lunes, 7 de mayo de 2018

Sobre la identidad

Este fin de semana ha ido mucho sobre la identidad. Así llevamos ya bastante tiempo. Con la identidad en la boca. ¿Quiénes somos? ¿Somos siempre de la misma manera? ¿Cuánto tiempo es necesario para que seamos como somos? ¿Somos lo que somos porque...? Preguntas que no conducen a nada. Este fin de semana LET Teatre ha representado la obra #BeMe en torno a la idea de ser uno, de ponerse en el lugar del otro y cómo las personas que sufren algún daño neurológico, pérdida de memoria, Alzheimer, se han de reconstruir y los demás entender su proceso de reconstrucción y participar de él. Una obra en la que los actores hacen el esfuerzo de hacernos entender con su cuerpo, con sus gestos, más que con la palabra, cómo somos, qué nos define, qué hacemos que nos hace nosotros. Momento para el recuerdo, la grabación de Félix Rodríguez de la Fuente explicando que los animales se pueden creer que somos uno de ellos, o ellos uno de nosotros, de hacernos lobos, de creernos ocas, de Konrad Lorenz, de aullar a la luna. Al final, como siempre en los espectáculos de LET Teatre, y como en todos los espectáculos de todo el mundo, hay mucho que ponen ellos y otro mucho que has de poner tú. ¿Cuándo somos nosotros?
Este fin de semana he ido a l'Esquirol, l'Esquirol de Girona, no el de Tarragona, porque en Tarragona no hay ningún l'Esquirol. Estando en l'Esquirol no me quedó claro si estaba en L'Esquirol, en Collsacabra, en... otra parte. Para llegar a L'Esquirol tuve que atravesar muchos otros pueblos. En esos pueblos no sé el porcentaje de su población tiene muy claro quienes son y así lo demuestran. Para muchos, supongo que eso supone un escenario idílico, lleno de una simbología determinada que les hace sentir que, allí sí, aquello es auténtico y esa gente de esos pueblos, son eso. Ellos. De los suyos. Y hay murales, y colores y la simbología que se ha decidido que represente a una parte del pueblo. El pueblo. Las carreteras, los puentes, los balcones de las casas. Incluso un campo lleno de flores amarillas. VArios campos llenos de flores amarillas. El amarillo.
Casualmente, el motivo de la visita a l'Esquirol, tenía que ver también con la memoria. Perderla o afirmarla. No sé si merece la pena saber quiénes somos. Y recordarlo. Porque recordar quiénes somos no sé si vale de algo.
Este fin de semana se ha convocado en Santa Coloma una manifestación por parte de quienes quieren que Catalunya y en concreto Santa Coloma por mor de su composición étnica o porque nos ha tocado la lotería, el Gordo de la Lotería, sea España. Pero no una España. Esa España. En concreto esa España que no encuentra otra manera de afirmarse que con el himno de España y con Manolo Escobar. Y considera que España es algo que merece ser todo el mundo para que se jodan. Tabarnia. Banderas. Contra ellos, muchos más se manifestaron para decirles que su rollo no mola. Su identidad no mola. Si hubiera estado en Santa Coloma me hubiera manifestado con ellos. No sé cuántos se manifestaban contra esa puta mierda de identidad concreta o para decir que esa identidad concreta es una mierda y otra identidad es mejor.
Y me hubiera sentido muy triste.
De hecho, cuando llegué a casa estaba muy triste. Triste por las banderas, porque hemos encontrado un punto de unión, al fin, en el conflicto identitario, en las banderas mejores y peores. En silbar un himno y aplaudir otro himno. La identidad. Al fin lo han conseguido. Encontrarte todo un pueblo forrado. Una ciudad en la que la mitad de la plaza pone una canción y la otra pone otra canción. Y nos vamos a casa y nosotros pensamos que hemos parado el fascismo y los del otro bando se van a casa demostrando que se han manifestado.
Y así, vamos haciendo. Construyendo lo que somos y en lo que nos estamos convirtiendo. En una sociedad de mierda.

