jueves, 2 de julio de 2015
Gorteza
Rípodas se encaminó, con toda la razón del mundo, a la Oficina y presentó una queja formal: 'No puede ser que se hagan las cosas de esta manera, me despisto yo, se despista la gente, pierde el interés y lo que parece un recurso literario se acaba convirtiendo en la constatación de que no tienes idea de por dónde vas. Por favor, seriedad'. Una vez expedida la queja le enviaron sin más demora a una de las ventanillas que estaban vacías donde un amable caballero le entregó un billete de tren con destino a Villastanza de Llorera para que pudiera, de una manera u otra, matar o intentar matar a Gorteza. Gorteza mientras todo esto ocurría, se medio espabilaba de la borrachera que había agarrado en el bar del Frederico. Carina Ocáriz y Estevita Darién se iban relevando en esa difícil tarea de cuidar a una persona con una cierta resaca. Una preguntaba que cómo estaba Gorteza, la otra igual no hacía nada, porque no había nada que hacer. Allí estaban. Un impasse de tiempo en el que no pasa nada. La narración pierde interés. Camino agotado. Aquí debería pasar algo y no está pasando. Estamos esperando a que llegue Rípodas, a que asome el tren por la estación, a que se baje del vagón, a que recoja esa maleta que hace siempre que se va de viaje pero que no deshace nunca, a que camine por las calles de Villastanza buscando el lugar en el que se encuentra el domicilio de Gorteza, que él ya conoce. La voz de Mirta ha desaparecido. Rípodas está llegando. Algunos, no todos, se preguntarán si Gorteza soñó algo o vio algo en ese trance somnoliento que sucede a la ingestión de unas cuantas copas de vino, cuando no estás acostumbrado al vino. Y la respuesta es que no. Gorteza no soñó nada. Porque si hubiera soñado algo, ya se imaginan que no hubiéramos tardado ni medio segundo en contarlo, huérfanos como estamos de sucesos importantes en el transcurso de esta historia. Gorteza estaba asustado, no soñar, no imaginar, prácticamente le anulaba como persona. La presencia de aquellas dos mujeres en su domicilio (el hombre en casa, enfermo, las mujeres le cuidan, qué rancio es todo), le resultaba también extrañísimo. Pero se dejaba hacer, no quería darle demasiadas vueltas. Las dos mujeres parecía que ya no tenían nada que hacer allí. Estevita Darién, sin embargo, no quería marcharse. Algo sabía, claro, de las intenciones de Rípodas, por aquello de que era un ser con conexiones con otras dimensiones y por que tenía el control del Universo en aquellos lares. Bien. Rípodas está llegando. Carina Ocáriz no se entera de nada. Gorteza mira a Carina Ocáriz mientras ésta hace ademán de ir preparando algo de comer, pasta, lo que sea, y Gorteza vuelve a recordar aquella escena de Carina Ocáriz con la cabeza rebanada. Abierta como una sandía. Rípodas estaba llegando a la casa de Gorteza. Gorteza presentía algo, Estevita lo sabía. Qué tensión qué nervios. Podríamos dejarlo aquí. En alto. Pero mañana igual no tengo ganas de escribir. Yo que sé. Así que sigamos adelante. Un poco solo. Rípodas llama a la puerta y Carina Ocáriz va a abrir. Ni Estevita ni Gorteza han hecho ningún gesto. Ambos saben lo que viene. Rípodas toca otra vez el timbre, impaciente. Carina Ocáriz aprieta un poco el paso para abrir. No acaba de empujar la puerta hacia sí para hacer el gesto de abrir la puerta cuando un brazo con una navaja de barbero al final, asoma y se dirige certeramente a uno de los ojos de Carina Ocáriz, como en esa película de Buñuel, más o menos. Y con la navaja ya en el ojo, Rípodas empuja la puerta y sin más lleva a cabo lo que ya contamos aquella vez. Con la navaja clavada en el ojo, hace fuerza y abre el cráneo entero de Carina Ocáriz. Gorteza y Estevita todavía no hacen nada. La agente Ruipérez tampoco, pero es que ya dijimos en su momento que la agente Ruipérez ni pinchaba, ni cortaba, valga la redundancia.
