Una de las peores cosas que puede hacer uno, creo, antes de ver una película, es leer la crítica. Si esa crítica disecciona la película y la desnuda por completo, señalando a qué se parece y a qué no, lo que tú veas luego quizás esté tan condicionado que lo único que hagas será, inconscientemente, calcar tu juicio sobre la película con lo leído. Así, como hace mucho que no voy al cine, leí la crítica sobre The Witch en Jotdown con la certeza de que no voy a ir al cine a verla por mucho que me interese lo que allí se contara.
Sin embargo, por circunstancias de la vida, he podido verla en internet. No diré el cómo ni el dónde, pero la he podido ver. Y como nada es fácil para mí, como de cualquier cosa tengo que hace un mundo, y como los oriundos, descendientes, relacionados con Jaén tenemos cháchara sin cuento con cualquier cosa, el hecho de cómo la ví tiene tanta importancia como la película en sí.
Ví la película en versión original, en inglés. Tengo un inglés que me permite entender cosas, bastantes cosas, pero no todas las cosas. Si el inglés que se habla es... mmm, digamos que demasiado inglés, o que es... vamos, que me enteraba de pocas cosas. Vamos, que no me enteraba de nada. Así que sabía de qué iba la película, cuándo se hacía referencia a otras películas, Haneke, Haneke, Haneke y la Cinta Blanca, Haneke, Haneke... pero veía la película sin saber qué se estaba diciendo. Seguía la historia, pero me tenía que medio imaginar qué veía. La película estaba subtitulada en chino. Así de sencillo. Los subtítulos en chino. Si escogías los subtítulos en castellano, no iban a tiempo y además no desaparecían los subtítulos en chino, por lo que se superponían unos encima de otros, resultando un follón indescifrable que obligaba a quitar los subtítulos en castellano. Los subtítulos en chino no desaparecían nunca.
Con estas condiciones, explicar qué es The Witch, La bruja, va a quedar un poco cojo, pero creo que puedo hacer un resúmen. Como mis padres son jiennenses, puedo hablar de cualquier cosa. Santa Coloma debe ser la ciudad con más historias por metro cuadrado, con más cosas que pasan y se cuentan por segundo. No por nada, es cuestión de origen. Sigo. Una familia, en Nueva Inglaterra, Siglo XVII, es juzgada por una comunidad y expulsada. La familia, el cabeza de familia, considera que sus vecinos son falsos cristianos. Los destierran al bosque. La familia busca emplazamiento y allí viven. Son: padre, madre, hija grande, hijo mediano, dos niños insoportables y un bebé.
Música de violines, de violones, de violas, de violoncelos. Todo el rato. Desasosegante.
Pasar, no pasa demasisado. Miedo, terror escabroso, nada de eso. Es la sensación. Todo empieza a ir mal. Bebés que desaparecen, niños que se pierden, Thomasin, Thomasin, Thomasin tiene la culpa de todo. Thomasin es guapa y dulce, pero cuando quiere puede parecer el mismo demonio. Thomasin.
El mal. Ahora viene la reflexión del listo, a ver. El mal se construye. Si tu quieres que haya mal rollo, si vives pendiente del mal rollo, si vives con ganas de que la cosa vaya mal, irá mal. Aparecerá el diablo, el mal, y lo joderá todo, y te llevará por mal camino. Si no estás pendiente nada más que de cosas que pueden ir mal, si tienes el recuerdo de algo que no te deja vivir (la madre quiere volver a Inglaterra, allí era feliz, o tenía un sueño, pero todo es una mierda), no dejarás vivir a los demás. Creo que la película va de eso.
Si tú quieres que haya brujas, habrá brujas, no te preocupes. Si lo quieres ver, lo verás. Si a un accidente le buscas una explicación sobrenatural, verás a Dios, o al Diablo, según interese. Según estés.
La película es buena. Me gustó. No entendí nada, pero me gustó. Es eso. El mal. Construir el mal. Que el mal se convierta en realidad. Hacer las cosas mal.
martes, 31 de mayo de 2016
lunes, 30 de mayo de 2016
Un cuento con final positivo, creo, para un arquitecto de Santa Coloma.
.. y entonces intervino aquel al que estaban todos esperando a escuchar. Ya habían terminado las presentaciones y todos los urbanistas y pensadores de entornos celestiales se habían cansado de intentar averiguar qué era lo que aquel tiempo necesitaba, qué ciudad podían pedir aquellas personas. Todos eran conscientes de que sus intervenciones solo habían sido programadas para preparar la intervención de aquel gran sabio, venido de la mismísima Italia, que había publicado tantos y tantos libros y tantos estudios y que había sido amigo de actores, músicos de rock, políticos de todo signo y hasta de otros arquitectos. El ínclito Guglielmo Tontini, comenzó a explicar nuevamente toda su sucesión de tópicos sobre el espacio, la importancia del espacio, cómo el espacio nos define y nos inspira, cómo la gestión del espacio hace del hombre un ser diferente, que nadie ha gestionado nunca el espacio como el hombre y que cualquier hombre sabe que su espacio es uno y no otro, que en la Creación, el Creador (¿?) nos había dispuesto de manera tal a todos y cada uno de nosotros para que el espacio fuera tan importante y trascendente como el propio hombre, que lo que el hombre podía hacer para llegar a ser Dios era gestionar el espacio, que en la ciudad de Florencia, allá por el siglo XIV...
Fue ahí, justo ahí, cuando aquel otro arquitecto, que hasta aquel momento se había mostrado interesado a medias por las intervenciones de los conferenciantes que intentaban emular el lirismo, místico y afectado de Tontini, desconectó del todo. Y su mente comenzó a viajar por otro tiempo, un tiempo en el que él estaba en todo, en el que él lo tenía todo, un tiempo pasado, aquel tiempo pasado que todos hemos mitificado alguna vez, aquel tiempo pasado en el que todo y todos estaban allí, un tiempo que estaba allí y que parecía perdido, que solo volvía en momentos determinados, momentos de una desconexión total. Le vino así a la cabeza otra vez un tiempo, unas personas, una cara, una botella de vino, unas cervezas, muchas cervezas, canciones de los Kinks, una cara que puede que fuera la misma cara, aquel primer disco de King Crimson, la primera canción del primer disco de King Crimson, la música, una vez que... o cuando... el tiempo, otro tiempo, diferente, que no era como ese, un tiempo y otro espacio... un momento, pensó. Un momento.
