Esta foto no es la de un amanecer desde algún montaño de nuestros alrededores queridos. Esta foto no es la de un breve reencuentro con alguien que también ha salido a justificar el outfit. Esta foto no es la de una felicidad extrema por haber vuelto a sentirnos libres. Esta foto tampoco es un reconocimiento a las madres. Esta foto es la de un fuet.
Es la de un fuet que a duras penas puedo probar porque no puedo comer cosas como fuet. Los problemas de la tensión alta convierten a mi vida en un quiero y no puedo de cosas que creo que puedo hacer y sé que están mal, cosas que no hago, cosas que querría hacer y cosas que hago como si no las estuviera haciendo. Esta foto es la de un fuet que hace mis días de confinamiento un continuo recordatorio de que las cosas no están bien, que debería, que tendría, que me lo tendría, pero que no. No y no.
Un día más y un día menos y un día que ya no es como los demás. Los días ya no son como los de hace dos semanas o tres. Ahora los días son de otra manera. Ahora los días consisten en saber porqué no sales. No sales porque no madrugas y no te pilla la franja. No sales porque por la tarde da pereza salir. No sales porque no tienes ganas. No sales porque te da estás bien en el confinamiento.
Esa foto es la de un fuet. Una foto que no dice absolutamente nada y que ni siquiera es de hoy. Y ni siquiera es real. De ese fuet queda la mitad, porque no debería, ni yo ni nadie, pero cometemos el pecado y si no lo corto yo es como si no lo estuviera haciendo yo.
Debería hablar de algo referente a la política pero para qué. A la política. Pasamos del todo el mundo es bueno al que se jodan. Pienso en lo de los conciertos de Barcelona. Pienso que cuando a alguien le alegra que a Ada Colau le salga algo mal, indefectiblemente creo que es de derechas. Aunque lleves camisetas de Black Flag. De derechas. Aunque escuches canciones con acento del sud del territori. De derechas.
Y poco más que añadir en este punto.
Pienso en que de todo este periodo no vamos a salir mejor. Vamos a salir con más ganas de demostrar que antes, antes de, todo era perfecto y bueno. Y que vamos a acentuar aún más que antes podíamos y volveremos a poder. Hacerlo todo. Más. A lo bestia.
Me preocupa también, no sé si me preocupa es la palabra, me incomoda el tema de la buena gente. El reconocimiento a la buena gente. La competición por ser buena gente. La necesidad del reconocimiento a quien estos días ha mostrado una actitud solidaria. El enmascaramiento de otro tipo de situaciones con la cobertura de la voluntariedad, el esto y lo otro. Ya está.
Hablemos de cine. Ayer vi Munich, película del Spielberg que hace mil años que debería haber visto y que no. Pues me gustó y me pareció interesante la reflexión. Un grupo armado secuestra y asesina a unos atletas israelíes. El Estado israelí decide castigar a los culpables. Recluta a un grupo de personas para que se carguen a una gente concreta. Ningún problema. Se van cargando peña pero a medida de que va pasando el tiempo y van cargándose gente que no saben muy bien porqué... entran dudas y sospechas. Y la peli va de eso. Dudas, sospechas, y cómo se construye un país. En base a qué.
Bien. No sé si lo he dicho antes, pero es el día de la madre. Hoy es el día convenido para agradecer a nuestras madres todo lo bueno que hacen que suele ser todo. He salido dos veces este finde a la calle, las dos a la farmacia. Hoy estaban las floristerías abiertas. No he comprado nada.
Estamos atravesando o hemos atravesado. No lo sé. Pienso en cabrearme viendo a la gente salir a la calle a hacer cosas. Estando en la calle. Pienso que si nos dejan salir a la calle en estas condiciones es porque la cosa irá de que se puede salir a la calle. Pienso que no tengo ni puta idea y que no voy a salir mucho a la calle, aunque saldré a la calle y probablemente me saltaré alguna franja horaria porque cuando tenga que salir, yo que no quiero salir, no será cuando toque.
He empezado a leerme un libro de Rosa Luxemburgo. Me acabé en estos días el libro de la compañera Patricia Castro. Patricia Castro a la que le han montado una campaña de acoso en redes que dice mucho del estado de mierda que se nos viene encima. Una mierda de sociedad. Una mierda de sociedad en la que hay que saber qué mano lames. El libro de la compañera. Está bien. La historia que cuenta. Que no te pase nunca.
Lo de Rosa Luxemburgo lo he pillado con muchas ganas. Espero que no nos perdamos en lo que nos perdemos siempre y acabemos perdiendo el hilo y las ganas. Que ya me suele pasar.
Acabo de ver otra película. Little Joe. Sobre flores y virus. Y una sociedad de gente feliz donde todo va bien.
Todo va bien si sabes de qué lado ponerte.
domingo, 3 de mayo de 2020
miércoles, 29 de abril de 2020
Confinamiento #35
Es mejor tomar la foto desde aquí. He ido a aplaudir y a hacer el repaso habitual del estado de las plantas. Visual. Me he acercado al rosal. Una rosa amenaza con salir desde hace días. Hoy me he acercado y he visto lo que no quería ver. Algo se está comiendo las hojas del rosal, un mosquitillo, algo. Y la rosa que tiene que salir me temo que no va a salir. A este rosal le pasa que es muy goloso para las mierdas de los mosquitos, hongos, cochinillas o como quiera que se llame. Hace tiempo que no salía tan alegre el rosal y ha vuelto a pasar lo mismo que otras veces. Se comen las hojas, joden el invento.
No. Yo tampoco me aclaro con lo de cuándo y cómo. Sé que a partir del 4 de mayo pasarán algunas cosas que no estaban pasando hasta ahora, pero que la situación a fin de cuentas seguirá más o menos hasta mediados de mayo donde creo que habrán algunos cambios sustantivos. No se. Hablo por hablar. Qué fe con que abran los bares. Ayer, escuchando al presidente centrándose en el tema restaurantes y demás era como un poco... aquí qué nos importa, nos importa salir a comer, beber... y el trabajo que da, los puestos de trabajo que viven de todo el sector de la hostelería y la restauración. Los bares.