miércoles, 1 de julio de 2015
Gorteza
Rípodas se va a morir, porque todo el mundo tiene que morir. Y Gorteza también se va a morir. Y todos los personajes que aparecen en todos los libros del mundo, se mueren. Y toda la gente que conoces, un día, morirá. Solo yo sé que no voy a morir. Una teoría como para rellenar. Yo no me he muerto nunca todavía, así que no tengo ninguna constancia de que yo vaya a caer. El resto del mundo, estoy seguro que lo hará. Yo no. No me lo creo. Yo creo que a mí no me va a pasar. No sé, tengo ese pálpito. Rípodas yace tendido en el suelo y al mismo tiempo sobrevuela por el espacio infinito, tocando ese cielo que parece una mermelada de frambuesa o de tomate que también la hay, y le da por pensar en Aurora. Esto ya lo habíamos dicho. Aurora viene también a verle mientras está en el suelo y le coge de la mano y le dice que 'no te preocupes, que te vas a morir', y Rípodas intenta esta vez que la voz de Mirta aparezca para decirle algo y Mirta no aparece, y se da cuenta de que la voz de Aurora se parece mucho a la voz de Mirta. Y piensa Rípodas 'qué tonto, tanto tiempo escuchando esa voz, y ahora caigo que Aurora tenía esa misma voz y todo lo que me decía Mirta en realidad me lo estaba diciendo Aurora'. Bueno, son cosas que supongo que pasan cuando te estás muriendo, que caes en la cuenta de algunas cosas que no entendías. No lo sé, por que no me ha pasado nunca, eso de morirme, pero me da la impresión de que debe ser así, que encuentras la respuesta a muchas preguntas. Qué bien. Rípodas está contento porque ha entendido una cosa que le preocupaba, la voz de Mirta. Tiene delante a Aurora, que no es que parezca afectada por su situación, no tiene una cara dulce y compungida, no parece llorosa ni triste. Tiene la misma cara que cuando Rípodas se acercaba para darle un beso. Esa cara de fastidido. Rípodas no quiere verlo porque está contento, ya que Aurora ha venido. El cielo, detrás de Aurora, presenta un aspecto lamentable. El cielo sobre la ciudad se ha convertido en una horrible catarata de mierda. Otra palabrota más y te vas de clase. Rípodas se acuerda de su colegio, de una profesora, de las clases de gimnasia. Se está muriendo y se va acordando de muchas cosas. Aurora, le agarra fuerte de la mano y le dice 'vas a tardar en morirte, pero no vas a recordar nada, porque tendrías que acordarte de que mataste al peluquero, de cómo entraste en su peluquería, de cómo le rebanaste la garganta, y tú no mataste al peluquero'. Y Rípodas se levanta del suelo y pide por favor que alguien ponga orden en todo esto. Y el cielo está claro y limpio.
martes, 30 de junio de 2015
Gorteza
Por ir zanjando temas. Rípodas vuelve a su casa caminando desde la estación. El cielo es un desastre. El cielo de su ciudad está absolutamente enloquecido. Loco y enloquecido. El cielo de su ciudad se parece a Villastanza de Llorera, tal y como le ha susurrado esa mujer misteriosa y más guapa de lo que se puede describir y ya comprenderán que no es posible describir a una persona tan guapa todos los días sin caer en el tópico y no vamos a ser nosotros los que lo hagamos. Nosotros. Yo. El cielo de Villastanza de Llorera en su ciudad. Una Aurora Boreal sucediendo a una hora determinada en un punto en el que no debería. Una Aurora Boreal que solo puede ver Rípodas. Una Aurora Boreal que se está formando justo por encima de su cabeza, mientas el resto del mundo, el resto de sus conciudadanos, parecen no enterarse de nada. Es que no se están enterando de nada. No lo ven. Rípodas es consciente de que, si el resto del mundo no ve nada, es que él también está loco. Ya son dos. El cielo y él. Pero el cielo no es. El cielo está ensangrentado, gangrenado, tiene un moratón enorme, se ha abierto y no se tapa la hemorragia. El cielo ha caído en un trance por el que se está yendo por la pata abajo. El cielo se está cagando vivo. El cielo está desaciéndose de lo que le sobra. El cielo se va. Se acuerda Rípodas de Aurora, aquella chica que fue su novia. Aurora nunca le quiso dar besos. Aurora era una chica muy normal, una chica que no tenía nada especial, pero a Rípodas le gustaba estar con ella. A Aurora no le gustaba estar con Rípodas, porque Rípodas estaba loco. Aurora lo sabía. Rípodas vuelve a casa y el cielo se está muriendo vivo. Vívamente. El cielo de su ciudad pierde por completo todo el sentido. El cielo está tan chungo que la voz de Mirta ya no suena en su cabeza. Por un momento, Rípodas siente que tiene solución. Que podría volver a buscar a Aurora, se encuentre donde se encuentre. Que sin la voz de Mirta en su cabeza, todo puede ser normal. Que nadie sabrá nunca que mató al peluquero. En una esquina hay una mujer tocando un piano eléctrico. Mientras el cielo de la ciudad se está haciendo cisco, esa mujer interpreta una pieza de Mozart. De Mozart, mismo. Rípodas se queda encantado mirando a esa mujer interpretar una delicada pieza de piano en mitad de la calle. Le parece normal. Si mira hacia arriba y el cielo está trinchado y supurando de todo, qué hay de extraño en una mujer interpretando a Mozart con un