Gluglielmo Tontini estaba hablando de una armonía de espacios singular tal, que hacía tocar la divinidad acariciando una balaustrada de Siena... cuando el arquitecto que ensoñaba dejó de ensoñar y pensó lo siguiente. Levantó la mano y antes de que le dijeran que podía hablar hasta que Tontini concluyera su alocución, lo soltó:
- Yo creo que ya está bien. El pasado, la ensoñación, ese espacio. Yo lo que quiero es tomarme una birra y si es ahora mejor que mañana. Y si es en este espacio mismo, mejor que esperar a llegar a Siena. ¿Quién se viene?
Yo voy.
Feliz día, Ángel Paz.
Y disculpa la interpelación. O la interjección. O la intersección.
Que te pagues unas birras.
Fue ahí, justo ahí, cuando aquel otro arquitecto, que hasta aquel momento se había mostrado interesado a medias por las intervenciones de los conferenciantes que intentaban emular el lirismo, místico y afectado de Tontini, desconectó del todo. Y su mente comenzó a viajar por otro tiempo, un tiempo en el que él estaba en todo, en el que él lo tenía todo, un tiempo pasado, aquel tiempo pasado que todos hemos mitificado alguna vez, aquel tiempo pasado en el que todo y todos estaban allí, un tiempo que estaba allí y que parecía perdido, que solo volvía en momentos determinados, momentos de una desconexión total. Le vino así a la cabeza otra vez un tiempo, unas personas, una cara, una botella de vino, unas cervezas, muchas cervezas, canciones de los Kinks, una cara que puede que fuera la misma cara, aquel primer disco de King Crimson, la primera canción del primer disco de King Crimson, la música, una vez que... o cuando... el tiempo, otro tiempo, diferente, que no era como ese, un tiempo y otro espacio... un momento, pensó. Un momento.
Gluglielmo Tontini estaba hablando de una armonía de espacios singular tal, que hacía tocar la divinidad acariciando una balaustrada de Siena... cuando el arquitecto que ensoñaba dejó de ensoñar y pensó lo siguiente. Levantó la mano y antes de que le dijeran que podía hablar hasta que Tontini concluyera su alocución, lo soltó:
- Yo creo que ya está bien. El pasado, la ensoñación, ese espacio. Yo lo que quiero es tomarme una birra y si es ahora mejor que mañana. Y si es en este espacio mismo, mejor que esperar a llegar a Siena. ¿Quién se viene?
Yo voy.
Feliz día, Ángel Paz.
Y disculpa la interpelación. O la interjección. O la intersección.
Que te pagues unas birras.
domingo, 29 de mayo de 2016
El fútbol está muerto y el Madrid es su profeta.
El fútbol está muerto. Lleva muerto bastante tiempo, pero ayer tuvieron lugar las exequias. El fútbol ha muerto de manera inmisericorde. El fútbol es una gran mentira. El fútbol hace tiempo que ha dejado de existir. Lo de ayer fue una paletada de tierra más en la tumba del fútbol.
No quiero que gane el Real Madrid nunca, jamás, en la vida. Pero el fútbol es un deporte en el que hay once jugadores, otros once enfrente, y si uno de esos bloques de once jugadores son el Real Madrid, acabarás pasando por el tubo. Acabarás palmando. El Madrid es la muerte del fútbol.
De un tiempo a esta parte, desde que Cruyff cogió al Barça y se creó el mito del 'buen juego', del 'fútbol de toque', de la posesión, del control, de atacar y atacar, de que al fútbol se jugaba de una manera y lo demás era arcaico, pasado, tramposo, fullero, cobarde y malo, parecía que el fútbol había vencido a la vida. No soy del Barça, no me gusta que gane el Barça nunca. Cuando el Barça gana, el fútbol son ellos. El fútbol es pasarse la pelota y pasarse la pelota y no dejar que el otro tenga la pelota hasta que llega Messi o el 'muy bueno' de turno y marca.
Pero el Madrid es otra cosa. Cuando gana el Barça, todo parece maravilloso, hay esperanza en un mundo mejor, porque son buenos, se pasan la pelota, juegan en equipo. Cuando el Madrid gana, demuestra que todo eso, que toda la milonga, que todo el mito, es mentira. Como todos los mitos. A base de mucho dinero, de mucha mística alternativa por la cual sabes que el Madrid va a ganar, porque ha ganado siempre, porque va a ganar siempre. Da igual cómo juegues, quién seas, lo cutre que sea el Madrid, lo mal que te caiga Cristiano Ronaldo, las bromas que hagas sobre Sergio Ramos, lo patético que sea ver un partido del Madrid, al final, van a ganar.
Mi padre cumplió años ayer. Mi padre no quería que el Atlético llegara a la final. Sabía que el Madrid iba a llegar a la final. Sabía que el Atlético no le iba a ganar al Madrid. Yo también compartía ese criterio.
Ayer fui a ver el fútbol. Sabía que iba a ganar el Madrid. Me interesaba saber cómo. A todo el mundo le dije que el Madrid ganaba seguro. Sufriendo, mal, de penalty, injustamente, aplastando a un rival asustado, por la cara, con el culo, de paliza, con festival goleador, rabiando, como fuera, pero iba a ganar. El Atlético de Madrid por su parte, puede recoger sus cosas e irse. Tercera oportunidad, las tres las ha perdido a última hora, al final. No es fiable, váyase. El Atlético de Madrid está ocupando un espacio en la historia del fútbol que podría ocupar otro, un equipo más capaz, sin esa cara de vamos a perder, sin ese llorar con el primer gol encajado en el minuto 20. Sin recordar continuamente aquella final que perdieron aquella vez. El Atlético de Madrid ya no nos engaña más. El Madrid va a ganar siempre.
