas. Salía poco de la choza, pero de vez en cuando salía a estirar las piernas, tras unos preceptivos días de recogimiento, porque era brahman, pero tenía sus momentos. En una de esas salidas, sin realmente darse cuenta, cayó en un pozo que se había abierto en el pueblo hacía muchos años y que, algunos, no todos, consideraban ya agotado. Nadie se había preocupado de cerrar el pozo, pero en el pueblo todos se daban por enterados de todo y nadie había caído en él. Gurupta, como foráneo, no lo vió... en definitiva que se cayó en el pozo.
Cuando Gurupta cayó en el pozo, no dijo nada. Consideró que era una experiencia interesante y que le serviría para arreciar su espíritu meditativo y reflexivo. Gurupta, que no cayó en ninguna mala postura ni sufrió un daño que le causara mal alguno, se encontraba perfectamente. El pozo tenía una profundidad de unos cuatro metros. Gurupta, se sentó, cerró los ojos y comenzó a pensar y reflexionar en ese pozo que se le antojó la mejor de las moradas. Al cabo de unos minutos, quizás media hora, quizás una hora, puede que pasaran tres o cuatro horas, Gurupta fue hilando las distintas posibilidades de vida que se le venían encima si acaso seguía tan a gustito en el agujero en el que se había metido. Sin duda, la meditación en completa soledad era absolutamente mejor que la que practicaba en la choza. Sin duda, el ayuno era más cierto que el que practicaba en la choza. Todo era más puro y más sentido. Todo era más auténtico y más claro. Estaba alcanzando cotas de reflexión y llegando a puntos de sabiduría en esas cuantas horas que llevaba en el pozo que nunca había logrado alcanzar en su choza ni en cualquiera de las otras chozas que había habitado. Se encontraba cómodo, se encontraba tan bien. Cerró de nuevo los ojos para continuar con su meditación y percibir desde dentro todo lo que ocurre y acontece en el universo junto con la unidad y el todo. Sentía la energía, la vida, generaba a su alrededor una luz que no existía. Pero de repente, una voz, que era su voz y que él mismo articulaba, pronunció unas palabras. De hecho no las pronunció, más bien las gritó. 'Sacadme de aquí por favor'.'
martes, 24 de marzo de 2015
Mascarada
- Es hoy, Yanáyev.
- Rogaría, si no es demasiado pedir, que se me respetara el título. Barón Yanáyev para usted.
- Perdón, Barón Yanáyev, pero sea como sea, debo insistir. Es hoy.
- No es hoy. Me lo habría apuntado en alguna parte o bien saldría reflejado en cualquiera de los múltiples documentos que tengo por aquí guardados. Y no sale.
- Pues es hoy.
- Que no puede ser. Además, me habría invitado a su fiesta de aniversario. Siempre lo hace. Recuerdo... bueno, te podría contar mil y una anécdotas divertidísimas de...
- Barón, Yanáyev, que es hoy.
- Que no es hoy, qué pesada. Mira, te voy a enseñar una cosa a ver si la encuentro por aquí...
- Mira, Barón Yanáyev, que ya nos conocemos, que no busques ni mires ni nada, que no. Que es hoy, que lo tengo yo apuntado en la tablet.
- ¿En la qué?
- En la tablet.
- En la tablet... Me dejas de piedra. En la tablet... debe ser algún tipo de archivador francés que desconozco. Francia es un gran país. Durante todos los años que pasé en París, su capital, pude darme cuenta de que Francia atesora en su cultura y refinamiento un...
- Barón, por favor, no me lo cuente más. Ahórrese los rollos. Que es hoy.
- Es que no entiendo cómo puede ser hoy. Si yo no tengo nada por aquí. Y la verdad, es que me siento fatal porque siempre acabo olvidando algo o metiendo la pata y... me sabe fatal. Porque aprecio mucho a Madame y... ¿De verdad que es hoy?
- Es que es hoy.
- Que no puede ser hoy, caramba. Yo creo que en las fiestas que ha dado Madame para su aniversario, siempre hemos ido vestidos con ropa ligera. Incluso recuerdo una vez en la que me quité el...
- Si, si, Barón, que yo también me acuerdo. Pero que se quitó usted el desto por otra cosa, porque se puso como Tony Curtis...
- ¿Tony quién? Oye, de verdad, entre unas cosas y otras me vas a acabar volviendo loco.
- Es que ya está usted loco, Barón. ¿No lo recuerda? Es usted. Lo tiene en su cabeza.
- En mi cabeza.
- Sí. En su cabeza, Barón Yanáyev. Usted no es ningún Barón, ni es ruso, ni nada. Llegó aquí hace tiempo vestido como un cuadro de Velázquez, pero no de Menina, sino como los reyes que salen en las pinturas. Dijo que se llamaba Yanáyev, que venía en una misión especial de parte de la Condesa de Croissant y que debía entregar una carta a Su Majestad el rey Felipe precisamente. Y nosotros le acogimos aquí y le cuidamos y está usted tan tranquilo, viviendo sin sobresaltos. Cuando llegó estaba usted hecho polvo...
- Normal, venía de un largo viaje...
- Sí, de un largo viaje. Y repetía constantemente que debía partir pronto porque el 24 de marzo era el aniversario de Madame no quería perderse la fiesta. Pero se quedó dormido y ya no ha vuelto a salir de aquí.
- Es hoy.
- Es hoy, Barón.
- Y yo no voy a ir a la fiesta.
- Si cierra los ojos...
Feliz día, Madame. Muchos Bisous!
- Rogaría, si no es demasiado pedir, que se me respetara el título. Barón Yanáyev para usted.
- Perdón, Barón Yanáyev, pero sea como sea, debo insistir. Es hoy.
- No es hoy. Me lo habría apuntado en alguna parte o bien saldría reflejado en cualquiera de los múltiples documentos que tengo por aquí guardados. Y no sale.