piano eléctrico en plena calle. Rípodas la mira y cierra los ojos. No cae en la cuenta de que se ha parado en mitad de la calle y que el tráfico continúa. Y le podría atropellar un tranvía, una motocicleta, una bicicleta plegable, una furgoneta indestructible, un camión, pero es un utilitario japonés recién comprado con un novato conductor al volante que, nervioso al ser sus primeros pasos, kilómetros, por esas calles de Dios, no se percata de que una persona está haciendo el idiota en mitad de la calle, mirando una esquina vacía, pensando que en esa esquina vacía hay una mujer tocando el piano y lo embiste. Embiste a Rípodas y éste no se entera, piensa que todavía está oyendo la pieza de Mozart y se eleva por el cielo y es capaz de tocar con la punta de los dedos el cielo, el cielo que se está hundiendo sobre todo lo conocido, y Rípodas cae al suelo y la gente se arracima a su alrededor y le preguntan cómo está y él contesta completamente lúcido que está muy bien, que es otra persona, que no volverá a matar a nadie, que quiere ver a Aurora. Y una gota de sangre le cae por la frente y él piensa que es el cielo, que llueve sangre y no es el cielo, que es él, que se está muriendo. Pero todavía va a tardar en morirse, que no es tan fácil todo como parece.
lunes, 29 de junio de 2015
Gorteza
El esquema, por lo que veo, se repite de una manera muy constante. Se presenta una situación que puede ser muy normal, dentro de la más estricta cotidianeidad, la cosa va torciéndose un poco y finalmente hay como un golpe de efecto en el que el lector ha de decir 'ostia, qué cabrón'. Así que vamos a ver cómo lo remedamos un poco. Hemos visto que Gorteza entra en el bar del Frederico y que ha empezado a beber vino. No suele ocurrir, pero no por ello vamos a originar en torno a esto una concatenación de situaciones a cada cual más estrambótica. Gorteza pide un par de vasos, pide incluso un tercero. La gente del bar no le mira, pero le ve. Porque la gente del bar de Frederico hace como que no ve nada, pero sabe perfectamente lo que estás bebiendo, si entras al bar solo o con quien no debes entrar, si tienes buena o mala cara, si has dormido o no, si lo tienes o no lo llevas encima. La gente no te dice nada, pero lo sabe. Y Gorteza no sabe que lo ven. Y pide otro vaso de vino más, porque quiere olvidarse de lo que ha ido pasando durante todo este tiempo. La imagen de Carina Ocáriz con el cráneo troceado, no se iba de su cabeza. Que se vaya, por favor, que desaparezca de una vez. Gorteza se acerca a la barra y va a pedir un cuarto vaso de vino. No son vasos muy grandes, son pequeños chatitos que se toman en dos sorbos. Pero el vino es cabezón y poco es mucho. En la barra, la camarera es una mujer de edad muy avanzada, sí, pero su rostro tiene una lindeza y una guapura que podría calificarse de muchas maneras, claro, pero me gustaría decir que si han bebido un vaso de agua fresquita en mitad de una noche calurosa, es eso más o menos. Más o menos. Gorteza pide ese vaso de vino y entabla una conversación con ella. Su cara le suena. Reconoce esa cara. Es la de la mujer del autobús que hace mil años le dio un beso en la mejilla. No la volvió a ver. Jamás tuvo más contacto con ninguna mujer. Sólo ella. Gorteza no se atreve a decirle nada hasta que le pregunta que desde cuándo trabaja en el bar de Frederico. Hace dos vasos de vino, ella no estaba allí. Lo estoy volviendo a hacer. El mismo esquema. Gorteza mira a su alrededor y todo continúa siendo como siempre. El bar de Frederico. Estevita Darién le dice que está muy cambiado, que ha perdido algo de pelo, que está desmejorado, pero que sigue siendo un solete. Gorteza le pide por favor que le conteste a la pregunta que le hace, que últimamente le están pasando cosas demasiado raras para lo que es ya una vida rara y que dónde se ha metido durante todos estos años. Estevita Darién pone un nuevo vaso de vino y dirige a Gorteza una mirada de asombro. Está tan guapa. Es tan guapa y es tan mayor. Gorteza se siente tan pequeño. Estevita Darién le explica que vive en un cortijo y que se dedica a controlar una parte del universo desde él. Así de sencillo. Hay una parte del cosmos que me toca. Y hago lo que puedo. A veces puedo y a veces no. Llevo un tiempo un tanto ida, pero he vuelto. Tus sueños, tus pensamientos, me sirven de acicate. El universo no es tan difícil de gobernar como parece. En fin, no te quiero aburrir con mis cosas. Gorteza estaba muy borracho. Estevita Darién le iba dando vasos de vino sin ton ni son y finalmente se quedó dormido sobre la barra. Cuando avisaron a la policía local para que se lo llevasen, quien acudió fue Carina Ocáriz. Se llevaron a Gorteza en el coche de Ocáriz y lo depositaron en el butacón. Carina Ocáriz dijo que se quedaría con él vigilándole toda la noche. En el cielo estaban ocurriendo cosas extrañas. Un cielo raro. Llamaron a la puerta. Estevita Darién y Carina Ocáriz se dieron dos besos en la mejilla. Soy una amiga de Gorteza, vengo a ver cómo está. Carina Ocáriz nunca había visto a una mujer tan guapa. Y tan mayor. Lo estoy intentando.
