Caminas por la calle porque vas a un sitio donde has quedado con alguien. Acabas pronto el encuentro con ese alguien y de camino hacia algún sitio te encuentras con alguien con quien te paras a hablar y acabas yendo a tomar un café que no te tomas y le acompañas a un sitio al que no vas. Ves un cartel en la pared y te llama la atención. Pasas por delante de él unas cuantas veces. No sabes de qué va. Así deprisa y en un primer momento parece que es un cartel electoral. Son muchos los carteles electorales que se cuelgan en la ciudad, pero este cartel parece raro. Y es raro porque no es un cartel electoral. No tiene pinta de ser un concierto, porque no ves la fecha. Parece ser un disco. Haces la foto y controlas a ver si lo que dice puede ser... lo del 'female foeticide', lo buscas. Se trata de que cuando se sabe si va a ser niño o niña, matan a la niña. Ajá. Parece que puedes colgar el cartel, llama la atención. Te dispones a escribir sobre algo relacionado con el cartel. Pero no quieres estar escribiendo todo el rato sobre lo del cartel. Quieres escribir sobre otra cosa. Pero tampoco quieres escribir todo el rato sobre esa cosa. En realidad, hoy estás escribiendo sobre cualquier cosa. Ni siquiera has encontrado una canción del tal Safe of Punjab. Ibas a poner una canción de Cornershop que eran de por allí e hicieron un disco con una cantante punjabí. Pero no. Encuentras una canción de Manpreet Maan y la pones. Esta mismo.
https://www.youtube.com/watch?v=xRYw0kWF164
La gente canta canciones que no nos gustan y piensa cosas que no concuerdan con lo que nosotros consideramos mejor. La gente canta por ejemplo, canciones de Ana Belén, como si no hubieran escuchado nada más en los últimos 30 años. O 40 años. Y son gente joven que no debería estar ahí. Solo le pido a Dios... y se saben toda la letra sin titubear. La gente piensa cosas que a nosotros nos parece que están fuera de lugar. La gente no entra por el aro, o entra por el aro. No nos gusta cuando entran por el aro, no nos gustan cuando no entran por el aro nuestro. Yo. Yo en cambio siempre mantengo una línea uniforme y siempre lo hago todo bien. No me dejo engañar, no comulgo con las ideas del sistema y me gusta la mejor música. Yo soy una especie de modelo de conducta que irradia luz, saber y bienestar sobre quienes me rodean y sobre todos aquellos que tengo alrededor. Pienso lo mejor, actúo siempre como lo mejor, escucho la mejor música, leo los mejores libros. Por eso, me molesta sobremanera cuando alguien pretende llevarme la contraria o discutir alguna de mis actuaciones, mis gustos o mis comentarios. No entiendo cómo puede haber alguien capaz de discutir mis planteamientos. Me irrita profundamente, la verdad. Que los demás hagan lo que quieran, puede molestarme más o menos, pero que no solo no me sigan sino que me discutan, hasta ahí podía llegar la broma.
https://www.youtube.com/watch?v=uRKkBhk2yVM
El sol, el calor, el calor asfixiante, el calor de mucho calor, el calor que es calor con sol, con sombra, con cualquier cosa. El calor que es calor con pantalón largo, con pantalón corto, con camisas negras o con camisetas blancas o al revés. Nublado y haciendo mucho calor, habiendo llovido y haciendo mucho calor. Mucho calor cuando estás y mucho más calor cuando no estás. Mucho calor cuando hay mucha gente y sensación asfixiante cuando estoy solo. Me compré un ventiladorcillo y ahora se ha convertido en uno de mis mejores amigos. Está quieto y lo tengo encarado solo a la zona en la que estoy yo sentado en el sofá. Veo la tele, Hora de Aventuras o Big Bang Theory y mientras miro el movil el ventilador me da aire y así no pienso en la bola de fuego tremenda que se cierne sobre nosotros. Un castigo por habernos portado mal. Yo no me he portado mal, yo no he hecho nada malo. Yo soy una persona que lo hace todo bien. Estoy siguiendo una nueva línea de comportamiento. Ayer tuve que explicar otra vez el porqué de todo. Y cuando hablé del carácter conservador de Anatoly Karpov me dijeron que yo no era precisamente conservador. Era como si estuvieran hablando de otro. Igual es eso. Igual es que no soy tan conservador como parece y debo ser todavía más convencional. Ya da igual. Tengo un ventilador y voy tirando.
https://www.youtube.com/watch?v=NCtzkaL2t_Y
Esta semana ha sido rara. Como la oficina la he tenido que llevar de forma itinerante he estado menos centrado en lo que ha pasado por el pueblo. ¿Qué os contáis? ¿De qué ha ido esta semana la vaina? Tremendo el titular del Mirall 'El Tomorrowland llega a Barcelona, pero arde en Can Zam'. ¿Qué pensáis entonces de todo esto? Normalmente pensar en agosto es algo complicado, porque o no estamos físicamente en los sitios o no merece la pena estar o vete a saber qué. No lo sé. A quién le interesa todo esto ahora mismo. Si estamos en agosto y estoy aquí y no estoy en otro lugar. Hablando sobre si fue o no fue, sobre momentos estelares de la vida en sociedad, sobre el color del uniforme, sobre la magnitud de la tragedia. No me estoy enterando de nada de lo que está pasando. Estoy en una situación de aislamiento y ni siquiera sabría qué opinar sobre lo del fútbol. Supongo que podría tirar de tópico y decir algo sobre lo injusto que es todo. Y sobre lo mal que está todo. Pero en realidad, si me quito las gafas que me hacen ver correctamente, en realidad, está todo bien. Todo va como tiene que ir.
https://www.youtube.com/watch?v=HQxdCBV7iQM
Ayer leí en el Rockdelux la comparativa entre dos discos de Fairport Convention que son los dos únicos discos de Fairport Convention que he escuchado de verdad. El Unhalfbricking y el Liege and Lief. No sé, creo que son dos discos que si te mezclan las canciones de uno y otro te parecen el mismo. Pero no, hay diferencias y en el artículo te las dicen. Del Unhalfbricking me gustaban las que eran versiones de Bob Dylan. No pongo nada de música en castellano. Ayer pensaba en hacer una compilación solo de canciones de Radio Futura, pero una mierda que me coma yo y otra para Radio Futura. Porque me he acordado de una serie de canciones que me gustan y que se me aparecen de repente. Unas canciones que no he escuchado nunca y otras canciones que escuché hace tiempo. Ayer hablábamos de que no escuchamos nada nuevo, que prácticamente lo que hacemos es recuperar cosas antiguas. Es algo que ya hemos hablado antes también. Quizás es lo que toca en esta nueva regresión al convencionalismo, hablar de cosas que ya hemos hablado, comentar situaciones pasadas, repasar equipos de fútbol antiguos. Discos que no escuchábamos y que volvemos a poner. Hacer versiones de nosotros mismos. Cantar la canción antigua, la canción segura. Y ya sabemos que es la canción nueva la que mola. Pero da igual.
https://www.youtube.com/watch?v=AmmCSOpPzZc
Hace mucho calor para pensar en cosas profundas. Hoy en el bar me han dicho que la gente está más crispada de lo habitual. Que discute más. Yo veo normal que la gente discuta y se crispe, lo que no entiendo es porqué tienen que discutir conmigo. Al final pondré una canción del Liege and Lief. Es curioso que en toda la semana no se me haya ocurrido ninguna reflexión interesante ni ningún proyecto que emprender así en plan serio. Es agosto, vale, pero no se me ha ocurrido nada. En esta canción, en Matty Groves, mola la parte en la que de repente se saltan la canción y hacen otra cosa. Se saltan la narración y hacen otra cosa. Y la canción que va avanzando de manera lenta, explicando una historia, cambia y se convierte en otra cosa, chispeante, con el violín y la guitarra en un diálogo alocado. Frases copiadas de otras críticas. Y lo mejor de todo es que la canción no vuelve de nuevo a la parte en la que comenzó, no es un interludio, no, es un final. Acaba así. Se saltan la canción que estaban haciendo y hacen otra cosa, repitiendo al final lo que hicieron para señalar el salto de la canción. Mira que acordarse ahora alguien de Fairport Convention...
https://www.youtube.com/watch?v=1it7BP5PckI
Bueno, pues por ahora ya está. A ver si nos vemos por ahí si es que queda alguien por aquí y si no, pues nada. Nos vemos. Feliz finde.
viernes, 4 de agosto de 2017
jueves, 3 de agosto de 2017
La Calle Jacinto Verdaguer. Alrededor del mundo en un día.
Nuestras vidas son los ríos que van a parar al mar, que es el morir. Este verso no es de Mossen Jacint Verdaguer, poeta insigne de la Renaixença, movimiento de finales del siglo XIX que significó el renacer de la literatura culta en lengua catalana amén de un renacimiento de las reivindicaciones políticas de un sector de... Este verso no es de Jacint Verdaguer, llamarme patán, pero no me sé ningún verso de Jacint Verdaguer. Este verso de Jorge Manrique, poeta del medioevo castellano, pero esto irá al revés. Del río, desde el paseo Alameda, iremos paseando hacia arriba, hacia la plaza del Fondo, siguiendo un camino que nos llevará por una de esas calles emblemáticas de Santa Coloma, que son muchas calles de Santa Coloma, y de la que cada uno tendrá un recuerdo concreto. En un tramo le habrá pasado una cosa, en otro tramo conocerá a alguien, una vez fui a aquel bar, otra vez fui buena persona por enésima vez en aquel recodo del camino, alguien, y esto es seguro, fue bueno conmigo y hoy me acuerdo una vez más.
