viernes, 27 de junio de 2025

Echo Valley - Michael Pearce



Cuesta una enfermedad ver una película. Últimamente elegir un film es una cuestión bastante ardua. Algo en lo que concentrarte durante dos horas a tope, que tienes que empezar y acabar, sin la dinámica de ver un episodio, luego a ver si el siguiente, no me engancha, me engancha, la dejo a la mitad y la retomo, una suerte de dilatación en el tiempo, estamos viendo nosequé, estamos viendo nosecual, hemos empezado tal, llevo tres episodios y bueno, a ver. En cambio, la película es otra cosa, porque si eres un clásico, un antiguo, lo que pretenderás es empezar y acabar la película de una sola sentada, cosa que cuesta, porque, y si no me engancha, la tengo que dejar, la paro y sigo, al final esto es una chusta que flipas, es que tres horas y pico a ver cuándo me voy yo a la cama, qué cosa más cutre, me esperaba otra cosa. Si una serie no te mola, la dejas y ya, pero el sacrilegio de no terminar una película qué tal. Es que el mundo está cambiando tanto y la forma de consumir productos culturales, verdad. Yo que sé, cuánto tiempo voy a tardar en decir 'antes tal'. ¿No? Echo Valley está en Apple y en el cartel no eres capaz de discernir quiénes son las protagonistas aunque su nombre esté escrito en ellas. ¿Se ha operado Julianne Moore? ¿Se ha operado muchísimo Julianne Moore? ¿Y la otra chica no es la chica aquella de la serie aquella que ahora no me acuerdo del nombre pero salía la Zendaya? Vamos a ver el trailer. Ver el trailer es una movida también porque el trailer puede que te condicione todo y a lo mejor ya ves por dónde va a ir la película y lo mismo el trailer engaña. Puede ser, todo puede ser. Yo solo digo que con esta peli tuvimos que ver el trailer primero para comprobar que no, que Julianne Moore no se ha operado y que sí, la protagonista es la misma chica aquella. Pero bueno. La película. Pues la película es un torrente de desgracias así a cascoporro y mucha mala ostia y joder la niña y todo mal y pobre mujer y no ves que la cosa vaya a remontar. No va a ser la película del año, pero es una buena película para pasar el rato siempre y cuando estés dispuesto a soportar un buen rato de desasosiego y de mal rollo. Luego se pasa. Y ya has visto una peli y puedes decir que has visto una peli, porque a ver, es que no hay tantas pelis, que tienes como millones de películas y entre unas que ya las ves venir que son malas de denunciar y otras que no vas a entender o otras que es que no son para ti, pues no te creas. Al final, series que si fallas pues no pasa nada o docus musicales que aunque el grupo no te guste pues aprendes tus cosas. 

miércoles, 25 de junio de 2025

Marcos Gendre. Blues de la Frontera. Anarquía y libertad de los Amador.


Por si tenéis alguna duda para la próxima vez, cuando llegue mi cumpleaños regalarme libros. Aquí alguien tuvo a bien considerar que este libro quizás me podría gustar y acertó. Probar suerte vosotros también. Cuando quité el papel de regalo y vi que libro era rápidamente pensé, este libro me va a gustar. Porque me gusta Pata Negra aunque sea precisamente el disco del Blues de la Frontera el que menos he escuchado como disco. Canciones sueltas, cómo no vas a haber escuchado nunca Me quedo en Sevilla, o Camarón, o Lunático, o la inmensa Pasa la Vida o la canónica Blues de la Frontera. Porque uno es más del gamberro Guitarras Callejeras o del rockero extraño Rock Gitano. Pero claro, este disco... Pues bien, el autor Marcos Gendre, periodista musical, nos cuenta la gestación no solo de este disco emblemático, sino también de todo un sonido, de la historia de la fusión (oh no, maldita sea, lo he tenido que decir) de la conjunción, de los caminos que llevaron a dos gitanos de Sevilla, de las Tres Mil Viviendas, a hacer una música que no era más que el producto de años y años escuchando las músicas de su tiempo y las músicas de sus ancestros. No sólo escuchándolas, sino formando parte de una industria musical rudimentaria, oculta, a veces obtusa, casi siempre reacia, no solo con lo que suponga un avance, sino con lo que provenga de lo popular. La música de Pata Negra no es más, ni nada menos, que un paso más de un camino largo por el cual la música, en este caso un apéndice del flamenco, le sirve al propio flamenco para seguir vivo y sobre todo, para acercarse a mucha gente que tiene por el flamenco, por lo jondo, por la guitarra la bailaora el palmero el cantaor, una aversión atávica, visceral. No escuchar flamenco por ideología, por considerarlo ajeno, por creerlo cañí, españoleante, señorito, tópico, rancio. Y el flamenco es mucho más que eso, es tanto que no lo sabría definir, así que lo dejo ahí. El libro está construído a partir de las declaraciones y entrevistas con protagonistas del tema, desde los tiempos de Sabicas hasta los omnipresentes Smash y el inefable Kiko Veneno. La familia Amador y allegados como el ketamínico Antonio Carmona, la omnipresente y oculta a la vez Cathy Claret, van dando su opinión (a veces un poco redundante, porque da la impresión de que hay mensajes que se quiere que se tengan claros y se repiten) y su versión de la cosa, del surgimiento de una pareja artística, la de los hermanos Rafael y Raimundo Amador que, tras muchos años de briega, justo cuando parecía que habían dado con la tecla de lo comercial, separan sus caminos. Y en esto el libro es muy pulcro. Así como se remarca y se recalca mucho algún que otro aspecto de su biografía y de su formación, se es muy respetuoso con los motivos de la separación y con los devenires posteriores, como si no se quisiera hacer sangre sobre el declive de Rafael y el éxito mainstream de Raimundo. Especialmente recomendables son las disecciones de cada canción del disco, que nos llevan a otros mundos que también están en este y que nos obligan a escuchar el Blues de la frontera una vez más, porque se nos había escapado algo. Gracias, una vez más. 