Siempre me ha gustado ir a los bares. He ido a los bares solo, acompañado, en grupo, en pareja, bares a los que he ido siempre, bares a los que voy por ir, por probar, por estar, para decir que vaya mierda de bar, para quedarme para siempre. Pero ahora algo está cambiando. Tiene que ver con todo lo que está pasando y la costumbre de no ir a ningún lado, de no consumir por consumir, de pasar con lo necesario y no necesitar adornarlo con más cosas. Me da pereza todo. Me da pereza volver. No es pereza. Suena a 'chico, qué fácil lo tienes todo'. No es tan fácil, es una sensación de que me da un poco de pena que estemos deseando volver a lo de antes. Que no pase nada. Que sigamos pensando en....
- Un momento, chaval. ¿Acaso te has vuelto ahora un rarito de esos de no consumir, no beber, no entrar en el sistema, buscar formas alternativas de vida y esas historias? ¿Ahora? ¿Todo este rollo es porque compras (o te hacen ir a buscar) verdura y huevos en el Cabàs?
No, no va por ahí. Lejos de mí el ver luz e irme a... una casa en el campo o vivir en la ciudad vestido de Quechua o Artengo todo el día. No. Pero que me da palo. Palo la vida de antes.
- Un palo te daba yo, gañán.
Me da palo todo. Que vuelva el fútbol, que vuelva el mundo del deporte y sus noticias a las que me engancho. Vivo mejor sin estar pendiente. Tengo más tiempo. Menos agobios. Y puedo disfrutar del deporte antiguo, que es mejor.
Lo antiguo es mejor.
Hoy he hecho un plato que hace y hacía mi madre y que tenía mucha curiosidad por probar. Lomo con salsa. Una salsa con ajo, almendras, vino blanco e hígado de pollo. Sí, hígado de pollo. Pues muy bueno, oiga. Pero bueno bueno. Como una nutria me estoy quedando.
Con el cuento del cumpleaños de la Kim Gordon he vuelto a caer en la trampa de Sonic Youth. No estoy avanzando nada en lo de la música.
Pero nada.
No. Yo tampoco me aclaro con lo de cuándo y cómo. Sé que a partir del 4 de mayo pasarán algunas cosas que no estaban pasando hasta ahora, pero que la situación a fin de cuentas seguirá más o menos hasta mediados de mayo donde creo que habrán algunos cambios sustantivos. No se. Hablo por hablar. Qué fe con que abran los bares. Ayer, escuchando al presidente centrándose en el tema restaurantes y demás era como un poco... aquí qué nos importa, nos importa salir a comer, beber... y el trabajo que da, los puestos de trabajo que viven de todo el sector de la hostelería y la restauración. Los bares.
Siempre me ha gustado ir a los bares. He ido a los bares solo, acompañado, en grupo, en pareja, bares a los que he ido siempre, bares a los que voy por ir, por probar, por estar, para decir que vaya mierda de bar, para quedarme para siempre. Pero ahora algo está cambiando. Tiene que ver con todo lo que está pasando y la costumbre de no ir a ningún lado, de no consumir por consumir, de pasar con lo necesario y no necesitar adornarlo con más cosas. Me da pereza todo. Me da pereza volver. No es pereza. Suena a 'chico, qué fácil lo tienes todo'. No es tan fácil, es una sensación de que me da un poco de pena que estemos deseando volver a lo de antes. Que no pase nada. Que sigamos pensando en....
- Un momento, chaval. ¿Acaso te has vuelto ahora un rarito de esos de no consumir, no beber, no entrar en el sistema, buscar formas alternativas de vida y esas historias? ¿Ahora? ¿Todo este rollo es porque compras (o te hacen ir a buscar) verdura y huevos en el Cabàs?
No, no va por ahí. Lejos de mí el ver luz e irme a... una casa en el campo o vivir en la ciudad vestido de Quechua o Artengo todo el día. No. Pero que me da palo. Palo la vida de antes.
- Un palo te daba yo, gañán.
Me da palo todo. Que vuelva el fútbol, que vuelva el mundo del deporte y sus noticias a las que me engancho. Vivo mejor sin estar pendiente. Tengo más tiempo. Menos agobios. Y puedo disfrutar del deporte antiguo, que es mejor.
Lo antiguo es mejor.
Hoy he hecho un plato que hace y hacía mi madre y que tenía mucha curiosidad por probar. Lomo con salsa. Una salsa con ajo, almendras, vino blanco e hígado de pollo. Sí, hígado de pollo. Pues muy bueno, oiga. Pero bueno bueno. Como una nutria me estoy quedando.
Con el cuento del cumpleaños de la Kim Gordon he vuelto a caer en la trampa de Sonic Youth. No estoy avanzando nada en lo de la música.