- Pues es hoy.
- Que no puede ser. Además, me habría invitado a su fiesta de aniversario. Siempre lo hace. Recuerdo... bueno, te podría contar mil y una anécdotas divertidísimas de...
- Barón, Yanáyev, que es hoy.
- Que no es hoy, qué pesada. Mira, te voy a enseñar una cosa a ver si la encuentro por aquí...
- Mira, Barón Yanáyev, que ya nos conocemos, que no busques ni mires ni nada, que no. Que es hoy, que lo tengo yo apuntado en la tablet.
- ¿En la qué?
- En la tablet.
- En la tablet... Me dejas de piedra. En la tablet... debe ser algún tipo de archivador francés que desconozco. Francia es un gran país. Durante todos los años que pasé en París, su capital, pude darme cuenta de que Francia atesora en su cultura y refinamiento un...
- Barón, por favor, no me lo cuente más. Ahórrese los rollos. Que es hoy.
- Es que no entiendo cómo puede ser hoy. Si yo no tengo nada por aquí. Y la verdad, es que me siento fatal porque siempre acabo olvidando algo o metiendo la pata y... me sabe fatal. Porque aprecio mucho a Madame y... ¿De verdad que es hoy?
- Es que es hoy.
- Que no puede ser hoy, caramba. Yo creo que en las fiestas que ha dado Madame para su aniversario, siempre hemos ido vestidos con ropa ligera. Incluso recuerdo una vez en la que me quité el...
- Si, si, Barón, que yo también me acuerdo. Pero que se quitó usted el desto por otra cosa, porque se puso como Tony Curtis...
- ¿Tony quién? Oye, de verdad, entre unas cosas y otras me vas a acabar volviendo loco.
- Es que ya está usted loco, Barón. ¿No lo recuerda? Es usted. Lo tiene en su cabeza.
- En mi cabeza.
- Sí. En su cabeza, Barón Yanáyev. Usted no es ningún Barón, ni es ruso, ni nada. Llegó aquí hace tiempo vestido como un cuadro de Velázquez, pero no de Menina, sino como los reyes que salen en las pinturas. Dijo que se llamaba Yanáyev, que venía en una misión especial de parte de la Condesa de Croissant y que debía entregar una carta a Su Majestad el rey Felipe precisamente. Y nosotros le acogimos aquí y le cuidamos y está usted tan tranquilo, viviendo sin sobresaltos. Cuando llegó estaba usted hecho polvo...
- Normal, venía de un largo viaje...
- Sí, de un largo viaje. Y repetía constantemente que debía partir pronto porque el 24 de marzo era el aniversario de Madame no quería perderse la fiesta. Pero se quedó dormido y ya no ha vuelto a salir de aquí.
- Es hoy.
- Es hoy, Barón.
- Y yo no voy a ir a la fiesta.
- Si cierra los ojos...
Feliz día, Madame. Muchos Bisous!
lunes, 23 de marzo de 2015
21M y 22M. Dos días que hicieron temblar al mundo.
Rendición. No se me vale. Empiezo otra vez. Empecemos otra vez. No lo hagamos más. A no ser que ya seamos esto y nos conformemos y nos haga gracia ser así y nos miremos unos a otros y pensemos 'todo está bien, abrázame'. Si es así, bien. No hay problema. Pero guardemos el secreto entre nosotros. Busquemos la luz. Construyamos la luz. Vivamos como comadrejas en madrigueras y pensemos que fuera se equivocan, que tenemos una ideaca terrible y que el día que la gente la entienda, ese día... quizás no llegue nunca ese día, pero ese día...
Yo no fui el año pasado a las Marchas de la Dignidad. Me perdí el año bueno, me perdí la emoción de las columnas al llegar, me perdí la reunión de gente venida de todos los rincones del Estado que demandaban algo tan básico como Pan, Techo y Trabajo, me perdí la efervescencia de un movimiento todavía bastante unitario que parecía poner las bases para un cambio real. Me lo perdí. No fui a Madrid y la gente vino contando maravillas. He ido este año. Gente que fue el año pasado este año no vino. He ido yo, precisamente. ¿Porqué no ha venido más gente? Tengo algunas teorías, pero me centraré en una que se me ha ocurrido a mí solito y no la comparte posiblemente nadie. Yo creo que es que nos hemos quedado solos. Los del partido y pocos más. La gente ha encontrado otro fenómeno de moda y nosotros nos hemos quedado bastante solos. Lo que no sé es si esto va a ser para siempre o va a volver a su ser. Gente que vino ya no se apuntó este año. Los andaluces no podían venir, que son muchos también. Pero de aquí, al parecer, había mucha mucha gente y este año... pues como que no.