Disculpas sinceras


La verdad es que llevo unos días que válgame la virgen. Aquí resulta que lo que yo esperaba que fuese el desencadenante de una espiral de violencia y final del régimen de los Ayatollahs debido a una intervención a lo bestia de los Estados Unidos, pues parece que yo que sé. Porque al final la conclusión a la que llega uno es que yo que sé. Es decir, Estados Unidos bombardea Irán, pero resulta que lo hace telegrafiando el ataque por lo que Irán sabe, y el efecto del bombardeo no es tan espectacular sino que parece estar pactado para hacer ver que y así contentar a Netanyahu que pide bombardear y lo hacen pero de aquella manera y entonces Irán responde y ataca bases pero ya estaba hablado también y entonces parece que es todo una tomadura de pelo y Trump acaba diciendo que qué mierdas hace Israel y uno ya no entiende nada, ni se cree nada ni se atreve ya a decir que esto o que lo otro. Porque nada es lo que parece o nada parece que es lo que ha sido antes y lo que pasa ni siquiera sabes que está pasando. Esa sensación misma de la guerra en Ucrania donde no sabes qué ni porqué. Que es una guerra y que se están lanzando cosas y que esas cosas causan daños y causan muertes. Esto es lo único que uno tiene claro, que se está matando gente. Gente que no cuenta. Porque lo que cuenta es otra cosa. Así que mis más sinceras disculpas. Disculpas sinceras. Sigue matándose gente. 