Comenzaremos por el lugar en el que desemboca el tráfico rodado, el Paseo Alameda, el lugar en el que la calle Mossén Jacint Verdaguer se encuentra con el Paseo y muere. Un parking en una acera, una tienda o almacén de muebles donde alguna vez existió un Lidl al que íbamos en peregrinación a buscar copas de chocolate, yogures gigantescos, cosas bastorras con marcas alemanas, comida barata y frankfurts a cascoporro. En el párking guardaron mis padres el coche un tiempo. En la esquina un Olimaja al que también frecuenté en tiempos muy remotos, de la niñez más niña. En la esquina con la San Joaquín, en el chaflán de enfrente una tienda de productos naturales que no tengo el gusto, porque yo todavía recuerdo la tienda de informática que tanto y tanto y tanto y tanto visité y que solo con dos o tres como yo podrían haberse hecho de oro. Y no. Enfrente, un parque. Un parque y una pista de fútbol sala llena de tierrucha, porque el parque tiene tierra y cuando vienes o vas y atraviesas el parque se te meten trocitos de arena en los pies y los vas arrastrando toda la vida y juras que jamás volverás a pisar ese parque y así va pasando la vida. Al fondo del parque, la churrería, el after colomense. Sigamos adelante. Hay mucho que contar. Porque junto al parque se encuentra el Institut Can Peixauet, donde estaban antes, hace mil años, los barracones del Fray Luis y el Unamuno.
Tengo que parar. En el Unamuno (o fue en el Fray Luis), fue donde jugué yo mi mejor partido de la historia como integrante del Seimar reconstituido que participó en un torneo de fin de curso al que nos invitaron como comparsas y del que salimos triunfadores. En la semifinal contra el equipo local, fue cuando toqué techo como futbolista escolar. Contra el propio Fray Luis. En una final contra el Verdaguer un tanto deslucida, acabamos ganando por penalties. En fin. De aquellos barracones no queda nada, pero se siguen manteniendo esas dos pistas, una ya como parte del parque y otra del Instituto.
Frente al Insti, una acera plagada de comercios y bares. Si algo tiene la calle es un abigarramiento de comercios, vida, gente, bares, comercios , pequeñas tiendas, gente, bolsas de fruta, comercios pequeños, sorprendentes oficinas de viajes y comercios de los de toda la vida. Entre la San Joaquín y la Avenida hay una carnicería a la que iba mi madre, con sus asientos para esperar, una peluquería, un bar que ha cambiado de nombre veinte veces y que tiene ahora un perro como imagen de marca, la Colometa, donde se come bien y no es por decir, es porque he ido hace poco y es verdad, el Kimera, donde siempre dan fútbol, una pescadería y seguro que algo más que se me escapa. En el chaflán está el Bierzo, un bar de los de siempre, pero yo creo que el Bierzo es más Avenida que Jacinto.
Después de pasar por uno de los tramos con el asfalto peor de toda la ciudad, seguimos avanzando camino del interior, pero antes, cruzando la avenida, entramos en otra calle Jacinto Verdaguer, en el tramo conocido como 'delante del pabellón'. O bien 'delante del poli nuevo'. Pero antes está el Sagarra. El SAgarra iba vestido de color rojo y negro, como el Milan. Contra el Sagarra hemos jugado buenos partidos, que casi siempre perdíamos. El Sagarra tenía un patio rojo en el que el balón se agarraba mucho. En el Sagarra había público debajo de las portaladas. Nunca investigué nada en torno al campo, no subí el terraplén, no miré nada. En las jornadas electorales, una vez, creí que podía ser cierto cuando un señor nos dijo que 'vamos a ganar'.
El Poli nuevo. Poli nuevo que ya va siendo hora que vaya cambiando el nombre, porque tiene años y se ve cascadete, el pobre, pero su vida interior bien merecería un relato aparte. Delante del poli. Los bares de delante del poli, llenos de gente en chándal, esperando a ver jugar, ver entrenar, salir de entrenar, ir a entrenar, venir de jugar. Es en este momento cuando el colomense se la juega. ¿Se han jugado las 24h este año? ¿Quién las ha ganado? ¿Ha seguido jugando el Gadaffi? Mejor no pregunto. Bocadillos de pinchos en el bar del poli, cerveza fresquita, cuatro de la mañana.
Delante del pabellón, bares, pollos a l'ast, chucherías, una agencia de viajes y el Jovic. El Jovic, en rebajas. Paraíso del buitre de las bambas baratas. Ahí me he comprado las munich rosas, ahí me compré alguna otra ganga más. Lo mejor es que no te influyen en la compra. Si quieres las rosas, tú sabrás. Nadie me advirtió. Hoy en el escaparate no había tampoco mucha cosa, pero es que estamos en agosto y me he despertado tarde. En el bar Granada deben estar escuchando música guapa, porque hay un parroquiano bailando en la barra.
Fantasía de calle. Una calle con bullicio, una calle con sorpresa, que apabulla, toda la gente. Toda la calle, desde que sales hasta que llegas es un hervidero de gente, de algo. Todo ahí.
Hace una semana, una amiga del pueblo vino a visitarnos. La Rocío, estupenda por el centro de Santa Coloma, dijo eso tan así de 'esto es un pueblo'. Tuve que redirigir la visita hacia la calle Jacinto Verdaguer para demostrar que somos una ciudad populosa. Que somos un hervidero y no ese recoleto conjunto de callecitas estrechas que te puede llamar a confusión. Flipó más.
Abandonemos el pabellón, no nos dejemos deslumbrar por los encantos del parque o semiparque de detrás del pabellón y sigamos adelante, pasemos por debajo del puentecito donde los camiones tochos se quedan enganchados, un tramo de acera quilométrico en el que no hay NADA hasta llegar a la calle San Justo. Edificios con pasarelas, en el lado derecho de la calle según se sube hay algún bar, el Condis de rigor, algún pequeño comercio y en la esquina con la calle Ramon Llull un enigmático bar llamado Caribbean... que promete tapas y desayunos... Caribbean. No conocemos el Caribe como otros colomenses viajeros que tienen Cuba como su segunda casa, así que nos lo tendremos que creer.
Es este tramo un tramo sombrío si quieren, un tramo en el que la altura de los edificios y lo estrecho de la acera, nos retrotrae a una Santa Coloma anterior, una Santa Coloma que aún perdura en algunos rincones de asfaltado torpe y sabor añejo. Pero no seré yo el que diga que esa Santa Coloma está peor que otras Santa Colomas, antes al contrario, me quedaré callado y apostaré por el realismo bienintencionado de ir enumerando cosas que veo y obviando las que no recuerdo.
Porque pretender describir toda, absolutamente toda la calle Jacinto Verdaguer sería como querer pasear por el mundo y querer contarlo todo de golpe. La gente va a Roma y cuenta Roma, la gente va a Vietnam y cuenta Vietnam. La gente cuenta Cadaqués y cuenta Cadaqués. Yo voy a Vilches y cuento poco. Contar toda la calle Jacinto Verdaguer supodría querer contarlo todo y no llegar. Lo intento. Seré pesado. Da igual.
Cuando llegamos a la calle Jacinto Verdaguer cuando se separa la calle San Justo tenemos la sensación de que la calle San Justo es ese amigo que se va a casa cuando tú quieres seguir de fiesta. Me voy... pero... no, no me sigas, yo me voy. La calle Jacinto Verdaguer no quiere ir hacia la Generalitat, la pasa por debajo, la San Justo la encuentra y traiciona a Jacinto Verdaguer.
Y entramos en la Jacinto Verdaguer del Barrio de Can Mariner, con Can Mariner por todas partes, pero invisible y un río de gente que siempre camina y va o viene. Hay un taller de la Renault en el tramo que enlaza con la calle Irlanda. Santa Coloma tiene estas calles de frontera. La Rambla San Sebastián, el Parque Europa, la Calle Irlanda, la Banús, la Jacinto Verdaguer... seguro que hay más. Una calle que hace de valle. A un lado el turonet que va a Santa Rosa y Raval y al otro Can Mariner. Bares, tiendas, una mercería, una tienda donde venden cualquier tipo de cacerola, todavía no se ven demasiados comercios chinos. Hay un bar bizarro que nunca consigo recordar su nombre, pero está al lado de la fotocopistería donde vamos a veces a imprimir carteles. Creo que en frente estaba aquel de Regreso al Vietnam, nunca entré, pero cada viernes el Viejo nos contaba las aventuras.
Nunca he conocido a nadie que haya vivido en este tramo de la calle. Creo que he conocido a muy poca gente que haya vivido en esta calle. En general. A un lado las calles que suben hacia la Santa Coloma más populosa, al otro lado las calles pequeñas que remolonean antes de entrar en las avenidas principales. Un exceso de lírica puede producir auténtica mierda, solo tienes que poner el freno.