Empieza el partido, no estoy muy pendiente, pero estoy ahí. Correcalles, Parece que el Atlético va a por el partido, el Madrid no se encoje. El Atlético no tiene nada arriba. Como te pille el Madrid te vacuna. Gol del Madrid, minuto veinte. En fuera de juego, de libre indirecto, remate de chaspi de Sergio Ramos. Gol. Es gol. Ya está. El que lo quiera ver que lo vea. El Madrid es la muerte del fútbol. Hemos venido a matar vuestras ilusiones.
Abandonar toda esperanza. No hay salida. El Madrid va a ganar siempre.
El partido sigue. Penalty a favor del Atlético. Es una tontería pensar que algo puede fallar, que esto sea el inicio de un tiempo nuevo. De una vida mejor. Griezmann falla el penalty. Al larguero. Sigue el partido, parece que el Atlético se resiste a aceptar que hay que perder, que es el Madrid, que haber ganado muchos duelos anteriores no significa nada, que os va a volver a pasar. Gol del Atlético. Parece que si, que puede haber un futuro mejor. Celebramos el gol como si de verdad creyéramos que hay una vida mejor. Premonición a la muerte del fútbol.
Con mi hermano comentamos que bueno, que todo es fantástico, pero que nos va a saber fatal por el Atlético porque al final, van a palmar. Lo llevan en la sangre. Lo llevamos todos. Escucha el reloj que entierra a los muertos. Llegaron los penaltys. Murió una guitarra. Tu sangre invisible será derramada. Oíste, fútbol....
En los penaltys las mismas reflexiones de siempre. Si lo tira un defensa, palmas. El Atlético tira el último penalty con Juanfran, que es igual que mi hermano, Juanfran es defensa, mi hermano era defensa. Juanfran jugó de extremo, mi hermano de delantero. Acabaron de defensa. Lo falla, al palo. Te aguarda la fosa, fútbol detente.
Final. No hay que ponerse triste. El fútbol ya no interesaba a casi nadie. El fútbol hace tiempo que no se juega por aquí, señor. No se preocupe, ahora hay otras cosas. El Madrid mata al fútbol. El Barcelonismo cree que el fútbol son ellos, pero el Madridismo sabe que es todo cháchara y que es tan de cartón piedra todo como la... me lo voy a callar. El Madrid tiene once copas de Europa. En una época en la que el fútbol sólo se puede jugar tal y como lo juega el Barça, o lo jugaba, guardiolismo, cruyffismo, el Madrid ha ganado un par de títulos sin nada. Matando el fútbol. Dinamitándolo.
El Atlético debe desaparecer.
Alguien en la UEFA, alguien, en la FIFA, debería tomar la decisión. El año que viene no se juega. El año que viene no hay fútbol.
No llores más, pequeño Billy, el fútbol no volverá de la mina.
En el Xòcala, un vecino madridista festeja la victoria. Una más. Como si no hubiera ganado nunca. Nosotros miramos la escena como si viéramos la reposición de una película. El fútbol se despedía de nosotros hasta otro rato. Hasta siempre.
Me gusta tanto el fútbol que me da mucha pena que se muera. El fútbol está muerto y el Madrid es su profeta. Una historia estándar, un clásico que se repite. Tú eres muy majo, muy sufrido, la tocas bien, pero va a ganar el Madrid.
Parece mentira que la gente pierda el tiempo buscando una explicación a algo que es superior a todos nosotros. El Madrid.
No quiero que gane el Real Madrid nunca, jamás, en la vida. Pero el fútbol es un deporte en el que hay once jugadores, otros once enfrente, y si uno de esos bloques de once jugadores son el Real Madrid, acabarás pasando por el tubo. Acabarás palmando. El Madrid es la muerte del fútbol.
De un tiempo a esta parte, desde que Cruyff cogió al Barça y se creó el mito del 'buen juego', del 'fútbol de toque', de la posesión, del control, de atacar y atacar, de que al fútbol se jugaba de una manera y lo demás era arcaico, pasado, tramposo, fullero, cobarde y malo, parecía que el fútbol había vencido a la vida. No soy del Barça, no me gusta que gane el Barça nunca. Cuando el Barça gana, el fútbol son ellos. El fútbol es pasarse la pelota y pasarse la pelota y no dejar que el otro tenga la pelota hasta que llega Messi o el 'muy bueno' de turno y marca.
Pero el Madrid es otra cosa. Cuando gana el Barça, todo parece maravilloso, hay esperanza en un mundo mejor, porque son buenos, se pasan la pelota, juegan en equipo. Cuando el Madrid gana, demuestra que todo eso, que toda la milonga, que todo el mito, es mentira. Como todos los mitos. A base de mucho dinero, de mucha mística alternativa por la cual sabes que el Madrid va a ganar, porque ha ganado siempre, porque va a ganar siempre. Da igual cómo juegues, quién seas, lo cutre que sea el Madrid, lo mal que te caiga Cristiano Ronaldo, las bromas que hagas sobre Sergio Ramos, lo patético que sea ver un partido del Madrid, al final, van a ganar.
Mi padre cumplió años ayer. Mi padre no quería que el Atlético llegara a la final. Sabía que el Madrid iba a llegar a la final. Sabía que el Atlético no le iba a ganar al Madrid. Yo también compartía ese criterio.
Ayer fui a ver el fútbol. Sabía que iba a ganar el Madrid. Me interesaba saber cómo. A todo el mundo le dije que el Madrid ganaba seguro. Sufriendo, mal, de penalty, injustamente, aplastando a un rival asustado, por la cara, con el culo, de paliza, con festival goleador, rabiando, como fuera, pero iba a ganar. El Atlético de Madrid por su parte, puede recoger sus cosas e irse. Tercera oportunidad, las tres las ha perdido a última hora, al final. No es fiable, váyase. El Atlético de Madrid está ocupando un espacio en la historia del fútbol que podría ocupar otro, un equipo más capaz, sin esa cara de vamos a perder, sin ese llorar con el primer gol encajado en el minuto 20. Sin recordar continuamente aquella final que perdieron aquella vez. El Atlético de Madrid ya no nos engaña más. El Madrid va a ganar siempre.