sábado, 5 de mayo de 2018

200 años de Marx


Deberían haber miles de artículos de marxistas o de marxianos o de personas que se reclaman herederas de Marx y lo que supone el pensmamiento de Marx. Hoy. Ahora. 200 años del nacimiento de Marx. Karl Marx. El marxismo. Tengo mucho miedo de quienes dicen que hay que recuperar a Marx. Yo siempre le he tenido mucho miedo. Mucho. Pero por un tema mío. El del socialismo científico. Siempre que leo la palabra científico huyo. Como un antílope. Lo científico me suena a difícil. Soy de letras puras. De poco esfuerzo. Cuando hablamos de socialismo científico, como algo mejor que otros socialismos, me parece que nos hacemos un flaco favor. Un científico no es como yo. Es otra cosa. Más difícil. Los utópicos son un poco como los experimentos del doctor Franz de Copenhague. Y ahí lo dejo. Y Bakunin, pues le tienes que querer, pero hasta ahí.
Doscientos años del nacimiento de Marx y no está la red llena de opiniones sobre el tema. Hay fotos de Marx y frases célebres. Y no sé si a Marx le hubiera parecido suficiente. O demasiado. O productivo. O revolucionario. Los trabajadores… la clase obrera…. Proletarios del mundo uníos. Hoy he ido a un entierro. Hemos tarareado la Internacional. Del pasado hay que hacer añicos. Del pasado hay que hacer añicos. Karl Marx.
No es el autor de la Internacional, no nos asustemos.
Confieso que me he leído el Manifiesto Comunista. Y he intentado leerme el del golpe de Brumario. Y nada más. Karl Marx. No sé cuánta gente ha leído a Marx en la sala. Pero ahora viene el contenido real de este texto. ¿Saben quién ha leído a Marx y han entendido lo que es el marxismo y lo que supone que las ideas de Marx lleguen a buen puerto? ¿Lo saben? ¿Lo intuyen?
Exacto. Es el enemigo. Estoy convencido de que pocas instituciones macroeconómicas no tendrán entre sus obras completas de referencia, partidos de derecha, fundaciones, institutos, asociaciones, círculos, como se llamen, no tengan leído y releído a Marx. Karl Marx. Estoy convencido de que ellos sí que se lo saben. Sí que lo conocen y sí que han extraído todas y cada una de la conclusiones necesarias para que lo que Marx estudia y a las conclusiones que Marx llega, no se cumplan. Si hay alguien que sabe que lo de Marx, sea lo que sea lo que explica Marx, es peligroso, es el enemigo.
El enemigo, el que no quiere que vivamos de una manera digna, tranquila, justa, sin hacernos daño por motivos que ahora no sabría explicar que tienen poco que ver con los motivos con los que nos hacemos daño. Hoy. Y ayer. Y seguramente mañana. Quieren que nos hagamos daño luchando por casas, por cosas, por historias, por colores, que no tienen que ver con Marx. Sea lo que sea que diga Marx. Pero lo puedo intuir. Y creo que Marx estaría hoy al menos un poco preocupado. O al menos echando mano del boli y del papel o de la máquina de escribir y del ordenador o de lo que tuviera a mano y escribiendo, dando su opinión, poniendo algo de su parte.
No sé si alguien habrá osado a llamarme marxista alguna vez. Si alguna vez ha pasado, que sepa que eso es como llamarme… no sé. Como la diferencia entre ver un partido de fútbol y ser futbolista. No es buen símil. No hay nada que sea bueno a la primera.
200 años del nacimiento de Marx. Si yo fuera marxista estaría haciendo cosas como si no hubiera un mañana. Actividades, charlas, conferencias, carteles, cosas. De todo. Porque Marx es, al menos, alguien, uno de esos, que piensan que todo puede ser de otra manera. Que hay un explicación para todo, que no pasan las cosas porque sí, o porque han pasado así toda la vida, porque es lo que hay. Que hay otra manera de hacer las cosas, de organizarnos y de relacionarnos. Otra manera de vivir.
Simplifico mucho porque como no soy científico no puedo entrar en detalle. Un detalle científico. Y como tampoco soy marxista porque sería como que soy heavy porque me gusta Anthrax pero no Iron Maiden, no me puedo colgar ninguna medalla. Marxistas apoyando cosas que no se pueden apoyar. Gente poniendo etiquetas y quitándolas cuando nadie las pide.
200 años de Marx. De Karl Marx. Mi abuelo luchó en la guerra en las Juventudes Socialistas. No había leído a Marx, supongo. No sé si podía calificarse como marxista tampoco para quienes hablan de que hay que formarse y saber y tal.
No soy marxista, si es eso así. Pero sí que sé que una foto de Marx, esa foto de Karl Marx, acojona. Da miedo a quienes nos dicen que es pasado, que es arcaico, da pavor a quienes nos dicen que esto es lo que hay. Que no hay alternativa. Da miedo a quien se sigue gastando millones y millones y millones en gasto militar para seguir manteniendo los privilegios. Y si me tengo que quedar con alguien yo me quedo con Marx.
Y discutir sobre Marx sin tener ni idea. Y hablar de Bernstein, o de Kautsky, sin tener ni idea. O de Lenin o de Engels. O de Rosa Luxemburgo o de Liebneckt. Sin tener ni idea, claro. Porque por mucho que leamos, al final, quienes lo han entendido mejor son los que nos llevan por el camino de la amargura.
Y este texto desmerece los 200 años del nacimiento de Marx, como desmerecería los 200 años del nacimiento de cualquiera. Pero yo he hecho reuniones bajo un retrato de Marx, de Karl Marx. Y aunque estemos en desacuerdo en mil cosas, aunque estemos a mil quilómetros de distancia de lo que debería ser todo, sabes que cuando ves un retrato de Marx, Karl Marx, estás viendo a uno de los tuyos.
El enemigo siempre sabe quiénes son los tuyos. Mejor que tú.
No hay que entender siempre a los tuyos, solo hay que saber quiénes son.