Aquí la acera es otra y el esfuerzo en poner bancos llena la calle de gente reposando y tomando el fresco. Llega uno a la calle Irlanda y todavía le queda calle Jacinto Verdaguer para rato. En la esquina pasada la Calle Irlanda está el bar Extremeño. El Extremeño tuvo equipos de fútbol que no sé si conserva. Las crónicas de los partidos del Extremeño. Mi padre ha ido a comerse un bocadillo para desayunar con sus ex compañeros de trabajo en el Extremeño hasta hace poco. O quizás hace mucho que no iba. Hay una tienda oscura de deporte cuando seguimos avanzando y vemos que no tienen bambas de fútbol sala y sí polos Adidas. Antes, una tienda de televisores y electrodomésticos. Enfrente, comienza la colección de fruterías y bazares de todo. ¿He creído ver los recreativos? ¿Se me ha pasado la tienda donde mi madre me enviaba a comprar calzoncillos más baratos?
Si ya el tramo anterior era populoso y nos mostraba una Santa Coloma de bata fresquita y pantalón largo con camisa de cuadritos convive con todo lo que uno pueda imaginar y más si cabe, en este tramo que nos llevará al Mercat del Fondo y de ahí a la Plaza del Reloj, no hay descripción posible que valga.
Un poco antes, siempre un poco antes, un banco, una caja, una ocupación de la caja hace años por la PAHV, conversaciones con el compañero Lexan, desalojo con las cámaras delante. Hace años de esto.
Avancemos, sorteemos a la gente, dejémonos arrastrar por la gente, llevemos una lavadora entre la gente, intentemos averiguar dónde estaba el Lefties que ha cerrado y donde me compré mis últimas cosas medio molonas. Gente y fruta. Gente y zapatillas. Gente y chanclas. Gente y vestidos de formas imposibles. Gente y alguna oficina bancaria. Gente y comidas del mundo. Gente y bares. Gente y más bares. Gente y menos bares de los que te crees. Gente y la sensación de que esta calle se queda pequeña. Gente y cómo haces una foto sin que se vean caras de gente. Gente hasta el final. Son las once de la mañana de un día entre semana de agosto. Lo suyo es venir por la tarde.
Llegamos a las plazas del mercado, la plaza del mercado del Fondo, frente al mercat del Fondo, mercado de reciente construcción, al que le plantaron un Mercadona encima porque las condiciones son ventajosas, no hará competencia directa, se encargan de... en fin. ¿Han entrado al mercat del Fondo alguna vez? Yo sí, pero tampoco me voy a poner a vacilar de... he ido poco. Bueno, muy poco. Bueno. Una vez. A la Biblioteca sí.
Caminando por la plaza del mercat del Fondo, nos encontramos con el Pedro, que le lleva a uno a ver unas cristaleras por las que debe iluminarse el mercado, supongo, y que al parecer un día de estos sufrirán un deterioro completo al ser las víctimas propiciatorias de los infantes e infantas del barrio, que se suben encima porque si tienes 11 años y no pruebas a subirte ahí, eres sistema, casta y todo.
Abandono al Pedro no sin habernos deseado unas felices vacaciones y me dispongo a entrar en la Plaza del Reloj. Plaza que de tan populoso y de tantas cosas que tiene, sería como describir el mismo Aleph. He tardado en decirlo. La plaza del Reloj es el Aleph. Parece una obra de arte. Un reloj en mitad de una plaza señalando el tiempo y alrededor un millón de personas absolutamente distintas compartiendo un espacio delimitado por el tiempo. El tiempo pasa, la gente cambia, la gente que pasa por tu vida cambia, la gente que pensabas que iba a ser parte de tu vida cambia, el tiempo pasa, la gente que tú creías que iba a estar en esa plaza es otra, la gente nunca se conforma con que le marques el tiempo, la gente pasa del tiempo, nadie le hace ni puto caso al Reloj de la plaza del Reloj.
Hay bares, hay terrazas, hay espacio para jugar a la pelota, para que una niña se suba encima de la estatua, para que la gente se siente a mirar, para subir hacia los barrios altos, para tirar por la calle Massanet, para esquivar una pelota, para seguir hacia delante. Todo, absolutamente todo, en una plaza delimitada por el tiempo. No lo puedo contar todo.
Estamos llegando. Estamos llegando al final. Hemos atravesado la Plaza del Reloj y hemos descrito pocas cosas de la Plaza del Reloj. En la plaza hay una imprenta, en la plaza del Reloj está el bar Alegría al que hay que citar siempre, en la Plaza del Reloj hay una panadería.
En la plaza del Reloj hay una calle que sale hacia la Plaza del Fondo y esa calle es también la calle Jacinto Verdaguer. Y es un tramo corto pero tiene más casas bajitas y tiene un bar pequeñito y a su lado un sastre Singh, y más tiendas y más gente sentada en los bancos de la plaza viendo a la gente que sale del metro. Y en la acera derecha hay una casa. Y la puerta está abierta. Y debajo de un árbol, un abuelo juega con su nieto.
He llegado al final. Hemos podría decir, pero voy solo. Al final una foto desde allí. Es una Calle Jacinto Verdaguer distinta a las otras. Es una Calle para muchas ciudades distintas.
Mejor no ponerme especialmente blanderas. Es una calle para pasearla sin tanta calor, o con ese calor que hacía el día que me compré unos pantalones estrechos y pensé que no me los podría poner nunca. Era el mismo calor. Es una calle que es un mundo. Y está aquí. Como todos los mundos.
Comenzaremos por el lugar en el que desemboca el tráfico rodado, el Paseo Alameda, el lugar en el que la calle Mossén Jacint Verdaguer se encuentra con el Paseo y muere. Un parking en una acera, una tienda o almacén de muebles donde alguna vez existió un Lidl al que íbamos en peregrinación a buscar copas de chocolate, yogures gigantescos, cosas bastorras con marcas alemanas, comida barata y frankfurts a cascoporro. En el párking guardaron mis padres el coche un tiempo. En la esquina un Olimaja al que también frecuenté en tiempos muy remotos, de la niñez más niña. En la esquina con la San Joaquín, en el chaflán de enfrente una tienda de productos naturales que no tengo el gusto, porque yo todavía recuerdo la tienda de informática que tanto y tanto y tanto y tanto visité y que solo con dos o tres como yo podrían haberse hecho de oro. Y no. Enfrente, un parque. Un parque y una pista de fútbol sala llena de tierrucha, porque el parque tiene tierra y cuando vienes o vas y atraviesas el parque se te meten trocitos de arena en los pies y los vas arrastrando toda la vida y juras que jamás volverás a pisar ese parque y así va pasando la vida. Al fondo del parque, la churrería, el after colomense. Sigamos adelante. Hay mucho que contar. Porque junto al parque se encuentra el Institut Can Peixauet, donde estaban antes, hace mil años, los barracones del Fray Luis y el Unamuno.
Tengo que parar. En el Unamuno (o fue en el Fray Luis), fue donde jugué yo mi mejor partido de la historia como integrante del Seimar reconstituido que participó en un torneo de fin de curso al que nos invitaron como comparsas y del que salimos triunfadores. En la semifinal contra el equipo local, fue cuando toqué techo como futbolista escolar. Contra el propio Fray Luis. En una final contra el Verdaguer un tanto deslucida, acabamos ganando por penalties. En fin. De aquellos barracones no queda nada, pero se siguen manteniendo esas dos pistas, una ya como parte del parque y otra del Instituto.
Frente al Insti, una acera plagada de comercios y bares. Si algo tiene la calle es un abigarramiento de comercios, vida, gente, bares, comercios , pequeñas tiendas, gente, bolsas de fruta, comercios pequeños, sorprendentes oficinas de viajes y comercios de los de toda la vida. Entre la San Joaquín y la Avenida hay una carnicería a la que iba mi madre, con sus asientos para esperar, una peluquería, un bar que ha cambiado de nombre veinte veces y que tiene ahora un perro como imagen de marca, la Colometa, donde se come bien y no es por decir, es porque he ido hace poco y es verdad, el Kimera, donde siempre dan fútbol, una pescadería y seguro que algo más que se me escapa. En el chaflán está el Bierzo, un bar de los de siempre, pero yo creo que el Bierzo es más Avenida que Jacinto.
Después de pasar por uno de los tramos con el asfalto peor de toda la ciudad, seguimos avanzando camino del interior, pero antes, cruzando la avenida, entramos en otra calle Jacinto Verdaguer, en el tramo conocido como 'delante del pabellón'. O bien 'delante del poli nuevo'. Pero antes está el Sagarra. El SAgarra iba vestido de color rojo y negro, como el Milan. Contra el Sagarra hemos jugado buenos partidos, que casi siempre perdíamos. El Sagarra tenía un patio rojo en el que el balón se agarraba mucho. En el Sagarra había público debajo de las portaladas. Nunca investigué nada en torno al campo, no subí el terraplén, no miré nada. En las jornadas electorales, una vez, creí que podía ser cierto cuando un señor nos dijo que 'vamos a ganar'.
El Poli nuevo. Poli nuevo que ya va siendo hora que vaya cambiando el nombre, porque tiene años y se ve cascadete, el pobre, pero su vida interior bien merecería un relato aparte. Delante del poli. Los bares de delante del poli, llenos de gente en chándal, esperando a ver jugar, ver entrenar, salir de entrenar, ir a entrenar, venir de jugar. Es en este momento cuando el colomense se la juega. ¿Se han jugado las 24h este año? ¿Quién las ha ganado? ¿Ha seguido jugando el Gadaffi? Mejor no pregunto. Bocadillos de pinchos en el bar del poli, cerveza fresquita, cuatro de la mañana.