Empieza el partido, no estoy muy pendiente, pero estoy ahí. Correcalles, Parece que el Atlético va a por el partido, el Madrid no se encoje. El Atlético no tiene nada arriba. Como te pille el Madrid te vacuna. Gol del Madrid, minuto veinte. En fuera de juego, de libre indirecto, remate de chaspi de Sergio Ramos. Gol. Es gol. Ya está. El que lo quiera ver que lo vea. El Madrid es la muerte del fútbol. Hemos venido a matar vuestras ilusiones.
Abandonar toda esperanza. No hay salida. El Madrid va a ganar siempre.
El partido sigue. Penalty a favor del Atlético. Es una tontería pensar que algo puede fallar, que esto sea el inicio de un tiempo nuevo. De una vida mejor. Griezmann falla el penalty. Al larguero. Sigue el partido, parece que el Atlético se resiste a aceptar que hay que perder, que es el Madrid, que haber ganado muchos duelos anteriores no significa nada, que os va a volver a pasar. Gol del Atlético. Parece que si, que puede haber un futuro mejor. Celebramos el gol como si de verdad creyéramos que hay una vida mejor. Premonición a la muerte del fútbol.
Con mi hermano comentamos que bueno, que todo es fantástico, pero que nos va a saber fatal por el Atlético porque al final, van a palmar. Lo llevan en la sangre. Lo llevamos todos. Escucha el reloj que entierra a los muertos. Llegaron los penaltys. Murió una guitarra. Tu sangre invisible será derramada. Oíste, fútbol....
En los penaltys las mismas reflexiones de siempre. Si lo tira un defensa, palmas. El Atlético tira el último penalty con Juanfran, que es igual que mi hermano, Juanfran es defensa, mi hermano era defensa. Juanfran jugó de extremo, mi hermano de delantero. Acabaron de defensa. Lo falla, al palo. Te aguarda la fosa, fútbol detente.
Final. No hay que ponerse triste. El fútbol ya no interesaba a casi nadie. El fútbol hace tiempo que no se juega por aquí, señor. No se preocupe, ahora hay otras cosas. El Madrid mata al fútbol. El Barcelonismo cree que el fútbol son ellos, pero el Madridismo sabe que es todo cháchara y que es tan de cartón piedra todo como la... me lo voy a callar. El Madrid tiene once copas de Europa. En una época en la que el fútbol sólo se puede jugar tal y como lo juega el Barça, o lo jugaba, guardiolismo, cruyffismo, el Madrid ha ganado un par de títulos sin nada. Matando el fútbol. Dinamitándolo.
El Atlético debe desaparecer.
Alguien en la UEFA, alguien, en la FIFA, debería tomar la decisión. El año que viene no se juega. El año que viene no hay fútbol.
No llores más, pequeño Billy, el fútbol no volverá de la mina.
En el Xòcala, un vecino madridista festeja la victoria. Una más. Como si no hubiera ganado nunca. Nosotros miramos la escena como si viéramos la reposición de una película. El fútbol se despedía de nosotros hasta otro rato. Hasta siempre.
Me gusta tanto el fútbol que me da mucha pena que se muera. El fútbol está muerto y el Madrid es su profeta. Una historia estándar, un clásico que se repite. Tú eres muy majo, muy sufrido, la tocas bien, pero va a ganar el Madrid.
Parece mentira que la gente pierda el tiempo buscando una explicación a algo que es superior a todos nosotros. El Madrid.
viernes, 27 de mayo de 2016
Fèlix - Feliz
Una imagen vale más que mil palabras. Pero si no sabes qué es lo que dice la imagen, puede que te quedes igual. Si la tienes que interpretar en base a lo que te vaya fluyendo, puede pasar cualquier cosa. El miércoles por la noche noche me enviaron esta imagen. Y pensé que mi hermano había dado un paso más allá en el retrato de hermano para pasar a hacer una proyección de mi propia cara dentro de unos años. Vi una nariz de porra, vi la calva incipiente, vi las gafas y pensé, 'este me ha dibujado dentro de unos veinte años, con traje y todo'. Y ahí lo dejé. Fèlix Sitats. Como si el de la foto se llamase Fèlix y aprovechase para...
Esa es mi versión.
Unas horas después, vi a mi hermano y me preguntó que si me había gustado el dibujo. Claro, le dije, es muy chulo. ¿soy yo? Mi hermano me dijo que no, que lo que había pasado es que estaba en el local y que no tenía nada que hacer y que tenemos colgado un billete de quinientos de chufla y que lo había copiado. Bueno, me dijo que el del dibujo era el del billete de quinientos que tenemos en el local. Ostia, espera, dijo, que claro, el del billete de quinientos es el Millet. Así que el retrato es un retrato de Millet. Pero espera, que el Millet se llama Fèlix. Qué casualidad. Una casualidad. Se llama Fèlix, el dibujo se llama Fèlix Sitats, es mi cumpleaños Felicidades, se parece a mí si yo tuviera sesenta y cinco años, por ejemplo, y...
Todas las cosas que pasan vienen de la nada. Hay una canción de los Super Furry Animals que dice que algunas cosas vienen de nada. No dice todas las cosas. Este texto no viene de la nada. Viene de un dibujo. Ayer, cuando estábamos viendo la foto, el dibujo, mi hermano preguntó por unas tijeras para cortarlo. Nadie llevaba tijeras encima y éramos cinco en la mesa. El del Celler tampoco tenía. Llevaba una navaja multiusos.
En la Vanguardia del 25 de mayo, un día antes de mi nacimiento, de 1975, en la portada, se anunciaba una exposición de perros. Cuatro fotos grandes de perros se repartían la portada. Un poco como la portada del Let it be. Decíamos, 'tal y como estaba Barcelona en 1975, poner como portada esa foto de la exposición de perros, hay que tener unos huevos...'. El A., que fue el que dijo lo de los huevos, ya no vino por la tarde.