Pero nada.
martes, 28 de abril de 2020
Confinamiento #34
La página no es de Estrella Distante. Creía que tenía en casa Estrella Distante y no está. Debe estar pero no lo he encontrado. La página es de La literatura nazi en América, de Roberto Bolaño, donde está el cuento que luego será la base de Estrella Distante. La vida de Carlos Ramírez Hoffman y sus vuelos escribiendo en el aire esas frases que se te quedan tatuadas en algún sitio y que no desaparecen jamás. La muerte es responsabilidad. La muerte es limpieza. La muerte es Chile. La muerte es amor. La muerte es crecimiento. Hoy es el aniversario del nacimiento de Roberto Bolaño y si estamos escribiendo todos los días que se puede, si hay algo que hacer importante en la vida que no es otra cosa que escribir este blog todos los días es porque Roberto Bolaño existió y nos enseñó que había que escribir, siempre, en todo momento, que escribir es lo único que es y que será, que leer está bien, que leer es un placer, pero que la tortura de escribir no debe dejar de producirse jamás, sea cual sea la circunstancia, escribir y vivir para escribir. Ni mucho menos, ni por asomo, ni se me ocurriría comparar la inútil tarea de escribir un blog con la titánica tarea literaria de Roberto Bolaño. Es muy repelente eso de decir 'lean a tal...', pero lean a Bolaño. Lean Estrella Distante, aunque solo sea Estrella Distante. Contar una historia, contar historias en las que parezca que te has jugado la vida. Contar historias que parezcan que las has vivido, que el que las ha escrito ha estado al borde de palmarla porque... igual hace mucho que no leo a Bolaño. Creí haberlo leído todo, al menos los cuentos y novelas. No la poesía. Cómo disfruté leyendo a Bolaño. Qué cosa empezar a leer el 2666 y sumergirte en todos esos mundos chungos, en esas historias que te llevan a lo sórdido, a lo fantástico, a lo irreal, a la muerte. La muerte es Chile. Los libros de Bolaño son dos. Luego tiene cuentos, libros de cuentos, los libros póstumos, la literatura nazi, los libros de Bolaño. Los cuentos de Bolaño. La vida de Bolaño. Esa especie de pintada con la cara de Bolaño que hay en un buzón en Barcelon y que yo tenía una foto y que ya no sé dónde estará. La cara de Bolaño, el libro que tengo donde se cuentan cosas de Bolaño, sobre Bolaño, entrevistas a Bolaño.
Bombacci colgado de Piazzale Loreto. Fusilan a Mussolini antes de que se pire a Austria y en el coche donde viaja está Nicola Bombacci. Nicola Bombacci fue fundador del Partido Comunista Italiano y viajó a la Unión Soviética y de repente empieza a coquetear con el fascismo y por una serie de vicisitudes personales y que tendría el hombre esa cabeza que tiene la gente que se deja arrastrar por la insana pasión de nosequé, considera que el fascismo es una suerte de socialismo que ha superado al comunismo o algo así. Tengo que leer más y estoy escribiendo deprisa y no lo quiero contar bien. Bombacci se convierte en un defensor a ultranza de Mussolini sin renunciar a ser un socialista, de tal manera que incluso le sigue en la loca aventura de la República Social Italiana, donde se inventa la socialización fascista donde verdaderamente se iba a poner en práctica una revolución social dentro del fascismo que, naturalmente, jamás se dio, pero no contento con ello decide huir junto a Mussolini. Lo ejecutan, fusilándolo, los mismos partisanos que ejecutan a Mussolini y a Clara Petacci. Cuando lo están fusilando, Bombacci grita Viva el socialismo, Viva Mussolini. Lo colgarán de la gasolinera de Piazzale Loreto un día como mañana, 29 de abril, junto a Musslini, Petacci, Starace, Pavolini. A Bombacci le colocan encima el cartel de Supertraidor. Piazzale Loreto, nunca te olvides de Piazzale Loreto, rojipardo que das la vuelta al sentido del socialismo.
Poca cosa más.
Hasta finales de junio dicen que tenemos que estar así. Escribo esto sin convicción. Me duele pensar que pienso así.
Me faltan días y horas para leer todo lo que pensaba que iba a leer. Aún puedo tirar de memoria y contar la historia resumida de Nicola Bombacci.
No se olviden de Nicola Bombacci. Supertraidor. Piazzale Loreto.
Lean a Bolaño. Escriban a altas horas de la noche aunque les estén esperando para cenar. Los detectives salvajes. Siempre.
Bombacci colgado de Piazzale Loreto. Fusilan a Mussolini antes de que se pire a Austria y en el coche donde viaja está Nicola Bombacci. Nicola Bombacci fue fundador del Partido Comunista Italiano y viajó a la Unión Soviética y de repente empieza a coquetear con el fascismo y por una serie de vicisitudes personales y que tendría el hombre esa cabeza que tiene la gente que se deja arrastrar por la insana pasión de nosequé, considera que el fascismo es una suerte de socialismo que ha superado al comunismo o algo así. Tengo que leer más y estoy escribiendo deprisa y no lo quiero contar bien. Bombacci se convierte en un defensor a ultranza de Mussolini sin renunciar a ser un socialista, de tal manera que incluso le sigue en la loca aventura de la República Social Italiana, donde se inventa la socialización fascista donde verdaderamente se iba a poner en práctica una revolución social dentro del fascismo que, naturalmente, jamás se dio, pero no contento con ello decide huir junto a Mussolini. Lo ejecutan, fusilándolo, los mismos partisanos que ejecutan a Mussolini y a Clara Petacci. Cuando lo están fusilando, Bombacci grita Viva el socialismo, Viva Mussolini. Lo colgarán de la gasolinera de Piazzale Loreto un día como mañana, 29 de abril, junto a Musslini, Petacci, Starace, Pavolini. A Bombacci le colocan encima el cartel de Supertraidor. Piazzale Loreto, nunca te olvides de Piazzale Loreto, rojipardo que das la vuelta al sentido del socialismo.
Poca cosa más.
Hasta finales de junio dicen que tenemos que estar así. Escribo esto sin convicción. Me duele pensar que pienso así.
Me faltan días y horas para leer todo lo que pensaba que iba a leer. Aún puedo tirar de memoria y contar la historia resumida de Nicola Bombacci.
No se olviden de Nicola Bombacci. Supertraidor. Piazzale Loreto.