Salimos de Santa Coloma a bordo de un autocar miembros de dos organizaciones coaligadas en lo universal y una representación de movimientos sociales de la ciudad. El plan es el siguiente, vamos a Sant Vicenç dels Horts a recoger a una gente y tiramos para Madrid, llegaremos sobre las siete o así. Planes para cuando lleguemos a Madrid. Que si se llega temprano, pues se puede aprovechar para hacer alguna cosa en plan ir al Prado o algo... pero lo digo así como por lo bajini, o en plan 'estoy haciendo broma', pero no, porque queda fatal no compartir la fraternidad de las columnas al llegar y esos momentos de reconocimiento de que somos todos uno y... En Sant Vicenç no hay nadie. Llueve. Tenemos que ir a Igualada. Sueño. Recogemos en Igualada a una gente. A unos compañeros. Pero no sé si son compañeros o no. Serán, seguramente. Llueve. El autocar empieza a hacer cosas raras. Quizás las hace antes. Que si suena un piloto, que si ojo, que si qué pasa, que a ver, que se para en la cuneta. Que si está roto. Que si es el filtro. Que si vamos. Que si arranca. Que se para. Que se para en un área de servicio en nosedónde. Con paradas y paradas el autocar llega a Alfajarín. La parada. Alfajarín (jaja,jiji) es el lugar. El área de servicio por antonomasia. El lugar en mitad del trayecto. No esperes. No temas. Estarás listo en un segundo, podrás descansar, qué bonitos los escudos. El de la Damm, el de Graningas... Pero qué noche más mala. Un donut, un café con leche, el lavabo. Y dormir. Nos hemos puesto en el mejor sitio, en el autocar, en la puerta central, hay una especie de baranda delante del asiento y puedes colgar las piernas. El dolor de gemelos es brutal, pero por vacilar que no quede. Al cuarto de hora ya has bajado los pies y estás igual de incómodo que en otra parte, pero consideramos que es el mejor sitio del autocar y punto. No nos lo pueden quitar. Fraternalmente, pero ese sitio es nuestro. La gente del autocar duerme. El autocar está roto. De vez en cuando el autocar para en la cuneta en plan 'hasta aquí'. El pueblo vive tranquilo pensando que todo va bien, pero de vez en cuando la cosa ha podido quedar en 'y aquí nos hemos quedado'. Ese momento llega ya en Alcolea del Pinar, Guadalajara. Llegamos a las seis o las siete, no recuerdo y estamos allí hasta las diez y algo. Tres cuartos de hora. Siempre quedan tres cuartos de hora y el autocar de repuesto no llega. El viaje eterno. Pero distraído. Recuerdos del instituto y vuelvo a dejar patente mi falta de implicación con la lucha contando lo del Insti y el no a la guerra y mi victoria como movilizador/desmovilizador. Esto es lo que hay. Hay un chaval de Reus que resulta que es del partido, perdón, del movimiento político y social, que viene con nosotros porque en su autocar la cosa está peor. Odisea en el espacio. Salimos al cabo de las mil horas con un bocata de tortilla en el cuerpo y otro café con leche y venga que llegamos. Otros sueñete riquísimo antes de llegar a Madrid. Ese debe ser el estadio de la Peineta. Es la calle Luis Aragonés. Nadie me hace caso.
Llegamos y el día es horroroso. Llueve, hace frío, no somos todos los que esperábamos ser. La gente está... bueno. Ilusionada, porque es de lo que se trata, de hacer las cosas con ilusión. Porque una cosa debe quedar clara: que yo sea un gilipollas que piensa que nos hemos quedado solos, no significa que la gente que viene en el autocar no tenga unas pelotas como camiones y los que han venido por otros medios, igual. Que yo haga broma de vez en cuando no significa que, mejor o peor, esos no sean los míos. Pero estamos solos. Y algo pasa.
Nos tomamos algo con la peña. Me voy con los de la organización hermana. Que no se diga que no soy una persona tolerante y abierta. Que no se diga. Partimos, viene la columna, no es mucha gente, pero nos unimos a ellos y vamos caminando. Casi todos vienen a ser de los nuestros. No sé si antes o después de comernos un bocadillo se unen unos de Podemos. Tres de Podemos con una pancarta. Y ya está. Nos alejamos de ellos para que no nos tomen por unos de ellos. Yo llevo una bandera del partido. O del movimiento político y social. Que no se diga que soy un traidor del todo. Llueve. Hemos comprado paraguas, hemos comprado chubasqueros, hemos comprado de todo. He prescindido de contar todos los preparativos del viaje, pero también tuvieron su cosa. Que buscar un flotador que no es un flotador que es como una nosequé, pues no es sencillo. Sigamos.
Caminamos y me fijo en que, efectivamente, somos nosotros. No veo a gente de otras organizaciones. No veo banderas de sindicatos mayoritarios, algunas de CGT, sí, y de organizaciones más pequeñas aún que la nuestra. Los de Podemos aparecen por las esquinas, con unas pancartas muy chulas, y me da por pensar que lo de Podemos se desinfla. Que quizás el globo pierde fuerza, que nuestro momento se mantiene. Ya me darán la torta. Y se tiran petardos pero no pasa nada, no van a tirar más, que no ves que si llueve no tiran más... Tras una parada técnica, llegamos a plaza Colón y empiezan los parlamentos. La primera pareja que habla para saludar a los manifestantes, a los marchistas, ya define la línea. Discurso rimbombante, palabras de mucho poso, lectura de versos de poetas. El primero que habla me parece joven pero es antiguo. Voz atronadora, palabras de hace cuarenta o cincuenta años. La plaza a lo suyo. Viva Fidel, Viva el Partido Comunista, coño.
¿Somos esto? ¿Esto es lo que hay? Un conjunto de personas unidas por el recuerdo de lo que fue o lo que no nos pueden quitar nunca, que es el recuerdo de lo que fueron esas banderas. Nada más. Sube gente al estrado, hablan de lo que pasa en cada comunidad. Momento genial. Porque no todo me deja un poso amargo, hay momentos bestiales. César, el César de Gent, el César del ajedrez, está en Madrid, y durante el camino se comunica conmigo para ver dónde andamos y si nos vemos. Y nos vemos. Y me da mucha alegría porque uno piensa que todo el mundo es igual de cenizo que uno mismo y que le busquen para darle un abrazo, pues qué coño. Sólo por eso, el viaje ya merece la pena. Si el viaje sólo sirve para que alguien de otra organización te de un abrazo, pues ya es eso. Si sirve para que nos juntemos en una mesa los de los indignados, los de iniciativa, uno de euia, otro de euia independiente y nos echemos unas risas con cuatro bromas malas, pues ya es eso. Igual lo de la revolución, el proceso constituyente, darle la vuelta al sistema, nos queda un poco grande. Igual se trata de, al menos los que estamos medio de acuerdo, de que no la jodamos más. Darnos un abrazo, tomarnos unas cervezas, con alegría, darle la mano al compañero de Fati de Sabadell... porque chillar que venceremos, que el futuro es nuestro sólo porque nos han dejado un micro, sin proponer realmente nada que haga que la gente nos tenga cariño, estima, confianza, sólo porque estamos en lo cierto, tenemos la razón y al final la gente vendrá a nosotros y sólo tenemos que esperar, pues... me he perdido. Me llamo Antonio y me he perdido.