viernes, 4 de mayo de 2018

Un año maravilloso

¿Qué maravillas nos quedan por ver? La política en las ciudades, pueblos y villorrios es aburrida, nunca pasa nada y lo poco que pasa es ininteligible o bien de una dimensión tan así, pequeña y mezquina, que no le preocupa a nadie. La identificación con una patria o con un ideal profundo y sincero, suple a veces el desinterés por la política pedestre, la cotidiana.
Pero todo eso cambia cuando falta un año para las elecciones. De repente, todo se pone patas arriba y las zanjas, los conos, los plásticos amarillos que tapan las zanjas, las vallas que delimitan el dentro de la obra con el fuera de la obra, las marcas de tiza en el suelo señalando que por aquí hay que empezar, las separaciones esas amarillas en las que es obligatorio firmar y dejar constancia de que tú estás allí, más conos, más cintas rojiblancas señalando que, es cierto, estamos de obras pero el Athletic de Bilbao es la cosa más grande de este mundo, señales y desvíos y calles abiertas y aceras abiertas y aceras cerradas y tracatrán y trocotrón y especulaciones en los bares sobre si eso lo van a acabar cuando dicen que lo van a acabar o si llevan tanto tiempo o tanto otro o bien qué hace ese coche subido encima de la acera que ahora vale todo y cuando hay obras se suspende la civilización hasta nuevo orden. Todo eso. En un año.
¿Qué maravillas nos quedan por ver? ¿Se hará el Paseo Alameda tal y como se dijo que se tenía que hacer o bien se hará tal y como se tenía previsto hacer desde un principio y se dejará de escuchar la opinión de los vecinos? ¿Se tiene en la cabeza algún plan estelar, o interestelar, o estratosférico para hacer del Paseo Alameda una cosa que no nos vamos a pelear y se va a quedar en un ni para ti ni para mí? Lo desconozco, pero las vallas están puestas, las rotondas piensan ser eliminadas y los puentes perderán su sentido inicial. Y todo pasará a otra dimensión, diferente, mejor, o no.
Y volverán los planos y las maquetas a poblar las páginas del Full Informatiu, diciendo que esto irá así, lo empezaremos ahora y lo acabaremos no sé si a tiempo para que lo puedan rentabilizar otros o si nos lo vamos a poder apuntar nosotros mismos.
Y qué harán. Qué es lo que van a hacer y qué es lo que no van a hacer. Qué año más maravilloso nos viene por delante. Lleno de expectativas, de sueños, de decepciones, de proyectos que comenzaron siendo a y que terminaron siendo b, entre el enojo de los contrarios y los halagos desmedidos de los afines y las inauguraciones apresuradas o las dilaciones consentidas. Y las rondas de participación y las publicaciones en el Full de Districte donde con arpa y mandolina se cantan las excelencias de todo, porque todo es bueno, todo se hace bien y si no vendrá el coco y te comerá.
Qué nos queda por ver en este año que viene. Este año previo a las elecciones municipales, cuando, como las venas abiertas de América Latina, las calles de nuestra Santa Coloma de mi alma mía, se abren y se reforman y todo queda mucho más así y todo lo que parecía aburrimiento, inanidad, sopor y fastidio, se torna en alegría, en máquinas, en Caterpillar, en reforma, en progreso y en alharaca.
Qué grandes maravillas quedan por construir. Qué elementos de la arquitectura urbana nos quedan por disfrutar. Qué bonitos artefactos del urbanismo contemporáneo nos faltan por descubrir. Qué es lo que nos espera en este año de ensueño.
Qué suerte tenemos de poder vivirlo a pie de obra