Hablando del Let it be, ayer escuché mucho Beatles, mientras trabajaba por la mañana y luego comiendo con mis padres. Ahora estoy escuchando a Robert Wyatt y a Matching Mole, que son más o menos la misma cosa. De los Beatles escuché el blanco y luego mi hermano puso canciones sueltas, del Yellow Submarine, que nos gustan mucho. Pongo los Beatles por la de Birthday y ya me engancho. Es tu cumpleaños, es mi cumpleaños.
Una novela con fondo musical, una biografía de Mao, el 13 rue del percebe, dos camisetas chulísimas, una foto, la perspectiva de un Tolstoi. Muchas risas. Y una conversación muy punzante con alguien que ha dejado de leer lo que escribo aquí, o al menos no lo lee ya con el mismo gusto. Todo fue un regalo.
Algunas cosas vienen de la nada. ¿Qué comí yo ayer? No sé pero últimamente estoy perdiendo mucho sentido del gusto. Lo de ayer qué era... pavo o cordero... Yo creo que era cordero, pero no estaba muy fuerte. Todo es así.
Vuelta a la realidad. Han absuelto a los mossos por el tema de la Ester Quintana. Le vaciaron un ojo en una mani pero no se sabe quién fue realmente el que... no sé. Hoy actúa el Tricicle en Santa Coloma. Lo acabo de ver en el Full Informatiu, lo tengo delante. Me hubiera gustado ir a verlo. Como antes.
Ahora suena Instant Kitten. Acabemos en alto.
Esa es mi versión.
Unas horas después, vi a mi hermano y me preguntó que si me había gustado el dibujo. Claro, le dije, es muy chulo. ¿soy yo? Mi hermano me dijo que no, que lo que había pasado es que estaba en el local y que no tenía nada que hacer y que tenemos colgado un billete de quinientos de chufla y que lo había copiado. Bueno, me dijo que el del dibujo era el del billete de quinientos que tenemos en el local. Ostia, espera, dijo, que claro, el del billete de quinientos es el Millet. Así que el retrato es un retrato de Millet. Pero espera, que el Millet se llama Fèlix. Qué casualidad. Una casualidad. Se llama Fèlix, el dibujo se llama Fèlix Sitats, es mi cumpleaños Felicidades, se parece a mí si yo tuviera sesenta y cinco años, por ejemplo, y...
Todas las cosas que pasan vienen de la nada. Hay una canción de los Super Furry Animals que dice que algunas cosas vienen de nada. No dice todas las cosas. Este texto no viene de la nada. Viene de un dibujo. Ayer, cuando estábamos viendo la foto, el dibujo, mi hermano preguntó por unas tijeras para cortarlo. Nadie llevaba tijeras encima y éramos cinco en la mesa. El del Celler tampoco tenía. Llevaba una navaja multiusos.
En la Vanguardia del 25 de mayo, un día antes de mi nacimiento, de 1975, en la portada, se anunciaba una exposición de perros. Cuatro fotos grandes de perros se repartían la portada. Un poco como la portada del Let it be. Decíamos, 'tal y como estaba Barcelona en 1975, poner como portada esa foto de la exposición de perros, hay que tener unos huevos...'. El A., que fue el que dijo lo de los huevos, ya no vino por la tarde.
Hablando del Let it be, ayer escuché mucho Beatles, mientras trabajaba por la mañana y luego comiendo con mis padres. Ahora estoy escuchando a Robert Wyatt y a Matching Mole, que son más o menos la misma cosa. De los Beatles escuché el blanco y luego mi hermano puso canciones sueltas, del Yellow Submarine, que nos gustan mucho. Pongo los Beatles por la de Birthday y ya me engancho. Es tu cumpleaños, es mi cumpleaños.
Una novela con fondo musical, una biografía de Mao, el 13 rue del percebe, dos camisetas chulísimas, una foto, la perspectiva de un Tolstoi. Muchas risas. Y una conversación muy punzante con alguien que ha dejado de leer lo que escribo aquí, o al menos no lo lee ya con el mismo gusto. Todo fue un regalo.
Algunas cosas vienen de la nada. ¿Qué comí yo ayer? No sé pero últimamente estoy perdiendo mucho sentido del gusto. Lo de ayer qué era... pavo o cordero... Yo creo que era cordero, pero no estaba muy fuerte. Todo es así.
Vuelta a la realidad. Han absuelto a los mossos por el tema de la Ester Quintana. Le vaciaron un ojo en una mani pero no se sabe quién fue realmente el que... no sé. Hoy actúa el Tricicle en Santa Coloma. Lo acabo de ver en el Full Informatiu, lo tengo delante. Me hubiera gustado ir a verlo. Como antes.
Ahora suena Instant Kitten. Acabemos en alto.
jueves, 26 de mayo de 2016
Respuesta a la carta de la Federació Catalana de Persones
Hola, muy buenos días.
He recibido con preocupación la carta que me han remitido desde su entidad. En ella me comunican que no les consta mi presencia como Persona en su listado y me instan a que demuestre que, realmente, pertenezco al género. Reproduzco lo que, de manera bastante desconsiderada, dicen en su carta: '... y es que repasando su actividad durante los últimos 41 años, nos hemos dado cuenta de que usted no ha desarrollado ninguna acción valorable, realmente reseñable en prácticamente ninguno de los ámbitos en los que usted ha ido deambulando a lo largo del tiempo. Tenemos que decir que, así como con otros afectados por dicha negligencia, que poco o nada han podido hacer a lo largo de sus vidas, por motivos diferentes, usted ha perpetrado un sinfín de intentos de hacerse pasar por una Persona, mas un análisis realmente serio de todo lo que ha ido desarrollando en estos años, prácticamente desde que naciera usted, nos ha hecho decidirnos por sancionar su actitud como de una desfachatez y una sinvergonzonería que nos lleva a echarnos las manos a la cabeza pensando qué clase de ser humano es usted. Qué clase de individuo es usted. Desde que iniciara usted su camino en esta sociedad, como niño, como adolescente, como joven y ahora ya como maduro varón, no ha llevado a cabo nada. En absoluto. Es usted la quintaesencia de esa clase de individuos que parece que, pero que no. No es el primer caso al que nos enfrentamos, es habitual que muchas Personas hayan comenzado algo y no lo hayan acabado. Que algo en la vida no les haya salido bien. Pero, realmente, jamás nos habíamos encontrado con un individuo que muestre menos... que muestre menos imputs a favor. Y nos preocupa. No hay nada de lo que parece que haya emprendido usted, si es que ha emprendido algo, por que usted mismo dice e insiste en recalcar que lo de emprender es en sus palabras 'una puta mierda', Bien. Valorado todo esto, insistimos en no considerarle Persona y le conminamos a que haga algo de una vez que demuestre que lo es'.