Me llamo Antonio y me he perdido. Vivo en Santa Coloma de Gramenet. Llévame a casa. Estoy muy perdido. No sé qué debo hacer. Qué hay que hacer ahora. Qué nos queda. Nos encontramos con el de Reus que nos explica como va la movida de la confluencia en su pueblo. Nos deja más tristes aún. Antes de irnos, le saco una foto a la plaza. Sale azul. Es antes de las ostias preparadas. Hemos visto a Joan Herrera. El compañero que da vivas a Fidel y al Partido, coño, se hace fotos con él. Con él va una mujer pelirroja que bebe cerveza en lata y me suena mucho, pero no sé de qué. Nos vamos de la plaza, como digo, y me quedo con ganas de dar una vuelta por Madrid, pero no hemos venido a eso.
Volvemos en metro, Llegamos y sigue lloviendo. Entramos en el último bar de la calle. La gente nos deja sitio y se priva de jugar a los dardos por que, supongo, presumen que nos vamos a tomar unos algo, comernos unos algo, y al del bar le va a salir más a cuenta que estemos nosotros que los dos o tres galápagos que hay jugando a los dardos. Es un bar de los nuestros, en San Blas. Bocatas contundentes, unas birras Mahou y a echarnos unas risas. A explicar lo de siempre, quién es quién, cómo es el qué y si lo que nos han puesto es hígado encebollado o sangre con cebolla. Da pereza irse. Se está bien así. Unas risas, unas cervezas, cuatro bromas. No te olvides la bandera.
Volvemos al autobús. Ya estamos lanzados. El de Reus, que al cabo de una hora nos ha dicho que se llama Albert, dice que estamos como las cabras. Tiene razón. No ha visto nada. El viaje de vuelta no tiene nada que ver con el de ida. El autocar de Chavi Tours va como la seda. Duermo. Y duerme. Y todo va bien. Y volvemos y ya no hay nada que hacer. Y todo ha pasado y ha ido bien. Y el día ha sido feísimo y me acuerdo mucho de mi padre de cuando fuimos a aquella mani de la telefónica hace mil años y nos fuimos a ver una exposición de Antonio López, porque mi padre es como yo y pensaba que sí, que el sindicato, que la lucha, que él lo entendía y que se cagaba en la puta de quien lo dudara, pero amigo, un ratito para uno, para Antonio López, no va a hacer que lal revuelta se resienta. Y se podría haber venido, pero bah. El viaje ha sido de puta madre y todo ha ido muy bien, y el Xavi puede dormir tranquilo, que ya está todo en su sitio.
Y el domingo pasa sin hacer nada. Sofá. Siesta. Sofá. Tele. Sofá. A esperar el estacazo. A esperar. Vendrá el estacazo. Y desde el escrutinio con el 0,15% nos queda claro que nos vamos a la mierda. Que no vamos a nada. Que no puede ser. Y aún hay gente dice que no, que no es tan grave. Y los que pensaban que iban a ganar se convierten en unos 'nosotros' cuando vamos a tope. Irán a más, irán a menos. Me llamo Antonio y estoy perdido. Me he perdido. El cambio era esto, al parecer. Que la de siempre gane haciendo lo de siempre. Que no se puede pactar con los socialistas. Que no se puede pactar con los socialistas. Que nos podemos convertir en el Partido Andalucista, que no nos pasemos de listos. Que ellos siempre están, que la gente es muy conservadora, que nos hemos quedado solos y tenemos que hacer un esfuerzo por... el socialismo con rostro humano.
¿Qué somos? ¿Qué queremos? ¿Lo sabe la gente? ¿Le importa a alguien? ¿Son, como dice el Edgar los autocares Bello los mejores? No sé. Son muchas preguntas y tenemos muy poco tiempo.
Era un finde para ilusionarse con el cambio y bien pareciera que se nos ha ido la flapa un poco. Y que el tiempo de hacer cosas viene y no lo podemos esquivar.
Y lo a gusto que duerme uno cuando está cansado. Y que si me he dejado algo, pues me lo decís.
Yo no fui el año pasado a las Marchas de la Dignidad. Me perdí el año bueno, me perdí la emoción de las columnas al llegar, me perdí la reunión de gente venida de todos los rincones del Estado que demandaban algo tan básico como Pan, Techo y Trabajo, me perdí la efervescencia de un movimiento todavía bastante unitario que parecía poner las bases para un cambio real. Me lo perdí. No fui a Madrid y la gente vino contando maravillas. He ido este año. Gente que fue el año pasado este año no vino. He ido yo, precisamente. ¿Porqué no ha venido más gente? Tengo algunas teorías, pero me centraré en una que se me ha ocurrido a mí solito y no la comparte posiblemente nadie. Yo creo que es que nos hemos quedado solos. Los del partido y pocos más. La gente ha encontrado otro fenómeno de moda y nosotros nos hemos quedado bastante solos. Lo que no sé es si esto va a ser para siempre o va a volver a su ser. Gente que vino ya no se apuntó este año. Los andaluces no podían venir, que son muchos también. Pero de aquí, al parecer, había mucha mucha gente y este año... pues como que no.