jueves, 3 de mayo de 2018

Soy periodista porque

Es bastante evidente que si te dan a elegir entre una profesión u otra, la de periodista es una bendición de Dios. Todo el día únicamente dedicado a la escritura, da igual del tema que sea, hablando con este, concertando la entrevista con aquel o aquella, yendo a una rueda de prensa, asistiendo al acto, investigando un asunto. Soy periodista básicamente porque no tengo que hacer grandes esfuerzos físicos. No tengo que hacer alardes, cargar con cosas, no requiere una excesiva actividad manuel, perdón, manual. Un título de mecanografía hace que agilices todos los procedimientos, escribes más rápido, la faena sale antes. 400 palabras. Ya las tengo.
Soy periodista. Pero no soy periodista. No soy periodista porque básicamente infrinjo uno de los principios fundamentales de la profesión. No soy una persona curiosa. No pregunto. Si se fijan, voy a los sitios y cuento lo que veo pero sin hablar con nadie, no pregunto, no me acerco, me da una vergüenza espantosa. El periodista no debe tener vergüenza jamás. Y yo carezco de eso que se llama... no sé ni cómo se llama. Don de gentes. Capacidad para preguntar, para investigar. Reportajes de investigación. Hay un tema. Entrevisto a uno, al otro, contrasto opiniones, contacto. Contactar.
El verbo contactar. El verbo que todo periodista debe manejar como el agua que respira. Contacta con tal, le llamas y quedas. Contactar. Hola, soy tal, le llamo de tal medio. Periodista.
Soy periodista. Pero a mí no me llama periodista ni mi padre. Ni ahora ni antes. Y no sabría hacer otra cosa. No sé hacer otra cosa. He leído que Xi Jinping ha creado su propio pensamiento, como Mao y como Deng. Yo tengo mi propio periodismo, un periodismo inservible. Inútil. Distraído. Novelesco. Con la intención de arrimar siempre el ascua a mi sardina. Un periodismo que consiste en hacer lo que me da la gana, que suele ser lo que le da la gana a otros. No tengo opinión. No tengo criterio. Me da igual, lo que me echen. No he trabajado de periodista en mi vida. Bueno, muy pocas veces. Y creo que lo hago tan mal que no puntúa. De hecho puntúa poquísimo.
Un periodista. El periodismo. Conozco a periodistas. Algunos tienen el título, otros no lo tienen. Yo tengo el título. Todos los días te preguntas cómo narices se hace para vivir de esto. No sabes vivir de esto. De qué coño piensas vivir. Un periodista que no contacta con nadie. Que no habla con nadie. Que no se acerca a nadie a saludar porque cree que es invisible. Un periodista al que nadie se acerca a proponerle un tema porque saben que no eres la persona. No eres el periodista.
Tengo un carnet del Col.legi de Periodistes por si acaso. Qué haces ahí sentado. Pero no lo utilizo nunca. Soy periodista para ir de vez en cuando a sitios por la cara. Soy periodista pero no me sabré ganar la vida con esto en la vida jamás. Soy periodista porque soy un inútil. Soy periodista porque creo que leer un libro es trabajar. Soy periodista porque no me gusta trabajar. Tengo un compañero que siempre dice que no trabajo. Y tiene razón. No sé cambiar un aparato por otro aparato. No sé llevar una cosa de un punto a otro. No sé hacer la instalación de un teléfono. No sé hacer un balance contable. No sé doblar el lomo. No soy un trabajador. Soy periodista. Y no soy ni siquiera un periodista. No sé atender un teléfono, no sé clasificar, no sé ordenar, no sé curar a nadie de nada, no he enseñado nada bien en la vida, no he dado ostias en una manifestación, no he sellado un impreso, no he vigilado, no he cambiado la bombilla, no he apretado el grifo, no he pintado, no he enracholado, no he alicatado, no he estado en la cadena de montaje.
Soy periodista. Y no lo sé hacer. Soy periodista porque en ninguna otra profesión admitirían a gente como nosotros. Los que estamos al límite de la inutilidad completa. Los que creemos que podemos ir a un sitio, pasear por la calle, mirando por la ventana, contarlo y que eso le interese a nadie. Los que tenemos un teclado, un boli o un micrófono para poder difundir nuestra visión chorra de la vida. O la visión que otro quiere que difundamos. Periodista. Periodista deportivo. Periodista cultural. Periodista científico. Periodista económico. Periodista ecuménico. Periodista leninista. He conocido a muchos que han pasado de esta profesión como de la mierda. Con tanta razón. Otros y otras que han hecho carrera. Otros y otras que no sé cómo estarán.
¿Dónde estarán mis compañeros de facultad? ¿Los compañeros de otros curros? ¿Trabajan de esto?
¿Yo les puedo decir que trabajo de esto?
Soy periodista porque no sabría hacer otra cosa. Soy periodista porque puedo decir que soy periodista aún a sabiendas de que no lo soy. Soy periodista porque esto lo puede hacer cualquiera. Eres periodista cuando no puedes ser ninguna cosa. Eres periodista cuando te sacas el título. Eres periodista cuando tienes voluntad. Eres periodista cuando eres capaz de contar cualquier cosa de cualquier manera para que lo entienda quien te pega, quien te paga, quien te escucha.
Por una vez no he utilizado lo del emisor, receptor, mensaje. Hasta el final.
Soy periodista porque para que otro sea el emisor, ya lo hago yo.
Y por lo de mover cosas. Si hubiera que llevar peso, veríamos. Veremos. 