Delante del pabellón, bares, pollos a l'ast, chucherías, una agencia de viajes y el Jovic. El Jovic, en rebajas. Paraíso del buitre de las bambas baratas. Ahí me he comprado las munich rosas, ahí me compré alguna otra ganga más. Lo mejor es que no te influyen en la compra. Si quieres las rosas, tú sabrás. Nadie me advirtió. Hoy en el escaparate no había tampoco mucha cosa, pero es que estamos en agosto y me he despertado tarde. En el bar Granada deben estar escuchando música guapa, porque hay un parroquiano bailando en la barra.
Fantasía de calle. Una calle con bullicio, una calle con sorpresa, que apabulla, toda la gente. Toda la calle, desde que sales hasta que llegas es un hervidero de gente, de algo. Todo ahí.
Hace una semana, una amiga del pueblo vino a visitarnos. La Rocío, estupenda por el centro de Santa Coloma, dijo eso tan así de 'esto es un pueblo'. Tuve que redirigir la visita hacia la calle Jacinto Verdaguer para demostrar que somos una ciudad populosa. Que somos un hervidero y no ese recoleto conjunto de callecitas estrechas que te puede llamar a confusión. Flipó más.
Abandonemos el pabellón, no nos dejemos deslumbrar por los encantos del parque o semiparque de detrás del pabellón y sigamos adelante, pasemos por debajo del puentecito donde los camiones tochos se quedan enganchados, un tramo de acera quilométrico en el que no hay NADA hasta llegar a la calle San Justo. Edificios con pasarelas, en el lado derecho de la calle según se sube hay algún bar, el Condis de rigor, algún pequeño comercio y en la esquina con la calle Ramon Llull un enigmático bar llamado Caribbean... que promete tapas y desayunos... Caribbean. No conocemos el Caribe como otros colomenses viajeros que tienen Cuba como su segunda casa, así que nos lo tendremos que creer.
Es este tramo un tramo sombrío si quieren, un tramo en el que la altura de los edificios y lo estrecho de la acera, nos retrotrae a una Santa Coloma anterior, una Santa Coloma que aún perdura en algunos rincones de asfaltado torpe y sabor añejo. Pero no seré yo el que diga que esa Santa Coloma está peor que otras Santa Colomas, antes al contrario, me quedaré callado y apostaré por el realismo bienintencionado de ir enumerando cosas que veo y obviando las que no recuerdo.
Porque pretender describir toda, absolutamente toda la calle Jacinto Verdaguer sería como querer pasear por el mundo y querer contarlo todo de golpe. La gente va a Roma y cuenta Roma, la gente va a Vietnam y cuenta Vietnam. La gente cuenta Cadaqués y cuenta Cadaqués. Yo voy a Vilches y cuento poco. Contar toda la calle Jacinto Verdaguer supodría querer contarlo todo y no llegar. Lo intento. Seré pesado. Da igual.
Cuando llegamos a la calle Jacinto Verdaguer cuando se separa la calle San Justo tenemos la sensación de que la calle San Justo es ese amigo que se va a casa cuando tú quieres seguir de fiesta. Me voy... pero... no, no me sigas, yo me voy. La calle Jacinto Verdaguer no quiere ir hacia la Generalitat, la pasa por debajo, la San Justo la encuentra y traiciona a Jacinto Verdaguer.
Y entramos en la Jacinto Verdaguer del Barrio de Can Mariner, con Can Mariner por todas partes, pero invisible y un río de gente que siempre camina y va o viene. Hay un taller de la Renault en el tramo que enlaza con la calle Irlanda. Santa Coloma tiene estas calles de frontera. La Rambla San Sebastián, el Parque Europa, la Calle Irlanda, la Banús, la Jacinto Verdaguer... seguro que hay más. Una calle que hace de valle. A un lado el turonet que va a Santa Rosa y Raval y al otro Can Mariner. Bares, tiendas, una mercería, una tienda donde venden cualquier tipo de cacerola, todavía no se ven demasiados comercios chinos. Hay un bar bizarro que nunca consigo recordar su nombre, pero está al lado de la fotocopistería donde vamos a veces a imprimir carteles. Creo que en frente estaba aquel de Regreso al Vietnam, nunca entré, pero cada viernes el Viejo nos contaba las aventuras.
Nunca he conocido a nadie que haya vivido en este tramo de la calle. Creo que he conocido a muy poca gente que haya vivido en esta calle. En general. A un lado las calles que suben hacia la Santa Coloma más populosa, al otro lado las calles pequeñas que remolonean antes de entrar en las avenidas principales. Un exceso de lírica puede producir auténtica mierda, solo tienes que poner el freno.
Aquí la acera es otra y el esfuerzo en poner bancos llena la calle de gente reposando y tomando el fresco. Llega uno a la calle Irlanda y todavía le queda calle Jacinto Verdaguer para rato. En la esquina pasada la Calle Irlanda está el bar Extremeño. El Extremeño tuvo equipos de fútbol que no sé si conserva. Las crónicas de los partidos del Extremeño. Mi padre ha ido a comerse un bocadillo para desayunar con sus ex compañeros de trabajo en el Extremeño hasta hace poco. O quizás hace mucho que no iba. Hay una tienda oscura de deporte cuando seguimos avanzando y vemos que no tienen bambas de fútbol sala y sí polos Adidas. Antes, una tienda de televisores y electrodomésticos. Enfrente, comienza la colección de fruterías y bazares de todo. ¿He creído ver los recreativos? ¿Se me ha pasado la tienda donde mi madre me enviaba a comprar calzoncillos más baratos?
Si ya el tramo anterior era populoso y nos mostraba una Santa Coloma de bata fresquita y pantalón largo con camisa de cuadritos convive con todo lo que uno pueda imaginar y más si cabe, en este tramo que nos llevará al Mercat del Fondo y de ahí a la Plaza del Reloj, no hay descripción posible que valga.
Un poco antes, siempre un poco antes, un banco, una caja, una ocupación de la caja hace años por la PAHV, conversaciones con el compañero Lexan, desalojo con las cámaras delante. Hace años de esto.
Avancemos, sorteemos a la gente, dejémonos arrastrar por la gente, llevemos una lavadora entre la gente, intentemos averiguar dónde estaba el Lefties que ha cerrado y donde me compré mis últimas cosas medio molonas. Gente y fruta. Gente y zapatillas. Gente y chanclas. Gente y vestidos de formas imposibles. Gente y alguna oficina bancaria. Gente y comidas del mundo. Gente y bares. Gente y más bares. Gente y menos bares de los que te crees. Gente y la sensación de que esta calle se queda pequeña. Gente y cómo haces una foto sin que se vean caras de gente. Gente hasta el final. Son las once de la mañana de un día entre semana de agosto. Lo suyo es venir por la tarde.
Llegamos a las plazas del mercado, la plaza del mercado del Fondo, frente al mercat del Fondo, mercado de reciente construcción, al que le plantaron un Mercadona encima porque las condiciones son ventajosas, no hará competencia directa, se encargan de... en fin. ¿Han entrado al mercat del Fondo alguna vez? Yo sí, pero tampoco me voy a poner a vacilar de... he ido poco. Bueno, muy poco. Bueno. Una vez. A la Biblioteca sí.
Caminando por la plaza del mercat del Fondo, nos encontramos con el Pedro, que le lleva a uno a ver unas cristaleras por las que debe iluminarse el mercado, supongo, y que al parecer un día de estos sufrirán un deterioro completo al ser las víctimas propiciatorias de los infantes e infantas del barrio, que se suben encima porque si tienes 11 años y no pruebas a subirte ahí, eres sistema, casta y todo.
Abandono al Pedro no sin habernos deseado unas felices vacaciones y me dispongo a entrar en la Plaza del Reloj. Plaza que de tan populoso y de tantas cosas que tiene, sería como describir el mismo Aleph. He tardado en decirlo. La plaza del Reloj es el Aleph. Parece una obra de arte. Un reloj en mitad de una plaza señalando el tiempo y alrededor un millón de personas absolutamente distintas compartiendo un espacio delimitado por el tiempo. El tiempo pasa, la gente cambia, la gente que pasa por tu vida cambia, la gente que pensabas que iba a ser parte de tu vida cambia, el tiempo pasa, la gente que tú creías que iba a estar en esa plaza es otra, la gente nunca se conforma con que le marques el tiempo, la gente pasa del tiempo, nadie le hace ni puto caso al Reloj de la plaza del Reloj.
Hay bares, hay terrazas, hay espacio para jugar a la pelota, para que una niña se suba encima de la estatua, para que la gente se siente a mirar, para subir hacia los barrios altos, para tirar por la calle Massanet, para esquivar una pelota, para seguir hacia delante. Todo, absolutamente todo, en una plaza delimitada por el tiempo. No lo puedo contar todo.
Estamos llegando. Estamos llegando al final. Hemos atravesado la Plaza del Reloj y hemos descrito pocas cosas de la Plaza del Reloj. En la plaza hay una imprenta, en la plaza del Reloj está el bar Alegría al que hay que citar siempre, en la Plaza del Reloj hay una panadería.