Lean a Bolaño. Escriban a altas horas de la noche aunque les estén esperando para cenar. Los detectives salvajes. Siempre.
lunes, 27 de abril de 2020
Confinamiento #33 Gramsciano
Podría poner una foto de Antonio Gramsci ya mayor de perfil y de frente en lo que se supone que debe ser una foto ya en la cárcel pero nadie quiere ver una foto de un señor abotargado y que se escape de la iconografía oficial del revolucionario y pensador, joven y de pelos leoninos, capaz de producir un pensamiento indispensable, imprescindible, que no he leído. Pero prefiero poner esta foto más o menos regular del pensador y revolucionario italiano y que todo este párrafo sirva de mera antesala para una de esas citas que uno busca para poder poner algo referente a Gramsci y que de repente le reconcilian no con Gramsci que no me puede reconciliar si no lo conozco y por tanto no puedo estar de acuerdo o en desacuerdo con él. Esa frase es la siguiente:
'El reto de la modernidad es vivir sin ilusiones y sin desilusionarse'.
Yo creo que he vivido siempre con esto como divisa y sin saberlo. Soy gramsciano desde pequeño. Un gramsciano incontrovertible. Un gramsciano del ala nosequé. Un gramsciano que no conoce a Gramsci pero que tal.
Hace tiempo, no demasiado, me gustaba hacer befa de quienes citaban a Gramsci. De quienes tenían las palabras de Gramsci en la boca todo el día para justificar una nueva forma de hacer política o para defender la antigua. O para algo. Como no tenía intención de leer a Gramsci y tampoco la tengo ahora, me parecía risible que, de repente, surgiera tanto entendido en alguien cuyo mensaje surgió de su reclusión en una oscura cárcel fascista de la que no saldría vivo. Todo pasa y ahora la fiebre Gramsciana se ha pasado y lo que antes era indispensable, imprescindible, ahora es el recuerdo de un tiempo en el que todo era posible y nada era impedimento para barrer con lo anterior. Hoy he tenido en mis manos un libro de Rosa Luxemburg. Igual podría...
Vivir sin ilusiones. Soy su hombre. Una vida dedicada a no plantear ningún tipo de objetivo y procurar ir viviendo la hora que viene de la manera más cómoda posible. Así hasta el final. Y sin desilusionarse, claro. Pensando que esto puede ir a mejor, naturalmente, trabajando por ello. Pero sabiendo que en el esfuerzo y en el pensamiento está la primera piedra y que el resto del edificio es complejo.
Para colmo, sin saber cómo, hoy he caído en Devo y en sus canciones que nos recuerdan que somos iguales, que podemos ser lo peor, que somos lo que quieran que seamos porque elegimos ser lo que nos digan y porque no hay nada más robotizado que un ser humano. Son cosas que una detrás de otra no parecen tener sentido, pero ahí están. ¿Somos hombres? No. Somos Devo.
Libertad para elegir. Hay una canción que se llama Freedom of Choice. Podemos elegir ser iguales que los demás. Ser como todos. No salirnos. Ahora no nos podemos salir. Que no me quiten mi libertad. La libertad de ser como yo soy. La libertad de ser uno que hace exactamente lo que otro grupo humano ha decidido. Libertad elegir. Al final del vídeo aparecen marchando por una calle convirtiendo a todo el mundo en lo mismo.
Ayer tocó el visionado de dos malrolleces francesas ambas protagonizadas por Mathieu Kassovitz, director de El Odio. Una era El Gran Desconocido, una persona que calcaba la vida de otros hasta que encuentra un elemento perfecto con el que quedarse. Y la otra una chunguez de Haneke, Happy End, que para lo que es Haneke me pareció floja en la chunguez. En ambas películas bebían vino tinto comiendo y las casas eran de techos altos, tal y como reza el tópico. Salían algunos currelas, pocos, en la peli de Haneke, para currar a los ricos. Pero poco y al final los ricos siempre ganan aunque se quieran morir de cara a la galería.
¿Dónde estamos?
Vivir sin desilusionarse. Hoy ya no tenemos claro si los niños son culpables, si el Gobierno trastabilla, si Jorge Javier es el nuevo Gramsci...
Antes de contar nada que estropee este final en alto, vamos a dejarlo aquí.
'El reto de la modernidad es vivir sin ilusiones y sin desilusionarse'.
Yo creo que he vivido siempre con esto como divisa y sin saberlo. Soy gramsciano desde pequeño. Un gramsciano incontrovertible. Un gramsciano del ala nosequé. Un gramsciano que no conoce a Gramsci pero que tal.
Hace tiempo, no demasiado, me gustaba hacer befa de quienes citaban a Gramsci. De quienes tenían las palabras de Gramsci en la boca todo el día para justificar una nueva forma de hacer política o para defender la antigua. O para algo. Como no tenía intención de leer a Gramsci y tampoco la tengo ahora, me parecía risible que, de repente, surgiera tanto entendido en alguien cuyo mensaje surgió de su reclusión en una oscura cárcel fascista de la que no saldría vivo. Todo pasa y ahora la fiebre Gramsciana se ha pasado y lo que antes era indispensable, imprescindible, ahora es el recuerdo de un tiempo en el que todo era posible y nada era impedimento para barrer con lo anterior. Hoy he tenido en mis manos un libro de Rosa Luxemburg. Igual podría...
Vivir sin ilusiones. Soy su hombre. Una vida dedicada a no plantear ningún tipo de objetivo y procurar ir viviendo la hora que viene de la manera más cómoda posible. Así hasta el final. Y sin desilusionarse, claro. Pensando que esto puede ir a mejor, naturalmente, trabajando por ello. Pero sabiendo que en el esfuerzo y en el pensamiento está la primera piedra y que el resto del edificio es complejo.
Para colmo, sin saber cómo, hoy he caído en Devo y en sus canciones que nos recuerdan que somos iguales, que podemos ser lo peor, que somos lo que quieran que seamos porque elegimos ser lo que nos digan y porque no hay nada más robotizado que un ser humano. Son cosas que una detrás de otra no parecen tener sentido, pero ahí están. ¿Somos hombres? No. Somos Devo.