El yerno perfecto y el proyecto común
Llevo unos días dándole vueltas. Uno puede ser muchas cosas, pero la máxima aspiración de un adulto medio es la de ser el yerno perfecto. Que puedas ir a la casa de los suegros y, aún teniendo ideas y principios, vestimenta y aspecto diferentes, seas capaz de hacerte querer. De levantar risas nerviosas entre las señoras mayores que asisten a tus discursos, haciéndose las asustadas, pero sabiendo perfectamente que estás hablando por hablar, que en realidad, al cabo de un tiempo, serás una persona de orden, que verás la luz y que a la hora de la verdad, estarás al lado de los que tienes que estar. Últimamente me asalta esta sensación cuando escucho escribir y leo hablar lo que corren y saltan los miembros de la izquierda que está a la izquierda por estos contornos. Utilizan unos argumentos muy duros contra la izquierda que, ay, en estos días, parece estar fraguando un proyecto de unidad con el nada despreciable objetivo de poner el tema social en primer plano del foco político, en lugar de la cuestión nacional y darle esa ansiada patada al tablero de la que tanto hablan los compañeros podemizados. Pues bien, este proyecto no gusta. Asusta. Pero no asusta a los voceros de la derecha nacional e internacional únicamente, también lo hace y de manera muy burda, a los responsables de la izquierda más izquierda, y utilizan argumentos muy parecidos a los que se vienen escuchando desde tiempo inmemorial. Que si el PSUC hizo... que si Barcelona no es Catalunya... que mucho hablar pero que luego hacen lo mismo que todos... el cuñado perfecto se sienta en el púlpito y habla de cosas que dan mucho miedo y tal, y las señoras y los señores, le miran con cariño y piensan... és un bon noi. Y nos presentan al resto de integrantes de la formación que asegura la esencia de los principios y la recta vía y son gente que, en fin, no presenta un perfil que de realmente mucho miedo. Simplemente, no son gente que haya tenido nada que ver con el PSUC en ningún momento de sus vidas, y con eso ya lo tienen todo listo. O no. Siempre hay algún fallo. Vivimos pues, días en los que sufrimos ataques desde aquellos que, hace unos cuantos días, callaban y miraban para otro lado cuando su apuesta de unidad popular sin mirar proyectos nacionales reportaba unos resultados francamente encomiables. ¿La papeleta del coletas? En cambio, de una semana a esta parte, el simple avance noticioso de un proyecto de unidad popular que incluya, ay, a esa ralea infecta que proviene de los que han hecho de Barcelona esa ciudad tan... así, y que ha conseguido con esa misma fórmula, ganar unas elecciones en el poblado vecino, resulta insoportable. Artículos (me estoy repitiendo), declaraciones, valoraciones, todo mal. Lo que era bueno y sano hace un mes, resulta hoy una locura y un sinsentido. El yerno perfecto levanta la voz para decir que eso no es un proyecto realmente transformador y abronca a los que antes eran inestimables socios para decir que 'con esa gente no'. Y los suegros asienten y dicen 'claro, claro, es un poco brusco, pero tiene razón'. Y mientras, nosotros, con flores a María, anhelando en el fondo de nuestros corazoncitos que el yerno perfecto vuelva a ser nuestro colega, si es que lo fue alguna vez, y se venga a tomar unas birras de una manera fraternal y sencilla, que deje a los suegros vivir su vida y no quiera caer tan bien. No sé si me he explicado bien, pero ya si eso, en otro rato, lo hablamos.