Salimos de Santa Coloma a bordo de un autocar miembros de dos organizaciones coaligadas en lo universal y una representación de movimientos sociales de la ciudad. El plan es el siguiente, vamos a Sant Vicenç dels Horts a recoger a una gente y tiramos para Madrid, llegaremos sobre las siete o así. Planes para cuando lleguemos a Madrid. Que si se llega temprano, pues se puede aprovechar para hacer alguna cosa en plan ir al Prado o algo... pero lo digo así como por lo bajini, o en plan 'estoy haciendo broma', pero no, porque queda fatal no compartir la fraternidad de las columnas al llegar y esos momentos de reconocimiento de que somos todos uno y... En Sant Vicenç no hay nadie. Llueve. Tenemos que ir a Igualada. Sueño. Recogemos en Igualada a una gente. A unos compañeros. Pero no sé si son compañeros o no. Serán, seguramente. Llueve. El autocar empieza a hacer cosas raras. Quizás las hace antes. Que si suena un piloto, que si ojo, que si qué pasa, que a ver, que se para en la cuneta. Que si está roto. Que si es el filtro. Que si vamos. Que si arranca. Que se para. Que se para en un área de servicio en nosedónde. Con paradas y paradas el autocar llega a Alfajarín. La parada. Alfajarín (jaja,jiji) es el lugar. El área de servicio por antonomasia. El lugar en mitad del trayecto. No esperes. No temas. Estarás listo en un segundo, podrás descansar, qué bonitos los escudos. El de la Damm, el de Graningas... Pero qué noche más mala. Un donut, un café con leche, el lavabo. Y dormir. Nos hemos puesto en el mejor sitio, en el autocar, en la puerta central, hay una especie de baranda delante del asiento y puedes colgar las piernas. El dolor de gemelos es brutal, pero por vacilar que no quede. Al cuarto de hora ya has bajado los pies y estás igual de incómodo que en otra parte, pero consideramos que es el mejor sitio del autocar y punto. No nos lo pueden quitar. Fraternalmente, pero ese sitio es nuestro. La gente del autocar duerme. El autocar está roto. De vez en cuando el autocar para en la cuneta en plan 'hasta aquí'. El pueblo vive tranquilo pensando que todo va bien, pero de vez en cuando la cosa ha podido quedar en 'y aquí nos hemos quedado'. Ese momento llega ya en Alcolea del Pinar, Guadalajara. Llegamos a las seis o las siete, no recuerdo y estamos allí hasta las diez y algo. Tres cuartos de hora. Siempre quedan tres cuartos de hora y el autocar de repuesto no llega. El viaje eterno. Pero distraído. Recuerdos del instituto y vuelvo a dejar patente mi falta de implicación con la lucha contando lo del Insti y el no a la guerra y mi victoria como movilizador/desmovilizador. Esto es lo que hay. Hay un chaval de Reus que resulta que es del partido, perdón, del movimiento político y social, que viene con nosotros porque en su autocar la cosa está peor. Odisea en el espacio. Salimos al cabo de las mil horas con un bocata de tortilla en el cuerpo y otro café con leche y venga que llegamos. Otros sueñete riquísimo antes de llegar a Madrid. Ese debe ser el estadio de la Peineta. Es la calle Luis Aragonés. Nadie me hace caso.
Llegamos y el día es horroroso. Llueve, hace frío, no somos todos los que esperábamos ser. La gente está... bueno. Ilusionada, porque es de lo que se trata, de hacer las cosas con ilusión. Porque una cosa debe quedar clara: que yo sea un gilipollas que piensa que nos hemos quedado solos, no significa que la gente que viene en el autocar no tenga unas pelotas como camiones y los que han venido por otros medios, igual. Que yo haga broma de vez en cuando no significa que, mejor o peor, esos no sean los míos. Pero estamos solos. Y algo pasa.
Nos tomamos algo con la peña. Me voy con los de la organización hermana. Que no se diga que no soy una persona tolerante y abierta. Que no se diga. Partimos, viene la columna, no es mucha gente, pero nos unimos a ellos y vamos caminando. Casi todos vienen a ser de los nuestros. No sé si antes o después de comernos un bocadillo se unen unos de Podemos. Tres de Podemos con una pancarta. Y ya está. Nos alejamos de ellos para que no nos tomen por unos de ellos. Yo llevo una bandera del partido. O del movimiento político y social. Que no se diga que soy un traidor del todo. Llueve. Hemos comprado paraguas, hemos comprado chubasqueros, hemos comprado de todo. He prescindido de contar todos los preparativos del viaje, pero también tuvieron su cosa. Que buscar un flotador que no es un flotador que es como una nosequé, pues no es sencillo. Sigamos.
Caminamos y me fijo en que, efectivamente, somos nosotros. No veo a gente de otras organizaciones. No veo banderas de sindicatos mayoritarios, algunas de CGT, sí, y de organizaciones más pequeñas aún que la nuestra. Los de Podemos aparecen por las esquinas, con unas pancartas muy chulas, y me da por pensar que lo de Podemos se desinfla. Que quizás el globo pierde fuerza, que nuestro momento se mantiene. Ya me darán la torta. Y se tiran petardos pero no pasa nada, no van a tirar más, que no ves que si llueve no tiran más... Tras una parada técnica, llegamos a plaza Colón y empiezan los parlamentos. La primera pareja que habla para saludar a los manifestantes, a los marchistas, ya define la línea. Discurso rimbombante, palabras de mucho poso, lectura de versos de poetas. El primero que habla me parece joven pero es antiguo. Voz atronadora, palabras de hace cuarenta o cincuenta años. La plaza a lo suyo. Viva Fidel, Viva el Partido Comunista, coño.