En la plaza del Reloj hay una calle que sale hacia la Plaza del Fondo y esa calle es también la calle Jacinto Verdaguer. Y es un tramo corto pero tiene más casas bajitas y tiene un bar pequeñito y a su lado un sastre Singh, y más tiendas y más gente sentada en los bancos de la plaza viendo a la gente que sale del metro. Y en la acera derecha hay una casa. Y la puerta está abierta. Y debajo de un árbol, un abuelo juega con su nieto.
He llegado al final. Hemos podría decir, pero voy solo. Al final una foto desde allí. Es una Calle Jacinto Verdaguer distinta a las otras. Es una Calle para muchas ciudades distintas.
Mejor no ponerme especialmente blanderas. Es una calle para pasearla sin tanta calor, o con ese calor que hacía el día que me compré unos pantalones estrechos y pensé que no me los podría poner nunca. Era el mismo calor. Es una calle que es un mundo. Y está aquí. Como todos los mundos.
miércoles, 2 de agosto de 2017
El fútbol después de Neymar
En el mundo del fútbol no es la primera vez que un jugador se va por dinero de un club a otro. No es la primera vez que un jugador de carácter más o menos histriónico, de los que despiertan filias o fobias, se marcha de un equipo a otro dejando un reguero de rencor entre la afición a la que deja. No es el primer futbolista tampoco que se marcha del equipo para recalar en el máximo rival, con todo lo que ello conlleva. No es la primera vez que se bate el récord mundial de dinero gastado en un traspaso.
Nada es la primera vez que pasa. El fútbol es así. Cristiano Ronaldo abandonando el Manchester United y yendo al Real Madrid por unos 80 millones que parecieron el fin del fútbol. Cristiano Ronaldo amenazando con marcharse pero con la conciencia clara de que otro estacazo como el que dio en su momento ya no lo va a dar. Amor por la camiseta, besitos en el escudo y de repente, zas, estás jugando primero en el Inter de Milán y luego en el Real Madrid, como le pasó a Ronaldo. El caso de Figo es paradigmático. Fernando Llorente, el niño de oro del Athletic nuestro Athletic, haciendo las mil y una para irse y truncando una carrera que parecía encaminada a la leyenda por el vil metal o el ansia de títulos o vete a saber qué.
Gente que abandona por dinero la ha habido en todos los órdenes de la vida. Pero aquí estamos hablando de un escalón más hacia la muerte definitiva del fútbol. Ya no se trata de que va a ganar el Madrid siempre jamás, es que hablamos de que la destrucción a su alrededor y el cambio de paradigma va a ser desolador.
Millones de euros. 220 millones de euros. Si hasta ahora las cifras mágicas de fichajes ya empezaban a asomarse peligrosamente a los 100 millones, y muchos se echaban las manos a la cabeza con que el Man U hubiera fichado a Morata por 80, el salto adelante que significan los 220 millones de Neymar lo destrozan todo.
A partir de ahora, parece que los tiempos en los que los grandes clubes de fútbol que, aunque en manos muchos de ellos ya de multinacionales o de millonarios llegados al fútbol desde otros negocios, tocan a su fin. Que el Barça vea como su jugador estrella número 2 y relevo del número 1 a poco tardar, se las pire significa mucho. Significa que el Barça ya no es un club atractivo.
Significa que detrás de Messi, el Barça ya no competirá contra el Madrid a la caza del fichaje más sonado. Eso ya lo tenía complicado. Ahora, el dinero de Qatar, el de la China, el de los rusos, el de Florentino, les arrincona.
Grandísimos capitales que se cargan el fútbol. Jugadores a los que ya no sabes dónde ubicar. Grandísimos nombres como Pogba que no sabes realmente qué hicieron para valer tanto dinero. Millones y millones en jugadores que no valen tanto.
¿Y a los demás qué les queda? Yo, aficionado del Athletic Club de Bilbao, qué nos queda. Fútbol de subsistencia. Fútbol de engañarnos pensando que el fútbol no es todo ganar y ganar. Muchos de esos futbolistas que se venden por dinero, no lo hacen pensando en ganar. Lo hacen pensando en el dinero. Ganar gana el Madrid y pocos más. El Bayern gana la liga alemana sin querer. La Juve hace lo propio en Italia. El PSG no perderá la liga francesa nunca más. En Inglaterra quién sabe. Díganme seis jugadores del Chelsea. ¿Sigue jugando Pedrito?
Me alegra por el Barça, por que es un club que ha dado hierro a mucha gente. Muchas aficiones aguantando que tu jugador sea pretendido por el Barça como si te hicieran un favor. Laporte, loco por irse. Los tiempos de Javi Martínez, Llorente, cuando se limpiaron a media Real Sociedad, lo que iban a hacer con Verratti... en fin. Su propia medicina.
Nos queda una lenta decadencia. Una lenta decadencia del fútbol como juego en el que importen los resultados, o la épica de tal o cual jugador, o algo así parecido a lo que tenemos en mente del fútbol que recordamos en los setenta, ochenta y noventa. Nos queda pasar el rato viendo fútbol sin saber qué jugadores estamos viendo.
Nos queda capear una temporada más, deseando que nadie se fije en Williams y temblando porque la cláusula no sea solo de menos de cien millones. Cien millones por Greizmann que no ha servido para ganar nada. Cien millones por un tal Coutinho.
Esto es un disparate.
Nada es la primera vez que pasa. El fútbol es así. Cristiano Ronaldo abandonando el Manchester United y yendo al Real Madrid por unos 80 millones que parecieron el fin del fútbol. Cristiano Ronaldo amenazando con marcharse pero con la conciencia clara de que otro estacazo como el que dio en su momento ya no lo va a dar. Amor por la camiseta, besitos en el escudo y de repente, zas, estás jugando primero en el Inter de Milán y luego en el Real Madrid, como le pasó a Ronaldo. El caso de Figo es paradigmático. Fernando Llorente, el niño de oro del Athletic nuestro Athletic, haciendo las mil y una para irse y truncando una carrera que parecía encaminada a la leyenda por el vil metal o el ansia de títulos o vete a saber qué.
Gente que abandona por dinero la ha habido en todos los órdenes de la vida. Pero aquí estamos hablando de un escalón más hacia la muerte definitiva del fútbol. Ya no se trata de que va a ganar el Madrid siempre jamás, es que hablamos de que la destrucción a su alrededor y el cambio de paradigma va a ser desolador.
Millones de euros. 220 millones de euros. Si hasta ahora las cifras mágicas de fichajes ya empezaban a asomarse peligrosamente a los 100 millones, y muchos se echaban las manos a la cabeza con que el Man U hubiera fichado a Morata por 80, el salto adelante que significan los 220 millones de Neymar lo destrozan todo.
A partir de ahora, parece que los tiempos en los que los grandes clubes de fútbol que, aunque en manos muchos de ellos ya de multinacionales o de millonarios llegados al fútbol desde otros negocios, tocan a su fin. Que el Barça vea como su jugador estrella número 2 y relevo del número 1 a poco tardar, se las pire significa mucho. Significa que el Barça ya no es un club atractivo.
Significa que detrás de Messi, el Barça ya no competirá contra el Madrid a la caza del fichaje más sonado. Eso ya lo tenía complicado. Ahora, el dinero de Qatar, el de la China, el de los rusos, el de Florentino, les arrincona.
Grandísimos capitales que se cargan el fútbol. Jugadores a los que ya no sabes dónde ubicar. Grandísimos nombres como Pogba que no sabes realmente qué hicieron para valer tanto dinero. Millones y millones en jugadores que no valen tanto.
¿Y a los demás qué les queda? Yo, aficionado del Athletic Club de Bilbao, qué nos queda. Fútbol de subsistencia. Fútbol de engañarnos pensando que el fútbol no es todo ganar y ganar. Muchos de esos futbolistas que se venden por dinero, no lo hacen pensando en ganar. Lo hacen pensando en el dinero. Ganar gana el Madrid y pocos más. El Bayern gana la liga alemana sin querer. La Juve hace lo propio en Italia. El PSG no perderá la liga francesa nunca más. En Inglaterra quién sabe. Díganme seis jugadores del Chelsea. ¿Sigue jugando Pedrito?
Me alegra por el Barça, por que es un club que ha dado hierro a mucha gente. Muchas aficiones aguantando que tu jugador sea pretendido por el Barça como si te hicieran un favor. Laporte, loco por irse. Los tiempos de Javi Martínez, Llorente, cuando se limpiaron a media Real Sociedad, lo que iban a hacer con Verratti... en fin. Su propia medicina.
Nos queda una lenta decadencia. Una lenta decadencia del fútbol como juego en el que importen los resultados, o la épica de tal o cual jugador, o algo así parecido a lo que tenemos en mente del fútbol que recordamos en los setenta, ochenta y noventa. Nos queda pasar el rato viendo fútbol sin saber qué jugadores estamos viendo.
Nos queda capear una temporada más, deseando que nadie se fije en Williams y temblando porque la cláusula no sea solo de menos de cien millones. Cien millones por Greizmann que no ha servido para ganar nada. Cien millones por un tal Coutinho.