viernes, 26 de junio de 2015
Miscelánea
Si me río, porque me río. Si no me río porque soy serio. Cuando me río me dicen que no me tendría que reír tanto, que la cosa no está para reírse, que no soy consciente de los problemas gravísimos que padece buena parte de la sociedad que me rodea y que, con la risa, lo que hago es colaborar con un sistema que nos quiere contentos, felices, risueños, olvidados de lo que le sucede al prójimo. Si no me río, me llaman cenizo, me dicen que no transmito alegría, ilusión por ganar, que estoy convencido de que en la derrota se vive mejor, que tengo vocación de minoría, que abronco a la gente y que los asusto. Yo ya no sé que hacer. Me rindo. Decidme qué tengo que hacer. Ponerse de acuerdo, de uno en uno. Elegir a la persona correcta que me diga de una vez qué tengo que hacer. Quiero estar bien. Quiero, al menos por una vez, que nadie me eche más la bronca. Ya no somos nada, ya hemos perdido, ya está bien. Ahora que me digan qué tengo que hacer. Dónde tengo que ir. A quién le tengo que entregar el papel. Con quién tengo que hablar. A quién tengo que acompañar. Yo ya estoy abierto a todo y hago lo que haga falta. Con quién me tengo que reir. Qué puño es el que tengo que levantar. ¿Puedo levantar el puño ya? ¿Lo bajo? ¿Cómo lo hacéis vosotros? Quiero estar bien. Ramones all the time.
https://www.youtube.com/watch?v=Bp2XnTAOHdA
De verdad, mira qué cara tengo. ¿Ves? Me río. No, ya en serio. He de decir que tiene razón. No me sale reírme, vivo en un continuo estado de amargura y quiero perder. Sólo me gustan las cosas de perder. Desde la política al deporte, pasando por la música. Si hay un grupo de música que me gusta a mí solo, mejor que mejor. Como le guste a más gente, pierde la gracia. Vocación de minoría. Elitismo. Exquisitez. Si sois muchos, ya no voy. Si me puedo quedar solo, solo, solo, en mi habitación, mirando un vídeo de un grupo del 63 que no conoce nadie, mucho mejor. De verdad. Me habéis cazado. No puedo bailar con vosotros. No puedo leer ese libro que habéis leído todos. No puedo votar a ese candidato tan simpático al que todos veis tan simpático y que seguramente es tan simpático. Lo saben los de ese bando y lo saben también los del otro bando. Soy así. Y cuando una persona tiene razón, se le da. Se asiente con la cabeza y se marcha uno a su rincón a seguir apostando por lo oscuro, por lo vacío, por lo que no quiere nadie. Y rezo todas las noches para que nadie descubra lo listo que soy. Si le empiezo a gustar a la gente, me moriré. Échame un kiki, amor. No sé expresarme mejor.
https://www.youtube.com/watch?v=s15nJ642EBA
Es todo como muy complejo. No es tan fácil. Imagina que un día una persona se presenta en tu puesto de trabajo y sientes que esa persona es especial y que te da miedo. Imagina que es tan buena, que esa persona que tienes ahí delante es tan buena, tan buena, que te acojonas vivo. Imagina que es una persona con un halo, que desprende algo, que es capaz de transmitir con solo un poquito de lo que tiene tanto tantísimo que te deja en un estado de absorción tan increíble que nunca más vuelves a ser lo que eras. Una especie de momento que ya no te deja vivir como tú vivías, jamás. Y esa persona es tan buena, esa persona tiene un algo que es tan indefinible... es tan bonito todo. Va, aprovechemos estas líneas que nos faltan antes de llegar a poner la canción de Mercromina que escuché el otro día en la radio para decir cosas muy bonitas. Es fácil decir las cosas más bonitas del mundo. Una planta que quieres que crezca y que miras y que deseas ferviéntemente que prospere, que crezca, que de flores. Es un jazmín, le corté una ramita el otro día y lo dejé en una maceta. Yo creo que está queriéndose morir, pero otros pensarán que está agarrando. Qué debate. Escribo sólo para darte la razón. Sólo para tu tranquilidad. Que sepas que he escrito. Eso es muy bonito. Es como ciencia ficción (y así puedo poner la canción). Qué canción.