¿Somos esto? ¿Esto es lo que hay? Un conjunto de personas unidas por el recuerdo de lo que fue o lo que no nos pueden quitar nunca, que es el recuerdo de lo que fueron esas banderas. Nada más. Sube gente al estrado, hablan de lo que pasa en cada comunidad. Momento genial. Porque no todo me deja un poso amargo, hay momentos bestiales. César, el César de Gent, el César del ajedrez, está en Madrid, y durante el camino se comunica conmigo para ver dónde andamos y si nos vemos. Y nos vemos. Y me da mucha alegría porque uno piensa que todo el mundo es igual de cenizo que uno mismo y que le busquen para darle un abrazo, pues qué coño. Sólo por eso, el viaje ya merece la pena. Si el viaje sólo sirve para que alguien de otra organización te de un abrazo, pues ya es eso. Si sirve para que nos juntemos en una mesa los de los indignados, los de iniciativa, uno de euia, otro de euia independiente y nos echemos unas risas con cuatro bromas malas, pues ya es eso. Igual lo de la revolución, el proceso constituyente, darle la vuelta al sistema, nos queda un poco grande. Igual se trata de, al menos los que estamos medio de acuerdo, de que no la jodamos más. Darnos un abrazo, tomarnos unas cervezas, con alegría, darle la mano al compañero de Fati de Sabadell... porque chillar que venceremos, que el futuro es nuestro sólo porque nos han dejado un micro, sin proponer realmente nada que haga que la gente nos tenga cariño, estima, confianza, sólo porque estamos en lo cierto, tenemos la razón y al final la gente vendrá a nosotros y sólo tenemos que esperar, pues... me he perdido. Me llamo Antonio y me he perdido.
Me llamo Antonio y me he perdido. Vivo en Santa Coloma de Gramenet. Llévame a casa. Estoy muy perdido. No sé qué debo hacer. Qué hay que hacer ahora. Qué nos queda. Nos encontramos con el de Reus que nos explica como va la movida de la confluencia en su pueblo. Nos deja más tristes aún. Antes de irnos, le saco una foto a la plaza. Sale azul. Es antes de las ostias preparadas. Hemos visto a Joan Herrera. El compañero que da vivas a Fidel y al Partido, coño, se hace fotos con él. Con él va una mujer pelirroja que bebe cerveza en lata y me suena mucho, pero no sé de qué. Nos vamos de la plaza, como digo, y me quedo con ganas de dar una vuelta por Madrid, pero no hemos venido a eso.
Volvemos en metro, Llegamos y sigue lloviendo. Entramos en el último bar de la calle. La gente nos deja sitio y se priva de jugar a los dardos por que, supongo, presumen que nos vamos a tomar unos algo, comernos unos algo, y al del bar le va a salir más a cuenta que estemos nosotros que los dos o tres galápagos que hay jugando a los dardos. Es un bar de los nuestros, en San Blas. Bocatas contundentes, unas birras Mahou y a echarnos unas risas. A explicar lo de siempre, quién es quién, cómo es el qué y si lo que nos han puesto es hígado encebollado o sangre con cebolla. Da pereza irse. Se está bien así. Unas risas, unas cervezas, cuatro bromas. No te olvides la bandera.
Volvemos al autobús. Ya estamos lanzados. El de Reus, que al cabo de una hora nos ha dicho que se llama Albert, dice que estamos como las cabras. Tiene razón. No ha visto nada. El viaje de vuelta no tiene nada que ver con el de ida. El autocar de Chavi Tours va como la seda. Duermo. Y duerme. Y todo va bien. Y volvemos y ya no hay nada que hacer. Y todo ha pasado y ha ido bien. Y el día ha sido feísimo y me acuerdo mucho de mi padre de cuando fuimos a aquella mani de la telefónica hace mil años y nos fuimos a ver una exposición de Antonio López, porque mi padre es como yo y pensaba que sí, que el sindicato, que la lucha, que él lo entendía y que se cagaba en la puta de quien lo dudara, pero amigo, un ratito para uno, para Antonio López, no va a hacer que lal revuelta se resienta. Y se podría haber venido, pero bah. El viaje ha sido de puta madre y todo ha ido muy bien, y el Xavi puede dormir tranquilo, que ya está todo en su sitio.
Y el domingo pasa sin hacer nada. Sofá. Siesta. Sofá. Tele. Sofá. A esperar el estacazo. A esperar. Vendrá el estacazo. Y desde el escrutinio con el 0,15% nos queda claro que nos vamos a la mierda. Que no vamos a nada. Que no puede ser. Y aún hay gente dice que no, que no es tan grave. Y los que pensaban que iban a ganar se convierten en unos 'nosotros' cuando vamos a tope. Irán a más, irán a menos. Me llamo Antonio y estoy perdido. Me he perdido. El cambio era esto, al parecer. Que la de siempre gane haciendo lo de siempre. Que no se puede pactar con los socialistas. Que no se puede pactar con los socialistas. Que nos podemos convertir en el Partido Andalucista, que no nos pasemos de listos. Que ellos siempre están, que la gente es muy conservadora, que nos hemos quedado solos y tenemos que hacer un esfuerzo por... el socialismo con rostro humano.
¿Qué somos? ¿Qué queremos? ¿Lo sabe la gente? ¿Le importa a alguien? ¿Son, como dice el Edgar los autocares Bello los mejores? No sé. Son muchas preguntas y tenemos muy poco tiempo.
Era un finde para ilusionarse con el cambio y bien pareciera que se nos ha ido la flapa un poco. Y que el tiempo de hacer cosas viene y no lo podemos esquivar.