miércoles, 2 de mayo de 2018

Amigo Sancho


Conocí a Juan Alonso en la Facultad de Químicas. Yo iba por allí para leer, porque había menos gente y menos ambiente que en mi Facultad. Esas cosas raras que se hacen cuando eres joven. Un día te gusta el bullicio, otros días quieres ser un ermitaño. Tonterías. Estaba allí mirando unas fotocopias cuando se sentó a mi lado y me preguntó si no era de Químicas. Acertó. Él tampoco. Estudiaba Derecho, iba allí exactamente por lo mismo pero al contrario. Decía que le gustaba una chica de allí y que iba siempre para hacerse el encontradizo, que venían juntos desde Igualada y nunca se atrevía a decirle nada. Congeniamos y quedábamos para tomar algo. Nos hicimos colegas. Una de esas amistades de Universidad que raramente perduran en el tiempo. Perduran en el tiempo. Qué forma más rara de hablar.
Tanto él como yo hemos hecho unas vidas más bien convencionales. Trabajos estables, familias estables, etc. Siempre quedamos él y yo solos. Nunca hemos hecho reuniones de las parejas, quedadas, fines de semana, una cenita, nada. Quedamos él y yo, algún jueves, los viernes, algún vermut el sábado. Charlábamos, fútbol, los problemas en el trabajo. Un día, sin embargo, sin venir a cuento, me soltó un 'amigo Sancho, ladran luego cabalgamos' que me resultó novedoso porque no acostumbraba a utilizar citas literarias. Era un tipo bastante común, con gustos comunes, de lecturas escasas, buena gente. No recuerdo de qué estábamos hablando.
La semana siguiente, tomando un vinito en una bodega de la calle Blai y mientras sonaba una canción de Pink Floyd me volvió a soltar un 'y es que amigo Sancho, las gentes que...'. Yo no me llamo Sancho. Ni Sánchez. Me llamo Ernesto Velarde y ni siquiera tengo barriga, soy más bien flacucho. Un poca cosa. Me quedé un poco sorprendido, la verdad. Mientras hablaba, notaba que cada vez más Juan Alonso dejaba de mirarme y dirigía su vista hacia un punto indeterminado, donde, tras asegurarme yo, me cercioré de que no había nada. Al cabo de un rato, comentando yo una noticia de la radio referente a cómo los fascistas de mierda estaban acaparando la atención de los medios de manera jocosa cuando deberían... me volvió a responder, cortándome el argumento con un 'es que, amigo Sancho, poco son los que...'.
Nos despedimos y no volvimos a quedar hasta quince días después. Nos saludamos delante de un bareto cerca de la estación de Sants, antes de entrar me comentó 'cierto es, amigo Sancho, que...'. Y durante toda la tarde que estuvimos tomando algo no dejó de hablar de esa manera. 'A buen seguro, amigo Sancho...', 'dicen, amigo Sancho que...', 'yo soy de los que opinan, amigo Sancho...', 'buena observación, amigo Sancho...', 'entre unas cosas y otras, amigo Sancho, la vida...', 'vuelvo a recordar, amigo Sancho...'. No me miró en ningún momento. Parecía ido. No le dije nada.
Cuando llegué a casa le comenté a Quima lo que pasaba. Me dijo que a lo mejor es que Juan Alonso se estaba leyendo el Quijote y que... no entendí qué me quería decir. No he leído el Quijote.
Esperé que me enviase algún mensaje o que me llamara para volver a quedar, pero no lo hizo. No he vuelto a verle. O verlo.

lunes, 30 de abril de 2018

Déjame salir - Jordan Peele