Bien. Seré breve.
Les remito una foto en la que me muestro radiante, sonriente y podríamos decir que con apariencia de felicidad, para que tengan en cuenta que, no considerarme una Persona no es algo que no me preocupe, pero tampoco me quita la sonrisa. Bueno, me la quitan otras cosas, pero eso de no llevar a cabo nada reseñable, no haber alcanzado ningún tipo de nada, no recoger el fruto de ningún tipo de esfuerzo, estar in blanche en la cuenta de resultados después de 41 años, sin dejar de preocuparme en algunas ocasiones, no creo que se deba a un error, a que haga algo mal, o que no me haya dado cuenta de las cosas. Sé perfectamente que disto mucho de ser una Persona, pero doy bien en las fotos, tengo conversación, acompaño, meto bien el ruido de fondo y, si no me lo propongo, como No Persona que soy, no llego a resultar excesivamente molesto llegada la ocasión. Ahora bien, en cuanto a lo de 'hacer algo', he de decir que no hay remedio. No sé ni ya creo que llegue a tiempo. La gente, ustedes mismos, lo han notado. Pero ya, qué se ha de hacer.
Pues reirse un poco y mantener al menos el tono. Podrían valorar lo de que al menos hago reir a alguien de vez en cuando, aunque no sea un hecho material en sí, pero bueno, entiendo que es algo vanal. Banal. También hago llorar. Tampoco creo que lo valoren.
Sea como sea, voy a seguir por aquí. Me quedan otros 41 años para ir mirando a ver.
Ruego que no difundan la fotografía, porque la gente no está acostumbrada a verme reir.
Un saludo afectuoso y que tengan un muy buen día.
He recibido con preocupación la carta que me han remitido desde su entidad. En ella me comunican que no les consta mi presencia como Persona en su listado y me instan a que demuestre que, realmente, pertenezco al género. Reproduzco lo que, de manera bastante desconsiderada, dicen en su carta: '... y es que repasando su actividad durante los últimos 41 años, nos hemos dado cuenta de que usted no ha desarrollado ninguna acción valorable, realmente reseñable en prácticamente ninguno de los ámbitos en los que usted ha ido deambulando a lo largo del tiempo. Tenemos que decir que, así como con otros afectados por dicha negligencia, que poco o nada han podido hacer a lo largo de sus vidas, por motivos diferentes, usted ha perpetrado un sinfín de intentos de hacerse pasar por una Persona, mas un análisis realmente serio de todo lo que ha ido desarrollando en estos años, prácticamente desde que naciera usted, nos ha hecho decidirnos por sancionar su actitud como de una desfachatez y una sinvergonzonería que nos lleva a echarnos las manos a la cabeza pensando qué clase de ser humano es usted. Qué clase de individuo es usted. Desde que iniciara usted su camino en esta sociedad, como niño, como adolescente, como joven y ahora ya como maduro varón, no ha llevado a cabo nada. En absoluto. Es usted la quintaesencia de esa clase de individuos que parece que, pero que no. No es el primer caso al que nos enfrentamos, es habitual que muchas Personas hayan comenzado algo y no lo hayan acabado. Que algo en la vida no les haya salido bien. Pero, realmente, jamás nos habíamos encontrado con un individuo que muestre menos... que muestre menos imputs a favor. Y nos preocupa. No hay nada de lo que parece que haya emprendido usted, si es que ha emprendido algo, por que usted mismo dice e insiste en recalcar que lo de emprender es en sus palabras 'una puta mierda', Bien. Valorado todo esto, insistimos en no considerarle Persona y le conminamos a que haga algo de una vez que demuestre que lo es'.
Bien. Seré breve.
Les remito una foto en la que me muestro radiante, sonriente y podríamos decir que con apariencia de felicidad, para que tengan en cuenta que, no considerarme una Persona no es algo que no me preocupe, pero tampoco me quita la sonrisa. Bueno, me la quitan otras cosas, pero eso de no llevar a cabo nada reseñable, no haber alcanzado ningún tipo de nada, no recoger el fruto de ningún tipo de esfuerzo, estar in blanche en la cuenta de resultados después de 41 años, sin dejar de preocuparme en algunas ocasiones, no creo que se deba a un error, a que haga algo mal, o que no me haya dado cuenta de las cosas. Sé perfectamente que disto mucho de ser una Persona, pero doy bien en las fotos, tengo conversación, acompaño, meto bien el ruido de fondo y, si no me lo propongo, como No Persona que soy, no llego a resultar excesivamente molesto llegada la ocasión. Ahora bien, en cuanto a lo de 'hacer algo', he de decir que no hay remedio. No sé ni ya creo que llegue a tiempo. La gente, ustedes mismos, lo han notado. Pero ya, qué se ha de hacer.
Pues reirse un poco y mantener al menos el tono. Podrían valorar lo de que al menos hago reir a alguien de vez en cuando, aunque no sea un hecho material en sí, pero bueno, entiendo que es algo vanal. Banal. También hago llorar. Tampoco creo que lo valoren.
Sea como sea, voy a seguir por aquí. Me quedan otros 41 años para ir mirando a ver.