Esto es un disparate.
martes, 1 de agosto de 2017
Cada día
Una mujer va por la calle con un perro enorme, un perro elefantiásico. Un pedazo de animal peludo y lento. Un perro precioso que, a quien no nos gustan los perros, nos hace volar la imaginación a un piso pequeño y un animal imperial que deambula por la casa aburrido, angustiado, asfixiado con este calor y tanto pelo. Ese animal avanza por la calle acompañado por su dueña, o al menos ella cree que es la dueña. Se van a cruzar con otra mujer que pasea con un perro. Otro perro grande, pero esta vez menos grande. Es otro tipo de perro. Un perro que parece tranquilo pero que tiene malas pulgas. Al cruzarse uno y otro perro, se encaran y hacen ademán de enfrentarse. Las respectivas hacen esfuerzos para que los perros no se enfrenten y no se ladren y llaman la atención de los perros y les llaman por su nombre. Y se enfadan porque el perro de una se ha lanzado contra el perro de la otra.
Un poco más allá, en el tiempo y en el espacio, gentes con perros diferentes, perros grandes, perros pequeños, un perro grande, un perro más pequeño, un perro salchicha, un mil leches sin sustancia pero tan cariñoso como el que más, uno de esos que se sabe si son peligrosos o es que el mundo les ha dibujado así, un galgo afectuoso y estirado, un nervioso animal insoportable, la Candela, el perro más bonito que hayas visto, el perro que se parece a Milú al que han puesto de nombre Milú, Fred Perro, la Neu que era mayor y ciega y todo eso y era entonces cuando molaba, un doberman como los que tenía el hombre aquel de mi calle con bigote que hace mil siglos que no veo y que ahora me ha venido a la memoria y no quiero hablar de mi calle. Un perro pequeño blanco como una bolita de nieve, de esos que son blancos y que da pena que salgan a la calle porque se ensucian a la mínima. Un perro de esos blandongos que parece que se asustan con todo. Un perro, da igual el perro que sea. Un perro que se cruza con otro perro. La Ankara que es susceptible de tirarse en plancha a rematar. Un perro grande que se cruza con otro perro. Hablo en genérico.
Una señora que me llamó perroflauta se cruza con su perro y a su vez su hermana con otro perro, con un muchacho y su respectivo perro y su hijo. Todos los perros se han ido a enfrentar entre sí. Los dueños de los perros se enfrentan entre sí. No siempre pasa. Normalmente la gente simula sorpresa en esta situación. No entienden cómo un perro, su perro, puede no hacer caso de las normas de conducta y de igual manera que yo no me tiro encima de nadie a echarle babas en la cara, sus perros lo hacen. No lo entienden y se sorprenden y se ríen y comentan la extraña situación.
Cada día. Los perros se ladran entre sí. Y sucede cada día. Y todos los días nos extraña. Y no le ponemos remedio.
lunes, 31 de julio de 2017
No os canséis con nadie
Dónde estabas entonces, cuando tanto te necesité. Nadie es mejor que nadie, pero tú. Mucha gente hace rimas con cosas que contradicen el sujeto o el predicado. He intentado hacerlo ahora mismo y he tenido que borrar la oración sin concluir. Me gusta más escribir las cosas como jugando al equívoco. No os canséis con nadie. Correr, salir a correr, ir a correr, darse una paliza subiendo y bajando montañas, atravesando ríos. El deportista de élite dice que después de una vida dedicada al fútbol en primera división y haber hecho dos iron mans, se montó en una bicicleta y se enamoró. Cansarse. Hasta el fin de los días. Hasta que la muerte nos separe. Estamos cansados por la Iglesia. Estamos cansados sin necesidad de papeles. No hace falta nada, simplemente mirarnos a los ojos y que todo fluya. Que no haga falta nada más que rozarnos un poco la piel para saber que estamos en una suerte de contacto mejor. Más allá de la realidad. En mi fantasía, en mi sueño, tú y yo estamos cansados. Y nos miramos, sudados, con las mallas, con los elásticos sudando y te busco en el bordadillo a ver qué encuentro. No os canséis con nadie. Fue en 1977 cuando, a raíz de… sucedió qué… y dos años después abandonó la banda y formó otra y no me estás haciendo caso ya porque no estoy hablando de nada que te interese. No te canses. Por favor. No. Con él no. Él no va a estar cansado contigo como yo. Él dirá que también ha escuchado a los Flaming Lips pero no le gustan como a mí. No te contará un concierto de los Jon Spencer Blues Explosion como yo y tú dirás que estás cansada y yo me alarmaré. Porque no contaba con ello. No cuento nada que no sepas. Correr, saltar, huir. Cantar, bailar, los males espantar. Estoy cansado con mi profesión. Estar siempre al filo de la navaja. Ahora me he imaginado con un chaleco con bolsillos y cosas que meter en los bolsillos. Como si fuera un periodista. Cansado de esperar. Agotados de esperar el fin. Girando alrededor de un concepto, una idea, una esperanza que se mezcla con queso Philadelphia. Una rebanada de pan de muchas cosas que jamás sabrás contar, porque no estás aquí, porque no lo has vivido nunca y porque no eres como yo. En calzoncillos escribiendo porque toca escribir hoy lunes a las doce de la mañana. No eres una persona de muchos recursos y esto no te sale igual. Porque te ha tocado vivir tiempos difíciles en los que no hay tiempo para la reflexión. Y es muy difícil no cansarse con nadie. Yo he dependido muchas veces de lo que los demás necesitaban de mí. Pero me miro en las fotos que me sacan y aterrizo. Sé que nadie espera nada de mí. Por eso no me canso con nadie. Porque yo no estoy. No voy. No salgo en las fotos aunque sonría como Miércoles o como quiera que se llame la hija de la Familia Adams. Por una vez voy a ensayar el salto de salida. No te canses con nadie. Sal a estirar las piernas si ves que ya no te interesa una mierda girar en torno a la rueda. Sal un momento y respira. Fíjate en cómo le suda el bigote a la gente. Deriva romántica del blog naranja. Siente la necesidad de lamer el bigote sudado. Es tu propio bigote. Las cosas son siempre tal y como las está contando el autor y se parecen a ti. Kansas. Y Arkansas. Al final creo que no he caído del todo bien. Cansado con todos. Los girasoles ciegos. Everybody’s got the reason. Corre. No te canses, te encontraré. Cansado por poderes. No me voy a cansar nunca.
Foto: preciosa foto de YPRH.
domingo, 30 de julio de 2017
La mejor ciudad del mundo
El jueves, sentado en la terraza, vi los tres o cuatro focos que venían de Can Zam. Cuando enfocaron las Oliveras y Can Franquesa pensé, a más de uno le ha dado un infarto. Dos líneas para poder explicar la fotografía que ilustra esto, no estaba allí. La noche del sábado no fui al Tomorrowland, me engañaron para ir al Línea a ver un concierto del Sobrino del Diablo. Hemos estado en cumpleaños ajenos más aburridos. Sea como fuera, una vez allí, mi prima que estaba allí me envió la foto del escenario ardiendo. No entendía. Le envié un mensaje, salí fuera del Línea porque es el sitio donde la cobertura bla bla bla. Efectivamente, incendio en el Tomorrowland, mi prima abandonaba el recinto, más o menos todo estaba bien. Festival cancelado. 20 mil personas evacuadas más o menos de aquella manera. Todo resuelto.
A partir de ahí, habría que preguntarse qué queremos para esta ciudad. En pleno proceso participativo para saber qué queremos hacer con Can Zam, un incendio en uno de los festivales. Habrá a quién le haga más o menos gracia. Hace unos días un artista murió en mitad de un festival en Madrid, cayó al suelo desde nosecuantos metros, murió. La gente lo grabó, el festival siguió adelante. Ayer la gente grababa también. Aquí no ha pasado nada.
A mí no me hace gracia que pasen estas cosas. No me hacía gracia antes. Prefiero un parque para la ciudad y un festival de tamaño mediano, como el Vida Festival por ejemplo, donde quepa. Un Sintonizza vigorizado, por ejemplo. Un pequeño Sonar de bolsillo, por ejemplo. No pasa nada.
Participo en la Plataforma en Defensa de la Serra de Marina i Can Zam. Queremos un parque verde y frondoso. Algo que suena indefinido pero no es otra cosa que un parque completo y homologable al resto de parques que tienen poblaciones alrededor. Para muchos colomenses estos será una puta mierda y para otros no. Para unos, que Santa Coloma sea sede de eventos a los que acudan eminencias como Iron Maiden y Anthrax, nos eleva culturalmente y da una pátina de responsabilidad a la ciudad. Para mí, si tenemos un parque completo y luego traemos a los Stones, mejor. Si no caben los Stones, me quedo con el parque.
Qué queremos en la ciudad. Un espacio como el Fòrum, baldío, cemento, perdido, únicamente aprovechado para hacer festivales en los que entidades privadas sacan beneficio o un parque que complete de alguna manera una ciudad que reclama desde hace 40 años este espacio. Yo me quedo con lo segundo.
Entiendo a quienes prefieren lo otro. Entiendo a quienes les gusta el rock o la música electrónica o consideran que querer a Santa Coloma es apostar por eso. Lo entiendo. Pero no lo comparto. Santa Coloma no es la mejor ciudad del mundo. Nunca lo ha sido. Ha sido una ciudad en continua lucha, constante pelea, con gente que considera que la lucha es una cosa y otra que considera que la lucha es otra. Con gente luchadora y que ha hecho tanto por la ciudad, que ha sido desahuciada y vapuleada por quien hoy se cuelga la medalla de GRAN AMOR por Santa Coloma. No somos la mejor ciudad. Ninguna ciudad lo es.