domingo, 22 de junio de 2025

Trump contra nosotros


Trump ha decidido bombardear Irán hace unas horas. Las bombas tochas que se necesitaban para acabar con la presunta amenaza nuclear de Irán las ha puesto él, ya que Israel no disponía de ellas. Israel hasta ahora se limitaba a ir asesinando selectivamente a gente y a aterrorizar a la población. A cambio estaba recibiendo misiles que causan bajas, claro, pero en un número significativamente inferior al que causa Israel, ahora no voy a poner la relación pero ya sabemos que un muerto blanco es mucho más que un muerto negro, por lo que no se puede consentir que Irán ose a responder. No creo que mucha gente llore por el régimen de los Ayatollahs. Más allá de nuestro antiamericanismo feraz y de ver en Irán o cualquiera que queme banderas yankis un aliado, el régimen iraní no es un modelo de nada. Nadie va a llorar por él. Nadie va a salir en su ayuda. Aunque Irán no fuera un régimen teocrático y fuera otra cosa, tampoco cambiaría nada. Nadie va a llorar por ellos. Toda aquella milonga de la decadencia norteamericana, de la caída del imperio romano, del emperador loco que da palos de ciego, del presidente que iba a concentrarse en lo propio y dejar de lado el intervencionismo, Trump era igual o mejor que los demócratas que siempre querían meter la cabeza en todo, el poder disuasorio de Rusia y de China, todo aquello. Toda esa patraña. Finalmente Israel ha decidido lanzarse toda vez que ha comprobado que la impunidad de la que goza es ilimitada y que cuenta con el entusiasta apoyo de la administración USA, sea esta la que sea, y en este caso una administración que no cree en nada que no sea sus santos cojonazos. Que gane Trump, decían algunas mentes preclaras de la izquierda real que venían a contarnos que los demócratas no son fiables, que mienten, que con palabras bonitas engañan, y que Trump iba de frente y había dicho nosequé. Que la clase trabajadora le había votado y eso significaba algo. Decían. Que gane Trump. Llegará a un acuerdo con Rusia y se acabará la guerra de Ucrania. Preparémonos. En las últimas horas Pedro Sánchez ha dicho que eso del 5% en armamento, no. Y el presidente estadounidense, el mismo Trump, ha dicho que a ver qué pasa con España que no se anden con gilipolleces. Pero Trump. Pero la progresía. Que Rusia. Del orden de 200 muertos al día en Irán y toda la carnicería de Gaza. Matar por matar. Matar por la diversión de animalizar al enemigo, de verlo correr por un saco de arroz medio abierto y tirotearlo. La UE dice que quizás son indicios de crímenes de guerra o de algo. No sabemos qué. Todo borrado ante la imagen de un israelí ante un edificio derruido diciendo algo que no queremos escuchar porque nos da asco. Ya son víctimas también y hay que entender el derecho de Israel de asesinar a 200 personas al día en Irán por la seguridad de todos, como dijo Netanyahu. Cosas que no creíamos están pasando. Cosas, fenómenos, políticas que pensábamos que eran de película distópica que jamás ocurriría. Masacres a cielo abierto, incipientes dictaduras en nombre de la democracia y de la libertad, indicios de que hemo vivido un tiempo y que ahora vamos a vivir otro y no queremos verlo o no sabemos cómo afrontarlo. No, pero todavía Irán puede. Irán no puede hacer nada, no tiene nada que hacer. Ni Rusia, ni China. Solo nosotros podemos aún intentar articular algo que sirva para seguir resistiendo. Ni Rusia ni China me pueden servir como referencia, como aliado, como nada. Solo nosotros, la gente que todavía crea que se puede vivir en libertad, en democracia, con derechos, con sanidad, con educación, con servicios públicos, con empleos dignos. Esa gente. Nosotros somos los únicos que podemos resistir toda esta mierda. Porque Trump y quienes están en su bando van contra nosotros, que no se nos olvide. 