Ruego que no difundan la fotografía, porque la gente no está acostumbrada a verme reir.
Un saludo afectuoso y que tengan un muy buen día.
miércoles, 25 de mayo de 2016
No responde
El otro día iba andando por un parque, tranquilamente, sin la intención de hacer nada extraño. Iba de un sitio a otro y no tenía intención de hacer nada, de verdad. Cuando salgo a la calle a experimentar, a dejarme ir, ya entiendo que pasen cosas. Pero si voy de un sitio a otro, no estoy para tonterías. Lo sabéis, que muchas veces ni me fijo en si estáis delante o no estáis delante. Es una cuestión de prioridades. Primero lo mío, luego ya la experimentación. Aunque, la verdad, últimamente me dedico más a la experimentación que a otra cosa. Sea como sea, y por no entretenerme más, decir que el otro día, paseando por la ciudad, con la intención de ir a un sitio a entregar un papel que me pedían para hacer un tipo de historia que yo no veía muy allá, pero que me dijo un colega que me vendría bien porque ahora estaba muy bien y lo habían cambiado y yo le dije que no sabía, pero que bueno, que al final llevaría el papel y fuera.
Como quiera que últimamente estoy conociendo a mucha gente, digo, iba atravesando uno de los bellos parques de nuestra ciudad cuando me acordé que pasaba por delante de la alcantarilla y me asomé a preguntarle a otro colega que cómo le iba. Le llamé, delante de la alcantarilla, le dije, 'oye, qué tal, que no me dices nada, que ya que pasaba por aquí he aprovechado y he dicho, voy a decirle a este que... pero veo que no me contestas'. La verdad es que no iba a decirle nada, porque siempre que me paro con él a hablar, habla y habla y habla y habla. Y de todo lo que dice, a lo mejor tiene interés un 25% pero te tienes que comer unas historias y unas movidas que casi siempre te cansan. Es un tío majo, vive debajo de la alcantarilla desde hace un montón de años y bueno, al principio lo pasó mal, porque se tuvo que ir a vivir ahí después de una serie de problemas que tuvo con su ex y que se quedó sin curro y que le tuvieron que operar y le dijeron que buscase un sitio tranquilo y como es muy
echado para delante, muy valiente, dijo 'pues me voy a vivir debajo de la alcantarilla del parque'.
Me acuerdo como si fuera ahora de ese día. Eso que dice la gente de 'me voy a tener que vivir debajo de un puente', para mi colega este fue distinto. Se lo buscó de un modo extraño. Porque no tenía necesidad. A él le iba bien, digo que se quedó sin curro, pero donde trabajaba se lo llevaba muerto, así que podía haberse buscado algo, económico, como nos lo buscamos todos, sencillito, pero no irse a vivir a la alcantarilla, debajo de la alcantarilla. Lo dijo, se fue, y tampoco nos preocupó mucho. Dejamos de verle en los sitios y solo hablábamos con él si pasábamos por delante de la alcantarilla. Oye, y nos hablaba, que nos hablaba siempre, que a lo mejor me he pasado con lo de que era un poco brasa. Pero que no. Ostia ahora me he sentido mal. Joder.
Ahora estoy pensando que igual me pasé con él en algún momento, que dije algo. Que soy muy bocas. No lo sé. El caso es que no me contestó. Estuve allí un rato hablándole y no me dijo nada. Y yo que sé. Me quedé preocupado con el tema. Ostia, vivir en una alcantarilla y tal, pues si alguien no te contesta, pues te preocupas... Bueno, que eso. Que no me respondió.
Era contar esto solo.
Como quiera que últimamente estoy conociendo a mucha gente, digo, iba atravesando uno de los bellos parques de nuestra ciudad cuando me acordé que pasaba por delante de la alcantarilla y me asomé a preguntarle a otro colega que cómo le iba. Le llamé, delante de la alcantarilla, le dije, 'oye, qué tal, que no me dices nada, que ya que pasaba por aquí he aprovechado y he dicho, voy a decirle a este que... pero veo que no me contestas'. La verdad es que no iba a decirle nada, porque siempre que me paro con él a hablar, habla y habla y habla y habla. Y de todo lo que dice, a lo mejor tiene interés un 25% pero te tienes que comer unas historias y unas movidas que casi siempre te cansan. Es un tío majo, vive debajo de la alcantarilla desde hace un montón de años y bueno, al principio lo pasó mal, porque se tuvo que ir a vivir ahí después de una serie de problemas que tuvo con su ex y que se quedó sin curro y que le tuvieron que operar y le dijeron que buscase un sitio tranquilo y como es muy
echado para delante, muy valiente, dijo 'pues me voy a vivir debajo de la alcantarilla del parque'.
Me acuerdo como si fuera ahora de ese día. Eso que dice la gente de 'me voy a tener que vivir debajo de un puente', para mi colega este fue distinto. Se lo buscó de un modo extraño. Porque no tenía necesidad. A él le iba bien, digo que se quedó sin curro, pero donde trabajaba se lo llevaba muerto, así que podía haberse buscado algo, económico, como nos lo buscamos todos, sencillito, pero no irse a vivir a la alcantarilla, debajo de la alcantarilla. Lo dijo, se fue, y tampoco nos preocupó mucho. Dejamos de verle en los sitios y solo hablábamos con él si pasábamos por delante de la alcantarilla. Oye, y nos hablaba, que nos hablaba siempre, que a lo mejor me he pasado con lo de que era un poco brasa. Pero que no. Ostia ahora me he sentido mal. Joder.
Ahora estoy pensando que igual me pasé con él en algún momento, que dije algo. Que soy muy bocas. No lo sé. El caso es que no me contestó. Estuve allí un rato hablándole y no me dijo nada. Y yo que sé. Me quedé preocupado con el tema. Ostia, vivir en una alcantarilla y tal, pues si alguien no te contesta, pues te preocupas... Bueno, que eso. Que no me respondió.