He ido a algunos festivales, casi todos ellos en el Fòrum. El Fòrum en Santa Coloma sería un desastre. Otra plaza dura, cemento. No quiero. Yo quiero a Santa Coloma. Hoy he ido a tomarme una birra fuera, a Barna, y solo he ido porque el local era de colomenses y el público era colomense. Y no había casi nadie de mi partido. Y me ha dado igual.
Leer a Manuel Arenas y su artículo de hoy. Querer a Santa Coloma. Querer un parque para Santa Coloma y hacerse preguntas sobre lo que pasó ayer. Incluso no querer ese parque para Santa Coloma y hacerse preguntas sobre lo que pasó ayer. Qué pasó, de quién es la responsabilidad, qué pudo haber pasado, bomberos, fuerzas del orden público, organización, medidas previas de seguridad. Hacerse preguntas no es odiar a Santa Coloma. No ser un seguidor de las políticas del PSC o de la regidoría de Cultura o del regidor de Promoción Económica o del técnico de Cultura, no es odiar a Santa Coloma.
Hacerse preguntas no es odiar a Santa Coloma. Queremos a Santa Coloma. Santa Coloma no es el PSC. Querer que Santa Coloma tenga una vida cultural no basada en los personajes de relumbrón si no en tener una sala de conciertos en condiciones para las múltiples bandas locales. Una política cultural en la que sepamos quién es el concejal, quién planifica, con quién hay que hablar y con quién no. Una política cultural.
Querer a Santa Coloma es hacerse preguntas. Cuestionar y avanzar. Decir que todo es fantástico, que no pasa nada, que el escenario es idílico, que el año que viene más… es opinable. Por lo menos.
El Titanic se está hundiendo pero la orquesta no deja de tocar. Una orquesta cada vez más reducida, porque cada vez hay más gente que cuestiona las cosas.
Querer a Santa Coloma es otra cosa que engloba muchas cosas. Un proyecto de ciudad para que la gente de dentro se sienta dignamente representada. Y no una ciudad que busque en el reconocimiento exterior lo que no es capaz de trabajar dentro.
viernes, 28 de julio de 2017
Miscelánea
Noticias desde el interior. El bar cierra hoy y ya no vuelve hasta septiembre. La oficina móvil debe cambiar su ubicación. Estos días que el tiempo ha estado fresquito, se ha estado de narices en el zulo, pero hoy que ha apretado sudo como un pollo. Consideraciones, anécdotas, la vida, claro. La vida desde el bar, relacionándome con mis vecinos, con los de la limpieza, con las personas que trabajan en las oficinas de al lado. No lo voy describir más veces. Desde esta ventana se ve pasar a la gente, pero veo poco, porque miro más la pantalla del ordenador. Me he cargado los auriculares guapos JVC. Tanto rollo con la oficina móvil, se cobra sus víctimas. Los auriculares guapos que me regalaron y me sirven para que me den calor en las orejas. He redescubierto el Bossanova de los Pixies. Así como los dos primeros discos tienen casi todas las canciones que todo el mundo conoce de los Pixies, empiezas a escuchar el Bossanova y te das cuenta de que todas molan, todas son buenas, las lentas, las flojas, las de gritar. El Trompe le Monde, que vino después, creo que no lo he escuchado entero en mi vida y me costaría decir dos o tres canciones. Me acuerdo siempre de Robin cuando escucho este disco, porque creo que tuve su cinta del Bossanova durante años. Las cintas, conversaciones, anécdotas. Una vida a tope.
https://www.youtube.com/watch?v=xekfBhiqfig
Noticias de la actualidad local. El comunicado de Som, el comunicado de Podem. No voy a entrar a valorar porque la Asamblea 10ª hemos decidido muy conscientemente no entrar a valora y ni siquiera nos planteamos reunirnos para valorar si tenemos que valorar. Nosotros hemos decidido considerar que la mejor valoración consiste en se ha producido un error al guardar o publicar tu entrada. Vuelve a intentarlo. Ignorar. Como digo, no tenemos referentes y nos cuesta encontrar algo que nos sirva como guía. Vuelve a intentarlo. Ignorar. Vuelve a intentarlo. Ignorar. No es mala idea así como mantra. Nosotros ya lo dijimos. Es uno de los puntos básicos de la Asamblea 10ª y nuevamente los hechos nos dan la razón. Nosotros lo dijimos y teníamos razón. Pero no por eso vamos a valorar nada, ya que el tener razón y el yo ya lo dije no lo utilizamos para este caso puntual sino para todo lo que vaya surgiendo y todo lo que ha surgido. Pero que ya lo dijimos. Como Arsenio Iglesias el día en el que Djukic falló el penalty aquel y dijo en aquella rueda de prensa que él veía a esa gente los lunes, los martes, con tanta ilusión... y que sabía que esto podía pasar. Y pasó. Pero ojo, al cabo de unos pocos años el Depor ganó la Liga. Ya no estaba Arsenio, que estaba Irureta. Ahí va a ser más difícil encontrar el paralelismo y la metáfora.
https://www.youtube.com/watch?v=0Z-Orh7dpKU
Noticias desde el cielo. Un cielo estrellado. Un cielo azul. Un cielo amarillo. El cielo está amarillo. ¿Quieres que hablemos del tema? Si quieres hablamos del tema. Hablamos del tema pero sin enfadarnos. Vamos a hablar del tema, pero que sepas que si te digo que yo no lo veo así como lo ves tú, no significa que... aunque me digas que es la única salida, o que estoy... es que no sé si debería decirte algo o dejarlo estar. A ver. Yo creo que esto se está poniendo raro. Ahora me dirás que me estoy asustando y que pertenezco a esa gente que mucho mucho pero que al final se caga. Es que a mí estas gafas me tienen que durar todavía un par de años más. Estoy en muy buena línea y puede que me cambie de gafas pronto, pero no estoy por la labor de que me rompan las gafas ni nada. Yo creo que está muy bien que la gente sea clara y directa y que muestre sin ambages sus cartas. Que digan que son a. Y no b. Pero que lo digan. Yo por ejemplo vería raro decir 'yo no soy de izquierdas, pero en este momento soy de izquierdas'. Porque quedaría como que no quiero decir que soy de izquierdas y ya lo he dicho. Pero ya está dicho. Y no quiero hablar del tema. Porque al final parece que tengo algo que decir y no soy más que un humilde niño que mucho sabe. Os tengo un aprecio infinito, pero este no es el planeta rojo.
https://www.youtube.com/watch?v=1XTAHAwzv34
Noticias desde el espíritu colaborativo. Soy una persona que tiene una o dos habilidades. Una debe ser la de escribir deprisa, por el título de mecanografía. La otra está oculta a los ojos humanos. La fotografía no es una de ellas. La imagen, la nitidez, la precisión, lo que Joan Guerrero llama o describe como el efecto de ir a pescar. Tender la caña y esperar que llegue. Yo ni una cosa ni la otra. No la pretendo. Las imágenes son un recurso para contar algo. No tienen que decir nada. Ni siquiera los textos dicen nada. Los textos son también una excusa. Una excusa para teclear y que la gente piense que estoy haciendo algo. Estoy escribiendo, debo estar escribiendo algo importante, debo estar trabajando. Los del bar ya hace tiempo que se han dado cuenta de que no hago nada. Que vengo, me coloco los auriculares sin música y hago como que hago algo, por no estar en la barra poniendo cara de mustio. Saco una foto, la cuelgo. La hago mal. La foto. Vaya historia con la foto. Con lo tocho que soy y que la gente me haga caso. Y menos mal que no hago el tonto haciéndole fotos a la gente si no es por encargo. Hazme una foto. Con la de gente que hay preparada para hacer fotos y para escribir cosas bonitas y sencillas. Qué pudo pasar. Disculpas aceptadas. Pero la Sevilla sigue recortada y la gracia estaba en... fin.
https://www.youtube.com/watch?v=HIAQQvf5qYo
Cierran el Bar. Noticias desde el Bar. Esta mañana he escuchado lo del tren de rodalies que se ha piñado flojo en la Estación de Francia. Hace un color de mil infiernos. Ha acabado la huelga de metro. Alguien ya se cuelga la medalla. La huelga de taxis es mala. La huelga de los aeropuertos. El otro día escuchaba la radio y daba igual si la representante contaba una cosa o contaba la otra, era mala. Porque estaba causando un perjuicio a los usuarios. Y eso no se puede consentir. Pero con la huelga de metro es otra cosa. En fin. ¿Visteis lo del Aznar el otro día? Ay lo del Aznar, perdón, lo del Rajoy. Ostras, me pareció de traca. El tío del que todo el mundo se bufa, pero que te dice en tu cara que a él qué le estás contando, que él está en el mundo para cosas importantes. Y esas cosas importantes consisten en estar él. Y ya está. Y lo demás pues como si te ríes de su puta madre. Se la bufa. Como dijo alguien, al final las elecciones las ganamos nosotros y tú no. Y todo lo que sabes y todo lo que dices y todo lo que está bajo el sol, realmente no vale para nada, porque a la hora de la verdad, sois los mismos indios jugando con el mismo equipo. O no. Ayer jugó el Athletic y era un poco eso. Aunque empezaron jugando más rápido acabaron en el mismo fangal de siempre. Porque son los mismos. Tenemos que ser otros.