Libertad para elegir. Hay una canción que se llama Freedom of Choice. Podemos elegir ser iguales que los demás. Ser como todos. No salirnos. Ahora no nos podemos salir. Que no me quiten mi libertad. La libertad de ser como yo soy. La libertad de ser uno que hace exactamente lo que otro grupo humano ha decidido. Libertad elegir. Al final del vídeo aparecen marchando por una calle convirtiendo a todo el mundo en lo mismo.
Ayer tocó el visionado de dos malrolleces francesas ambas protagonizadas por Mathieu Kassovitz, director de El Odio. Una era El Gran Desconocido, una persona que calcaba la vida de otros hasta que encuentra un elemento perfecto con el que quedarse. Y la otra una chunguez de Haneke, Happy End, que para lo que es Haneke me pareció floja en la chunguez. En ambas películas bebían vino tinto comiendo y las casas eran de techos altos, tal y como reza el tópico. Salían algunos currelas, pocos, en la peli de Haneke, para currar a los ricos. Pero poco y al final los ricos siempre ganan aunque se quieran morir de cara a la galería.
¿Dónde estamos?
Vivir sin desilusionarse. Hoy ya no tenemos claro si los niños son culpables, si el Gobierno trastabilla, si Jorge Javier es el nuevo Gramsci...
Antes de contar nada que estropee este final en alto, vamos a dejarlo aquí.
domingo, 26 de abril de 2020
Confinamiento #32
Os miro desde arriba con displicencia. Voy a opinar. Desde arriba también. Opinar está bien y no estar callado, mejor. No estar como si no se estuviera, como estando pero sin estar, abstraído, a otra cosa. Voy a opinar. Los niños. Antes quisiera ver a quién le ha sentado mal lo de los niños y niñas hoy, a quién. A ti. Entonces me parece que lo de los niños está bien y que la gente es responsable y que hace lo que se tiene que hacer y que es normal que los padres con los niños estén contentos y felices si cumplen con la normativa. A ti te parece entonces que esto está bien y que ya era hora de que nos hicieran caso. Entonces me parece mal y que al final esto es can picha y que hace todo el mundo lo que le da la gana.
Concluiré pronto con mi espacio de opinión. Nos gusta odiarnos. Nos gusta tener odio por quienes necesitamos sentir un odio profundo, irracional, o no. No irracional, racional. Un odio frío, un odio sabiendo que odiamos, eligiendo, pensando que estamos odiando muy fuerte a otro. Rojo de mierda. Eso ya no se oía ni en las películas de la guerra civil que tanto nos cansan. Rojo de mierda. Estoy hasta los cojones de los rojos de mierda. El otro día vi a un señor mayor con una vara rompiéndola en el suelo a golpes clamando contra los rojos de mierda, los comunistas, los socialistas, el coletas. Y rompía el hombre la vara en el suelo con muchos huevos. Odio a muerte. Odio a muerte a quien opine lo contrario que opino yo. Peor aún. Espero a ver qué opinas y luego opino yo.
Os pondré un caso muy cercano. Este mediodía he visto las imágenes de tv3 y flipaba. Pero esto qué es. La gente ya hace lo que le sale del chumbo. Luego en facebook he visto a gente opinar exactamente igual que yo, pero no eran yo. Y entonces ya no. He pensado diferente. Porque soy una persona coherente. Siempre pienso igual. Siempre pienso al contrario de lo que pienses tú.
¿Estamos mejor? Yo creo que si alguien, en su omnipotencia y omnisciencia y todo eso ha pensado que los niños ya estaba bien y que, a sabiendas, eso significaba padres en la calle a dojo, pues lo habrá calculado. Y si a muchos nos parece que ay, esto es el fin es porque somos unos confinópatas. O filoconfinamientólogos. O como se diga. Sí, nos da pereza volver a la vida normal y pensamos que este estado de excepción perpetuo es la antesala de algo, un cambio, una crisis, un tropezón mundial del que saldrá algo diferente. Y tememos a la normalidad. Ni eso. Yo ni eso.
Entendiendo el pavor a la extensión de la pandemia, a mí es que ya me parece bien esto de hacer lo mínimo, consumir lo mínimo, estar dentro del sistema de consumo lo mínimo, qué os voy a contar, con lo rojo de mierda que soy. Tan rojo que los más rojos siempre me parecen poco rojos y cuando son muy pero que muy rojos, pero rojos tan rojos que son rojos y negros y todo eso y más, me parece que son de derechas. Solo soy rojo yo y luego ya mi hermano y no sé hasta donde extender el círculo.
Termino pronto.
Vivimos en una sociedad que es así. Twitter, que es la sociedad, es así. Nos hace creer que jóvenes atormentados son jóvenes atormentados y que honorables padres de familia están a punto de hacer una revolución porque se han puesto las bermudas de combate ya que está empezando a hacer calor.
Hoy he comido ñame por primera vez. Encantado de conocerle, pero ya. Un estofado de ternera estupendo, con ñame. Un santo con dos pistolas.
Un fin de semana que se acaba y lo hace con el convencimiento de que vamos a volver antes de lo que nos suponíamos. Que espero celebrar mi cumpleaños en este pedazo de recinto amurallado que se aprecia en la foto con toda esa gente a la que quiero tanto que yo no sé qué voy a hacer con tanto amor. Tanto amor y tanta vida.
Mi Santa Coloma de mi alma que la quiero ya más que todas las cosas y que se me erizan los vellos nada más que de pensar que dentro de nada voy a poder dar un paseo individual por mis calles de mi vida y de mi corazón y de volver a apreciar lo que es vivir en la mejor ciudad del mundo y que dentro de nada estaremos otra vez disfrutando de algo, de lo que sea, de lo que nos ofrezcan porque seguro que se nos ofrecerá algo que tiene que superar y con mucho todo lo que nuestra imaginación, triste y mediana, pueda imaginar. Nada, nada va a poder compararse a lo que nos va a venir en nuestra Santa Coloma de nuestro corazón que la quiero yo como no quiero a nada más en el mundo una vez que esto acabe y se nos diga que la alegría multitudinaria tiene que volver a ser nuestra divisa y nuestro porqué. Y qué demostrarlo. Y qué lucirlo.