Y lo a gusto que duerme uno cuando está cansado. Y que si me he dejado algo, pues me lo decís.
viernes, 20 de marzo de 2015
Miscelánea - Canciones de autocar
Un autocar. Cuarenta o cincuenta personas viajando de noche camino de una ciudad. Cuarenta o cincuenta personas durmiendo o intentándolo. Cuarenta o cincuenta personas que van y que se supone que tienen algo en común. Cuarenta personas en un autocar. Las canciones de autocar. No hay canciones que nos unan. Los himnos. Cantemos himnos. Los himnos no tienen estilos, no tienen tendencias. Una canción puede separarnos. És babor qui guanya. Estribor qui guanya. Como empecemos con quién gana o quién deja de ganar, podemos terminar como el rosario de la aurora. Podemos. Terminal. El autocar que alcanza una velocidad constante de 80km/h. Un autocar sale de Santa Coloma y tiene como objetivo llegar a Madrid a tal hora. Mientras hacemos estos cálculos, lo mejor que nos puede pasar es escuchar uan canción de Popol Vuh. Canciones de autocar. Una canción de Popol Vuh. El Aguirre I. Una canción para poner en el autocar. Tan bonita. Tan sugestiva. Vamos a escuchar canciones que nos hagan sentirnos juntos. Sentirnos bien. Como Aguirre camino de Eldorado. Vamos.
https://www.youtube.com/watch?v=1u7vzaqITMA
Siguiendo en esta línea, no conseguiremos nada. Podemos seguir escuchando canciones de autocar. Canciones que no lleven a la discrepancia. Canciones que sean sinónimo de paz y de bienestar. Estado del Bienestar. Podemos perder el estado del bienestar, pero podemos escuchar canciones que nos lleven a alcanzar un perfecto nivel de unidad de pensamiento. El pensamiento colectivo. Todos juntos en el autocar. Cuarenta o cincuenta personas en un autocar. Escuchando una bonita canción. Escuchando, por ejemplo, el mágico disco de Jack Dejohnette de Music in the Key of Om. Como no exige mucha concentración, es una buena música de autocar. Es la canción perfecta para un autocar en el que cuarenta o cincuenta personas van hacia algún lugar con la intención de hacer algo importante. Esta vez vamos a hacer algo importante. La mística de lo importante. De lo gordo. La mística de la concentración y de lo espiritual. La mística de tu hermana. La mística. Es una hora, le damos la vuelta y son dos horas. Y pueden ser más horas. Siempre.
https://www.youtube.com/watch?v=jkOXswBHkyk
Una bonita melodía que nos hace sentir la comunión con el cosmos. O con el universo. O con el planeta. O con la humanidad. O con el conjunto de seres vivos que pueblan el planeta. Y por ende, cualquier espacio en el que haya algún rastro de vida humana. Qué bonito es todo, Heidi. Es una sensación perfecta. Ir en un autocar y escuchar a Ravi Shankar interpretando una bella tonada. Una raga de media hora. Mejor aún. Una intrepretación de Ravi Shankar en la que no toca nada Ravi Shankar. El Pandit Ravi Shankar. El maestro. No toca nada, sólo dirige el cotarro desde el púlpito. Qué poco concuerda con el espíritu de nuestro autocar. En el autocar a base de Ravi Shankar. Música en clave de comunión. El espíritu de la concordia. La fiesta de la democracia. Esta convocatoria la hemos montado nosotros y vosotros ya no venís, porque vosotros habéis dejado de ser como nosotros. Vosotros ya sólo os movéis por lo vuestro. Vosotros ya no sois nada. Lo sabéis. Ravi Shankar también tiene una ligera idea.
https://www.youtube.com/watch?v=OgawuDVFXFI
En el autocar nos sentaremos todos juntos y cantaremos canciones de autocar. Una sardina, dos sardinas, tres sardinas. Y un gato. Se apostaron la manera de meterse en un zapato. Una canción que fuera eterna. El momento de las canciones que no tienen nada. Una canción de una gente que debería darte mucho miedo y que de repente se desmarcan con una canción que no tiene nada. Una canción que no canta su cantante, una canción que no se parece a ninguna de las otras. Una canción para sentirnos todos en comunión con la noche. Qué bonito. La noche. Una canción para que todo el mundo deje de hablar y se ponga a escuchar. Una canción para dejar de hablar sobre Krankl o sobre el sentido último de la movilización. Una canción para mirar por la ventana mientras el autocar avanza camino de la capital. Camino de una ciudad que espera a una gente que va a la capital pidiendo algo que parece obvio y que cuesta explicar. Black Sabbath y su Planet Caravan. Una canción que nadie se espera.
https://www.youtube.com/watch?v=DW3pZjmS3rg
La naturaleza lleva perfeccionándose millones de años. Esto lo dice un anuncio que acabo de ver antes de que saliera el vídeo. Ya hace mucho tiempo que no escucho nada de Air. Nadie les echa de menos. Yo les echo de menos. De vez en cuando sale esta canción, que no es la que más me gusta y digo... ostia, Air, con lo que me gustaba a mí Air. La femme d'Argent. La naturaleza lleva mucho tiempo perfeccionándose, pero no ha conseguido hacer mujeres de plata. Vaya con el comentario machista, compañero. Cualquiera dice nada. Música para fomentar la comunión espiritual con el resto del universo. La música. La perra. El dvd. Nos vamos a Madrid por la noche. Con espíritu solidario y aventurero. Los que ya fueron el año pasado dirán que antes fue mejor. Que el año pasado fue mejor. Que este año se ha apuntado un chaval con gafas que no mola nada. Que ya viene cualquiera. Que tú no sientes esto como nosotros. Seguro. Air. Esos dos jóvenes franceses tan así.
https://www.youtube.com/watch?v=VH5bL_XbO64
Una canción que dure mucho rato, que dure mucho rato. Una canción en la que haya muchas repeticiones. Una canción que no diga nada. Una canción en la que lo que se dice lo interpretas tú como te da la puta gana. Cora. Ultreya. Esta canción es un explorador. Para acabar el viaje una canción que es un explorador. Esta canción es un explorador que se cuela en el corazón de tu cabeza. Verde como el vino verde. Esta canción es un explorador. En el corazón de tu cabeza, en el autocar, apelando a la concordia. Apelando a que, una vez que vayamos llegando, vayamos poniendo esta canción y sacando los machetes. Quizás empecemos con esta canción ya de salida. Afilando el hacha. En el corazón de tu cabeza. Esta canción es un explorador. Son veinte minutos de preparación para el desastre. Xoxitl. Zulema. Yara. Corcobado y los Chatarreros de Sangre y Cielo haciendo daño, pero daño de verdad. Esta canción es un explorador. No se la pongan a los niños.