https://www.youtube.com/watch?v=Hnj0pGxipJg
Hacer lo que no se esperan que hagas. Si tenías el pelo liso, rízatelo. Si antes no ibas en bici, pedalea. Si te gustaba mucho el punk rock, habla de Elton John. Si siempre has dicho que el comunismo es el futuro, lleva camisetas de los ramones. Si dijiste que nunca, nunca, pero nunca, nunca, nunca, ibas a consentir que alguien en tu vida fuera tan importante como... pues eso. Y así siempre. Y es divertido, porque ahora estás aquí y luego estás allí. ya está. Me dijeron una vez que repetía canciones. Qué cosa. Uno que siempre ha peleado por que aquí aparezcan canciones diferentes, cada semana, y resulta que no. Que se repiten. Esto es. Sigue haciendo lo que estabas haciendo. Persevera. Si te dicen que cambies, haz como que les oyes y preséntate exactamente igual a como eras. Sigue diciendo lo mismo, repítelo. Di lo mismo otra vez. Insiste. Haz la misma broma. Cánsales. Cánsales a todos. Kansas City. No hace gracia. Kansas. Kansas y Arkansas. No hace gracia. Es igual. No cambies. No se esperan que no cambies. Ese es el truco. No se esperan que sigas haciendo lo mismo. Da igual. Yo me entiendo. No hace falta. Por favor, no dejen de leerme.
https://www.youtube.com/watch?v=DDOL7iY8kfo
Hay momentos en los que uno pierde la compostura. Se entiende que son momentos en los que a uno se le va el pincel y no baja a la tierra hasta pasado un tiempo. Dicen que yo soy propenso a eso, que tengo una inclinación a quitar el ancla y que sea lo que Dios quiera. Quizás esté pasando ahora. Quizás lleve ya un tiempo así, con el ancla sin recoger. Veo a gente pasear por la plaza de la Vila con un sentido concreto. Que van a un sitio. Yo quiero ser así. Quiero que la gente sepa a dónde voy. O es adónde voy. No sé. No puedo estar mirando en google todo el rato cómo se escriben las cosas. Quiero decir que posiblemente ya haya perdido el contacto con lo que se viene haciendo desde siempre, en plan bien. Esta última frase, por ejemplo, u oración, digamos, no viene adecir nada. Rellena. Miren cómo engorda el texto. Haces que pierda el sentido de lo que pasa. Haces que el ancla esté tan lejos que ni me moleste en ir a buscarla. Haces que el tiempo.... espera, que el tiempo se mida por otros medios, o sistemas. ¿Cómo se mide el tiempo? Ese es un buen tema de discusión. Qué pena que me hayan pillado el truco, con lo que molaba ser así. Haces todo.
https://www.youtube.com/watch?v=Q17sCAxxPvo
Aunque esté en esa otra dimensión, que no es otra dimensión realmente, si no que es otro espacio que no tiene que ver con esto especialmente, oigo a mi hermano últimamente tararear 'your mother should know'. Canta una canción como la que cantaba tu madre cuando era joven. Tu madre la sabe. Si tuviera que morirme alguna vez, quisiera que esta canción sonara mientras tanto y que la despedida fuera así, con los colegas y conmigo mismo bajando las escaleras y despidiéndonos así. Si a vosotros no os hace gracia, a mí me está pareciendo un partidón de reír. Mi hermano tarareando your mother should know. Vamos a cantarla todos. Arriba los corazones y vamos a cantar una canción de cuando tu madre era joven, que seguro que tu madre sabrá cuál es. Aunque haya nacido hace muchos años. Tu madre la sabe. Tu madre se la sabe, seguro. Es de esas canciones de los Beatles que uno no sabe porqué no están sonando todos los días en todas partes. Al menos mi hermano la canta todo el rato. Tu madre la sabe. Adios.
https://www.youtube.com/watch?v=7gwg_d3XZ5A
Y con esto, nos vamos despidiendo. El mismo rollo de siempre, con canciones parecidas. No innovamos casi nada. Se nos está echando el tiempo encima y no estamos dedicándonos a lo que tenemos que dedicar. Nos pasan por la derecha y por la izquierda. A ver si este finde arreglamos algo. Saluden si eso.
https://www.youtube.com/watch?v=Bp2XnTAOHdA
De verdad, mira qué cara tengo. ¿Ves? Me río. No, ya en serio. He de decir que tiene razón. No me sale reírme, vivo en un continuo estado de amargura y quiero perder. Sólo me gustan las cosas de perder. Desde la política al deporte, pasando por la música. Si hay un grupo de música que me gusta a mí solo, mejor que mejor. Como le guste a más gente, pierde la gracia. Vocación de minoría. Elitismo. Exquisitez. Si sois muchos, ya no voy. Si me puedo quedar solo, solo, solo, en mi habitación, mirando un vídeo de un grupo del 63 que no conoce nadie, mucho mejor. De verdad. Me habéis cazado. No puedo bailar con vosotros. No puedo leer ese libro que habéis leído todos. No puedo votar a ese candidato tan simpático al que todos veis tan simpático y que seguramente es tan simpático. Lo saben los de ese bando y lo saben también los del otro bando. Soy así. Y cuando una persona tiene razón, se le da. Se asiente con la cabeza y se marcha uno a su rincón a seguir apostando por lo oscuro, por lo vacío, por lo que no quiere nadie. Y rezo todas las noches para que nadie descubra lo listo que soy. Si le empiezo a gustar a la gente, me moriré. Échame un kiki, amor. No sé expresarme mejor.