Y seguimos avanzando por la senda de la vida confinada. Ayer vi Hereditary. No tengo palabras. Vi Midsommer y ya eso, pero Hereditary ojo. Y antes vi la del Legado de los Huesos, había visto la primera y no me acordaba prácticamente de nada, de quién era el malo o qué pasaba allí. Es igual. Ya esperamos a la tercera parte.
Esta noche he soñado con mi padre. Sueño con mi padre y tengo que parar en mitad del sueño para saber si estoy soñando y para saber en qué fase de la vida de mi padre estamos. Antes de, después de. Hoy era después de.
Hoy en la terraza se estaba de muerte, pero demasiado calor. Así que el ratito que te metes dentro de casa y te sientas en el sofá se agradece.
Estar en el sofá siempre se agradece.
Rojos de mierda.
Foto: Albita
viernes, 24 de abril de 2020
Confinamiento #31
No tengo DVD o estamos en trance de no tenerlo. Pero conservo las películas. Las películas pueden servir de algo, pero el reproductor del DVD no. Las películas sirven como los libros, para demostrar que consumes cultura y que eres una persona que está por encima del común de los mortales. Aunque seas común. El común de los mortales está ya que no se aguanta. Salvo unos pocos atravesados con la vida que no se sabe con qué objetivos siguen apostando por un confinamiento a ultranza hasta que no se vea la cosa ya... el común de la gente tiene ya la cabeza puesta en la calle y en estar en la calle y en ver cómo va a ir la cosa. Aunque como vengo diciendo desde hace tiempo en un clásico 'yo ya lo dije', una cosa va a se que queramos salir a la calle como los locos y otra cosa va a ser qué vamos a hacer cuando estemos en la calle y cómo se va a trabajar y qué se va a cobrar. Por ahora nos contentamos con que dejan salir a los niños y detrás de los niños van los padres y detrás ya todos los demás. Y ya pensamos. Y ya nos imaginamos. No queremos ver.
Ver. Tengo películas pero no tengo reproductor. Tengo muchas cosas y otras no las tengo y son necesarias. No son necesarias si no las tengo. Hoy no he salido a la calle. Saldré ahora para comprar aceite, por ejemplo. Se gasta mucho aceite. Se cocina mucho. Se pasa uno la vida fregando platos. Hoy tendría que haber puesto la canción de La cocinita mágica de Vainica Doble. Fregando platos, fregando sartenes, poniendo aceite en la sartén. Vuelve el sol, vuelve el buen tiempo.
Hoy el sinvergüenza del tiempo en Tv3 ha dicho que el mapa del tiempo era un poco aburrido. Después de cuatro días lloviendo, el sinvergüenza.
Ayer empezamos a ver una miniserie protagonizada por el Hugh Laurie, el doctor aquel de la serie, House, que no me gustaba nada, y es una serie basada en una novela de John Le Carreé. Las novelas de John Le Carreé me gustaban o me tendrían que gustar o me han gustado las que me he leído. Las intrigas y eso me gustan. Todo lo que tenga que ver con algo que va a pasar y que no sé lo que es. Lo que pasa es que de tan listo que uno es acaba viendo todo lo que va a venir, lo que está pensando el protagonista, la protagonista, quién se va a liar con quién, quién está muerto desde ya, y así. Me divierto de todas maneras. Estamos viendo desde hace meses Vivir sin permiso. Es increíble qué mala es. Es increíble el chaval que hace de hijo del prota lo absurdamente mal que lo hace. Una cosa ridícula, insufrible, que no ayuda en absoluto. Nada. Todo mal. Pero muy mal. Cada episodio que vemos lo hacemos con el propósito de avanzar y quitárnoslo de encima. Pero cada episodio nos deja muy tocados. Ocho llevamos ya. No acaba nunca.
Ya es viernes y es el cumpleaños de la Estefi. En condiciones normales hubiéramos organizado un festiva de tres pares, pero se va a quedar todo en una fiesta virtual como todas. Un sin sentido. Gente hablando en muchedumbre por pantallas pequeñitas, gente que grita mucho, otros que no hablan nada, pantallas fijas, gente haciendo la cena, bebiendo cerveza, abriendo botellas de vino y enseñándolas a cámara, no estamos mal, estamos fatal. Hubiera sido un día guapo de narices. Encima no llueve. Pero ya tendremos tiempo. Llegará un día en que nos volveremos a aburrir de tanto estar y estar y tener que estar.
Se nota mucho que no tengo muchas ganas de que esto acabe. Aunque la mancha va llegando cada vez más cerca y de hecho ya hay mancha que te toca, pero...
Me gustaría comentar algo sobre la política, especialmente sobre la política local, pero es que me da pereza. Y cada vez tengo más claro que enfadarse o cabrearse o buscar polémica no sé si vale. Que vale, claro que vale, pero no sé si al final. Al final cada uno está donde está y es por méritos y ya está y por saber manejar las cosas y situarse y saber dónde está la mandanga y qué es rentable y qué no lo es.
Ayer hice ejercicio, subí y bajé escaleras y moví cosas de un lado al otro. Cargué peso. La tarde fue dura. La noche llena de tirones en las piernas. Me dormí todavía con esa sensación. He dormido como un ceporro. Sin hacer ejercicio duermo igual.
Y por el momento estamos encarando el fin de semana sin demasiadas perspectivas. Que ya es mucho. Que ya está bien también. Mientras no nos obliguen a inyectarnos lejía...
Qué cabezas.