Hay películas que son entretenidas, otras que te hacen reír, algunas te hacen pensar, otras te dan miedo, algunas de aburren, otras te intrigan, unas te molestan, otras que son muy buenas. Déjame salir, película de Jordan Peele del año pasado, 2017, es un peliculón que te intriga, te molesta, te da miedo y te hace pensar. Es un peliculón.
Una pareja. Él es Chris, un fotógrafo. Ella es Rose. Él es negro. Ella es blanca. Tienen que ir a ver a los padres de ella. Como en esa película de Spencer Tracy, Katherin Hepburn y Spencer Tracy, Adivina quién viene a cenar esta noche. Él le pregunta a ella si sus padres saben que él es... y qué van a pensar. Ella le quita los miedos, le dice que no pasa nada, que sus padres son liberales, que su padre hubiera votado a Obama una tercera vez. Bueno. Van. Por el camino, mientras viajan en coche, atropellan a un animal. Luego sabremos que él perdió a su madre atropellada por un coche. Bien. Llegan a la casa, los padres parecen un encanto aunque el padre no cae bien. La madre cae bien y más, porque ella es Catherine Keener y por mucho que pasen los años, no hay palabras. Bueno. El hermano parece un poco gilipollas. Bueno. Tienen un chico que trabaja en el jardín que parece un poco no sé. Es negro. Y una sirvienta que parece no sé. Es negra. Raros. Y hasta aquí.
Vaya peliculón y vaya mensaje. El mensaje. Los negros. Los blancos. Una sociedad que se aprovecha de los negros. Una sociedad que saca todo lo que puede de los negros. De una manera muy basta en la película, de una manera mucho más basta en la vida real. Los negros, su cultura, su música, su fuerza, su talento, su creatividad, su imagen, sus ideas, su ingenio, su todo. Todo lo de los negros mola. Todo lo de los negros está bien. Todo lo de los negros es mejor. Pero hay un problema.
Los negros.
Un mundo en el que nos movemos en torno a cosas que han creado otros, pero del que nos aprovechamos los demás. Los blancos. Sobre todo los blancos ricos. Un mundo al que le gustan las cosas de los negros, cómo bailan, cómo cantan, cómo componen, cómo se mueven, cómo corren, cómo follan, cómo se ríen, cómo compiten, cómo corren, cómo... todo es mejor. Sólo hay un asuntillo que falla. Los propios negros. Si no estuvieran los negros sería mejor. O si estuvieran de otra manera. Si hubiera alguna manera de que no estuvieran, pero que estén, son necesarios, porque alguien tiene que hacer todas esas cosas que nosotros no somos capaces de hacer, de inventar, de cantar. Siempre se aprovecha alguien de tu trabajo, de tu esfuerzo, de tu creatividad, de tu fuerza, eres genial, eres muy bueno, pero es mejor que no estés tú.
La película creo que va de eso. Igual es simplemente una película de terror. De la típica casa donde pasan cosas espantosas. Pero ya sabemos que todo acaba teniendo siempre un significado oculto. Y ese significado es que somos un poco negros todos. O bien, nos aprovechamos todos de otros negros. El sistema. El capitalismo. Nos aprovechamos del talento, la fuerza, las ganas, el empuje de otros. Vivimos de otros. Les chupamos la energía, la sangre, y queremos que no estén. Que sean como nosotros queremos. Creo que después de repetir la idea cuatro o cinco veces, puede que haya quedado clara.
Ahí lo dejo. Peliculón.