https://www.youtube.com/watch?v=CVDQjNeZanE
Qué buenos son, los padres salesianos. Espero que tengan un feliz fin de semana. Yo me voy al autocar.
https://www.youtube.com/watch?v=1u7vzaqITMA
Siguiendo en esta línea, no conseguiremos nada. Podemos seguir escuchando canciones de autocar. Canciones que no lleven a la discrepancia. Canciones que sean sinónimo de paz y de bienestar. Estado del Bienestar. Podemos perder el estado del bienestar, pero podemos escuchar canciones que nos lleven a alcanzar un perfecto nivel de unidad de pensamiento. El pensamiento colectivo. Todos juntos en el autocar. Cuarenta o cincuenta personas en un autocar. Escuchando una bonita canción. Escuchando, por ejemplo, el mágico disco de Jack Dejohnette de Music in the Key of Om. Como no exige mucha concentración, es una buena música de autocar. Es la canción perfecta para un autocar en el que cuarenta o cincuenta personas van hacia algún lugar con la intención de hacer algo importante. Esta vez vamos a hacer algo importante. La mística de lo importante. De lo gordo. La mística de la concentración y de lo espiritual. La mística de tu hermana. La mística. Es una hora, le damos la vuelta y son dos horas. Y pueden ser más horas. Siempre.
https://www.youtube.com/watch?v=jkOXswBHkyk
Una bonita melodía que nos hace sentir la comunión con el cosmos. O con el universo. O con el planeta. O con la humanidad. O con el conjunto de seres vivos que pueblan el planeta. Y por ende, cualquier espacio en el que haya algún rastro de vida humana. Qué bonito es todo, Heidi. Es una sensación perfecta. Ir en un autocar y escuchar a Ravi Shankar interpretando una bella tonada. Una raga de media hora. Mejor aún. Una intrepretación de Ravi Shankar en la que no toca nada Ravi Shankar. El Pandit Ravi Shankar. El maestro. No toca nada, sólo dirige el cotarro desde el púlpito. Qué poco concuerda con el espíritu de nuestro autocar. En el autocar a base de Ravi Shankar. Música en clave de comunión. El espíritu de la concordia. La fiesta de la democracia. Esta convocatoria la hemos montado nosotros y vosotros ya no venís, porque vosotros habéis dejado de ser como nosotros. Vosotros ya sólo os movéis por lo vuestro. Vosotros ya no sois nada. Lo sabéis. Ravi Shankar también tiene una ligera idea.
https://www.youtube.com/watch?v=OgawuDVFXFI
En el autocar nos sentaremos todos juntos y cantaremos canciones de autocar. Una sardina, dos sardinas, tres sardinas. Y un gato. Se apostaron la manera de meterse en un zapato. Una canción que fuera eterna. El momento de las canciones que no tienen nada. Una canción de una gente que debería darte mucho miedo y que de repente se desmarcan con una canción que no tiene nada. Una canción que no canta su cantante, una canción que no se parece a ninguna de las otras. Una canción para sentirnos todos en comunión con la noche. Qué bonito. La noche. Una canción para que todo el mundo deje de hablar y se ponga a escuchar. Una canción para dejar de hablar sobre Krankl o sobre el sentido último de la movilización. Una canción para mirar por la ventana mientras el autocar avanza camino de la capital. Camino de una ciudad que espera a una gente que va a la capital pidiendo algo que parece obvio y que cuesta explicar. Black Sabbath y su Planet Caravan. Una canción que nadie se espera.
https://www.youtube.com/watch?v=DW3pZjmS3rg
La naturaleza lleva perfeccionándose millones de años. Esto lo dice un anuncio que acabo de ver antes de que saliera el vídeo. Ya hace mucho tiempo que no escucho nada de Air. Nadie les echa de menos. Yo les echo de menos. De vez en cuando sale esta canción, que no es la que más me gusta y digo... ostia, Air, con lo que me gustaba a mí Air. La femme d'Argent. La naturaleza lleva mucho tiempo perfeccionándose, pero no ha conseguido hacer mujeres de plata. Vaya con el comentario machista, compañero. Cualquiera dice nada. Música para fomentar la comunión espiritual con el resto del universo. La música. La perra. El dvd. Nos vamos a Madrid por la noche. Con espíritu solidario y aventurero. Los que ya fueron el año pasado dirán que antes fue mejor. Que el año pasado fue mejor. Que este año se ha apuntado un chaval con gafas que no mola nada. Que ya viene cualquiera. Que tú no sientes esto como nosotros. Seguro. Air. Esos dos jóvenes franceses tan así.
https://www.youtube.com/watch?v=VH5bL_XbO64
Una canción que dure mucho rato, que dure mucho rato. Una canción en la que haya muchas repeticiones. Una canción que no diga nada. Una canción en la que lo que se dice lo interpretas tú como te da la puta gana. Cora. Ultreya. Esta canción es un explorador. Para acabar el viaje una canción que es un explorador. Esta canción es un explorador que se cuela en el corazón de tu cabeza. Verde como el vino verde. Esta canción es un explorador. En el corazón de tu cabeza, en el autocar, apelando a la concordia. Apelando a que, una vez que vayamos llegando, vayamos poniendo esta canción y sacando los machetes. Quizás empecemos con esta canción ya de salida. Afilando el hacha. En el corazón de tu cabeza. Esta canción es un explorador. Son veinte minutos de preparación para el desastre. Xoxitl. Zulema. Yara. Corcobado y los Chatarreros de Sangre y Cielo haciendo daño, pero daño de verdad. Esta canción es un explorador. No se la pongan a los niños.
https://www.youtube.com/watch?v=CVDQjNeZanE
Qué buenos son, los padres salesianos. Espero que tengan un feliz fin de semana. Yo me voy al autocar.
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