viernes, 20 de junio de 2025

Curso de Padres


El planteamiento es bastante sencillo. Siete semanas, dos horas a la semana, nos juntamos un grupo de futuros padres junto con un psicólogo y una matrona, que lo hacen fantástico, para hablar del tema. El tema es ser padres. Con todo lo que conlleva. Conlleva por ejemplo que te pregunten a la entrada 'qué haces aquí' y tú respondas que vienes a un Curso de preparación a la Paternidad y que te pregunten a su vez que si eso se tiene que preparar. Que si vamos a un cole para padres. Que vaya. Es significativo que la incomprensión con el hecho de venir a un curso de estas características venga indistintamente de todos los lados posibles del tablero. Un curso de padres. En el grupo somos 12, aunque regularmente hemos ido yendo 10. Todos son más jóvenes que yo menos uno, que es de mi misma edad y claro, ya va por la segunda hija. Le llamamos repetidor porque ya desde la primera clase se encarga de bajar el balón al suelo y decirnos que todo parece más sencillo de lo que nos imaginamos, sobre todo en el momento del parto. Sencillo nuestro papel: hacer lo que nos digan, no estorbar, ya nos dicen ellos. Hay un futuro padre que nos dice el primer día que no se encuentra cómodo con las metáforas futbolísticas. Y paradójicamente, le hacemos caso y no utilizamos símiles balompédicos durante siete semanas. Aunque nos lo hacemos encima, me lo hago encima. El curso se imparte en el Cap del Carrer Major, en el Ambulatorio de toda la vida. Cuando dices 'de toda la vida' estás oliendo a tierra. En la cuarta planta. Nos vamos encontrando a medida que vamos subiendo. Es curioso porque no hablamos mucho, claro, los primeros días, los primeros encuentros, en las sillas de fuera, pero dentro la cosa cambia y la gente habla y nos escuchamos decir esas cosas que son sencillas y son tremebundas al mismo tiempo. Quiénes somos, de dónde venimos, a dónde vamos. Qué es lo que pensamos que va a pasar, qué va a pasar, cómo lo vamos a llevar, qué esperamos de nosotros, qué se espera de nosotros. Qué se espera de nosotros. ¿Estamos preparados? ¿Daremos la talla? Dar la talla se convierte en un tema recurrente aunque a ninguno nos preocupe o estemos pensando que haya un canon, pero lo hay y no sabemos si vamos a hacerlo bien, si tenemos claro qué es hacerlo bien, estoy hablando por mí. Todos tenemos algo, todos tenemos alguna cosa que nos causa desazón, pero también estamos contentos. Joder, estamos tan contentos que hemos venido a un curso a ver de qué manera podemos hacerlo. Bien, normal o regular. Uno se fija en los que ya están siendo padres y se abruma. Qué bien todo. Tú no eres capaz de hacerlo tan bien. No has hecho nada del todo bien nunca, siempre de aquella manera, a tu manera, un poco así en plan venga, lo que te gusta incluso lo haces pero no sabes si lo estás haciendo todo lo bien, imagínate esto. Todo esto. Que ya no es hacer algo, es ser otra persona. Ser tú y otra persona. Y así todos los jueves por la tarde, durante dos horas. Y hablamos de todo, sorprendentemente de todo, y da igual si somos o estamos o las edades o los curros porque todos estamos en el mismo paquete. Con diferentes lenguajes, con maneras distintas de acercarnos a la cosa, con bagajes previos. Hacemos cosas, apuntamos con rotuladores en papel marrón, en posits, y al final de cada sesión hacemos un círculo y nos decimos qué. Un día hicimos mindfullness, mi primera vez con el mindfullness. Pasé buena parte del momento pensando en Brian Eno y tuve que enviar al grupo de wasap el jueves por la tarde de Brian Eno. Y ya tuve que enviar casi cada semana una canción. Sobre el tema. Sobre nuestro tema. El pesado de la música. Siempre hay uno. Nunca pensé que iba a serlo yo pero debería haberlo sospechado. La última semana nos dan un huevo y tenemos que tener presente al huevo, no se trata únicamente de cuidar al huevo, sino de tenerlo presente. De llevarlo a los sitios, de que nos acompañe. Enseñárselo a la peña. ¿Lo del huevo qué es? Lo explicas, no lo entienden. Es igual, es nuestro huevo. La gente me pregunta por el huevo incluso sin haberlo visto. Explicamos lo del huevo, explicamos lo difícil que es. No encuentro canción para el huevo. Una de Gong quizás. Ella es la madre de todo y tu eres su huevo. Han sido siete semanas, no nos hemos tomado ni una sola cerveza post reuniones. Posiblemente nos saludemos por las calles. Pero todos sabemos que nos hemos dicho cosas. No hace falta mucho más. Ahora, al menos, sabemos que no estamos ni peor, ni mejor, pero que al menos lo estamos intentando. No lo puedo evitar: se juega como se entrena. 

miércoles, 18 de junio de 2025

The Velvet Underground - Todd Haynes

 



Por fin un documental sobre la historia de The Velvet Underground. El mítico grupo, la banda seminal, el origen de casi todo. Un documental, por fin, contemporáneo, en el que podemos aprender qué fueron y qué significaron. El documental, así para ir aclarando las cosas desde las primeras líneas, me gustó y me gustó porque me tenía que gustar. Tenía ganas de que me gustara. Y me gustó. Pero. El documental nos cuenta los orígenes de la banda. Unos orígenes que se centran en la vida, infancia y juventud de Lou Reed y de John Cale. Es en esos orígenes y en los antecedentes artísticos en los que se pierde un tiempo que luego nos daremos cuenta que es precioso para explicar otras cosas, pero quizás es que esas cosas que se deberían contar no se cuentan porque ya no son el objetivo. Me explico. El documental nos cuenta cómo se crea una escena artística determinada en la ciudad de Nueva York, con diversos compositores, artistas, fotógrafos y Andy Warhol. Cómo hay una escena musical, los míticos John Cage y La Monte Young, que experimentan con las notas, con los drones, con sostener y con romper y que de ahí sale un John Cale que es esencialmente un músico experimental, nada que ver con un rockanroler, con un rocker, ni siquiera con un amante del jazz que cae en las redes del pop y del rock. Es otra cosa. Y se junta con un Lou Reed que desde siempre ha querido ser una estrella, que lo ha intentado siendo compositor de pop, que se relaciona con esos círculos artísticos a ver qué pilla. Finalmente, como te conozco de la uni y tú eres colega de mi amigo, montan una banda y esa banda acaba siendo otra banda y esa banda es The Velvet Underground. Y el documental extiende esa parte seminal del grupo, ese antes del disco del plátano. Y se habla de Nico y de cómo Nico llega a la banda y aquí, que todos sabemos que la personalidad de Nico era de ojito cuidado, no se profundiza. Y es entonces cuando uno ve que no se va a profundizar. Del primer disco se pasa al segundo disco, se habla de la insoportable relación entre Cale y Reed y de como Cale sale de la banda. Y se habla del mítico momento en el que el ingeniero se va de la sala de grabación porque ya no puede más. Y el segundo disco, que es una barbaridad auténtica y absoluta, queda un poco sin analizar y de ahí pasamos al tercero y al cuarto. Y a mí que me gusta el chismorreo y el despelleje, pero también me interesa y mucho la música y qué música suena, pues no se me dice qué pasa en esos dos discos, qué ocurre. Porque lo que ocurre es que la banda se normaliza. Se convierten en un grupo. Antes eran otra cosa. Antes eran un invento con Warhol y sus artistas internacionales y después del segundo disco ya son otra cosa. Son un grupo al servicio de Lou Reed. Pero es que el tercer disco a mí me parece la maravilla, el mejor de todos. Pero eso ya no interesa. Y habla Maureen Tucker y te cae simpática hasta que caes en la cuenta de que era del Tea Party, pero te da igual. Y sale como siempre poquísimo Sterling Morrison y no se dice qué hacía realmente en la banda, cuál fue su papel real en la banda, qué sonido aportó. Pero es que eso da igual, porque al documental habíamos venido a hablar de Arte. Y no de música. 