https://www.youtube.com/watch?v=a4_x7_1GurY
Tengo más cosas que contar o no sé si tengo más cosas que contar. Noticias desde el cuento. Ella viene hacia mi. Pocas canciones son tan bonitas como Velouria. Coge mi mano que vamos al trampolín. Todas las canciones acaban diciendo algo. Velouria. My Velouria. Si tuviera que elegir un papel en lo que me queda de vida, sería el de Kim Deal, tocar algo muy simple con el bajo y hacer coros muy bonitos. Eso nada más. Sería todo como algodonoso y suave. Pero con cara de zumbado. Y gritar Velouria. My Velouria. Son casi la una de la tarde y parece que medio se ha nublado. He aprendido a hacer cosas nuevas esta semana. Estoy en un proceso de aprendizaje casi diario, casi cada día sé algo nuevo. Es un continuo despertar a la vida, con este calor. Es precioso sentirse vivo. Ayer vi un acto en mitad de la calle. Un acto. El acta. Si supiera cómo decir las cosas de otra manera no haría esto que hago. Y mucho menos así. Estoy a punto de terminar. Qué discazo este Bossanova. Y no tiene nada de Bossanova. Y ahora me voy a tomar una caña y luego ya veremos. Un mundo de cañas y de alegría. En un mundo de palmas y alegría. Tocaron los Iron Maiden. La música electrónica. Ahora os digo algo. O quizás otro día.
https://www.youtube.com/watch?v=jZ5uIyWgm48&spfreload=10
Y eso. Que ya está. Si no nos vemos, feliz fin de semana.
https://www.youtube.com/watch?v=xekfBhiqfig
Noticias de la actualidad local. El comunicado de Som, el comunicado de Podem. No voy a entrar a valorar porque la Asamblea 10ª hemos decidido muy conscientemente no entrar a valora y ni siquiera nos planteamos reunirnos para valorar si tenemos que valorar. Nosotros hemos decidido considerar que la mejor valoración consiste en se ha producido un error al guardar o publicar tu entrada. Vuelve a intentarlo. Ignorar. Como digo, no tenemos referentes y nos cuesta encontrar algo que nos sirva como guía. Vuelve a intentarlo. Ignorar. Vuelve a intentarlo. Ignorar. No es mala idea así como mantra. Nosotros ya lo dijimos. Es uno de los puntos básicos de la Asamblea 10ª y nuevamente los hechos nos dan la razón. Nosotros lo dijimos y teníamos razón. Pero no por eso vamos a valorar nada, ya que el tener razón y el yo ya lo dije no lo utilizamos para este caso puntual sino para todo lo que vaya surgiendo y todo lo que ha surgido. Pero que ya lo dijimos. Como Arsenio Iglesias el día en el que Djukic falló el penalty aquel y dijo en aquella rueda de prensa que él veía a esa gente los lunes, los martes, con tanta ilusión... y que sabía que esto podía pasar. Y pasó. Pero ojo, al cabo de unos pocos años el Depor ganó la Liga. Ya no estaba Arsenio, que estaba Irureta. Ahí va a ser más difícil encontrar el paralelismo y la metáfora.
https://www.youtube.com/watch?v=0Z-Orh7dpKU
Noticias desde el cielo. Un cielo estrellado. Un cielo azul. Un cielo amarillo. El cielo está amarillo. ¿Quieres que hablemos del tema? Si quieres hablamos del tema. Hablamos del tema pero sin enfadarnos. Vamos a hablar del tema, pero que sepas que si te digo que yo no lo veo así como lo ves tú, no significa que... aunque me digas que es la única salida, o que estoy... es que no sé si debería decirte algo o dejarlo estar. A ver. Yo creo que esto se está poniendo raro. Ahora me dirás que me estoy asustando y que pertenezco a esa gente que mucho mucho pero que al final se caga. Es que a mí estas gafas me tienen que durar todavía un par de años más. Estoy en muy buena línea y puede que me cambie de gafas pronto, pero no estoy por la labor de que me rompan las gafas ni nada. Yo creo que está muy bien que la gente sea clara y directa y que muestre sin ambages sus cartas. Que digan que son a. Y no b. Pero que lo digan. Yo por ejemplo vería raro decir 'yo no soy de izquierdas, pero en este momento soy de izquierdas'. Porque quedaría como que no quiero decir que soy de izquierdas y ya lo he dicho. Pero ya está dicho. Y no quiero hablar del tema. Porque al final parece que tengo algo que decir y no soy más que un humilde niño que mucho sabe. Os tengo un aprecio infinito, pero este no es el planeta rojo.
https://www.youtube.com/watch?v=1XTAHAwzv34
Noticias desde el espíritu colaborativo. Soy una persona que tiene una o dos habilidades. Una debe ser la de escribir deprisa, por el título de mecanografía. La otra está oculta a los ojos humanos. La fotografía no es una de ellas. La imagen, la nitidez, la precisión, lo que Joan Guerrero llama o describe como el efecto de ir a pescar. Tender la caña y esperar que llegue. Yo ni una cosa ni la otra. No la pretendo. Las imágenes son un recurso para contar algo. No tienen que decir nada. Ni siquiera los textos dicen nada. Los textos son también una excusa. Una excusa para teclear y que la gente piense que estoy haciendo algo. Estoy escribiendo, debo estar escribiendo algo importante, debo estar trabajando. Los del bar ya hace tiempo que se han dado cuenta de que no hago nada. Que vengo, me coloco los auriculares sin música y hago como que hago algo, por no estar en la barra poniendo cara de mustio. Saco una foto, la cuelgo. La hago mal. La foto. Vaya historia con la foto. Con lo tocho que soy y que la gente me haga caso. Y menos mal que no hago el tonto haciéndole fotos a la gente si no es por encargo. Hazme una foto. Con la de gente que hay preparada para hacer fotos y para escribir cosas bonitas y sencillas. Qué pudo pasar. Disculpas aceptadas. Pero la Sevilla sigue recortada y la gracia estaba en... fin.
https://www.youtube.com/watch?v=HIAQQvf5qYo
Cierran el Bar. Noticias desde el Bar. Esta mañana he escuchado lo del tren de rodalies que se ha piñado flojo en la Estación de Francia. Hace un color de mil infiernos. Ha acabado la huelga de metro. Alguien ya se cuelga la medalla. La huelga de taxis es mala. La huelga de los aeropuertos. El otro día escuchaba la radio y daba igual si la representante contaba una cosa o contaba la otra, era mala. Porque estaba causando un perjuicio a los usuarios. Y eso no se puede consentir. Pero con la huelga de metro es otra cosa. En fin. ¿Visteis lo del Aznar el otro día? Ay lo del Aznar, perdón, lo del Rajoy. Ostras, me pareció de traca. El tío del que todo el mundo se bufa, pero que te dice en tu cara que a él qué le estás contando, que él está en el mundo para cosas importantes. Y esas cosas importantes consisten en estar él. Y ya está. Y lo demás pues como si te ríes de su puta madre. Se la bufa. Como dijo alguien, al final las elecciones las ganamos nosotros y tú no. Y todo lo que sabes y todo lo que dices y todo lo que está bajo el sol, realmente no vale para nada, porque a la hora de la verdad, sois los mismos indios jugando con el mismo equipo. O no. Ayer jugó el Athletic y era un poco eso. Aunque empezaron jugando más rápido acabaron en el mismo fangal de siempre. Porque son los mismos. Tenemos que ser otros.
https://www.youtube.com/watch?v=a4_x7_1GurY
Tengo más cosas que contar o no sé si tengo más cosas que contar. Noticias desde el cuento. Ella viene hacia mi. Pocas canciones son tan bonitas como Velouria. Coge mi mano que vamos al trampolín. Todas las canciones acaban diciendo algo. Velouria. My Velouria. Si tuviera que elegir un papel en lo que me queda de vida, sería el de Kim Deal, tocar algo muy simple con el bajo y hacer coros muy bonitos. Eso nada más. Sería todo como algodonoso y suave. Pero con cara de zumbado. Y gritar Velouria. My Velouria. Son casi la una de la tarde y parece que medio se ha nublado. He aprendido a hacer cosas nuevas esta semana. Estoy en un proceso de aprendizaje casi diario, casi cada día sé algo nuevo. Es un continuo despertar a la vida, con este calor. Es precioso sentirse vivo. Ayer vi un acto en mitad de la calle. Un acto. El acta. Si supiera cómo decir las cosas de otra manera no haría esto que hago. Y mucho menos así. Estoy a punto de terminar. Qué discazo este Bossanova. Y no tiene nada de Bossanova. Y ahora me voy a tomar una caña y luego ya veremos. Un mundo de cañas y de alegría. En un mundo de palmas y alegría. Tocaron los Iron Maiden. La música electrónica. Ahora os digo algo. O quizás otro día.
https://www.youtube.com/watch?v=jZ5uIyWgm48&spfreload=10
Y eso. Que ya está. Si no nos vemos, feliz fin de semana.
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