Ver. Tengo películas pero no tengo reproductor. Tengo muchas cosas y otras no las tengo y son necesarias. No son necesarias si no las tengo. Hoy no he salido a la calle. Saldré ahora para comprar aceite, por ejemplo. Se gasta mucho aceite. Se cocina mucho. Se pasa uno la vida fregando platos. Hoy tendría que haber puesto la canción de La cocinita mágica de Vainica Doble. Fregando platos, fregando sartenes, poniendo aceite en la sartén. Vuelve el sol, vuelve el buen tiempo.
Hoy el sinvergüenza del tiempo en Tv3 ha dicho que el mapa del tiempo era un poco aburrido. Después de cuatro días lloviendo, el sinvergüenza.
Ayer empezamos a ver una miniserie protagonizada por el Hugh Laurie, el doctor aquel de la serie, House, que no me gustaba nada, y es una serie basada en una novela de John Le Carreé. Las novelas de John Le Carreé me gustaban o me tendrían que gustar o me han gustado las que me he leído. Las intrigas y eso me gustan. Todo lo que tenga que ver con algo que va a pasar y que no sé lo que es. Lo que pasa es que de tan listo que uno es acaba viendo todo lo que va a venir, lo que está pensando el protagonista, la protagonista, quién se va a liar con quién, quién está muerto desde ya, y así. Me divierto de todas maneras. Estamos viendo desde hace meses Vivir sin permiso. Es increíble qué mala es. Es increíble el chaval que hace de hijo del prota lo absurdamente mal que lo hace. Una cosa ridícula, insufrible, que no ayuda en absoluto. Nada. Todo mal. Pero muy mal. Cada episodio que vemos lo hacemos con el propósito de avanzar y quitárnoslo de encima. Pero cada episodio nos deja muy tocados. Ocho llevamos ya. No acaba nunca.
Ya es viernes y es el cumpleaños de la Estefi. En condiciones normales hubiéramos organizado un festiva de tres pares, pero se va a quedar todo en una fiesta virtual como todas. Un sin sentido. Gente hablando en muchedumbre por pantallas pequeñitas, gente que grita mucho, otros que no hablan nada, pantallas fijas, gente haciendo la cena, bebiendo cerveza, abriendo botellas de vino y enseñándolas a cámara, no estamos mal, estamos fatal. Hubiera sido un día guapo de narices. Encima no llueve. Pero ya tendremos tiempo. Llegará un día en que nos volveremos a aburrir de tanto estar y estar y tener que estar.
Se nota mucho que no tengo muchas ganas de que esto acabe. Aunque la mancha va llegando cada vez más cerca y de hecho ya hay mancha que te toca, pero...
Me gustaría comentar algo sobre la política, especialmente sobre la política local, pero es que me da pereza. Y cada vez tengo más claro que enfadarse o cabrearse o buscar polémica no sé si vale. Que vale, claro que vale, pero no sé si al final. Al final cada uno está donde está y es por méritos y ya está y por saber manejar las cosas y situarse y saber dónde está la mandanga y qué es rentable y qué no lo es.
Ayer hice ejercicio, subí y bajé escaleras y moví cosas de un lado al otro. Cargué peso. La tarde fue dura. La noche llena de tirones en las piernas. Me dormí todavía con esa sensación. He dormido como un ceporro. Sin hacer ejercicio duermo igual.
Y por el momento estamos encarando el fin de semana sin demasiadas perspectivas. Que ya es mucho. Que ya está bien también. Mientras no nos obliguen a inyectarnos lejía...
Qué cabezas.
jueves, 23 de abril de 2020
Confinamiento #30
De tanta lluvia al parecer el geranio se nos ha podrido. Se ve que deberíamos haberlo movido de sitio. Movimos plantas de sitio, como la lavanda. El geranio también lo movimos pero ya era tarde. Las plantas y los sitios. Si las plantas se movieran de sitio según nuestro gusto, las plantas ya habrían desarrollado la capacidad de moverse por sí mismas. Pero no, nosotros sabemos más que las plantas. ¿Dónde está bien una planta? Yo tengo la teoría de que una planta está bien cuando la pones en un sitio y no parece que se muera inmediatamente. No sé donde poner un geranio, esa es la verdad, nunca he tenido un geranio. Yo creía que ahí estaba bien y resulta que con el agua se nos ha podrido. Es que ha llovido mucho. Mucho. Cuatro días sin parar, con sus noches sin parar. Ahora que haga un poquito de sol y a ver dónde llegamos.
Badalona. Nunca voy mucho a Badalona porque los de Santa Coloma vamos poco a Badalona, desde tiempo inmemorial. Conozco a más gente que ha venido de Badalona aquí, porque dónde va a parar. Nosotros somos como somos y somos como para conocernos, pero algo tenemos. Es el clima, es el no tener mar, es la plaça de la Vila y sus bares, tenemos algo, no lo sé. Algo que nos hace diferentes y que al que viene, no sé, le enamora. Nosotros estamos tan enamorados de nuestra ciudad que no queremos que nada cambie nunca y que todo esté siempre igual de bien. Porque somos así. Casi rozando la perfección. Badalona. Tiempos difíciles en Badalona de los que saldrá no sé cómo. Supongo que mal, muy mal se ha de dar para que Dolors Sabater no sea de nuevo alcaldesa. Lo que no sé si será bueno malo, porque no sé si fue bueno o malo que fuera alcaldesa antes. Esto es como todo. Lo que está claro es que menos que seamos alcaldeses o alcaldes nosotros, la bona gent querrá cualquier cosa.