viernes, 13 de junio de 2025

Hacerse la víctima


Hacerse la víctima. No es hacerse el víctima, es hacerse la víctima. Porque víctima es femenino. Entonces si te haces la víctima ya sabes. Víctima, hacerte la. La dama de las camelias, toser, hacerte la tuberculosa, un desmayo. Una mujer. Hacerse la víctima. ¿Qué es lo otro que ha dicho también Carlos Herrera? No recuerdo, sé que le ha llamado pendejo, el caso es que también ha utilizado algún símil para llamar algo parecido a maricón de mierda a Pedro Sánchez por su comparecencia de ayer. Igual que Feijóo que también ha dicho algo sobre la falta de hombría del presidente del Gobierno. Ayer hubo manifestaciones delante de la sede del PSOE donde se cantó el caralsol, se gritaron vivas a Franco y a José Antonio Primo de Rivera. Como poco. Hoy Vox pretende hacer una especie de marcha sobre Roma yendo hacia la Moncloa a ver qué pasa. Si uno de los pocos banderines de enganche para movilizar a la gente de izquierdas ante el maremoto derechista era la defensa pura y simple del sistema democrático ante las pruebas manifiestas de que esta gente viene para cambiar las cosas y no para romper el sistema sino para convertir este sistema en una dictadurita de tiktokers y gente guay haciendo cosas guapas, parece que han decidido atacar ese flanco con todo lo que tienen, los jueces nada menos, la guardia civil nada menos, para ir a donde más duele: la moral. El objetivo es erosionar lo que queda, el miedo a personajes como Figaredo teniendo alguna responsabilidad en nuestras vidas. Si da igual, porque Santos Cerdán es un mangante, porque Ábalo cada día parece más un personaje de Los Soprano, si da todo igual porque todos son unos manguis, y a la izquierda ya no hay nada porque qué váis a hacer qué milagros me vas a contar si estáis ahí, si todo eso da igual: Figaredo. Figaredo y que todo se vaya a la mierda y a cazarnos como ratas por las calles porque como ha dicho Buxadé, todos somos cómplices y no habrá piedad. Si nos han vuelto a pillar amb els pixums al ventre, pues se dice y no pasa nada. Si la catástrofe de una izquierda que no ha sabido superar los cálculos biliares para anteponer los intereses de su clase es la que es, lo último que podemos decir es 'pues que me pille el camión pronto y que de ahí salga algo nuevo'. Porque posiblemente no salga. Hacernos los víctimas es también pensar que todo está ya decidido y que tenemos que prepararnos para lo que viene porque no sabemos lo que viene, porque lo estamos viendo por la tele y no nos lo acabamos de creer. En los Estados Unidos han detenido a un senador demócrata por protestar. Un senador demócrata no es un diputado de Podemos, no es un diputado de ERC, no es un diputado de IU. Qué puede pasar aquí. Nada, el PP es un partido de orden finalmente. Pero no podrá gobernar solo. Y a su lado está Figaredo y su gente que tiene la vista puesta en la revancha perpetua. ¿Entonces? Que si nos sacan del gobierno sea con los pies por delante o porque se han perdido las elecciones cuando toca, que no hagamos un Portugal y nos peguemos el tiro en el pie y nos hagamos los dignos porque antes que dignos prefiero que seamos útiles. Y ya vendrán los dignos luego a salvarnos.