https://www.youtube.com/watch?v=s15nJ642EBA
Es todo como muy complejo. No es tan fácil. Imagina que un día una persona se presenta en tu puesto de trabajo y sientes que esa persona es especial y que te da miedo. Imagina que es tan buena, que esa persona que tienes ahí delante es tan buena, tan buena, que te acojonas vivo. Imagina que es una persona con un halo, que desprende algo, que es capaz de transmitir con solo un poquito de lo que tiene tanto tantísimo que te deja en un estado de absorción tan increíble que nunca más vuelves a ser lo que eras. Una especie de momento que ya no te deja vivir como tú vivías, jamás. Y esa persona es tan buena, esa persona tiene un algo que es tan indefinible... es tan bonito todo. Va, aprovechemos estas líneas que nos faltan antes de llegar a poner la canción de Mercromina que escuché el otro día en la radio para decir cosas muy bonitas. Es fácil decir las cosas más bonitas del mundo. Una planta que quieres que crezca y que miras y que deseas ferviéntemente que prospere, que crezca, que de flores. Es un jazmín, le corté una ramita el otro día y lo dejé en una maceta. Yo creo que está queriéndose morir, pero otros pensarán que está agarrando. Qué debate. Escribo sólo para darte la razón. Sólo para tu tranquilidad. Que sepas que he escrito. Eso es muy bonito. Es como ciencia ficción (y así puedo poner la canción). Qué canción.
https://www.youtube.com/watch?v=Hnj0pGxipJg
Hacer lo que no se esperan que hagas. Si tenías el pelo liso, rízatelo. Si antes no ibas en bici, pedalea. Si te gustaba mucho el punk rock, habla de Elton John. Si siempre has dicho que el comunismo es el futuro, lleva camisetas de los ramones. Si dijiste que nunca, nunca, pero nunca, nunca, nunca, ibas a consentir que alguien en tu vida fuera tan importante como... pues eso. Y así siempre. Y es divertido, porque ahora estás aquí y luego estás allí. ya está. Me dijeron una vez que repetía canciones. Qué cosa. Uno que siempre ha peleado por que aquí aparezcan canciones diferentes, cada semana, y resulta que no. Que se repiten. Esto es. Sigue haciendo lo que estabas haciendo. Persevera. Si te dicen que cambies, haz como que les oyes y preséntate exactamente igual a como eras. Sigue diciendo lo mismo, repítelo. Di lo mismo otra vez. Insiste. Haz la misma broma. Cánsales. Cánsales a todos. Kansas City. No hace gracia. Kansas. Kansas y Arkansas. No hace gracia. Es igual. No cambies. No se esperan que no cambies. Ese es el truco. No se esperan que sigas haciendo lo mismo. Da igual. Yo me entiendo. No hace falta. Por favor, no dejen de leerme.
https://www.youtube.com/watch?v=DDOL7iY8kfo
Hay momentos en los que uno pierde la compostura. Se entiende que son momentos en los que a uno se le va el pincel y no baja a la tierra hasta pasado un tiempo. Dicen que yo soy propenso a eso, que tengo una inclinación a quitar el ancla y que sea lo que Dios quiera. Quizás esté pasando ahora. Quizás lleve ya un tiempo así, con el ancla sin recoger. Veo a gente pasear por la plaza de la Vila con un sentido concreto. Que van a un sitio. Yo quiero ser así. Quiero que la gente sepa a dónde voy. O es adónde voy. No sé. No puedo estar mirando en google todo el rato cómo se escriben las cosas. Quiero decir que posiblemente ya haya perdido el contacto con lo que se viene haciendo desde siempre, en plan bien. Esta última frase, por ejemplo, u oración, digamos, no viene adecir nada. Rellena. Miren cómo engorda el texto. Haces que pierda el sentido de lo que pasa. Haces que el ancla esté tan lejos que ni me moleste en ir a buscarla. Haces que el tiempo.... espera, que el tiempo se mida por otros medios, o sistemas. ¿Cómo se mide el tiempo? Ese es un buen tema de discusión. Qué pena que me hayan pillado el truco, con lo que molaba ser así. Haces todo.