Va quedando menos. Y parece que ya no quede nada. Que ya esté todo. Que ya esté todo el mundo en la calle. Y parece que cuando los niños puedan salir en cualesquiera de las formas convenidas, será ya el fin de todo. Y no tenemos claro el tema de los bares y todo este asunto del ocio y digo más todo este asunto del turismo al que nos debemos como única fuente de enriquecimiento colectivo y que me parece que habrá que hacérselo mirar, aunque todo el mundo sabe que eso no va a ser así y que lo único que vamos a poder hacer es ofrecer lo mismo, porque no podemos ofrecer mucha más cosa que esa. He estado dos o tres minutos sin escribir. No sé lo que estaba diciendo.
Sí. Que tenemos que apostar por otro modelo productivo. Esta frase, la última. Es como resumir El Capital en ocho palabras. Tanto rollo.
Ayer hizo 150 años del nacimiento de Lenin. Palabras ribombantes, frases extraídas de sus textos celebres, un manifiesto que no me leí. Lenin murió en 1924. El mundo debe haber cambiado mucho en casi 100 años. En 100 años. Imagino.
Supongamos ahora que te dicen que tienes que hacer un fricandó. No tienes ni puta idea. Pero lees una receta patillera y te lanzas y no te sale mal. O al menos la autoestima la tienes alta y todo te sabe bueno. Aunque te pasas de tomate.
No sé. Me estoy volviendo un misántropo. O al menos, me gusta jugar al misántropo. Cómo se lo estaría pasando mi padre. Mi padre diría 'yo con lo a gusto que estoy en mi casa..., anda y que le den por culo a la gente'. Luego sería el primero en salir y estar calle arriba y calle abajo. Que es lo que hace uno. Pero así de primeras, ante conversaciones de esas de no puedo más, me aburro y todo eso, qué descansando se queda uno cuando dice, yo es que no tengo ganas de salir. Ver gente. La gente. Estar ahí. La gente. No.
Si me estoy poniendo finalmente como una nutria, se dice y tampoco pasa nada. También aquí quería ir a la contra de todo el mundo y no.
Oye, que no digo nada pero que hoy es Sant Jordi, pues mira, nos ahorramos el compromiso, aunque es un día muy bonito. Muy bonito, a ver, la gente y eso, pero es bonito. Los libros, etc. Ir a pillar una chapita del pcpc, ir a mirar libros que no te compras, pero los ves y dices, joder, podría molar, luego no te lo compras.
Y así pasa la vida.
Si luego cuando vuelva todo será más o menos. Ya verás.
Badalona. Nunca voy mucho a Badalona porque los de Santa Coloma vamos poco a Badalona, desde tiempo inmemorial. Conozco a más gente que ha venido de Badalona aquí, porque dónde va a parar. Nosotros somos como somos y somos como para conocernos, pero algo tenemos. Es el clima, es el no tener mar, es la plaça de la Vila y sus bares, tenemos algo, no lo sé. Algo que nos hace diferentes y que al que viene, no sé, le enamora. Nosotros estamos tan enamorados de nuestra ciudad que no queremos que nada cambie nunca y que todo esté siempre igual de bien. Porque somos así. Casi rozando la perfección. Badalona. Tiempos difíciles en Badalona de los que saldrá no sé cómo. Supongo que mal, muy mal se ha de dar para que Dolors Sabater no sea de nuevo alcaldesa. Lo que no sé si será bueno malo, porque no sé si fue bueno o malo que fuera alcaldesa antes. Esto es como todo. Lo que está claro es que menos que seamos alcaldeses o alcaldes nosotros, la bona gent querrá cualquier cosa.
Va quedando menos. Y parece que ya no quede nada. Que ya esté todo. Que ya esté todo el mundo en la calle. Y parece que cuando los niños puedan salir en cualesquiera de las formas convenidas, será ya el fin de todo. Y no tenemos claro el tema de los bares y todo este asunto del ocio y digo más todo este asunto del turismo al que nos debemos como única fuente de enriquecimiento colectivo y que me parece que habrá que hacérselo mirar, aunque todo el mundo sabe que eso no va a ser así y que lo único que vamos a poder hacer es ofrecer lo mismo, porque no podemos ofrecer mucha más cosa que esa. He estado dos o tres minutos sin escribir. No sé lo que estaba diciendo.
Sí. Que tenemos que apostar por otro modelo productivo. Esta frase, la última. Es como resumir El Capital en ocho palabras. Tanto rollo.
Ayer hizo 150 años del nacimiento de Lenin. Palabras ribombantes, frases extraídas de sus textos celebres, un manifiesto que no me leí. Lenin murió en 1924. El mundo debe haber cambiado mucho en casi 100 años. En 100 años. Imagino.
Supongamos ahora que te dicen que tienes que hacer un fricandó. No tienes ni puta idea. Pero lees una receta patillera y te lanzas y no te sale mal. O al menos la autoestima la tienes alta y todo te sabe bueno. Aunque te pasas de tomate.
No sé. Me estoy volviendo un misántropo. O al menos, me gusta jugar al misántropo. Cómo se lo estaría pasando mi padre. Mi padre diría 'yo con lo a gusto que estoy en mi casa..., anda y que le den por culo a la gente'. Luego sería el primero en salir y estar calle arriba y calle abajo. Que es lo que hace uno. Pero así de primeras, ante conversaciones de esas de no puedo más, me aburro y todo eso, qué descansando se queda uno cuando dice, yo es que no tengo ganas de salir. Ver gente. La gente. Estar ahí. La gente. No.
Si me estoy poniendo finalmente como una nutria, se dice y tampoco pasa nada. También aquí quería ir a la contra de todo el mundo y no.
Oye, que no digo nada pero que hoy es Sant Jordi, pues mira, nos ahorramos el compromiso, aunque es un día muy bonito. Muy bonito, a ver, la gente y eso, pero es bonito. Los libros, etc. Ir a pillar una chapita del pcpc, ir a mirar libros que no te compras, pero los ves y dices, joder, podría molar, luego no te lo compras.
Y así pasa la vida.
Si luego cuando vuelva todo será más o menos. Ya verás.
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