domingo, 29 de abril de 2018

Fira d'Abril. Los catalanes hacen cosas.

Como cada mes de abril, como cada vez que abril se va despidiendo y abre la puerta al florido mes de mayo, llega la Feria de Abril que, como ya se sabe, tiene más de mayo que de abril. Como colomense, tengo una relación ambivalente con la feria de Abril. Cuando estaba en Santa Coloma fui alguna vez. Cuando estaba en Barberá no fui nunca. Como no se trata de contar batallas, contaré lo que he visto hoy, que se parece un poco a lo que vi la última vez que fui, pero no tanto.
La Feria de Abril. Sevillanas. Rumba asevillanada en plan Siempre Así. Reggetón. Pero sobre todo sevillanas. El trayecto de Santa Coloma a la Feria, en el Forum, incluye innumerables transbordos en metro. Casi se llega antes andando. Línea 9. Línea 10. Línea 2. Línea 4. Es más sencillo ir de Santa Coloma a Urquinaona y allí pillar el Tram. En fin. Ir a la Feria de Abril, solo. Expedición. Ir a buscar las casetas de los partidos políticos a ver si hay alguna afín. Este año no hay ninguna. Sí que están la del PSC, la de Ciudadanos y una Bodega Republicana, que es la de ERC a la que no le han puesto las siglas. Lean el hilo de tweets en el que ERC de Santa Coloma explica porqué ponen caseta en la Feria de Abril. Un ‘nos hacemos los andaluces’ en toda regla. ‘Todo lo que tiene que tener una bodega andaluza’. Andaluza. Lo mismo da que sea de Almería que de Cádiz. De Jaén que de Huelva. Andaluza. Como los calamares a la andaluza. Conocimiento del medio. Uniformización cultural. Un curso acelerado de Andalucía en una semana.
La Feria de Abril me es ajena. Y propia. Ajena porque mis padres son andaluces, pero no de la Andalucía de sevillanas y Feria. Son de Jaén del norte. Hoy, con 30 años de Canal Sur, la uniformización cultural de Andalucía tampoco es para dar palmas de alegría y, efectivamente, pareciera que toda Andalucía son las afueras de Sevilla. La Feria de Abril me es ajena. Y es propia. Es propia porque en mi calle estaba la Hermandad de Nuestra Señora del Rocío y mis padres iban mucho, aunque a mi padre lo rociero no le iba pero nada y no ha bailado sevillanas jamás. Pero a mi madre sí le va lo de bailar sevillanas. Y punto. Y se va. Y por eso, cuando estaba en Santa Coloma, iba. A ver. A curiosear. Y a la caseta afín. Y luego, con los años, siempre he intentado ir. Casi siempre a dar una vuelta, por ir. Por ver. Veo una caseta donde hay bailando gente, me fijo. Miro como asan la carne. Los platos enormes de patatas a lo pobre. El olor a carnaca.
Nada más entrar por la cuesta del Fòrum ya vemos a la gente volver con los moñetes con los floripondios agarrados. También se ven mujeres vestidas con los trajes y los faralaes, y pocos vestidos de campero. He visto dos, quizás tres, patillones. Chicos jóvenes con los patillorros de haberse bajado del caballo. A la entrada, una tómbola. Una tómbola. A las tómbolas no les das importancia hasta que te quedas escuchando. Los puestos de patatas fritas, frankfurts, los mojitos, la música caribeña, y la tómbola. Van sonando los números, hay un bingo. Se lleva la tablet. El que lleva el micro en la tómbola canta la música de salida del Un, Dos, Tres. Las caseta se suceden. La primera es de Ibn