https://www.youtube.com/watch?v=Q17sCAxxPvo
Aunque esté en esa otra dimensión, que no es otra dimensión realmente, si no que es otro espacio que no tiene que ver con esto especialmente, oigo a mi hermano últimamente tararear 'your mother should know'. Canta una canción como la que cantaba tu madre cuando era joven. Tu madre la sabe. Si tuviera que morirme alguna vez, quisiera que esta canción sonara mientras tanto y que la despedida fuera así, con los colegas y conmigo mismo bajando las escaleras y despidiéndonos así. Si a vosotros no os hace gracia, a mí me está pareciendo un partidón de reír. Mi hermano tarareando your mother should know. Vamos a cantarla todos. Arriba los corazones y vamos a cantar una canción de cuando tu madre era joven, que seguro que tu madre sabrá cuál es. Aunque haya nacido hace muchos años. Tu madre la sabe. Tu madre se la sabe, seguro. Es de esas canciones de los Beatles que uno no sabe porqué no están sonando todos los días en todas partes. Al menos mi hermano la canta todo el rato. Tu madre la sabe. Adios.
https://www.youtube.com/watch?v=7gwg_d3XZ5A
Y con esto, nos vamos despidiendo. El mismo rollo de siempre, con canciones parecidas. No innovamos casi nada. Se nos está echando el tiempo encima y no estamos dedicándonos a lo que tenemos que dedicar. Nos pasan por la derecha y por la izquierda. A ver si este finde arreglamos algo. Saluden si eso.
jueves, 25 de junio de 2015
Gorteza
Gorteza apareció por el bar del Frederico con ganas de olvidar y se sentó en una mesa. Solía quedarse en la barra, en una de las esquinas, pero aquel día sin saber bien porqué se sentó en una mesa. Pidió un vasito de vino, algo que tampoco era habitual en él. Luego se puso a leer el diario, algo que no hacía nunca. Veía entrar a la gente en el bar de Frederico. Se hizo de noche. Un grupo de chicas jóvenes comentaban cómo les había ido la jornada de trabajo. No las conocía de nada. Gorteza apuró el vaso de vino y pidió otro más. Nunca había bebido más de dos basos de bino. Todo era extraño y él mismo notaba que las cosas no iban como siempre. Las chicas dejaron de reir y de hablar, porque alguien empezó a tocar música desde algún rincón del bar del Frederico. Las chicas tarareaban las canciones que salían desde algún rincón del bar del Frederico que a Gorteza le costaba distinguir. Perdió enseguida la ilusión por encontrar de dónde salía aquella música, porque se fijó en una mujer que acababa de entrar en el bar. Era muy mayor, pero era guapa como dos millones de elementos dispuestos de forma armónica que formasen un todo muy guapo. Se me acaban los símiles, si es que alguna vez hubo maneras de decir que alguien es como es sin que nos repitamos. Era muy mayor, pero muy muy mayor. Y aún así, algo tenía que la hacía irresistible. Gorteza no la reconoció. Pero se fijó en ella. La miraba y no sabía quién era y aún así no podía dejar de mirarla y sentirse muy próximo, muy cerca, muy con ella. Y no pudo menos que ir a la mesa en la que aquella mujer se había sentado y hablar con ella. Cuando Gorteza estuvo a su altura, no le dijo nada, simplemente le tendió la mano y ella se la cogió. Salieron a bailar mientras aquella música que no sabía de dónde salía seguía sonando. Gorteza no sabía demasiado de música y no conocía los temas que sonaban, pero le gustaban. Se apretó contra la mujer y puso su mejilla contra su mejilla. Estuvieron bailando durante mucho tiempo, no somos capaces de calcular realmente cuánto. Aquella mujer, pese a ser realmente una anciana, tenía algo en su manera de moverse que no correspondía con su aspecto exterior. Era tan linda que un espectáculo de niños cantando bonitas canciones con su voz angelical y pura, no era ni siquiera tan lindo como aquella mujer. Gorteza estaba bailando. Nunca bailaba. Todo aquello era demasido diferente a todo. Bailaba con aquella mujer y no sabía ni dónde estaba. Aquella mujer no había dicho nada durante todo el tiempo hasta que en un momento dado acercó su boca al oído de Gorteza y le dijo 'me alegro de que no te acuerdes de mí. Todo será como nuevo a partir de ahora'. De verdad que pasan cosas y casos tan inverosímiles en la vida de según que gente que hacer una enumeración de fenómenos así nos puede llevar a considerar que, en realidad, la vida, sin esos momentos, es así como una puta mierda. Imaginen que todo fuera tan simple como levantarse por las mañanas y que todo lo que sucediera en la vida de uno fuera exactamente igual a lo que uno supone que va a ser. Gorteza pensó que se había quedado dormido con los dos basos de bino. Pero no podía ser todo tan extraño y tan extenso y tan vívido, porque sentía el aliento de aquella mujer en la oreja. Un momento, aquel no era el bar del Frederico.
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