Era contar esto solo.
martes, 24 de mayo de 2016
La ciudad de Duciad
Retomamos uno de nuestros géneros preferidos, el de la literatura de viajes, para incluir aquí un breve texto de Doménico Sigismondo titulado 'La ciudad de Duciad', que no es ni más interesante ni menos interesante que otros textos sobre ciudades o lugares en general.
'Juro que jamás había visitado Duciad. Y sin embargo, me dio la impresión de que Duciad me había visitado a mí. Yo iba camino de otra parte y como por arte de magia, Duciad apareció, siendo una ciudad, y yo me quedé encantado de que así fuera. Duciad era una ciudad que se parecía a mí. No era como yo, porque yo ya estaba muy visto entonces y quieras que no ya había agotado todos mis recursos, no podía ser de otra manera y creía que mi tiempo se había agotado. Pero Duciad me hizo ver que, realmente, yo ya había pasado a otro plano y que Duciad, aquella ciudad, tenía algo que yo creía haber tenido. Entré en la ciudad y me dirigí a uno de los bares de siempre. Sin haber estado jamás en Duciad, supe enseguida que aquel establecimiento era un clásico de la hostelería tradicional, por algo que no supe entender. Entré y todos allí me miraron como si ya me hubieran visto antes. Como si me conocieran de algo. Digo más, como si supieran algo de mí que yo debería saber también y no me quisieran contar. Pedí una copa de vino, porque pedir cerveza me parecía demasiado vulgar, y me senté a escuchar las conversaciones de los parroquianos, intentar yo también hablar con ellos, hacer lo que hace el viajero común, ser parte de, sin ser. Las gentes de aquel bar hablaban mi idioma, contaban cosas semejantes a las que yo entiendo, explicaban vivencias que tenían que ver conmigo. Me sentí muy incómodo. Me hizo sentir que ya había algo como yo. Gentes, bares, una ciudad entera que se parecía a mí. Probé algo de la comida local, me supo como los platos que yo disfruté sin saborearlos. Sabían a mí. Salí de aquel bar y caminé por las calles de Duciad, con la sensación de que la ciudad me hablaba. La ciudad, con mi propia voz, me decía que podía marcharme, que ya lo había visto, que Duciad era yo. Y que no puede haber dos personas iguales. Si no hubiera sido como yo, habría hablado de los gemelos y demás, pero supe que, siendo yo, era totalmente innecesario. Duciad, los habitantes de Duciad sabían quién era yo, yo no sabía que ellos sabían que ellos sabían que... me puse muy nervioso. Sentí que esa ciudad, atrapándome, me estaba excluyendo de un viaje que yo había emprendido hacía bastante tiempo buscando un faro. Duciad no parecía tener límite, fui caminando queriendo salir de allí hasta que encontré otro bar. Pedí una cerveza, tenía mucha sed. Un chico me miró desde el fondo de la barra. Me senté con él. Quiso decirme algo pero al mirarle me asusté mucho y me fui. En la mirada tenía algo que noté ya no mío, algo de mi pasado. Estoy fuera de Duciad, recuerdo algo de un faro, me hablan y no entiendo. Recuerdo un faro, una ciudad que vino a mí, el fin de un viaje. La mirada de aquel chico. No vuelvo a viajar.'
'Juro que jamás había visitado Duciad. Y sin embargo, me dio la impresión de que Duciad me había visitado a mí. Yo iba camino de otra parte y como por arte de magia, Duciad apareció, siendo una ciudad, y yo me quedé encantado de que así fuera. Duciad era una ciudad que se parecía a mí. No era como yo, porque yo ya estaba muy visto entonces y quieras que no ya había agotado todos mis recursos, no podía ser de otra manera y creía que mi tiempo se había agotado. Pero Duciad me hizo ver que, realmente, yo ya había pasado a otro plano y que Duciad, aquella ciudad, tenía algo que yo creía haber tenido. Entré en la ciudad y me dirigí a uno de los bares de siempre. Sin haber estado jamás en Duciad, supe enseguida que aquel establecimiento era un clásico de la hostelería tradicional, por algo que no supe entender. Entré y todos allí me miraron como si ya me hubieran visto antes. Como si me conocieran de algo. Digo más, como si supieran algo de mí que yo debería saber también y no me quisieran contar. Pedí una copa de vino, porque pedir cerveza me parecía demasiado vulgar, y me senté a escuchar las conversaciones de los parroquianos, intentar yo también hablar con ellos, hacer lo que hace el viajero común, ser parte de, sin ser. Las gentes de aquel bar hablaban mi idioma, contaban cosas semejantes a las que yo entiendo, explicaban vivencias que tenían que ver conmigo. Me sentí muy incómodo. Me hizo sentir que ya había algo como yo. Gentes, bares, una ciudad entera que se parecía a mí. Probé algo de la comida local, me supo como los platos que yo disfruté sin saborearlos. Sabían a mí. Salí de aquel bar y caminé por las calles de Duciad, con la sensación de que la ciudad me hablaba. La ciudad, con mi propia voz, me decía que podía marcharme, que ya lo había visto, que Duciad era yo. Y que no puede haber dos personas iguales. Si no hubiera sido como yo, habría hablado de los gemelos y demás, pero supe que, siendo yo, era totalmente innecesario. Duciad, los habitantes de Duciad sabían quién era yo, yo no sabía que ellos sabían que ellos sabían que... me puse muy nervioso. Sentí que esa ciudad, atrapándome, me estaba excluyendo de un viaje que yo había emprendido hacía bastante tiempo buscando un faro. Duciad no parecía tener límite, fui caminando queriendo salir de allí hasta que encontré otro bar. Pedí una cerveza, tenía mucha sed. Un chico me miró desde el fondo de la barra. Me senté con él. Quiso decirme algo pero al mirarle me asusté mucho y me fui. En la mirada tenía algo que noté ya no mío, algo de mi pasado. Estoy fuera de Duciad, recuerdo algo de un faro, me hablan y no entiendo. Recuerdo un faro, una ciudad que vino a mí, el fin de un viaje. La mirada de aquel chico. No vuelvo a viajar.'
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