Battuta. Música magrebí. Una caseta muy currada. Y a continuación las casetas de Hospitalet, de Sant Cugat, de Mataró… Terrassa, y dos de Santa Coloma. Disculpen si no cito todas las casetas de todas la ciudades. Las de Santa Coloma son las del Rocío y la de la PCR Rincón Andaluz. La del PCR es más recargada, la del Rocío… ¿Está abierto el Rocío? Se trasladaron a la calle Lluís Companys y paso todos los días pero no está abierta. ¿Qué ha pasado? Las músicas van sonando, rumbas que adaptan canciones de moda, sevillanas de toda la vida. Los puestos de patatas fritas tienen siempre reggeton. Es cierto que hay gente vestida al uso, pero la mayoría vestimos de calle. He ido a una hora impropia, las siete de la tarde, supongo que hay más animación a mediodía o por la noche. Hay poco movimiento en las casetas. La de la FECAC está llena y hay baile, unos niños. Pocos cuadros bailando. Hay un par de casetas llenas de gente joven. Una de ellas, Mi rebujito. En ella, unas cuantas mujeres con la bandera de Tabarnia. Un poco más abajo, está la de ERC, sin las siglas de ERC. Un chico está cantando. Hay fotos de él en la puerta y detrás de él. Parece un Jesucristo de esos de la Passió. En los carteles, digo. Qué poquita gente en las casetas de PSC y CS. Hace unos años los abanicos naranjas lo petaban. Supongo que los repartieron ayer.
Fira d’Abril. Expresión de una cultura andaluza en Catalunya. Hace unos años fui a las fiestas de La Carolina, Jaén. Las casetas eran un poco así, como las de Barcelona. Uniformización cultural. Todos bailamos al final lo mismo y si queremos ir con la corriente tenemos que ser así. Hay puestos donde venden ropa de cantero. Gorros, chalequillos de esos acolchados, sombreritos como de ir a caballo. Y camisetas de Indios y de Lobos. Quién se sigue comprando camisetas de indios…
No me gusta la Fira d’Abril. No me gusta la música. No me gusta ese andalucismo. Pero me gusta ir. Y cuando estoy allí, mal que bien, siento que la gente que está ahí es un poco como yo. Aunque no comparta nada de lo que hacen. Somos catalanes haciendo cosas que nuestros padres recuerdan haber hecho o no en su tierra. Catalanes haciendo cosas como otros catalanes que hacen cosas que recuerdan haber hecho sus padres o no. El finde que viene es la fiesta Gallega en Santa Coloma. La tradición. Como l’esmorzar ibèric en el Puig Castellar. Como todas las tradiciones que nos imponemos como propias o no.
En un tweet, una persona catalana habla de que los catalanes, cuando salen fuera de Catalunya asimilan las costumbres de fuera. Y sale Guardiola vestido de bávaro. Al mismo tiempo dice que los españoles cuando salen fuera de su país… y sale Inés Arrimadas en la Feria y la Policía repartiendo ostias el 1 de Octubre. Españoles viniendo aquí a Catalunya, que siguen bailando sevillanas, todos son Arrimadas, todos son Policías nacionales dando hostias.
Espero y deseo que Ciudadanos se hunda en las encuestas, en las votaciones, en todo. Que se desinfle el globo naranja. Que no avancen. Son una derecha cada vez más derecha. Y me han dado unas ganas de ir a la Fira tan grandes que igual mañana vuelvo otra vez. Porque los catalanes hacemos cosas. Y decimos gilipolleces como si no hubiera un mañana. Ole.